CAPITULO 9

Con las prisas del momento se habían dejado una lamparita encendida en el salón y aunque no era lo suficientemente fuerte para iluminar toda la tienda, dejaba entrar una tenue luz, suficiente para que Hermione, tumbada sobre el torso de Charlie pudiese apreciar al trasluz la fina hilera de bello que dirigía su dedo hacia su pelvis.

Charlie se encogió y rió, por lo visto la pequeña expedición dactilar de Hermione le estaba haciendo cosquillas.

- No me puedo creer que tengas cosquillas aquí – le dijo muy orgullosa de si misma por haber encontrado semejante hallazgo, atacando nuevamente la zona.

Riendo, Charlie la sujetó la mano, y con sus piernas la forzó para que intercambiasen las posiciones, ella debajo de él, con las manos sobre la cabeza. El la sujetó las muñecas con una sola mano, mientras con la otra la hacía cosquillas en las costillas y el vientre.

- No vale…eso es…trampa – le respondió riendo y moviéndose nerviosamente sobre la cama por efecto de las cosquillas.

- En la guerra y en el amor todo vale – le respondió.

Ella sonrió con picardía y comenzó a besarle por el cuello hasta que él paró. En ese momento ella rodeó su cintura con sus piernas y se recolocó – ¿Ya estás listo de nuevo? -

- Tu tienes la culpa…mmm…me vuelves loco…- la contestó al mismo tiempo que la acariciaba los pechos y movía sus caderas para que ella sintiese la dureza que le estaba provocando. Ella solo le pudo responder gimiendo.

Al parecer, el juego de las cosquillas había terminado y se encontraban los dos preparados para volver a hacer el amor. Hermione subió por el mentón de Charlie dejando un rastro de saliva en el camino, hasta encontrarse con sus labios, fundiéndose en un ardiente beso.

Instantes más tarde, cuando Charlie comenzó a bajar por su cuello, en dirección a sus pechos, Hermione descruzó las piernas para facilitarle que él pudiese llegar a su objetivo. Una vez en el, se recreó lamiendo y mordisqueando mientras Hermione metía los dedos entre su cabello y lo empujaba contra ella en señal de aprobación.

El deslizó una mano hasta la entrepierna de ella, acariciando suavemente los pliegues de su cuerpo. Con el contacto a Hermione se le cortó la respiración, y lo único que fue capaz de hacer fue bajar las manos hasta los hombros de él y agarrarse con fuerza.

Mientras Charlie seguía explorando con sus dedos la intimidad de Hermione, la oía gemir y pronunciar su nombre entrecortadamente. Eso, unido con el olor que ella desprendía, le excitaba tanto que se volvió a tumbar encima de ella y besándola con fuerza la penetró.

Era el paraíso. Estaba convencido que nunca antes, con ninguna otra mujer había sentido nada parecido, claro, que hacía tanto tiempo desde la última vez y deseaba tanto a Hermione que no estaba seguro de ser muy parcial. A esas alturas, lo único que sabía era que podría estar haciéndola el amor el resto de su vida.

Cambiaron de posición, ella encima de él.

Con la poca luz podía ver como la brillaba la piel a causa del sudor. Quería sentirla sobre él, que su sudor se mezclase con el suyo, así que se incorporó y la abrazó. Hermione continuó moviéndose rítmicamente, gimiendo cada vez más alto y mordiéndole el hombro hasta que llegó al clímax.

Charlie la besó con ternura y la tumbó de espaldas, dándola tiempo a que recobrase la respiración. Estaba preciosa así tumbada, desnuda y sudorosa, con el pelo extendido sobre la almohada, todo revuelto. Lentamente comenzó a moverse dentro y fuera de ella, dentro, fuera, una y otra vez. Cada embestida se iba haciendo más rápida y fuerte, gimiendo hasta que cayó agotado y satisfecho después de haberse derramado dentro de ella.

