DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

RANCHO MASEN

CAPITULO 23

Esa noche, Bella prefirió evitar la fiesta que organizaron los peones en las barracas y se retiró temprano a su habitación después de cenar con Sue y Harry.

Edward había preferido cenar con sus trabajadores de la comida que las Denali prepararon para todos.

No tenía fuerzas para compartir una comida con su entrenadora y no quería que Sue o Harry pudieran notar la tensión entre ellos.

Edward bebió demasiado sentado junto a Kate que no hacía más que insinuársele, vestida con un pantalón muy corto y una camisa muy ceñida.

—Hay demasiado ruido aquí, ¿no crees, vaquero? —susurró la mujer recostándose contra él sugerente.

—Un poco —coincidió sonriéndole bastante mareado

—¿Qué tal si tomamos un poco de aire? —sugirió restregando sus pechos contra el brazo de él.

Edward sonrió y se dejó llevar.

Se recostó contra una de las vallas para escuchar a Kate hablar sobre su vida y su ex marido, pero sin prestarle especial atención.

Kate se acercó a él y le rodeó el cuello con los brazos mientras restregaba sus ingles contra las de él.

—Tal vez tú podrías curar mi corazoncito —susurró seductora.

Edward intentó separarse de la mujer sin ser brusco, pero en el momento que levantó la vista la vio.

En la penumbra de la ventana de la habitación de Bella vio la sombra recortada de la mujer de la que se había enamorado y que le había humillado lanzándole su declaración a la cara con desprecio.

Llevó las manos a la cintura de la mujer y la apretó contra él bajando sus labios sobre los de ella para besarla con rudeza, sin quitar la vista de la ventana de la segunda planta.

Kate bajó su mano hasta los pantalones de Edward y bajó la cremallera para liberar su miembro aún fláccido.

Las manos callosas de Kate comenzaron a moverse sobre su falo intentando endurecerle sin grandes resultados.

Edward vio la silueta de Bella alejarse de la ventana cuando Kate habló.

—Sé que puedo ponerte muy duro, cariño, sin importar cuan borracho estés, pero tal vez deberíamos entrar en mi caravana —murmuró

—No creo que sea una buena idea —intentó disculparse

—Creo que es la mejor idea que se me ha ocurrido en mucho tiempo.

—No lo creo, Kate —dijo intentando detener el constante asedio de las manos de la mujer sobre su cuerpo.

—Claro que sí. Al menos para que desahogues la frustración que te provoca esa mujer.

—¿Qué mujer? —preguntó receloso

—Tu entrenadora —explicó —Se nota que quieres tirártela.

—¿Tirármela? ¿A Bella? Estás loca. No tengo la más mínima intención de hacerlo. Es una remilgada y frígida mojigata —dijo desdeñoso sintiéndose repentinamente furioso

—Entonces déjame hacerte una mamada —pidió la mujer —Necesito un buen polvo y si tú realmente no quieres nada con ella... no hay nada que te detenga.

—Desde luego que no quiero nada con ella —aseguró y tiró de la mujer para caminar a grandes zancadas hasta la zona donde estaban aparcadas las tres caravanas.

—Esta es la mía —le informó Kate abriendo la puerta de una de ellas.

Era una caravana bastante espaciosa por dentro.

En la parte central una pequeña mesa plegable rodeada por tres lados por un banco acolchado.

En la parte trasera se veía una pequeña puerta y dentro una cama algo más estrecha que una cama doble. Frente a esta la puerta del pequeño lavabo.

Al otro lado una pequeña cocina con un horno microondas y una mini nevera.

—Siéntate aquí, cariño —dijo la mujer empujándolo suavemente sobre el banco acolchado —Y déjame a mí —agregó sentándose a horcajadas sobre él para desabrocharle la camisa.

Las uñas rojas y carcomidas de Kate le acariciaban el pecho dando ligeros tirones al suave vello cobrizo mientras restregaba sus ingles contra el miembro flácido de Edward a la vez que besaba sus labios enfebrecida.

