CAPITULO 6


Una risa estruendosa retumbó por toda la estancia. Charlie y Hermione se giraron, allí, al pie de las escaleras, estaban los dos hombres y se dirigían a la puerta que daba al vestíbulo.

- Le tenías que haber visto, parecía un chiquillo asustado - dijo el hombre que vigilaba la puerta

- ¿Y que te respondió? – preguntó el otro mientras andaban.

- Yo…es que me he perdido y…- iba diciendo el otro hombre mientras sus voces iban haciéndose más lejanas.

Hermione sintió como la mano de Charlie la daba un fuerte apretón y continuaron subiendo. Una vez en los despachos fueron entrando uno por uno, pero no encontraron nada, y el tiempo se les echaba encima, en un par de horas iba a comenzar la jornada laboral y tenían que salir de allí antes de esa hora, ese era el plan.

Hermione había esperado poder encontrar algún pequeño indicio de algo, pero el tiempo pasaba y lo único que hacía era desesperarse. Decidieron bajar a ver si por la zona de las jaulas encontraban algo. Al salir del último despacho caminaron silenciosamente por la balconada que daba al vestíbulo, casi apunto de llegar a las escaleras para bajar oyeron unos pasos que se cruzaban velozmente el mosaico de dragón. No podían verle la cara, pero esa persona parecía muy nerviosa, mirando para todos lados, cerciorándose que nadie le viera.

Hermione y Charlie, que iban cogidos de la mano todo el tiempo por miedo a separarse demasiado y perderse, decidieron que era buena idea investigar que pasaba con esa persona, su actitud les había parecido demasiado extraña.

Cuando llegaron al vestíbulo no había ni rastro de él, le habían visto dirigirse hacia los baños y los vestuarios, así que ellos también tomaron ese camino. Andaban con mucho cuidado intentado que el sonido de sus pasos no hiciera mucho eco entre las paredes.

Al entrar a la zona de las taquillas oyeron una voz muy lejana y fueron acercándose lentamente. La voz salía de los baños.

A Charlie esa voz le resultaba muy familiar, pero no conseguía relacionarla con nadie. Se asomaron a la puerta, allí estaba el hombre, de espaldas a ellos hablando con un espejo. Era el hombre que le había recibido al salir del traslador.

- Si tú no puedes ayudarnos entonces tendremos que buscar a otro – le dijo la voz del espejo.

- Claro que puedo, solo necesito algo más de tiempo -

- Tiempo es algo que no tememos, Cuatro –

- Solo una semana más, Tres, y tendrás la contraseña para entrar en la reserva de España y al vigilante bajo la maldición imperio -

- Cinco días. Ni uno más o atente a las consecuencias – le amenazó el hombre del espejo. Charlie estaba seguro de haber oído esa voz en alguna otra parte ¿pero donde? Desde su posición, el hombre que trabajaba en la reserva le tapaba todo el espejo y no podía ver nada.

- Está bien, cinco días ¿Alguna novedad de Weasley y la chica? -

- De momento nada, pero no me preocupa demasiado, es bueno tener a todo el mundo entretenido buscando a esos dos pobres infelices, eso nos deja más libertad de movimientos -

Tanto Charlie como Hermione estaban tan inmersos en la conversación que estaban escuchando que no se dieron cuenta que el efecto del hechizo desilusionador iba finalizando y se les iba quedando al descubierto primero la cabeza, después el cuello, después los hombros.

- Por cierto, me ha dicho Treinta y uno que un muy buen cliente suyo le ha pedido 300 frascos para la fiesta de premios de Corazón de Bruja -

- Si, me lo acaba de… ¿Qué demonios hay detrás de ti? -

En ese momento el hombre se volvió, sin darles tiempo a Hermione y Charlie a reaccionar y les envió un potente hechizo. Gracias a sus buenos reflejos, Charlie se tiró al suelo, llevándose con él a Hermione y el hechizo se estrelló contra los azulejos, haciendo un boquete del tamaño de una pelota de baloncesto en la pared. El cubrió con su cuerpo el de ella evitando que los afilados pedazos de los azulejos la hiriesen.

