CAPITULO 8
Charlie cerró los ojos y suspiró. A pesar de las desconcertantes noticias que les había enviado Kingsley hace un par de horas él no podía sacarse de la cabeza el beso que se había dado con Hermione. ¡Merlín! ... sus labios habían sido mucho más dulces y suaves de lo que se había imaginado, sobre todo porque en sus fantasías ella siempre terminaba rechazándole, pero en la realidad ella había sido la que había dado el primer paso, y cuando él la había respondido, tímidamente al principio, pero con efusividad unos segundos más tarde, ella le había replicado de la misma manera.
Después de interrumpirles, el inoportuno patronus de Kingsley les había informado de que Harry estaba en San Mungo, inconsciente y que le estaban haciendo pruebas. Además había pasado algo muy extraño, Ron había perdido la memoria. Los sanadores no se explicaban como había pasado, porque estaba bien, pero cuando las enfermeras fueron a llevarle la cena ni siquiera recordaba como se llamaba.
La teoría de Kingsley era que alguien le debía haber hecho un encantamiento desmemorizador para borrar algo de las últimas veinticuatro o cuarenta y ocho horas de su vida y se les había ido la mano. También les había dicho que en cuanto tuviese más noticias les diría algo.
Los dos se habían quedado de piedra, incapaces de moverse ni de mirarse. Seguro que habían sido los Fear los que había hecho que Ron perdiese la memoria.
En cuanto había podido moverse, Hermione se había metido a oscuras en la habitación y no había vuelto a salir, de eso hacía por lo menos dos horas, tal vez se hubiese quedado dormida y aunque él se moría de ganas de acostarse, después de aquel beso…desde luego estar tumbado a su lado no era la mejor de las ideas.
El cansancio pudo más y se quedó dormido con los brazos sobre la mesa y su cabeza sobre ellos.
Hermione apareció varias horas más tarde, no había podido dormir. La noticia sobre Ron la había impresionado y además seguía muy preocupada por Harry, pero el beso que se habían dado Charlie y ella la había descolocado por completo, había sido…había sido… Ella que siempre tenía respuestas para todo, que siempre lo sabía todo y era incapaz de encontrar una simple palabra para describir lo que había sentido. Mmm, tal vez, increíble la valiese, pero no, se quedaba muy corto. Hacía tanto tiempo que no sentía nada parecido que todavía estaba temblando.
Vio a Charlie sobre la mesa, dormido, seguro que cuando se despertase le iba a doler la espalda. Se llevó los dedos a sus labios, cerró los ojos y se acarició lentamente por donde los labios de él habían estado. Al abrirlos se quedó contemplándole y le dio mucha ternura verle así. Sintió ganas de acariciarle, pero en vez de eso puso su mano sobre su hombro y le despertó.
-Vamos, acuéstate en la cama – le dijo casi susurrando. El la miró extrañado, ni por todo el oro del mundo se iba a meter con ella en la misma cama. – Venga, yo me quedaré aquí esperando noticias – El se levantó y ella sintió los músculos de su espalda moverse y la dieron ganas de abrazarle, pero le notaba muy distante, así que bajó su mano y mientras el se dirigía al dormitorio, ella se fue a la cocina a prepararse una taza de te.
Se quedó pensando sentada en una silla, si el hombre del tatuaje era el director del departamento de aurores, y tal y como les había dicho no iba a permitir que ni ellos ni sus estúpidos amiguitos les delatasen, seguro que iba a hacer todo lo posible para que Harry no saliese con vida del hospital. Sintió una ola de pánico, se dio cuenta de que iban a ir a por Harry. Por lo menos Ron, con su repentina amnesia, estaría a salvo. Acababa de percatarse, que lo que le había pasado a su exnovio era porque sabía que esa noche habían quedado con su jefe y Ron podría inculparle.
