DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
RANCHO MASEN
CAPITULO 24
Edward estuvo irascible el día entero, al punto de que los empleados intentaran apartarse de su camino nada más verle acercarse.
Bella y él se evitaron durante toda la jornada.
A última hora del día, Edward se encontraba en uno de los corrales, limpiando las pinzas de marcaje, cuando Kate se le acercó.
—Buenas tardes, vaquero —susurró sugerente a sus espaldas sobresaltándolo.
—Ah, hola, Kate. —saludó alejándose un par de pasos de la mujer.
—Te echamos de menos hoy a la hora de la comida.
—Tenía trabajo en el campo.
—Sí, lo imaginé. La cena para los trabajadores ya está lista. Pensé que podía invitar al jefe a una cena íntima —ofreció pasando sus dedos por el escote de su camisa. —Tengo unos buenos postres para ofrecerle.
Edward inspiró pasándose la mano por los cabellos antes de reacomodar su sombrero.
—Kate… —dijo sin saber exactamente cómo continuar —Yo… quería hablar contigo…
—¿Sobre qué?
—Sobre lo que sucedió anoche.
—Oh, vaya, no es que sucediera mucho en realidad, pero no me digas que no te gustó —pidió con un mohín infantil —Me partirías el corazón.
—No, no es eso…
—Entonces sí te gustó —sonrió ampliamente
—Es… lo siento, Kate, yo no soy ese tipo de hombre…
—¿Qué tipo de hombre, querido?
—De los que tienen sexo sin compromisos.
—¿No sueles tener sexo sin compromisos?
—No.
—¿Eso es una proposición, cielo? Porque si lo es, no es que espere un anillo, pero tal vez algunas palabras más románticas.
—Lo siento, creo que no estoy siendo claro. Quiero decir que no acostumbro a hacer lo que hice ayer, y no me siento cómodo con ello. No sé si tengo más excusa que la de que estaba borracho, pero creo que debo disculparme contigo.
—¿Disculparte por haber casi tenido sexo conmigo? Porque tampoco es que me lo hicieras en realidad. Venga ya, Edward, ni tan sólo me permitiste que te hiciera una mamada como Dios manda.
—Lo que sea. Quiero disculparme por lo que sea que haya sucedido y que eso no signifique nada más.
—Oh, querido, eres tan dulce. No te preocupes. Yo lo pasé muy bien y me gustaría repetirlo, y sin dudas ir un poquito más allá, pero en ningún momento esperé nada más, así que no te preocupes por mí. Pero supongo que con esto me quieres decir que no se volverá a repetir. —dijo interrogante
—No. Lo siento. No volverá a suceder.
—Es una pena, Edward. No sé exactamente cómo haces para desahogarte pero un hombre como tú necesita una mujer.
—No la necesito —discutió —Creo que ya he tenido mi dosis suficiente de mujeres por esta vida. —agregó volviendo la atención a su tarea.
—Diablos, Edward, ¿qué coño te hizo esa mujer? Podía ser que tuvieras la mujer más hermosa del estado, pero no creo que compensara lo que sea que te hiciera, que te hace renegar de las mujeres. ¿Cuántos años más piensas sufrir por ella?
—No tienes ni idea de lo que hablas, Kate.
—Oh, por favor, Edward. Recuerdo cómo era cuando estabas casado. Esa mujer coqueteando con todos los trabajadores teniendo un marido como tú.
—Jessica está enterrada para mí, Kate.
—Entonces ¿por qué no le das ninguna oportunidad a ninguna mujer?
—Disculpa, Kate, no quiero ser grosero pero no creo que sea de tu incumbencia.
—Oh, vaya, lo siento —se excusó la mujer dando un respingo —Discúlpame, no quería entrometerme.
—Está bien.
—De todos modos, creo que podríamos ser buenos amigos, y para sellar nuestro acuerdo de paz te invito a cenar hoy en mi caravana.
—Kate… ya te he dicho…
—Acepta, por favor. Te prometo que no habrá sexo ni insinuaciones sexuales de ningún tipo. Sólo una cena como amigos.
—No sé…
—Acepta, por favor —repitió
—De acuerdo —aceptó por fin
—Genial —dijo la mujer volteándose satisfecha —¿Sabes, cariño? Nunca creí que para que un hombre aceptara una invitación tendría que asegurarle que no me propasaría con él —rió con desparpajo —Es una novedad.
Edward sonrió viendo a la mujer salir del corral.
Esa noche Edward cenó en la caravana de Kate Denali, y resultó ser una compañera de mesa tan divertida y ocurrente, que de allí en más cada día cenaban juntos.
Pero nunca hubo nada más que una cena de compañeros. Y nunca fue capaz de dejar de pensar en Bella, y en que, una vez más, no era digno de merecer el amor de la mujer que había elegido.
Pasada la medianoche, Edward volvía a la casa, a su habitación y a su cama.
Bella se sentaba cada noche frente a la ventana y, desde la oscuridad de su habitación le veía abandonar la caravana de la mujer y regresar a la casa.
Cada noche su corazón dolía un poco más.