Intentó retirarse, pero Hermione se lo impidió, atrapándole con las piernas, que las colocó por debajo de su trasero, así que se quedó tumbado encima de ella, con su cabeza sobre el pecho de ella, escuchando su respiración y los latidos de su corazón.

Hacía tanto que no se sentía tan relajado que incluso se había olvidado durantes unos minutos de todos los problemas que tenían.

Hermione le acariciaba el pelo con delicadeza disfrutando de cada segundo que estaba con él, ya que sabía que en cuanto todo terminase cada uno volvería a su vida, él a Rumania con sus dragones y ella a su despacho en el ministerio.

- ¿Sabes algo Granger? – El apoyó los dos brazos sobre el pecho de ella, levantó la cabeza y la sonrió.

- ¿Después de todo lo que acaba de pasar entre nosotros vuelvo a ser Granger para ti? –

- Es que me encanta como suena – la respondió – Granger, suena sexy – añadió seductoramente. Hermione se rió con ganas ¿Qué te hace tanta gracia? –

- Tu -

- Me alegra saber que me encuentras tan divertido – él se recolocó en la cama, trepando por el cuerpo de ella hasta colocar su cabeza en el hueco entre su cabeza y sus hombros, una vez allí la besó con dulzura el cuello y Hermione rió suavemente.

- Y muy atractivo tan bien – le respondió coqueteando con él y acariciándole con un dedo el bíceps.

- ¿A si? - se incorporó lo suficiente para besarla profunda y lentamente en los labios. Cuando se hubieron separado el añadió – ¿Sabes? nunca me hubiese imaginado que te sintieras atraída por mi -

- ¿Tan mal partido eres? –

Charlie se rió – No, solamente pensé que no sería tu tipo de chico, creía que te gustaban los hombres más altos –

- En realidad he de confesarte algo. Tengo debilidad por los hombres pelirrojos y con pecas –

- Entonces estoy de suerte - la dijo y la volvió a besar en el cuello.

- Eso parece – le respondió mientras los labios de él buscaban los de ella.

Después de unos minutos de besos, mimos y caricias, a Charlie le entró hambre, así que fueron los dos a la comida a comer algo. Se dieron cuenta que apenas les quedaba comida, así que en cuento terminaron de comer el arroz con un poco de tomate que habían preparado, Hermione se visitó y se marchó a comprar algo.


¿Cómo era posible que estuviese tanto en hacer la compra? Habían pasado por lo menos tres horas desde que Hermione había dejado la tienda. ¿Y si la había pasado algo malo? Si solo supiera donde estaba esa maldita tienda muggle a donde ella iba a comprar…pero no tenía ni la menor idea.

No podía parar de caminar nerviosamente, no soportaba más estar allí encerrado, así se dirigió a la salida de la cueva, andando a paso rápido por los sinuosos pasillos. Justo en cuanto llegó a la bifurcación se chocó con Hermione.

- ¿Se puede saber donde demonios te habías metido? – la preguntó muy enfadado.

- Dios, lo siento Charlie, no me di cuenta de que había pasado tanto tiempo fuera, pero es que no te imaginas lo que ha pasado -

- Más te vale que sea algo muy bueno -

- Ya lo creo –

Charlie la ayudó con las bolsas de la compra y de camino a la tienda, Hermione le fue explicando lo que había sucedido desde que se marchó. Le contó que antes de entrar en el supermercado, oyó a dos hombres hablar, enseguida se dio cuenta que eran magos, y ocultándose tras su gorro de lana y su enorme bufanda, se acercó a ellos lo más posible para oír lo que decían. Por lo visto, el ministro de magia había hecho limpieza en el departamento de aurores y había echado al director y a tres aurores, acusados de haber sido sobornados y trabajar para los Fear.

Aunque la costó algo de trabajo consiguió hacerse con un ejemplar del Profeta que le había llegado para enterarse bien de la noticia.

