DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
RANCHO MASEN
CAPITULO 25
Edward condujo hasta el rancho con prisa, poco dispuesto a dejar a Bella a solas.
Le prometió que al día siguiente recogerían su camioneta pero no se sentía capaz de dejarla viajar en ella, por temor a que se arrepintiera de su decisión.
Bella iba sentada junto a él que la rodeaba con su brazo manteniéndola apretada contra su cuerpo.
Sentir el calor de su cuerpo contra el suyo le enloquecía y le daba vida.
Cuando detuvo la camioneta frente a la casa, se volteó a verla sintiéndose aterrado.
—Llegamos —susurró mirando su rostro con atención.
—Llegamos —concordó ella sintiéndose vergonzosa.
—¿Quieres seguir adelante? —indagó sintiéndose en la obligación de hacerlo, aunque temeroso de la respuesta que pudiera escuchar.
—¿Tú no quieres? —inquirió ella sintiendo idéntico pavor.
—Dios, nena, no hay nada que desee más.
—Tampoco yo —concordó antes de que él se lanzara sobre sus labios y la estrechara contra su cuerpo.
—Si no entramos pronto te haré el amor aquí mismo y no es lo que quiero —explicó separándose de ella para bajar de la camioneta.
Tiró de su mano para dirigirla a su habitación a pasos agigantados.
La hizo pasar y cerró la puerta tras él. La atrajo a sus brazos y la besó con necesitada pasión.
Edward estiró su mano hasta el interruptor, pero Bella asió su brazo deteniéndole.
—Por favor, no enciendas la luz —suplicó sorprendiéndole.
—¿Por qué no? No hay nada que desee más que verte desnuda por fin. Lo creas o no, me he pasado meses imaginando tu cuerpo desnudo.
—No lo hagas, por favor —rogó y en la oscura penumbra que generaba la luz de la luna colándose por los cristales, intentó entender su preocupación.
Bella era hermosa. Increíblemente hermosa. Su cuerpo bajo sus vaqueros y sus camisas se intuía perfecto, con las curvas exactas en el lugar exacto.
Había visto sus pechos y los había tocado y besado, pero no entendía por qué no permitía más.
Pero su excitación estaba por encima de todo y no se veía capacitado para discutir sobre eso, así que simplemente decidió respetar su decisión. Ya lidiaría más tarde con sus miedos o inseguridades.
Bella estaba igual de excitada, pero eso no le impedía recordar las cicatrices que surcaban su vientre y sus caderas.
Aunque había pensado que no había nada malo en ellas, más allá de su fealdad, esa semana se había topado, en el taller mecánico donde había llevado su camioneta para un cambio de aceite, con una edición antigua de Sports Illustrated. En la portada estaba Jessica Stanley vistiendo un tanga diminuto y cubriendo apenas sus pechos desnudos con su brazo.
La ex esposa de Edward, la única mujer a la que alguna vez había amado, tenía un cuerpo maravilloso, y no le hacía falta retocarlo con Photoshop.
No se sentía capaz de competir con eso.
Pero por alguna razón, Edward la deseaba. A ella. En su cama.
Ella era quien estaba en su cama y era la mujer a la que Edward deseaba hacerle el amor.
No quería que la visión de su cuerpo deforme le desalentara.
Edward había bajado los tirantes de su vestido y se había deshecho de su sujetador, liberando sus pechos.
Sus labios saboreaban sus pechos y sus pezones provocándole sensaciones que hacía años le eran esquivas.
—Dios, cariño —gimió Edward —Tengo que hacértelo o voy a explotar. No creo que pueda aguantar mucho.
—Hazme el amor, Edward —pidió
Edward la levantó por la cintura con un brazo y la llevó a la cama para tumbarla después de separar las mantas.
Con premura le desanudó el vestido y se lo quitó antes de levantarse de la cama para desnudarse completamente él mismo.
Se recostó entre las piernas de la mujer con su erección golpeando los húmedos labios vaginales.
Bella enredó sus manos con las de Edward cuando éste las deslizaba suavemente por sus costados, evitando que acariciara su vientre.
