DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
RANCHO MASEN
CAPITULO 22
El clímax le dejó exhausto e intentando recuperar la respiración se dejó caer sobre el cuerpo de Bella.
No fue sino hasta entonces que notó la rigidez de la chica y se separó apoyado sobre sus codos para mirar su rostro bajo la tenue luz de la luna que se filtraba por la ventana.
Bella volteaba el rostro evadiendo su mirada pero pudo ver un rastro brillante en sus mejillas.
Con un dedo en su mentón la instó a mirarle y vio claramente las lágrimas que humedecían su rostro mientras ella cerraba los ojos con fuerza intentando reprimir los sollozos.
—Bella, cariño —indagó con preocupación —Cariño, ¿qué sucede?
—Por favor, vete, Edward —susurró aún sin mirarle empujando su pecho con los puños.
Decir que su actitud lo sorprendió no hacía honor a la verdad. Estaba anonadado.
Se separó un momento para observarla, percatándose de que aún estaba dentro del cuerpo de la chica.
—Bella, pequeña, ¿qué sucede?
—Por favor, Edward... —sollozó
—¿Por favor, qué, Bella? ¿Qué sucede?
—Quiero que salgas de mi habitación —gruñó empujándolo con fuerza obligándolo a abandonar su cuerpo.
Quedó sentado en la cama junto a ella, viendo cómo se sentaba nerviosa y con rapidez procedía a cerrar el par de botones de su vestido que Edward había desabotonado a la vez que bajaba la falda para cubrir sus piernas.
—No entiendo, Bella, ¿qué es lo que pasa?
—Quiero que te vayas —gritó saliendo de la cama para alejarse de él —Sal de mi habitación.
Desconcertado se bajó de la cama de la chica mientras abrochaba sus pantalones y abotonaba su camisa.
—No entiendo —rezongó
—¿Qué es lo que no entiendes? Esto no debió suceder.
—¿A qué te refieres? ¿Esto lleva meses cociéndose entre tú y yo?
—No sé de qué hablas. Eres mi jefe y trabajo para ti, pero sólo adiestrando tus caballos. Pero somos adultos y no hace falta montar un escándalo por un poco de sexo —dijo de espaldas a él mirando por la ventana.
—¿Disculpa? —espetó irritado
—Sí, ya sabes. Fue eso. Un poco de sexo. Un desahogo, supongo que por tanta tensión por el trabajo. Hemos bebido de más. Ya está, no hay más. No te preocupes. Por mi parte está todo olvidado.
—Un poco de sexo —repitió atónito
—Venga ya, Edward, ¿acaso vas a decirme que no acostumbras tener sexo sin compromisos?
—En realidad no, y nunca con las personas que trabajan para mí.
—Eso es porque nunca contratas mujeres.
—Tal vez —reconoció —Supongo que sabía por qué no lo hacía. —dijo incómodo y molesto mientras salía de la habitación dando un portazo al salir.
Cuando la puerta se cerró, Bella se dejó caer de rodillas escondiendo el rostro entre sus manos y sin poder reprimir su llanto.
Lo había deseado. Lo había deseado como nunca en su vida había deseado a un hombre.
Pero cuando Edward dijo que le amaba en el furor de la culminación, todo se derrumbó.
Ella había amado a Jacob. Y Jacob le había amado a ella. Le había amado hasta el día de su muerte y ella no había dudado en entregarse a otro hombre.
Le había entregado a ese hombre lo que había sido de Jacob y no había pensado en su prometido ni una sola vez.
No podía dejar de pensar que Jacob había muerto por su causa. Ella le había arrancado a Jacob las posibilidades de ser feliz, de vivir una vida.
¿Qué clase de justicia sería si ella seguía adelante como si nada, cuando había sido su estúpida terquedad la que le había impedido a Jake que lo hiciera?
Se sintió sucia, injusta y egoísta. Pero lo que aún le hizo sentir peor fue tener que reconocer que había deseado a Edward como nunca había deseado a Jacob.
No quería sentirse así, pero aún no sabía cómo evitarlo.
Edward entró furibundo a su propia habitación y golpeó y pateó los muebles sintiéndose herido, humillado y frenético.
Se desvistió con violencia arrancando varios botones de su camisa y se metió bajo la ducha helada intentando calmar su agitación.
Cuando se sintió levemente calmado, salió de la ducha.
Se calzó unos vaqueros y sin molestarse en ponerse más ropa salió de su habitación para dirigirse a su estudio.
Se dejó caer sobre el sofá negro de piel junto a una botella de whisky y con largos tragos la acabó.
—Edward —la voz de Sue en su oído y la mano en su hombro sacudiéndole le despertaron a la mañana —Edward, despierta, querido.
—¿Qué pasa? —gruñó llevándose la mano a la cabeza que le martilleaba
—¿Has pasado la noche aquí?
—Parece que sí —respondió sintiéndose nuevamente furioso.
