CAPITULO 3
Hermione acababa de llegar al vestíbulo del Ministerio de Magia. Por fin la habían invitado participar en una de las reuniones. El motivo era para dar un informe detallado sobre la reserva de Gales, pero iba a aprovechar para hablarles de los derechos de los elfos domésticos, era una oportunidad única que no iba a desperdiciar.
Estaba allí, rodeada de todos esos políticos importantes, y en lo único que podía pensar era en cuanto la temblaban las manos, solo esperaba que la voz se la mantuviera firme. Inspiraba profundamente y retenía el aire en sus pulmones durante unos segundos para a continuación soltarlo lentamente. Era la primera vez que iba a hablar delante de tanta gente. Estaba muy nerviosa.
Inspirar…uno, dos, tres…expirar. Inspirar…uno, dos, tres…expirar.
Era su turno.
Carraspeó para armarse de valor y comenzó su exposición. Trece minutos, cuarenta y nueve segundos más tarde había acabado. Más bien la habían hecho acabar en mitad de su discurso sobre los elfos domésticos. ¿Cómo la habían podido interrumpir de esa forma? ¿Acaso con conocen el significado de la palabra educación? Estaba muy, pero que muy molesta.
Cargada con su bolso y un portafolios lleno de documentación de la reserva, se apareció en su casa. Pensándolo mejor debería devolverlo cuanto antes, no quería dejar todos esos papeles importantes bajo las garras de Crookshanks, no era la primera vez que le encontraba divirtiéndose con algún documento del trabajo que ella se había llevado a casa.
Por suerte se conocía muy bien el camino, y aunque era bastante tarde y no había nada de luz, consiguió llegar a la entrada. Saludó al mago que estaba en la recepción y subió hasta su despacho para dejar todos sus bártulos.
Al salir la pareció oír unos ruidos extraños.
No eran ruidos, eran gritos.
Bajó las escaleras corriendo y recorrió el vestíbulo hexagonal con la mirada, varita en mano, preparada para lo que fuese.
Nada. Silencio absoluto.
Giró en redondo sobre si misma, pero seguía sin oír nada. Quizás se lo hubiese imaginado.
De pronto oyó un golpe seco. ¿De donde procedía?
Instintivamente se encaminó por el pasillo verde hacia el campo y las jaulas de los animales. ¿Sería otro ataque?
Salió al campo, todo estaba a oscuras, así que con su varita alumbro el camino por donde pisaba.
Un grito de hombre. Lo había oído con claridad. Por lo menos sabía que iba en la dirección correcta.
Conocía el camino hacia las jaulas porque Charlie la había llevado un par de veces de visita, y se dirigió hacia allí. Un escalofrío la recorrió la espalda, había notado figuras de color negro moverse entre la oscuridad justo en el lugar donde ella sabía que estaba la jaula de la hembra de Longhorn Rumano que tanto le gustaba a Charlie.
Se acercó con cautela, allí no había nadie. Iluminó la celda con cuidado, ya que no quería despertar al animal en el caso que estuviese dormido. Había un bulto en el suelo y sus cuernos brillaron al ser iluminados por la luz de la varita de Hermione. Durante un par de segundos su corazón se relajó, estaba dormida, eso era bueno, pero a continuación notó algo líquido en el suelo y otro bulto mucho más pequeño cerca del primero.
Iluminó el pavimento, era sangre verde, y procedía del dragón. Sintió una arcada y respirando hondo se armó de valor para mirar la otra silueta. El aroma a la sangre y la tierra la llenaron los pulmones y tuvo que hacer un gran esfuerzo para contener dentro de su estomago lo que la quedaba de la comida.
¡¡Oh, no. Era un hombre!! ¡¡Qué no sea Charlie, por favor, que no sea Charlie!! Sabía que él iba a tener guardia esa noche y deseaba con todo su corazón que fuera algún otro compañero. Tiró de la puerta de la jaula que extrañamente no estaba cerrada y la abrió. Se acercó despacio por miedo a resbalarse y cuando llegó a su altura se agachó y le dio la vuelta. De la impresión se cayó de culo. No era él. Se tapó la cara con su mano libre durante un segundo y dio gracias a Merlín. No tuvo tiempo para más, porque oyó a alguien acercarse y se puso en guardia, con todos sus músculos tensos, preparada para cualquier cosa.
