DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
RANCHO MASEN
CAPITULO 43
—¿Quieres hacerlo? —inquirió Edward mirándola con atención para no perderse ninguna de sus reacciones.
—Sí.
—¿De verdad quieres que lo hagamos? —preguntó entrelazando sus manos con las de ella.
—Sí. ¿Tú no quieres hacerlo?
—Sí, cielo. Si tú te sientes cómoda con todo el proceso, entonces sí, hagámoslo.
—Aunque creo que en algún momento me gustaría también adoptar un niño. —agregó con timidez —Tal vez uno de esos niños que llaman inadoptables.
Edward sonrió tirando de ella hasta su pecho para rodearla con sus brazos y estrecharla contra él.
—Me encantará hacerlo, nena. Serás una madre fantástica —aseguró besando su cabeza. —De todos modos hay muchos trámites previos que debemos hacer antes de tomar decisiones definitivas. Supongo que podemos empezar por ahí. Inscribirnos en las listas de espera para adoptar, y concertar las entrevistas que correspondan, tanto para la adopción como para este proceso.
—Dios, Edward. Te amo tanto —musitó regocijada y enamorada.
—Y yo a ti, mi ángel.
Las semanas siguientes fueron un poco caóticas.
El rancho estaba recibiendo más trabajo que nunca y a eso se sumaban las ausencias de Edward y Bella a causa de los trámites y análisis médicos que tenían que realizar, en sus intentos de convertirse en padres.
Ese día Bella estaba visitando las caballerizas de un nuevo cliente, cuando Edward volvió al rancho después de recoger en la tienda veterinaria las últimas vacunas que le habían recetado para sus animales.
Emmett estaba allí esperándole hablando con Harry.
—Hey, hermano —le saludó golpeando su espalda con un gesto fraternal después de despedirse del capataz de su hermano.
—Emmett, ¿cómo estás?
—Bien. ¿Qué tal tú? ¿Cómo te viene llevando la vida de casado?
—Fantásticamente —sonrió con una calidez en su rostro que Emmett hacía años había dejado de esperar.
—Ya veo. Tu cara lo dice todo. ¿Es lo que esperabas?
—No. Es mucho más. Es más de lo que me hubiese atrevido a desear.
—Me alegra por ti, hermano.
—Lo sé, Emmett. Gracias por eso.
—He escuchado que te estás tomando bastante tiempo libre en el rancho.
—¿A qué te refieres?
—A eso, simplemente. He escuchado que has estado fuera del rancho bastante más a menudo que lo que solías estarlo.
—Tú fuiste quien me dijo el día de la boda que me ocupara más de mi mujer y mi familia y delegara más trabajo en mis empleados, ¿o no?
—Hey, no es una crítica —le calmó Emmett —Haces bien en dedicarte a tu mujer y tu matrimonio. Sólo me ha llamado la atención que te tomaras tanto tiempo libre ya que nunca lo has hecho.
—Mi vida ha cambiado con Bella. El rancho ha dejado de ser mi prioridad —reconoció.
—Bien por ello.
Inspiró profundamente antes de confesarse con su hermano.
—Bella y yo queremos tener hijos —soltó adentrándose en la cocina de la casa para coger dos cervezas y volver fuera a sentarse con su hermano en el porche trasero.
—Bueno —sonrió Emmett destapando su botella y apoyando sus pies sobre la barandilla del porche —Esa es una buena idea, supongo que eso significa que estáis intentándolo en diferentes escenarios y a eso se deben vuestras ausencias en el rancho —agregó burlón.
Edward sonrió silencioso ante las burlas de su hermano.
—Es más complicado que eso.
—¿Qué quieres decir? —inquirió Emmett mirándolo con el ceño fruncido.
—Bella no puede quedar embarazada —explicó sorprendiendo a su hermano.
—¿Qué quieres decir? ¿Es estéril? ¿No puede tener hijos?
—No exactamente. No puede gestarlos en su útero.
—Oh, vaya... ¿y eso por qué?
—Cuando ocurrió el accidente en el que murió Jacob, ella estaba embarazada. Al perder al bebé perdió también gran parte del útero y eso le impide albergar un bebé en su interior.
—Vaya —suspiró Emmett impresionado —¿Y eso es seguro? ¿No habéis buscado una segunda opinión? ¿Ver otros médicos? Sabes que la ciencia avanza mucho y la medicina ha hecho grandes avances en los últimos años.
—Lo sé. Hemos visto un médico y nos ha confirmado que sólo un milagro lograría que Bella se embarazara y el embarazo llegara a término exitosamente.
—Bueno, pero entonces podría suceder.
—Sus probabilidades son de una en un millón, pero sí, supongo que podría suceder.
—Comprendo. ¿Y qué vais a hacer? ¿Esperar el milagro?
—Creo que en parte siempre estaremos esperando el milagro, pero en realidad hemos estado barajando otras opciones.
—¿Como por ejemplo?
—Adopción y vientre de alquiler.
—¿Y por cuál os habéis decidido?
