3

-Hola, siento llegar tarde- dijo al pararse frente a él.

Freddie levanto la vista y algo debió impactarle porque tardo varios segundos en responder.

-Hola.- trago saliva-. No pasa nasa. Estaba leyendo el periódico.

-Ya veo. ¿Estas bien?- pregunto Sam al sentarse-. Tienes una cara muy rara.

-Acabo de darme cuenta de que es la primera vez que te veo vestida normal.- y ante su propio asombro añadió-: estas muy guapa.

El piropo también cogió a Sam desprevenida y lo único que consiguió balbucear fue:

-Gracias.

-¿Qué van a tomar?- pregunto el camarero.

-Yo un café- dijo Freddie, guardando ya el periódico.

-¿Qué clases de tés tienen?- Sam miro la pizarra que había en la pared del local-. ¿Cuál es el más exótico?

-Tenemos uno nuevo del Himalaya- sugirió el empleado.

-Pues ese.

-¿Has pedido te del Himalaya? ¿Y si no te gusta?- pregunto Freddie.

-Si no lo pruebo nunca lo sabré, no crees? Además es solo un té. ¿Tú siempre pides lo mismo?

-Claro, así me aseguro de que comeré o beberé algo que me guste.

-¿No te parece aburrido?- Ese chico era tan ordenado que daban ganas de gritar que se relajara.

-No.

-¿nunca pruebas nada nuevo?

-Nunca.

-Volvemos a jugar a lo de los monosílabos?

-No- dijo él con una sonrisa-. Lo siento, es que hace mucho tiempo que no hago esto.

-¿el qué? ¿Hablar?

-Mas o menos.

El camarero apareció con sus bebidas y Freddie observo la reacción de Sam al probar el te himalayo.

-¿te gusta?

-No está mal, ¿quieres probarlo?- le ofreció la taza como si fuera un reto.

-Está bien.- acepto la raza y dio un sorbo-. Es bueno.

-¿Lo ves? Si no lo hubieras probado no lo sabrías. –Sam recupero el té y bebió un poco más-. ¿Estudias derecho?

-Si, ¿Cómo lo sabes?

-Ayer, en la biblioteca, estabas leyendo un libro muy aburrido- dijo ella con una sonrisa.

-¿Y solo por eso tenía que ser de leyes? Y no era aburrido- se defendió el.

-Si tú lo dices.

-¿Y tú?, ¿de qué era el libro que te llevaste? –El había estado tan embobado mirando las alas y las flechas que no se había fijado en nada más.

-De psicología infantil, estudio magisterio.

-Te pega, ¿siempre quisiste ser maestra?

-Siempre.- Bebió un poco mas de té y después de vaciar la taza sirvió el que quedaba en la pequeña tetera que le habían traído-. Me encantan los niños, estoy haciendo unas prácticas en una escuela muy cerca de aquí, y no veo la hora de terminar la carrera y poder dedicarme a ello a tiempo completo. ¿Y tú?, ¿siempre quisiste ser abogado?

-Más o menos –respondió Freddie, en realidad, él había elegido derecho por elegir algo, no tenía vocación y al principio no se lo había tomado demasiado enserio. Pero después del accidente de su madre su actitud cambió radicalmente. El juicio contra el conductor borracho que causó la colisión fue declarado nulo por un estúpido defecto formal, y el señor se salvó de pagar una indemnización y de ir a la cárcel. A Freddie, la cuestión económica no le importaba lo más mínimo; su abuelo había fundado Biotex, una importante empresa farmacéutica que su madre, antes de morir, había llevado hasta lo más alto. Tampoco le importaba el que ese hombre fuera o no la cárcel, nada de eso haría regresar a su madre. Pero sí le importaba que el sistema judicial funcionara tan mal que pudiera llegar a esos extremos. A partir del accidente, Freddie empezó a tomarse sus estudios en serio y descubrió que, en las manos adecuadas, las leyes podían ser de lo más útiles.

-Freddie, ¿estás bien?

-Eh, sí, perdona. -Parpadeó y se dio cuenta de que se había quedado absorto en sus pensamientos-. ¿Qué decías?

-Nada. -Ella se rió-. No te preocupes -respondió Sam, quitándole importancia. Pero en realidad le habría gustado preguntarle en qué estaba pensando, pues en esos instantes de silencio la tristeza que vio en los ojos de ese chico le llegó al corazón. Jamás había visto unos ojos tan tristes-. ¿Qué haces esta noche?

-Estudiar. Me falta muy poco para licenciarme y me estoy preparando para los exámenes finales.

-Yo también me gradúo este año. -Él no comentó nada más, así que ella optó por seguir-. ¿Vas a trabajar aquí en Boston? -Dado que él no le preguntó por sus planes de esa noche ella tampoco insistió.

-No, soy de Seattle.

-¡Yo también! -exclamó ella-. Ya decía yo que tu cara me sonaba-apuntó con una sonrisa.

-Seguro. -Él semisonrió un poco-. ¿Tú vas a quedarte aquí?

-No sé, supongo. La escuela en la que hago prácticas me gusta mucho, pero no sé si podré quedarme. Ya veremos, tampoco sirve de nada que ahora me preocupe, ¿no te parece? -Por el modo en que la miró fue obvio que no coincidía con ella.

