DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

RANCHO MASEN

CAPITULO 28

Esa noche Edward convenció a Bella de dormir en su habitación, y verla allí en su cama, por segunda noche consecutiva, le calentó el alma y le gustó más de lo que hubiera podido imaginar.

Hicieron el amor, se besaron y se acariciaron y por momentos, ambos sintieron miedo de que todo eso fuera sólo un sueño.

No se atrevió a despertarla a la mañana, después de haberla mantenido despierta gran parte de la noche, y tuvo que conformarse con dejarle una nota sobre la almohada.

"Nunca he lamentado tanto tener que abandonar esta cama para ir a trabajar. Te quiero. E."

La nota de Edward la estremeció de felicidad. Después de volver a su habitación para ducharse y vestirse, bajó a la cocina.

Sue estaba allí pelando patatas que metía en la olla humeante que había sobre el fuego de la cocina.

—Buenos días, Sue.

—Buenos días, señorita Bella. ¿Cómo ha dormido?

—Muy bien, gracias.

—¿Quiere desayunar ya?

—Sí, pero no te preocupes, Sue, yo me encargo. Es un poco tarde.

—¡Qué va! —discutió la mujer —Siéntese que yo le sirvo —dijo dedicándole una mirada que le obligó a sentarse sin más dilación. —No veo el momento de que toda esa gente deje el rancho.

—¿Por qué?

—Para que mis chicos vuelvan a comer aquí y no seamos sólo nosotros tres, o cuatro —se corrigió pensando que seguramente Edward volvería a comer con ellas y Harry.

Sue le preparó huevos revueltos y bacon frito que le sirvió junto a una taza de café y zumo de naranjas.

Edward entró a la cocina y su rostro se iluminó al ver a la chica sentada frente a la isla de la cocina.

—Buenos días —saludó mirándola con toda intención.

—Buenos días —le respondió sonrojándose vergonzosa.

Edward se acercó a la cafetera y se sirvió una taza de café, antes de ir a sentarse junto a ella.

—Buenos días —repitió en un susurro bajando sus labios sobre los de ella.

Bella respondió a su beso sintiéndose tímida ante la presencia de Sue, pero Edward no le dio tregua.

La besó con delicadeza estrechando su cuerpo contra el de él.

—Edward —gimió vergonzosa.

—¿Qué? —preguntó sonriéndole indolente.

—No estamos solos. —murmuró

—¿Quieres que le pida que se marche?

—No —discutió enérgica.

—Ya he acabado por ahora —se excusó Sue sonriente antes de abandonar la cocina.

Edward se carcajeó divertido mientras la mujer a la que amaba se encogía vergonzosa en su asiento.

—¿Cómo puedes ser tan descarado?

—Supongo que es lo que sucede cuando uno está enamorado —rió dando un trago a su café —¿Descansaste bien?

—Sí. ¿Y tú?

—Creo que nunca había descansado tanto durmiendo tan poco. Creo que tendrás que mudarte a mi habitación.

—Tonto —dijo mientras continuaba comiendo su desayuno

—¿Te mudarías a mi habitación? —inquirió interesado

—No creo que haga falta.

—Sue tendría una habitación menos que limpiar. —argumentó

—¿Esa es la razón para tu invitación?

—Desde luego. ¿Cuál sería si no?

Bella negó con la cabeza sonriendo.

—Edward, necesitaré que alguien me lleve al pueblo para traer mi coche.

—Sam y yo iremos a la tienda de forrajes. Puedo traer tu coche de vuelta, si te fías de mí.

—Te he confiado cosas más valiosas para mí que el coche, así que me fío de ti.

Sonrió sintiéndose demasiado regocijado como para responder algo.

—¿Has acabado el desayuno?

—Sí, ¿por qué?

—Te acompañaré a lavarte los dientes —dijo cogiendo su mano para tirar de ella hasta su habitación y empujarla dentro hasta tumbarla sobre la cama.

—¿Qué haces? —rió divertida

—Espero que no te importe que no huela muy bien, pero he estado en el corral y ya sabes lo que significa.

—Hueles a ti. Eso es suficiente para mí. —aseguró rodeando su cuello con los brazos.

Se besaron y se acariciaron con suavidad y ternura.

—No sé cómo voy a lograr dedicarme al trabajo teniéndote aquí.

—Qué va. El rancho es tu vida. —rió burlona

—Creo que has cambiado todas mis prioridades —confesó escondiendo el rostro entre su hombro y su cuello.

—Edward, tengo que ir a trabajar —murmuró estrechándolo entre sus brazos

—Sí, también yo —reconoció levantándose de un salto no sin esfuerzo —Te traeré el coche —aseguró dándole un beso en los labios y abandonando la habitación.