El no salía de su asombro por las noticias que Hermione le había contado, así que dejaron las bolsas con la compra en medio de la cocina y se sentaron rápidamente a leer el periódico. La noticia, que salía en portada, ocupaba medio periódico. En la primera página se veía una foto de cuando a Matthews le eligieron director del departamento, y orgullosamente saludaba a Kingsley Shaklebolt y a al resto de magos y brujas que habían estado presentes en su nombramiento.

- Parece que el ministro esta haciendo más de lo que parece por nosotros – dijo Charlie sin apartar la vista del periódico.

Cuando Charlie se dio cuenta de que Hermione no le respondía, la miró - ¿Pasa algo?- pero ella siguió sin contestarle. -¿No me digas que a estas alturas vamos a tener secretos el uno con el otro? –

- Te vas a enfadar cuando te lo diga – le respondió mordiéndose la uña del dedo gordo de su mano derecha, mientras le miraba con aprensión.

- ¿Tan malo es? -

- Bueno, lo suficiente -

- Dispara – la dijo cruzándose de brazos.

- Bueno, veras…es que estaba muy preocupada, y yo le había pedido a Harry que cuidase de mis padres, y ahora estando Harry así en el hospital, necesitaba saber si ellos estaban bien -

- ¿Has ido a ver a tus padres?- la preguntó alzando la voz.

- Si, pero…-

- ¿Te das cuenta de que podía haber habido alguien vigilando su casa y te podían haber cogido, o haberte hecho algo malo? – la volvió a preguntar chillando esta vez un poco más.

- Me doy cuenta de sobra ¿vale? Y no hace falta que me grites – la chilló ella enfadada y nerviosa.

Charlie dio un manotazo a la mesa, se puso de pie y comenzó a caminar por el pequeño salón resoplando.

Apenas un minuto después ella le dijo tímidamente – Lo siento. No volverá a pasar nunca más – él se paró y la miró con severidad – Estaba tan preocupada por ellos que no lo pude evitar -

- Yo también estoy preocupado por mi familia, y no por eso salgo corriendo en la primera oportunidad que tengo -

- ¿Ah, no? ¿y lo de ayer que fue? -

- Eso fue distinto -

- Si, seguro -

- Pues si, por si no lo recuerdas, Hermione, acabábamos de oír que acababan de atacar la tienda de George -

- Lo recuerdo con toda claridad -

- Entonces me doy cuenta que mi familia te importa un rábano -

- ¿Cómo te atreves a decir eso? – le gritó poniéndose de pie – Quiero tanto a tu familia como a la mía propia -

- Si, claro, ya veo. Como los quieras todos igual que a Ron, que a la primera oportunidad que tuviste…-

- No se te ocurra terminar esa frase, Charles Weasley – le respondió amenazantemente con lágrimas en los ojos, apuntándole con el dedo índice de su mano derecha.

Los dos se quedaron mirándose durante unos segundos hasta que él decidió que los mejor era salir de allí e intentar tranquilizarse antes de decir algo de lo que les hiciese más daño a los dos.

- Eres muy injusto conmigo – le dijo ella cuando le vio llegar a la puerta, pero Charlie no se inmutó y prosiguió su camino.


No sabía cuanto tiempo había pasado fuera de la cueva, paseando por los alrededores para intentar relajarse.

Por Merlín, se había portado como un auténtico gilipollas con ella. ¿Cómo había podido estar a punto de acusarla de engañar a su hermano Ron con él, cuando él mismo lo había deseado tanto? De acuerdo, se había asustado al pensar que la había pasado algo malo y había reaccionado de la peor manera posible, y ahora lo tenía que solucionar, pero ¿ella sería capaz de perdonarle?

