DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

RANCHO MASEN

CAPITULO 27

Edward despertó a media mañana con la mujer a la que ya amaba desesperadamente, desnuda entre sus brazos.

Su estómago gruñó y separándose de ella con cuidado para no despertarla, salió de la cama para vestirse y bajar a la cocina.

Con decisión abrió la nevera en busca de huevos y bacon.

—Edward, buenos días —le saludó Sue entrando con los brazos cargados con bolsas de la compra.

—Ah, buenos días, Sue.

—No voy a preguntar dónde has desayunado —comentó la mujer con claro malestar —¿Puedo preguntar qué buscas?

Edward sonrió ampliamente.

—No he desayunado aún, y estoy famélico. Buscaba algo para cocinar.

—Oh, siéntate —le dijo Sue ruborizándose nerviosa —Te prepararé lo que quieras.

—En realidad quisiera hacerlo yo mismo pero creo que me vendrá bien tu ayuda. Y necesito ración doble.

—¿Cómo? —inquirió mirándolo sorprendida

—Y me llevaré el desayuno a la habitación.

Sue se volteó a verle extrañada, antes de volver a girarse para batir los huevos que acababa de cascar.

—Hoy está siendo un día extraño. —comentó moviendo la cabeza de un lado a otro.

—¿Por qué lo dices?

—La señorita Bella no regresó de la fiesta del hospital ayer.

—¿No? —preguntó sonriente.

—No. Hoy no ha bajado a desayunar y su coche no está.

Edward se acercó a la pequeña mujer y la abrazó por la espalda para acercarse a su oído.

—Bella ha pasado la noche en mi habitación —susurró con regocijo y a la mujer se le tambaleó el cuenco que sostenía en las manos.

—¿Cómo es que…?

—Regresamos juntos de la fiesta y hemos pasado la noche juntos, y pretendo que no bajemos en todo el día.

—¿Qué quieres decir?

—Creo que me tomaré el día libre.

—¿Tú te tomarás el día libre?

—Sí. Quiero dedicar mi día entero a Bella.

—Nunca te has tomado un día libre. Ni tan sólo cuando acababas de casarte.

—No valía la pena.

—Vaya, Edward —sonrió la mujer —Me alegra tanto, querido.

—Gracias, Sue.

—Es maravilloso, querido, pero tienes que cuidarla mucho, esa chica ha sufrido mucho.

—Lo sé, Sue, lo sé. Y haré todo lo que esté en mi mano para hacerla feliz y compensar todo su sufrimiento.

—Oh, querido, me alegra muchísimo. Ya temía que trajeras a la casa a esa cocinera bruta con la que te estabas viendo.

—No seas cruel, Sue. Kate es una mujer a la que la vida ha golpeado mucho, pero no es mala.

—No me gusta nada esa mujer —sentenció Sue volviendo a sus huevos revueltos para volcarlos en la sartén.

—No te preocupes. No hay ni habrá nada entre Kate y yo.

—Mejor así. ¿Entonces finalmente me llenarás esta casa vacía de niños?

—Espero que sí —confirmó sintiéndose más dichoso de lo que se había sentido en su vida.

Bella se despertó sola en su cama y se apenó al ver que Edward no estaba allí. Pero era normal que se hubiera marchado a trabajar, ya que en un rancho no solía haber días de fiesta en esa época. No obstante, se sintió levemente decepcionada porque no la hubiera despertado para despedirse.

Estaba a punto de levantarse cuando la puerta de la habitación se abrió.

Cuando esperaba encontrarse a Sue que viniese a arreglar su habitación, se encontró con Edward que traía una enorme bandeja repleta de comida.

—Hola —la saludó con dulzura cerrando la puerta de un suave puntapié.

—Pensé que te habías marchado —confesó sentándose en la cama a la vez que cubría su pecho con las mantas.

—A buscarnos el sustento —explicó

—Vaya, tienes hambre —sonrió al ver la enorme cantidad de comida.

—La mitad es para ti.

Edward se desvistió y volvió a meterse en la cama junto a ella. Pusieron la bandeja sobre sus piernas y se dedicaron a comer la ingente cantidad de comida que Edward había preparado.