Después de realizar sus compras en la tienda de forrajes, Sam dejó a Edward en el aparcamiento del local social donde recogió el coche de Bella.

Antes de volver al rancho decidió pasar a ver a los Black.

—Hola, Edward —saludó Billy con cariño haciéndole entrar —Ven, pasa.

—Hola, Billy, ¿cómo estás?

—Bien, bien, ya sabes... Rachel ha ido a hacer la compra así que yo estoy aquí ejerciendo de abuelo... —explicó mirando a la pequeña Rebecca que sentada sobre la alfombraba montaba un pequeño puzzle.

—Eso es bueno.

—Mucho, sí. Siéntate. ¿Quieres tomar algo? Tengo un nuevo aguardiente que me regaló Quil Ateara ¿quieres probarlo?

—Sí, gracias.

Billy sirvió dos pequeños vasos de aguardiente y se sentó en la butaca frente a él.

—Y bien, ¿qué tal va todo por el rancho?

—Bien, muy bien. Hemos tenido una buena cosecha y de los animales, ¿qué puedo decir? Excelente. Ya prácticamente hemos acabado el grueso de trabajo y en unos días se empezarán a marchar los trabajadores. Todo ha ido más que bien.

—Bueno, me alegro, hijo. Espero que aún no te hayas arrepentido de haber contratado a Bella.

—No, en absoluto —sonrió —Tendré que agradecértelo de por vida.

—¡Qué va! Ambos lo necesitabais.

—Sí, creo que sí. —sonrió bajando la mirada a su vaso mientras lo giraba moviendo el líquido —De eso quería hablarte.

—¿De qué? —indagó el hombre curioso —¿De Bella?

—Sí.

—¿Qué? ¿Qué pasa con Bella? No me digas que quiere marcharse.

—No, no, ¿por qué lo dices? ¿Ella ha dicho algo? ¿A ti? ¿A Rachel?

—No, en absoluto. De hecho hace un par de semanas que no viene por aquí.

—Ah, supongo que tiene demasiado trabajo. Le deberé dar algún día libre para que venga a visitaros.

—Sí, estaría bien. Sabes, quiero a esa chica como si fuera mi propia hija.

—Sí, lo sé. Ella te quiere a ti como a su propio padre.

—Sí, lo sé. Pero bien, ¿de qué querías hablarme?

Edward inspiró profundamente para soltar el aire lentamente antes de hablar.

—Bien, yo... quería pedirte tu autorización...

—¿Mi autorización?

—Supongo que sería mejor decir que busco tu bendición.

—¿Mi bendición? ¿De qué hablas?

—Estoy enamorado de Bella —confesó por fin —La amo. La amo y creo que ella me ama a mí. Pero aún se siente algo así como en deuda con Jacob, y yo necesito que la eximas de esa responsabilidad —dijo levantando la vista para enfocarla en el rostro ceniciento del hombre. —Sólo tú puedes hacerlo. El padre de Jake. Bella amó a tu hijo, y creo que en parte aún le ama, pero es joven; es joven y creo que se merece una oportunidad de ser feliz, de reconstruir su vida. Creo que es lo que Jacob hubiese querido para ella, pero ella aún se culpa por lo que sucedió. Cree que el accidente fue su culpa y que eso le quita el derecho de tener la vida que lamentablemente Jacob no pudo tener.

—¡Dios! —gimió el hombre levantándose de su asiento para caminar hasta la ventana —Esa niña cabezota... ¿La amas? —preguntó volviéndose hacia él.

—Más que a mi propia vida.

—Esa chica es como mi hija, y no se merece más que felicidad. Y tú, Edward, sabes bien que siempre has sido para mí uno más de mis hijos, pero ni aún así te permitiré que le lastimes.

—No quiero lastimarla. La amo, Billy.

—Pues sólo daré mi aprobación si prometes sobre la memoria de tu padre y la de mi hijo, que harás todo por hacerla feliz.

—Es lo que deseo.

—Entonces cuentas con mi consentimiento. Y espero que no te importe que oficie de abuelo de vuestros hijos.

—Será un placer —accedió sonriendo feliz antes de levantarse de su lugar y darle un fuerte abrazo al hombre que había sido su padre, desde que aquel había faltado.

Cuando Edward volvió al rancho, no pudo esperar más para ver a Bella y la encontró en las caballerizas.

—Hola, cariño —la saludó rodeando su cintura por su espalda.

—Oh, hola, Edward —respondió separándose de él nerviosa, mientras miraba en derredor para cerciorarse de que nadie les viera.

—Hey, ¿qué sucede? —preguntó Edward frunciendo el ceño interrogante.

