CAPITULO 7


Harry y Ron estaban esperaban sentados en las dos incomodas sillas de madera que había enfrente de la del director, nerviosos e impacientes, esperando a que su jefe, el señor Matthews, terminase de firmar unos documentos para hablar con ellos.

Seguramente les habrían hecho llamar para darles una buena reprimenda, puesto que aún después de haberles comunicado que estaban fuera del caso de Hermione y Charlie, ellos dos habían seguido haciendo investigaciones por su cuenta, cosa de lo que estaban seguros, su jefe se había enterado.

En cuanto terminó de firmar, el mago les miró muy serio y les dijo – Wesley, Potter, el motivo por el que les he hecho llamar es para hablar con ustedes dos del caso "Ignis". Se que les extrañará, ya que yo mismo les relevé de el, pero información de última hora me ha hecho replantearme las cosas y seguramente ustedes dos puedan aclararme un algunas dudas-

- Por supuesto, señor – respondió Harry.

- Queda de más comentarles que todo lo que se diga aquí debe permanecer en estricto secreto – le dijo entrelazando los dedos de sus manos y apoyando las muñecas sobre el borde de su escritorio.

- No se preocupe, no saldrá de estas cuatro paredes – le dijo Ron.

- Como ya saben, los…- carraspeó y rectificó -…Charles Weasley y Hermione Granger, entraron en la reserva de Gales y atacaron a varios de los trabajadores. Por supuesto, todas las personas que les vieron, incluido el director de la reserva, han sido interrogadas, pero con uno de ellos…bueno, digamos que han habido cosas que no me terminan de convencer, y la declaración de hoy ha sido la gota que ha colmado el vaso -

- ¿Y nosotros que tenemos que ver en esto? – preguntó Harry.

- Pues que estoy empezando a creer que esa convicción que tienen ustedes sobre la inocencia de Weasley y Granger puede ser correcta – Ron y Harry se miraron asombrados – Están habiendo últimamente demasiadas irregularidades y cosas extrañas, así que necesito que me cuenten con detalle todo lo que saben -

Aunque ninguno de los dos quería decirle que se mantenían en contacto con Hermione y Charlie, le explicaron a su jefe como se habían desarrollado las cosas, todo desde un punto de vista hipotético, claro, pero Matthews no se lo tragó. Les dijo que todo esto era extraoficial y les preguntó si habían mantenido contacto con ellos en algún momento. Harry fue el que respondió afirmativamente.

- Llevo un tiempo desconfiando del tal Appelwood, el hombre al que dejaron inconsciente en el cuarto de baño, y me gustaría tener una charla con Weasley y Granger – Cuando Ron y Harry se miraron preocupados, Matthews añadió – No se preocupen, no tengo intención de tenderles ninguna trampa, ahora mismo estoy mucho más interesado en Appelwood. Estoy casi seguro que él es el infiltrado de la reserva, pero necesito que ellos dos me den su versión de los hechos – Se quedó esperando unos segundos para ver si alguno de los dos le decía algo, pero ante la nula respuesta por parte de ellos prosiguió.

- Podríamos quedar en algún lugar neutral, y por supuesto ustedes dos me acompañarían…Si les parece bien – pero ni Harry ni Ron le respondieron - Tal vez podrían hablar con ellos y concertar una cita -

- Nosotros no podemos contactar con ellos, son ellos los que contactan con nosotros – le respondió Harry muy serio. No terminaba de confiar en Matthews.

El mago se dejó caer sobre el respaldo de su silla, abatido y preocupado. Con su mano derecha se rascó la cabeza y soltó un largo suspiro. O era cierto lo que les estaba diciendo o era un magnifico actor – Está bien muchachos, si alguno de los dos se vuelve a poner en contacto con vosotros, intentad proponérselo, quizá tengamos suerte. Mientras tanto tendremos que soltar a Appelwood, no puede seguir aquí retenido, no tenemos ni una sola mierda en su contra – dio un manotazo a una pequeña montaña de papeles, haciendo que estos salieran volando, mientras maldecía al mismo tiempo.

Cuando los chicos salieron del despacho comenzaron a hablar sobre lo sucedido. Sería estupendo que Charlie y Hermione pudiesen convencer a Matthews de su inocencia, pero ¿y si era todo una trampa? Estuvieron debatiendo durante bastante tiempo que hacer y al fin llegaron a la conclusión de que Matthews tenía razón, debían arreglar como fuera un cita entre las dos partes. Sabían que se jugaban mucho, pero si eso significaba que Hermione y Charlie iban a tener una oportunidad, la iban a utilizar.