—Vamos a intentarlo de ambas formas. Queremos una gestación subrogada para tener nuestros bebés, con nuestros genes, ya sabes, desde el mismo día de su nacimiento. Pero también hemos pensado en adoptar. En la agencia de adopciones nos han dicho que hay niños mayores a los que muy poca gente está dispuesta a adoptar debido a que no son bebés. Nos gustaría darle la oportunidad a uno de esos niños que ya parece que no la tuvieran.
—Eso es algo muy generoso de vuestra parte, Edward. Creo que es una excelente decisión.
—Sí, yo también lo creo —concordó Edward dando un trago a su botellín.
—Ahora que, lo del vientre de alquiler no lo tengo tan claro.
—¿Por qué no? —inquirió Edward extrañado.
—No sé. Me imagino lo duro que sería que la mujer que lo haga se encariñase con el bebé y se negase a entregároslo al momento del nacimiento. Vosotros ya estaríais apegados a ese bebé, y os habríais echo la idea de tener a vuestro hijo. Sufriríais mucho.
—No es posible legalmente que la mujer se quede con nuestro hijo. Los documentos de paternidad a nuestro nombre se firman desde el momento en que se confirma el embarazo.
—¿No podría intentarlo siquiera?
—Supongo que por intentarlo, podría intentar cualquier cosa, pero la ley no la avala, así que no tendría éxito. De todos modos, en la agencia nos explicaron que no es nada habitual que eso suceda. De hecho, ellos mismos, que se encargan de estos trámites desde hace muchos años, nunca se han topado con un caso así.
—Entiendo ¿y qué piensa Bella de todo eso?
—Está de acuerdo. Quiere hacerlo. En realidad al principio yo me sentía un poco reticente, ya que temía que esta situación pudiera afectar emocionalmente a Bella, ya sabes, que sea otra mujer la que lleve en su vientre a nuestro hijo, pero ella insiste en que es lo que quiere hacer y que no le afectará.
—Ya sabéis quien será la mujer que lo hará.
—Aún no. La agencia nos ha enviado hoy mismo un dossier con algunas candidatas y sus perfiles. Después de elegirla, ella debe aceptar llevar a nuestro hijo, y de allí en más se comienza con todo el procedimiento.
—¿Y qué sucede durante el embarazo? ¿Estáis en contacto con ella? ¿Vendrá a vivir al rancho?
—No lo creo. Podremos mantener con ella el contacto que nosotros decidamos. Puede ser incluso nulo, si así lo preferimos. En ese caso la agencia se encarga de enviarnos todos los informes y el seguimiento médico del embarazo.
—¿No te preocupa que esa mujer pudiera interponerse entre vosotros? ¿En vuestra pareja?
—¿Por qué habría de hacerlo? —inquirió Edward observando a su hermano extrañado.
—No lo sé. Supongo que será una mujer joven, dispuesta a tener tus hijos... ya sabes...
—¿Crees que así de efímero es el amor que siento por mi mujer? —preguntó con ferviente indignación —¿Crees que cuando me casé con Bella sólo buscaba una mujer dispuesta a tener mis hijos? Sé que Bella no puede tener hijos desde antes de la boda y aún así elegí casarme con ella porque la amo por sobre todas las cosas y no puedo siquiera imaginarme vivir con alguien más.
—Hey, no te lo tomes así —intentó calmarle Emmett —Sólo quiero que pienses bien a qué te enfrentarás cuando esa mujer se presente ante ti y en su vientre esté tu hijo y sea su vientre el que toques para sentir moverse a tu hijo.
—No será mi hijo el que esté allí, sino mío y de Bella. Mío y de la mujer a quien amo más que a mi propia vida.
—¿Y qué crees que sentirá Bella en ese momento?
—Espero que lo mismo que yo. Que esa mujer está cuidando de nuestro bebé mientras nosotros no podemos hacerlo.
—¿No crees que Bella podría sentir que no es su hijo al no haberlo llevado en su vientre?
—Oh, por Dios, Emmett, no entiendo que seas tú quien me diga esto. ¿Crees que Esme no sentía que Alice era su hija? —indagó molesto con su hermano —Ninguno de tus hijos ha crecido dentro de tu cuerpo, ¿crees en algún momento que no son tus hijos?
—Ya, pero soy un hombre. Siempre he sabido que mis hijos no crecerían dentro mío.
—Bella ha aceptado hace mucho tiempo que sus hijos no crecerían en su vientre, pero tiene suficiente amor de madre para dar, y desea dárselo a nuestros hijos, sin importar quién los lleve en sus primeros nueve meses de vida. ¿Crees que no será feliz cuando de aquí a nueve meses tenga en sus brazos un bebé con su cabello y mis ojos?
—Tienes razón —aceptó Emmett por fin. —Lo siento, Edward. No quería molestarte, es sólo que todo el tema del vientre de alquiler es demasiado nuevo para mí. Supongo que soy un poco prejuicioso al respecto y sin razón, desde luego, ya que no conozco ningún caso cercano en realidad.
—En este tiempo hemos visto y leído muchos testimonios de parejas que han tenido a sus hijos de esta forma y sólo hemos escuchado padres y parejas felices. Queremos eso mismo para nosotros.
