CAPITULO 4


No podía dejar de darle vueltas a la cabeza sobre lo que había ocurrido. En unas horas había pasado de estar mortalmente aburrido en la reserva a estar prófugo de la justicia y escondido en una tétrica casa con la novia de su hermano pequeño.

Aunque estaba agotado no podía dormir, no paraba de dar vueltas en la cama, lo que producía que el polvo de la colcha se esparciese por toda la habitación y se le introdujese por la nariz dándole ganas de estornudar. Los muelles chirriaban con el simple hecho de respirar, y cuanto más chirriaban más nervioso se ponía, y cuanto más nervioso se ponía más se movía, y cuanto más se movía…

Al otro lado del pasillo alguien había abierto la ducha, podía oír el sedante sonido del agua desde su cama con bastante claridad. Por lo visto Hermione tampoco podía dormir y debía de estar intentando relajarse como una buena ducha caliente.

Se levantó y bajó a la cocina. Abrió la alacena y sacó la cajita llena de te que su hermana les había metido en aquella bolsa junto con varios paquetes de comida, puesto que la casa llevaba deshabitada varios años.

Cuando sintió que el agua dejó de caer, subió hasta el baño y golpeó suavemente la puerta. Ante la nula respuesta de ella decidió llamar más fuerte, quizá la primera vez hubiese sido demasiado suave.

- ¿Hermione? – dijo después de golpear la puerta con más energía.

Cuando ella abrió una espesa capa de vapor se escapó por la ranura por la que asomó la cabeza - ¿Qué pasa? – preguntó asustada. Llevaba el pelo recogido en una toalla que hace tiempo debía haber sido de color blanco.

- Nada. No te preocupes. Es que no podía dormir y he hecho un poco de te, y como he oído que estabas en el baño he pensado que tal vez te apetecería una taza -

- Me encantaría. Muchas gracias, déjame que me termine de vestir y enseguida bajo -

Mientras Charlie volvía a la cocina no pudo evitar que una imagen de ella con una pequeña toalla blanca rodeando su cuerpo se colase en su mente. Colocó un par de tazas en la mesa y esperó a que ella bajase para servir el te.

Hermione no tardó mucho en aparecer, pero con la misma ropa con la que había llegado. Se sintió algo desilusionado al verla sin la sexy toallita blanca con la que se la había imaginado y comenzó a servir el te. "Como puedes pensar en eso en estos momentos" se regañó a si mismo. "Por Merlín, es la novia de Ron"

- Gracias – le dijo ella. Los dos se sentaron en silencio a beber su taza de te, pensando.

- Lo siento – dijo finalmente Hermione sorprendiendo a Charlie con sus palabras. – Si no hubiera ido a la reserva seguramente no estaríamos en esta situación –

- Tal vez tu no, pero yo si, así que no tienes por disculparte por algo de lo que no eres responsable – la dijo algo molesto.

Se volvieron a quedaren silencio hasta que Hermione se terminó su taza – Voy a acostarme hasta que se haga la hora de marcharnos -

Un par de horas más tarde, Charlie subió a la habitación donde estaba Hermione y la despertó. Ginny acababa de enviarles un patronus con las instrucciones de la casa que les había dicho la noche anterior.

En realidad era un pequeño piso de dos habitaciones, salón, cocina y baño. Alguien había estado hace no mucho tiempo y había llevado comida, toallas y sabanas limpias.

- Ginny – dijeron los dos a la vez.

- Cada vez me recuerda más a mi madre – dijo Charlie sonriendo.

- A mi también -

- ¿Te parece bien si ordenamos todo esto? -

El domingo por la mañana, después de desayunar, hablaron de lo sucedido en la reserva. Llegaron a la conclusión de que seguramente había más de una persona allí que trabajaba para los Fear.

Esa misma tarde se aparecieron Harry y su novia para trazar un plan a seguir. Les explicaron que las cosas no estaban yendo nada bien, que aquellos hombres a los que habían aturdido era aurores de verdad y les habían acusado del homicidio de un mago, asesinato de un dragón, agresión a dos agentes de la ley y fuga, y a los que además estaban intentando añadir el de pertenencia a banda criminal. También les contaron que habían registrado las casas de todos los familiares, amigos, compañeros y conocidos de los dos. El único sitio al que no habían podido entrar había sido en Grimmauld Place, porque Harry se había negado hasta que no le entregasen un requerimiento judicial, y estaba seguro que no iban a tardar mucho en hacerlo, pero mientras, podría ganar algo de tiempo.

