CAPITULO 2
0 – 0 – 0 – 0 – 0 – 0 – 0 – 0 – 0 -0 – 0 – 0 – 0 – 0 – 0 – 0 – 0 – 0 -0 – 0 – 0
Hermione estaba en uno de los despachos, leyendo unos documentos, cuando apareció Charlie Weasley. Tenía el pelo algo mojado y se le podía ver claramente que tenía un arañazo reciente en el lado izquierdo de la cara.
- Ey, Granger – le dijo haciéndola un gesto con la mano mientras se acercaba a su mesa.
- Sabes, tengo una curiosidad ¿por qué ya no me llamas Hermione? – le preguntó recostándose sobre el respaldo de la silla y cruzando los brazos por encima del pecho.
- Aquí todos nos llamamos por el apellido, así que en horas de trabajo eres Granger para mi – le respondió encogiéndose de hombros.
- Está bien…Weasley – ella le sonrió y él le devolvió la sonrisa.
Charlie se sentó en una mesa que estaba libre y comenzó a rellenar su informe sobre su jornada laboral. En todas las reservas de dragones era un requisito indispensable, que al terminar su trabajo con los animales hicieran un pequeño resumen sobre como habían pasado el día los dragones, si había habido algún problema con ellos, y sí habían comido, especificando la cantidad, entre otras muchas cosas.
- Granger ¿Regenerar es con "g" o con "j"? siempre se me olvida –
- Con "G" de Granger, Weasley -
- Gracias, con "G" de Granger también – le respondió sonriendo y a continuación le guiñó un ojo. Hermione se rió, movió su cabeza de lado a lado, y continuó con lo que estaba haciendo.
Cuando terminó con su informe, con un golpe de su varita envió el documento a la bandeja pertinente y se acercó a la mesa de Hermione.
- ¿Qué haces? -
- Leyendo sobre el cuidado de dragones -
- Yo te puedo contar todo lo que necesites saber -
- No quiero molestarte, Char…Weasley - El le sonrió. Tenía una sonrisa muy bonita, pensó Hermione.
– No es molestia, me encanta hablar sobre ellos – la respondió al mismo tiempo que cogía una silla y se sentaba a su lado.
Estaban enfrascados en una interesante conversación sobre la diferencia entre el Ridgeback Noruego y el Colacuerno Húngaro, cuando Earnest Fitzwilliams entró. A Hermione le fascinaba la pasión con la que Charlie hablaba sobre los animales, tanto que sólo se percató de la presencia del director de la reserva cuando este llegó a su mesa y les saludó a los dos. Sin duda algo malo debía haber pasado, porque estaba muy serio.
Les contó que habían encontrado a otro dragón despedazado en la reserva de las Islas Hébridas. Esta vez fue una hembra de Ridgeback Noruego.
A Charlie se le desencajó la cara. En los casi dos meses que llevaba trabajando en Galés no había vuelto a haber ningún ataque, estaba casi convencido que no iba a volver a pasar nada, y que los ataques habían sido algo muy puntual, ¿pero allí? ¿en una reserva tan pequeña? ¿Sería un caso aislado o tal vez los asesinos se habrían ido a esa otra porque la reserva de Gales estaba demasiado vigilada para atacar?
Según Fitzwilliams el modus operandi del ataque fue muy similar en todos, así que cabía suponer que había sido realizado por lo mismos individuos.
Charlie se quedó muy preocupado con la mala noticia, y no fue el único. Durante los días siguientes en la reserva se respiraba un ambiente tenso y preocupado, y las noticias que llegaban del resto de campamentos no les relajaban mucho. En todos estaban reforzando las medidas de seguridad, y se rumoreaba que en el mercado negro se estaban empezando a vender muchos más órganos de dragones de lo normal, y que además había salido una nueva droga llamada sangre de dragón, que los aurores estaban casi seguros que estaba preparada con alguno componente de los animales muertos.
Para ser justos hay que decir que no había sido un rumor, Ron se lo había contado en la cena, ante el enfado de Molly por hablar de cosas tan desagradables en ese momento. También le había dicho que estaban analizando muestras, pero que todavía no tenían ningún resultado. En ese momento, Molly les envió una mirada asesina a cada uno y decidieron cambiar de tema.
- Así que trabajas con Hermione ¿no?- le dijo Ron.
- Más o menos, ella está en las oficinas casi todo el día y yo en el campo con los animales, así que apenas la veo- le respondió mientras se servía un poco más de puré de patatas.
-Y… ¿qué tal le va? – preguntó queriendo quitar importancia a la pregunta.
- ¿Por qué me lo preguntas a mi? ¿Ella no te cuenta nada? – le preguntó extrañado.
- Bueno…estamos…nos estamos dando un tiempo, ya sabes – respondió y dio un sorbo de su vaso.
- ¿Ha pasado algo malo entre vosotros? – le dijo en voz baja para que el resto de la familia, que estaba entretenida en otra conversación simultánea, no les escuchase.
