DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
RANCHO MASEN
CAPITULO 39
Cuando Bella regresó al rancho, Edward continuaba sentado en el mismo lugar en el que Rachel le había dejado un par de horas antes.
Su cabeza seguía dando vueltas a todo lo que Rachel le había revelado.
La idea de conseguir un vientre de alquiler lo apasionaba a la vez que lo aterraba. Pensar en una extraña llevando a sus hijos en su vientre, era desconcertante. Pero solo imaginar que sus hijos se parecerían a Bella, o serían una perfecta combinación entre ella y él, le gustaba demasiado.
De cualquier forma, el primer paso era hablar con Bella y saber su opinión, ya que si ella se opusiera de plano, él estaba seguro de que no insistiría. De igual forma, si ella se ilusionase con la idea y la desease por sobre todas las cosas, él no sería quien se lo negara.
—Hola —saludó Bella acercándose a él para besar suavemente sus labios.
—Hola, preciosa —le sonrió tirando de ella para dejarla sentada sobre sus piernas —¿Cómo te ha ido?
—Buff —rezongó recostándose en su pecho —Ese tipo es un idiota. Y esa yegua... buff, no creo que exista adiestrador que pueda recuperarla. No sé quién era su entrenador, pero sin dudas era un estúpido.
—Riley Biers —dijo Edward con rotundidad.
—¿Qué dices?
—Riley Biers. Era su entrenador, Riley.
—¿Riley Biers no es el mismo tipo que tenías cuando yo llegué?
—Sí. Por eso mi desesperación por cambiarlo. Dwyer lo contrató cuando nosotros le despedimos.
—No quiero sonar arrogante pero creo que hiciste bien en despedirle.
—Yo creo que fue la primera buena decisión que tomé en mi vida —concordó divertido besando su cuello. —Especialmente cuando llegaste tú en su lugar.
—Sí, ya —rió divertida —Creo recordar que no estabas muy de acuerdo con esa decisión.
—Creo que te equivocas —discutió risueño —Siempre pensé que eras deliciosa. Creo haber dicho que eras una muñeca exquisita —recordó zalamero.
—Sí, claro. Si mal no recuerdo, el tono que usaste fue bastante más desagradable y degradante.
—Seguro escuchaste mal —rió lanzándose sobre sus labios para besarla con ansiedad. —¿Te apetece que demos un paseo? —propuso cuando se separaron.
—Me encantará.
Ensillaron sus monturas y cabalgaron en silencio, disfrutando el paisaje y sus propios pensamientos durante un largo rato.
El otoño se preparaba para dejar paso al invierno por lo que los días, aunque aún agradables, ya no mostraban el calor, algunas veces agobiante, del verano.
Como ya era habitual, desmontaron al llegar al claro junto al río, que tanto disfrutaban y que había sido testigo de tantos momentos íntimos compartidos.
En silencio se tumbaron sobre la hierba lado a lado, aunque Edward no soportó mucho tiempo con esa distancia de unos pocos centímetros y tardó unos momentos solamente en rodear a su prometida con sus brazos y atraerla hasta el refugio de su cuerpo.
—Rachel vino a verme hoy —le contó después de un cómodo silencio.
—¿Sí? No sabía que lo haría. Está bastante entusiasmada con la organización de la boda —le explicó Bella con una sonrisa satisfecha —Bastante más entusiasmada que yo misma, he de reconocer.
—¿No te entusiasma organizar la boda?
—Me hace inmensamente feliz casarme contigo, pero son tantas las cosas que, según Rache, he de planear y organizar que me siento agobiada y creo que no podré con todo.
—No quiero que te agobies, cariño. Mantengámoslo pequeño y sencillo. No tiene que ser una gran fiesta.
—Lo sé. Lo sé y eso es lo que intento, pero aún así, parece que deberé probar una decena de tartas como mínimo antes de decidir cuál escoger.
—Siempre podemos contratar una de esas mujeres que se encargan de hacer todo eso.
—Oh, no. Prefiero que Rache se encargue. Le he dicho que se ponga en contacto con Alice. Creo que dos personas que nos conocen bien y nos quieren bien sabrán elegir lo que vaya con nuestros gustos.
—Esa me parece una buena idea.
—Supongo que ya te dirán cuando tú tengas que probarte tu traje.
