DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
RANCHO MASEN
CAPITULO 44
Dos semanas más tarde se reunieron en la clínica con la mujer que habían elegido para que gestara a su hijo.
Tanya Buring era una mujer encantadora.
Bellísima con su cabello rubio cayendo en suaves ondas sobre sus hombros y con unos profundos ojos azules repletos de dulzura, les cayó estupendamente bien nada más verla.
Antes de reunirse con el médico que se encargaría de las primeras consultas a Bella y Tanya a fin de poder sincronizar sus cuerpos, para que la fertilización tuviera éxito, Bella, Edward y Tanya, se reunieron a solas a fin de conocerse.
Tanya resultó ser una mujer dulce y amable. Madre de un niño de tres años, había perdido a su marido cuando su pequeño apenas tenía un año.
Su marido, Alistair, había resultado ser estéril y después de buscar durante años tener un hijo, habían recurrido a un donante de esperma que les había dado la posibilidad de ser padres.
Por ese motivo, la mujer conocía de primera mano, cuán duro podía resultar para una pareja verse imposibilitada de tener su propia descendencia, y ese conocimiento era el que le había llevado a decidirse por presentarse como voluntaria a madre subrogada.
Nada más ver la pareja que formaban Edward y Bella, identificó en ellos el mismo amor y devoción que ella había sentido con su marido y fue fácil decidirse a ayudarles.
Después de firmar el contrato, los tres estuvieron de acuerdo que decidirían el nivel de contacto que mantendrían durante el embarazo, a medida que éste fuera avanzando y ambas partes pudieran ver claramente cómo se sentían más cómodas.
No obstante, Edward y Bella recibirían semanalmente informes médicos sobre el embarazo, así como copia de todos los análisis, ultrasonidos, etcétera, que Tanya se viese obligada a realizarse.
Bella y Tanya esperaban que el médico las recibiera, mientras Edward se encargaba, en una sala contigua, de rellenar varios formularios.
—Tu marido parece un hombre magnífico —le dijo Tanya a Bella después de que él marchara.
—Lo es —sonrió sintiéndose orgullosa mirando la puerta por la que él había marchado.
—¿Lleváis mucho tiempo juntos?
—Apenas hace un año que nos conocemos y llevamos casados unos pocos meses.
—Oh, vaya —exclamó la joven sorprendida —¿Fue amor a primera vista?
Bella rió recordando el primer encuentro que habían tenido ella y Edward, hacía lo que ya parecía una eternidad.
—Qué va. La primera vez que nos vimos nos tratamos de una forma horrible. Edward se mostró arrogante y presuntuoso, y esa actitud me enfureció haciéndome reaccionar de forma grosera y maleducada.
—¿Arrogante y presuntuoso? No lo puedo creer. Ese hombre te mira como si besara el suelo que tú pisas.
—Creo que lo hace, en cierta forma —reconoció Bella sonrojándose con timidez —Me ama mucho y yo a él, pero nuestros primeros encuentros estuvieron a punto de hacer que nos odiáramos.
—¿Y cómo lo conquistaste?
Bella inspiró profundamente meditando su respuesta antes de hablar.
—No lo sé —reconoció por fin —Creo que a medida que nos fuimos conociendo nos fuimos dando cuenta que teníamos muchas cosas en común. Yo encontré en él un hombre íntegro, sincero, honesto y amoroso y él, creo que vio en mí, una mujer incapaz de traicionarle y que está dispuesta a entregarle su vida.
—Es muy hermoso lo que dices. Cuídale mucho, Bella —aconsejó la mujer con los ojos brillantes por las lágrimas no derramadas —Cuídale y quiérele mucho. Disfrútale, porque nunca sabes lo que la vida tiene planeado, y a veces la vida te quita lo que más amas, antes de que hayas podido demostrárselo lo suficiente.
Bella observó a la mujer con compasión y sobre todo, comprensión, ya que sabía exactamente a lo que se refería. Estiró su mano para tomar la de la joven que descansaba en su regazo y le dio una apretón reconfortante.