—Nada.

—¿Por qué te alejas de mí?

—Alguien podría vernos —explicó

—¿Y? ¿Debemos ocultarnos por alguna razón?

—No, no lo sé. —reconoció incómoda

—Hey, no estarás pensando en dejarme ¿o sí?

—No, Edward, no, pero me gustaría ir despacio y eso significa guardarlo para nosotros.

—Despacio, dices —se burló —Cielo, llevo más de seis meses deseando meterme contigo en una de estas cuadras vacías y hacerte el amor sobre el heno limpio.

—Oh, por favor, qué cosas dices —exclamó ruborizándose

—Vaya, eres una tímida puritana.

—Disculpa si no acostumbro tener sexo en las caballerizas —esgrimió con indignación.

—Qué va —replicó volviendo a atraerla a sus brazos —Me encanta que seas así, preciosa, pero creo que vamos a descubrir muchas cosas nuevas tú y yo juntos.

—Déjalo, Edward —pidió buscando alejarse.

Edward rió divertido antes de levantarla entre sus fuertes brazos, entrar con ella en uno de los compartimentos vacíos y dejarla caer sobre la paja limpia.

—¡Edward! —gritó ella pero no pudo evitar reír a carcajadas cuando él se dejó caer sobre ella aplastándola con su cuerpo.

—¡Dios, cuánto te he echado de menos! —confesó

—¿Ah, sí? — indagó rodeando su cuello con los brazos mientras separaba sus piernas para acogerlo mejor entre ellas —¿Cuánto?

—No puedo medirlo pero lo que puedo hacer es demostrarte todo lo que he venido acumulando en estas horas.

—Enséñamelo —pidió y no tuvo que repetirlo.

Edward se volcó sobre sus labios con pasión y en sólo unos instantes le hizo olvidar que estaban en los establos.

Sin dejar de besarla desabrochó su camisa a cuadros y sacó los faldones de dentro de sus vaqueros.

—Vaya, broche delantero —exclamó a la vez que desabrochaba su sujetador liberando sus preciosos pechos.

Bella abrió la camisa de él para recorrer su pecho con las uñas deleitándose con el suave vello que lo cubría.

Edward bajó sus labios hasta alcanzar un pecho mientras masajeaba el otro con destreza.

Una necesidad arrolladora se formó en el vientre de Bella y bajó por su cuerpo hasta estallar en su sexo electrizándola.

Bajó la boca por su cuerpo recorriéndola con la lengua y dejando suaves besos sobre la clara cicatriz que cruzaba su vientre.

El primer contacto de los labios de ese hombre con la horrible cicatriz la estremeció, pero la delicadeza y ternura de Edward la calmaron de inmediato.

Aún no podía creer que pudiera sentirse tan libre y más hermosa de lo que se había sentido nunca.

La veneración que Edward le demostraba a lo que ella siempre había visto como la desagradable marca de su culpabilidad, la hacía sentirse absuelta. Pero sobre todas las cosas, la hacía sentirse amada.

Edward se puso de rodillas entre sus piernas para desabotonarle los vaqueros

—Estás loco, Edward —rió en voz baja alzando las caderas para facilitarle la tarea de quitarle la ropa.

—No lo sabes tú bien —reconoció él divertido antes de quitarle las botas para luego seguir con los pantalones y las braguitas.

—Sabes que mañana tendré todo el trasero rojo por esta paja, ¿no?

Edward sonrió levantándose para coger una de las mantas con las que cubrían los caballos y la ayudó a incorporarse para colocarla debajo y volver a tumbarse sobre ella.

—¿Mejor, señorita? —preguntó volviendo a acostarse entre sus piernas desnudas.

—Mucho mejor —reconoció rodeándolo con sus brazos y piernas para atraerlo hacia ella.

Se besaron y se acariciaron con ternura que lentamente se fue convirtiendo en desaforada pasión.

Edward bajó su mano, áspera por el trabajo duro, hacia el triángulo de suave vello que cubría el pubis femenino y la acarició mientras su boca succionaba, lamía y mordisqueaba sus pechos inflamados.

—Hazme el amor, Edward —rogó Bella llevando las manos a la bragueta de sus pantalones.

Edward la ayudó y liberó su erección al bajar su ropa hasta la mitad de sus muslos.

La mano suave de Bella rodeó su duro miembro haciéndolo temblar.

—Cariño, me excitas tanto que no puedo soportar mucho sin estar en tu interior.

—Hazlo, entonces.

Con un rápido movimiento separó sus labios íntimos y la penetró de una estocada.

—Dios, se siente tan bien tu piel contra mi piel —reconoció jadeante.