En cuanto la explosión cesó, como pudo, Hermione, que estaba tumbada boca arriba bajo el pesado cuerpo de Charlie, giró la cabeza y vio como el espía apuntaba la varita hacia ellos, pero esta vez ella fue un décima de segundo más rápida que él y le aturdió antes de que pudiera volver a atacarles.

De pronto se hizo el silencio en el baño, solo se oían sus respiraciones agitadas. Charlie se levantó y le tendió la mano a ella para ayudarla a ponerse en pie. En cuanto lo hizo, Hermione miró al espejo, ahora vacío, no la había dado tiempo a ver quien era la persona que haces unos instantes estaba allí, Charlie la había empujado antes de que pudiera hacerlo. En ese momento fue cuando los dos fueron realmente conscientes de que estaban totalmente corpóreos de nuevo.

- Tenemos que salir de aquí – la dijo Charlie – Vamos – la agarró de la mano y echó a correr. Mientras atravesaban el vestíbulo pudieron oír voces de hombres que les gritaban y les lanzaban hechizos.

A Hermione la dolían los músculos de correr tan deprisa, pero tenían que llegar pronto a la salida para poder desaparecerse. En cuanto entraron al pasillo amarillo, Hermione se giró y con un golpe de varita cerró la puerta y la selló, mientras Charlie tiraba de su brazo con fuerza.

De pronto se chocó contra él.

- Tirad las varitas – allí delante de ellos estaba el señor Fitzwilliam y el vigilante de la puerta apuntándoles con las varitas – No tenéis escapatoria, Weasley -

Un fuerte golpe en la puerta le hizo a Hermione girar la cabeza, los otros hombres estaban a punto de entrar y ella se agarró con más fuerza a la mano de Charlie, pero se puso en posición de ataque.

- El hombre al que buscas está en el baño, así que déjanos ir -

- Me caías bien, Weasley – le respondió con tristeza.

En ese preciso momento Hermione vio como Charlie levantaba su varita y sin esperar para saber lo que pasaba, ella hizo lo mismo y aturdió al recepcionista que les cortaba el paso.

En cuanto los dos hombres tocaron el suelo, la puerta estalló y de entre una enorme capa de polvo aparecieron tres manchas de color negro. Charlie volvió a tirar de su brazo y echaron a correr.

Un metro después de cruzar el umbral que separaba la recepción del oscuro pasillo que les llevaba al bosque, Charlie se paró en seco, se giró y apuntó al techo que había justo encima de la puerta de la recepción y gritó – Bombarda – haciéndolo explotar. Las rocas que se desprendieron taponaron la puerta. Todo el pasillo tembló, y echaron a correr de nuevo sin tiempo a comprobar el estado de lo que quedaba detrás de ellos. Una espesa capa de polvo les envolvió, impidiéndoles ver el camino, pero sabían que era en línea recta y solos les quedaban unos poco metros para poder salir de allí.

No se podía creer haberlo conseguido, pero ya estaban fuera. Hermione se paró tosiendo, los oídos la pitaban y dudaba mucho de la sujeción de sus piernas. Giró la cabeza y vio a Charlie, estaba tosiendo también, lleno de polvo y parecía que tenía sangre en la cara. Se acercó a él.

- ¿Estas bien? – le preguntó Hermione preocupada.

- Creo que si… ¿Y tu? – la respondió tosiendo.

- Si – le respondió resollando. Había apoyado sus brazos en sus propias piernas, que tenía ligeramente dobladas.

- Deberíamos desaparecernos de aquí ¿tienes fuerzas? -

- Si ¿Y tu? – Charlie asintió. A decir verdad estaba algo mareado, pero quería llegar lo antes posible a la tienda de campaña.

En cuanto se aparecieron en la tienda, Hermione comprobó las medidas de seguridad. Había puesto tres o cuatro más que cuando estuvo escondida con Harry y Ron, así que estaba bastante segura sobre que alguien que no fuera ellos pudiese encontrarles o ver la tienda, ni siquiera por casualidad. Solo ellos dos podían, ese era otro de los nuevos hechizos que había puesto, así se aseguraba que si alguno de los dos se encontraba en problemas podrían encontrar su escondite sin problemas y que cada vez que se movían a alguna parte no tenían que llevar la tienda con ellos, que a decir verdad pesaba bastante.