Tenía que ir al hospital, pero no se iba a marchar sin decirle nada a Charlie, así que entró en la habitación y se sentó en la cama.
- Charlie – le llamo susurrando. – Charlie – insistió un poco más alto, pero tampoco la respondía así que apoyó las manos en la cama y comenzó a agitar el colchón con energía.
- ¿Qué pasa? – dijo asustado.
- Me voy al hospital a ver a Harry - en cuanto terminó de hablar se puso de pie, pero Charlie estiro su brazo y la agarró con fuerza de la muñeca.
-¡Estas loca!-
- No te estoy pidiendo permiso, solo te he querido avisar por si al despertar no me encontrabas –
- ¿No te das cuenta de que los Fear van a estar allí, esperando a que vayamos? -
- Claro que si, por eso quiero ir –
- Por encima de mi cadáver, Hermione – la respondió muy serio sentándose en la cama.
- ¿Pero es que no te das cuenta que le van a hacer algo malo? -
- Si, me doy cuenta, pero ya hemos avisado a Kingsley y él está alerta, además, seguro que lo tiene bajo vigilancia para que no le pasa nada -
- ¿Vigilancia? ¿Por quien? ¿Por el director del departamento de aurores? – Sin soltarla se acercó a ella dando pequeños saltitos en la cama.
- Por favor, solo vamos a esperar hasta que Kingsley nos diga algo ¿de acuerdo? Y después si todavía quieres ir, yo te acompañare -
- Está bien – le respondió arrugando el ceño. Hermione se sentó en la cama y suspiró. Por lo menos había conseguido que se tranquilizase, pero no estaba muy convencido de que en cuanto la soltase no fuese a echar a correr, así siguió sujetándola la mano. Estaba tan incomodo que tuvo que recolocarse para no hacerse daño en el brazo.
- Puedes soltarme, Charlie. No voy a ir a ninguna parte – le dijo con voz cansada.
- A cambio de algo –
- ¿De que?- le preguntó con curiosidad.
- Que te acuestes conmigo – en cuanto las palabras salieron de su boca se sonrojó tanto que su pelo parecía palidecer, al igual que Hermione, que dio gracias por estar sentada, porque si no se hubiese caído de culo.
- No me refería a…quería decir que…-
- No te preocupes, ya…ya se lo que quieres decir – le dijo con media sonrisa. Había comenzado a temblar y el corazón la palpitaba con fuerza. Los dos se quedaron en silencio un rato, Hermione debatiéndose entre salir corriendo al salón o acostarse a su lado y arriesgarse a no ser capaz de controlarse y volver a besarle.
Por su parte, Charlie se quedó expectante, esperando a ver que es lo que ella decidía, con el corazón desbocado y la respiración agitada. Aquellas palabras se le habían escapado solas, sin pensar, y aunque sabía que no era una buena idea, se moría de ganas de sentirla entre sus brazos. Además estaba el hecho de que no se fiaba de ella, tenía miedo de que saliese corriendo a San Mungo en cuanto él se despistase.
Finalmente ella le hizo un gesto con la mano para que se retirase y la dejase sitio, se acostó en su lado, casi al borde de la cama, con los brazos cruzados por su pecho, intentando no rozarse con él. Charlie la miró y se tumbó en el borde opuesto de la cama.
Allí en silencio y a oscuras, Hermione intentaba luchar contra sus parpados, cada vez la costaba más tenerlos abiertos. Lo siguiente que supo fue sentirse tan cómoda, tan a gusto, tan calentita... Poco a poco se fue obligando a retomar la consciencia, por lo visto al final se había quedado dormida. Abrió los ojos y se sobresaltó, en algún momento debió haber cambiado el colchón por el cuerpo de Charlie, estaba prácticamente tumbada encima de él, boca abajo, con su pierna izquierda atravesando sus muslos y descansando el pie sobre el otro lado de la cama, su brazo izquierdo apoyado en el pecho de él y su cabeza en el hueco entre sus hombros y su cuello.
