DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
RANCHO MASEN
CAPITULO 42
En los días que siguieron, tanto Edward como Bella dejaron a un lado el tema de los niños, y se dedicaron a trabajar y disfrutar juntos todo el tiempo del que pudieron disponer.
Aunque Edward no volvió a hablar con ella sobre eso, y por mucho que se mostraba feliz y distendido, Bella no podía dejar de imaginar que él, en su interior, debía estarse lamentando ante la posibilidad de nunca formar la familia que tanto había deseado.
Bella se había sentido agobiada con tanta información y tantos puntos a considerar, lo que le había llevado a pensar que sería incapaz de seguir adelante con cualquier decisión que tomaran.
Pero esos últimos cuatro días no había podido dejar de considerar cuáles serían los sentimientos de Edward a ese respecto.
Edward, sin embargo, se sentía tan dichoso viviendo con Bella en una constante burbuja de amor, que no había vuelto a pensar en nada más.
Todo lo que él deseaba era estar con Bella y verla feliz y relajada, y así era como se había mostrado desde que habían dejado de obsesionarse con la paternidad.
Cada noche se fundía en su cuerpo y encontraba en ella la paz y la calma que había buscado toda la vida.
Y eso era suficiente para él.
Sin embargo, algo cambió el quinto día.
En un momento en el que Bella entró en la casa, Sue le entregó el correo.
Dejó en el despacho de Edward los sobres, y al revisarlos encontró uno dirigido a ella.
Era del hospital. Los resultados de sus análisis.
Lo abrió y hojeó los papeles. Todo en ella estaba bien. No había razón alguna para pensar que sus óvulos no pudiesen ser fecundados y, por lo tanto, no había razón para que no pudiera tener hijos con sus genes y los de Edward, aunque estos tuviesen que gestarse en el vientre de otra mujer.
Inspiró profundamente antes de sentarse frente al escritorio y abrir el ordenador.
Accedió a Internet y escribió "Vientre de alquiler" en el buscador.
Cuando cientos de encabezados se desplegaron frente a ella, no estuvo totalmente segura de por dónde empezar.
Finalmente se decidió a entrar en un blog de opinión.
Todo lo que encontró allí, fueron experiencias sobre padres y madres felices con la decisión tomada. Parejas explicando sus experiencias durante el proceso y la alegría que les había dado recibir en sus casas a sus pequeños bebés.
Leer sobre tantas experiencias felices de mujeres que, como ella, no podían gestar a sus hijos en su propio cuerpo, la emocionó.
Cuando Edward entró al despacho dos horas después, se la encontró sentada frente al escritorio con los ojos húmedos y lágrimas surcando su rostro.
—Hey, cielo —exclamó acercándose a ella con celeridad —Cariño, ¿qué sucede? —preguntó girando hacia él la silla en la estaba Bella y acuclillándose frente a ella —¿Por qué lloras, nena? —inquirió rodeándola con sus brazos —Por Dios, Bella ¿qué sucede?
—No es nada —dijo ella secando su rostro con sus manos —No pasa nada, cálmate.
—¿Cómo que no pasa nada? ¿Por qué lloras? —pidió mirándola preocupado.
—Estoy bien. De verdad. —sonrió intentando tranquilizarlo —Sólo estaba leyendo.
—¿Leyendo? —indagó confuso —¿Qué leías?
Bella le enseñó el ordenador.
—Son testimonios de parejas que han tenido a sus hijos gracias a madres de alquiler.
—¿Y qué dicen que te han puesto así?
—Cosas hermosas —sonrió con ternura —Todos dicen cosas hermosas y hablan de sus maravillosas experiencias.
—Dios, nena —dijo levantándose para apoyarse en el escritorio junto a ella —¿Y por eso lloras?
—Sí. Soy una tonta —sonrió —Me emocioné.
—Vaya con ella —sonrió con ternura mientras le colocaba un mechón de cabello tras la oreja —Mi mujercita sensible.
—Quiero hacerlo, Edward.
—¿Qué cosa, nena?
—Quiero que vayamos a la agencia y nos informemos sobre esta posibilidad. Quiero que tengamos nuestro bebé.
