DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
RANCHO MASEN
CAPITULO 32
Bella había estado muy extraña esa última semana y Edward no era ajeno a ese hecho.
Aunque sus rutinas no habían variado, algo no era igual.
Compartían cama y habitación cada noche, y hacían el amor con dulzura y ternura. Estaban juntos cada momento libre que tenían y compartían las comidas con los demás trabajadores.
Hablaban, se besaban y acariciaban y hacían el amor, pero Bella no era la misma.
Edward lo veía cada vez que la miraba sin que ella lo supiera.
Estaba absorta y abstraída. Su rostro serio e incluso triste.
Pero nunca lograba que reconociera que algo la atormentaba.
Había realizado un par de visitas al pueblo, y eso era lo que a Edward le preocupaba.
Sabía por Alice que Jessica Stanley había vuelto a Spearman una vez más, y Edward sospechaba que tal vez Bella se la hubiera encontrado y de alguna forma Jessica la hubiera molestado.
Pero Bella tampoco lo había admitido.
En esos días Bella había enviado su currículo a varios ranchos de Alabama y Colorado, pero aún no tenía respuesta.
Sabía que con su experiencia no le sería difícil encontrar otro puesto, y la respuesta no tardaría en llegar.
Pero hasta entonces, disfrutaría de los días que le quedaran con Edward.
Las noches estaban siendo las más difíciles. Ella y Edward dormían juntos cada noche y hacían el amor con una entrega desesperada.
Pero cuando Edward se dormía junto a ella, Bella se abrazaba a él y lloraba en silencio, por el amor encontrado al que pronto tendría que perder.
Cada mañana se despertaba temiendo que ese fuera su último día en el Rancho Masen, pero cada noche se iba a la cama agradeciendo haber tenido un día más.
Aquel lunes Edward se dirigió a su despacho en la casa para rellenar el libro de compras, con las entregas que había recibido de la tienda veterinaria, cuando se encontró con la correspondencia que Sue le había dejado sobre el escritorio.
Entre las distintas cartas había facturas, resultados de algunos análisis veterinarios y propaganda sobre nuevos tratamientos y medicamentos animales.
Entre ellas un sobre a nombre de Bella, que no se atrevió a abrir, aunque le llamara poderosamente la atención.
El sobre blanco tenía el logo del rancho Vulturis de Oklahoma.
El rancho Vulturis era de los más importantes dedicados a la cría de purasangres y sementales, y sus animales eran habitualmente premiados.
No imaginaba qué podía tener que decirle esa gente a Bella, pero preso de la curiosidad, decidió esperar que ella se lo explicara.
Decidido salió de la casa en su busca para encontrarla paleando heno en las caballerizas vacías.
—Hola —susurró mientras la abrazaba por detrás sorprendiéndola.
—Hola —sonrió ella recostándose contra él.
—No imaginas las ideas que vienen a mi cabeza viendo todo este heno tan limpio y fresco… —dijo sugerente haciéndola reír.
—Puedes estar seguro de que me lo imagino —aseguró volviendo su rostro para besar su mejilla áspera.
—¿Y qué tienes que decir a eso?
—¿Que eres un pervertido?
—Respuesta errónea.
—¿Cuál era la respuesta correcta?
—Yo también, Edward. Ahora mismo. —respondió con un acento agudo.
—Ok —rió —Yo también, Edward. Ahora mismo.
Edward la giró y le quitó la horquilla de las manos para recostarla contra la pared. Acto seguido levantó a la chica risueña y la tumbó sobre la paja, recostándose sobre ella.
—Vuelvo a tener quince años cuando estoy contigo —confesó besando sus labios y levantando la camiseta que la cubría.
La desnudó entre prisas y risas y le hizo el amor de la misma forma.
Se amaron de la única forma que sabían hacerlo, con total entrega y pasión.
Cuando Edward se separó de ella buscando calmar su respiración, Bella se vistió nerviosa y preocupada de que alguien pudiese entrar.
—Ven aquí —rió él tirando de ella para tumbarla nuevamente junto a él
—Podría entrar cualquiera de los chicos, Edward.
—Estoy seguro que se detendrían al escuchar tus jadeos y gemidos.
—Tonto —se quejó golpeando su pecho aún desnudo —Intento ser silenciosa.
