DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

RANCHO MASEN

CAPITULO 33

La vida en el rancho volvió a cambiar una vez más.

El buen humor de Edward y el ambiente agradable y divertido se evaporó.

En esos días Edward puso un anuncio y entrevistó dos entrenadores a los que odió nada más verlos.

Había pasado una semana cuando se encontró con Rachel una mañana que hacía recados por el pueblo.

—Edward, querido —le saludó ella cuando él pasaba a su lado completamente absorto.

—Hola, Rachel. No te había visto —se disculpó

—Sí, ya lo he visto —rió la mujer burlona —Cabeza de enamorado.

—No creo que sea eso —murmuró con tristeza.

—¿Estás bien, Edward? —inquirió preocupada.

Edward suspiró con resignación antes de hablar.

—Bella se va —explicó escueto

—¿Qué quieres decir?

—Se va. Me deja. Ha conseguido un trabajo en Oklahoma. Dice que es una gran oportunidad laboral para ella y no se la quiere perder.

—¿De qué coño estás hablando?

—Lo que oyes.

—No es posible. ¿Cómo va a irse? Estaba feliz con vuestra relación. No creo que pueda irse así como así.

—Yo también lo creía pero parece que ese trabajo es más importante para ella que la relación que había entre nosotros.

—No lo creo —negó la mujer —¿Estás seguro que esa es la razón, Edward?

—Es lo que ella me ha dicho.

—No es posible. ¿Habéis discutido? ¿Habéis tenido algún problema?

—No. En absoluto. Un día le dije que la amaba, que quería casarme con ella y formar una familia con ella, y al día siguiente me dijo que se iba.

—No puede ser…

—He pensado que tal vez se sintiera agobiada. Tal vez ver cuan profundo es mi sentimiento por ella, le haya hecho ver que no siente lo mismo por mí. ¡Qué sé yo! No sé, Rache, pero no puedo seguir dando vueltas. Cada día me despierto sin haber podido dormir más que un par de horas. No puedo dejar de pensar lo que podíamos haber tenido y no ha sido. —explicó con los ojos brillantes —Me siento exhausto.

—Dios mío, Edward, lo siento mucho, cariño. No puedo entender lo que me dices.

—Ni yo, pero no puedo seguir dando vueltas a todo esto. Siento, no que me haya roto el corazón, sino que me lo ha arrancado de cuajo y ha dejado las arterias sangrantes.

—Dios, Edward. ¿Has hablado con ella?

—Cada día. Pero sólo repite que es una gran oportunidad y que no se la quiere perder.

—Hablaré con ella.

—No lo hagas, Rachel. Ya no tiene sentido.

—No puede hacer esto.

—Es igual, Rachel. Sobreviviré —dijo con una mueca que intentaba simular una sonrisa.

Cuando Edward se dirigió al banco, Rachel subió a su coche y condujo hasta el rancho sin pensarlo dos veces.

Sue le dijo que Bella estaba en el establo y allí la encontró sentada en una de las caballerizas junto a Athenodora.

—Bella —la llamó con tono irritado.

—Rache, hola —saludó saliendo a su encuentro.

Rachel la miró con dureza, pero se aplacó al ver el semblante acongojado de la chica.

—¿Qué sucede, Bella? —indagó Rachel con preocupación cuando llegó hasta ella —Edward me ha dicho que vas a marcharte.

El rostro de Bella era triste.

—Sí, me voy.

—Pero, ¿cómo? ¿por qué? Creía que estabais con Edward, bien, juntos, felices.

—Lo mío con Edward no puede ser. Lo mejor para los dos es que me vaya. —explicó con los ojos brillantes

—No entiendo. ¿Por qué? Edward te ama, tú le amas...

—A veces eso no es suficiente.

—¿Ah, no? ¿Y qué más se necesita?

—No importa, Rachel. Tengo que irme. Lo mío con Edward se acabó.

—No, no, no —la detuvo la mujer —Sabes que te quiero mucho, Bella, pero también a Edward, y le he visto sufriendo muchos años por lo que la zorra de Jessica le hizo, así que no voy a permitir que tú también lo lastimes ahora.

—No quiero lastimarle, —aseguró —pero lo nuestro no puede ser.

—No entiendo por qué no. No es por Jacob, ¿verdad?

—No, no lo es. —aseguró con pena.

—Espero que no sigas con esa idea de que no te mereces ser feliz o que no te mereces enamorarte.

—Dios, Rachel, esto no tiene nada que ver con eso.

—Entonces, ¿qué es, Bella? ¿Por qué no te permites ser feliz? ¿y por qué no le permites a Edward que lo sea?

—Nunca podría hacerle feliz —aseguró y las lágrimas rodaron por sus mejillas —Le amo demasiado como para quitarle la posibilidad de ser feliz.

—¿De qué estás hablando? ¿Le has visto? ¿Has visto a Edward? ¿Has visto cómo está? Está destrozado porque tú vas a dejarle. Te ama, Bella. Te ama. Después de tanto tiempo por fin se ha atrevido a amar. ¿Cómo crees que no le harías feliz? Eres todo lo que él necesita para ser feliz.

—No lo soy —gimió —No lo soy aunque ahora lo crea.

—¿De qué estás hablando?

—Edward me lo dijo. Su mayor anhelo es casarse y tener hijos. Formar su propia familia, y tener muchos niños correteando por el rancho.

—Sí, y quiere hacerlo contigo. Eso es lo que quiere.

—Yo no puedo, Rachel. ¿No lo entiendes? No puedo darle lo que él más desea.