- No, no. Últimamente hemos estado bastante distanciados, yo con el trabajo de auror y ayudando a George en la tienda…y ella…bueno…con sus cosas, así que apenas nos veíamos –
- Pues se encuentra bien, y en la reserva parece que se está adaptando sin problemas. De todos modos yo de vez en cuando quedo a comer con ella y le echo un vistazo para que no se sienta muy desplazada -
- Te agradezco mucho que la cuides, Charlie –
- No tienes porqué – le respondió con una sonrisa. - Creo que va a venir el domingo al cumpleaños de mamá – le dijo sin querer inmiscuirse más en la vida sentimental de su hermano, aunque no por falta de ganas, ya que en el momento que su hermano le había dicho que ya no estaban juntos había sentido algo cálido en el pecho que le incitaba a preguntar más, pero no le pareció correcto - Por cierto ¿le has comprado ya su regalo? Yo no sé qué regalarle y se me hecha el tiempo encima – añadió susurrando casi al oído de Ron, cambiando de tema.
A la fiesta del cumpleaños de Molly asistió mucha gente, incluido Kingsley Shakelbolt que se pasó unos minutos para comer algo de tarta y darle su regalo, un bonito ramo de flores, ya que sus obligaciones como Ministro de Magia le tenían muy ocupado para quedarse más tiempo.
Mientras Molly estaba con Fleur, Bill, Ginny, George, Angelina y Arthur contemplando como su primera y única nieta hacía monerías para ellos, Hermione con Harry, Ron y Charlie mantenían una seria conversación sobre las investigaciones de los ataques.
- Los del laboratorio no tienen todavía los resultado de los análisis, pero yo estoy convencido que van a dar positivo – dijo Harry –
- ¿Y cuando lo harán?– preguntó Hermione.
-No creemos que tarden mucho. Oye, no podéis decir nada de esto a nadie – dijo Ron.
- No te preocupes por eso hermanito, no diremos ni media, ¿verdad Granger? – dijo mirando a Hermione y sonriéndole.
- Verdad, Weasley -
- ¿Pero tenéis alguna pista sobre quienes pueden ser los que están detrás de esto? –les preguntó Charlie.
- Por lo visto son una banda que se hacen llamar los Fear. Sólo sabemos que se dedican al tráfico de drogas y de órganos, y que están muy bien organizados y entrenados. Kingsley cree que deben tener algún contacto dentro del ministerio y de las reservas, entre otros muchos sitios. Además, me apostaría cualquier cosa que también se dedican al blanqueo de oro – dijo Ron
- ¿Y cómo se hace eso? – preguntó Hermione.
- Lo cambian por moneda muggle, y después por galeones, así nos es casi imposible rastrear el dinero, y como nosotros no tenemos competencia para investigar la procedencia del dinero muggle, este tipo de gente siempre sale impune declarando que ese dinero es de sus negocios no mágicos – contestó Harry.
-¿Creéis que esa gente volverá a atacar la reserva de Gales? – preguntó Charlie.
Harry y Ron se miraron, sin saber que contestarle para no asustarles – Mientras haya tanta vigilancia no es probable, además tienen un buen botín para una larga temporada – dijo Harry quitándole importancia al asunto.
Minutos más tarde, Ron y Hermione salían al jardín para poder hablar tranquilamente sobre su relación. Ron había insistido tanto en que se dieran otra oportunidad, que ella finalmente aceptó.
Habían pasado tres semanas desde el ataque de las islas Hébridas y todo había vuelto a la normalidad.
Ella debería sentirse feliz e ilusionada, pero no era así. A pesar de que Ron estaba haciendo todo lo posible porque las cosas funcionasen entre ellos, para Hermione ya no era lo mismo, ya no estaba enamorada, pero decidió seguir con él, no se sentía con fuerza de dejarle de nuevo, él se veía tan…feliz.
Ese día había quedado a comer con Charlie en el comedor del recinto, le apetecía mucho, ya que hacía días que no se veían y le agradaba mucho su presencia, él siempre conseguía hacerla reír. Estaba siendo un apoyo muy bueno para ella allí dentro entre tanta gente desconocida.
De camino, mientras bajaba las escaleras, se chocó contra un hombre moreno de pelo rizado. Para evitar no caerse se agarró a la túnica del extraño, pero este, al sentir el tirón dio un fuerte empujón a Hermione haciendo que ella terminase de perder el equilibrio y se cayese, desgarrando parte de su túnica y dejándole al descubierto el cuello y una pequeña parte del trapecio. Ahora si que estaba totalmente segura de que no le había visto nunca, en el caso contrario hubiese recordado ese horrible tatuaje, una garra peluda y gris, con grandes uñas negras desgarrándole la carne. Se veían con nitidez los músculos dibujados y Hermione se obligó a no pensar en como continuaría.
El desconocido era mucho más grande que ella, por lo que era de entender que la hubiese arrollado en el choque, y por lo visto llevaba muchísima prisa, porque después de empujarla subió las escaleras de dos en dos lo más aprisa que pudo.