Los dos se sintieron más tranquilos cuando Harry les dijo que Kingsley Shacklebolt estaba haciendo todo lo posible para encontrar algún indicio para librarles de la acusación.

- ¿Hay algún problema?- preguntó Hermione al notar la cara que puso su amigo.

El mago miró a Ginny y esta le hizo un gesto afirmativo con la cabeza, parecía muy preocupada – Veréis,…en los registros han encontrado…cosas que…-

- ¿Qué tipo de cosas? – preguntó Charlie.

Harry volvió a mirar a su novia – Pues…encontraron bastante cantidad de frascos de esa droga nueva llamada sangre de dragón, todo tipo de información sobre la reserva de Galés, la de las Islas Hébridas y un par más del resto de Europa y…además han encontrado dinero en efectivo. Mucho dinero -

La noticia les cayó como un jarro de agua helada ¿Cómo era posible que hubiesen encontrado todo eso? ¿Quién lo había puesto allí? Ambos protestaron enérgicamente, la situación estaba mucho peor de lo que ellos se imaginaban.

Harry les tranquilizó para posteriormente advertirles que ahora deberían ser muy cuidadosos y mantenerse escondidos durante algún tiempo más de lo esperado.

Les dio un monedero algo ajado de color negro lleno de dinero muggle, lo mejor sería que durante una temporada se escondieran en ese mundo, los Fear posiblemente tuviesen gente infiltrada con ellos, pero les costaría más trabajo encontrarles. Además les dio un par de carnets de identidad falsos y el nombre y la dirección de una casa rural en la que les había hecho una reserva para dos semanas, el único problema es que tendrían que fingir que era una pareja de recién casados. Al instante los dos se sonrojaron violentamente y comenzaron a protestar. Harry intentó relajar el ambiente bromeando y diciéndoles que tal vez la casa tuviese dos camas separadas, pero en realidad tuvo el efecto contrario.

Antes de que Harry se fuera, Hermione, que estaba muy preocupada por sus padres, le pidió que les protegiese. Quien sabe lo que esas personas serían capaz de hacerles. Con la promesa de su amigo de que cuidaría de su familia, ella respiró algo más tranquila esa noche.

A la mañana siguiente, unos minutos antes de que amaneciese, dejaron esa casa para dirigirse a su nuevo escondite. Estaba nevando y parecía que según se iban acercando a la estación de autobuses muggle la tormenta se hacía más fuerte. Hermione miró a Charlie, si ella a pesar de tener las orejas resguardadas bajo el pelo ya no las sentía, no se quería ni imaginar como las tendría él. Lo único bueno del paseo fue que sirvió para despertarles.

Mientras esperaban a que su autobús saliera en algo más de media hora, se dirigieron a la cafetería para poder tomar algo caliente y templar el cuerpo. A esas horas no había demasiada gente, un par de mochileros tumbados en las sillas durmiendo con la cabeza apoyada en su petate, una pareja de ancianos sentados enfrente a ellos y que les miraban como si les fuesen a robar, un grupo de turistas extranjeros muy ruidosos que acababan de llegar, haciendo que el bebe que estaba en un carrito cerca de donde estaban sentados ellos dos se despertara y llorase enrabietado, y la madre del niño, que comenzó a mecer el carrito mientras echaba una mirada asesina a los turistas. También había una limpiadora con su bata azul haciendo su trabajo al compás de la pequeña radio que llevaba en uno de sus bolsillos. Una parejita de novios, muy acaramelados, le hizo a Hermione recordar cuando era ella y Ron comenzaron su relación y no paraban de hacerse carantoñas el uno al otro.

-No te preocupes, seguro que dentro de poco podrás recuperar el tiempo perdido- le dijo Charlie en voz baja.