Cuando Hermione se despertó estaba sola en la cama. ¿Había soñado que Charlie durmió con ella? Se levantó y se dirigió al baño Allí estaba él, cogiendo la ropa que la noche anterior ella había tendido.

- Bu…buenos días – le saludó Hermione bostezando.

- Buenos días, Granger – la dijo sonriendo. A ella se la encogió el estomago "Que sonrisa tan bonita" pensó – ¿Has dormido bien? -

- Si, muy bien –

- ¿Eso significa que anoche no ronque o que ya te estás acostumbrando a mis ronquidos? -

Eso despejaba sus dudas – O que yo estaba muerta de cansancio y dormí tan profundamente que no me enteré de nada -

- Si, es otra opción – volvió a sonreírla.

- Te importa si…- le dijo señalando la taza.

- Oh, claro, te prepararé el desayuno mientras -

En cuanto terminó en el baño se sentó a desayunar, una taza de té y tostadas con mantequilla y mermelada.

- Lo tengo casi todo recogido, así que en cuanto termines recogemos la tienda y buscamos la cueva –


Estaban cansados, con frío, con hambre y todavía no habían encontrado ningún sitio que les valiese, y encima estaba anocheciendo, en el peor de los casos dormirían en medio del campo otra noche más.

Estaba a punto de rendirse, si ella estaba cansada no se quería ni imaginar a Charlie, que había insistido en llevar la mochila con la tienda todo el trayecto, y pesaba muchísimo. Seguro que tenía la espalda echa polvo.

- Mira allí – la dijo el chico señalando a una abertura en una de las paredes de la montaña que estaba tapada con una vieja y oxidada reja. Por lo visto hace muchos años era una cueva en la que habían descubierto restos arqueológicos y que la habían cerrado para hacerla turística, aunque a juzgar por el estado de esa verja hacía mucho tiempo que nadie pasaba por allí.

- No perdemos nada por entrar y echar un vistazo – dijo Hermione.

La entrada era tan estrecha que tenían que pasar de lado. Charlie tuvo que quitarse la mochila y llevarla en la mano izquierda, mientras con su varita alumbraba el resbaladizo suelo, mientras Hermione iba marcando el camino con la suya para no perderse si tenían que salir.

Charlie se paró de golpe. Genial, había una bifurcación.

- ¿Izquierda o derecha, Granger? – su voz resonó con fuerza entre las paredes.

Estaba pensando en izquierda, pero dijo derecha sin saber muy bien porque. Siguieron por el angosto pasillo que se iba encogiendo con cada metro que avanzaban. Lo que Hermione creyó que fueron unos treinta metros después de la bifurcación, el pobre Charlie se golpeó la cabeza con el techo, así que tuvieron que recorrer los cinco metros siguientes agachados, pero por fin llegaron a una pequeña sala de forma redondeada excepto por la irregular pared que les cerraba el paso.

- Es perfecta – dijo Charlie

Se instalaron allí, poniendo medidas de seguridad no solo alrededor de la tienda y el pasillo que llevaba a la sala, sino también en los alrededores de la cueva, y por primera vez en todos los días que había comenzado su pesadilla se sintieron realmente seguros. Estaban convencidos de que nadie podría encontrarles allí.

Esa noche durmieron hasta muy tarde. Lo malo de vivir tan escondidos en la cueva era que no tenían luz solar, así que se sentían un poco desorientados.

Al despertarse, lo primero que Hermione sintió fue a Charlie respirar con fuerza cerca de su oído, y lo siguiente, el brazo de él sobre su estomago y su pierna derecha entre los muslos de ella. Que más daba si seguía en la cama unos minutos más, al fin y al cabo no tenía nada importante que hacer en ese momento, solo disfrutar de la sensación de sentirle tan cerca. Cerró los ojos y se recolocó en la cama, puso una mano sobre el brazo de Charlie y le fue acariciándole lentamente. Las mariposas que había comenzado a sentir en cuanto se dio cuenta de que estaban abrazados, se volvieron locas.

¿Cuánto tiempo hacía que no se sentía tan a gusto y tan relajada?...desde luego mucho. Se estaba quedando dormida de nuevo cuando Charlie se sobresaltó y retiro su brazo y la pierna del cuerpo de ella – Joder, mierda – le oyó decir en voz baja.

- ¿Qué pasa? -

- Yo…eh…nada, tranquila, siento haberte despertado – la respondió levantándose de la cama. Se sentía confundido.

- Ya estaba despierta – si hubiera habido luz, Charlie hubiese comprobado lo colorada que se había puesto.

