DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

RANCHO MASEN

CAPITULO 21

Edward se quedó en el claro maldiciendo antes de vestirse para volver al rancho.

Sabía que Bella estaba rota, siempre lo había sabido.

No podía abordarla así como así. Aun sabiendo que llevaban meses preparando esa situación que él sentía como inevitable.

Bella aún tenía sentimientos por Jacob. Él lo sabía, lo había sabido siempre, y aún así se había lanzado sobre ella.

Que él hubiera superado la traición de Jessica no significaba que Bella hubiera hecho lo propio con Jacob.

Porque Jacob no la había traicionado, no la había engañado. La había amado, respetado y venerado hasta el día de su muerte. Y no era fácil olvidar a alguien así.

Las lágrimas corrían por el rostro de Bella cuando llegó a los establos.

Desensilló su montura con rapidez y se encerró en su habitación.

Se desnudó para meterse bajo la ducha caliente y allí se quedó hasta que sus dedos se arrugaron.

No comprendía sus sentimientos. Edward la había besado anteriormente.

Ese día no había llegado a hacer nada absolutamente.

Pero la promesa de su mirada y de sus dedos, le había hecho anhelarlo desesperadamente.

Había querido confiar en él. Había deseado que la desnudara, había deseado que le hiciera el amor. Lo había deseado con desesperación.

Y eso era lo que le había hecho sentir peor.

Por primera vez había deseado desesperadamente entregarle a un hombre lo que sólo había sido de Jacob.

Jacob había sido su primer y único hombre y ella siempre había querido que así fuera.

El único.

Y ahora que Jacob no estaba ella había deseado entregarse a alguien más.

Pero la culpa y el dolor que había sentido no la habían dejado continuar.

Jacob, que había dejado la vida en la carretera por acompañarla a ella, que le había sido fiel hasta el día de su muerte.

Jacob, que le había dado una vida cuando creía que ya no tenía nada.

Y ella, había deseado a Edward tanto o más de lo que había deseado a Jacob alguna vez.

Esa noche Bella no bajó a cenar, alegando un fuerte dolor de cabeza.

Edward tampoco la vio a la mañana siguiente, y a la hora de la comida ella había ido al pueblo invitada por Rachel.

A última hora de la tarde la encontró en el corral con el pequeño potrillo de Ranya, al que aún no habían puesto nombre.

—Adelante, cariño —susurró al animal que trotaba a su alrededor.

Vio a Edward acodado en la valla observándola y se estremeció.

Pasó una media hora antes de que dirigiera al potrillo de regreso a las caballerizas.

Edward se acercó para encontrarla cepillando al animal.

—Parece haberse recuperado —comentó recostándose contra la valla.

—Lo ha hecho. Estará muy fuerte en cuestión de días.

—Bien.

Bella continuó cepillando al animal en silencio.

—No te he visto desde ayer por la tarde —comentó Edward rompiendo el silencio

—Rachel me invitó a comer hoy con ella y Rebecca —explicó

—Sí, me lo dijo Sue. También dijo que ayer no te sentías bien como para bajar a cenar.

—Es verdad —dijo ruborizada.

—Parecía que estuvieses huyendo de mí.

—No lo hacía.

—Bella, no tienes que huir de mí.

—Lo sé. No estaba huyendo.

—Debo disculparme por lo que sucedió ayer pero…

—Nada sucedió ayer —le cortó.

—Sabes que sí, y hubiera ido a más si no hubieses salido corriendo.

—Te equivocas, Edward.

—No lo hago. Deseaba hacerte el amor y tú lo deseabas también.

—Te equivocas conmigo, Edward —rezongó incómoda —Te lo dije el día que llegué aquí. No busco una relación. No la buscaba con ninguno de tus peones pero tampoco la busco contigo.

—Sabes que eso no es verdad —discutió enérgico.

—Me gustaría que olvidáramos este tema —pidió Bella bajando la mirada.

—¿Qué vas a hacer? ¿Esconder la cabeza como un avestruz?

—Preferiría olvidar este tema —repitió

—No podemos ignorar esto, Bella.

—Por favor, Edward —suplicó —Me gusta este trabajo, me gusta estar aquí y preferiría no tener que marcharme. Pero si lo que sea que tú crees que sucedió, va a interferir en mi estadía prefiero dejar el rancho.

—No hablas en serio.

—Por favor, Edward, ni tú ni yo queremos un lío en el rancho.

—Yo ya no sé lo que quiero.

—Pues yo sí lo sé, y no deseo involucrarme con nadie. —sentenció abandonando el establo mientras su jefe se quedaba en su lugar pasmado.

Los días subsiguientes la relación entre ellos se volvió distante.