Ella le miró extrañada ¿de que estaba hablando? Con un gesto de cabeza, Charlie la señaló ala pareja a la que ella miraba sin pestañear – Estas preocupada por mi hermano ¿verdad? – Hermione se encogió de hombros, la verdad es que no era preocupación lo que estaba sintiendo, era envidia por ver a los demás disfrutar de lo que ella había perdido hace tiempo ¿Cómo iba a confesarle que ya no estaba enamorada de Ron pero que había vuelto con él porque él estaba tan ilusionado con retomar su relación con ella que había sido incapaz de decirle que no? Cuando parecía que Charlie la iba a decir algo, por megafonía avisaron de la salida de su autobús.

El trayecto lo hicieron casi en silencio, excepto por breves comentarios sobre el mal tiempo.

Al llegar al pueblo y bajarse del autobús se dieron cuenta que tenían las piernas medio dormidas e hicieron algunos pequeños ejercicios para desentumecerse. Lo que vieron les agradó mucho a ambos. Era el típico pueblo de casa bajas de piedra, un par de pubs, un antiguo mercado y una iglesia.

Casi a las afueras del pueblo estaba la casa que Harry había reservado para ellos, era muy pequeña, con un salón, una cocina, un cuarto de baño y un dormitorio, que por suerte tenía dos pequeñas camas que la dueña de la casa había insistido en juntar para la pareja de recién casados.

Después de acomodarse fueron a dar un paseo por los alrededores y a hacer algo de compra en el mercado. Una comida caliente más tarde hizo que los dos se encontrasen de mucho mejor humor, tanto, que sentados alrededor de la chimenea, viendo como al otro lado de la ventana nevaba copiosamente se animaron a jugar a un juego muggle que Hermione enseñó a Charlie, el ahorcado. La apuesta era que el ganador tendría que hacer la cena del perdedor. Después de unas diez partidas, Hermione se proclamó clara ganadora, y Charlie, al que no le gustaba perder ni en sueños la propuso la revancha, esta vez a las cartas, y aunque eran muggles le sirvieron para derrotar a Hermione.

Lo justo es lo justo, así que los dos se ayudaron mutuamente al hacer la cena, salpicándose con agua al lavar las verduras, o quitándose el cuchillo para cortarlas, o dándose pequeños empujones con la cadera para buscar algo en la nevera.

La verdad es que Charlie se estaba adaptando muy bien a la vida muggle y solo había usado su varita para encender la chimenea.

Después de recoger la mesa y fregar los cacharros de la cena, Hermione le miró fijamente mientras caminaba hacia la chimenea para avivar un poco el fuego, físicamente no se parecía mucho a Ron, era más bajo que él, de hecho ellos dos eran casi de la misma estatura, Charlie solo la sacaba una frente de diferencia, y su cuerpo…bueno, Charlie tenía unos brazos y unos hombros que dejaban patente lo duro que era trabajar con dragones, eran fuertes y musculosos, del tipo de los que una chica suspiraría porque te dieran un abrazo. Sus ojos fueron hacia el sur, su trasero rellenaba a la perfección sus vaqueros y se movía graciosamente con cada paso que daba. Una fugaz imagen de la misma escena que estaba contemplando, pero con él desnudo, cruzó por su mente y se la escapó un suspiro.

Charlie se dio la vuelta y la sonrió haciendo que Hermione se sonrojase y girase la cabeza.

- ¿Algún problema, Granger? -

- Ninguno -

- ¿Seguro? – la preguntó seductoramente acercándose a ella, o tal vez eso es lo que ella se imaginó, pero Charlie estaba tan cerca que se puso nerviosa.

- S…si, se…seguro – aunque no pareció muy satisfecho con la respuesta, se dio media vuelta y se sentó en el sillón con las piernas abiertas y los dos brazos estirados por encima del respaldo.

- Si estas incomoda por que durmamos tan juntos podemos intentar separar las camas o tal vez yo puedo dormir…-

- No, no estoy incomoda por eso, solo un poco cansada, eso es todo -

- La verdad es que ahora que lo dices, yo también estoy bastante cansado. Deberíamos acostarnos, hoy ha sido un día muy largo -

Al principio fue un poco incomodo sentir a Charlie tan cerca suyo, pero a las dos noches siguientes ya se había acostumbrado, lo único a lo que seguía sin adaptarse era a sus ronquidos, pero se sentía más segura teniéndole al lado, casi sin dormir, que saber que estaba intentando descansar en el incomodo sillón del salón.