Huevos revueltos, bacon frito, pan tostado, cereales con leche, frutas, zumo y café.

—Tanta comida me volverá a dar sueño —gimió Bella cuando dio su último bocado.

—Pues yo te despejaré —contestó con voz sugerente retirando la bandeja para dejarla en el suelo junto a la cama.

Tiró de ella tumbándola en la cama para recostarse sobre su cuerpo risueño.

—Edward, yo debería volver al trabajo.

—Ya le he dicho a Sue que nos tomaremos el día libre. Seguramente ahora mismo se lo esté diciendo a Harry.

—Dios —gimió abochornada —¿Le has dicho a Sue…?

—Sí, la pobre mujer estaba preocupada pensando que no habías venido a dormir a casa anoche.

—En realidad creo que no me trajiste para que durmiera.

—Pues entonces no tengo que dejarte dormir —sentenció volcándose sobre sus labios para besarla con urgencia.

El resto de la mañana lo pasaron entre las sábanas.

Hacían el amor, dormían de a ratos, pero sobre todo se acariciaban y se hacían arrumacos.

—Deberíamos volver a mi habitación —musitó Edward horas después, con la espalda de la chica recostada en su pecho —Mi cama es más grande.

—Tampoco estamos ocupando ésta por completo.

—Mi baño tiene bañera con hidromasaje.

—¿Sabes? No te hacía hombre de bañera con hidromasaje.

—Nunca la he utilizado.

—¿No? —inquirió volteándose a verle

—No preguntes…

—¿Por qué?

—Jessica la instaló cuando vino a vivir aquí.

—Oh.

—Sí. Cuando se fue cambié la cama que ella y yo compartíamos, pero quitar la bañera costaba muchísimo dinero, casi el doble de lo que había pagado por instalarla. No valía la pena. Ya me había gastado demasiado dinero en esa mujer.

—No la usas mucho, ¿o sí?

—No la he utilizado nunca. Una sola vez cuando la instalaron, pero me estresaba demasiado estar allí sentado más de veinte minutos pensando en todo el trabajo que había para hacer en el rancho.

—Vaya, entonces no sé por qué la pones como señuelo si no la utilizarías.

—Creo que me gustaría probarla contigo —confesó. Tiró suavemente de ella para tumbarla sobre el colchón y se recostó sobre su cuerpo —Siento por ti cosas que nunca había sentido por nadie. Ni siquiera por Jessica —aseguró en voz baja. Bella acarició su rostro con la yema de sus dedos mirándolo complacida —Estoy dispuesto a hacer lo que sea para hacerte feliz. Cambiaré lo que sea, haré lo que necesites, pero necesito que seas feliz.

—No tienes que cambiar nada, Edward. Te amo tal cual eres. Eres todo lo que necesito para ser feliz.

—Pídeme lo que quieras.

—No quiero nada. Sólo a ti.

—A mí me tienes. —aseguró antes de volver a hacerle el amor.

Finalmente Bella le convenció de dejar la habitación para comer, ya que le avergonzaba que Sue se viera obligada a cocinar para ellos y llevarles la comida a la habitación.

Compartieron la ducha y se secaron mutuamente y Edward notó fácilmente la forma en que Bella quedaba siempre ubicada de espaldas al espejo del baño.

Rodeó su cintura con una toalla y cubrió a la chica con su suave y mullido albornoz blanco.

Cuando volvieron a la habitación, Bella se acercó a la cómoda buscando ropa interior cuando Edward tiró de ella.

—Ven aquí —dijo risueño pero solemne

—¿Qué quieres? —rió divertida pero le miró extrañada cuando él la ubicó de frente al enorme espejo que había en la pared junto a la cómoda. —¿Qué haces? —inquirió trémula cuando las manos de Edward se dirigieron al lazo que cerraba la prenda.

—Shh, tú sólo confía en mí —pidió intentando abrir el albornoz.

—No, Edward —le detuvo tomándole las manos entre las suyas.

—Shh, déjame a mí —Sin darle tiempo a replicar desató el albornoz, lo abrió y lo dejó resbalar por su cuerpo hasta quedar arrebujado a sus pies.

