DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

RANCHO MASEN

CAPITULO 29

—¿Quién coño te crees que eres? —le gruñó a la mujer sintiéndose furioso

—¿Perdona? Tal vez soy la mujer que te ha estado aguantando las últimas dos semanas. La mujer que te chupó la polla hace dos semanas. Creo que como mínimo me merezco que me digas algo.

—¿Que te diga algo? ¿Algo como qué? Por favor, esto es ridículo —se quejó enredando su mano en sus cabellos desordenados. —No te debo nada, Kate. Ni tú a mí. No sucedió nada entre nosotros y aun así me disculpé contigo. Me dijiste que no te importaba. Y estas dos semanas sólo hemos estado cenando juntos.

—¿Y no te parece que debías avisarme si cambiabas de planes?

—No tenía ningún plan contigo.

—¿Te estás tirando a tu entrenadora? Creía que habías dicho que no te interesaba esa mujer.

—No eres mi mujer, Kate, ni siquiera mi amante. No te debo ninguna explicación de con quien estoy o con quien no.

—¿Entonces resultó que no era tan frígida como creías?

Se acercó amenazante a la mujer y la tomó del brazo con rudeza.

—Ten mucho cuidado con meterte con Bella.

—Vaya, sí que te ha pegado fuerte —rió descarada —¿Qué tiene? ¿Buen coño, buenas tetas?

—No te pases, Kate, o patearé tu trasero tan rápido que llegarás a Montana antes de darte cuenta lo que sucede. Ya puedes ir haciendo tu equipaje y largándote de aquí —gruñó empujando a la mujer con rabia antes de dirigirse a la casa en busca de quien ya consideraba su mujer.

Bella se sentía avergonzada y dolida por las palabras de la mujer que había estado con Edward las dos semanas anteriores.

Él le había explicado lo que sucedía con esa mujer, de la misma forma que le había dicho que lo había hecho porque estaba enojado con ella, por lo que no era extraño que le hubiese dicho a la cocinera que ella era una mojigata y que él no deseaba en absoluto estar con ella, pero no por eso dejaba de doler.

Buscando calmarse se desvistió y se metió bajo la ducha.

Allí la encontró Edward en cuanto entró a su habitación.

—Bella, nena —dijo entrando al baño.

Bella cerró la ducha en cuanto escuchó su voz.

—Dame un momento —pidió estirando su mano para alcanzar la toalla.

Se secó y se envolvió con ella antes de salir a enfrentar al hombre que la esperaba recostado en el vano de la puerta.

—Bella, nena —se acercó a ella para rodearla con sus brazos —Lo siento, cariño. No quiero que hagas caso de lo que dijera Kate.

—No, está bien —sonrió alejándose de él para volver a la habitación —Lo entiendo.

—Estaba enfadado contigo —explicó yendo tras ella —Ella dijo que yo estaba loco por ti y yo lo negué.

—Está bien, Edward. No tienes que explicármelo. —le cortó poniéndose la ropa interior que acababa de sacar del cajón

—Quiero hacerlo, porque sonó despectivo y agresivo.

—Está bien, Edward —repitió sin mirarle mientras se vestía —Lo entiendo, de verdad. Estabas enojado conmigo y le dijiste a esa mujer que soy frígida y mojigata.

—Mierda, Bella, lo siento —gimió sintiéndose una basura.

—¿De verdad piensas que soy una mojigata? —preguntó volteándose a verle por fin, deseosa de ver su rostro

—Oh, Bella, claro que no…

—¿Quisieras que fuera más lanzada? ¿Que tuviera menos… no sé… prejuicios, remilgos?

—Bella, te amo tal como eres —aseguró acercándose a ella

—No sé, Edward —dijo apenada —Sé que no soy muy… no sé… Sé que la única persona a la que has amado fue Jessica, y sin dudas ella es mucho más sexual de lo que yo seré jamás.

