DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

RANCHO MASEN

CAPITULO 34

Bella se encerró en su habitación y evitó reunirse con los demás a la hora de la comida.

Últimamente sentía que todos los empleados del rancho la observaban con resentimiento, y ese día no sentía fuerzas para enfrentarles.

No podía dejar de darle vueltas a las palabras de Rachel.

Finalmente reconoció que no podía dejar a Edward pensando que él no era suficientemente bueno como para tener el amor de una mujer.

Su autoestima había sido prácticamente destruida por culpa de Jessica. Si ella no era sincera, le estaría dando el golpe final.

Sacó fuerzas de su interior y abandonó su habitación.

—Hola, Harry —saludó Bella al capataz cuando se lo encontró limpiando el abrevadero.

—Hola, Bella, ¿cómo estás?

—Bien, ¿qué tal todo por aquí?

—No muy bien. Edward ha entrevistado a otro entrenador hoy y resultó un desastre.

—Tal vez debería darle una oportunidad a alguno de ellos. Quizás sean buenos —comentó con tristeza.

—No lo sé. Tal vez a ti no te importe pero Edward realmente ama a sus caballos.

—¿Y crees que yo no?

Harry la miró en silencio y se encogió de hombros sin contestarle.

—¿Dónde está Edward? —preguntó ignorando el dolor que le produjo la actitud del hombre que tanto había aprendido a apreciar.

—Ha salido a cabalgar.

—¿Dónde ha ido?

—No lo sé. Supongo que al claro junto al río. Siempre va allí cuando tiene cosas que pensar.

—Bien. Le buscaré —dijo acercándose a Athenodora para ensillarla.

—Mira, Bella, no sé qué es lo que ha pasado entre vosotros dos, pero lo que sea les está lastimando a ambos, y nada bueno saldrá de todo esto.

—Lo sé, Harry —comentó con tristeza —Sólo debes saber que nunca heriría a Edward intencionadamente.

—Espero que no. De todos modos, Edward no está pasándolo bien.

—Lo sé —reconoció una vez más antes de montar la yegua y guiarla fuera del establo.

Metis, pastaba con sus riendas apenas ligadas a una rama baja del olmo que daba sombra al claro.

Bella desmontó y ató a Athenodora junto al caballo, después de quitarle la montura.

Si Edward le pedía que se marchara, tardaría un poco al tener que preparar su yegua, pero confiaba en poder hablar con él.

Lo vio allí, recostado contra una enorme roca junto al río.

Tenía una pierna flexionada y apoyaba sobre ella el brazo. Su otra mano retorcía una brizna de hierba que de tanto en tanto se llevaba a los labios pensativos.

Su sombrero lo tenía sobre el rostro y le cubría hasta la nariz.

La camisa con los primeros botones desabrochados revelaba un trozo de su bronceada piel cubierta por el suave vello cobrizo en el que Bella había enredado sus dedos repetidamente.

Era el hombre más atractivo y varonil que había conocido, y le amaba como nunca podría amar a nadie jamás.

Se acercó a él lentamente.

Un pequeño crujir llamó la atención de Edward que con un dedo levantó su sombrero para ver a la mujer que llenaba sus pensamientos en los últimos días, atormentándolo.

—¿Qué quieres? —indagó con rudeza volviendo a bajar su sombrero.

—Hola, Edward. Harry me dijo que estarías aquí.

—Aquí estoy, ¿qué quieres?

—Tenemos que hablar.

—¿Has cambiado de opinión respecto a marcharte?

—No —suspiró sentándose en el suelo junto a él.

—No tenemos nada de qué hablar, entonces.

—Necesito que hablemos, Edward.

—Pues yo no lo necesito, así que ya puedes marcharte.

—No puedo. —gimió con dolor —Necesito hablar contigo, tengo que explicarte por qué no puedo quedarme.

Edward levantó su sombrero para mirarla con atención antes de hablar.

—¿No has dicho suficiente? —inquirió viéndola retorcer su propio sombrero en su regazo —Porque para mí ha sido suficiente.

—No, no lo ha sido. Ahora piensas que no soy más que una zorra, crees que no me importa que sufras, pero te equivocas.

—No sé qué pretendes, Bella, pero no voy a suplicar que te quedes. Has dicho lo que querías decir. Lo has dicho y lo he entendido. No sirve de nada que me lamente por haber creído que teníamos algo diferente.

—Yo debo irme, Edward, pero eso no significa que tú no debas luchar por tus sueños. Quieres tener una familia, una mujer, hijos. Alguien a quien dejar tu legado. Tienes que pelear por eso, Edward, porque te lo mereces. Eres un gran hombre y te mereces lograr todo lo que deseas.

—Parece que no es así ya que lo único que deseaba eras tú y no parece que me lo merezca, en tu opinión.