Al entrar vio a Charlie sentado en una de las sillas, con la cabeza y los brazos apoyados en la mesa

- Charlie ¿estas bien? - haciendo un gran esfuerzo, él levantó el brazo derecho y negó con la mano. Ella fue al baño, mojo una toalla en agua y se la puso en la nuca. Unos segundos más tarde Charlie suspiró.

- ¿Mejor? – le preguntó con dulzura.

- Si – dijo débilmente. En ese momento ella le quitó la toalla, antes no se había dado cuenta, pero tenía el cuello sucio, seguramente por el polvo de la explosión, y la toalla mojada le había dejado marcas, así que cogió un pico y se lo pasó por las zonas que le quedaban sucios.

- No hace falta que hagas eso -

- Lo se, pero no te voy a dejar con el cuello lleno de churretes ¿no te parece? – él levantó la cabeza y la miró sonriendo. A pesar de la suciedad de la cara se le notaba la piel más pálida de lo normal, además tenía varios cortes que le sangraban bastante.

A pesar de su disconformidad, Hermione le limpió la cara y le curó las heridas.

- ¿Por qué no te duchas mientras yo preparo algo de chocolate caliente? -

- No tengo muchas ganas de tomar nada, gracias -

- Charles Weasley, me da igual si quieres o no. Te acabas de marear y te estabas desangrando, así que te vas a tomar una taza, quieras o no – le dijo con los brazos en jarras.

¿Quien la iba a decir que no? – Has pasado demasiado tiempo con mi madre – la dijo antes de irse a la ducha. Mientras, Hermione se lavó un poco en la cocina y puso a hacer el chocolate. Estaba probando si necesitaba un poco más de azúcar cuando apareció Charlie.

- Hermione ¿podrías hacerme un favor? – ella se giró. Iba sin camisa. Cielo santo, ¡¡¡vaya cuerpazo!!! Tenía la cantidad perfecta de músculos en los lugares perfectos. Hombros fuertes, pectorales no demasiado abultados, pero duros como piedras, brazos fornidos, de los que Hermione dudó si tendrían el mismo diámetro que su cabeza, y estomago firme que era recorrido por una fina capa de bello de color naranja que se perdía por la gomilla de sus pantalones de pijama de cuadros azules y blancos que le había dado Harry.

- Si…claro ¿Qué necesitas?- le respondió intentando que se no se la notara la impresión de verle en ese estado. El se giró y ella vio como tenía en la espalda varios cortes profundos parecidos a los de la cara, los pedazos de los azulejos habían debido atravesarle la ropa.

- Yo no llego para curármelos –

- No hay problema – se acercó y poso sus manos sobre su espalda, su piel era tibia y suave, llena de pecas. Con el contacto sus manos comenzaron a temblar. Aplicó los hechizos curativos y cuando estuvo segura de haber terminado se giró rápidamente para que él no viera lo mucho que la había afectado verle medio desnudo.

- Gracias -

Ella sirvió dos tazas de chocolate y se sentaron en la mesa del saloncito en silencio, Charlie había encendido la calefacción y la tienda comenzaba a templarse ¿o era ella la que estaba entrando en calor? Maldita sea ¿por qué Charlie no se ponía una camiseta?

- Nos hemos librado por los pelos – dijo él.

- Si, ha faltado muy poco -

- Nunca me hubiese imaginado que Appelwood era el infiltrado -

- Tenemos que contar a Harry y a Ron todo lo que hemos oído – dijo Hermione.

Charlie les envió un patronus y con rostro preocupado la dijo – Ojala puedan hacer algo para impedir el ataque a la reserva de España -

- Seguro que si. La pena es que no pudimos ver al hombre del espejo -

- Yo si le vi – respondió Charlie. Hermione abrió mucho los ojos de la impresión.

- ¿En serio? -

- Si, justo antes de que estallaran los azulejos ¿Quieres saber quien era? -

- Por supuesto – le respondió algo ofendida porque la hubiese hecho esa pregunta.