—Bella, si hay algo que me gusta de ti, es que no te parezcas en absoluto a Jessica —reconoció abrazándola —Jessica era una puta zorra traicionera. Una persona egoísta, fría y sin corazón. Tú eres todo lo contrario y es por todo eso que te amo. Lamento lo que le dije a Kate, no es una excusa pero en ese momento me sentía herido y humillado. Te había dicho que te amaba y tú me habías respondido que para ti había sido sexo sin más. Me sentía humillado y te odiaba, o quería hacerlo. No quiero que te parezcas en nada a Jessica, porque te amo a ti. Pero tampoco quiero que vuelvas a pensar en ella, y menos aún a compararte con ella. Jessica no es digna de oír su nombre en la misma frase que el tuyo.

—Es inevitable. Es la mujer a la que amabas.

—Cada día dudo más cuáles fueron mis sentimientos por Jessica. Pero estoy seguro de mis sentimientos por ti y te quiero tal como eres.

—A veces temo no ser suficiente para ti —confesó lastimera

—Por Dios, Bella, ¿tú me has visto? —dijo obligándola a fijar la vista en él —¿Te has visto tú y me has visto a mí? Soy un ranchero —explicó como si esas palabras resumieran todo —Soy un ranchero bruto, un burro tosco que no sabe nada más que manejar ganado, criar caballos y trabajar el campo. Las únicas veces que salí más allá de los límites de Spearman fue para acudir a ferias de ganado. No conozco una mierda sobre nada que no sea el trabajo del campo. He tenido que pedirle a Rachel que me dijera qué debía hacer para conquistar una chica, porque no tengo ni idea cómo hacerlo. Tú temes no ser suficiente para mí, y yo lo único que pienso a cada momento es lograr atarte a mí como sea, antes de que te des cuenta que te mereces mucho más.

Los ojos de Bella se humedecieron y una sonrisa triste curvó sus labios.

—Edward, llevo tres años pensando que no merecía vivir, mucho menos enamorarme o que alguien se enamorase de mí. Llevo tres años intentando sentir que tengo derecho a respirar, y ahora el hombre más íntegro y leal que haya conocido jamás, ha decidido enamorarse de mí. —Llevó las manos al rostro áspero del hombre —Donde tú ves un ranchero bruto y tosco, yo veo un hombre fuerte, leal, amoroso, con grandes valores morales. Un hombre amable y cariñoso. Un hombre que ama a su familia y a su gente y daría la vida por ellos.

—Daría mi vida por ti —murmuró estrechándola entre sus brazos. —No sé qué hice para que me ames, pero espero que nunca te des cuenta de tu error —sonrió haciéndola sonreír.

—Encontrarás formas de distraerme —ofreció burlona y la estrechó más fuertemente contra él.

—Puedes estar segura de eso —reconoció sonriendo.

—¿Puedo preguntarte hasta cuándo se quedará esa mujer en el rancho? —inquirió con timidez.

—Los planes eran que se quedaran una semana más, pero nos podemos arreglar sin ella. Le he pedido que se largue. Le diré también que no hace falta que regrese el próximo año.

—No, Edward, no hagas eso —pidió —Es su trabajo y no sería justo que lo pierda por algo que no ha sido culpa suya.

—Le pagaré hasta el último día.

—No, Edward, de verdad no hace falta que lo hagas. No me sentiría bien si la echaras por mí.

—Tú eres lo más importante para mí, Bella. Me da igual Kate y quien sea, no dejaré que nadie te incomode.

—No, Edward, tú eres un hombre justo, y sabes que no sería justo pedirle que se marchase sólo porque tú y yo queramos estar juntos.

—¿No te sentirás incómoda?

—No, si tú estás conmigo.

Sonrió sin poder alejar su vista de ella. La mujer más íntegra, fuerte y hermosa que había conocido jamás.

La mujer que por alguna razón le correspondía y quería estar con él.

—No me imagino otro lugar donde estar —reconoció con sinceridad.

A la mañana siguiente, mientras Edward trabajaba en el campo, Bella hacía trotar al joven Pinkie Pie en uno de los corrales del rancho.

Ese joven potrillo estaba destinado a convertirse en un imponente semental, y Bella no podía evitar sonreír cada vez que recordaba las muecas de Edward, cuando llamaban al animal por el nombre que su pequeña sobrina le había dado.