Cuando se levantó notó un fuerte dolor en su pie derecho, además la palma de la mano la escocía. Debió de habérsela raspado con la pared en la caída.
Como pudo se dirigió cojeando a la enfermería, pero cuando estaba a punto de entrar por el pasillo, Charlie se acercó corriendo a ella.
Había salido a buscarla, ya que tardaba mucho en bajar a comer y no era normal en ella hacerle esperar tanto. Seguramente se habría enfrascado con algo en el último momento y no sabría ni que hora era. No era la primera vez que pasaba.
Al llegar al vestíbulo la vio como iba cojeando hasta el pasillo del hospital y se preocupó.
- Hermione ¿Qué te ha pasado? -
- ¿Ya no soy Granger para ti? -
- Vamos, no te burles. ¿Por qué cojeas?-
- Me acabo de caer por las escaleras – le respondió sonrojándose violentamente ¿Qué pensaría ahora Charlie de ella?
- Ya sé que una cita conmigo para comer causa un efecto en las mujeres de embobamiento y desorientación, pero no hasta el punto de caerse por unas escaleras – le respondió riendo divertido.
- Muy gracioso, Weasley, ya te gustaría que hubiese sido por ese motivo, pero no. Yo bajaba a comer y alguien subía corriendo por las escaleras, debía llevar mucha prisa, porque se ha chocado contra mí y ni siquiera se ha inmutado – Eso no era del todo cierto, pero no le iba a contar que el extraño la había empujado cuando ella se había sujetado a su tunica.
- Imbécil – respondió molesto – Anda, déjame que te acompañe a la enfermería -
- No hace falta, yo puedo sola. Ve a comer, anda – y echó a andar, el pie le dolió y encogió la pierna resoplando sonoramente.
- Cabezota – le dijo Charlie y sin que ella se lo esperase la cogió en brazos y se la llevó hasta el hospital. Se asombró de la facilidad con la que la había levantado del suelo y de lo ligera que era.
Algo dentro de él se agitó al sentirla tan cerca. La miró a la cara, estaba tan roja como su pelo y movía las piernas con rapidez mientras le gritaba que la bajase. Charlie le sonrió y la lanzó unos milímetros a lo alto para poder acomodarla mejor entre sus brazos.
En el momento en el que ella volvió a tocar el cuerpo de él dejó de luchar, era cálido y fuerte, y sus hombros, a los que se había sujetado por miedo a caerse, eran anchos y firmes. Sintió algo que no supo muy bien qué era, en realidad no quería saber que era, pero la cortaba la respiración.
Antes de lo que a ella le hubiese gustado, Charlie la sentó en una camilla.
Mientras Betty, la enfermera de la reserva, la examinaba, él la miraba desde una esquina de la sala, cruzado de brazos y apoyado en una pared.
Tenía un pequeño esguince, así que la mujer le dio a beber una poción con un desagradable sabor y le pidió que permaneciera allí sentada por lo menos dos horas.
¡¡Y con la cantidad de trabajo que tenía que hacer!! Su jefe, el señor Lawson Wyman, le había pedido un informe urgente para esa tarde, y todavía le quedaba mucho por hacer, no podía perder dos horas allí. Media hora comiendo con Charlie estaba bien, ¡¡¡pero dos horas sin hacer nada!!! Hermione resopló.
- No resoples, jovencita – le dijo Charlie acercándose a ella.
- ¿Jovencita? ¿Qué ha pasado con Granger? -
- Nada, es sólo que siempre quise decirle eso a alguien – le respondió sonriendo – pero siempre serás Granger para mí – Hermione chasqueó la lengua y negó con la cabeza intentando ocultar su sonrisa.
- ¿Puedo preguntarte algo?-
- Claro -
- ¿Quién ha sido el que te ha tirado por las escaleras? – la preguntó muy serio, cruzándose de brazos.
- Ha sido un accidente, Charlie -
- ¿Quién ha sido? – insistió.
- No lo sé, ha pasado todo muy deprisa, pero estoy segura que es la primera vez que le veo porque recordaría ese horrible tatuaje -
- ¿Qué tatuaje?- la preguntó metiendo las manos en los bolsillos de su túnica.
- Uno que tenía en el cuello, se le veía una garra desgarrándole la carne, era repugnante – le dijo poniendo cara de asco.
"¿Qué haría un desconocido subiendo al piso de arriba y con esas prisas?" pensó Charlie.
- Me encantan las buenas noticias, Tres. ¿Para cuando podremos volver a atacar? –
- Según el topo de la reserva deberemos esperar un par de semanas más –
- ¿Un par de semanas?... Está bien, creo que podré hablar con los del laboratorio para que lo tengan todo preparado para entonces.
- De acuerdo, se lo diré a los muchachos – le respondió y ser dispuso a salir del cuarto donde estaban reunidos.
- Tres ¿No te habrá visto nadie, verdad? -
- Claro que…Espera, había una mujer…-
- Pues ya sabes lo que tienes que hacer con ella ¿no? –
- No te preocupes, Jefe. Dala por muerta -
...
...
...