—Tal vez no, pero porque te mereces más, mucho más. Te mereces más de lo que yo puedo ofrecerte.

—No sé de qué coño hablas, Bella. Sé que todavía amas a Jacob, pero sé que puedo hacerte feliz, si sólo me dieras la oportunidad.

—No tiene que ver con Jacob. Amé a Jake y tal vez nunca deje de amarlo, en cierta forma. Fue mi primer hombre, mi primer amor. Fue el único hasta que apareciste tú.

—Pero parece que no fui suficiente. —reconoció con un quejido lastimero

—Dios, Edward —gimió restregándose el rostro con sus manos —Claro que eres suficiente. Eres más de lo que nunca hubiese soñado vivir. Es verdad que sigo sintiendo amor por Jacob, pero no tiene comparación con lo que siento por ti. Tú me devolviste las ganas de vivir. Tú me enseñaste a volver a amar. Y este tiempo contigo me ha ayudado para dejar ir a Jacob. Porque te amo, Edward. Nunca olvidaré a Jacob ni dejaré de quererle, pero a ti te amo, y no sé si podré volver a amar a alguien de esta forma.

—Pero aún así vas a dejarme —agregó sintiéndose furioso y a la vez confundido.

—Tengo que hacerlo.

—¿Por qué? —gruñó molesto

—Porque no puedo hacerte feliz —sollozó levantando el rostro para mirarle mientras sus oscuros ojos se veían desbordados por las lágrimas.

—¿Por qué no? —gruñó —¿No entiendes acaso que tú eres quien me puede hacer feliz? Sólo tú, Bella. Te amo y no necesito nada más que a ti para ser feliz.

—No es así, Edward, y lo sabes. Tal vez ahora te conformarías conmigo pero luego querrías más.

—¿Me conformaría contigo? ¿De qué hablas? Te amo y te quiero a ti, aquí, conmigo. Quiero todo contigo, Bella. Quiero vivir el resto de mi vida contigo. Quiero una familia y la quiero contigo —explicó a voz en grito.

—No puedo dártelo —sollozó ella hundiendo el rostro entre sus manos.

El frágil cuerpo femenino se estremecía entre sollozos, golpeando a Edward en lo más profundo de su alma.

Esa mujer a la que tanto amaba, estaba sufriendo y él no sabía qué hacer para ayudarla.

Sintiéndose torpe, asió su brazo y la atrajo hacia su pecho rodeándola con sus brazos fuertes y protectores.

Bella hundió el rostro en el pecho masculino, mientras sus manos se aferraban con fuerza a la camisa de él.

—Shh, tranquila, ángel. Tranquila —susurraba pasando repetidamente sus manos sobre la espalda de ella.

—No puedo darte la familia que tanto deseas —explicó sorbiendo por la nariz.

—Shh, está bien, cariño. Calma.

—No, no está bien, Edward. No está bien porque no hay nada que desee más que casarme contigo y darte la familia que tanto ansías. —confesó

Edward suspiró cada vez más confuso.

—¿Entonces, Bella? —preguntó separándola de él para poner los dedos bajo su mentón y forzarla a mirarle a la cara —Entonces, Bella ¿por qué vas a dejarme?

Bella sorbió derrotada antes de hablar bajando la vista.

—No puedo darte hijos —confesó por fin.

Ante el silencio del hombre le miró y en su rostro sólo vio confusión.

—No puedo tener hijos —explicó

—¿Eres estéril? —indagó Edward con curiosidad pero sin que Bella viera la aprensión que estaba segura le atormentaba.

—Sí. No podría darte hijos.

—Oh, vaya, Bella. Lo siento. —se lamentó —¿Es por eso que me dejas?

—Sí. No quiero y no puedo obligarte a estar conmigo. Tal vez ahora no te importe, pero sé que con el tiempo, tu deseo se convertiría en frustración y acabarías odiándome.

—¿De verdad es lo que piensas?

—Sí. Y no vas a convencerme de que no es así. Tú me lo dijiste. Sé que deseas una familia y no puedo prohibirte que la tengas.

—Quiero una familia, Bella. Es la verdad y no voy a negarlo. Pero quiero que tú seas parte de esa familia. Quiero una familia pero quiero formarla contigo.

—Pero yo no puedo dártela —se quejó —¿Es que no me escuchas?

—Claro que te escucho, cielo, claro que sí. Sólo dime, Bella, ¿querrías tener una familia conmigo? ¿hijos conmigo?

—Nada me gustaría más, pero no me gusta desear cosas que no puedo tener.

—Si pudieras tenerla ¿la tendrías conmigo?

—Diablos, Edward, desde luego que sí. Te amo, ¿es que aún no te enteras?

—La verdad es que lo he dudado mucho desde que me has dicho que me dejarías.