Después de muchas disertaciones entre los integrantes de la casa, habían decidido llamarle Ink, aunque en los registros figurara como Pinkie Pie.

El potrillo trotaba alrededor del corral bajo las órdenes de Bella, cuando en una de las vueltas vio, recostada sobre la valla, a la cocinera rubia y exuberante, que la observaba con una sonrisa sarcástica.

La ignoró tanto como pudo y siguió trabajando con el animal, aunque podía sentir sobre ella la mirada desdeñosa de la mujer.

Bella estuvo trabajando más tiempo del normal, pero sabía que no podría evitarla por siempre sin extenuar al animal, por lo que tuvo que claudicar y regresó al potrillo a su caballeriza.

Le llevó al abrevadero antes de dedicarse a cepillarlo.

—Buenos días —sonó la voz entre estridente y melosa de la mujer, que hizo relinchar a Pinkie Pie.

—Calma, Ink —le susurró acariciándolo calmadamente —Buenos días —respondió a la mujer sin prestarle más atención.

—Así que tú eres la entrenadora de caballos.

Kate se acodó en la entrada del cubículo.

—Sí.

—¿Cuánto hace que trabajas para Edward?

—Unos siete u ocho meses.

—Entiendo. Imagino que has intentado tirártelo desde entonces, ¿no?

—Disculpe, señorita, o señora —dijo sintiéndose cruel —Pero no creo que sea de su incumbencia.

—Ja, ja, ja —rió Kate —Veo que eres un poquito remilgada. Edward no se equivocaba —agregó intentando ofenderla, pero Bella estaba preparada para el despecho de la mujer y acusó el golpe con dignidad, sin ofrecerle una respuesta. —No entiendo qué te ve, la verdad, pero no creo que vaya a durarle mucho ese tonto embelesamiento. Supongo que habrás sido algo así como un desafío, y eso es lo que le atrajo. Pero ahora que ya se metió entre tus piernas no tardará en darte una patada.

Bella inspiró profundamente dándole un último cepillado a Pinkie Pie, antes de voltearse hacia Kate.

—Tal vez tenga razón, señorita Denali, pero seguramente usted no esté aquí para verlo.

—Yo volveré el año que viene —dijo la mujer con arrogancia —Ya veremos dónde estarás tú, entonces.

—Sólo le diré que si usted vuelve aquí el año próximo, tendrá que agradecérmelo, porque Edward me ofreció despedirla y pedirle que no regrese nunca más, si ése es mi deseo. —explicó haciendo palidecer a la mujer —Yo le pedí que no lo hiciera, ya que no hace falta dejar a alguien sin trabajo, sólo porque él y yo estemos enamorados.

—No te creo.

—Puede preguntárselo a él. Estoy segura de que se lo confirmará. Le agradeceré que no me obligue a cambiar de opinión —agregó antes de esquivar a la mujer para abandonar las cuadras.

Tuvo que recostarse en el portón al salir para calmar su temblor.

Pensaba defender su relación con Edward, pero eso no la endurecía tanto como para no temblar ante los enfrentamientos.

Sólo esperaba no tener que luchar con muchas mujeres más.


Agradezco a todos por los reviews, alertas y favoritos y por leer.

Dejo un pequeño adelanto del próximo capítulo:

—Edward es un gran hombre.

—Lo sé. No creo merecérmelo.

—No digas tonterías. Por supuesto que te lo mereces. Tanto como él se merece una mujer como tú a su lado. Jessica le hizo mucho daño, y ya todos habíamos llegado a creer que nunca se recuperaría y se daría una oportunidad. Pero gracias a Dios llegaste tú y tiraste abajo todas sus barreras.

—Se merece ser feliz. Y yo haré todo lo que esté a mi alcance para ello.

—Lo harás, Bells. Tanto como él te hará feliz a ti.

—Sé que vas a enfadarte conmigo, Rache, pero ¿no sientes ni un poco de enfado conmigo por haber pasado página?

En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.

Y en mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.

Besitos y nos leemos!

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