DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

RANCHO MASEN

CAPITULO 47

Después de convencer a Nessie de quedarse en casa mientras ellos iban al hospital, subieron al coche en un completo estado de ansiedad.

Sus manos entrelazadas sobre el regazo de Bella, mientras ambos se mantenían en silencio pensativos.

Llevaban demasiado tiempo esperando que llegara ese momento, pero entonces, cuando por fin había llegado, todos sus miedos y dudas se instalaron entre ellos.

Tanya había cumplido los ocho meses de embarazo, pero ya habían contado con la posibilidad de que los bebés fueran prematuros.

De cualquier forma, el tiempo de gestación era adecuado y en la última visita al médico, éste les había asegurado que no tenía por qué haber ningún problema con sus bebés.

Desde luego que también les preocupaba la salud de Tanya, ya que el de ella podía convertirse en un parto riesgoso, pero confiaban ampliamente en el médico que la atendía.

—¿Qué piensas? —preguntó Edward en susurros apretando sus dedos.

—Tengo miedo —confesó Bella en susurros.

—No tienes qué temer —intentó tranquilizarla su marido.

—Lo sé, pero… hemos esperado tanto por este momento —se volteó hacia él y Edward pudo ver sus ojos humedeciéndose —Tengo miedo de que algo no vaya bien en el parto…

—Todo irá bien en el parto —aseguró confiado.

—Tengo miedo de no ser una buena madre, de no saber hacerlo bien…

—Bella, ángel, eso no debe preocuparte en absoluto. Serás una madre excelente para los trillizos porque eres una madre maravillosa para Ness.

—Sí, pero Ness tiene ocho años y a causa de todo lo que ha vivido en su corta vida, es increíblemente madura.

—Lo sé, pero no deja de ser una niña. Una niña que te ama y que es infinitamente feliz de tenerte como madre.

—Gracias, Edward —dijo mirándolo con todo el amor que la inundaba cada vez que le veía.

—¿Gracias por qué?

—Por todo. Por todo lo que me has dado, por lo todo que me das a cada momento. Por creer en mí, confiar en mí, en que puedo hacerlo.

—Dios, nena, cómo no voy a pensar que puedes hacerlo si eres la mujer más fuerte que he conocido jamás. Bella, has pasado por situaciones muy duras y difíciles, y donde muchos no se habrían levantado, tú has salido adelante y te has convertido en una mujer fuerte, íntegra y dispuesta a luchar por tu felicidad.

—Tú me has hecho así. Tú me has hecho ver que debía salir adelante, tú me has hecho ver que valía la pena y nunca podré agradecerte lo suficiente el haberme dado una oportunidad de ser feliz.

Edward sonrió completamente emocionado y se inclinó hacia ella para rozar sus labios antes de volver su atención a la carretera.

Tanya les esperaba con su mirada tranquila y serena aunque se le notaba claramente la preocupación que la embargaba.

—¡Tanya! —exclamó Bella al entrar en la habitación donde la joven se encontraba acompañada por su madre.

—Hola —susurró con una sonrisa cansada viendo a Bella y Edward entrando tras ella.

—¿Cómo estás?

—Bien. Un poco dolorida y cansada, pero nada fuera de lo esperado.

—¿Qué ha dicho el médico? —preguntó Edward intentando mantener calmada a su mujer, rodeando sus hombros con su brazo.

—Practicará una cesárea ahora que vosotros habéis llegado. —explicó —Todo saldrá bien —agregó comprensiva intentando calmar la ansiedad que se reflejaba en el cuerpo tenso de Bella.

—Oh, sí, desde luego —le respondió Bella sintiéndose fuera de lugar —Todo saldrá bien —sonrió.

Cuando el médico se llevó a Tanya al quirófano, Bella se volteó en los brazos de su marido que la estrechó contra él.

—Me siento una idiota —gimió —Yo debería infundirle calma a ella y no ella a mí.

—No te apenes, cielo. Es normal que te sientas así. En un par de horas tendremos tres bebés —sonrió Edward con cariño y algo de inocultable nerviosismo.

—Pues tendrás que prepararte para ello, señor Cullen, porque sin dudas tres pequeños recién nacidos, requerirán mucha atención.

—Ya lo he pensado. Se acabó eso de dormir toda la noche —se quejó divertido.

—Y no por la razón que te gustaría —le replicó risueña.

Tardaron una hora en ver un médico salir de la zona de quirófanos.

—¿Familiares de Tanya Denali?

—Sí, nosotros —dijeron poniéndose de pie.

Bella entrelazó su mano con la de la preocupada madre de Tanya, cuando el médico sonrió tranquilizadoramente.

