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Cuando Sam llegó a la pizzería en la que había quedado para comer con Freddie y vio que él no estaba tuvo un pequeño ataque de pánico. Esperó unos minutos y al ver que no aparecía empezó a preocuparse. Iba ya a llamarlo cuando un Freddie furioso entró por la puerta.
-Siento llegar tarde, es que con esto -levantó el cabestrillo- no puedo hacer nada. No he podido afeitarme, he tardado media hora en abrocharme la camisa y la cafetera se ha negado a colaborar. En clase no sé cómo sentarme y el dolor del hombro me está matando.
Sin decir ni una palabra, Sam se acercó a él, lo abrazó y le dio el beso con el que se había pasado soñando toda la noche. Lo besó hasta que sintió que él empezaba a relajarse y a devolverle el beso con esa ternura que sólo sentía entre sus brazos.
-Hola -dijo ella al apartarse.
-Hola -susurró él.
-¿Estás mejor? –preguntó Sam con una sonrisa.
Freddie tardó unos segundos en responder.
-Sí, la verdad es que sí. Gracias.
-¿Qué quieres comer? -dijo ella cambiando así de tema-. No quiero meterte prisa pero tengo que estar en la escuela a las tres.
-Pizza, pero me temo que tendrás que cortármela en pedazos. Odio estar así.
-Tranquilo Garfio, yo me encargo. Cuando te recuperes si quieres podemos ir a cazar o a hacer algo muy masculino para que vea que eres todo un hombre.
-Soy todo un hombre. -Le guiñó un ojo y él se sorprendió mucho más que ella. ¿Cuánto hacía que no flirteaba?-. Pero si lo dices en serio, cuando me quiten esto podríamos ir a esquiar.
-¿A esquiar? Ni loca, si quieres tú esquías y yo te espero en la cafetería. Yo sólo paso frío por obligación, y con lo torpe que soy seguro que me pasaría más rato tirada en medio de la nieve que no encima de los esquís.
-Está bien, no iremos a esquiar. Después de lo que estás haciendo por mí.-Movió la cara hacia la pizza que en esos instantes le traía el camarero—. Haremos lo que tú quieras.
-¿Lo que yo quiera? Y si quiero ir al cine a ver una película muy, muy, muy romántica o… ¡ya sé!, quiero que me acompañes a la fiesta de disfraces que se va a celebrar en el colegio dentro de dos semanas.
-¿Fiesta de disfraces? No me gusta disfrazarme.
-Qué raro, pero como estás en deuda conmigo tendrás que hacerlo de todos modos, ¿no te parece?
-Lo que me parece es que he cometido un grave error al darte carta blanca.-Le sonrió-. Gracias por cortarme la pizza.
-De nada.
El almuerzo pasó en un abrir y cerrar de ojos y cuando Sam se levantó para irse, Freddie no lo pensó dos veces:
-¿Por qué no vienes luego a mi piso? -Como aún no había conciliado la idea de que empezaba a enamorarse, añadió-: Así me cuentas lo de la obra de teatro y me ayudas a preparar la cena. Yo solo soy capaz de causar un incendio.
-Está bien, pero llegaré tarde.
-Tranquila, yo estaré estudiando.
Se levantaron y salieron del restaurante. Fuera, ella lo ayudó a abrigarse y él aprovechó la cercanía para agacharse y darle otro beso. Se apartaron con las respiraciones entrecortadas y ella fue corriendo a buscar el autobús para no llegar tarde.
Faltaban diez minutos para las nueve de la noche cuando Sam llegó al piso de Freddie. Él tardó unos segundos en abrir la puerta y por la cara que puso, ella supo que estaba enfadado.
-¿Qué pasa? -preguntó al entrar.
-Quería ducharme -soltó él furioso-, pero he sido incapaz de ponerme la funda de protección del yeso. Dios, sólo llevo así dos días y ya he estado tentado de arrancarme todo esto en más de una ocasión.
-Vamos, yo te ayudo. ¿Dónde está la funda?
-Creo que la última vez que he visto ese objeto de tortura estaba en el baño.
En el baño había una toalla en el suelo, una caja de cartón rota que antes debía contener la funda del yeso, un bote de champú en el suelo, y la funda en cuestión colgaba de la cortina de la ducha.
-Veo que te has enfadado de verdad -se burló ella al ver tal éntate aquí. -Le señaló el baño.
Freddie, que seguía echando humo por las orejas, se sentó. Sam cogió la funda, colocó bien la toalla y el champú y se acercó a él. Volvió a colocarse entre los muslos de Freddie, gesto que había repetido unas cuantas veces y durante los últimos días y que le había hecho llegar a la conclusión de que era su lugar preferido del mundo. El movió la cara para acariciarle la mano con la mejilla. Sam ni trató de controlar la ternura que sintió y se agachó para darle un beso. Iba a ser un beso cariñoso, no sensual, pero algo pareció encenderse dentro de Freddie y cerró los muslos para apresarla entre ellos. La besó con una pasión que hasta entonces sólo había insinuado, como si esa pasión fuera una bestia enjaulada dentro de él que pocas veces sacaba a la luz. Levantó la mano que no tenía escayolada y la deslizó por debajo del jersey de Sam para poder tocarle la piel. Iba a desnudarla, tenía que sentirla más cerca, pero con una sola mano ni siquiera podía hacer eso. Furioso consigo mismo interrumpió el beso. Ella tardó unos segundos en abrir los ojos y cuando lo hizo vio lo tenso que él estaba. Le acarició el pelo con suavidad y sin decir nada empezó a quitarle la camiseta, pero esta vez sin ocultar que al mismo tiempo le estaba acariciando. Le recorrió el torso con los dedos, se detuvo unos segundos en el abdomen y despacio levantó la tela hasta desnudarlo.
-Freddie –susurró-, yo… No sé muy bien qué estoy haciendo.
-Yo tampoco -dijo él levantando la vista-. ¿Por qué no me ayudas a ponerme esto y me ducho? Luego, si quieres, hablamos.
Sam le colocó la funda sobre el yeso y salió del baño. Si le ayudaba a quitarse los pantalones hablar sería lo último que harían.
Se que hay muchas escenas en que Sam no se parece en nada a Sam, pero asi es el personaje real, y si tuviera que cambiar un poco su personalidad deberia reescribir toda la historia, sepan comprenderlo t.t jaja