Abrió más los ojos al notar algo duro contra su muslo izquierdo, casi a la altura de la ingle. El corazón se la aceleró y antes de que el cosquilleo que comenzaba a sentir entre sus piernas se la extendiese, intentó apartarse de él, pero para su sorpresa le resultó más complicado de lo que imaginaba, Charlie la tenía abrazada, con su brazo izquierdo rodeándola por la espalda.
Al intentar soltarse, él se despertó - ¿Te quieres escapar?- la preguntó con la voz ronca y somnolienta.
- Tengo que ir al baño – mintió Hermione.
- Está bien – la respondió retirando su brazo. En el momento en le que ella se incorporó, no pudo evitar recorrer su cuerpo con los ojos. O salía pronto de allí o estaba perdida. Se dirigió velozmente al baño y unos minutos más tarde, cuando se tranquilizó, fue a prepararse el desayuno.
Al sentarse en el salón para tomárselo apareció Charlie – Pensé que te habrías vuelto a dormir – le dijo Hermione.
- Imposible, me faltaba mi manta humana – la dijo sonriendo. Al instante ella se sonrojó.
- Lo siento, no me di ni cuenta que…-
- Ni lo intentes. Como una buena amiga me dijo un día, me encanta se útil – la respondió sonriendo y la guiño un ojo.
Mientras desayunaban apareció el patronus de Kingsley, les contó que Harry estaba en coma. Por supuesto, Hermione en seguida quiso ir al hospital a ver a su amigo y a Ron también. Los celos incomodaron a Charlie y cuando Hermione le preguntó que le pasaba él la respondió que no le parecía buena idea que fueran al hospital, pero que se lo había prometido y él siempre cumplía sus promesas.
Una vez dentro del hospital, parapetados detrás de sus túnicas, de sus bufandas y de sus gorros, le preguntaron a la bruja de la recepción por la habitación de Harry. Después de confundirla, subieron a verle. Allí, dentro del cuarto, estaban Molly y Ginny con cara de preocupación. En cuanto les reconocieron se abalanzaron sobre ellos para abrazarles.
Pasada la emoción inicial, Molly les riñó por haberse atrevido a ir hasta allí, pero Ginny intercedió por ellos. Por suerte, a Harry le habían puesto en una habitación privada y podían estar tranquilos sin que nadie les molestase.
Estuvieron hablando un buen rato. Las dos mujeres les contaron lo que los médicos les habían dicho sobre Harry y Ron, el primero, debido a una fuerte contusión en el cráneo estaba en coma y no sabrían cuando podría despertar, tal vez días, tal vez años, tal vez nunca. Con respecto a Ron, Hermione insistió en visitarle, pero Molly les explicó, con lágrimas en los ojos, que era inútil, ella acababa de llegar de verle y seguía sin recordar nada, ni siquiera a ella. Por lo visto los sanadores no podían hacer nada, ya que al haber sido arrancada con magia negra no se la podían devolver, y era prácticamente seguro de que nunca volvería a recordar algo de su vida anterior.
Hermione no podía evitar sentirse mal por la noticia que acababan de recibir, pero en el fondo de su corazón había sentido una pequeña alegría por que él no la recordara, así no tendría que volver a partirle el corazón. Dios ¿cuándo se había vuelto tan cruel?
Estaban a punto de irse cuando Charlie se fijo en el periódico que había en la mesilla de la habitación y lo cogió. Salían ellos dos. Era un pequeño artículo que recordaba a los lectores lo peligrosos que eran y que se recompensaría a cualquier mago o bruja que los atrapase, vivos o muertos, con cuatro mil galeones.
- ¿Solo cuatro mil? – dijo Charlie – Yo pensaba que darían mucho más. Vaya timo de recompensa – añadió bromeando, cosa que molestó a Molly y le echó una buena reprimenda.