—Sé a lo que te refieres —reconoció —Cuando mi prometido murió sentí que no le había dicho cuánto lo amaba, las veces suficientes. El día que él murió nosotros habíamos discutido. Durante años temí que él hubiera muerto creyendo que yo no lo amaba tanto como lo hacía en realidad. Tardé mucho tiempo en perdonarme, pero finalmente conocí a Edward cuando menos lo esperaba y en el lugar que menos lo imaginaba —explicó sonriendo —y él no sólo me ayudó a perdonarme, sino que me abrió los ojos y me obligó a reconocer que Jacob sabía lo que yo sentía por él y no me culpaba por nada más que por haberme rendido después de su muerte.
—Creo que has tenido mucha suerte en encontrar un hombre como ese.
—Yo también lo creo —reconoció
Edward entró en ese momento con varios papeles en las manos y se sentó junto a Bella, para coger la mano de ella y entrelazar sus dedos.
—¿Aún no os han visitado? —preguntó ajeno a las miradas de adoración que las dos mujeres le dirigieron.
—No —respondió su mujer —Pero no creo que tarden.
La puerta del consultorio se abrió y el médico hizo entrar a Bella.
Mientras le realizaba su revisión, se informaba sobre sus ciclos menstruales y le informaba a ella sobre el procedimiento para estimular sus ovarios, y el momento adecuado para la extracción de sus óvulos, Edward le esperaba sentado junto a Tanya, quien sentía una repentina admiración por ese hombre, que tanto podía parecer rudo y tosco, como se convertía en un hombre amoroso capaz de ayudar a la mujer que amaba, a perdonarse por circunstancias de las que sin dudas no era responsable.
—Bella me dijo que no lleváis mucho tiempo juntos —dijo Tanya rompiendo el hielo
—No en realidad. Nuestra boda fue por Acción de Gracias.
—Tampoco hace mucho que os conocéis.
—Apenas un año —reconoció.
—Es maravilloso que aún con tan poco tiempo estéis tan seguros de vuestro amor y de la familia que queréis formar.
—Supongo que visto desde fuera pueda parecer extraño, pero tanto Bella como yo estamos muy seguros de nosotros, de nuestra relación y el mutuo amor que sentimos por el otro. Formar una familia juntos nos parece el siguiente paso natural. Yo ya no soy un niño, tengo treinta y seis. Quiero ser lo suficientemente joven para mis hijos, para poder enseñarles a cabalgar, para enseñarles a nadar en el río que corre junto a nuestro rancho, para correr con ellos bajo la lluvia y saltar en el barro, antes de que Bella salga de la casa para regañarnos —sonrió pensando en su hermosa mujer y el futuro que esperaban tendrían juntos.
—Lo entiendo —Tanya sonrió mirándole enternecida —Es conmovedor escucharte hablar de tu mujer y vuestra relación. No puedo negarte que me da cierta envidia ver la hermosa relación que habéis construido, y me siento honrada y feliz de que me hayáis elegido para ayudaros a formar esa maravillosa familia de la que habláis.
Edward le dedicó una sonrisa de agradecimiento.
—Nosotros estamos honrados de que nos hayas aceptado y te estaremos eternamente agradecidos por ello.
—No tenéis que agradecerlo —aseguró —Es un placer para mí.
Bella salió en ese momento de la consulta para que Tanya entrara en su lugar.
Al sentarse junto a Edward, éste la rodeó con su brazo atrayéndola hacia su cuerpo.
—¿Cómo te fue? —preguntó en un susurro
—Bien. Me han dado la medicación que debería empezar a tomar para estimular los ovarios. También me han dicho que en función de los óvulos que obtengamos y que puedan ser fecundados, podremos decidir cuántos de ellos desearíamos que sean implantados en el útero de Tanya.
—¿Cuántos podemos implantar?
—Hasta tres, ya que no es probable que todos ellos vayan a desarrollarse correctamente.
—Pues, imagino que deberemos decidirlo junto con Tanya, ¿no?
—Supongo que sí. Debo confesar que me da un poco de miedo pensar en tener trillizos. —explicó Bella en voz baja.
Edward se carcajeó ante la sola idea. Querría tener muchos hijos, sí. Siempre le habían gustado los niños, y tener tres o más incluso, le parecía una idea fantástica, pero tuvo que reconocer que tener tres hijos de una sola vez, podía ser una idea aterradora.