—Es bastante tarde —le informó la mujer —Ya se han levantado todos y han preguntado por ti para comenzar a trabajar. Además los Denali no creo que tarden en llegar.
—Gracias, Sue.
—Ya todos han desayunado pero puedo prepararte unos huevos y un poco de café si quieres. Creo que te vendrá bien —ofreció mirando suspicaz la botella vacía junto a su jefe.
—Te lo agradezco, Sue. Subiré a ducharme
Cuando llegó a la puerta de su habitación escuchó un suave ruido al otro lado de la galería. Bella estaba allí de pie, estática, observándole.
Se recostó en el marco de su puerta y se cruzó de brazos mirándola con indolencia.
—Ven aquí —ordenó furioso —Tengo que hablar contigo.
Bella bajó la mirada nerviosa y caminó lentamente hasta él.
—Buenos días, Edward —susurró cuando llegó junto a él.
—No hace falta tu hipócrita amabilidad —rugió a la vez que la cogía fuertemente del brazo y la empujaba al interior de su habitación —Entra.
Bella entró trastabillando a la habitación y se quedó de pie en el medio de la estancia.
—Tú y yo nos vamos a la farmacia en cuanto me duche —dijo con dureza.
Bella le observó confusa.
—¿A la farmacia?
—Sí. A comprar la píldora del día después —explicó dirigiéndole una mirada cargada de odio.
Bella se sonrojó furiosamente comprendiendo el significado de sus palabras.
—No hace falta —musitó bajando la vista.
—No utilicé protección y no hay nada que desee menos que tener un hijo contigo —rugió sintiéndose cada vez más alterado.
—No hace falta, de verdad —repitió sintiendo cómo su pecho se oprimía.
—¿Qué significa que no hace falta? ¿Tomas la píldora?
—Algo así.
—¡Basta de monosílabos! —gritó cogiendo su mentón con fuerza para obligarla a mirarle a la cara —¿Qué coño significa que no hace falta?
—Que no tienes de qué preocuparte. No quedaré embarazada —reconoció con dolor.
—¿Estás segura? ¿Estás protegida? No quiero sorpresas desagradables, Bella.
—Estoy segura. No tienes de qué preocuparte.
—Espero que no me engañes, porque te arrepentirás si lo haces.
—No te engaño. No te engañaría nunca —musitó con los ojos llenos de lágrimas.
—Sí, claro —dijo desdeñoso —Tal vez no intencionadamente, pero te aseguro que me tuviste engañado todo este tiempo. No pensaba que fueses esta especie de... zorra que has resultado ser —replicó con dureza asestándole un duro golpe. tal como deseaba.
Bella dio un respingo dolida.
—Si eso es todo...
—Desde luego, sal de mi habitación —ordenó volteándose para dirigirse a su baño y meterse en la ducha.
Los Denali hacía casi una década que llegaban al rancho para la temporada.
Se alojaban junto a los barracones, ocupando las caravanas en las que se desplazaban.
Ese año sólo tuvo una pequeña diferencia. Kate y Garrett se acababan de divorciar, por lo que él había rechazado el trabajo, y la mujer había llegado al rancho sola en su propia caravana.
Kate, estaba más cerca de los cuarenta que de los treinta. Había sido una chica guapa, pero los años no la habían tratado muy bien.
Después de quince años de matrimonio y tres hijos, su rostro y su cuerpo mostraban el paso del tiempo, por mucho que ella se resistiera a aceptarlo.
Llevaba la melena rubia, lacia y larga, y sus enormes ojos azules, fuertemente maquillados.
Sus pechos prominentes se bamboleaban apenas contenidos por su ajustada camisa, que debería tener una o dos tallas más.
La camisa anudada sobre su vientre, dejaban a la vista una amplia franja de piel muy blanca antes de que esta se escondiera bajo la cinturilla de sus vaqueros ajustados.
A pesar de los golpes que la vida —y su marido— le habían dado, era una mujer divertida, simpática y risueña.
Y sin lugar a dudas, después de haberse librado de un hombre manipulador y controlador, estaba dispuesta a disfrutar de su recientemente adquirida libertad.
Y Edward Cullen era algo así como su objetivo número uno.
Edward había salido a recibir a los trabajadores, y estaba junto a Eleazar, Carmen, Irina y Laurent, cuando la caravana de Kate aparcó.
La mujer bajó de un salto y se acercó a ellos.
—Señor Masen —saludó llevándose la mano a su Stetson mientras le dirigía a Edward una sonrisa seductora.
—Señora Shepperd —le respondió él con el mismo gesto.
—Ahora soy la señorita Denali —explicó risueña.
—Oh, vaya, ¿lo siento? —preguntó
—No, en absoluto.
—Bien. Supongo entonces que Garrett no vendrá este año por aquí.
—No lo creo —reconoció la mujer —Ahora tiene su propio rancho del que ocuparse.
—¿Ah, sí?
—Sí, se está tirando a la viuda de un ranchero de Montana.
—Oh, vaya.