Cada noche se colaba bajo las mantas pensando en cómo seguir adelante.
Tres semanas después, las jornadas de trabajo fuerte se acercaban a su fin.
En unos pocos días más, tal vez una semana, los temporeros abandonarían el rancho y con ellos los Denali.
Bella temía que Kate Denali se instalara en el Rancho Masen definitivamente.
Esa noche, el hospital de Spearman había organizado una cena a beneficio de la nueva ala infantil.
Bella se había resistido pero finalmente había cedido a la insistencia de Rachel y se había presentado en el local social del pueblo.
No pensó que pudiera encontrarse con Edward, pero allí estaba él, hablando animadamente con Billy cuando Bella llegó.
Rachel fue consciente de la poca, por no decir inexistente, atención que Edward le dedicó.
Después de la cena durante la cual el ranchero y su entrenadora ni tan solo se miraron, Rachel se excusó y le pidió a Bella que la acompañara al lavabo, alegando que su vestido se había manchado.
Cuando por fin se encontraron a solas en el lavabo, Rachel la encaró.
—¿Qué pasa con Edward, Bella? —inquirió curiosa.
—Nada —respondió volviéndose de espaldas a su amiga para lavar sus manos a modo de distracción.
—Venga ya, Bella. Algo pasa. Conozco a Edward y te conozco a ti. No os habéis dirigido la palabra en toda la noche.
—Supongo que no tenemos nada de qué hablar.
—Vamos, Bella, por favor. No me engañes. ¿Qué sucede?
—Nada, Rachel. Sabes que nunca fui santo de su devoción, con eso de tener mujeres en el rancho.
—No me engañas, Bella —gruñó furiosa —La última vez que Edward y yo hablamos sobre ti, me dijo que estaba enamorado de ti y me pidió consejo para enamorarte. Ahora no me vengas con eso de que no te quiere en el rancho.
Bella dio un respingo y observó a la mujer sorprendida.
—¿Edward te dijo que estaba enamorado de mí? —susurró
—Sí. Dime qué sucedió.
Bella bajó la mirada y sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Le he hecho daño —murmuró
—¿Por qué? ¿Qué has hecho?
—Le mentí.
—¿Qué hiciste, Bella? —repitió la mujer entre dientes
—Hicimos el amor y le pedí que lo olvidara. Le dije que para mí no había sido importante. —confesó por fin
—¿Qué? ¿Por qué hiciste algo así?
—Porque me asusté. Porque tuve miedo. Porque me sentí muy culpable.
—¿Culpable? ¿Culpable por qué? ¿Por acostarte con Edward?
—Sí.
—No entiendo —dijo Rachel confusa
—Por Dios, Rachel, eres la hermana de Jake. —gruñó
—¿Y eso qué tiene que ver?
—Tu hermano murió por mi culpa. Él no tiene la oportunidad de volver a ser feliz. Yo no siento tener derecho a hacerlo. No puedo aceptarlo.
—No, a lo que tú no tienes derecho es a no respetar los deseos de mi hermano. Mi hermano sólo deseaba que tú fueras feliz, y si supiera que no te atreves a ser feliz por su recuerdo, sería muy desdichado.
—Tengo miedo, Rachel. Tengo miedo de enamorarme de Edward. Amé tanto a Jacob y todo lo que estábamos construyendo juntos y sufrí tanto cuando lo perdí que tengo pánico de volver a sentirlo.
—Si tienes miedo de enamorarte de Edward es porque ya lo estás, cariño. No dejes escapar algo que será tu felicidad y la de él. No permitas que el miedo te paralice, Bella. Has sido fuerte en los momentos más difíciles de tu vida. No te permitas ser débil ahora. Te mereces ser feliz, Bella y te mereces serlo con Edward.
Bella le observó pensativa antes de hablar.
—Ya da igual, en realidad. Edward está con alguien más.
—¿Que Edward está con alguien más? ¿Con quién? —inquirió la morena curiosa y sorprendida.
—Está con una de las cocineras que han llegado al rancho por la temporada.
—Oh, no, eso es una tontería.
—No lo es. Cena cada noche con ella a solas en su caravana y pasa gran parte de la noche allí. La primera vez me dijo que se había acostado con ella y que para él el sexo era mucho más que sólo una noche.
—No me importa lo que creas. Edward no está con nadie.
—Yo le he visto.
—No está con nadie —repitió la mujer con seguridad —Ya lo verás —sentenció saliendo decidida del lavabo.
—No, Rache, no digas nada… —pidió Bella pero Rachel ya no la escuchó.
Volvió a la mesa y a su sitio.
Edward continuó ignorándola mientras se mostraba amable y divertido con los demás integrantes de la mesa.
Después de servir los postres y café. Una orquesta de country comenzó a tocar.
Pocos minutos después, These boots are made for walking comenzó a sonar.
—Vaya, papá —comentó Rachel risueña —Si fueras un poco más joven podrías invitar a bailar a Bella. Es su canción favorita.
—Lo siento, cielo —se disculpó Billy dirigiéndose a Bella.
—No te preocupes —sonrió ella divertida.