—Pues déjame decirte que no lo logras, mi ángel —se burló mientras subía sus pantalones —Ven aquí ahora que estás decentemente vestida. Quiero tenerte entre mis brazos un rato más —pidió y ella reconoció que era lo que ella deseaba también, con todas sus fuerzas.
Bella se recostó contra él sintiéndose exhausta.
—Debería volver a trabajar —se quejó —Creo que estaba haciendo algo antes de que tú irrumpieras aquí.
—Yo también estaba haciendo algo —reconoció y recordó la razón por la que había ido en busca de su mujer —Te ha llegado una carta —dijo sacando el sobre que había guardado en el bolsillo trasero de su pantalón
—¿A mí?
—Sí. Del Rancho Vulturis, de Oklahoma. —explicó y vio a la chica palidecer —¿Qué negocio tienes tú con los del Rancho Vulturis?
Bella tomó el sobre de sus manos y se sentó nerviosa alejándose de él. Su repentina rigidez le preocupó, y ver cómo temblaba el sobre entre sus manos lo extrañó.
—¿No vas a abrirlo?
—Ya lo abriré luego.
—¿Sabes de qué se trata?
—No —mintió, ya que imaginaba claramente el contenido de la carta.
—¿Y no sientes curiosidad?
—Ya lo abriré más tarde.
—Hazlo ahora —pidió intrigado —Yo sí quiero saber qué dice.
—Ya lo haré más tarde.
—¿Qué sucede, Bella? —inquirió empezando a molestarse.
Bella le ocultaba algo, y él odiaba las mentiras y los engaños.
—Nada.
—Venga ya. ¿Qué me ocultas?
—Nada.
—Me ocultas algo. Sabes lo que hay en ese sobre y por alguna razón me lo quieres ocultar. Sabes que odio esto, Bella. Dime qué hay en el sobre.
—No lo sé. No lo he abierto.
—Ábrelo, entonces.
—Es personal.
—¿Es algo que yo no puedo saber? ¿Qué me ocultas? —gruñó sintiéndose más y más molesto.
Resignada bajó la mirada. Tarde o temprano Edward lo sabría. No tenía sentido ocultarlo.
Sin atreverse a mirarle se levantó alejándose de él. Abrió el sobre y sacó la carta.
Temblaba con cada doblez que deshacía.
Rápidamente leyó las pocas líneas.
Estaban encantados con que hubiera pensado en ellos y tenían el puesto de trabajo ideal para ella.
Esperaban que se comunicara con el rancho para coordinar la fecha en la que se pudiera integrar a trabajar allí.
Una lágrima rodó por su mejilla pero la secó con rapidez, antes de que nadie se percatara de su existencia.
—¿Qué dice? —preguntó Edward por fin.
Bella levantó la mirada para enfrentar la de él.
—Tienen un trabajo para mí.
—¿Un trabajo para ti?
—Sí.
—¿Un trabajo para ti? —repitió temblando mientras se ponía de pie y se acercaba a ella para quitarle la carta de las manos.
Edward leyó la carta con rapidez y desconcertado y estupefacto enfocó su mirada en la de ella.
—Tú lo has pedido —dijo entre dientes.
No le contestó. No supo qué respuesta dar.
—Contéstame —ordenó sintiéndose traicionado —¿Tú se los has pedido?
—Sí —reconoció en un susurro.
—¿Has estado buscando trabajo fuera de aquí?
—Sí. Lo siento, Edward. Pensaba decírtelo…
—¿Cuándo?
—No quería adelantarme, por si no me aceptaban. De cualquier modo, no voy a dejarte colgado. Me quedaré hasta que consigas otro entrenador.
—¿No vas a dejarme colgado? ¿Eso es para ti no dejarme colgado? ¿Buscarme otro entrenador? ¿Y qué pasa con nosotros, Bella? —rugió soltando la carta para tomarla por sus brazos y darle una leve sacudida —¿Qué hay de nosotros? ¿Qué hay del amor? ¿De tener una vida juntos? ¿Cómo puedes simplemente decirme que te vas? ¿Cómo puedes irte?
—Lo siento, Edward. Es una gran oportunidad para mí.
—¿Una gran oportunidad? Una gran oportunidad ¿para qué?
