DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

RANCHO MASEN

CAPITULO 41

El regreso al rancho fue agotador y, aunque sabían que los esperaría mucho trabajo, enfrentarlo juntos como una familia, les regocijaba.

Los primeros días se dedicaron a poner el trabajo al día.

Los trabajadores del rancho eran más que competentes y Edward les tenía la más absoluta confianza, pero aun así, aún quedaban trámites de papeleos que poner al día.

Las noches, eso sí, las dedicaban a amarse y explorarse en la intimidad de su dormitorio.

Pero no fue hasta después de un par de semanas que ambos se sintieron listos para enfrentar su siguiente desafío.

—¿Qué crees que deberíamos hacer primero? —inquirió Bella una noche ya bajo las mantas de su cama con su espalda recostada en el pecho de su esposo

—No sé, cielo. Creo que en algún momento deberíamos enfrentarnos a los médicos, aunque sé que no crees estar preparada para ello. —sugirió Edward intentando no alterar a su mujer.

—Sé que tendré que hacerlo, pero ya sabes que odio los médicos y los hospitales.

—Lo sé. Por eso tal vez podemos postergarlo un poco. Si quieres podemos ir a la agencia de adopción primero e informarnos.

—¿Cuándo podríamos hacerlo?

—Llamaré mañana y concertaré una cita.

Tres días más tarde se encontraron ansiosos y nerviosos esperando que la señora Cope, de la agencia de adopción Children Safe, les recibiera en su despacho.

Cuando finalmente la secretaria les hizo pasar, el corazón de Bella latía desaforado.

El despacho en el que entraron era austero; tan solo un enorme escritorio con una amplia biblioteca detrás y dos armarios ficheros a un lado.

Tras el escritorio se encontraron con la señora Cope. Una mujer de unos cincuenta años, con el cabello gris y grandes gafas de pasta.

—Buenos días —saludó la mujer poniéndose en pie para estrechar sus manos e indicarles que se sentaran en las butacas frente a ella —Los señores Cullen, ¿no es así?

—Sí —respondió Edward estrechando la mano de la mujer —Mi nombre es Edward Cullen y ella es mi esposa, Isabella Cullen.

—Encantada, siéntense, por favor. —obedecieron sentándose frente a la mujer —Entiendo que esta es vuestra primera visita.

—Sí —reconoció Edward bastante más tranquilo que Bella —Querríamos informarnos sobre la posibilidad de adoptar un niño, los requisitos, los trámites, todo.

—Bien —dijo la mujer abriendo un cajón de su escritorio y sacando de él unos folletos que les entregó —Aquí encontraréis mucha información útil. Os recomiendo que lo leáis con tranquilidad en casa. Bien, tengo entendido que sois recién casados.

—Sí. Llevamos casados un mes —explicó Edward

—¿Ese tiempo podría suponer un problema a la hora de adoptar? —inquirió Bella curiosa.

—No, no en realidad. Ni siquiera es un requisito estar casado para adoptar, aunque mucha gente lo piensa. ¿Tenéis hijos?

—No.

—Bien. Os explicaré un poco el proceso. Los tiempos que puede llevar concretar la adopción varían en función de muchos factores —explicó la mujer sentada frente a ellos. —Dependerá si buscáis una adopción a nivel nacional o internacional. También si queréis adoptar un recién nacido, o un niño algo mayor.

—¿De cuánto tiempo estamos hablando? —le interrumpió Edward estrechando con sus dedos la mano de Bella.

—Puede llevar desde unos seis meses desde que comienzan los trámites, hasta seis o siete años.

Bella dio un respingo dirigiéndole a Edward una mirada inquieta.

—¿Siete años? —inquirió tragando saliva

—No es lo más normal, pero puede suceder. Como os he dicho, hay varios factores que influyen en estos tiempos. Especialmente si queréis adoptar un recién nacido o más aún un nonato, es decir adoptar un niño que aún no ha nacido y que os sería entregado al nacer.

—¿Eso es posible? —la voz de Bella salió entrecortada.

—Lo es. Hay listas de madres que han decidido dar en adopción a su hijo, nada más nacer. En estos casos cuando el niño nace debe permanecer en la institución por un mes, que es el plazo que tiene la madre biológica para arrepentirse de su decisión y reclamar a su hijo. Pasado este tiempo, el niño es entregado a sus padres adoptivos. Desde luego que en este caso, los tiempos tardan en función de las parejas de adoptantes que conformen la lista de espera.

—¿Lista de espera?

—Sí. En el momento que decidáis que deseáis adoptar un niño, ingresaréis a una lista de espera. Antes deberéis pasar una serie de estudios, tanto médicos como psicológicos. También recibiréis visitas de los servicios sociales, donde se podrá constatar las condiciones en las que viviría el niño, en caso de que se os otorgue uno.