- ¿Peterson?– gritó una voz de hombre - Peterson ¿dónde estás? – era Charlie, ahora podía reconocerle la voz.
Salió de la jaula, resbalándose con la sangre y se chocó contra él. – ¡¡¡Charlie!!! –le dijo abrazándole con fuerza. –Oh, cielos. Tenía tanto miedo de que fueses tú -
- Hermione ¿Qué…? – no pudo preguntar más porque enseguida se percató de lo que pasaba y se soltó de su abrazo. Primero fue hacia su compañero. Estaba muerto, con la varita en la mano, seguramente no le habrá dado tiempo a usarla. Así que mientras maldecía a la persona que había hecho eso, arrancó la varita de la mano de su compañero, y a continuación se agachó al lado del dragón.
- ¡¡Oh, no!! ¿Qué te han hecho, pequeña? – dijo con tristeza al animal mientras la acariciaba el lomo. El dragón soltó un leve gruñido.
-No está muerta, Hermione, sigue con vida. Deprisa, tenemos que cortar la hemorragia –ella se agachó a su lado y comenzaron a aplicarle hechizos curativos al animal.
-Arriba las manos y fuera las varitas – les gritó una voz de hombre desde fuera de la jaula.
Charlie y Hermione se miraron atónitos, el extraño iba vestido con el uniforme de auror, así que hicieron lo que les pidió. Por precaución Charlie mantuvo su varita en el bolsillo de su pantalón y tiró la de su compañero muerto al suelo.
- A ti que te pasa, niña ¿Estas sorda?- le gritó a Hermione que había levantado las manos pero no había soltado su varita.
- Mire, creo que se está confundiendo. Nosotros solo estábamos intentando que el dragón no se desangrara. Cuando llegamos ya estaban así – le explicó Hermione.
- Si claro, y yo soy Myron Wagtail – dijo mientras se acercaba por detrás otro auror que llevaba la cabeza afeitada. – ¡¡Fuera la varita!! – la gritó y ella hizo lo que la pedía.
- ¿Qué pasa aquí? –
- Acabamos de pillar in fragantis a dos integrantes de la banda que ataca a los dragones-
El otro hombre se rió y dijo – De esta nos dan la Medalla de la Orden de Merlín segunda clase, por lo menos –
- No, no. Esto es un error. Nosotros no hemos sido – dijo Charlie
- Si seguro – respondió el segundo auror – eso lo aclarareis en el Ministerio. Vamos – añadió y se acercó a Charlie, le cogió del brazo y le dio un empujón para sacarle de la jaula.
Mientras el primero hacía lo mismo con Hermione, Charlie se giró y vio como la zarandeaba. No pudo evitarlo y le gritó que la dejase en paz, pero al mago que estaba con él no le gustó su reacción y le lanzó un hechizo que le hizo caerse al suelo. Hermione salió corriendo para ayudarle, tenía sangre en la nariz, pero antes de poder agacharse para comprobar como estaba, el auror que estaba con ella la sujetó por el pelo y la inmovilizó contra los barrotes exteriores de la jaula, allí, con el rostro aprisionado contra el frío metal, comenzó a sentir pánico.
El auror se aplastó contra el cuerpo de ella y la separó las piernas con sus rodillas. Hermione podía sentir su aliento en su mejilla derecha, olía a tabaco y a café y la dieron ganas de girar la cabeza, pero el hombre todavía la tenía sujeta del pelo y la obligaba a permanecer en esa postura.
- Vamos a ver con que sorpresas nos encontramos, encanto –la dijo. La soltó el pelo y comenzó a cachearla.
