DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
RANCHO MASEN
CAPITULO 35
Bella se recostaba sobre el pecho de Edward, con su camisa abierta cubriendo sus glúteos desnudos.
Las manos de Edward la recorrían cubriéndola de caricias, mientras sus labios dejaban cariñosos besos sobre su frente, su cabeza y su pelo.
—No puedo creer que realmente fueras a dejarme —murmuró estrechándola contra él.
—Dios, Edward —gimió Bella —No puedo siquiera imaginar no poder darte lo que deseas.
—Tú eres lo que deseo, Bella.
—Pero no podré darte hijos.
—Shh, no lo digas más. Todo tendrá solución si tú estás conmigo, ángel.
Bella se apretó contra él rezando para que tuviera la razón.
—¿Puedo preguntarte cuál es la razón por la que eres estéril, si es que la sabes? Supongo que te harías estudios para saberlo con tanta certeza —preguntó con cautela.
—Me extirparon parte del útero y ovarios.
—¿Y eso por qué?
Bella inspiró profundamente antes de hablar. Edward entendió su repentino silencio y no la forzó.
Finalmente ella habló.
—Cuando sucedió el accidente en el que murió Jacob, estaba embarazada, —explicó haciéndolo estremecer —tenía cuatro meses de embarazo y era una niña. —continuó y las lágrimas corrieron en silencio por su rostro mojando el pecho del hombre que amaba —La placenta se desprendió y el bebé murió. Las ambulancias tardaron mucho en llegar y los bomberos más aún en cortar los hierros del coche para poder sacarnos de allí. Cuando llegué al hospital había sangrado mucho y me sacaron al bebé. Estuve dos semanas en coma. Cuando por fin desperté había perdido a mi hija y a su padre. —terminó con la voz convertida en murmullos.
—Dios, Bella. Lo siento, cariño —reconoció Edward con los ojos húmedos y una solitaria lágrima escapándose por la comisura de su ojo.
—El embarazo era la principal razón por la que Jacob nunca me dejaba conducir el remolque si él no me acompañaba. Era muy aprensivo y estaba todo el tiempo preocupándose por mí y por el bebé.
—Es entendible. Te amaba y eras su vida. Tú y vuestro hijo.
—Sí. —aceptó —Dios, Edward —se lamentó levantando su rostro para mirar fijamente el de él —No hay nada que desee más que ser capaz de darte un hijo —sollozó.
—Shh —la tranquilizó acariciando su cuerpo —Shh, nena, calma. Soy completamente sincero, Bella, cuando te digo que es a ti a quien necesito junto a mí. Todo lo demás lo haremos juntos.
—Pero tú podrías tener tus propios hijos con alguien más.
—Bella, ¿me dejarías tú si la situación fuese la inversa? Si yo no pudiese darte hijos ¿me dejarías para irte con alguien más?
—Desde luego que no. Te amo.
—¿Por qué piensas entonces que mi amor por ti no es comparable al que tú sientes?
—Es que ése ha sido siempre tu sueño.
—Mi sueño siempre ha sido amar a alguien que me amase, y poder tener una vida juntos. Eso es lo que anhelo, Bella. ¿No lo quieres tú?
—Nada me haría más feliz.
—¿Entonces? ¿Estás dispuesta a quedarte conmigo? ¿A casarte conmigo?
—¿Quieres casarte conmigo?
—Ya sabes, soy un tipo bastante tradicional. Quiero casarme contigo. Quiero todo contigo.
—¿Es esa una proposición? —sonrió sintiéndose dichosa.
La miró entrecerrando los ojos, antes de alejarse de ella para arrancar una larga hilacha de la cinta interna de su Stetson.
Tomó su mano entre las suyas y con esa hilacha rodeó el dedo anular de la chica para dar dos vueltas y hacerle un pequeño nudo.