- Era el hombre que estaba con los aurores, él que le daba las ordenes ¿te acuerdas? -

- ¿El hombre del tatuaje asqueroso? -

- ¿Tatuaje asqueroso? – preguntó extrañado.

- Si. ¿Recuerdas el día que quedamos para comer y me hice daño en el pie? -

- Si -

- Pues ¿recuerdas que te conté que me había chocado con alguien por las escaleras? –

- Si –

- Pues resulta que yo iba bajando las escaleras y el subía tan rápido que se chocó conmigo y me hizo perder el equilibrio. Para no caerme me agarré a su tunica y para que le soltara él me dio un empujón, pero yo me agarré más fuerte a su tunica, así que se le rasgo y pude ver que tenía un tatuaje de una garra desgarrándole la carne. ¡Dios, era asqueroso! – Charlie se quedó blanco, había tenido la esperanza que a través del espejo solo le hubiese visto a él, pero si conocía también a Hermione y sabía que estaban juntos… ¿Cómo se habían metido en ese lío? Parecía que las cosas en vez de mejorarse, cada minuto que pasaba iban a peor, y estaba seguro que todavía les quedaba mucho por lo que pasar.

Cuando terminaron el chocolate a Charlie le dolía mucho la cabeza, así que Hermione insistió que se acostase en la cama, ella iba a fregar, a ducharse y a esperar a que Ron o Harry les contestasen el patronus.

Después de haber pasado las dos primeras noches durmiendo en el suelo y la tercera sin dormir, a pesar de lo mucho que le dolía la cabeza y el pitido de los oídos, en seguida cayó dormido. Un ruido le despertó, era de noche y afuera había una tormenta de los mil demonios. Un relámpago iluminó la habitación, eso le hizo abrir los ojos. Ahora podía oír con claridad el ruido que le había sacado de su apacible sueño, truenos y agua golpeando con fuerza la tienda. El aire era tan fuerte que parecía que la tienda iba a salir volando de un momento a otro, así que se levantó para comprobar que estuviera bien sujeta al suelo. Al salir vio a Hermione entrar, estaba empapada, tiritando de frío y con cara de estar asustada.

- Ey, ya estas despierto – le dijo en cuanto le vio.

- Con esta tormenta quien no lo estaría -

- No podemos seguir aquí, en cuanto escampe deberíamos ir a otro lugar más resguardado de las tormentas - dijo Hermione.

- Si, tienes razón – en ese momento se oyó otro trueno y casi al mismo tiempo un rayo debió de caer muy cerca suyo - Deberíamos buscar una cueva o algo parecido – la dijo, y como ella seguía tiritando de frío, Charlie la obligó a cambiarse de ropa mientras él avivaba las llamas de la estufa. Al terminar, la vio salir del baño de colgar la ropa mojada para que se secase, llevaba puesto el pijama, ya que era la única ropa que tenía para cambiarse. No abrigaba mucho, pero era lo único seco que tenía.

Se sentó en una silla y Charlie observó como la chorreaba el pelo, así que se acercó a ella, se puso detrás, y comenzó a secarla el pelo con su varita.

- Ron ha contestado al patronus que le has mandado esta mañana -

- ¿Cuándo? -

- Cinco minutos antes de que se empezase a acabar el mundo – le dijo refiriéndose a la tormenta.

- ¿Y que ha dicho? – la preguntó levantándola un mechón de pelo y echándola aire caliente por debajo.

Hermione se giró de golpe, haciendo que casi se le cayese la varita al suelo – ¡Oh, Charlie! Estamos metidos en un buen lío. A Ron y a Harry les han prohibido formar parte de la investigación sobre nuestro caso y han puesto precio a nuestra cabeza -

- ¿Cuánto? – la respondió con los ojos muy abiertos por la impresión, una mano apoyada en su cadera y la otra con la varita levantada en la misma posición en la que estaba mientras la secaba el pelo.

- No lo se – dijo negando con la cabeza – Ron no ha dicho nada – Charlie suspiró y se sentó en la silla libre, en frente de ella.