Antes de salir se desilusionaron para que nadie pudiese verles. Bajaron por las escaleras y al llegar al vestíbulo notaron que había mucho más bullicio de lo normal.
-…unos encapuchados. Han entrado en la tienda y lo han destrozado todo, según dicen han torturado al dueño y a su empleada y después la han prendido fuego -
- ¿En Sortilegios Weasley? Que mala suerte tiene ese familia, primero uno de los hijos prófugo de la justicia y ahora esto -
Charlie, que como siempre que se desilusionaban tenía la mano de Hermione agarrada con fuerza, salió disparado del hospital y les hizo aparecerse a los dos en el callejón diagon.
- ¡¡Charlie, no!! – le decía Hermione tirándole de la manga, pero el no la escuchaba, lo único en lo que podía pensar era en su hermano, en que no le hubiese ocurrido nada malo, no podía volver a llegar tarde otra vez.
Los aurores estaban rodeando la zona, impidiendo que nadie se acercase y lanzando hechizos para apagar el fuego. El miraba nervioso de un lado a otro del callejón hasta que a lo lejos vio una cabeza roja. Se acercó, arrastrando con él a Hermione, y chocándose contra un par de personas que se miraron extrañadas entre si. Al llegar se dio cuenta que no era George y se inquietó mucho. Quería entrar dentro de la tienda para buscarle el mismo y echó a andar obligándola a seguirle. – ¡¡Charlie!! – le llamó ella dando tirones de la manga de su tunica -¡¡Charlie, a la derecha!! -
El giró la cabeza y tardó un par de segundos en localizar su objetivo, allí estaba su hermano, intentando apagar el fuego de su tienda mientras un par de sanadores intentaban comprobar si tenía alguna lesión de algún tipo. Sintió como si el aire volviese a entrar en sus pulmones, su hermano estaba bien, gracias a Merlín.
Una suave brisa le rozó la cara y aflojó el agarre que tenía sobre la mano de Hermione, no se había dado cuenta que la estaba apretando con tanta fuerza.
Entre el humo pudieron ver que en la pared de la tienda había dibujado en color rojo, un dragón que revoloteaba alrededor de una gran letra F de trazos góticos y de color verde brillante.
A Charlie se le revolvió el estomago. Lleno de ira, volvió a apretar la mano con fuerza a Hermione y se acercó a donde estaba George, sin importarle arrollar a los viandantes con los que se encontraba a su paso. La gente se miraba sorprendida y algunos exclamaban improperios.
- Estás loco – le dijo Hermione en cuanto se paró, pero a él el importaba muy poco lo que ella pudiese pensar en ese momento. Allí estaba su hermano, frente a él. Cuando los sanadores consideraron que no necesitaba tantas atenciones fueron a atender al resto de la gente por si se habían intoxicado al inhalar el humo, fue en ese momento cuando Charlie aprovechó para hablarle.
- George, soy Charlie ¿Estas bien?– le susurró. George se asustó, y abrió los ojos tanto que parecía que se le iban a salir de las orbitas de un momento a otro, mirando hacia todos los lados intentando averiguar de donde procedía su voz.
- Si, pero vete antes de que…- le susurró.
- Señor Weasley ¿está usted hablando con alguien? – le preguntó un auror que había cerca.
- ¿No me diga que no acaba de ver el Snorckack de Asta Arrugada que había aquí hace unos instantes? Ha sido increíble – el auror le miró de una manera extraña – Creo que le ha espantado – añadió fingiéndose molesto.
- Finite incantatem – dijo el auror moviendo su varita. Al instante comenzaron a volverse visibles los cuerpos de Charlie y Hermione. Lo siguiente que Charlie supo fue parpadear y sentir que se estaban apareciendo en algún lugar. Al abrir los ojos vio la entrada a la cueva y rápidamente, Hermione le obligó a entrar.