Hermione se había levantado de mal humor, Charlie había roncado más de lo normal y no había pegado ojo en toda la noche. En compensación, el chico la había llevado a visitar unas ruinas romanas que había no muy lejos del pueblo.

El paseo había merecido la pena, el buen tiempo les había acompañado y el ejercicio y el contacto con la naturaleza les había llenado de energías y buen humor a pesar de las nulas noticias de sus amigos.

Al entrar en el pueblo notaron que algo no iba bien, la gente les miraba de una manera muy extraña.

Un par de metros antes de llegar a la casa donde se alojaban vieron a la dueña hablar con dos hombres, y parecía muy asustada. En cuanto vio a Charlie y a Hermione les señaló con el dedo y los dos hombres se volvieron. Instantáneamente, Charlie y Hermione se pararon de golpe, esos dos hombres eran los dos aurores que los había intentado arrestar en la reserva de dragones. ¿Cómo les habían encontrado?

Charlie agarró a Hermione con fuerza de la mano y salió corriendo antes de que los aurores pudiesen reaccionar, justo cuando llegaba a la altura de un viejo olmo oyeron a los dos hombres echarles varias maldiciones que por suerte les pasaron rozando, y sin apenas darse cuenta de lo que hacía, Charlie les apareció a las afueras de Hogsmade.

Estaba todavía temblando, pero se volvió a mirar a Hermione -¿Estas bien?- la preguntó preocupado.

- Si. ¿Y tu? – Charlie asintió - ¿Cómo nos han encontrado? Era imposible que nadie supiese donde estábamos – dijo muy nerviosa.

- Tal vez alguien del pueble nos ha reconocido y les han avisado -

-¿Pero quien? Eran todos muggles– Hermione se quedó pensando unos instantes.

– Tenemos que marcharnos de aquí, escondernos en algún sitio antes de que nos reconozca alguien más – la dijo Charlie agarrándola con fuerza de la mano.

- Vamos a la casa de los gritos, desde allí podemos avisar a Harry o a Ron de lo que ha pasado –

Se aparecieron directamente en la entrada y Hermione se obligó a no pensar en lo que pasó la última vez que estuvo allí, en la guerra, justo cuando Voldemort mató a Snape.

- Venga, vamos – la dijo Charlie tirando de ella. Ni siquiera se había dado cuenta de que se había parado.

Una vez dentro, subieron al piso de arriba y se sentaron en el suelo, Charlie sentado contra la pared, y Hermione apoyada contra él. Charlie pasó sus brazos por los hombros de ella, abrazándola para intentar entrar en calor mientras Harry o Ron contestaban al patronus que había mandado.

Hacía tanto frio en esa casa que a pesar de estar tan juntos, Hermione comenzó a tiritar. Charlie, que enseguida lo notó, comenzó a frotar los brazos de ella para hacerla entrar en calor.

Un trueno les asustó a los dos, y cuando se relajaron comenzaron a especular sobre como les habían encontrado y que es lo que iban a hacer. Después de dar muchas vueltas al asunto llegaron a la conclusión que les habían tenido que reconocer en la estación de autobuses. Una de las opciones que barajaron fue la de entregarse a los aurores, pero la perspectiva de pasar el resto de su vida en Azkaban y mucho menos siendo inocente, les hizo cambiar de parecer.

A esas alturas de la conversación, la lluvia caía copiosamente y se colaba por las ranuras que había entre los tablones de las maderas de la casa. Si antes pensaban que hacía frío, ahora estaba helando, y no solo era ella la que temblaba de frío, Charlie también. Les salía vaho incluso por la nariz al respirar, pero no querían encender la chimenea, hubiese resultado muy sospechoso, incluso para una casa encantada que de pronto saliese humo por la chimenea, así que Charlie sugirió que Hermione se diese la vuelta, así podrían abrazarse mejor y darse más calor.

Si no fuera porque tenían tantísimo frío, la situación hubiese sido muy incomoda para ambos, con Hermione sentada encima de él, con sus piernas alrededor de la cintura de Charlie, sus brazos rodeándole el cuello, apretándole la cabeza contra el lado derecho de su cuello y tapándoles a los dos con su pelo, y él con sus brazos alrededor de su cintura por dentro de su abrigo, acariciándola la espalda sin saber muy bien porque.