—¿Qué tan largas son estas listas de espera?

—Es allí donde radican las importantes variaciones entre los plazos de adopción. —explicó la mujer —La mayoría de los padres adoptantes desean adoptar recién nacidos o en su defecto, bebés o niños pequeños, por lo tanto, los tiempos para adoptar un recién nacido suelen ser mucho más largos que para adoptar niños más grandes. Por ejemplo, los niños de más de once años se consideran inadoptables, por lo que su tiempo de espera son mucho menores, y las listas bastante más cortas. En función de lo que busquéis, se os presentarán los posibles candidatos y deberéis elegir.

—¿Hay muchos niños esperando ser adoptados? —preguntó Bella sintiéndose bastante afectada.

—Bastantes —reconoció la mujer.

—Adoptar es una opción para nosotros —explicó Edward —Pero aún queremos considerar nuestras otras opciones. ¿Es posible, de cualquier modo que nos incluya en una lista de espera?

—Si lo deseáis podéis comenzar concertando las citas con el médico y el psicólogo del centro. Una vez superado este paso deberíamos concretar las reuniones con servicios sociales y, si no hay inconvenientes, entonces pasaríais a integrar las listas de espera. —explicó la mujer viéndoles observarse entre ellos, llenos de dudas —Yo os recomendaría que os vayáis a casa, leáis la información que os he dado, habladlo entre vosotros y con vuestras familias. Podéis hacer una lista con todas vuestras dudas y luego concertar otra visita con nosotros para aclararlas.

—Creo que será lo mejor —aceptó Edward

Se despidieron de la mujer y pensativos subieron al coche para volver al Rancho.

—¿Qué piensas? —le preguntó Edward antes de poner el coche en marcha.

—No lo sé —reconoció Bella —No me gustaría tener que esperar siete años para tener un bebé.

—Ni a mí —aceptó Edward

—Por otro lado, si bien me gustaría que tuviéramos un bebé, me parece muy cruel esa idea de los niños inadoptables.

—A mí también. Tal vez podamos adoptar un niño un poco mayor. La espera no sería tan larga y le estaríamos dando una oportunidad a uno de estos niños que han perdido la esperanza.

Bella se recostó apoyándose en el reposacabezas y suspiró profundamente.

—Esta reunión me ha dejado exhausta —exhaló agotada

Edward enredó su mano con la de ella dándole un apretón reconfortante.

—Tranquila, cielo. Estoy seguro de que encontraremos la mejor solución.

—Espero que sí. —suspiró.

Esa noche, tumbados en su cama, leyeron los folletos que les habían entregado en la agencia, aunque no llegaron a tomar ninguna decisión en concreto.

Todavía querían informarse de las demás posibilidades que tenían, aunque no descartaban inscribirse en una de esas listas de espera.

Al día siguiente Bella tenía fijada una cita con su médico en el hospital.

—¿A qué hora es tu cita? —preguntó Edward tumbado tras ella en la cama a la mañana siguiente

—A las once.

—¿Quieres que te acompañe?

—¿Querrías hacerlo? —inquirió extrañada volteándose a verle

—Entenderé si no quieres que lo haga. Tal vez lo consideres demasiado íntimo y personal y prefieras ir sola, pero a mí me gustaría acompañarte. Creo que más allá de que se trate de tu cuerpo, tú y yo estamos juntos en esto y quiero que afrontemos todo juntos de aquí en más. Para bien o para mal.

—Me encantaría que vinieras conmigo —reconoció —Aunque tal vez estés descuidando el trabajo.

—Bella, lo más importante en mi vida, es esto. Tú y yo, nuestra vida y nuestra familia. Si el rancho se cayera a mi alrededor, me daría igual siempre que tú siguieras entre mis brazos.

—Dios, Edward —gimió abrazándolo para estrecharlo contra ella —No puedes imaginar cuánto te amo.

—Sería feliz si solo me amases la mitad de lo que yo te amo a ti.

—No sé cuánto es eso, pero lo que siento no me cabe en el corazón y no me alcanzará una vida para demostrártelo.

Él sonrió complacido antes de volcarse sobre sus labios.

Bella se sentía recelosa cuando les hicieron pasar a la consulta del médico.

—Bien —dijo el médico una vez le hubo explicado la razón de su visita —En función de tu historial médico, no debería haber problemas a la hora de la fecundación, aunque sí tal vez al momento de la implantación del cigoto en la matriz. Y me atrevería a asegurar que tus óvulos deben ser perfectamente sanos y adecuados para ser fecundados. Por lo que me explicas sobre tus ciclos, tu ovario parece funcionar adecuadamente. Si te parece bien, podríamos hacer algunas pruebas y análisis, para asegurarnos. Podemos comenzar con una ecografía, si te parece bien.

Después de realizarle el examen, volvieron a sentarse los tres en la consulta.