—Te daré un anillo —prometió con una sonrisa —Pero antes de ello, quiero asegurarme de que me aceptas. Bella Swan, te ofrezco todo lo que tengo. Te ofrezco mi vida, mi amor, mi fidelidad, mi completa devoción. Te prometo que viviré cada día de mi vida, buscando cien mil formas de hacerte feliz. Quiero compartir contigo cada alegría y cada tristeza que la vida nos depare. Quiero compartir tus cargas y alivianarlas. Quiero ser tu apoyo y tu sostén y que tú lo seas para mí. Quiero dormir contigo cada noche y despertar a tu lado cada mañana. Quiero hacerte el amor y que tú me lo hagas a mí. Quiero que me confíes tu vida y tu corazón, sabiendo que cuidaré de ellos con mi vida. Quiero confiarte a ti mi vida, mi corazón y mi alma, porque sé que los protegerás. Quiero que seas mi mujer, mi amor, mi amiga y mi compañera. Quiero que sepas con certeza que soy tu hombre, tu amigo y tu compañero. Quiero ser tu amor —aseguró viendo el rostro de la chica bañado en lágrimas pero con una enorme sonrisa que le dividía en dos —Quiero que me perdones cuando sea un bruto y me ayudes a ser mejor persona. Quiero que me ames, tanto como yo te amo a ti, aún cuando no me lo merezca. Quiero envejecer contigo, Bella, y te prometo que no dejaré que te arrepientas ni un solo día. Y cuando mi vida se acabe, quiero que sea en tus brazos, y quiero que mi último soplo de vida, sea para ti, para decirte que te amo y que mi vida contigo ha sido más de lo que hubiese soñado.
—Edward… —musitó ella llorosa
—Shh —le cortó divertido —Ahora viene la parte importante. Bella Swan ¿me harías el increíble honor de ser mi esposa?
—Desde luego que sí —susurró entre lágrimas echándole los brazos al cuello para estrecharlo contra ella.
Edward sonrió sintiéndose completamente dichoso y satisfecho. Suavemente la empujó para recostarla sobre la hierba y se recostó sobre ella sin dejarle sentir el peso de su cuerpo.
—¿Cuándo? —preguntó con ansiedad mal disimulada.
—Ahora mismo si lo deseas.
—Lo deseo —aseveró —Pero más deseo hacerlo bien. Te diré lo que haremos. Hoy ya es tarde, pero mañana iremos a Borger a por ese anillo. Elegiremos la fecha e iremos al registro civil. Luego te llevaré a celebrarlo a algún sitio bonito.
Bella sonrió con regocijo ante el entusiasmo contagioso de ese hombre al que tanto amaba.
—¿Y qué planes tenemos para hoy?
—Volveremos a la casa, nos encerraremos en mi habitación y no saldremos de allí hasta mañana.
—Vaya. —sonrió —Eso sí que es un plan.
—Ya lo creo —coincidió separándose de ella para acomodar su ropa —Y ahora vístete antes de que me vea obligado a hacerte el amor una vez más.
—Si crees que me siento amenazada por eso… —replicó ella insinuante.
—Venga, descarada. Vístete —ordenó divertido.
Cuando volvieron al rancho se enfrentaron a varias miradas especulativas, pero Edward las cortó todas de una vez.
Cuando Bella desmontó, Edward la atrajo hacia él y le dio un apasionado beso delante de Harry, Sam y los gemelos, Colin y Brady, que les observaron entre risas y silbidos de admiración.
Cuando por fin se separaron Bella escondió su rostro completamente sonrojado en el ancho pecho de su jefe y flamante prometido.
—Bueno, chicos, esto es sólo una muestra de lo que podríais llegar a presenciar en el rancho durante los próximos… no sé… cincuenta años. Creo que no hará falta que la llaméis jefa, pero os informo que Bella y yo vamos a casarnos —explicó ante los rostros sonrientes de sus empleados —Aún no tenemos decidida la fecha, pero no nos tardaremos. Así que tal vez tengáis un poco más de trabajo, cuando yo comience a levantarme más tarde o a ausentarme misteriosamente a media mañana o media tarde, para hacerle el amor a mi esposa.
—¡Edward! —le regañó Bella avergonzada.
—¡Bien dicho, jefe! —gritó Brady y los demás le secundaron antes de acercarse a ellos para abrazarles y darles la enhorabuena.
—Felicidades —saludó Harry a Bella con un tierno abrazo —Sabía que harías lo correcto. Os deseo lo mejor.
—Gracias, Harry.
—Esta noche saldremos a celebrarlo —dijo Colin con decisión —Jefe, espero que no os neguéis a ir a tomar una copa al Twilight.