Charlie poco a poco iba entrando en calor, pero Hermione seguía tiritando. Tenía que hacer algo para quitarla el frío, así que la frotaba la espalda y la echaba vaho caliente en el cuello, el problema era que después tenía que aspirar, y el aroma de ella le estaba haciendo que la sangre se le calentase por si sola.

A Hermione se la empezaron a dormir las piernas, así que las descruzó, y las estiró, moviendo arriba y abajo las puntas de los pies. Sin ella ser consciente, el cambio de postura había creado una pequeña fricción en el lugar exacto, y Charlie rezaba para que ella no notase hacia donde se le estaba yendo toda la sangre del cuerpo.

Hermione estaba tan ocupada en desentumecer sus pies, que no se dio cuenta de que había escondido su cara en el cuello de él y estaba acariciándoselo con su nariz para que la entrara en calor. Cuando oyó algo parecido a un gemido procedente de la garganta del mago, se la encogió el corazón y respiró hondo. Su masculino y tibio aroma la embriagó, y lo que antes había sido un roce para calentar su nariz, ahora se convirtió en un roce para disfrutar de la suavidad de su piel. Movió su nariz hacia abajo suavemente, recreándose en él un par de veces más, al volver a subir la nariz, levantó la cabeza un par de milímetros más de lo normal, lo justo para que sus labios pudiesen acariciar su cuello. Charlie podía sentir el aliento de su boca y el calor que emanaba de ella y ladeó un poco más el cuello para que Hermione no tuviese problemas para disfrutar todo lo que quisiera de él. Acababan de encontrar la mejor manera de entrar en calor.

Ella no podía pensar, solo podía hacer lo que su cuerpo la pedía, y era saborear ese delicado trozo de piel que tenía a un escaso medio milímetro de ella.

Por fin sus labios se posaron sobre Charlie…¡¡Mmm!!

- ¿Hermione? – un grito les llegó desde el piso de abajo. Era Ron. El corazón la golpeó con fuerza en el pecho una sola vez para a continuación detenerse. Se separaron torpemente, intentando ser lo más rápidos posibles para que no les encontrasen en esa postura.

- Aquí arriba – contestó Hermione intentando sacudirse la suciedad de los pantalones. Respiraba con dificultad e intentó controlarse un poco, de lo contrario Ron sospecharía algo. ¿Por qué había tenido que aparecer justo en ese momento? Se sentía muy confundida. Lo que acababa de sentir al poner los labios sobre el cuello del hermano de su novio hacia muchísimo tiempo que no lo sentía, y estaba convencida que si Ron no les hubiese interrumpido hubieran terminado haciendo el amor allí mismo. Vale, quizás eso es lo que a ella la hubiese gustado, pero quizás a Charlie…

- ¡¡Cariño!! – la dijo Ron mientras se abalanzaba sobre ella y la abrazaba con fuerza. -¿Estas bien? – preguntó al mismo tiempo que la sujetaba la cara con las manos.

- Si, estoy bien. Estamos bien – le respondió incomoda por la proximidad de Ron. Estaba tan cerca de ella que casi no podía respirar. Miró a Charlie y este la esquivó dirigiendo sus ojos hacia la puerta.

- Gracias a Merlín – antes de que Hermione pudiese responder, Ron la besó efusivamente en los labios para después comenzar a darla suaves y pequeños besos.

- Ron…Ron…Ronald, por favor – le interrumpió y se aclaró la garganta – No estamos solos – añadió en voz baja, sonrojándose un poco. Volvió a mirar a Charlie y esta vez juraría que le había notado un brillo en los ojos de disgusto.

- Ey, Charlie ¿Cómo estas? – le preguntó al mismo tiempo que abrazaba a su novia y se acercaban los dos hasta donde estaba su hermano. Con la mano libre, Ron le golpeó la espalda cariñosamente.

- No tan bien como tu – le respondió secamente mirando a Hermione. En cuanto cruzaron las miradas los dos se sonrojaron al instante, pero por suerte Harry había entrado en ese momento consiguiendo distraer a Ron.

-Tenemos graves problemas, chicos -

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