—Lo sé, hermano, lo sé. Tienes razón. Estoy seguro de que tendréis unos hijos maravillosos y no veo la hora de tener a mis sobrinitos corriendo por el rancho junto a mis hijos y los de Alice. Sé que Carlisle y Esme estarían felices por ello.
—Sé que sí. —concordó confiado.
Cuando esa noche después de cenar, él y Bella se reunieron en el sofá del salón con los distintos dossiers que la agencia les había enviado con las candidatas para gestar a sus hijos, Edward no sabía qué criterio deberían seguir para esa elección.
Tenían cuatro candidatas para evaluar.
La primera, una mujer de treinta y dos años, casada, madre de dos hijos, que se había sometido al procedimiento dos veces anteriormente. Sus informes médicos eran perfectamente normales y sus anteriores embarazos no habían sufrido ningún tipo de complicación.
La segunda, de veintiséis años, vivía con su pareja, con quien tenía un hijo de cinco años. Era la primera vez que se presentaba como candidata a madre subrogada, pero su historial médico y su juventud la hacían más que apta.
La tercera candidata tenía treinta y cuatro años. Estaba casada y tenía tres niños. A su vez, había tenido un bebé para una pareja que no podía tenerlos, y todos sus embarazos habían sido exitosos.
Por último, la cuarta candidata. Una joven de veintisiete años, madre de un niño de tres años. Su marido había muerto dos años antes y ella vivía sola con su pequeño.
Nada más leer los historiales, Bella supo cuál sería la madre de alquiler de su hijo.
—Quiero que sea ella —dijo entregándole el dossier a Edward.
—¿Por qué ella? —preguntó Edward después de hojear la documentación.
—No lo sé. Creo que además de ser guapa e inteligente, su historia me emociona.
—¿Su historia?
—Sí. Su marido no podía tener hijos, por lo que recurrieron a un donante de esperma para tener a su bebé, y cuando el niño tenía nada más que un año, su marido murió. Creo que debe saber exactamente lo que se siente al no poder tener sus hijos con su pareja de la forma natural y convencional, y supongo que será la más empática con nuestra situación. Además de que, no sé, creo que al ser madre soltera, tal vez sea la que más necesite el dinero.
—Es probable —aceptó Edward releyendo la información incluida en el dossier. —Bien, si estás segura, mañana se lo comunicaremos al doctor Gerandy, para que se comunique con ella y saber si acepta o no.
Bella se volteó hacia él y lo rodeó con sus brazos para besarlo con ternura y toda la emoción que la embargaba.
—Gracias, Edward —susurró cuando se separaron.
—¿Por qué, cariño?
—Por todo. Por estar conmigo, por aceptarme y amarme a pesar de todos mis miedos, mis inseguridades y mis defectos.
—Oh, por favor, cielo —respondió atrayéndola hacia él para sentarla en su regazo —¡Qué cosas dices! Yo soy quien tiene que agradecerte por soportarme y amarme a pesar de haberme comportado como un completo gilipollas algunas veces, y haberte lastimado como lo hice.
—Todo eso está en el pasado y creo que tenemos un futuro demasiado hermoso hacia el cual mirar, como para estar perdiendo el tiempo mirando hacia atrás.
—Tienes razón —aceptó poniéndose en pie con ella en sus brazos —Y el futuro más cercano nos espera en la enorme cama de nuestra habitación —sugirió seductor haciéndola sonreír.
Pasó una semana antes de que el doctor Gerandy, el director de la clínica, les llamase para darles la respuesta que ansiosos esperaban.
—Está de acuerdo —dijo el médico a un Edward nervioso que escuchaba al otro lado de la línea telefónica —Tanya Buring ha dicho que sí y ha aceptado encantada ser vuestra madre subrogada.
Gracias por los reviews, alertas y favoritos y por leer y bienvenidas a las nuevas lectoras que se suman en cada capítulo.
Seguro tendréis muchas cosas que decir sobre este capítulo, especialmente sobre el final.
Quiero aclarar que toda la información que se dio en el capítulo anterior sobre gestación subrogada, es completamente fiel a la realidad, no me inventé nada, por lo que creo que muchas de las ideas preconcebidas que muchas tenemos o teníamos sobre este tema, son erróneas, ya sea respecto a tener que convivir o tener un trato constante con la gestante durante el embarazo, o que éstas puedan quedarse con el niño así como así, etc.
En mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.
Y en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.
Besitos y nos leemos!
Calendario de Actualizaciones:
Lunes - RANCHO MASEN, Jueves - PERVERSAMENTE PROHIBIDO.
Sabrina: Te comento que tu duda ha sido compartida por otras lectoras, pero debo aclararte que no, Bella no está embarazada. Al menos de momento no lo está, no digo que esto vaya o no vaya a suceder en algún momento de la historia, pero puedes estar segura que actualmente no lo está. Supongo que de estarlo, con tanto análisis y visitas al médico ya se habría visto. Así que lamento si alguien se siente decepcionado pero ahora mismo, es así. Besitos.