—Házmelo, Edward. Ahora, por favor —suplicó rodeándole con sus piernas.
El firme miembro de Edward se abrió paso entre sus carnes, llenándola, colmándola.
—Eres tan estrecha —suspiró extasiado cuando ella se removió con él en su interior.
La embistió con un constante vaivén que la enloqueció.
Sus caderas se movían para recibirle en sus embates, creando una danza sensual que les ahogó en un clímax profundo y placentero.
Se dejó caer sobre ella buscando ralentizar su respiración.
Después de unos instantes se separó apoyándose sobre sus codos para observarla.
No podía negar que se sentía aterrado, esperando ver cuál sería la reacción de Bella a lo sucedido.
La única vez que le había hecho el amor, ella le había echado de su lado sin explicación.
En la oscura penumbra de la habitación acarició su rostro regocijándose ante la ausencia de lágrimas.
—¿Cómo estás? —susurró
—No lo sé —confesó ella estremeciéndose.
—¿Qué significa eso?
—Estoy confundida, pero a la vez me siento dichosa.
—Gracias a Dios —dijo soltando el aire —Tenía miedo de que te hubieses arrepentido.
Comprensiva acarició su rostro áspero por la barba crecida.
—Lo siento, Edward.
—¿Qué cosa?
—Lo siento, siento mucho lo que sucedió aquella noche. En ese momento no estaba preparada para la enormidad de los sentimientos que me embargaron entonces.
—¿Quieres contármelo?
—No hay mucho que contar. Sólo me sentí culpable. Muy culpable. Y aterrada.
—¿Culpable? ¿Culpable por qué?
—Por ser feliz, por estarme enamorando, por disfrutar de nuevo de mi cuerpo, del sexo...
—No entiendo —comentó confuso.
—No he estado con nadie desde que murió Jacob —confesó con tristeza.
Edward se retiró de su interior y se tumbó a su lado enredando su mano con la de ella.
Bella tironeó de las mantas y se cubrió con ellas.
—¿Te sientes culpable por ser feliz cuando Jacob ya no puede hacerlo?
—Sí —reconoció en un susurro y las lágrimas finalmente la asaltaron.
—No, cielo. Estoy seguro de que no es lo que Jacob hubiese deseado. Él hubiese querido que fueras feliz, que rehicieras tu vida.
—Lo sé, pero no me lo merezco.
—¿Cómo puedes decir eso, cielo? Desde luego que te lo mereces. Eres una buena mujer y fuiste una buena mujer con Jacob. Fuiste su prometida y le amaste y le respetaste. Ahora él no está pero tú no le abandonaste.
—El accidente fue por mi causa —explicó sintiéndose acongojada.
—¿Por qué lo dices?
—Jacob no debía ir en ese coche. Era mi trabajo y yo debía hacerlo, pero no me sentía bien y Jake no quiso permitir que viajara sola. Yo conducía —rememoró y todos los recuerdos de esa noche le golpearon haciéndole estremecer.
Un sollozo ahogado se escapó de sus labios y Edward no pudo soportar su dolor.
—Shh, tranquila, cielo —le calmó rodeándola con sus brazos y atrayéndola contra su pecho.
—Fue mi culpa. Él no debía estar allí. Yo debí haber muerto en su lugar.
—Shh, cielo, no, no es así. Jacob nunca se lo hubiera perdonado si hubiese sido así. Habría enloquecido. Eso sólo fue un accidente, Bella. Un desafortunado accidente, que nadie hubiese podido evitar. Esas cosas suceden, cielo, y nadie tiene la culpa.
—Yo sí la tenía —discutió llorando contra su fuerte pecho.
—Shh, calma, tranquila —le decía acariciando su espalda —No hablemos de esto ahora, cielo. Cálmate, mi amor. Es tarde y estás agotada, no piensas con claridad.
Bella se recostó sobre su pecho sintiéndose extraña pero más relajada de lo que se había sentido en mucho tiempo.
Edward acariciaba su espalda pensativo.
