DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

RANCHO MASEN

CAPITULO 40

—Estás preciosa —dijo Rachel viéndola al espejo mientras colocaba un delicado broche sobre sus rizos antes de acomodar el velo que caía por su espalda.

—Gracias —sonrió a través del espejo sonrojándose

—Me hace muy feliz que al fin llegara el día —confesó su amiga dándole un cálido abrazo.

—Me gustaría tanto que mis padres hubiesen podido estar aquí.

—Lo sé, cielo, lo sé. Pero hoy no es un día para estar triste, todo lo contrario. Tus padres, desde donde sea, te estarán observando y apoyando hoy, y puedes estar segura de que estarán felices con tu decisión.

—Lo sé. Edward es lo mejor que pudo haberme pasado.

—Lo es. Será un esposo maravilloso y sin dudas también un padre magnífico —aseguró Rachel.

Bella observó a su amiga algo nerviosa.

—Sé que tú y yo tendremos que hablar sobre mi accidente y lo que le explicaste a Edward sobre tener nuestros propios hijos.

Rachel sonrió comprensiva.

—Pensé que Edward nunca te lo había dicho —afirmó —Nunca me dijiste nada sobre ello.

—En realidad no quería pensar en ello todavía. Quería que nos ocupáramos de la boda. Edward y yo hemos decidido ver a un especialista en cuanto volvamos de nuestro viaje de novios.

—Me parece lo más acertado, cielo.

—También queremos informarnos sobre la adopción. —explicó —No es que lo hayamos descartado completamente.

—Estoy de acuerdo, cielo. Deberíais informaros de todas las ventajas e inconvenientes de todas las posibilidades que se os plantean y en base a eso y lo que ambos sentís, decidir.

—Debo confesarte que todo esto me pone un poco nerviosa.

—Lo entiendo pero no pienses en eso ahora, Bells. Tendréis tiempo para ocuparos de todo. Ahora solo debes preocuparte por disfrutar este momento. Hoy es un día importante —dijo Rachel dedicándole una cálida sonrisa —y tengo entendido que tienes por delante una esperada noche de bodas —agregó mirándola socarrona.

—No puedo creer que Edward te lo contara —gimió avergonzada.

La última semana Edward y ella no habían compartido habitación ya que ambos estaban de acuerdo en tener una noche de bodas especial.

Para esa noche y los primeros días de su luna de miel, Edward había reservado una pequeña cabaña en el Three Falls Cove, junto al lago Meredith, a tan sólo cuarenta y cinco minutos de Spearman. Después de pasar unos días allí, viajarían a Amarillo donde pensaban quedarse algunos días más, paseando y haciendo turismo.

—En realidad fue Sue quien me lo contó, cuando estuve en el rancho hace dos días. Ella estaba encantada con la idea. Le parecía increíblemente romántico.

—Tú no crees que sea romántico.

—Yo creo que el hecho de que mi hombre esté dispuesto a ello es maravillosamente romántico. Ese hombre te ama, Bella.

—Lo sé. Creo que lo sé.

—Puedes estar segura de ello. Y por como lo conozco, ahora mismo debe estar caminando junto al altar como león enjaulado esperando que bajes.

Bella sonrió imaginando que Rachel debía tener razón.

Dos suaves golpes resonaron en la puerta. Billy entró en cuanto Rachel abrió.

—Bella, cariño —dijo el hombre quedándose maravillado al verla —Cielo, estás preciosa —aseveró acercándose a besar su mejilla.

—Gracias, Billy.

—Creo que ya es hora de que bajemos si estás lista.

—Sí, lo estoy. —dijo inspirando profundamente

—Yo iré bajando —anunció Rachel besando su mejilla —Te estaré esperando.

Rachel, quien era como una hermana para Bella fue elegida como su dama de honor, mientras que Edward había elegido a Emmett para que actuara como su padrino.

La boda se llevaría a cabo en el rancho. En el enorme patio se habían instalado carpas donde se realizaría la ceremonia y el posterior convite al que acudirían una cincuentena de invitados.

Podía decirse que se trataba de una boda íntima, pero todos los que eran importantes para ellos estarían allí.

—Estás preciosa —repitió Billy mirándola con cariño

—Gracias, Billy.

—Sabes, durante años pensé que yo sería quien te entregara a Jacob en el altar —dijo el hombre con un dejo de tristeza que llenó sus ojos de lágrimas —Pero quiero que estés segura de que no me siento menos feliz y honrado de que sea Edward quien te espere allí.