—Todos están muy bien —les aseguró haciéndoles respirar —Los bebés están bien, han tenido buen peso y ahora mismo les están realizando los controles necesarios. En principio no será necesario que pasen a incubadora ya que sus pesos son adecuados, aunque los mantendremos en observación. La madre se encuentra en la sala de recuperación, también en perfecto estado aunque cansada.

Los hombros tensos de la madre de Tanya se relajaron y Bella soltó su mano para abrazar a su marido que la estrechó contra él complacido.

—¿Cuándo podremos verlos? —preguntó Edward en voz baja mientras intentaba calmar la emoción que amenazaba desbordar sus ojos.

—En unos momentos les vendremos a buscar para que puedan ver a los niños. La madre tardará unos momentos en ser llevada a su habitación.—dijo el médico antes de retirarse.

Edward y Bella se fundieron en un estrecho abrazo mientras las lágrimas rodaban libremente por sus rostros.

—Felicidades —les dijo la madre de Tanya antes de alejarse de ellos dándoles intimidad.

Edward se separó de Bella y tomó su rostro entre sus manos.

—Te amo, cielo —murmuró mirándola con devoción.

—Te amo, Edward —reconoció ella antes de fundirse en un beso cargado de emociones.

Unos treinta minutos después les permitieron entrar a la sala de neonatos.

Allí, en tres pequeñas cunitas transparentes, estaban sus bebés.

—¡Dios! —exclamó Edward rodeando a Bella con sus brazos para pegarla contra su pecho —Son las personitas más pequeñitas y más perfectas que he visto jamás.

—Son perfectos —susurró Bella emocionada.

—¿Cómo les llamaremos? —preguntó él sin poder alejar la vista de los pequeños.

Llevaban meses discutiendo sobre los nombres de los bebés, y no habían llegado a ninguna decisión, aunque habían estado bastante cerca de llegar a un acuerdo.

—¿Elizabeth y Anthony? —comentó Bella pensando en los dos nombres que siempre habían estado como una opción.

—Me gustan —aseguró Edward —Pero creo que el mayor debería llamarse Jacob —comentó sorprendiéndola.

—¿Jacob? —inquirió Bella volteándose hacia él sorprendida —¿Quieres llamarle Jacob?

—Sí. Le debo mucho a Jacob. Le debo tu vida, que estés aquí conmigo, que hayamos podido formar nuestra familia —explicó con solemnidad emocionándola.

Bella sonrió y se aferró a él abrumada.

—Me parece un nombre hermoso, Edward —susurró —Gracias por pensar en él.

—Es lo menos que se merece Jacob, y Billy también, por haber insistido en que te contratara a pesar de mis reticencias.

Una semana después, llegaban al rancho en el nuevo monovolumen que Edward había adquirido para poder llevar a su numerosa familia.

La familia al completo les esperaba ansiosa. Pero con tres bebés tenían para calmarles a todos.

Bella estaba sentada en el sofá, con Nessie acurrucada junto a ella y Edward a su lado, viendo como Alice, Rosalie, Rachel y Sue, se pasaban a los trillizos turnándose para cogerlos en sus brazos.

Los primeros días fueron difíciles. Los bebés comían cada dos o tres horas, y en esos momentos se requerían muchas manos para atenderles.

Aunque en el rancho habían encontrado suficientes manos dispuestas a alimentarles.

Bella, Edward y Nessie, siempre estaban más que preparados para darles el biberón o cambiarles el pañal, aunque durante el día, Sue, Harry o alguno de los peones siempre estaba rondando por la casa buscando su oportunidad de ocuparse de alguno de los más pequeños.

Vanessa se había convertido en la perfecta hermana mayor, y estaba siempre pendiente de los pequeños, aunque no podía ocultar su preferencia por la pequeña Lizzy.

Jacob, era el más inquieto, Anthony, el más tranquilo y la pequeña Lizzy, al haber sido la más pequeñita se había convertido en la más consentida.

Los días dieron paso a las semanas, y éstas a los meses, y para cuando se dieron cuenta los pequeños cumplían su primer año.

Bella estaba maquillándose frente al espejo del lavabo cuando Edward entró desabotonándose su camisa dispuesto a colarse en la ducha.

—¿Ya has acabado? —inquirió con desilusión.

—Sí, has llegado tarde. —respondió sonriendo divertida

—¿Y no te apetece volver a darte un remojo? —preguntó abrazándola por la espalda para colar sus manos bajo la bata esponjosa que la cubría.

—Los invitados llegarán en cualquier momento —explicó —Y estoy segura de que Ness no podrá mantener a los niños limpios y tranquilos por mucho tiempo.

—Sue está con ella y el regalo que Tanya les envió los tiene ocupados.