—No puedo hacerlo, Edward. No me imagino que tú no puedas tener lo que desees por mi culpa.

—Tú eres lo que deseo —le regañó sonriendo y sintiéndose repentinamente satisfecho.

—Sabes a lo que me refiero.

—¿A qué? ¿A los hijos?

—Sí.

—Dios, Bella, no voy a negarte que me gustaría tener hijos, pero creo que podemos tenerlos de cualquier forma. Podemos adoptar. Podemos hacerlo si tú estás de acuerdo —explicó —De hecho lo haremos, adoptaremos.

—¿Quieres adoptar? —inquirió sorprendida

—Quiero tener hijos contigo. Quiero que mis hijos te llamen mamá a ti. Me da igual si crecen en tu vientre o no. Les amaremos como si nosotros mismos les hubiésemos engendrado.

—¿De verdad lo dices?

—Dios, cariño, claro que sí. Si tú estás dispuesta, yo estaré encantado.

—¿No te importará que no sean de tu sangre?

—¡Dios, por supuesto que no! —aseguró —¿Nunca te dije que Alice es adoptada?

—¿Qué?

—Ya lo ves. Nunca te lo dije porque nunca lo recuerdo. Nunca pienso que sea menos hermana mía de lo que Emmett lo es.

—No te creo.

—Dios, Bella, no te mentiría con algo así.

—Lo harías para cumplir tu propósito.

—Vaya, qué mala fama tengo. No te engañaría con algo que puedes verificar preguntándoselo a Alice o a Emmett. Todo el mundo lo sabe, pero nadie nunca la ha considerado menos Cullen por eso.

—¿De verdad? ¿Y cómo es que es adoptada?

—Su madre fue una chica que llegó al rancho desde Mississippi. Tenía quince años y su familia la echó en cuánto quedó embarazada. Su novio también se desentendió. Mis padres la acogieron y le prometieron ayudarla a criar al bebé. Cynthia tuvo pre-eclampsia y murió dos días después de nacer Alice. Mis padres decidieron adoptar a la niña, y siempre ha sido nuestra hermanita pequeña. Pero no es un secreto para nadie.

Bella se quedó pensativa a la vez que sorprendida.

Edward la estrechó y levantó su rostro hacia él.

—No dejaré que te marches —sentenció antes de bajar sus labios y atacar su boca para besarla con pasión febril.

Bella quiso discutir pero él no se lo permitió.

Suavemente la recostó sobre el césped y se recostó sobre ella,

—Te amo, Bella —dijo solemne desabotonando la camisa de la joven.

El algodón de su sujetador cubría sus pechos, pero no lograba ocultar la repentina rigidez de sus pezones rosados.

Bajó los labios por el pecho de la chica hasta alcanzar un pezón y mordisquearlo a través de la tela que lo cubría.

Bella gimió excitada cuando los dedos de Edward desabotonaron su pantalón con premura, sin dejar de mordisquear su pezón.

Casi con violencia de tanto ímpetu, le quitó los pantalones, las botas y las braguitas.

Volvió sus labios a los de ella y la besó como si se le fuera la vida en ello.

Rápidamente se desabrochó sus pantalones y bajándolos junto a sus calzoncillos, liberó su erección.

La penetró de una estocada arrancando jadeos ansiosos de la chica.

La embistió con prisas, y apretó su clítoris con fuerza cuando la sintió ciñéndole con fuerza.

La llevó a un orgasmo agotador, y se volcó en su interior sin piedad.

—Te amo, Bella —susurró exhausto.

—Te amo, Edward —reconoció a su vez estrechándolo contra ella mientras las lágrimas volvían a empañar su mirada.


Agradezco a todos por los reviews, alertas y favoritos y por leer.

Dejo un adelanto del próximo capítulo:

—El embarazo era la principal razón por la que Jacob nunca me dejaba conducir el remolque si él no me acompañaba. Era muy aprensivo y estaba todo el tiempo preocupándose por mí y por el bebé.

—Es entendible. Te amaba y eras su vida. Tú y vuestro hijo.

—Sí. —aceptó —Dios, Edward —se lamentó levantando su rostro para mirar fijamente el de él —No hay nada que desee más que ser capaz de darte un hijo —sollozó.

—Shh —la tranquilizó acariciando su cuerpo —Shh, nena, calma. Soy completamente sincero, Bella, cuando te digo que es a ti a quien necesito junto a mí. Todo lo demás lo haremos juntos.

—Pero tú podrías tener tus propios hijos con alguien más.

—Bella, ¿me dejarías tú si la situación fuese la inversa? Si yo no pudiese darte hijos ¿me dejarías para irte con alguien más?

En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.

Y en mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.

Besitos y nos leemos!

Calendario de Actualizaciones:

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