Recorrieron el largo pasillo en silencio, y cuando entraron en la tienda, Charlie se sentó de lado, con el respaldo de la silla a su izquierda. Abatido, dejo caer los brazos sobre la mesa y apoyó su cabeza entre sus manos. Mientras, Hermione encendía la estufa, él la dijo – Han sido ellos. Están intentando hacer daño a nuestras familias para que nosotros nos entreguemos – Hermione se acercó a él y se quedó de pie a su lado, mirándole – Tal vez deberíamos…-
- No se te ocurra terminar esa frase, Weasley – él la miró, no se había dado cuenta de que ella se había acercado a él.
- Pero no te das cuenta de que…-
- ¿Somos inocentes? – le interrumpió.
- De que si no nos entregamos van a hacerles daño, y yo no podría… - se calló, no era capaz de seguir hablando sin echarse a llorar, y no quería hacerlo delante de ella. A pesar de vivir tan lejos de su familia, Charlie se sentía muy unido a ellos, tanto que daría su vida por cualquiera. Solo había una cosa que podía alejarle de ellos, su otro amor, los dragones, por eso cuando le hablaron de trasladarse a Gales acepto casi de inmediato y se sintió el hombre más afortunado del mundo por poder disfrutar de dos de sus grandes pasiones juntas, su familia y sus dragones. La tercera era el quiddich.
Hermione se acercó más a él, se agachó ligeramente y colocó su pecho contra su espalda, rodeándole con sus brazos y le besó en la cabeza.
- Todo va a salir bien – le susurró Hermione contra su pelo. Permanecieron en esa postura un rato hasta que Charlie se sintió con fuerzas de incorporarse, girarse y mirarla. Ella retrocedió un par de pasos hasta ponerse de frente a él, de pie, a escasos milímetros suyos, acariciándole el pelo. Ninguno de los dos era capaz de dejar de mirar al otro.
- Si le hubiese pasado algo a George por mi culpa…-
- No es tu culpa, nada de lo que ha pasado es culpa de ninguno de los dos – le dijo. A continuación dio un paso y se acercó más a él. La mano la temblaba y el corazón la latía con fuerza, al igual que a él.
Sin poder evitarlo, Charlie colocó sus dos manos en la cintura de Hermione. Sabía que si no se alejaba de ella en ese momento no iba a poder contenerse, pero en un impulso cerró sus piernas y la sentó a horcajadas encima de ellas. Durante unos segundos se miraron intensamente, con la respiración entrecortada. Hermione apoyó su frente sobre la de él, con sus ojos cerrados, luchando contra la tentación de besarle.
Charlie la miraba los labios, que los tenía ligeramente entreabiertos, tan jugosos… No pudo aguantar más y posó sus labios sobre los de ella. Con el contacto Hermione gimió. El beso fue suave y lento y Charlie se sintió flotar con cada roce de los labios de ella.
Hermione enredó su mano derecha entre el pelo de él y la movió al ritmo de sus labios, mientras la izquierda la colocaba en su cuello. Eso le sirvió a Charlie para envalentonarse y besarla con más entusiasmo, recorriendo los labios de ella con la punta de su lengua y arrancando gemidos de la garganta de Hermione. Cuando se quisieron dar cuenta estaban enfrascados en medio de una batalla de lenguas, las manos de Charlie habían dejado su cintura, la derecha ahora estaba en el cuello de Hermione y la izquierda en su trasero, el cual apretaba con ansiedad. Esa mujer le estaba volviendo loco y hacía tanto que no sentía nada parecido…
Dejó sus labios y comenzó a besarla por el cuello.
Ella le agarraba con fuerza del pelo y le empujaba la cara contra su piel para que aumentase le intensidad. Charlie comenzó a morder y chupar con fuerza y a ella se la olvidó pensar, solo podía sentir un fuego que la recorría cada milímetro de su ser y que la terminaba entre sus muslos.