—Tengo que pedirte perdón —dijo por fin sintiéndose más culpable de lo que se había sentido nunca.
—¿Por qué?
—Por la forma en que te he tratado estos días, pero especialmente por la forma tan cruel que te traté aquel primer día. No me gusta la idea de dar excusas, ya que no creo que haya excusa que justifique la forma en la que te traté, ni las cosas tan duras que dije. No diré que no quise hacerte daño, porque en ese momento me sentía tan furioso, y quería odiarte con tantas fuerzas que quería herirte, y no tenía derecho. No tenía derecho a tratarte como lo hice. Supongo que debí ser más inteligente y ver que había alguna razón para que dijeras lo que habías dicho, pero no lo fui.
—Está bien, Edward.
—No, no lo está.
—Estabas enfadado. Te lastimé.
—Nada me justifica, y nunca podré compensarte lo suficiente.
—No quiero pensar en eso.
—Te prometo que no dejaré de intentar compensarte ni un solo día de mi vida —aseguró besando su frente y estrechándola contra él.
La luz de la mañana inundó la habitación.
Bella dormía apaciblemente junto a él.
Durante la noche había querido volver a su habitación pero él se había negado y finalmente el agotamiento de ella había actuado en su favor.
Las sábanas y mantas revueltas cubrían completamente su cuerpo.
La mano de Edward descansaba posesiva sobre el vientre plano de la joven a través de la ropa de cama.
Esa mujer era increíble y él finalmente había reconocido lo que sentía por ella.
La vida le estaba dando una nueva oportunidad. Bella era la mujer con la que quería compartir el resto de su vida.
Con quien quería formar una familia, llenar esa enorme casa de niños, y compartirla con ellos y con esa mujer fuerte y sensible.
Tenía que protegerla. Protegerla de todo, pero sobre todo de sí misma y sus auto reproches.
Audaz y divertido movió las sábanas que la cubrían descubriendo apenas los hermosos pechos que le volvían loco.
Los pezones sonrosados se irguieron cuando los rozó con la palma de su mano.
Bella despertó confusa y sonrió tenuemente al verle junto a ella.
—Buenos días, preciosa —saludó con cariño apoyando su mano sobre el pecho de la chica y tironeando su pezón rosado.
—Buenos días —respondió perezosa.
Fue entonces cuando se percató de su desnudez y nerviosa tiró de las sábanas para cubrirse.
—No vas a sentirte vergonzosa conmigo, ¿o sí? —rió Edward burlón atrayéndola hacia él para besar sus labios.
—Debo volver a mi habitación —dijo intentando separarse sin dejar su cuerpo al descubierto.
—Hey, qué va —se negó risueño —Tengo planes para usted, señorita Swan. Ahora usted y yo vamos a meternos bajo la ducha, porque he soñado mucho tiempo con compartir mi enorme ducha contigo. Hasta sería capaz de, por primera vez en mi vida adulta, llenar esa bañera obsoleta y sumergirme en ella contigo.
—No, Edward. Debo volver a mi habitación —repitió empujándole.
—No vas a decirme que te arrepientes de lo que sucedió, ¿verdad? No sé si puedo soportar un nuevo rechazo. —indagó con dureza
—No, no es eso —aseguró sin saber qué decir.
—¿Entonces?
—Yo... no puedo ducharme contigo... en realidad debo irme. Te veré luego. —agregó saliendo de la cama envolviéndose en la sábana oscura.
Tarde o temprano tendría que enseñarle su cuerpo desnudo, pero necesitaba levantar su coraza antes de hacerlo. No estaba segura de cuál sería la reacción del hombre y necesitaba estar preparada para enfrentarle. Se sentía demasiado vulnerable aún.
Edward la observaba frunciendo el ceño sentado en la cama.
—¿Por qué?
—Lo siento, pero tengo que irme.
—Espera —ordenó bajando de la cama para acercarse a Bella que intentaba recoger su ropa sin soltar la protección de la ropa de cama —Explícame por qué te has vuelto tan tímida. Te he tocado por dentro y por fuera. He tenido tu cuerpo desnudo durmiendo a mi lado durante toda la noche. ¿Qué pasa ahora que te preocupa tanto que te vea desnuda?