—Así que esta señorita de aquí, está completamente disponible —ofreció sugerente recorriendo con los dedos su escote y la hendidura entre sus pechos.
—Oh, bien... —respondió Edward sin saber bien qué decir —Espero que no distraiga mucho a mis trabajadores, señorita.
—Tal vez usted tendrá que mantenerme muy, pero muy ocupada —sonrió haciéndole carcajear divertido.
—Ok, lo tendré en cuenta.
Bella se acercaba a ellos por el camino mientras veía a Edward riendo junto a la rubia exuberante que parecía estar dispuesta a saltar sobre él en cualquier instante.
No pudo evitar sentir una punzada de celos, pero se negó a dejarla enraizar.
Ella había tenido su oportunidad con Edward, y había sido ella quien le había rechazado.
—Buenos días —saludó cuando llegó hasta ellos.
—Buenos días —respondieron todos al unísono.
—Bella, ellos son Eleazar Denali, su esposa Carmen y sus hijas Kate e Irina y Laurent Da Revin. Eleazar y Laurent trabajarán con nosotros por la temporada y Carmen, Irina y Kate se encargan del comedor para los trabajadores. Ella es Bella Swan, se encarga de los caballos, es la nueva adiestradora del rancho. —les presentó Edward.
—Encantada —saludó Bella estrechando las manos de los recién llegados.
El apretón que le dio Kate, acompañado de la mirada de arriba abajo que le dirigió la incomodaron.
—Vaya, señor Masen —sonrió Kate burlona —Una mujer en su rancho... Creía que aquí no trabajaban mujeres.
—Bella vino recomendada por Billy, mi antiguo entrenador. Ha trabajado con caballos toda la vida y es muy buena en eso. —dijo sin despegar la vista de Bella —Sería un plus que fuera un hombre, aunque a veces se pueda comportar como tal —dijo burlón mirándola con un rencor que a Bella le hirió el alma.
—Bueno, creo que entonces aún hacen falta mujeres por aquí —respondió Kate recostándose contra Edward y mirando a Bella desdeñosa.
—Disculpa, Edward ¿tendrás un minuto, por favor? Tengo un problema con la valla del corral norte —pidió Bella ruborizándose ante el intenso escrutinio de la mujer.
—Sí. —respondió escueto antes de decirles a los demás que procedieran a instalarse para luego seguir a Bella por el camino que llevaba al corral.
—Lamento haberte herido —dijo ella cuando se alejaron, sin atreverse a mirarle.
—¿Disculpa? —preguntó con furia mal contenida.
—Lamento haberte herido —repitió abochornada.
—Mírame cuando me hables —gruñó cogiéndola con rudeza por el brazo y volteándola de frente a él.
Bella levantó la vista para enfocar el rostro del hombre que había empezado a amar, aún sin atreverse a hacerlo.
—Lo siento, Edward, lo siento de verdad.
—¿Qué es lo que sientes? —indagó con hostilidad.
—Haberte lastimado, herido tus sentimientos, tu orgullo, no sé, lo que sea que te haya hecho sentir.
—Me hiciste sentir muchas cosas, Bella —replicó con desprecio —Me calentaste, me excitaste durante más de seis meses, luego me diste un muy merecido desahogo, para más tarde aclarar lo que significaba eso para ti. Debo reconocer que contigo me corrí de una forma increíble. Tienes un coñito delicioso —agregó intentando herirla y lográndolo —Pero no pensé que sería tan simple. Un polvo y nada más. Pensé que tal vez buscaras más. No sé, no te imaginaba del tipo de mujer que se tira a cualquiera, pero tal vez me equivoqué —añadió —Pero no tienes que preocuparte. Sin rencores —sonrió con una sonrisa nada sincera.
—Bien —respondió ella con voz ahogada antes de volverse y seguir su camino.
Sé que este capi enfadará a mucha gente. Desde ya pido disculpas, y comprensión para los protagonistas.
Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos y por leer.
Dejo un pequeño adelanto del próximo capítulo:
—Sé que puedo ponerte muy duro, cariño, sin importar cuan borracho estés, pero tal vez deberíamos entrar en mi caravana —murmuró
—No creo que sea una buena idea —intentó disculparse
—Creo que es la mejor idea que se me ha ocurrido en mucho tiempo.
—No lo creo, Kate —dijo intentando detener el constante asedio de las manos de la mujer sobre su cuerpo.
—Claro que sí. Al menos para que desahogues la frustración que te provoca esa mujer.
—¿Qué mujer? —preguntó receloso
—Tu entrenadora —explicó —Se nota que quieres tirártela.
—¿Tirármela? ¿A Bella? Estás loca. No tengo la más mínima intención de hacerlo. Es una remilgada y frígida mojigata —dijo desdeñoso sintiéndose repentinamente furioso
En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.
Y en mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.
Besitos y nos leemos!
Calendario de Actualizaciones:
Lunes - RANCHO MASEN, Miércoles - DETRÁS DEL OBJETIVO, Viernes - PERVERSAMENTE PROHIBIDO.