—Haré lo que me ordenéis. No seré yo quien haga algo para retrasar la boda. —aseveró
—Lo sé. Tampoco yo lo haré. No veo el momento de por fin ser tu esposa. —aseguró en respuesta haciéndole sonreír complacido —¿Por qué vino a verte Rachel?
—Quería hablar con nosotros... —explicó después de intentar encontrar la forma más adecuada para explicarle a Bella las opciones que Rachel había puesto frente a él.
—¿Sobre qué?
—Ha estado haciendo algunas averiguaciones y quería comentarlo con nosotros.
—¿Averiguaciones sobre qué?
—Sé que no debió hacerlo y sé también que no va a gustarte —dijo haciendo que ella le observara confusa frunciendo el ceño —, pero ha estado investigando en tu historial médico.
—¿En mi historial médico? —inquirió alejándose de su abrazo para sentarse sobre la hierba.
—Sí.
—¿Y por qué ha hecho algo así? ¿Con qué derecho?
—Con ninguno —aceptó Edward sentándose a su vez y tomando la mano de la chica que descansaba en su regazo ya no tan relajada como había estado hasta entonces —No tenía ningún derecho, salvo el que sentía por quererte tanto como te quiere, y necesitar saber exactamente lo qué te sucedió en el accidente.
—Ya le he explicado yo lo que sucedió en el accidente —replicó molesta
—Lo sé, cielo. No te enfades, ¿quieres? Solo intenta entenderle. Rache solo quería ayudar de alguna manera.
—¿Ayudar? ¿Ayudar a qué? No hay nada que se pueda hacer que pueda cambiar ya lo que sucedió.
—Lo sé, nena. Pero intenta calmarte para que podamos hablar de esto tranquilamente.
—¿Tú se lo pediste? —inquirió sintiéndose recelosa.
—No.
—¿De verdad? Tal vez tú realmente no estás tan conforme como dices respecto a no tener la posibilidad de tener hijos conmigo.
—Bella, te lo he dicho cientos de veces. Yo quiero tener hijos contigo y sé que vamos a tenerlos porque ambos estamos de acuerdo y felices con la idea de adoptar. Lo que Rachel hizo no tiene nada que ver conmigo. Yo acabo de enterarme de esto.
—¿Por qué lo ha hecho?
—Porque quería comprender realmente lo que te sucedió y sabe que a ti aún te duele demasiado hablar sobre eso.
—¿No le bastaba con lo que yo le expliqué?
—Bells, sabes cómo son los médicos y enfermeros, les encanta investigar en cualquier tema médico.
—¿Para qué? ¿Para qué podría servir?
—Qué sé yo. Supongo que es como pedir una segunda opinión, ya sabes. Y en este caso en particular Rachel ha encontrado algo que nosotros no sabíamos que existía.
—¿Ha encontrado algo? ¿Algo como qué?
—Una nueva opción para nosotros, para ser padres, si estamos dispuestos a considerarla.
—¿Una nueva opción para ser padres? ¿Qué quieres decir? ¿Una opción además de la adopción?
—Sí.
—¿Qué opción? —preguntó curiosa pero aún sintiéndose recelosa ante aquella invasión a su privacidad.
—Ella me lo explicó mejor y sé que te lo explicará mejor a ti, si quieres, pero la idea es que podríamos contratar un vientre de alquiler que llevara un bebé nuestro. Tuyo y mío, obtenido con tus óvulos y mis espermatozoides.
—¿Un vientre de alquiler? —indagó temerosa
—Sí.
—¿Qué significa? ¿Cómo funciona?
—No lo sé bien. Rache me recomendó que concertáramos una entrevista con un especialista, pero es algo así como una fecundación in vitro pero implantando el embrión en el útero de otra mujer.
—¿Con mis óvulos?
—Sí.
—¿Ella cree que yo aún puedo obtener óvulos que se puedan utilizar?
—En principio, sí. Según lo que ella vio en tu historial al menos, sí. Desde luego que deberíamos someternos a análisis para determinar que sea posible, pero en principio sí.
—Vaya —suspiró sintiéndose confusa con tanta información y sin poder determinar si esa era una buena noticia o no.
De espaldas a Edward se sumió en un profundo silencio que Edward estaba seguro de estar rompiendo con el alocado latir de su corazón.