Bella clavó la mirada en sus pies mientras Edward la observaba a través del espejo.

—Mírate, cielo —susurró con autoridad.

—No puedo —gimió ella con dolor.

—Mírate, Bella —repitió Edward levantando su rostro para que sus ojos enfrentaran su reflejo.

Bella finalmente clavó la mirada en el espejo y silenciosas lágrimas rodaron por sus mejillas.

Sin dejar de observarla los dedos de Edward recorrieron la cicatriz con suavidad.

—Te quiero, Bella —confesó Edward —Te quiero y quiero que nunca olvides que esta marca, es tan especial para mí como toda tú. Quiero que aprendas a quererla tanto como yo la quiero, Bella. Nunca podré siquiera imaginar lo que has tenido que sufrir con todo esto, Bella, pero es parte de ti, de la Bella que amo. Es parte de lo que esta Bella tuvo que pasar para poder sobrevivir, y no estarías aquí conmigo de no haber sido así. Una vez me dijiste —recordó —que no sería quién soy sin haber vivido lo que viví. Incluso los momentos duros y dolorosos. Tampoco tú lo serías, Bella. No serías la maravillosa persona que eres, si no hubieses vivido todo lo que has vivido, incluso la experiencia más dura que habrías podido imaginar.

—Nunca podré olvidar que Jacob murió por mi culpa. Mis cicatrices siempre me lo recordarán.

—No, Bella. —negó —No te fustigues así. Jacob murió porque era su momento. Era su destino y siendo el hombre que fue, tú sabes que él lo habría elegido así, si su muerte hubiese servido para que tú vivieras. Jacob no habría podido vivir, preso de la culpa y el remordimiento de no haber estado junto a ti en ese accidente. Bella, no permitas que su muerte haya sido en vano. Tienes que perdonarte, Bella. Él lo querría así.

—Me resulta muy difícil.

—Lo sé, cariño —aseguró rodeándola con sus brazos y estrechándola contra su pecho —Pero tienes que vivir esta nueva oportunidad que la vida te ha dado, Bella. Permíteme hacerte feliz. Nunca ocuparé el lugar de Jacob, pero puedo hacerte feliz si me das la oportunidad.

Las lágrimas corrían raudas por su rostro cuando impetuosa, se giró entre los brazos de Edward, para lanzar sus brazos alrededor del cuello masculino y apretujarse contra él.

—Te quiero, Edward —murmuró contra su cuerpo —No sé si me lo merezco pero te quiero y necesito que me quieras.

—Oh, mi cielo —murmuró caminando hacia la cama para sentarse con ella en su regazo —Yo soy quien no cree merecérselo, pero puedes estar segura de que te amo, ángel. Y voy a demostrártelo cada día. —aseguró sintiéndose por fin, después de demasiados años, completamente dichoso.


Agradezco a todos por los reviews, alertas y favoritos y por leer.

Dejo un pequeño adelanto del próximo capítulo:

Billy sirvió dos pequeños vasos de aguardiente y se sentó en la butaca frente a él.

—Y bien, ¿qué tal va todo por el rancho?

—Bien, muy bien. Hemos tenido una buena cosecha y de los animales, ¿qué puedo decir? Excelente. Ya prácticamente hemos acabado el grueso de trabajo y en unos días se empezarán a marchar los trabajadores. Todo ha ido más que bien.

—Bueno, me alegro, hijo. Espero que aún no te hayas arrepentido de haber contratado a Bella.

—No, en absoluto —sonrió —Tendré que agradecértelo de por vida.

—¡Qué va! Ambos lo necesitabais.

—Sí, creo que sí. —sonrió bajando la mirada a su vaso mientras lo giraba moviendo el líquido —De eso quería hablarte.

—¿De qué? —indagó el hombre curioso —¿De Bella?

En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.

Y en mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.

Besitos y nos leemos!

Calendario de Actualizaciones:

Lunes - RANCHO MASEN, Miércoles - DETRÁS DEL OBJETIVO, Viernes - PERVERSAMENTE PROHIBIDO.