—Bien, Bella, en principio tus dudas son correctas. Lamentablemente creo que debido al tamaño de tu útero, las posibilidades de poder llevar adelante la gestación hasta el final son drásticamente pequeñas, diría casi inexistentes. Podrías intentarlo, sin dudas, pero podrían pasar años sin que lo lograras, incluso nunca llegar a hacerlo. Si realmente os estáis planteando la opción de recurrir a un vientre de alquiler, yo creo que no deberíais perder tiempo esperando algo que sería un milagro. Nada dice que debáis dejar de intentarlo, aún habiendo buscado otros métodos para la paternidad.

—¿Sería riesgoso para Bella si finalmente el milagro sucediera? —preguntó Edward mostrando cuál era su principal preocupación.

—No necesariamente debería comprometer su vida o la del feto, pero podría suceder. Aunque las complicaciones más comunes podrían tener que ver con la pérdida definitiva del útero en el caso de Bella, y el nacimiento prematuro en el caso del niño.

—¿Qué debemos hacer? —gimió Bella apenada

—Esa es, sin dudas, una decisión muy personal que deberéis considerar concienzudamente entre vosotros —comentó el médico —Pero yo personalmente os aconsejaría informaros sobre la maternidad subrogada y luego tomar una decisión. Personalmente la considero una buena opción para ser padres.

—Tenemos mucho que considerar —comentó Edward entendiendo los sentimientos aprensivos que asolaban a su mujer.

—Ya lo creo —reconoció el médico —Pero si actuáis como una pareja unida, os pondréis de acuerdo y tomaréis la decisión adecuada. —agregó mirándoles comprensivamente —Bella, —le miró directamente —en un par de días el hospital te hará llegar los resultados de tus analíticas. De haber algo fuera de lo normal, concertaremos una nueva visita.

—De acuerdo.

—Por sobre todas las cosas, debo recomendarte que no desesperes. Eres una mujer joven y hoy en día hay muchas formas de ser madre, si realmente quieres serlo. Y puedo asegurarte que amarás a tus hijos y ellos a ti, sin importar si crecieran en tu vientre o no, o incluso si tuvieran tus genes o no. —le dijo dedicándole una mirada paternal y una dulce sonrisa.

—Gracias —aceptó ella cuando sus ojos se llenaron de lágrimas.

Edward la rodeó con sus brazos estrechándola contra él, en cuanto estuvieron fuera de la consulta, y ella no pudo aguantar el llanto que salió en forma de muy suaves sollozos.

—Shh, nena... no llores... —pedía acariciando su espalda con ternura

—Lo siento, Edward.

—No, mi amor, no tienes que disculparte por nada conmigo. Pero dime por qué lloras.

—No lo sé. Creo que estoy un poco sensible y todo esto me está abrumando.

—Bella —dijo separándola de él para mirar su rostro —No tenemos que hacerlo, nena. No tenemos que hacer nada de esto, cariño. Si todo esto va a agobiarte, no tenemos por qué hacerlo. Olvidémonos de todo y dediquémonos a nosotros.

—Tú quieres tener hijos...

—Yo te quiero a ti. Te quiero a ti y quiero ser feliz contigo. Y puedes estar segura que desde que te tengo a ti para mí, he sido más feliz de lo que lo he sido nunca. Te amo, Bella, y eres todo lo que necesito para ser feliz. —aseguró con sinceridad mientras ella le observaba curiosa y algo recelosa.


Gracias por los reviews, alertas y favoritos y por leer.

Adelanto:

Cuando Edward entró al despacho dos horas después, se la encontró sentada frente al escritorio con los ojos húmedos y lágrimas surcando su rostro.

—Hey, cielo —exclamó acercándose a ella con celeridad —Cariño, ¿qué sucede? —preguntó girando hacia él la silla en la estaba Bella y acuclillándose frente a ella —¿Por qué lloras, nena? —inquirió rodeándola con sus brazos —Por Dios, Bella ¿qué sucede?

—No es nada —dijo ella secando su rostro con sus manos —No pasa nada, cálmate.

—¿Cómo que no pasa nada? ¿Por qué lloras? —pidió mirándola preocupado.

—Estoy bien. De verdad. —sonrió intentando tranquilizarlo —Sólo estaba leyendo.

—¿Leyendo? —indagó confuso —¿Qué leías?

Bella le enseñó el ordenador.

—Son testimonios de parejas que han tenido a sus hijos gracias a madres de alquiler.

En mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.

Y en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.

Besitos y nos leemos!

Calendario de Actualizaciones:

Lunes - RANCHO MASEN, Jueves - PERVERSAMENTE PROHIBIDO.

NKAMDC: Gracias por tu review. Lamento que te parezca que estoy incluyendo capítulos de relleno en el fic, pero yo personalmente pienso que todos tienen una razón de ser. Espero que el resultado final te guste.