—Teníamos otros planes —respondió socarrón —Pero saldremos con vosotros —aseguró por fin.
Esa noche la cena fue mucho más distendida y relajada.
Sue preparó una cena especial y todos brindaron con champagne que Edward descorchó especialmente para la ocasión.
Después de la cena, y después de años de no haber vuelto al Twilight, Edward Cullen por fin accedía a visitar el pub del pueblo, donde alguna vez se le había declarado a Jessica Stanley.
Pero esta vez iba acompañado por la mujer que llevaba en su dedo una hilacha marrón que simbolizaba su compromiso.
Edward aparcó su coche detrás del coche de Sam.
—Nunca he venido aquí —dijo Bella con la vista enfocada en la puerta del bar —¿Cómo es?
—Buff, cielo, no tengo idea —reconoció él sacando la llave del contacto y girándose hacia ella —Hace siglos que no piso este sitio.
—¿Por qué no? —inquirió volteándose a verle curiosa.
—Qué sé yo. Venía cuando era joven y era un simple bar sin más. Ya sabes, aquí fue donde comencé mi relación con Jessica, luego me casé y ya casi no salía.
—¿Tienes ganas de entrar? Podemos irnos si prefieres.
—No, venga, entremos. Será divertido. —sonrió dándole un suave beso en los labios.
El Twilight era lo que Edward había dicho, un bar sin más. Pero el ambiente se veía alegre y tranquilo y eso a Bella le encantó.
Los empleados de Edward estaban acodados en la barra y hasta allí se acercaron.
Edward pidió un par de cervezas y se acomodaron junto a la barra.
Emily Young, la novia de Sam, se acercó a ellos y Sam le presentó a Bella, con quien de inmediato se sintieron cómodas.
Edward estaba recostado de espaldas a la barra y sostenía a Bella apoyada en su cuerpo, de pie entre sus piernas levemente separadas.
La rodeaba con su brazo apoyando su mano posesiva sobre la cintura de la chica, y se inclinaba hacia ella para besarla o acariciarla cada pocos minutos.
Edward notaba claramente todas las miradas fijas en él y su acompañante, pero no se sentía capaz de separarse de ella ni un centímetro.
Y por primera vez, no le importaba. Estaba orgulloso y feliz de estar acompañado por esa mujer, y quería gritarlo a los cuatro vientos.
Después de las últimas semanas, en las que había sentido que su vida y su felicidad habían quedado definitivamente hundidas, el estar allí riendo y divirtiéndose con Edward y sus amigos, a Bella le sabía a gloria.
No recordaba la última vez que lo había pasado tan bien jugando una partida de dardos o una partida de billar, en un bar viejo y ruidoso, con el ambiente cargado de humo, música y risas.
Bella lanzó su último dardo con las manos de Edward haciendo suaves círculos sobre sus caderas.
Iba ganando y Edward, claramente, buscaba desconcentrarla. Pero cuando su dardo hizo una perfecta diana y el tablero encendió luces rojas mientras pitaba sonoramente, ella rió y giró entre las manos de su novio, que la observaba embelesado sonriendo divertido.
—Toma, vaquero —rió petulante —Podrás ganarme en lazada de ganado, pero nadie acierta en la diana como yo.
Edward la observó con una sonrisa arrogante y la atrajo hacia él.
—Yo creo ser bastante bueno para acertar en cierta diana que me interesa —murmuró con insolencia contra sus labios a la vez que restregaba su erección contra ella.
—Eres un depravado —rió rodeándolo con sus brazos y volcándose a besarlo risueña.
Poco a poco el bar iba vaciándose y la multitud se había reducido a la mitad.
Edward y Bella estaban en un reservado, charlando, bebiendo y haciéndose arrumacos, cuando Jessica se les acercó.
—Hola, Edward —saludó desdeñosa sentándose frente a ellos.
Bella sintió claramente el cuerpo de Edward tensarse a su lado, y apretó su muslo con su mano pidiéndole calma en silencio.
—Nadie te ha invitado a sentarte, Jessica, así que ya puedes largarte. —dijo sin siquiera mirarla.