- ¿Dijo algo más? -

- Si. Que el profeta está diciendo cosas horribles sobre nosotros y están criticando mucho a Kingsley por querer participar directamente en nuestro caso, y que están trabajando sobre lo que les has contado, que dentro de poco se pondrán en contacto con nosotros de nuevo -

Se quedaron en silencio, oyendo como la tormenta descargaba toda su fuerza contra ellos, inmersos en sus pensamientos, hasta que a Charlie comenzaron a rugirle las tripas. Los dos se levantaron casi a la vez para hacer la cena, algo rápido y caliente. Abrieron una lata de albóndigas, la calentaron y se la comieron como si fuera el manjar más delicioso que hubiesen probado nunca.

Con el estomago lleno, el cansancio hizo mella en ellos, incluido en Charlie que a pesar de acabar de despertarse seguía bastante cansado. Recogieron los platos y Hermione se dirigió a la habitación. Cuando se dio cuenta de que Charlie no la seguía se plantó delante de él, con los brazos cruzados por delante del pecho.

– Charles Weasley ¿no pensaras acostarte en el suelo? –

- Hermione, por favor, no empieces con eso – la contestó sonrojándose.

- Mira, no te estoy pidiendo que me hagas el amor, solo quiero que duermas en un sitio caliente y cómodo. ¿Cómo te sentirías si fuera yo la que insistiera en dormir en el suelo? -

- Si eso es lo que quieres…- Le dijo encogiéndose de hombros y sentándose en el suelo. En realidad se había sentado por la impresión que le habían causado sus palabras, por un segundo se había imaginado con ella, los dos desnudos, besándola por todas partes de su cuerpo.

Hermione se dio la vuelta y se dirigió al dormitorio. "Si que ha sido fácil convencerla" pensó, pero enseguida ella volvió con la fina almohada y la manta de la cama, se sentó a su lado, colocó la almohada en el suelo y se tapó.

- ¡¡¡Por Merlín!!! Haz el favor de ir a la cama ¿quieres?- la dijo molesto.

- No. Quiero dormir aquí -

- Está bien, allá tu – la dijo sin darle importancia – Buenas noches – añadió y apagó la luz con su varita. Cruzó los brazos por detrás de la cabeza y la apoyó en ellos.

Era una tortura estar tumbado en ese suelo, pensó Charlie. A los dos minutos oyó a Hermione moverse y resoplar. Otro minuto después la noto tumbarse sobre su costado derecho, pero casi tan pronto como su cuerpo tocó el suelo volvió a girar para tumbarse sobre el izquierdo. ¿Habría terminado ya de moverse? Un minuto y medio más tarde giró para tumbarse con la cara mirando al suelo.

Charlie comenzó a ponerse nervioso y cambió de postura, y en ese mismo momento, Hermione se tumbó de espaldas. Cuatro cambios y tres resoplidos más tarde, no aguantó más.

- Está bien, vamos a la cama – la dijo sentándose, muy molesto.

- Menos mal, pensé que íbamos a estar toda la noche aquí -

Charlie se sentía más incomodo durmiendo en la cama que en el suelo, pero a medida que la tormenta se iba alejando, él se iba relajando. Prácticamente se había quedado dormido cuando Hermione le llamó.

- Charlie ¿estás dormido? -

- Mmm –

- Buenas noches –

Esas dos simples palabras, dichas con tanta dulzura, le cortaron la respiración. Quería abrazarla y que a la mañana siguiente ella despertase entre sus brazos, con todo su pelo esparcido por su pecho. En vez de eso, se dio media vuelta, dándole la espalda. Ojala terminase todo pronto y se pudiese volver a Rumania, antes de enamorarse perdidamente de la novia de su hermano.

- Tal vez cuando nos despertemos mañana todo se haya solucionado y podamos volver a nuestras vidas – dijo Hermione en voz baja.

"Ojala" pensó Charlie antes de dormirse.


Feliz año nuevo a todos!!!

Perdón por la tardanza en actualizar, pero con tanta fiesta de por medio...En fin, espero que os haya gustado este capítulo.

Muchisimas gracias a todos por vuestros reviews y vuestro apoyo!!!