Distancia que ambos lamentaban.

Una semana después, la noche del jueves todos los empleados se reunieron a la hora de la cena.

—¿A qué hora se espera mañana el contingente? —preguntó Sam cuando Sue sirvió el postre.

—A primera hora de la mañana llegarán los primeros.

La temporada de trabajo fuerte para el rancho se acercaba y al día siguiente esperaban el contingente de trabajadores temporeros, que permanecerían en el rancho alrededor de un mes.

Todos los ranchos de la zona colaboraban unos con otros durante esos días, y cada día después del trabajo, los peones e incluso muchos de los dueños se reunían celebrando una nueva jornada finalizada con éxito.

—¿Cuándo llegan los Denali? —preguntó Sue

—Les esperamos el sábado.

Eleazar y Carmen Denali eran un matrimonio proveniente de Alaska que se unían a los temporeros.

Viajaban por todo el país con sus dos hijas, Irina y Kate, y sus respectivos maridos Laurent y Garrett.

Mientras los hombres se unían a los temporeros, las mujeres se ocupaban de cocinar para todos los trabajadores, ya que Sue no podía ocuparse de toda esa gente.

Eran los días de trabajo más duro del año, pero paradójicamente era la época en que Sue tenía que cocinar menos.

Los temporeros eran acomodados en las barracas que se acondicionaban especialmente para alojarlos, mientras los Denali, vivían y dormían en las tres caravanas en las que se desplazaban.

Al día siguiente llegaron los primeros diez trabajadores que fueron instalándose en los barracones.

Fue un día animado mientras se reencontraban trabajadores a quienes no veían desde el año anterior.

Por la noche, después de despejar uno de los enormes barracones, los peones organizaron una fiesta a la que se unieron trabajadores de los ranchos vecinos, así como algunos de los jóvenes del pueblo.

Bella era una de las pocas mujeres que había asistido por lo que su agenda de baile estuvo llena todo el tiempo.

Se divirtió mucho con los empleados de Edward que ya eran sus amigos y conoció muchos trabajadores más, que la halagaron y piropearon sin cesar durante la noche.

Rió, bailó y bebió el delicioso ponche de Sue.

Se divirtió como hacía mucho tiempo que no recordaba haberlo hecho.

Desde una mesa, sentado junto a Harry, Sue y el viejo Ateara, Edward la observaba con atención.

Estaba preciosa y relajada. No recordaba haberla visto tan distendida.

Llevaba un vestido suelto amarillo con pequeñas flores rosa bordadas en el ruedo.

El vestido cubría más allá de sus rodillas, y el frente abotonado le ceñía los pechos.

Era femenino y cómodo y le sentaba espectacularmente bien.

Se sentía feliz por ella al verla reír en los brazos de Brady.

Finalmente, después de compartir tres piezas de baile, Bella se excusó y Brady la acompañó a la mesa.

Se sentó junto a Edward y dio un trago a su copa de ponche, cuando "These Boots are made for walking" comenzó a sonar.

Era su canción favorita y no pudo evitar tararearla a la vez que su cuerpo se movía suavemente al ritmo de la música.

—¿Bailamos? —le invitó Edward poniendo su mano frente a ella.

—¿De verdad? —indagó sorprendida.

—¿Por qué no? —suspiró —Espero que tus botas no quieran caminar sobre mí.

—Mmm, de acuerdo —aceptó sonriendo y ya no volvió a cambiar de pareja en lo que restaba de la noche.

Era entrada la madrugada cuando agotados salieron a tomar un poco de aire.

Edward había servido dos vasos plásticos con ponche y con ellos se recostaron contra una de las vallas junto al abrevadero.

Vieron salir a Colin con una joven que Edward identificó como la hija de Quil Ateara.

Caminando furtivamente, haciéndose arrumacos y besándose, se alejaron en dirección al granero.

—Vaya, vaya con Colin —bromeó Edward. Bella sonrió sintiéndose avergonzada. —Supongo que es lo normal pero no sabía que estas fiestas acabaran así.

—Quizás estás un poco mayor —sonrió Bella burlona.

—¿Crees que estoy mayor? —indagó con risueña indignación.

—No tanto como para no poder llevar un rancho pero tal vez un poco para ligarte una chica en un baile —continuó burlándose.

—¿Te burlas de mí, señorita? —dijo girándose para pararse frente a ella.

—En absoluto —aseguró pero su risa algo ebria no decía lo mismo.

—¿Crees que no puedo ligarme una chica en un baile? —susurró acercándose más a ella, a la vez que lanzaba al suelo su vaso de ponche.

—Yo no dije eso.