—Bella, nena, dijiste que te sentías agobiada y no quiero que te sientas así.
—Lo sé, pero quiero hacerlo. —insistió —Al menos que nos informemos. Quiero hacerlo.
—¿Estás segura? —preguntó inseguro
—Completamente. ¿No lo deseas tú?
—Yo quiero hacerte feliz. Si es tu deseo hacerlo, entonces hagámoslo.
—¿De verdad? —sonrió como una niña en la mañana de Navidad.
—Totalmente, ángel. Si estás segura de que es lo que deseas, entonces lo haremos.
—Gracias, Edward —dijo poniéndose en pie para rodearlo con sus brazos y recostarse en su cuerpo —Te amo.
—Y yo a ti, cielo —confesó rodeándola con sus brazos mientras hundía su rostro en los mechones castaños que olían a fresas.
Una semana después se encontraron frente al doctor Gerandy, director general de la agencia de subrogación gestacional.
—Buenos días —les saludó el hombre estrechando sus manos —Siéntense, por favor. Bien, por lo que he leído en vuestro informe —comentó mirando los documentos que habían rellenado con anterioridad. —estáis interesados en la subrogación gestacional, a realizarse con vuestros propios óvulos y espermatozoides.
—Así es.
—Bien. Os explicaré el proceso cómo funciona y podéis hacer todas las preguntas que os surjan. En primer lugar, la subrogación gestacional se trata de un contrato legal entre dos partes, los padres legales, en este caso también biológicos, y la gestante. No solemos hablar de madre subrogada sino de gestante subrogada, ya que en realidad la maternidad nunca es subrogada sino que siempre los padres seréis vosotros.
—¿Qué derechos podría tener esta persona sobre el bebé? —preguntó Bella poniendo en palabras su principal temor.
—Ninguno —aseguró el médico de forma tajante —Desde el momento que se firma el contrato vosotros seréis los padres del o los bebés. En este sentido, en California, que es el estado donde la legislación al respecto es la más completa, la filiación se atribuye a los padres desde antes del nacimiento. Así se busca proteger a ambas partes, ya que la gestante no tiene ningún derecho sobre el bebe y los padres no pueden renunciar a los derechos otorgados ya desde el momento de la implantación del embrión en el útero. En pocas palabras, ella no podrá quedarse con el niño, ni vosotros podríais renunciar a él.
—¿Existen padres que hayan renunciado a su bebé?
—Podría suceder. Debemos ser conscientes que a lo largo de los nueve meses de gestación podrían ocurrir muchas cosas. El proceso podría desgastar a la pareja al punto de crear conflictos entre ellos que los llevasen a querer renunciar a la paternidad. Por este motivo, antes de comenzar el proceso, además de los exámenes médicos a los que se someten las partes, deben someterse a evaluaciones psicológicas, a fin de restringir al máximo la posibilidad de esta circunstancia.
—¿Cómo se elige a la mujer que lo hará?
—Os presentaremos varias candidatas perfectamente calificadas para llevar adelante la gestación. Después de que vosotros realicéis vuestra elección, la candidata debe aprobar vuestra solicitud.
—¿Qué características suelen tener las mujeres que se ofrecen como gestantes? —preguntó Edward curioso.
—¿A qué se refiere exactamente?
—Nos preocuparía que fuese una persona que no se preocupase por su salud o no tuviese unos buenos hábitos y que eso pueda afectar al bebé.
—Desde bastante antes del comienzo del procedimiento, se realizan todo tipo de controles médicos a las gestantes y durante el transcurso del embarazo se le realizan controles médicos semanales. —explicó el hombre —Para poder presentarse como gestante, la mujer debe cumplir ciertos requisitos. Su edad debe estar comprendida entre los veintiuno y los cuarenta y un años, aunque la edad ideal está comprendida entre los veinticinco y los treinta y cinco. Debe tener al menos un hijo propio, tanto para asegurarnos de que es completamente capaz de llevar un embarazo a término, como para que, en caso de complicaciones en el parto que le supusieran a la gestante la posterior esterilidad, ésta no se vea imposibilitada de ser madre. No puede tener antecedentes de drogas o alcohol. Desde luego que no puede ser fumadora. Tiene la obligación de mantener una dieta sana y equilibrada. Incluso, a fin de evitar el riesgo de contagiarse de alguna enfermedad que pudiera dañar al feto, se comprometen a no mantener relaciones sexuales durante el embarazo. Ella se compromete a acudir a todas las visitas médicas pertinentes, mientras vosotros seréis quienes os haréis cargo de todos los gastos tanto médicos, como de manutención, etc.
