DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
RANCHO MASEN
CAPITULO 26
—¡Bella! —le llamó Edward intentando detenerla pero sin las fuerzas necesarias para correr tras ella.
Conmocionado caminó de espaldas hasta chocar con la cama y dejarse caer sobre ella.
¿Cómo no se había dado cuenta?, se preguntó, pero la respuesta le llegó de inmediato.
Bella nunca había permitido que tocara su vientre. Ella misma le había tomado las manos la noche anterior cuando él había intentado acariciarla. No le había permitido que encendiera la luz.
Una horrible cicatriz la cruzaba, además de algunas menos notorias en su cadera y su muslo derecho.
Se sintió un idiota. ¿Cómo podía haber sido tan idiota para nunca haberlo imaginado?
Esa mujer había vivido un accidente terrible y él lo sabía.
Su novio había muerto en el acto y él sabía que los bomberos les habían sacado de entre los hierros retorcidos del coche.
¿Cómo nunca se preguntó qué heridas había tenido? Bella no había acudido al funeral de Jacob por estar en el hospital. Él la conocía lo suficiente como para saber que nada la habría retenido allí, de haber podido abandonar la cama.
Sus heridas debían haber sido graves y él nunca se había preguntado por ellas.
Por alguna estúpida razón, ella creía que sus cicatrices la afeaban, y por su aún más estúpida reacción, ahora mismo debía sentirse peor que nunca.
Intentando calmar sus emociones y darle tiempo a ella para calmar las suyas, se dirigió al baño y se duchó.
Después de vestirse se dirigió a la habitación de la mujer que amaba, para encontrar la puerta fuertemente cerrada.
—Bella —llamó golpeando con suavidad —Bella —repitió al no obtener respuesta —Bella, abre la puerta. —Nada. —Abre la puerta —gruñó más molesto.
El cuerpo de Bella se estremeció al escuchar su voz al otro lado de la puerta.
Acababa de salir de la ducha y sobre su cama tenía abierta su maleta.
—Bella, abre —rugió con voz amenazadora —Abre o tiraré la puerta abajo —amenazó
—Vete, Edward —habló ella por fin con apenas un hilo de voz.
—Bella, abre. —ordenó —Tiraré la puerta abajo y sabes bien que nada me detendrá de hacerlo. Abre.
Sabía que era capaz de hacerlo, así que suspirando resignada abrió.
—¿Qué quieres? —preguntó intentando mantener a raya sus sentimientos.
—Tenemos que hablar, cielo —dijo él estirando su mano para acariciar su mejilla.
Ella se alejó de su contacto y se hizo a un lado para dejarle entrar.
—No hay nada de qué hablar.
—Claro que sí, cariño. Quiero disculparme por mi reacción de hace un momento —dijo Edward cerrando la puerta tras él, cuando por fin vio la maleta —¿Qué es eso?
—Mi maleta.
—Sí, ya lo veo, pero ¿qué hace tu maleta ahí?
Bella se volvió hacia la cómoda y la abrió para sacar de ella parte de su ropa interior.
—No puedo seguir trabajando para ti después de lo sucedido. Me voy.
—¿Qué? Estás loca. No voy a dejar que te marches.
—Es lo mejor, Edward. Sé que no tardarás en conseguir un nuevo entrenador para tus caballos. Al fin y al cabo tenías razón y tal vez no era una buena idea que contrataras a una mujer.
—¿Qué coño estás diciendo?
—Ha sido una tontería. Nunca debimos enredarnos, pero supongo que nos dejamos llevar.
—No vas a decirme nuevamente que fue un poco de sexo sin más, ¿o sí? —gruñó entre dientes.
Bella apoyó las manos sobre la cómoda de espaldas a él.
—No, no lo haré. Sabes bien que no es lo que siento, así que no tiene sentido mentirte. Pero ha sido una locura dejarme llevar por eso.
—Esto es ridículo —dijo él quitándole la ropa que tenía entre las manos y lanzándola nuevamente sobre el cajón abierto —Tú y yo tenemos que hablar.
—No tenemos nada que hablar. Ya está decidido, me marcharé. Lamento que me hayas visto así —gimió volteándose de espaldas a él en un intento de ocultar su vergüenza y su dolor —Quise evitártelo.
—Bella, por Dios —se quejó él poniéndole las manos sobre los hombros para girarla nuevamente —Lo siento, cariño. Siento haber reaccionado de la forma tan estúpida en que lo hice, pero me sentí...
—Horrorizado, asqueado —terminó ella la frase —Lo sé. Entiendo que te sintieras así. Lo siento.
—No me sentí asqueado —le contradijo vehemente —Me sentí... conmocionado. Horrorizado, tal vez, pero por imaginar cuánto has debido sufrir. —explicó
Le observó dubitativa intentando descubrir en su rostro, la sinceridad de sus palabras.
—Ven aquí, cielo —dijo tirando de ella hasta sentarse juntos en la cama —Dios, Bella, ¿cómo puedes creer que me sentiría asqueado?
