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Freddie se duchó sin poder quitarse de la cabeza ese último beso. Antes de la muerte de su madre había salido con unas cuantas chicas, no demasiadas, porque por aquel entonces prefería salir con los amigos de fiesta. Desde el accidente, sólo había tenido un par de citas y habían sido completamente absurdas e insignificantes. Él tenía claro su objetivo; graduarse entre los mejores de su promoción y regresar a Seattle a trabajar. Se haría un nombre y luego quizá iría a ayudar a su abuelo con la empresa farmacéutica. No tenía tiempo, ni valor, para qué negarlo, para establecer una relación con Sam. Pero cuando la tenía cerca el corazón le latía de un modo distinto, sentía un cosquilleo en los dedos de las ganas que tenía de tocarla y se moría por contarle todo lo que le pasaba por la cabeza. Con un chorro de agua fría, llegó a la conclusión de que todo eso debía de ser culpa de la clavícula rota y decidió que lo mejor sería regresar a la normalidad. Se secó y se vistió como pudo, los calzoncillos y el pantalón no fueron problema, y la camiseta consiguió ponérsela después de varios intentos. Al salir, vio que Sam lo estaba esperando en la cocina, frente a un par de sándwiches que había preparado mientras él se duchaba.
-Espero que te guste el queso -dijo ella al verlo entrar.
-Me gusta. ¿Te parece bien que nos sentemos en el sofá? -preguntó él.
-Claro, al fin y al cabo es tu casa.
Sam puso los platos, un par de vasos y una botella de agua en una bandeja y la llevó hasta la mesa que había frente al sofá.
-¿Cómo han ido los ensayos? -preguntó Freddie antes de dar el primer mordisco.
-Muy bien. Los niños de mi clase tienen cinco años, y son todos muy divertidos.
-¿De qué va la obra?
-Del día perfecto. 0Ella comió un poco antes de continuar-. Al igual que en la película, el protagonista de la obra, un niño muy travieso, repite el mismo día una y otra vez hasta que todo le sale bien.
-¿Y cómo es el día perfecto? -A pesar del discurso de la ducha, Freddie no pudo evitar inclinarse hacia ella y acariciarle el pelo.
-¿El día perfecto? No sé, depende -respondió ella a media voz-. El mío de hoy no está nada mal. -Freddie le besó la parte interior de la oreja y ella se estremeció.
-¿No? -Le mordió el cuello con delicadeza.
-No. -Echó la cabeza hacia atrás para que él tuviera mejor acceso-. Me he levantado. -Él le besó una mejilla-. He ido a clase. -La otra-. He comido contigo –suspiró-… si haces eso no puedo hablar.
Él sonrió.
-Vaya -dijo, y entonces la besó en los labios con una pasión que ni él mismo sabía que tenía.
Sam le devolvió el beso pero segundos más tarde se apartó.
-¿No querías hablar? -le preguntó tras recuperar un poco la calma.
-Sí, no sé qué me pasa, pero cuando te tengo cerca… -Se levantó y en un gesto reflejo se acercó a una de las estanterías en las que había una foto de sus padres. Se quedó en silencio unos instantes.
-¿Son tus padres? -preguntó Sam desde el sofá.
-Sí -respondió él de espaldas.
-Te pareces mucho a él. ¿Los ves a menudo?
-Están muertos. -Apretó el marco con fuerza-. Mi padre murió hace mucho tiempo, cuando era chico. Mi madre murió hace unos cuantos años en un accidente de coche cuando venía a verme -dijo la frase de carrerilla, convencido de que era la única manera de hacerlo.
-Lo siento. -Ella se levantó y se acercó a él, pero no se atrevió a tocarlo, pues por lo tensos que tenía los hombros Freddie no quería que lo hiciera-. Debió de ser muy duro.
-Ya está. -Colocó bien la foto y dio por zanjado el tema-. Me duele la cabeza –mintió-. ¿Te importaría que lo dejáramos para otro día?
-No, pero si quieres que me vaya no hace falta que te inventes nada. –Se levantó y fue a buscar sus cosas
.Él tardó unos segundos en reaccionar pero cuando lo hizo se apresuró a detenerla.
-Tienes razón, lo siento. -La sujetó por un brazo-. Es que no sé si esto que siento es de verdad, o es porque estoy solo y triste por culpa de esta mierda de la clavícula.
Ella lo miró a los ojos, sorprendida ante tal sinceridad y agradecida de que Freddie no tuviera miedo de abrirle un poquito el corazón.
-¿Y qué es lo que sientes? -le preguntó entrelazando sus dedos con los de él.
Freddie respiró hondo y respondió.
-No lo sé, tengo ganas de besarte, de cuidarte, de contarte cosas que nunca le he dicho a nadie, pero… -Ella le colocó un dedo en los labios y lo detuvo.
-No hace falta que sepas ahora todas las respuestas, Freddie —le dijo, y se puso de puntillas para darle un beso.
Ese beso, a diferencia de los anteriores, no paró allí sino que fue avanzando hasta que ninguno de los supo dónde empezaba uno y terminaba el otro. Sus lenguas se buscaban con pasión, las manos de Sam le recorrieron el torso y él utilizó la única que tenía para acariciarle las nalgas. Freddie dio unos pasos, empujando sutilmente a Sam hacia el sofá, y cuando alcanzó su destino dejó de besarla durante unos segundos para poder mirarla. Se perdió en la mirada de Sam y levantó la mano para acariciarle el rostro. Despacio, la deslizó hacia abajo y le acarició los pechos por encima del jersey. Inclinó la cabeza para besarla de nuevo y cuando ella se sentó a horcajadas encima de su regazo se quedó sin aliento. En ese gesto que ahora le era tan familiar, Sam le quitó la camiseta. Sin decir nada, ella empezó a recorrerle el torso a besos, recreándose en el cuello de tal modo que pensó que iba a enloquecer.
jaja lo corte ahí. el próximo capitulo va a ser un poco subido de tono, pero expresado de manera no vulgar.
Nunca lo aclare, porque en el relato no lo dice, pero mas o menos Sam y Freddie tienen 21-22 años, porque están por terminar la universidad. Así que son jóvenes acalorados (?) jajaja.
Saludos!