Las manos de Charlie dejaron lo que estaban haciendo para enzarzarse en una ardua búsqueda hacia los pechos de ella. En cuanto encontraron su objetivo, consiguió que con el primer apretón Hermione gimiera más alto y echara su cabeza hacia atrás, deseando que la dieran el tratamiento adecuado a sus necesidades, pero en vez de eso, Charlie dejó caer sus manos, apoyó su cabeza en el hombro de Hermione y susurró:
- ¿Qué estoy haciendo?-
- ¿Qué?- preguntó confundida. Todavía no había podido asimilar que Charlie hubiese parado.
El levantó la mirada- Esto no está bien- la dijo negando con la cabeza e intentó levantarla, pero ella estaba sujeta con firmeza a su cuello.
-¿Entonces porque se siente como si lo estuviera?- le contestó.
Charlie cerró los ojos y exhaló el aire sonoramente un par de veces antes de responder –Merlín, Hermione, no sabes cuanto me gustas, pero Ron…-
- ¿Ron? Oh, dios, Charlie…- Hermione se llevó su mano derecha a la frente –Hace tanto que dejé de quererle…y ya se que suena horrible, pero ahora él ni siquiera sabe que existimos ninguno de los dos, así que no creo que debamos preocuparnos de él en este momento -
- ¿Lo dices en serio? ¿Acaso no te importa lo que le han hecho?- la respondió molesto.
- Claro que me importa, pero no puedo evitar sentirme tan atraída por ti -
Charlie se quedó pensando, luchando contra sus emociones y sus instintos. Ella le había confesado que se sentía atraída por él, y el pecho se le había ensanchado tanto que pensó que la camiseta que llevaba le iba a estallar, pero no se podía sacar de la cabeza a su hermano, sentía como si le estuviese traicionando. El problema era que lo que sentía por ella cada minuto que permanecía a su lado se iba convirtiendo en más fuerte.
– Por eso rompí con él en la casa de los gritos, después de aquello podía seguir negando lo que siento por ti y no quería engañarle de esa manera. ¿Recuerdas que te dije que me sentía la peor persona del mundo? –
- Si – le respondió en voz baja.
- Pues era por eso, porque me sentía como si estuviera engañándolo, pero no es así, no lo estamos haciendo. Yo ya no estoy enamorada de él, y él ni siquiera me recuerda. Se que es duro decir esto, pero tengo que seguir con mi vida -
- Ese día el me pidió que te cuidase como si fuera él – le confesó agachando la cabeza.
- Creo que lo estas haciendo muy bien – le respondió coqueta, jugando con un mechón del pelo de él.
- Hermione…-
- Dime que no te mueres de ganas de besarme y de hacerme el amor y te prometo que me levantaré de tus piernas y no volveré a…- le dijo susurrando a escasos tres centímetros de sus labios, temerosa de que la dijese que no, pero Charlie no la dejó terminar de hablar. Que merlín le perdonase. Se abalanzó sobre ella y comenzó a devorar sus labios con avidez, su lengua recorriendo cada recoveco de la boca de ella y sus manos acariciando su cuerpo.
Ella gemía y se estremecía con las atenciones del hombre sobre el que estaba sentada la estaba proporcionando, pero necesitaba más, así que comenzó a besarle bajando por su mandíbula y de allí a su cuello, mientras le quitaba la túnica y la ropa que había debajo. Solo separó los labios de él en el momento en el que le sacaba el jersey junto con la camiseta interior, que las tiró al suelo sin ningún tipo de consideración.
Su torso era tibio y fuerte, tan suave al tacto de sus labios que no estaba segura de poder dejar de besarle.
El procedió a quitarla la parte superior de la ropa, la dejo solamente con el sujetador puesto y ante la esplendida vista, se relamió los labios y gimió en aprobación. Se volvieron a fundir en un apasionado beso hasta que Hermione le interrumpió y dijo entrecortadamente - Cama -
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