—¿De verdad? —inquirió sintiéndose melancólica

—Te lo he dicho ya alguna vez. Daría lo que fuese porque mi hijo estuviera vivo, pero he aprendido a aceptarlo y saber que nada podrá cambiar esa circunstancia. Edward siempre ha sido para mí un hijo más, y que sea él el hombre que te acompañará durante toda tu vida y te hará feliz, no hace más que darme felicidad.

—Gracias, Billy. Sabes que siempre intentaré honrar la memoria de Jake.

—Lo haces, cielo. Ahora por fin lo haces. Siendo feliz, buscando tu felicidad y no renunciando al gran hombre que Edward es, estás honrando la memoria de Jacob y todo lo que él habría deseado para ti.

—Lo sé. Por fin lo he entendido y la paz que siento ahora mismo creo que en cierto punto es Jacob el que me la ha dado.

—No lo dudes ni un instante. Yo espero honrar a tu padre al entregarte ahora a tu esposo.

Bella rodeó al hombre con sus brazos y le estrechó contra su cuerpo con cariño.

—Lo haces, Billy. Sabes que eres un padre para mí.

—Lo sé. Tú eres una hija más para mí y espero que lo recuerdes siempre y cuentes conmigo siempre.

—Gracias, lo haré.

—Y ahora mejor bajemos antes de que Edward nos venga a buscar y arruine la ceremonia.

Edward se encontraba petrificado de pie junto al altar. A su lado Emmett se burlaba de él y su nerviosismo.

—Deja ya de apretar tus puños —le aconsejó divertido

Edward se observó las manos que inconscientemente mantenía fuertemente cerradas y las abrió estirando los dedos.

—No va a escapar.

—Sé que no va a hacerlo —respondió a su hermano con arrogancia

—Entonces ¿por qué estás tan nervioso?

—No es mi primer matrimonio, Emmett —replicó entre dientes —Ya he tenido uno y temo acabar arruinando este también.

—¡No seas gilipollas! —le regañó Emmett —Tú no arruinaste tu primer matrimonio sino que fue la zorra de tu mujer quien lo hizo. Y, aún si hubiese sido tu culpa, deberías sentirte feliz por ello, porque gracias a eso no sigues casado con esa zorra y tienes una realmente buena oportunidad de ser feliz con una mujer extraordinaria.

—La tengo —concedió cuando sus labios se curvaron en una sonrisa ante las palabras de su hermano.

—Ahora sólo dedícate a ser feliz. Disfruta de tu noche de bodas y tu luna de miel, y cuando volváis, dedícate al rancho, a hacerlo crecer aún más y mantenerlo próspero, pero sin olvidarte de que no te servirá de nada todo lo que ganes si no tienes con quien compartirlo —aconsejó Emmett con sabiduría —Así que ocúpate de tu mujer, disfruta del matrimonio y del amor que os profesáis. De esa forma, cuando puedas dejar tu legado a tu mujer, tus hijos y tu familia, realmente entenderás que la vida vale la pena.

Edward se volteó a ver a su hermano con una sonrisa sarcástica.

—¿Y tú cuándo te has vuelto tan listo?

—Cuando me casé con una mujer tan inteligente como lo es Rose y me dio los tres hijos más maravillosos que un hombre soñaría tener.

La música comenzó a sonar entonces y ambos se voltearon de espaldas al altar.

Allí, al comienzo de la alfombra azul que marcaba el camino, estaba la mujer de su vida.

Ataviada con un traje blanco que se ajustaba a su cuerpo era la visión de un ángel.

Tuvo que hacer un gran esfuerzo para esperar que llegara a él y no abalanzarse a buscarla, pero no pudo quitar la vista de su persona, sintiendo que sus labios se curvaban cada vez más a medida que la chica se acercaba del brazo de Billy.

Cuando finalmente llegaron a él, Billy besó la mejilla de Bella con ternura y puso su mano sobre la de Edward, quien la sostuvo con firmeza.

—Estás preciosa —susurró mirándola con amor. —Te estaba esperando.

—Aquí estoy —reconoció sonriente

—Aquí estás. —suspiró satisfecho.

La ceremonia no fue muy larga, y para cuando los últimos rayos del sol, dejaban tonos rosados y naranjas en el cielo, se prometieron amor, respeto y fidelidad con los votos más tradicionales.

Para cuando el ministro les permitió besarse, la dicha y satisfacción que Bella encontró en el rostro de su esposo le regocijaron de una forma que nada lo había hecho en toda su vida.

La besó con ternura pero no pudo evitar rodear su cintura para estrecharla contra él.

—Te amo —murmuró contra sus labios cuando se separaron ante los aplausos de los presentes.

—Te amo, Edward.