—Sé que mis cicatrices son desagradables. He visto el desagrado grabado en el rostro de mucha gente.
—Dios, Bella. No sé lo que hayan sentido otras personas, pero yo te amo, Bella. Te quiero, a ti, con tu todo. Nada en ti podría asquearme o desagradarme. Pero no lo sabía, estúpidamente nunca lo había notado y no me lo esperaba. Sabía que habías pasado por todo ese gran accidente y sé que tuviste meses de recuperación, pero nunca supe exactamente todo lo que te sucedió. Tú nunca lo explicaste y yo nunca quise ahondar en detalles que sabía te dolían. Simplemente, tus cicatrices me han hecho ver que has padecido más de lo que yo pude imaginar, y eso me mata. Me mata saber que has sufrido y no hay nada que yo pueda hacer. Creía que tus heridas eran sólo por haber perdido a tu prometido, pero ahora he tenido que reconocer que además de éstas, debiste soportar heridas físicas. —Las lágrimas rodaban silenciosas por el rostro de la joven. —Ven aquí, preciosa —susurró él levantándola para sentarla en su regazo y acunarla como si de una niña se tratara. —Shh, tranquila, mi amor... —le calmaba acariciando su espalda repetidamente.
—Son horribles —gimió apesadumbrada recostándose contra él —No puedo siquiera mirarme a un espejo.
—No, mi amor. No digas eso. No son horribles, cielo. Son las marcas físicas más duras que la vida te ha dejado, pero también son la prueba física de tu fortaleza. Son la prueba palpable de que la vida sigue, de que tienes una nueva oportunidad. De que eres más fuerte de lo que imaginabas. —Edward desató el nudo que cerraba el albornoz de Bella para abrirlo.
—No —pidió ella agarrando su mano con fuerza.
—Shh —la calmó separando su mano.
Abrió el albornoz dejando a la vista el plano vientre de la chica y llevó sus dedos a la larga cicatriz que lo atravesaba.
—No —musitó dolida con los ojos cerrados
—Shh… te amo, Bella —aseguró —Esto es sólo una parte de ti. Una parte que amo al igual que amo el resto de ti.
—No puedes amarlas. Son desagradables.
—Han sido necesarias para que tú estés viva aquí conmigo, Bella. ¿Cómo no voy a amarlas si han ayudado a que puedas compartir tu vida conmigo? —dijo vehemente a la vez que la recorría con la punta de los dedos. Bella dio un respingo cuando su mano la acarició —¿Te duelen? ¿Te hacen daño?
—No. No físicamente.
—Entiendo. —dijo mientras seguía observándola con atención —¿Por qué preferiste huir de mí antes de decírmelo?
—Quería sentirme lo suficientemente fuerte como para aceptar tu rechazo o tu desagrado.
—¿Crees que te rechazaría por esto? ¿Tan baja opinión tienes de mí?
—Esta semana vi unas fotos de Jessica en una portada de Sports Illustrated —confesó vergonzosa
—¿Dónde?
—En el taller.
—¿Y eso qué tiene que ver con nosotros?
—Dios, Edward, es la mujer más hermosa que he visto jamás.
Edward giró a la chica tumbándola sobre la cama para tumbarse junto a ella.
—Jessica es como una Mantis Marina. De las especies más hermosas del mundo animal y de las más letales y agresivas.
Acostado de lado junto a ella estiró su mano para acariciar sus pechos con suavidad antes de bajar sus labios sobre ellos.
Los besó, lamió y acarició antes de que su mano recorriera su vientre, a lo largo de toda su cicatriz, hasta alcanzar su pubis desnudo y acariciarlo suavemente.
Sin dejar de saborear sus pechos coló dos dedos entre sus labios íntimos para penetrarla y embestirla con ellos.
—Hazme el amor, Edward —pidió en un gemido
—No, cielo, esta vez es sólo para ti.
—No —discutió —No quiero que nunca sea sólo para mí. Quiero compartirlo contigo siempre.
Edward sonrió sintiéndose más enamorado que nunca y se separó de ella para desnudarse con prisa.
—¿Estás preparada para mí, mi amor? —preguntó al volver junto a ella para acostarse entre sus piernas
—Sí —jadeó separando las piernas para sentir su enhiesto pene golpeando contra ella
Edward la penetró lentamente hasta quedar completamente encajado en su cuerpo.
—Eres tan maravillosamente estrecha. Me aprietas tan suavemente que me enloqueces. Eres tibia, cálida. Te deseo tanto que creo que voy a explotar.
—Hazme el amor, Edward —pidió moviéndose contra él y sintiéndose sobrecogida por sus sentimientos.
Edward comenzó su cadencioso vaivén, con sus manos y labios besando y acariciando todo su cuerpo.
Con una ternura exquisita le hizo el amor y le provocó un orgasmo profundo y agotador.
Se separó de ella para tumbarse en su cama y recostarla sobre él.
—No creo que pueda levantarme —gimió sintiéndose exhausta
—No tienes que hacerlo.
—Deberíamos ir a trabajar.