—No te preocupes, Bella, aquí Edward no permitirá que creas que los hombres de Spearman no son amables caballeros sureños, ¿verdad, Cullen? —sonrió irónica la mujer
Edward respondió a su sonrisa, sabiendo que le acababan de tender una emboscada, pero poco dispuesto a dejarse intimidar.
—¿Bailamos, Bella? —le invitó alzando su mano pero sin mirarla.
—No, no hace falta, Edward, gracias —se disculpó dolida ante su indiferencia.
—Compláceme —ordenó poniéndose de pie y no pudo rechazarle sin ofenderle.
Se acercaron a la pista. La mano de Edward se posó en su cintura mientras su otra mano apretaba la de ella con fuerza.
—Supongo que están tocando nuestra canción —bromeó con dureza recordando la primera canción que habían compartido la noche que le había hecho el amor.
—Supongo —musitó con timidez
—¿Has venido en tu coche?
—Sí.
—O sea que no necesitas que te lleve de vuelta al rancho.
—¿Ya te marchas? —inquirió curiosa
—No me quedaré mucho más. No tengo más nada que hacer aquí —soltó
—Sí, claro, te entiendo —dijo bajando la vista
—¿Qué quieres decir con eso?
—Nada.
—¿Qué quieres decir con eso? —repitió
—Que me puedo imaginar que prefieras estar en el rancho.
—¿Por qué lo dices?
Bella levantó la mirada lacrimosa para enfrentarla a su rostro.
—Sé que estás con esa mujer.
—¿A qué te refieres?
—La cocinera. Sé que estás con ella cada noche.
Edward la observó sintiéndose furioso.
—¿Y cómo sabes lo que hago cada noche?
—Te he visto —reconoció apesadumbrada —Te he visto salir cada noche de su caravana.
—¿Y por qué te importa? —preguntó entre dientes.
—Sé que no tengo derecho pero a veces desearía estar en su lugar. Sé que te lastimé y hubiese deseado tener la oportunidad y el valor de arreglarlo.
Edward la observó confuso e irritado, y en un movimiento impetuoso se volteó para abandonar el salón tirando de ella para arrastrarla con él.
Salieron del lugar y Edward la guió hasta un costado oscuro del edificio.
—¿Qué es lo que quieres, Bella? —gimió —¿Qué esperas de mí?
—No lo sé —sollozó bajando la mirada para ocultar las lágrimas que escaparon de sus ojos.
Las manos de Edward alzaron su rostro y sus pulgares ásperos secaron sus mejillas.
Acorralándola contra la pared, se cernió sobre ella para besarla con urgencia.
Sus manos acariciaron sus caderas y cintura para subir al escote de su vestido y bajarlo un poco.
Sin dejar de besar sus labios, hizo a un lado las copas del sujetador y sus manos atormentaron los turgentes pechos y los rígidos pezones.
Las manos de Bella se enredaron en los cabellos cobrizos empujando su cabeza hacia ella para profundizar el beso.
Bella restregaba sus ingles contra él.
Edward bajó su mano derecha para acariciar el muslo de Bella y levantar la pierna de la chica anclándola contra él.
Sin soltar sus labios comenzó a arremeter contra ella haciéndole sentir claramente su erección a través de los pantalones.
Los gemidos necesitados de Bella le enloquecían.
Se separó un instante de sus labios, para recorrer su rostro con un sendero de suaves besos.
—Por favor, Bella —rogó necesitado —Tengo que hacerte el amor...
—Házmelo —accedió ella igual de ávida —Por favor…
Sus palabras le sorprendieron y detuvo sus embestidas para mirarla y descubrir la sinceridad de sus palabras.
—¿Estás segura, cielo?
—Completamente —murmuró sin abrir los ojos.
—Mírame, Bella —ordenó y ella le obedeció —¿Estás segura de que lo deseas, cariño? ¿No vas a arrepentirte después?
—No lo sé, Edward —reconoció —Sólo sé que ahora mismo necesito que me hagas el amor. Llevo semanas deseándolo y no puedo ni deseo seguir esperando.
La sonrisa de Edward fue entre tierna y arrogante.
—No tendrás que esperar más que unos pocos minutos, nena —aseguró feliz —Sólo el tiempo que nos lleve llegar a casa, porque no voy a tomarte aquí, sino en mi cama. —le informó separándose de ella y tirando de su mano para guiarla a su camioneta.
Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos y por leer.
Adelanto del próximo capítulo:
Cuando detuvo la camioneta frente a la casa, se volteó a verla sintiéndose aterrado.
—Llegamos —susurró mirando su rostro con atención.
—Llegamos —concordó ella sintiéndose vergonzosa.
—¿Quieres seguir adelante? —indagó sintiéndose en la obligación de hacerlo, aunque temeroso de la respuesta que pudiera escuchar.
No olvidar que en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.
Y en mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.
Besitos y nos leemos!
Calendario de Actualizaciones:
Lunes - RANCHO MASEN, Miércoles - DETRÁS DEL OBJETIVO, Viernes - PERVERSAMENTE PROHIBIDO.