Él se quedó un par de segundos pensando - Bueno…yo…- carraspeó sonoramente y continuó -…siento haberte usado de cojín durante la noche - la dijo y encendió un pequeño farolillo que había dentro de la habitación.

Ella sonrió – No te preocupes, me encanta ser útil – Dios, estaba flirteando con él. Le miró, recostándose sobre su costado derecho, apoyó el codo sobre la almohada y la cabeza sobre su mano, dejando que el pelo la cayese sobre su brazo.

Cuando los ojos de Charlie se encontraron con los de ella, una ola de calor se le extendió por todo el cuerpo - ¿Porqué no vamos a desayunar? – atinó a decirla unos segundos más tarde.

Mientras desayunaban apareció el patronus de Ron, les citaba a las ocho de la tarde en la casa de los gritos. Necesitaba hablar con ellos.

Pasaron el resto del día inspeccionando la cueva y hablando sobre el incidente en la reserva. Si conseguían averiguar la identidad del hombre del espejo podrían detener a los dirigentes de la banda y demostrar su inocencia. ¿Pero como le iban a encontrar?


Tuvieron que esperar en la casa de los gritos casi una hora a que apareciese Ron. Según les contó, habían conseguido que su jefe, extraoficialmente, quisiese hablar con ellos sobre lo ocurrido. Por lo visto llevaba un tiempo sospechando de Appelwood y estaba muy interesado en oír la versión de Charlie y Hermione.

Ellos se miraron algo preocupados - ¿Estas seguro que podemos confiar en él? – le preguntó Hermione.

- Totalmente -

Estuvieron de acuerdo en quedar en algún sitio neutral. Ron les dijo que hablaría con su jefe y en cuanto tuviesen el sitio se lo haría saber.

Hermione sintió unos enormes remordimientos de conciencia al ver a Ron, se le notaba preocupado y tenía dos oscuras manchas debajo de los ojos, además lo que estaba empezando a sentir por Charlie no la ayudaba. Ella sabía que no estaba bien y que si Ron se llegase a enterar le destrozaría el corazón más aún, pero no lo podía evitar, ¿o quizás no lo quería evitar?

Se acercó a ella para darles una bolsa que les había preparado Ginny con algo más de ropa y de comida. Cuando Hermione estiró el brazo, Ron la sujetó la mano y se la acarició suavemente, mirándola con dulzura y preocupación.

- ¿Cómo estás? –

- Bien – respondió Hermione mirándole a los ojos. - ¿Y tu? -

- Yo estoy bien, no te preocupes por mi – la dijo mientras la seguía acariciando –Ahora tienes que estar muy centrada en ti, en tener mucho cuidado de que nadie os encuentre antes de hablar con mi jefe, y después, cuando todo esto se solucione tu y yo tenemos una conversación pendiente ¿recuerdas? -

- Claro que si – le respondió mirando al suelo. ¿Cómo se iba a enfrentar a él en ese momento?

- Todo va a salir bien, ya lo verás – y sin poder contenerse la abrazó. Ella le devolvió el abrazo con el brazo que tenía libre, pero solo por cortesía.

- ¿Cómo están papá y mamá? Le preguntó Charlie que se había acercado a ellos dos después de que se hubiesen separado. Se estaba muriendo de celos.

- Muy preocupados, pero también piensan que sois inocentes – le respondió sin apartar los ojos de Hermione, lo que hizo que ella se sintiese muy incomoda.

Después de unos violentos segundos de silencio, Ron se despidió de ellos diciéndoles que en cuanto supiera el lugar de la reunión se lo haría saber.


Ron les había citado en una antigua iglesia, a las afueras de un pequeño pueblecito cercano a Londres para encontrarse con el Director del Departamento de aurores, dos días después de haber hablado con ellos.

A pesar de que no era muy tarde era totalmente de noche y se estaba comenzando a levantar una fina capa de niebla.

Cuando ellos dos llegaron solo estaba Harry.

- ¿Dónde está Ron? – preguntó Hermione.

- No ha podido venir. Esta mañana ha tenido un pequeño accidente, pero no os preocupéis, está bien, solo necesita un par de días de descanso –dijo al ver las caras de preocupación de los dos chicos.

- ¿Pero que es lo que le ha pasado? –preguntó Charlie.

- Estaba de patrulla y se encontró con un par de tipos vendiendo objetos robados, entonces les quiso arrestar, pero por lo visto le aturdieron y al caer se dio un golpe en la cabeza – cuando Hermione se tapó la boca con la mano izquierda, Harry la tranquilizó asegurándola que él estaba bien y que se moría de gana de verla.