-Supongo que no -dijo él por decir algo. Miró el reloj-. Debería irme, tengo que estudiar.

-Eso ya lo has dicho antes. -Vio que él empezaba a levantarse y, decidida a no volver a humillarse como el día anterior, lo dejó marchar-. Yo también me voy. Supongo que ya nos veremos por aquí. -Era obvio que a pesar del cumplido inicial, y de que habían pasado un rato agradable, él no quería volver a verla.

-Claro. -Cuando ya estuvo completamente abrigado volvió a mirarla. Era muy guapa, demasiado, la luz de esos ojos y de esa sonrisa era demasiado peligrosa, y, por si eso fuera poco, era divertida, simpática e inteligente. Tenía que irse de allí cuanto antes-. Gracias por aceptar mi invitación… -respiró hondo y se disculpó-, ayer, cuando tú… -se interrumpió-, perdona. Lamento haber sido tan grosero.

Sam, atónita, pues no esperaba que Freddie mencionara para nada lo sucedido en la biblioteca, tardó unos segundos en reaccionar.

-No pasa nada, pero gracias por disculparte. -Ella también se abrigó-. Era la primera vez que le pedía a un chico si quería tomar un café conmigo, así que mi ego y yo te agradecemos las disculpas.

Freddie se rasco la nuca. Tenía que dejar de hacer eso.

-Ahora me siento aún peor. ¿De verdad era la primera vez?

-De verdad, pero bueno, siempre he creído que en la vida hay que cazar las oportunidades al vuelo, y como tú no parecías inclinado a hacer nada y tienes los ojos más tristes que he visto jamás y pensé que quería verte sonreír y… Debería dejar de hablar. Hazme un favor, ¿quieres? Olvida estos últimos minutos.

Ambos sonrieron y Freddie fingió acceder a su petición. ¿Los ojos más tristes que había visto jamás? ¿Quería verlo sonreír?

-Voy hacia el campus, ¿y tú? -A pesar de su decisión de no volver a verla, Freddie quería alargar al máximo la despedida.

-Yo también, tengo un pequeño apartamento alquilado en la calle Sherborn. Joana, mi compañera de piso es brasileña y está pasando unos días con su familia, así que estoy sola, pero bueno. De noche tengo un poquito de miedo, pero de día es genial, así puedo estudiar y… ¿Te estoy aburriendo, no? –preguntó sonrojada al darse cuenta de que parecía una cotorra.

-No, qué va, sigue -respondió sincero. Freddie no tenía amigos, los pocos conocidos que había hecho durante los primeros años de universidad habían ido desapareciendo a medida que él había dejado de asistir a las fiestas.

-Tú lo has querido. En fin, ahora que Joana no está tengo todo el apartamento para mí sola, así que esta noche vendrán unos amigos a cenar, nos reiremos un rato y mañana me levantaré tarde, desayunaré como una reina y me pondré a estudiar.

-Yo tengo que girar hacia allí. -Freddie señaló la calle que quedaba a su izquierda.

-Dame tu móvil -dijo Sam tendiendo una mano-. Vamos, dámelo antes de que me arrepienta.

Freddie la obedeció sin saber muy bien el motivo.

-Éste es mi número. -Sam apretó las teclas del teléfono de Freddie-. No hace falta que me des el tuyo. –Sonrió-. Seguro que tampoco me lo darías. Qué vergüenza estoy pasando. Freddie, ya te he dicho antes que no suelo hacer estas cosas pero me ha gustado mucho estar contigo. -Al ver que él levantaba una ceja incrédulo, añadió-: Ya, yo tampoco lo entiendo. Eres bastante antipático y tus técnicas de conversación dejan mucho que desear, pero mira, al parecer me gustas de todos modos. Me voy. -Se apretó la bufanda y le tendió la mano-. Ha sido un placer, Freddie.

Freddie estrechó la mano, con guante fucsia, y respondió:

-Lo mismo digo, Sam. -El corazón le iba a mil, ella le estaba sonriendo con los ojos, esperando a que él dijera algo. ¿Qué? ¿Qué hace uno cuando conoce a la que puede ser el amor de su vida en el momento equivocado? Nada, comportarse como un imbécil—. Tengo que irme.

-Ya, bueno. Yo también. -Le soltó la mano y empezó a caminar. Tenía que dejar de escuchar a esa vocecita que tenía en la cabeza y que le decía que se arriesgara. Jamás había hecho tanto el ridículo como con ese chico. Seguro que pensaba que estaba loca de atar-. Adiós -dijo para despedirse definitivamente. Freddie contó hasta diez. Se recordó que tenía que terminar un trabajo para la clase de penal y repasar unos temas de internacional, pero su mano derecha se hundió en el bolsillo del abrigo, sacó el teléfono móvil y le dio a la tecla de llamar.

-¿Diga? -preguntó Sam al no identificar quién la llamaba.

-Ahora tú también tienes mi número. -Freddie esperó a que ella se diera la vuelta. Y después de mirarse unos segundos a los ojos, colgó, se levantó las solapas del abrigo y siguió su camino.