—Oh, por Dios. ¿No crees que ya es momento de portarnos como adultos? Tenemos una historia juntos, Edward, por mucho que intentes hacer de cuenta que no.
—Deberías darte cuenta de una vez por todas, Jessica, que estoy haciendo mi vida, y tú no tienes cabida en ella, ni siquiera como un mal recuerdo.
—¿Y estás haciendo tu vida enredándote con tu entrenadora delante de todo el pueblo?
—Estoy haciendo mi vida, pasando un momento más que agradable con mi prometida.
—¿Tu… prometida…? —gruñó la mujer mirándolos con desdén —¿Vas a casarte con ella?
—Sí.
—Oh, por Dios. Sabes que nadie la aceptará. Sabes que el pueblo me adora y sólo aceptarán que vuelvas conmigo. Todos aún recuerdan nuestra magnífica boda y esperan que lo arreglemos. Sigo siendo la hija predilecta de Spearman —soltó la joven con arrogancia.
Edward la observó con atención durante un momento que pareció eterno. A su lado, Bella tremolaba esperando su reacción.
Él sacó una moneda de su bolsillo y se puso en pie levantando el botellín de cerveza vacío que había en la mesa.
Ante la mirada atónita de las mujeres sentadas junto a él, se puso de pie sobre el asiento que había ocupado.
—¡Atención! —gritó a la vez que golpeaba la botella con la moneda —¡Atención!
Todos los presentes se volvieron hacia él. Colin se acercó a la máquina donde sonaba Bob Dylan y la detuvo.
—¡Atención! —volvió a gritar —Todos me conocéis aquí —explicó cuando hubo ganado la atención de todo el bar —A mí y a mi familia, desde el abuelo de mi padre, hasta Alice, mi hermana menor. Sabéis que somos gente de familia, y amamos serlo. Por esa razón, un tipo como yo, no sabe estar solo mucho tiempo. Muchos de vosotros habéis asistido a mi boda hace más de ocho años con Jessica Stanley. Ese día, creí que me casaba con la mujer con la que compartiría el resto de mi vida. Cuando seis años después la encontré en un monte de mi rancho, desnuda, follando con dos de mis peones —dijo ante la mirada atónita de Bella, el rostro rubicundo y furioso de Jessica, y las exclamaciones asombradas de los presentes —supe que no podía seguir con ella. Llamadme territorial —rió burlón mientras Jessica se levantaba de su asiento y abandonaba raudamente el local —Pero ahora, cuando creía que la vida de familia no era para mí, desde la lejana Montana ha llegado un ángel —agregó mirando a Bella con adoración y estirando su mano hasta ella para instarla a ponerse de pie —y la vida me da una nueva oportunidad. Quiero presentarles a Bella Swan, mi prometida. Espero que la hagáis sentir en familia y la ayudéis a sentir el calor de la gente de Spearman. —añadió adulador —Y, para celebrarlo, la siguiente ronda va por cuenta del rancho Masen.
Edward bajó del asiento, rodeó a Bella con sus brazos y la besó con pasión, ante los gritos y vítores de los presentes, que les deseaban la enhorabuena.
Agradezco a todos por los reviews, alertas y favoritos y por leer.
Dejo un adelanto del próximo capítulo:
—Hola, Alice —la saludó Edward recostado indolente en su silla. Su mano, enredada con la de Bella, descansaba sobre su fuerte muslo oculta bajo la mesa. —Siéntate un momento con nosotros y tómate un café —invitó señalándole una silla frente a él.
—Estoy demasiado cabreada contigo, Edward Anthony —rugió la joven
—¿Conmigo? —inquirió su hermano extrañado —¿Por qué? ¿Qué he hecho ahora?
—Corre por el pueblo un rumor sobre mi hermano del que yo no tengo conocimiento —explicó mirándolo con dureza
—¿Qué rumor? —preguntó aunque sabía con certeza a qué se debía el malestar de su hermana
—Dicen que anunciaste en el Twilight tu compromiso en matrimonio con quien hasta ahora había sido la entrenadora del rancho.
En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.
Y en mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.
Besitos y nos leemos!
Calendario de Actualizaciones:
Lunes - RANCHO MASEN, Miércoles - DETRÁS DEL OBJETIVO, Viernes - PERVERSAMENTE PROHIBIDO.