"Eres muy injusto conmigo" las últimas palabras que Hermione le había dicho resonaban una y otra vez en su cabeza. Si, desde luego que lo había sido. El sabía perfectamente cuanto quería Hermione a cada integrante de su familia, había vivido con ellos los mejores y los peores momentos, les había apoyado y estado a su lado en el funeral de Fred, llorando con ellos. Había compartido sus vacaciones con ellos, las navidades, e incluso cuando había estado preocupada por la seguridad de sus propios padres había sacado un hueco para ayudarles a todos y a cada uno de los integrantes de su familia que habían necesitado algo. Era la mujer más admirable que había conocido nunca.

Se dirigió hasta la tienda. Tenía la esperanza de que ella le hubiese esperado levantada, sentada en la mesa, pero no era así, en cambio observó que había guardado la compra. Se asomó a la pequeña habitación, allí estaba, acostada en la cama, durmiendo. Quería acostarse a su lado y abrazarla, pero en vez de eso se dio media vuelta y se sentó en su silla, no le parecía apropiado acostarse a su lado antes de haberse disculpado debidamente.

Hasta ese momento no se había dado cuenta de lo cansado que estaba, era como si no hubiese podido descansar en varias semanas, y en contra de su primera idea, se volvió a levantar y se dirigió al cuarto, se puso el pijama y se acostó.

No debió de tardar mucho en caer dormido, porque lo único que recordaba al despertar era estar ahuecando la almohada y poco después despertarse solo en la cama. Charlie resopló con fuerza, seguro que Hermione no quería ni verle.

- ¿Ya estas despierto? – le preguntó Hermione desde el umbral de la puerta. Acababa de asomarse para comprobar que estuviese bien, lo llevaba haciendo toda la tarde.

Charlie había desaparecido durante seis horas después de su discusión y ella le había estado esperando, sentada en la mesa, pero la estaba comenzando a doler la espalda y decidió esperarle tumbada. Así estaba cuando él volvió, y cuando se asomó a la habitación ella fingió estar dormida. No quería enfrentarse a él en ese momento. Por suerte se lo tragó, aunque pocos segundos después entró de nuevo en la habitación y se acostó a su lado. No tardó ni un minuto en caer dormido, sin embargo, ella no pudo pegar ojo en toda la noche, dolida por sus palabras. Por lo menos tenía claro lo que Charlie pensaba de ella, que era una furcia que se acostaba con el primer hombre que se la ponía por delante.

- Oye, lo de anoche…-

- No te preocupes, ya me dejaste muy claras las cosas ayer. No hace falta que me lo repitas – estaba muy dolida – Solo quería decirte que Kingsley nos ha mandado un patronus y… -

- ¡¡Maldita sea!! ¿Me puedes dejar terminar de hablar? – la interrumpió gritando. Ella se calló al instante y parpadeó con rapidez varias veces para impedir que él la viera llorar, cruzándose de brazos mientras esperaba lo que él tenía que decirla.

- Lo siento ¿vale? Siento muchísimo todo lo que te dije ayer. Estaba muy nervioso, por eso actué así. Lo hice sin pensar, y todo lo que te dije sobre mi hermano…- ella agachó la cabeza y miró al suelo – no lo dije de verdad, solo estaba furioso y…bueno…asustado, tenía miedo de que te hubiese pasado algo malo. Se que no actué bien, Hermione, y que te dije cosas horribles, y se que tu no eres así, no eres como yo te dije que eras, y me arrepiento de corazón – Ella seguía sin mirarle, así que Charlie se levantó de la cama y se acercó a ella, con su mano derecha la sujetó con delicadeza de la barbilla y se la elevó para que le mirase, pero sus ojos rehusaban hacerlo, no quería que la viera llorar, y sus palabras la estaban emocionando.

- ¿No vas ni siquiera a mirarme?- La preguntó mientras la acariciaba la cara con ternura.

Ella se vio obligada a dirigir su mirada hacía Charlie, y una vez que sus ojos conectaron se la encogió el corazón. No era especialmente guapo, pero había algo en él que conseguía dejarla sin respiración, sobre todo después de haber hecho el amor, parecía increíble, pero lo que sentía por él se había intensificado. Todavía podía sentir sus manos y sus labios por cada rincón de su cuerpo, y aunque se moría de ganas de volver a repetir la experiencia, después de todo lo que la había dicho hace unas horas, no estaba segura de poder olvidarlo tan fácilmente.