Lentamente se separó para ponerse de rodillas frente a él y, dedicándole una mirada lasciva, pasó la lengua por sus labios antes de llevarlos a la cabeza de su pene.

Sin dejar de mirar el rostro de Edward la mujer lo chupó y lo lamió endureciéndolo.

La respiración de Edward se aceleró pero no logro sentirse excitado.

—¿Te gustaría correrte en mis pechos, querido? —ofreció separando su boca de él mientras sus manos seguían meneándolo con fuerza.

—Tal vez —aceptó Edward dirigiendo la mirada al escote abultado de la rubia.

Kate le soltó para llevar las manos a su camisa y quitársela.

—Mi marido decía que no había nada mejor que follar mis tetas —dijo demasiado sincera mientras se quitaba el sujetador que a duras penas mantenía sus pechos presionados. —Ven aquí —dijo levantándose para guiarlo hasta la cama que había en la parte trasera de la caravana.

Se acostó sobre la cama después de desnudarse completamente. Sin quitar la vista de su rostro, la mujer llevó su mano a su boca y lamió sus dedos para pasarlos luego sobre el valle entre sus pechos humedeciéndolo.

—Quítate los pantalones y ven aquí —le susurró a Edward que le obedeció sintiéndose mareado.

Tal como ella le indicara se colocó a horcajadas sobre el vientre femenino. Kate se acomodó de forma de poder acoger el pene de Edward entre sus pechos y cogiendo las manos de Edward las llevó a ellos para que él los mantuviera cerrados sobre su miembro.

Embistió sobre ella unos instantes, antes de detenerse pesaroso alejándose del cuerpo de la mujer, para sentarse sobre la cama.

—¿Qué sucede, querido? —preguntó la mujer irguiéndose apoyada en un codo.

—Lo lamento, Kate, pero no puedo hacerlo. —se disculpó levantándose de la cama.

—¿Por qué no, querido? ¿Estás muy borracho?

—Supongo que es eso —dijo sintiéndose repentinamente mareado aunque sabía que no era esa la razón para no poder continuar, sino el asco y la repulsión que él mismo se generaba.

—Ven aquí —dijo la mujer tirando de él nuevamente hacia la cama —Descansa —ordenó empujándolo sobre la cama

Se dejó caer en el camastro sintiéndose repentinamente exhausto.

Demasiado borracho para abandonar la caravana se durmió sobre la estrecha cama.

La luz del sol de la mañana daba en su cara a través del ventanuco del vehículo, pero no fue el sol lo que le despertó sino la mujer que succionaba su miembro.

—Buenos días, cielo —dijo la mujer entre jadeos apartándose un instante de él.

—Detente, Kate —respondió llevando las manos a la cabeza de ella con intención de detenerla.

—Ayer te dormiste antes de darme el orgasmo que me debías —le dijo haciéndole sentir aún más culpable y sucio que el día anterior.

—Déjalo, Kate —repitió alejándose de ella.

Kate se tumbó sobre la cama y llevó sus manos a su sexo para masturbarse y gritar corriéndose con rudeza.

Edward se sentó en la cama sintiéndose repentinamente asqueado y mareado y en un movimiento impulsivo se lanzó al pequeño lavabo donde vomitó su desagrado, además de la cena y el alcohol que había consumido el día anterior.

Desayunó café y huevos revueltos que Kate preparó escuchándola hablar sobre su vida, sus hijos, sus trabajos.

Tragó su desayuno sin hablar alegando resaca, pero en realidad lo que sentía era asco hacia sí mismo.

Finalmente abandonó la caravana para dirigirse a su habitación a fin de ducharse.

Había dado dos pasos fuera de la caravana cuando vio a Bella mirándole abstraída.

Bella se dirigía a los establos cuando al girar en la esquina de la casa vio a Edward saliendo de una de las caravanas allí aparcadas, vistiendo la misma ropa que el día anterior.

Se detuvo dando un respingo y sus ojos se llenaron de lágrimas.

La noche anterior lo había visto besándose con la cocinera rubia que había llegado al rancho aquel día, y había sentido que su corazón se detenía.