—Reconozco que a mí también me aterra un poco, pero no creo que vaya a suceder. El médico ha dicho que no era lo más frecuente que todos los embriones transferidos se desarrollaran con éxito.
—Supongo que no —aceptó Bella recostándose en él —Me gustaría mantener un contacto fluido con Tanya durante el embarazo —reconoció cambiando de tema abruptamente.
—¿Sí? ¿Es lo que quieres?
—Sí, creo que sí. Me parece una mujer maravillosa, y creo que en algún momento tendremos que explicarle a nuestro hijo, que si bien yo soy su madre, él vivió sus primeros nueve meses en el cuerpo de otra mujer. Imagino que podría querer conocerle.
—Estoy de acuerdo contigo —aceptó Edward sopesando la explicación de Bella y encontrando su razonabilidad.
—Supongo que sería algo así como una amiga de la familia, o una tía postiza.
—Sí, supongo que sí. De cualquier forma ella deberá estar de acuerdo con esa decisión.
—Sí, lo sé. Pero creo que nosotros también le caemos bien a ella.
—No esperaba menos de ti —aseguró estrechándola entre sus brazos —Eres una delicia de mujer que no puede caerle mal a nadie.
—A ti no te caí muy bien el día que me conociste —refutó mirándolo divertida.
—No es verdad —le corrigió —si no me equivoco, la primera vez que te vi te invité a cenar y acepté pasar una noche entera contigo, aunque yo hubiese tenido que pagar la puja.
—Sí, claro, siempre y cuando hubiese sido integrante de la Asociación de Damas...
—No es mi culpa que no lo fueras —retrucó risueño.
Tanya estuvo de acuerdo en dejarlos participar en el embarazo desde el principio involucrándose totalmente, aunque pasaron varias semanas antes de que por fin se realizara la fecundación.
Dos semanas más tuvieron que pasar antes de recibir la llamada de Tanya, donde les informaba que la prueba casera de embarazo que se había realizado, había dado resultado positivo.
La alegría que les inundó a Edward y a Bella, les llevó a organizar una cena con la familia, a la cual Tanya y su pequeño hijo, fueron especialmente invitados.
Cuando le informaron a su familia que finalmente, nueve meses más tarde, tendrían un nuevo Cullen en la familia, no pudieron evitar las lágrimas que acabaron contagiando a los invitados.
Cuatro semanas después Tanya se sometió al primer ultrasonido y Edward y Bella, se quedaron de pie a su lado, mientras el médico se preparaba para enseñarles la primera imagen de su bebé.
—Vaya, vaya —exclamó el médico después de observar el monitor atentamente durante varios minutos.
Las tres personas allí presentes le observaron ansiosas y preocupadas, antes de verle sonreír socarronamente.
—¿Hay algo malo? —preguntó Tanya con voz inquieta.
Edward apretó el hombro de Bella manteniendo sus manos entrelazadas nerviosamente, sin dejar de observar al médico.
—No —dijo el médico haciéndoles respirar —No malo, pero algo inquietante, especialmente para los futuros padres —agregó mirándolos con una sonrisa divertida.
—¿Qué sucede? —inquirió Edward irritándose por momentos ante el suspense del médico.
—Espero que hayáis dormido mucho todos estos años, porque a partir de ahora, lo tendréis francamente difícil. Vais a tener trillizos. —explicó haciéndoles trastabillar.
Antes que nada, mis disculpas por no haber podido actualizar el día de ayer, algunos inconvenientes personales se sumaron a inconvenientes técnicos, y me fue imposible. Pero aquí estoy con un nuevo capi.
Gracias por los reviews, alertas y favoritos y por leer y bienvenidas a las nuevas lectoras que se suman en cada capítulo.
De este fic ya no nos queda casi nada, así que ya no voy a seguir subiendo adelantos. Espero que no me lo tengáis en cuenta :P
En mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.
Y en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.
Besitos y nos leemos!
Calendario de Actualizaciones:
Lunes - RANCHO MASEN, Jueves - PERVERSAMENTE PROHIBIDO.