—Tal vez podríamos saltarnos el banquete. —sugirió haciéndola sonreír divertida

—Preferiría que no.

El banquete fue íntimo y ameno y Edward se resistió a alejarse de Bella en todo momento, aunque se viera obligado a compartir sus bailes con los invitados.

Cuando finalmente Alice y Rachel le dieron autorización para abandonar la boda, ya se sentía demasiado ansioso.

Con los dedos entrelazados con los de su mujer sobre el regazo de ésta, condujo los setenta kilómetros que les separaban de Sanford y de la cabaña donde pasarían su noche de bodas.

Bella rió sorprendida cuando Edward la levantó entre sus brazos para cruzar el umbral.

—Creí que no llegaría nunca este momento —murmuró él escondiendo su rostro en el cuello de la chica en cuanto la bajó depositándola sobre sus pies junto a la enorme cama de la habitación.

—Aquí estamos —ronroneó ella enredando sus manos tras el fuerte cuello masculino.

Edward se separó de ella para mirar su rostro con todo el amor que sentía que le desbordaba el corazón.

—Aquí estamos, señora Cullen.

—Suena bien —sonrió Bella con regocijo.

—Vaya si suena bien. ¿Te das cuenta que voy a hacerle el amor por primera vez a la señora Cullen?

—Pues espero que no te tardes demasiado, ya que esta señora Cullen te necesita con urgencia.

—Vaya —dijo burlón —Veo que la señora Cullen es tan impaciente como lo era la señorita Swan —rió antes de bajar su boca sobre la de ella.

Se besaron con ternura aunque la pasión arrolladora pronto los invadió.

Se desnudaron mutuamente con ansias antes de tumbarse sobre la cama y hacer el amor con el deseo acumulado de la última semana y el amor que habían estado guardando en sus corazones durante años, para entregarlo a la persona correcta.

Finalmente ambos habían encontrado a su persona correcta.

Fue una noche mágica. Hicieron el amor, brindaron con champagne, fresas y chocolates, y volvieron a hacer el amor una vez más.

Para cuando los primeros rayos del sol despuntaban en el horizonte, finalmente se dejaron vencer por el agotamiento y se durmieron desnudos, enredados en los brazos del otro.

Después de pasar cuatro maravillosos días en esa acogedora cabaña junto al lago Meredith, continuaron su viaje hasta Amarillo.

Allí se hospedaron por cinco días más en los que se dedicaron a visitar el Cadillac Ranch, el Cañón de Palo Duro e incluso, ante la insistencia de Bella, Wonderland Park y el Splash Waterpark, donde Edward, pese a su inicial escepticismo, disfrutó como un adolescente de las atracciones.

—Amo el rancho —reconoció Edward la última noche con su mujer recostada sobre su cuerpo desnudo —pero desearía poder quedarme así contigo para siempre. Tan distendidos, sin horarios, sin obligaciones.

—Tendremos nuestro tiempo aún en el rancho.

—Sé que lo tendremos. —aseguró —Pero también habrá obligaciones.

—Lo sé. Pero me emociona saber que estaremos en casa y comenzando realmente nuestra vida juntos.

—Yo siento lo mismo —aseveró estrechándola contra él —Ahora comienza nuestra vida juntos. Ahora comenzaremos nuestra vida y nuestros planes. Nuestra familia.

Bella se estremeció con sus palabras.

El futuro frente a ellos se mostraba lleno de posibilidades, pero para una chica como ella que había perdido tanto, tanta enormidad la aterraba.

—Nunca creí que podría llegar a ser tan feliz y tener tantos planes y sueños.

—No te preocupes, ángel. Los llevaremos a cabo. Todos. Cada uno de ellos. Lo prometo.

—Te amo, Edward.

—Te amo, Bella.


Gracias por los reviews, alertas y favoritos y por leer.

Dejo un pequeño adelanto:

—Los tiempos que puede llevar concretar la adopción varían en función de muchos factores —explicó la mujer sentada frente a ellos. —Dependerá si buscáis una adopción a nivel nacional o internacional. También si queréis adoptar un recién nacido, o un niño algo mayor.

—¿De cuánto tiempo estamos hablando? —le interrumpió Edward estrechando con sus dedos la mano de Bella.

—Puede llevar desde unos seis meses desde que comienzan los trámites, hasta seis o siete años.

Bella dio un respingo dirigiéndole a Edward una mirada inquieta.

En mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.

Y en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.

Besitos y nos leemos!

Calendario de Actualizaciones:

Lunes - RANCHO MASEN, Jueves - PERVERSAMENTE PROHIBIDO.