Cuando estuvo perfectamente acoplado se retiró para volver a adentrarse lentamente.

Comenzó entonces su rítmico vaivén entrando y saliendo de su cuerpo mientras le susurraba palabras dulces y calientes.

Bella jadeaba y se removía nerviosa, gimiendo cuando él se retiraba y suspirando cuando volvía a invadirla.

Completamente al borde del abismo Edward aceleró el ritmo de sus embestidas.

—Dios, Edward, creo que voy a correrme —gimió ella

—Vamos, cielo —la instó

Continuó arremetiendo en su interior; con sus dedos alcanzó el clítoris henchido que sobresalía entre los labios de su vulva, y le dio un apretón suave llevándola a la locura.

Bella gimió, jadeó y gritó su nombre, convirtiéndolo en música para sus oídos.

Se introdujo en su cuerpo tanto como le fue posible para golpear con su pene el esquivo punto G, oculto en su interior.

Cuando Bella se dejó caer laxa sobre la manta, intentó calmar su respiración y con ella su necesidad de embestirla.

Tan sólo unos instantes le bastaron a la chica para recuperar oxígeno suficiente.

—Ahora tú, mi amor —susurró

—¿Estás lista?

—Sí, y estoy deseosa —murmuró rodeando la estrecha cintura masculina con sus piernas.

Edward reemprendió su danza y la embistió repetidamente.

Sin salir de su interior se puso de rodillas levantándola con él.

Sentada sobre él lo cabalgó con sus pechos rozándose excitados contra el vello que cubría el pecho del vaquero.

Las grandes manos callosas de Edward la impulsaban sobre su falo tomándola bajo sus glúteos, a la vez que su respiración se iba agitando al ritmo que lo hacía el latido de su corazón.

Cuando se sintió al borde del colapso la atrajo contra él manteniéndola fuertemente apretada sobre su pene y se descargó en su interior con un gruñido gutural y satisfecho.

Volvió a recostarla y se recostó sobre ella satisfecho y, besando con ternura su rostro y sus labios abandonó su cuerpo.

—Te amo, Bella —susurró, cuando un batir de palmas les sorprendió.

—Vaya, vaya, vaya —exclamó la voz burlona de Kate, acercándose a la entrada del compartimiento que ocupaban.

—Dios —gimió Bella ruborizándose a la vez que alcanzaba sus pantalones y se los volvía a poner nerviosa

Edward se subió la cremallera de los vaqueros y se puso de pie ocultando a Bella de la vista de la otra mujer.

—¿Qué haces aquí, Kate? —preguntó intentando asir el brazo de la mujer para llevársela de allí.

—Me preguntaba qué es lo que te estaba reteniendo estas últimas noches y ahora veo que le estás enseñando a montar a tu entrenadora de caballos —comentó burlona.

—Calla, Kate.

—¿Es que no sabe montar? —rió la mujer con una risa estridente

Bella se calzó los pantalones y buscó sus braguitas y sus botas mientras se ponía de pie intentando mantener cerrada su camisa.

—Pensé que habías dicho que era una frígida mojigata remilgada y que no tenías ni el más mínimo interés en tirarte una mujer como ésta —agregó Kate con desdén logrando que Bella la observara sorprendida, primero a ella y luego a Edward.

—Cállate ya, Kate —ordenó el hombre asiendo su codo y empujándola fuera de los establos —Lárgate de aquí.

Bella le esquivó pasando a su lado.

—Bella, cielo, espera —dijo pero la chica ya corría rumbo a la casa, descalza, con sus botas en una mano y la otra sosteniendo las solapas de su camisa abierta.

Su coleta se había deshecho y su pelo estaba lleno de briznas de paja que gritaban a toda voz lo que había sucedido en ese establo.


Agradezco a todos por los reviews, alertas y favoritos y por leer.

Dejo un pequeño adelanto del próximo capítulo:

—Está bien, Edward. No tienes que explicármelo. —le cortó poniéndose la ropa interior que acababa de sacar del cajón

—Quiero hacerlo, porque sonó despectivo y agresivo.

—Está bien, Edward —repitió sin mirarle mientras se vestía —Lo entiendo, de verdad. Estabas enojado conmigo y le dijiste a esa mujer que soy frígida y mojigata.

—Mierda, Bella, lo siento —gimió sintiéndose una basura

—¿De verdad piensas que soy una mojigata? —preguntó volteándose a verle por fin, deseosa de ver su rostro

En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.

Y en mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.

Besitos y nos leemos!

Calendario de Actualizaciones:

Lunes - RANCHO MASEN, Miércoles - DETRÁS DEL OBJETIVO, Viernes - PERVERSAMENTE PROHIBIDO.