Esa noche había estado especialmente inquieta recordando lo sucedido la noche anterior, en esa misma cama, con el hombre al que amaba por sobre todas las cosas, aunque le costara tanto aceptarlo.

Sin poder conciliar el sueño se había sentido atraída hacia la ventana que daba a las barracas y les había visto salir juntos.

No había podido evitar quedarse contemplándoles. La mujer hablaba y reía con Edward acercándose a él seductora.

Lo había abrazado y cuando Bella creyó que Edward la alejaría de él, éste la abrazó y se lanzó sobre sus labios.

Sin notarlo siquiera, las lágrimas rodaron por sus mejillas y tuvo que alejarse de allí.

Sintiéndose débil, había abierto su neceser para sacar el bote de pastillas que hacía años había pensado que no volvería a utilizar.

Tomó una píldora, de aquellas que tomaba cuando las pesadillas sobre el accidente aún eran diarias y se durmió.

No había olvidado lo ocurrido al despertar, pero al menos podía ignorarlo.

Pero saber que Edward había pasado la noche con esa mujer era más de lo que podía soportar.

Había dicho que le amaba y al día siguiente se había acostado con otra mujer.

Ella le había rechazado y sin dudas le había herido, pero aún así reconocer que su sentimiento por ella era tan volátil y efímero la entristeció.

No podía enfrentarlo por lo que giró sobre sí misma y volvió sobre sus pasos.

Le escuchó acercarse a ella caminando con velocidad.

—Buenos días, Bella —dijo Edward posicionándose a su lado para caminar junto a ella.

—Buenos días —le respondió sin dirigirle la mirada

—¿Ya has desayunado?

—Sí.

—También yo —dijo sarcástico.

Bella sabía que no había desayunado en la casa, por lo que no le costaba imaginar dónde ni con quién lo había hecho.

—Bien, espero que te aproveche.

—Mucho, sin dudas. ¿Pasaste una buena noche, Bella?

Bella se detuvo y se giró de frente a él.

—¿Qué coño quieres, Edward?

—Hey, estás un poco irascible —sonrió burlón mirándola con furia —Sólo me comporto como un buen jefe preocupándome por sus empleados. Sólo preguntaba si habías pasado una buena noche.

—Pues no —gruñó —No pasé una buena noche. En absoluto.

La observó sintiéndose iracundo.

—Pues no creo que fuese peor que la mía —rugió

Bella sonrió sarcástica aunque sus ojos brillaran húmedos.

—¿Quién lo diría? A juzgar por el hecho de que no pasaras la noche en tu habitación, habría jurado que habías tenido una buena noche.

—¿Lo dices porque imaginas que me he echado un polvo?

—¿Acaso no lo has hecho?

—Supongo. ¿Eso es lo que significa el sexo para ti, Bella? ¿Pasar una buena noche? Porque para mí es mucho más.

—Ya lo veo —susurró volteándose para alejarse de él raudamente.


Creo que hoy amerita un capi extra, ¿no?

Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos y por leer.

Adelanto del próximo capítulo:

—Tengo miedo, Rachel. Tengo miedo de enamorarme de Edward. Amé tanto a Jacob y todo lo que estábamos construyendo juntos y sufrí tanto cuando lo perdí que tengo pánico de volver a sentirlo.

—Si tienes miedo de enamorarte de Edward es porque ya lo estás, cariño. No dejes escapar algo que será tu felicidad y la de él. No permitas que el miedo te paralice, Bella. Has sido fuerte en los momentos más difíciles de tu vida. No te permitas ser débil ahora. Te mereces ser feliz, Bella y te mereces serlo con Edward.

Bella le observó pensativa antes de hablar.

—Ya da igual, en realidad. Edward está con alguien más.

No olvidar que en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.

Y en mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.

Besitos y nos leemos!

Calendario de Actualizaciones:

Lunes - RANCHO MASEN, Miércoles - DETRÁS DEL OBJETIVO, Viernes - PERVERSAMENTE PROHIBIDO.