—Es un gran rancho, tienen siempre caballos ganadores.
—¿Y qué? Éste también es un gran rancho aunque nuestros animales no siempre ganen. Pero ¿desde cuándo eres tan ambiciosa?
—No es eso, Edward. Tú lo sabes, crían purasangres. Es una gran oportunidad para mí.
—Te compraré purasangres si es lo que quieres. Te los compraré para ti y los haremos criar. ¿Qué es lo que necesitas, Bella? Te dije que me pidieras lo que necesitases. Te daré lo que sea que te haga feliz —ofreció sintiéndose desesperado.
—No, Edward, no tienes que darme nada.
—¿Qué hay del amor? Dijiste que me amabas…
—Te amo.
—¿Cómo puedes dejarme si me amas? Yo no puedo imaginar separarme de ti por unas horas…
—Supongo que tú me amarás más —musitó escondiendo su mirada llorosa.
—No lo hagas, Bella, cielo. No puedes irte…
—Lo siento, Edward. Creo que esto se nos ha ido de las manos.
—¿Qué quieres decir?
—Nuestras prioridades son evidentemente diferentes.
—¿A qué te refieres? ¿Al hecho de que yo quiera una familia? ¿Es que tú no lo deseas?
—Me temo que no.
—¿Y ya está? ¿Te vas y ya está?
—Lo siento, Edward.
—No, Bella, no digas eso —suplicó acercándose a ella para rodearla con sus brazos —Yo te amo y tú me amas, ¿cómo puedes perderte algo así? ¿crees que es tan fácil volver a amar?
—Sé que no lo es —reconoció en voz muy baja intentando alejarse y ese sólo comentario fue para Edward como un puntapié.
—¿Es por Jacob? —murmuró aunque sabía la respuesta.
—No tiene nada que ver con Jake —respondió pero no le creyó.
Bella había estado extraña desde que se había reunido con Rachel y con Billy.
Después de eso nada había sido igual, y ahora se iba del rancho diciéndole que sabía exactamente que no era fácil volver a enamorarse.
—Si sólo me dieras la oportunidad… te daré lo que quieras, haré lo que quieras… —prometió desesperado.
—Lo siento, Edward. Pero esto es lo que quiero —repitió con seguridad haciéndole trastabillar.
—¿Es tu última palabra? —inquirió alejándose de ella
—Sí.
—Bien —aceptó por fin volviendo a cubrirse con la coraza que había vestido los últimos años y que sólo un mes atrás había dejado caer —Dime cuándo piensas irte para que te liquide lo que te deba —sentenció con dureza abandonando el establo.
Sé que ahora mismo odiáis a Bella, pero intentaros poneros en su lugar y llegar a comprender lo rota que realmente está y la magnitud de su daño.
Agradezco a todos por los reviews, alertas y favoritos y por leer.
Dejo un pequeño adelanto del próximo capítulo:
—¿Estás seguro que esa es la razón, Edward?
—Es lo que ella me ha dicho.
—No es posible. ¿Habéis discutido? ¿Habéis tenido algún problema?
—No. En absoluto. Un día le dije que la amaba, que quería casarme con ella y formar una familia con ella, y al día siguiente me dijo que se iba.
—No puede ser…
—He pensado que tal vez se sintiera agobiada. Tal vez ver cuan profundo es mi sentimiento por ella, le haya hecho ver que no siente lo mismo por mí. ¡Qué sé yo! No sé, Rache, pero no puedo seguir dando vueltas. Cada día me despierto sin haber podido dormir más que un par de horas. No puedo dejar de pensar lo que podíamos haber tenido y no ha sido. —explicó con los ojos brillantes —Me siento exhausto.
En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.
Y en mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.
Besitos y nos leemos!
Calendario de Actualizaciones:
Lunes - RANCHO MASEN, Miércoles - DETRÁS DEL OBJETIVO, Viernes - PERVERSAMENTE PROHIBIDO.
AVISO IMPORTANTE: Como ya comentara en el capítulo anterior, la próxima semana me tomaré unas vacaciones por un par de semanas. Por esta razón, en ese período no actualizaré mis fics. Volvemos con este fic el 28 de abril. Espero y agradezco vuestra comprensión.
