Hola! dejo el 2do capitulo de El Dia Perfecto.

Antes que nada, esta historia es propiedad de Anna Casanovas, yo solo la comparto con ustedes.

Saludos!

2

¿De dónde diablos había salido tanta gente? El centro comercial estaba abarrotado de parejas, niños, adolescentes y gente mayor paseando. Era una locura, y Freddie, al que ya de por si no le gustaban las aglomeraciones ni los espacios cerrados, no veía la hora de salir de allí. El no solía ir a esos lugares, y mucho menos un sábado, pero como todo el mundo parecía muy tranquilo supuso que esas concentraciones eran habituales. Los pasillos del centro comercial estaban decorados con corazones y nubes tremendamente falsas, horrible, pero muy acorde con las fechas. La música que sonaba por los altavoces iba desde la canción de Titanic a la de Love Story pasando por los míticos temas de Barbara Streisand, y Freddie tuvo que reprimir las ganas de correr. Era todo tan pegajoso que si fuera diabético ya habría tenido una subida de azúcar. Llego a la zona de los restaurantes y vio a una chica que, aunque no era Sam, también iba vestida de ángel. Se acerco a ella y le pregunto dónde podía encontrarla. Al parecer, Sam se había ofrecido voluntaria para entregar publicidad en la zona de ocio infantil, la más odiada por el resto de sus compañeros, según le conto su informadora. Freddie siguió las instrucciones que, por desgracia, le obligaron a pasar por todo el piso superior mientras sonaba I Will Always Love You, de Whitney Houston, y estuvo tentado de dejar las flechas allí mismo e ir a buscar al encargado de elegir la música y matarlo. Por suerte, encontró a Sam en ese mismo instante, y esos pensamientos nefastos se evaporaron de su mente.

Sam estaba rodeada por un montón de niños que miraban fascinados como convertía un globo alargado en un caniche. Al terminar, se lo regalo a una niña con trenzas y el resto corrió a inspeccionarlo más de cerca.

-Ayer te dejaste esto- dijo Freddie al acercarse a ella.

-Buenos días, a mí también me alegra mucho volver a verte- respondió ella sarcástica ante el poco tacto de Freddie.

-Lo siento- farfullo él, y para mayor vergüenza suya se sonrojo- es que…- señalo hacia arriba justo cuando empezaban a sonar las primeras notas de otra canción de Celine Dion.

Sam entendió lo que quería decir y sonrió.

-Ya, es demasiado.- Acepto el carcaj con las flechas-. Gracias por traérmelo, me has ahorrado el viaje a la biblioteca.

-De nada.- Ahora que ya había finalizado con su misión, y no tenía ningún motivo más para seguir allí, se dio cuenta que no quería irse-. ¿Hasta qué hora trabajas?

-Hasta las seis. ¿Por qué?- pregunto ella entregando otro folleto a una pareja que pasaba por su lado.

-Por nada.

-Ah.

-Me voy- dijo Freddie incomodo.

-Ya nos veremos.- Sam tenía que confesar que estaba disfrutando torturando a ese chico. Se le veía tan tenso y preocupado que no pudo resistir la tentación de tomarle el pelo.

-Claro, ya nos veremos- repitió el sin moverse de allí.

Ella se coloco bien la diadema que llevaba en el pelo y que hacía de halo y siguió con lo suyo.

Freddie se rasco la nuca, algo que hacia siempre que estaba nervioso, y después escondió las manos en los bolsillos para no volver a hacerlo.

-¿Te gustaría tomarte un café conmigo?- pregunto por fin. Por mucho que quisiera negarlo, se había pasado toda la noche pensando en que quería volver a verla, y tener que devolverle las flechas era la excusa perfecta que necesitaba su conciencia para no sentirse culpable por no estudiar.

Ella no dijo nada, así que Freddie supuso que después del desplante que él le había hecho el día anterior iba a devolvérsela. Pero Sam volvió a demostrarle que se equivocaba.

-Si quieres puedes venir aquí a las seis y media- le dijo con una sonrisa- te esperare en el café que hay en la entrada.

-Perfecto, allí estaré.

Celine Dion soltó uno de sus gritos y Sam sonrió.

-Vamos, escápate tú que puedes.

Freddie se fue de allí pensando en que no había sido tan difícil. Y que él tuviera las manos empapadas de sudor era pura casualidad.

Solo vas a tomar un café, se repitió a sí mismo por enésima vez. Solo es un café, y lo haces para disculparte por haber sido tan maleducado con ella. No pasa nada. Durante toda la mañana había estado tentado de anular la cita, pero no tenía el número de teléfono de Sam y pensó que no presentarse era ya el sumo de la cobardía y de los malos modos. A las cinco cerro el libro de derecho administrativo, ¿o era el de penal?, y decidió ir caminando hasta el centro comercial. Llego allí veinte minutos antes de la hora prevista pero opto por ir al café y esperarla leyendo el periódico.

Sam aun no podía creerse que Freddie hubiera ido a verla. Después del fiasco del día anterior, se había acostado convencida de que jamás volvería a verlo. Él le había gustado, esa mirada perdida y esa mandíbula que apretaba cuando se concentraba eran impresionantes, por no hablar de sus ojos color chocolate. Y además parecía muy listo, y aunque él quisiera ocultarlo, se veía a leguas que era un trozo de pan. La mañana se le paso volando, pero después de comer las horas se le hicieron eternas, y las seis parecían no llegar más. Cuando llego Wendy, el ángel del último turno, salió de allí disparada hacia los vestuarios de los empleados y se cambio en un santiamén. Eran las seis y veinticinco, así que se regalo dos minutos frente al espejo para arreglarse un poco el pelo y pintarse los labios. Esa mañana no había previsto tener una cita con un hombre tan atractivo como Freddie, así que iba vestida con jeans y un sweater a rayas que no era de sus preferidos. Una vez arreglada, satisfecha con el resultado, y diciéndose que tampoco iba a suceder nada, corrió de nuevo por los pasillos para no llegar tarde. Entro en el café con la respiración entrecortada y como no lo vio por ningún lado pensó que la había dejado plantada, pero entonces escucho el ruido de las páginas de un periódico y descubrió a Freddie sentado en una mesa de la esquina.