—Eso es justamente lo que dijiste —murmuró enredando sus dedos en los mechones de cabello que caían sobre su hombro —Y te equivocas de cabo a rabo —agregó antes de bajar sus labios hacia el cuello femenino.

Bella dejó caer su vaso y se arqueó enredando los brazos en el cuello de él.

Los labios de Edward vagaron por el rostro de Bella antes de alcanzar sus labios, mientras las manos en la cintura de la chica la atraían hacia él.

Edward profundizó el beso y Bella le respondió arqueándose contra él, excitada y necesitada.

Las manos de Edward se posaron en sus glúteos y la apretó contra su erección.

Los pechos de Bella se inflamaron por el deseo bajo su ropa.

Se besaron casi con violencia.

—Vamos dentro —murmuró Edward separándose sólo un momento.

Bella no encontró su voz para negarse, y tuvo que reconocer que no podría negarse ni aún deseándolo.

La levantó entre sus brazos y caminó con rapidez hasta la entrada trasera de la casa.

Cuando llegó al pie de la escalera trasera, la bajó sobre sus pies incapaz de continuar sin el combustible de sus besos.

La apuntaló contra la pared y con las manos bajo los glúteos femeninos la obligó a separar las piernas para pararse entre ellas.

Bella enredó sus piernas en la estrecha cintura masculina sin dejar de besarle excitada.

Edward bajó la mano para colarla entre la falda de Bella y más allá, bajo sus braguitas.

Estaba húmeda, inflamada y caliente entre sus dedos.

No podía detenerse. Ni siquiera se veía capaz de retrasarlo.

Llevó la mano a sus pantalones y bajó la cremallera liberando su miembro firme e inflamado.

Quería ir despacio. Sabía que Bella llevaba años sin estar con un hombre, y probablemente su pene la lastimaría.

Pero no podía detenerse. Por todos los infiernos que no estaba preparado para hacerlo.

Lentamente lo dirigió a la húmeda raja para colar apenas la punta entre los pliegues femeninos.

Con sus dedos siguió estimulando el sexo de ella para facilitarle la dilatación.

—Me duele —gimió Bella cuando Edward se adentró un poco más en su interior.

—Relájate, cariño. Soy un poco grande, pero todo estará bien. —aseguró —Lo prometo —agregó empujando un poco más.

Lenta, muy lentamente, mucho más de lo que se sentía capaz de hacerlo, la penetró hasta que la tuvo firmemente empalada contra él.

Intentaba calmarse cuando escuchó unos ruidos en la cocina que le alertaron.

—Mierda —gruñó

—¿Qué sucede?

—Shh —la cortó —Aférrate a mí —ordenó antes de dar un paso sobre los escalones.

Sin soltarla subió las escaleras mientras la besaba impaciente.

La habitación de Bella era la más cercana a esa escalera así que sin pensarlo se dirigió hacia allí.

Cerró la puerta de un puntapié y se acercó a la cama.

Aún sin salirse de su interior, la recostó sobre el colchón acostándose entre sus piernas.

—Tengo que hacerte el amor, Bella —murmuró ansioso

Como toda respuesta los músculos vaginales de Bella le ciñeron con fuerza.

Lo enloqueció con su reacción y no pudo retrasarlo más.

Comenzó un alocado vaivén que rápidamente lo llevó al clímax.

Atacó el clítoris de Bella con sus dedos cuando se sintió a punto de estallar, pero fue el mordisco suave que le dio al pezón a través de la ropa que lo cubría, lo que la llevó a ella a explotar.

Escucharla gritar extática a la vez que lo ceñía con fuerza lo lanzó a él directo al orgasmo, y se corrió en su interior.

—Te amo —susurró agotado antes de dejarse caer sobre su cuerpo laxo.


Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos y por leer.

Dejo un pequeño adelanto del próximo capítulo:

—Así que esta señorita de aquí, está completamente disponible —ofreció sugerente recorriendo con los dedos su escote y la hendidura entre sus pechos.

—Oh, bien... —respondió Edward sin saber bien qué decir —Espero que no distraiga mucho a mis trabajadores, señorita.

—Tal vez usted tendrá que mantenerme muy, pero muy ocupada —sonrió haciéndole carcajear divertido.

—Ok, lo tendré en cuenta.

Bella se acercaba a ellos por el camino mientras veía a Edward riendo junto a la rubia exuberante que parecía estar dispuesta a saltar sobre él en cualquier instante.

No pudo evitar sentir una punzada de celos, pero se negó a dejarla enraizar.

En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.

Y en mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.

Besitos y nos leemos!

Calendario de Actualizaciones:

Lunes - RANCHO MASEN, Miércoles - DETRÁS DEL OBJETIVO, Viernes - PERVERSAMENTE PROHIBIDO.