—El jefe decreta que podemos pasar la mañana en la cama.
—Oh, no, Edward, vendrán a buscarte.
—Y me encontrarán en la cama contigo.
—No bromees —dijo ruborizada sintiéndose vergonzosa.
—No es una broma. Estoy seguro que todos debían estar haciendo apuestas desde el día que llegaste al rancho.
—Oh, Dios, qué vergüenza.
—¿Te avergüenzas? —inquirió sintiéndose repentinamente receloso.
—De no haber sido más discreta respecto a lo que siento por ti, sí.
—¿Discreta? —preguntó indignado —Yo aún no tengo idea de lo que sientes por mí.
Bella sonrió mirándole con ternura.
—Te quiero, Edward. Me he enamorado de ti locamente. Tanto que me da miedo.
—¿Miedo? ¿Por qué miedo?
—Me da tanto miedo perderte. No sé si sería capaz de superarlo.
—Hey, cielo, no vas a perderme, cariño. Nunca.
Bella se aferró a él sintiendo que podía perderle si no le estrechaba fuertemente.
Después de un largo silencio, puso sus pensamientos en palabras.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
—Todas las que quieras —respondió sintiéndose somnoliento.
—¿Qué relación tienes con la cocinera? —inquirió temerosa
—Ninguna —aseguró —Supongo que una especie de amistad o camaradería, pero nada más. Sé que crees que me acuesto con ella, pero no lo hago. Me ha invitado a cenar y he cenado con ella casi cada noche, pero es todo lo que hemos hecho. Especialmente porque no me veía capaz de compartir la cena contigo cada noche, pensando que no había sabido lograr que sintieras por mí lo que yo sentía por ti.
—Pero aquella mañana me dijiste que habías hecho el amor con ella.
—No he hecho el amor con nadie, excepto contigo —aseguró —Es verdad que aquella primera noche hubo algo con Kate, pero no lo hicimos realmente, y lo que fuera que sucediera me he arrepentido muchas veces de hacerlo.
—¿Por qué lo hiciste si te arrepientes?
—Porque estaba borracho. Porque te vi mirándonos desde tu ventana y quería herirte. Porque en ese momento quería odiarte.
—Comprendo. ¿Te gustó?
—Bella…
—No. Tienes razón, no tienes que contestarme.
—No pasó nada, Bella. Realmente nada. Pero aun así me hizo sentir sucio y vacío. No sé ser ese tipo de hombre, por eso no volvió a repetirse.
—Gracias por ser sincero conmigo —dijo apretujándose contra él
—Gracias por darme la oportunidad de hacerte y hacerme feliz. Nunca te arrepentirás —aseguró estrechándola en sus brazos. —Pero tengo que pedirte que me perdones por todo lo que dije e hice esos días. No tengo excusa, sé que no la tengo. Supongo que mi única excusa es que soy un burro, un bruto y torpe idiota. Me dolió tanto que me dijeras que para ti no era importante, que sólo pude pensar en mí. No fui capaz de ver tu dolor o tus razones para decirme una mentira tan descarada. Estaba seguro de que tú sentías también algo por mí, y cuando dijiste que no era así, me sentí tan idiota y humillado, que sólo quería lastimarte.
—Lo siento, Edward.
—No, Bella. Yo lo siento. Yo soy quien tiene que disculparse. No tú. Tú has sufrido tanto y yo sólo quería lastimarte más. Lo siento, Bella. Nunca podré compensarte lo suficiente.
—No digas eso, Edward. Yo debí ser sincera contigo.
—Como sea, yo no tenía derecho a tratarte como lo hice y a decirte las cosas que te dije.
—Olvidémoslo —pidió —Sólo olvidémoslo.
—Te prometo que sólo te haré feliz. Nunca volveré a lastimarte, Bella. —prometió —De ninguna forma.
Bella se acurrucó en sus brazos, y no pudo más que pensar que así era como quería vivir su vida, y que tal vez, realmente lo podría conseguir.
A mí este capi me emocionó, espero que a vosotras también.
Agradezco a todos por los reviews, alertas y favoritos y por leer.
Dejo un pequeño adelanto del próximo capítulo:
Sue se volteó a verle extrañada, antes de volver a girarse para batir los huevos que acababa de cascar.
—Hoy está siendo un día extraño. —comentó moviendo la cabeza de un lado a otro.
—¿Por qué lo dices?
—La señorita Bella no regresó de la fiesta del hospital ayer.
—¿No? —preguntó sonriente.
—No. Hoy no ha bajado a desayunar y su coche no está.
Edward se acercó a la pequeña mujer y la abrazó por la espalda para acercarse a su oído.
—Bella ha pasado la noche en mi habitación —susurró con regocijo y a la mujer se le tambaleó el cuenco que sostenía en las manos.
Lo de siempre, en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.
Y en mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.
Besitos y nos leemos!
Calendario de Actualizaciones:
Lunes - RANCHO MASEN, Miércoles - DETRÁS DEL OBJETIVO, Viernes - PERVERSAMENTE PROHIBIDO.