- ¡¡¡Maldito cerdo. Déjala en paz!!! – gritó Charlie cuando la dio el auror la dio la vuelta y comenzó a tocarla los pechos. Hermione temblaba de rabia y de asco mientras oía como el otro auror insultaba a Charlie y le golpeaba. Eso la hacía sentirse más impotente aún.
- Vaya sorpresita. Mira lo que tenemos aquí – de la nada, el hombre sacó un pequeño frasco de cristal con el dibujo de un pequeño dragón rojo y una letra F grabada en letras góticas, por dentro se podía ver un líquido de color verde brillante y en seguida supo de que se trataba – Sabes que la posesión de drogas es un delito muy grave, y mucho más si se trata de esta -
- ¡¡¡Eso no es mío!!! – gritó indignada.
- Seguro que este tiene más – dijo el otro hombre refiriéndose a Charlie. Le miró de arriba abajo y rió –Desde luego, os lo montáis bien. ¿De donde has sacado el uniforme? ¿Se lo has robado a alguien? ¿A que si?-
- Claro que no. Trabajo aquí. Estoy de turno esta noche -
- Demuéstralo-
- Mi nombre es Charles Weasley. Llevo trabajando un par de meses, me transfirieron desde Rumania cuando todo esto de los ataques comenzó-
-¿Weasley? ¿Tienes algún familiar que trabaje en el ministerio?-
- Mi padre y dos de mis hermanos. Ron es auror también, seguro que le conoces y ella es su novia, también trabaja aquí -
-Está bien. Llevadnos hasta vuestras taquillas – El auror le echó una mirada cómplice a su compañero y forzó a Charlie a levantarse para que les llevarse hasta ellas.
Les obligaron a entrar dentro del edificio principal a base de empujones, y arrastrándoles les condujeron hasta los vestuarios. Charlie se preguntó como era posible que esos dos hombres conociesen tan bien las instalaciones, y con cada nuevo empujón rezaba para que no se diesen cuenta que llevaba su varita escondida.
Hermione le miró, todavía seguía sangrando por la nariz. Al llegar al vestuario le obligaron a abrir su taquilla. El lo hizo, ya que no tenía nada que temer, lo único que allí podrían descubrir que fuera ofensivo sería un par de calcetines sucios.
Tanto Charlie como Hermione vieron al auror mover la varita de una extraña manera al revisar el armario.
Debajo en una camiseta de color rojo oscuro aparecieron varias botellitas con el mismo líquido verde que supuestamente le habían encontrado a Hermione.
- ¡¡Eso no es mío!! – gritó Charlie – ¡¡Alguien lo ha puesto ahí!!–
- Vaya con la parejita, si son iguales de mentirosos- dijo el hombre calvo, riéndose.
- Estáis arrestados – les dijo el otro. Hermione y Charlie se miraron asustados.
- ¿Porqué? ¡¡¡No hemos hecho nada!!!- gritó Hermione.
- Que te parece asesinato de un mago y de un dragón, además de posesión y tráfico de drogas -
- Que es una acusación totalmente falsa. Primero, ese hombre…- de un empujón la hizo callar.
- ¡¡No la toques!!-le gritó Charlie y se abrazó a Hermione - ¿Estás bien? La susurró y ella asintió con la cabeza.
El auror de la cabeza afeitada se sacó de debajo de la túnica una cadena de oro con una medalla redonda de color cobrizo – Tres nos está buscando -
- Dile que ahora no podemos. Estamos ocupados- dijo molesto el otro.
- Si, claro. Díselo tu si te atreves – Los dos hombres se miraron nerviosos, hasta que finalmente al que le olía el aliento dijo - Entonces ¿Qué hacemos con estos? -
- Podemos dejarlos encerrados allí, donde los almacenes, y después nos encargamos de ellos-
- ¿Y si gritan y alguien les oye? -
- Ya me ocupo de eso -
Se volvieron a mirar, Hermione estaba algo asustada hasta que se encontró con la mirada de Charlie, firme y decidida. Se dio cuenta que tenía algo planeado y se limitó a seguirle.