Sin saber qué hacer para calmar a la mujer que amaba, rodeó su cintura con un brazo y la atrajo hacia él para recostarla contra su cuerpo.
Él aún no había podido deducir cómo se sentía respecto a ver a su hijo crecer en el vientre de una desconocida, pero pensaba que solo por ver una pequeñita de largos cabellos caoba y ojos chocolates correr hacia él con la terca determinación de su madre, la mujer a la que amaba, valía la pena intentarlo.
Aunque no podía dejar de imaginar cómo podría llegar a sentirse Bella sabiendo que había una mujer que llevaba en su vientre el hijo de ambos, porque ella era incapaz de hacerlo.
En cierto modo preferiría no haber conocido nunca la existencia de esa posibilidad, ya que ahora era algo que no podía sacar de su cabeza.
Ambos estaban felices y tranquilos con la idea de adoptar un niño. Uno de esos tantos niños que no tenían un hogar donde vivir, o padres que les amaran.
Pero aunque sabía que siempre podrían adoptar sin importar lo que decidieran respecto al vientre de alquiler, no podía dejar de imaginar, corriendo por el rancho, a sus hijos, idénticos a esa fuerte mujer que se sentaba junto a él.
—¿Y tú qué piensas de todo esto? —preguntó Bella por fin rompiendo el largo silencio.
—No sé, cielo. Estoy bastante… no sé… confundido. No sé cómo funciona esto, qué podemos esperar y qué no…
—¿Pero preferirías hacerlo antes que adoptar un bebé?
La giró para enfrentar su mirada antes de contestar.
—Quiero hacer lo que sea que te haga feliz —aseveró.
—¿Pero tú qué sientes al respecto? —insistió
—Sinceramente, nena, no tengo ni idea. Creo que me gustaría hablar con un especialista, antes de tomar una decisión en firme. Saber qué esperar, cómo funciona, qué tendríamos que hacer, qué aspectos negativos podríamos tener que enfrentar.
—¿Y si esa mujer decidiera quedarse con nuestro hijo?
—Según lo que me ha explicado Rache, eso no es posible. Al menos no es legalmente posible. No hay nada legal que la ampare en ese sentido.
Bella asintió en respuesta, mientras pensaba cómo poner en palabras su miedo más profundo.
Finalmente decidió expresarle a Edward sus temores.
—Y si al encontrar a la mujer que puede llevar a tu bebé... —comenzó con voz temblorosa y vergonzosa.
—¿Qué?
—¿Y si te enamorases de ella? —soltó por fin —Ella podría darte algo que yo no.
—Bella, cielo —le regañó con suavidad estrechándola fuertemente entre sus brazos —Nadie me da lo que tú me das. Esa mujer, quienquiera que fuese, solo será la incubadora donde vivirá nuestro bebé durante los nueve meses de su gestación. Nada más. Nadie nunca me dará lo que tú me das.
—Me da miedo que cuando la veas con su vientre hinchado por llevar a tu hijo, te des cuenta que no me necesitas.
—Dios, cielo —gimió —Quien hinchará su vientre será nuestro hijo. Tuyo y mío. Bella, ¿cómo siquiera puedes creer que no te necesito? No puedo respirar si no estás conmigo. Los días que estuvimos separados, no era yo. No podía respirar sin dificultad porque tu ausencia me oprimía el pecho. Solo imaginarlo me acelera el corazón y me hace temblar y sudar de pánico. ¿Acaso no sientes tú lo mismo?
—Sí, claro que sí.
—Entonces confía en mí y en lo que siento, porque nada ni nadie podrá cambiarlo jamás.
Bella se aferró a él sintiéndose segura como solo Edward sabía hacerla sentir.
—No puedo prometer nada —dijo por fin —Pero hagámoslo. Informémonos. Veamos qué es y cómo funciona y luego decidamos juntos.
—Eso me parece lo más atinado. —aceptó estrechándola contra él.
Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos y por leer.
Espero que les gustara el capi, porque hoy les debo el adelanto. Espero que no me lo tengan en cuenta.
En mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.
Y en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.
Besitos y nos leemos!
Calendario de Actualizaciones:
Lunes - RANCHO MASEN, Jueves - PERVERSAMENTE PROHIBIDO.