—¿De qué coño hablas? ¿Por qué no puedes formar tu familia con él si está claro que no deseas a nadie más que a él?

El llanto de Bella se intensificó cuando escondió su rostro entre sus manos trémulas.

—No puedo tener hijos —explicó finalmente cuando su llanto se ralentizó.

No levantó la vista para mirar a su amiga pero pudo escucharla contener la respiración.

—No puedo tener hijos —repitió levantando la mirada para fijarla en el rostro de la mujer.

—¿Estás segura? —murmuró Rachel

—Sí, lo estoy.

—Pero estuviste embarazada de Jacob...

—Sí, pero cuando tuve el accidente y perdí al bebé... —sollozó y Rachel se acercó para rodearla con sus brazos —tuvieron que extirparme parte del útero y ovarios. Los médicos lo dijeron, que no podría tener hijos.

—¡Dios! —gimió Rachel —¿Estás segura?

—Sí, completamente.

—Dios, Bella, es horrible.

—Lo sé.

—Pero ¿fue necesario que te realizaran esa intervención?

—Supongo que sí. Qué sé yo —suspiró —Estaba en coma. Había habido complicaciones con el aborto... tuve una infección que complicó todo... qué sé yo, Rachel. Sólo sé que cuando desperté dos semanas después, había perdido a mi prometido, a nuestro hijo, y toda posibilidad de ser madre.

—Dios mío, Bella —buscó consolarla estrechándola en su abrazo —Pero ¿cómo es que yo no lo supe? ¿Por qué no me lo dijeron?

—Era confidencial. No podían explicárselo a nadie más que a mí. Tú no eras mi familia. Jacob figuraba como mi único familiar y estaba muerto —sollozó

—Pero estabas sola…

—Tú no eras familiar mío.

—Dios, Bella, lo siento tanto, cielo. ¿Por qué nunca lo dijiste?

—¿Qué sentido tendría?

—Somos tu familia, Bella. Aunque no lo seamos en los papeles, somos tu familia. Hubiéramos estado contigo, te hubiéramos acompañado para ayudarte a sobrellevarlo.

—Llevo tres años queriendo olvidarlo.

—Dios, Bella. Te mereces ser feliz, cielo. Tienes que hablar con Edward...

—No —sentenció con rotundidad.

—¿Por qué no? Tiene derecho a saberlo, tiene derecho a saber porqué le rechazas. Él te ayudará a superarlo.

—No puedo hacerlo, Rachel. Se sentiría obligado a quedarse conmigo para no herirme y tendría que resignar su único deseo.

—No estoy de acuerdo. Edward está enamorado de ti, Bella. Su único deseo es que tú seas parte de su familia, de esa que desea formar contigo.

—No podrá tener una familia conmigo.

—Tú serás su familia.

—¡Quiere hijos! —gritó —¿No lo entiendes? Edward quiere hijos y yo no puedo dárselos. No puedo hacerle eso.

—Tienes que hablar con él —repitió Rachel.

—No puedo hacerlo. No tiene sentido, Rache. Yo me iré y Edward conocerá a alguien que le pueda dar lo que desea.

—¡Oh, por favor, Bella! ¿Aún no le has conocido? Si te marchas, volverá a encerrarse y nunca conocerá a nadie. Tiene treinta y seis, estaba convencido de que no podía confiar en las mujeres y que nunca estaría con ninguna mujer.

—Pero estuvo conmigo.

—Sí, y tú vas a traicionarle. Habla con él, Bella. Le debes eso al menos. No debiste empezar una relación con él si sabías que tenía fecha de caducidad.

—No sabía que la tendría.

—Pero siempre supiste que en algún momento él querría tener hijos y tú no se los podrías dar.

—No creí que quisiera tener hijos. Creí que no los deseaba.

—¿Y por qué no los querría?

—¡Qué sé yo, Rache! Estuvo casado durante seis años. Sus hermanos tuvieron hijos antes de que se cumpliera un año de sus bodas. El hecho de que Edward hubiese estado casado por seis años sin tenerlos me llevó a pensar que tal vez no quisiera ser padre. Además él mismo me lo dijo, que nunca había deseado tener hijos.

—Si no tuvo hijos con Jessica fue porque ella no deseaba cortar su carrera, o al menos no en ese momento. No deseaba tener hijos con Jessica porque siempre ha sido una maldita zorra.

—No lo sabía —reconoció —Ahora ya lo sé.

—Y vas a dejarle...

—Tengo que hacerlo, Rachel.

—De acuerdo, haz lo que te parezca, Bella, pero si tú no le dices las verdaderas razones para dejarle, entonces se las diré yo.

—No puedes hacerlo. —discutió —No tienes derecho.

—Pero lo haré igual y me importa un pimiento si tengo o no derecho —sentenció la mujer levantándose de su lugar, para marcharse y dejarla sola con sus pensamientos.


Aquí vuelvo, después de unas muy cortas vacaciones, con este nuevo capítulo del ranchero, que espero no les enoje mucho con Bella.

Agradezco a todos por los reviews, alertas y favoritos y por leer.

Y gracias también por esperarme.

Dejo un pequeño adelanto del próximo capítulo:

—Hola, Edward. Harry me dijo que estarías aquí.

—Aquí estoy, ¿qué quieres?

—Tenemos que hablar.

—¿Has cambiado de opinión respecto a marcharte?

—No —suspiró sentándose en el suelo junto a él.

—No tenemos nada de qué hablar, entonces.

—Necesito que hablemos, Edward.

—Pues yo no lo necesito, así que ya puedes marcharte.

En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.

Y en mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.

Besitos y nos leemos!

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