Les llevaron hasta una pequeña habitación en la que almacenaban productos de oficina, les empujaron dentro y con un golpe de varita, el auror calvo les ató y amordazó, lanzó un hechizo impasibilizador y cerró la puerta mágicamente.
En cuanto se hubieron marchado, Charlie y Hermione intentaron quitarse las mordazas, no fue fácil, pero por fin ella lo consiguió. No podían ver nada, así que Hermione le pidió a Charlie que acercase su cara a la de ella. La nariz de él rozaba su mejilla, y Hermione, con sus labios intentaba encontrar la venda que le impedía hablar.
En otra circunstancia él hubiese disfrutado mucho de ese contacto, hacía tanto tiempo que no estaba con una mujer que sin duda se hubiese recreado en la sensación de esos labios suaves y tibios recorriendo su rostro, pero estaban encerrados y maniatados como si fuesen dos criminales, tenían que centrarse en como escapar de allí.
Por fin Hermione encontró la venda y tiró con fuerza de ella. En un par de ocasiones se la escapó la tela y tuvo que volver a buscarla, rozando con sus labios los de él. Cada vez que eso sucedía los dos notaban como se les encendían las mejillas y un excitante calor se les extendía por el cuerpo. Cuando por fin Hermione arrancó la venda de la boca de Charlie, este en seguida la contó que llevaba su varita en el bolsillo del vaquero y que tendría que ayudarle a sacarla, ya que él atado no llegaba.
Se pusieron de espaldas y Hermione comenzó a mover sus brazos. Cuando la encontró y consiguió sujetarla con fuerza, le pidió a Charlie que se fuese poniendo de rodillas lentamente para poder sacarla, y así lo hizo. Una vez fuera, Hermione conjuró un hechizo y las cuerdas se desvanecieron, dejándoles libres. Ella le devolvió su varita y con un ligero movimiento de muñeca la puerta se abrió.
Lo primero que pasó por la cabeza de Charlie fue comprobar el estado de la dragona y salió disparado hacia allá.
- No – le susurraba Hermione – ¡¡Charlie, no!! – pero él no la oía. Solo cuando le alcanzó, ya en el pasillo verde, y le sujetó la mano él se giró, pero en realidad fue porque oyó voces procedentes de la puerta que había a su derecha, la sala de curas de los animales.
- Los quiero muertos, Veintiuno. ¿Te ha quedado claro?- gritó la voz de un hombre.
- Muy claro, Tres. Ahora mismo me encargo de ellos – En seguida reconocieron su voz, era la del auror que les había sorprendido en la jaula del dragón, el hombre al que le olía el aliento a tabaco y café.
- Y en cuanto a ti, Nueve, te doy cinco minutos para que vayas allí y saques a los chicos con lo que hayan podido conseguir del dragón. No podemos esperar más – no había terminado de hablar cuando la puerta se abrió y salieron los dos aurores. En ese instante, Charlie aturdió al primero. Mientras Hermione aprovechaba para quitarle la varita, los otros dos hombres les comenzaron a mandar maldiciones, ella consiguió alcanzar a uno de ellos en una de las piernas, consiguiendo que cayese al suelo aturdido.
Entretanto el auror calvo intentaba alcanzar a Charlie con un hechizo que este rechazaba a duras penas. Ella se dio cuenta y petrificó al auror.
Con los tres hombres en el suelo, Charlie se acercó a ellos y registró el cuerpo del hombre calvo para ver si llevaba algún tipo de documentación encima, pero no hubo suerte. Probaron con los otros dos, ella con el hombre que había dentro de la habitación y él con el otro. Mientras buscaba por sus bolsillos, Hermione le vio el tatuaje del cuello, una garra peluda y gris.
No tuvieron tiempo para mucho más ya que oyeron como otros hombres se acercaban a ellos, seguramente alertados por el ruido, y salieron corriendo.
Cuando se encontraron en la entrada del recinto Charlie preguntó -¿Y ahora que?-
- Casa de Harry – consiguió responder ella.