- Perdóname, por favor – la suplicó, pero ella seguía sin responderle – Hermione, por favor, haré cualquier cosa que me pidas, limpiaré la tienda, fregaré los platos después de las comidas, cocinaré durante un mes entero si es necesario -

- No creo que haga falta, es posible que todo esto termine dentro de poco. El patronus de Kingsley decía que uno de los aurores está tirando de la manta y muy posiblemente en una semana aproximadamente podamos volver cada uno a nuestra vida -

Charlie se quedó sin respiración ¿sería verdad que iba a terminar esta horrible pesadilla por fin? ¿Podría volver a Rumania o le dejarían quedarse en Gales? ¿y que iba a pasar entre Hermione y él? Desde luego ella le gustaba mucho y se sentía muy bien a su lado, pero pensar en una relación seria con alguien… uff… sentía como si le faltase el aire.

No se dio cuenta que había soltado la barbilla de Hermione hasta que ella se giró y se dirigió a la cocina a prepararse una taza de te. Cuando pudo reaccionar, la siguió.

- ¿Cuándo ha mandado Kingsley el patronus? –

- Hace un par de horas – le contestó – Supongo que tendrás hambre ¿no? – le preguntó mientras ponía dos tazas en la mesa

- Un poco – no se había dado cuenta hasta ese momento, pero estaba muerto de hambre.

Hermione sacó un paquete de pan de molde y le preparó un par de sándwiches.

- No hacía falta…-

- Anoche no cenaste y no podemos dejar que se desperdicie esta comida Charlie la miró, se la notaba que estaba claramente triste.

Intentando ignorar la punzada de dolor de su corazón, dio un mordisco al sándwich. – Esta riquísimo. Muchas gracias – pero ella ni siquiera le miró, parecía muy entretenida con su taza. Tenía que logar que le dijera algo, no soportaba los silencios incómodos.

- He dormido como un bebe, hacía tiempo que no me levantaba tan bien -

- Eso es porque has estado durmiendo unas dieciséis horas seguidas – le respondió ella.

Charlie se atragantó y tosió con fuerza. Cuando consiguió para dijo con asombro – Vaya… ¿en serio? -

- Si -

Volvieron a quedarse en silencio y cuando ella se levantó y llevó su taza hasta la pila, él la siguió, aprisionándola contra el fregadero. La abrazó y apoyó su frente contra su cabeza. Ella se intentó escabullir, pero él la tenía abrazada con fuerza.

- Si nos queda poco tiempo juntos, vamos a aprovecharlo al máximo posible – la pidió.

- ¿Para que luego me vayas acusando de mujer fácil que se acuesta con cualquiera?- le respondió con frialdad y él la soltó.

- ¿No me lo vas a perdonar nunca? Ya te dije que estaba arrepentido. Te juro que no lo pienso, y si no es verdad…- la dijo poniente una mano en el pecho a la altura del corazón -…que no pueda volver nunca a trabajar con dragones – la dijo muy serio.

Ella le miró, tenía los brazos cruzados sobre su pecho – Hay algunas cosas que necesitan de tiempo, y esta es una de esas cosas –

- ¿Pero cuanto tiempo? ¿Diez minutos? -

- Que mas quisieras, por lo menos necesito un día –

- ¡¿Qué?! ¡¿Un día?! – Charlie resopló – Un día. Pues si que eres rencorosa –

- ¡¡Charles Wesley…!! – le advirtió, pero no pudo terminar de hablar, ya que él la dio un fugaz beso en los labios que la dejo sin habla.

- Era broma. Tómate todo el tiempo que quieras, la verdad es que me lo merezco – la respondió con seriedad y como ella seguía sin poder reaccionar, él la sonrió y salió de la cocina.

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