—Ya, ¿por cuánto tiempo? —preguntó escéptica.

Ese día, como regalo para su primer cumpleaños, desde Dallas, donde residía desde hacía seis meses, Tanya les había enviado a los niños una pequeña piscina repleta de bolas plásticas.

Después de nacer los trillizos, Tanya y los Cullen, habían mantenido un esporádico contacto, siempre pensando en sus hijos cuando fueran mayores, y su posible interés en conocer a la mujer que les había albergado en su vientre.

La pequeña piscina les había encantado pero Bella sabía que difícilmente sus tres pequeños diablillos tuvieran suficiente distracción por mucho rato.

—¿Suficiente como para que compartamos la ducha?

—Venga, vaquero, vete a la ducha. Te prometo compensártelo más tarde —prometió besando sus labios con suavidad.

—Te lo recordaré —amenazó enfurruñado haciéndola reír.

Los invitados llegaron al rancho con puntualidad para celebrar el primer año de los trillizos Cullen.

Sus padres y su hermana mayor les esperaban a la entrada de la casa.

—Estos niños son adorables —dijo Billy sentándose junto a Bella que miraba a su marido y el hermano de él jugando con los pequeños de la familia.

—Sí, lo son —reconoció sonriendo orgullosa.

—Y a Edward se le ve realmente orgulloso de sus niños.

—Sí, lo está —sonrió —Sin importar cuánto tenga que correr tras ellos ahora que poco a poco comienzan a caminar. Aunque Ness siempre está junto a él para darle una mano.

—Ya lo creo. Edward ha deseado toda su vida ser padre, no me extraña que esté dispuesto a correr por ellos.

—Es un gran padre.

—Lo es —reconoció Billy —Y tú eres una gran madre.

Bella se giró para mirarle con cariño.

—A veces tengo miedo de equivocarme, de no hacerlo bien.

—¿Cómo puedes siquiera imaginarlo, cielo?

—No lo sé. Supongo que es inevitable sentir temor.

—Bella, lo más importante para educar a los hijos, es hacerlo con amor. Y no hay nada que tú y Edward tengáis más que amor para ellos. Dos personas como vosotros, que habéis ansiado tanto tener vuestros niños, lo haréis muy bien.

—Creo que nunca te he agradecido suficiente todo lo que has hecho por mí, Billy.

—Yo no he hecho nada —discutió el hombre restándole importancia.

—Siempre has sido el padre que perdí a los dieciocho. Y has sido quien trajo a Edward a mi vida. Nunca podré agradecértelo lo suficiente.

—Ya lo has hecho, Bella. Lo habéis hecho al llamar Jacob a vuestro hijo. Lo habéis hecho al haberme permitido oficiar de abuelo de esos cuatro hermosos niños. Lo habéis hecho al honrar la memoria de mi hijo. Lo haces cada día cuando veo tu felicidad y la de Edward.

—Te quiero, Billy —aseguró con los ojoso húmedos abrazando a ese hombre que era para ella más que un padre.

—Hey —les interrumpió Edward acercándose a ellos. —¿Va todo bien? —preguntó cuando se separaron y vio los ojos brillantes de su esposa.

—Sí —explicó ella estirando su mano para tomar la de él —Sólo teníamos un momento sentimental.

—Las mujeres sentimentales ya no son para mí —dijo Billy burlón —Quédate con tu mujer que yo me ocuparé de los niños —ordenó poniéndose en pie y dejándole su lugar.

—¿Todo bien, cielo? —preguntó cuando se sentó junto a ella y la rodeó con sus brazos.

—Sí. Sólo le agradecía a Billy todo lo que ha hecho por mí.

—Yo también tengo mucho que agradecerle. —reconoció él —Debo agradecerle que me obligara a contratarte.

—No te obligó. Sólo lo sugirió.

—Cielo, no conoces a Billy "Manipulador" Black —rió —El simple hecho de sugerir que si yo no te contrataba te recomendaría con Newton, no me dejó opción.

—¿Te arrepientes?

—¿Tú qué crees? —rió antes de volcarse sobre sus labios. —¿Cómo si no lograría un cerdo como yo atrapar a una muñequita exquisita como tú? —agregó besando a su mujer que no pudo evitar reír, antes de fundirse contra él.


Bueno, así llegamos al último capítulo. Nos resta sólo el epílogo. Espero que les haya gustado la historia, aunque sé que habrá de todo.

Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por leer. Bienvenidas a las nuevas lectoras que se incorporan en cada capítulo.

En mi perfil de FF están los links de los tráilers de este fic.

Y en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay encuestas, fotos, etc, sobre éste y mis otros fics.

Besitos y nos leemos!

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