- ¿Qué hacéis vosotros dos aquí? – preguntó Ginny al abrir la puerta -¿Que te ha pasado, Charlie? -
-¿Podemos pasar primero y luego te explicamos?- dijo Charlie muy nervioso.
Una vez dentro y mientras curaban a Charlie, Ginny les explicó que se había lesionado en el entrenamiento de esa mañana y que iba a pasar un par de días con Harry. Hermione la preguntó por su novio, ya que tenían algo muy grave que contarle. Ella en seguida subió al piso de arriba y bajó con él. Tenía el pelo mojado y estaba en pijama.
…
-¿Creéis que podríais identificarlos? – preguntó Harry.
- Si – le respondió Hermione con firmeza.
- ¿Y estas segura que el compañero de Charlie estaba muerto cuando llegaste?-
- Totalmente – le respondió y Harry se quedó pensativo.
- ¿Qué pasa Harry? – preguntó Charlie.
- Está bien – respondió después de respirar hondo – Voy a ser franco con vosotros. Llevamos un tiempo sospechando que los Fear, o tienen a gente infiltrada en el departamento o han sobornado a alguno de los aurores, y si me decís que esos hombres iban con el uniforme…¿Oísteis en algún momento sus nombres? -
- No, se llamaban por números -
- Ya, muy listos, así se aseguran que nadie dentro de la banda conoce el verdadero nombre del otro y sus identidades están a salvo en caso de que les cojan-
El patronus de un perro Jack Russell apareció de pronto en el salón donde estaba los cuatro hablando – Si Hermione y Charlie van por allí, que se escondan. Les han acusado del asesinato de un mago y del descuartizamiento de otro dragón- la voz de Ron resonó por todo el salón.
Hermione se llevó las manos a la boca, ahogando un grito y Charlie parecía como si alguien le hubiese petrificado, estaba totalmente pálido e inmóvil.
- No os preocupéis, nosotros aclararemos todo esto, pero mientras vosotros deberéis permanecer escondidos hasta que todo pase. Seguramente lo primero que harán será buscaros por las casas de los familiares y amigos, así que creo que lo mejor es que paséis la noche en Grimmauld Place, allí tardarán algo más en buscar, y después…-
Se hizo el silencio en el salón, esperando a que Harry les diese una idea de a donde ir después. Charlie pensó en la casa de sus padres, pero evidentemente era el primer sitio a donde registrarían, después pensó en la del resto de sus hermanos, pero seguro que también los buscarían allí. ¿Y su casa de Rumania? Tendrían que coger una traslador para ello, y eso significaba que tendría que arriesgarse a que en el ministerio les localizase. De momento no era una buena opción.
- Mi equipo de Quiddich tiene un pequeño apartamento alquilado del que podemos hacer uso todas las chicas. Es un lugar muy discreto y siendo el partido dentro dos días nadie va a hacer uso de él por lo menos hasta el lunes, así que podrías instalaros allí mañana y marcharos el lunes a primera hora – dijo Ginny rompiendo el silencio.
- Gracias, pero no queremos meter en más líos a nadie – dijo Hermione y miró Charlie que parecía bastante confundido.
- No es preocupéis por eso, nadie va a saber que habéis estado allí a menos que prendáis fuego a la casa o algo por el estilo. -
- ¿Tu que opinas? –preguntó Hermione a Charlie. El chico estuvo de acuerdo con el plan de su hermana. Eso por lo menos les daba un par de días para pensar que hacer.
- Daos prisa en iros. Nadie os molestará en Grimmauld Place, ni siquiera Kreacher, que está aquí con nosotros –
- Esperad un momento – les pidió Ginny. Un minuto después apareció con una bolsa y se la entregó a Charlie. – Mañana os mandaré un patronus para daros la dirección de la casa y la contraseña para entrar – Al despedirse, tanto Harry como Ginny les pidieron que tuvieran mucho cuidado y se aparecieron directamente sobre las escaleras de Grimmauld Place.
...
...
...