- Matthews os está esperando, vamos -

Harry les acompañó hasta dentro de la iglesia. Estaba bastante oscuro excepto por media docena de velas que alumbraban el altar mayor.

A Hermione le dio un escalofrío. Le parecía estar viviendo una escena de una película de miedo, en aquella antigua iglesia que olía a moho y a cera, sin apenas luz, con la niebla colándose por la puerta.

Instintivamente agarró a Harry, que estaba situado a su izquierda, del brazo.

- Ahí está – la dijo Harry señalando a la derecha del altar. En seguida lo vio, era una silueta negra que les hizo un gesto con el brazo para que se acercasen a él. Cada paso que daba se sentía más intranquila, así que apretó con fuerza la varita que llevaba en la mano derecha.

Solo habían dado nueve pasos más cuando sintió el corazón golpearla con fuerza en la garganta. Acababa de ver la cara al jefe de Harry y de Ron.

Era el hombre del tatuaje.

- Es el hombre del espejo – gritó Charlie.

Todo ocurrió en un segundo, o quizá menos. La puerta se cerró de golpe y comenzaron a aparecer más sombras desde las naves laterales. Una voz de hombre gritó. De pronto sintió que Harry la tiraba de la mano y le miró, se había caído al suelo. En ese momento Charlie la agarró con fuerza del brazo.

- Es una trampa – le dijo él.

Hermione vio como el hombre del tatuaje se estaba acercando a ellos con rapidez. Cuando estaba a dos metros de distancia se paró y un centenar de velas se encendieron de golpe. Ahora podían verle con total claridad. Charlie la apretó el brazo con fuerza y ella giró la cabeza, estaba totalmente rígido, sin apartar la vista de aquel hombre. Ella miró a su alrededor, las sombras oscuras se habían convertido en personas que estaba inmóviles, observándoles, rodeándoles, esperando a que su jefe les hiciese un simple gesto para atacarles.

- No puedo desaparecernos – la dijo Charlie a Hermione preocupado.

- Eso es porque he puesto barreras antidesaparecimiento en todo el edificio- dijo Matthews.

Hermione volvió a mirar a su alrededor, estaban rodeados, Harry estaba inconsciente, la puerta cerrada, claramente era una situación bastante desfavorable para ellos.

- No puedo arriesgarme a que uno de vuestros estúpidos amiguitos me relacione con esto y mucho menos que vosotros dos me descubráis – el hombre chascó los dedos y dijo - Acabad con ellos – les miró una vez más y se dio media vuelta, alejándose.

No supieron a donde fue, porque en ese momento los matones intentaron cerrar el círculo que había quedado abierto al marcharse su jefe, pero Charlie fue más rápido que ellos y echó a correr con dirección al altar mayor, llevándose a Hermione con él.

Los Fear, al verlos reaccionar de esa forma, les lanzaron un par de hechizos, pero ninguno les consiguió dar, ya que Hermione había conjurado un hechizo protector en cuanto sintió que Charlie tiraba de ella. En el momento en el que alcanzaron el púlpito, situado a la derecha del altar, se refugiaron detrás de él. Por suerte para ellos era de mármol y eso podría cubrirles al menos unos segundos. Hermione les oía reírse de ellos mientras se acercaban.

- Necesito que formes una barrera con los bancos mientras yo los prendo fuego ¿de acuerdo? – le dijo Charlie hablando muy rápido.

Hermione aturdió a uno de los hombres y en cuestión de segundos, mientras Charlie la cubría derrumbando una de las columnas cercanas a donde estaban los Fear, consiguió juntar unos cinco bancos a tres metros delante de ellos. En cuanto estuvieron listos, Charlie blandió su varita y de ella salió una enorme lengua de fuego, prendiendo los bancos, que al estar barnizados ardieron con muchísima rapidez. Hermione miró detrás de ella, la mesa del altar era también de madera y estaba recubierta por un faldón de terciopelo verde. Sin pensárselo dos veces la arrojó a la hoguera.

A través del fuego, varios magos les lanzaban hechizos que se estrellaban contra el púlpito, al mismo tiempo que dos de ellos rodeaban el incendio y se intentaban aproximar a ellos desde las naves laterales.

- Charlie…tenemos que salir de aquí – dijo Hermione tosiendo, pero él no la escuchó, estaba totalmente concentrado en aturdir al hombre que se acercaba por su izquierda.

El humo se iba espesando por momentos, como tardasen mucho en salir iban a morir asfixiados, ¡Dios mío!, Harry estaba al otro lado, inconsciente.