—No me pasa nada. Simplemente no me siento cómoda.
—¿No te sientes cómoda con tu desnudez?
—No.
—¿Por qué no? No digo que debas andar desnuda por ahí, pero aquí, conmigo, no lo entiendo.
—No hay nada que entender. Simplemente no estoy cómoda.
—Pero ¿por qué? Eres preciosa. Eres preciosa y yo estoy loco por ti. Por ti y por tu cuerpo también.
—No soy preciosa. Ya sabes. —intentó explicar lo inexplicable buscando una salida —Estuviste casado con Miss Texas, no puedo competir con eso.
Los ojos de Edward se desorbitaron anonadados.
—No hablas en serio.
—Claro que sí —aseguró yendo hacia la puerta medio enredándose con la sábana que la envolvía.
—No, no, no. Detente ahí —ordenó él corriendo hacia la puerta, impidiéndole salir.
—Déjame marchar, Edward, sólo dame un momento. Volveré en un momento. —pidió Bella con la espalda recostada contra el fuerte cuerpo masculino.
—No voy a dejarte marchar. Lo que dices es una estupidez sin sentido. ¿Crees que pienso que Jessica es más hermosa que tú?
—Lo es. Es preciosa. Su cuerpo también lo es.
—Sin dudas puede serlo para el resto del mundo, pero eres tú, con tu todo y tu cuerpo quien me tiene así—ronroneó pegando su erección al trasero de la chica —No voy a dejarte salir de esta habitación con la más mínima idea de que podría no gustarme tu cuerpo. Eres deliciosa, Bella, aún si tuvieras celulitis o sobrepeso —aseguró llevando sus manos a las de ella para obligarla a soltar la ropa que sostenía —Tu cuerpo me vuelve loco —murmuró contra su oído.
Sintiéndose atrapada, apoyó la frente sobre la puerta e intentó reprimir las lágrimas que habían invadido sus ojos sin invitación.
—Déjame marchar —pidió cuando Edward tomó la mano que asía fuertemente la sábana manteniéndola cerrada contra su cuerpo.
—No. Necesito demostrarte cuánto me excitas y cuánto me gustas —aseguró sintiéndose cada vez más excitado.
—No, Edward, por favor —suplicó cuando él abrió el puño y le arrancó la prenda.
—Shh —dijo recorriendo la espalda desnuda de la chica con sus dedos, hasta alcanzar los firmes glúteos —Nunca he visto una mujer tan hermosa, Bella, y esa es la pura verdad. Ahora tengo que hacerte el amor —le informó volteándola de frente a él.
La visión de Bella le desestabilizó haciéndole trastabillar.
—¡Dios mío! —exclamó horrorizado y el llanto de Bella se le atragantó haciéndola temblar.
—Lo siento —dijo inclinándose para recoger su ropa y correr desnuda hasta su habitación ante la mirada atónita del hombre que había empezado a amar.
Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos y por leer.
Adelanto del próximo capítulo:
Esa mujer había vivido un accidente terrible y él lo sabía.
Su novio había muerto en el acto y él sabía que los bomberos les habían sacado de entre los hierros retorcidos del coche.
¿Cómo nunca se preguntó qué heridas había tenido? Bella no había acudido al funeral de Jacob por estar en el hospital. Él la conocía lo suficiente como para saber que nada la habría retenido allí, de haber podido abandonar la cama.
Sus heridas debían haber sido graves y él nunca se había preguntado por ellas.
Por alguna estúpida razón, ella creía que sus cicatrices la afeaban, y por su aún más estúpida reacción, ahora mismo debía sentirse peor que nunca.
No olvidar que en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.
Y en mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.
Besitos y nos leemos!
Calendario de Actualizaciones:
Lunes - RANCHO MASEN, Miércoles - DETRÁS DEL OBJETIVO, Viernes - PERVERSAMENTE PROHIBIDO.