—¿Qué relación debemos mantener nosotros con ella? —inquirió Bella temerosa.
—La que las partes deseéis. Podéis mantener un contacto fluido o si lo preferís manteneros informados a través de un tutor y no ver a la gestante más que para firmar el contrato inicial y al final del proceso para cerrar el contrato. Aunque si lo deseáis podréis asistir a sus visitas médicas, al parto, etc.
Recordando el temor que Bella le había expresado hacía ya varias semanas sobre la posibilidad de que él se enamorara de la mujer que gestara a su hijo, Edward tomó su mano entre las de él para darle un apretón fuerte y tranquilizador.
No había razón alguna para que conocieran a esa mujer o interactuaran con ella. Y si eso era lo que Bella necesitaba para estar tranquila, entonces eso es lo que él haría.
—¿Cuáles son los pasos a seguir en el caso de que decidiéramos llevar a cabo el proceso?
—Lo primero sería concertar citas con el psicólogo del centro. Luego os enseñaríamos las candidatas más idóneas para que hagáis vuestra elección. Después de elegida la candidata y obtenido su consentimiento, comenzará el proceso clínico. Para ello se coordinarán los períodos tanto de la madre biológica como la madre gestante. Estimularemos a la madre a fin de obtener y extraer los óvulos, y a la gestante para prepararla para anidar los embriones. Obtenidos los óvulos, estos se fecundarán generando los embriones que se implantarán en el útero de la gestante.
—¿Los embriones? —inquirió Bella extrañada
—Está legalmente permitido implantar hasta tres embriones, ya que es sabido que no todas las implantaciones son exitosas. Al implantar más de un embrión en el mismo procedimiento, nos aseguramos una posibilidad de éxito mayor. Es más probable que al menos uno de ellos resulte exitoso, pero eso depende de lo que vosotros prefiráis. A partir de allí, cuando se obtenga un resultado de embarazo positivo, se comienza con el proceso natural de un embarazo. Vosotros en todo momento estaréis en conocimiento del estado del embarazo, tanto de la salud de la madre como del bebé.
—¿Cuánto tarda todo el proceso?
—Desde que os decidís, pasan unos dos meses antes de que se pueda realizar la implantación, y si la implantación tiene éxito, de allí los nueve meses de gestación.
—¿En un año podríamos tener nuestro bebé? —preguntó Bella con los ojos repentinamente húmedos.
—Sí. Si todo va bien, sí. —confirmó el hombre sonriendo satisfecho.
Se miraron el uno al otro con un torrente de emociones entre ellos imposible de calmar.
—Os recomiendo que os vayáis a casa y lo habléis, meditéis y discutáis a fondo. Si tenéis cualquier tipo de duda, no dudéis en comunicaros con nosotros. —aconsejó el hombre —Si finalmente decidís seguir adelante, concertaremos las primeras citas para la evaluación psicológica.
—Muchas gracias, doctor. —dijo Edward poniéndose en pie para estrechar la mano del galeno, despidiéndose.
Abandonaron la clínica en silencio y caminaron así hasta alcanzar la camioneta.
Edward se inclinó para abrir la puerta del acompañante para Bella, pero ambos se quedaron allí en silencio mirándose llenos de preguntas y de dudas.
—¿Qué opinas? —indagó Edward por fin aguantando, sin darse cuenta, la respiración.
Bella inspiró profundamente antes de hablar.
—Quiero hacerlo —dijo por fin con tono decidido.
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Adelanto:
—¿Quieres hacerlo? —inquirió Edward mirándola con atención para no perderse ninguna de sus reacciones
—Sí.
—¿De verdad quieres que lo hagamos? —preguntó entrelazando sus manos con las de ella.
—Sí. ¿Tú no quieres hacerlo?
En mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.
Y en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.
Besitos y nos leemos!
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