- Bombarda – gritó ella y se hizo un enorme agujero en la pared que tenían detrás de ellos. La explosión les asustó a todos – Tenemos que salir de aquí – le volvió a decir a Charlie. Los dos se pusieron de pie y corrieron hacia la salida. El aire que entraba avivó las llamas y oyeron a alguien gritar.

- Accio Harry – gritó Hermione y el chico cruzó las llamas velozmente, sumido en su estado de inconsciencia. Al llegar a su altura, Charlie apagó su túnica que se había prendido.

- Tenemos que dejarle aquí y marcharnos – dijo Charlie

-¡¡No!! -

- Mandaremos un patronus a alguien para que vengan a por él – la dijo e inmediatamente la agarró del brazo y se desaparecieron.

En cuanto se aparecieron en la entrada de la cueva, Hermione envió un patronus a Kingsley dándole el paradero de Harry y contándole que les habían tendido una trampa, pero que más adelante le daría los detalles.

Cuando entró, Charlie estaba sentado en una silla, con los codos apoyados en la mesa y la cabeza entre sus manos. Habían estado tan cerca de morir…

- Acabo de avisar a Kingsley, le he pedido que se ponga en contacto con nosotros en cuanto Harry esté a salvo –

- Está bien – la dijo - ¿Que tal estas? – la preguntó girándose para mirarla. Paseaba nerviosa alrededor del pequeño salón.

- No debimos de haber dejado a Harry allí solo – Charlie la observaba preocupado - No debimos de haber dejado a Harry allí solo –

- Tranquila, no le va a pasar nada malo, seguro que ya hay alguien allí para llevarle a San Mungo -

- ¿Y tu que sabes? – le espetó nerviosa – Tengo que volver a buscarle – dijo y se dirigió hacia la puerta, pero Charlie se interpuso y la cerró el paso. Cuando ella daba un paso a la derecha, él también lo hacía, cuando ella daba un paso a la izquierda el también lo daba. Estuvieron así unos segundos, hasta que ella se desquició por completo.

- ¡¡Déjame salir!!- le gritó.

- No – la respondió firmemente.

- ¡¡Déjame salir!! - le gritó.

- Ya te he dicho que no – Ella le dio un empujón, y él echando la pierna derecha hacia atrás, consiguió mantenerse en su lugar. Ella volvió a empujarle pero Charlie no se inmutó y Hermione terminó de perder los papeles por completo y comenzó a darle puñetazos en el pecho gritándole que le dejase ir a buscar a Harry.

Le estaba haciendo daño, pero él dejo que ella se desahogase, sabía que Harry era como un hermano para ella y comprendía que estuviese tan nerviosa, por que él también lo estaba, y eso que no se sentía tan unido a Potter como ella.

Sin pensarlo mucho la rodeó con sus brazos mientras ella seguía forcejeando con él. –Tranquila, él va a estar bien, tranquila – la decía mientras la abrazaba con fuerza.

- No, nada va a estar bien, nada está bien – le respondió relajándose, porque dentro de sus brazos parecía que todos los problemas se desvanecían.

- Kingsley va a ir a por él, y lo va a poner a salvo y después Harry declarará contra su jefe y le arrestarán, y todo se aclarará de una vez y se terminará esta pesadilla, y podremos volver a nuestras vidas de antes – la dijo acariciándola el pelo.

Ella levantó la cabeza y le miró a los ojos - ¿De verdad lo crees? -

- Si – ella frunció el ceño, después suspiró y apoyó su frente contra la sien de él, permaneciendo en esa posición durante unos instantes.

Era maravillosos sentirla tan cerca, su cuerpo, su respiración acariciando su mejilla. Una fuerte necesidad de sentir más de ella se apoderó de Charlie. Eran sus labios los que necesitaba sentir, quería saber como sería su textura. Se los imaginaba suaves, delicados y tibios, y su propia boca le ardía ante sus fantasías en las que saboreaba cada milímetro de ese exquisito manjar. Solo que no quería que fuera solo una fantasía, así que giró la cabeza. Sus ojos fueron directamente a los labios de ella, deseando probarlos, y su respiración y su corazón se comenzaron a acelerar.

Hermione comenzó a temblar y a respirar agitadamente, Charlie la miraba como si la fuera a devorar de un momento a otro, y desde luego ella no iba a impedirlo, todo lo contrario, lo estaba deseando desde el incidente de la casa de los gritos, así que entreabrió ligeramente sus labios y recorrió la corta y desconsiderada distancia que les separaba.

...