CAPITULO 10


El hombre estaba de pie, enfrente del espejo de su cuarto de baño.

- No podemos permitir que hable. Necesitamos que os encarguéis de él -

- No hay problema. Yo me ocupo – El hombre del espejo desapareció, mientras el otro metía su mano derecha dentro de su camisa y sacaba una cadena de la que pendía una medalla de cobre, la dio un golpe con su varita, y un par de minutos después otro hombre apareció en el espejo.

- ¿Para que me necesitas, Siete? –

- Veintiuno ha sido arrestado y lo está contando todo. Queremos que lo elimines –

- Sin problema. Dame un par de horas -


Hermione estaba en la puerta de la cueva, viendo como fuera llovía copiosamente y esperando a ver si alguien les enviaba algún tipo de noticias de cómo iban las cosas.

La perspectiva de una pronta resolución de sus problemas la inquietó. Por un lado se sentía muy feliz de saber que todo se iba a solucionar y que iban a poder dejar de huir y vivir escondidos, pero por otro lado estaba Charlie. No quería enamorarse de él. Acababa de salir de una relación y no la parecía correcto mantener otra con el hermano de su ex novio, aunque este ya no recordase nada. Además estaba el hecho de que él, tarde o temprano iba a volver a Rumania, y estaba segura de que ella no soportaría una relación a distancia, eso contando con que él quisiera tener algo serio con ella, de lo cual dudaba bastante a juzgar por lo que la había dicho hace unas horas.

-¿Ya me has perdonado? – la preguntó Charlie con dulzura. Se había acercado a ella tan despacio que Hermione ni siquiera le había oído aproximarse, por lo que se asustó.

-¿Qué pretendes? ¿Matarme de un susto? – le contestó llevándose la mano al corazón que la latía con fuerza.

-No, solo quiero que me des un besito – la respondió muy mimoso, abrazándola por la cintura y escondiendo la cabeza en el lateral izquierdo del cuello de ella.

Hermione intentó disimular, pero Charlie se dio cuenta de que se estaba riendo. - ¿Eso significa que ya me has perdonado?-

Ella chascó la lengua y giró levemente la cabeza –Pero solo para que me dejes en paz. Ya he perdido la cuenta de la cantidad de veces que me has preguntado si te había perdonado-

-¿Y si lo sellamos con un besito?- la preguntó girándola para poder verla la cara. Ella rió y le besó con dulzura en los labios.

Al separarse, ella se abrazó a Charlie y se quedó pensativa, mirando como caía la lluvia.

-¿Preocupada por algo en especial?-

- No, solo estaba pensando en todo lo que nos ha pasado últimamente- mintió Hermione, aunque le hubiese gustado decirle la verdad, decirle que estaba preocupada por lo que iba a pasar con su relación en el futuro, pero ¿que relación? si solo habían mantenido relaciones sexuales una noche y después habían terminado discutiendo.

-Han sido muchas cosas en poco tiempo- dijo y a continuación suspiró. -¿Te arrepientes de haberte acostado conmigo?-

-No, claro que no. A pesar de todo, eso ha sido lo único bueno desde que estamos metido en este lío – le confesó rápidamente - Le quería preguntar si él estaba arrepentido, pero no se atrevió, todavía podía oír en su cabeza como la acusaba de acostarse con cualquiera.

- Yo tampoco. No te imaginas desde hace cuanto tiempo lo estaba deseando…bueno creo que desde te torciste el tobillo y te llevé en brazos hasta la enfermería ¿recuerdas?- la respondió pensativo.

- ¿De verdad?- le preguntó incrédula, y él solo la sonrió con esa sonrisa suya que la hacía estremecer y asintió con la cabeza.

- Me gustas muchísimo más de lo que te puedas imaginar, Hermione- la confesó.

Ella se mordió el labio inferior y respiró hondo para intentar controlar sus pulsaciones - ¿De verdad?-

-¿Cómo no podría hacerlo si eres la mujer más fascinante que he conocido en mi vida?-

-¿De verdad?- Charlie se rió.

- Ajá-

-Entonces ¿Por qué me dijiste antes todo aquello? -

- Solo estaba enfadado y preocupado, y repartí golpes sin pensar. Lo siento muchísimo, de verdad, créeme, por favor –

Ella pasó sus brazos por el cuello de él y le volvió a besar. Al separarse se quedaron abrazados y en silencio mirando el paisaje.

-¿Crees que en una semana se solucionará todo?- preguntó ella un par de minutos más tarde.

- Si Kingsley lo cree así ¿por qué habríamos de dudar? El sabe mejor que nosotros como funcionan ese tipo de cosas –

- No es que dude, pero no se, siento algo, no se, es como una especie de mal presentimiento –

- Eso es porque estás nerviosa, pero ya verás como todo va a salir bien – la dijo acariciándola cariñosamente el pelo. - ¿Por qué no salimos a buscar setas cuando deje de llover? Seguro que un poco de ejercicio nos va a hacer bien a los dos-


-Oh, no. Mierda- Hermione acababa de meter el pie derecho en un enorme charco de barro y la salpicadura la había alcanzado hasta las ingles. Retrocedió un par de pasos y apoyando el peso en su pierna izquierda, sacudió la derecha al aire para intentar quitarse algo de barro. Lo único que consiguió fue estar a punto de caerse. Tenía las botas tan llenas de barro que apenas conseguía distinguir donde terminaban sus pies y comenzaba el suelo.

-¿Qué te parece si volvemos a la cueva?- le preguntó a Charlie que estaba en cunclillas, removiendo con sus dedos un matojo de helechos – Ya tenemos bastantes setas –

El miró hacia arriba -Pero si no hemos cogido ni siquiera una docena. ¿Ya te has cansado o qué?-

Vale, seguiría llenándose de barro -No…es que… pensaba que teníamos muchas más- le respondió.

Charlie volvió a lo que estaba haciendo antes de que le interrumpiese y en vista de que no la prestaba atención miró hacia todos los lados, aproximadamente un kilometro a la izquierda el bosque se hacía mucho más frondoso. "Tal vez allí el suelo no estuviese tan embarrado" pensó.

-¿Qué te parece si vamos un poco más hacia allá…?- le dijo señalando con el dedo índice de su mano derecha hacia la izquierda – por aquí no hay muchas setas, tal vez allí tengamos más suerte – le mintió.

Charlie se levantó, apoyando sus manos sucias sobre sus rodillas – Bueno, no perdemos nada por intentarlo – la cogió por la mano y comenzó a andar.

Tenía las manos heladas y más ásperas de lo normal. El frio y el barro seco eran una mala combinación, pero no se soltó de él. Posiblemente solo iban a disponer de una sola semana más para estar juntos, así que aunque oliera a moñiga de vaca no se separaría de él.

Bueno…tal vez si oliese como eso…le obligaría a meterse en la ducha, con agua caliente y un buen jabón. Ella también entraría para asegurarse que se lavaba bien y que la peste esa se le quitaba del todo, y tal vez, cuando él se quisiera frotar con la esponja llena de jabón, ella se la podría quitar de las manos y comenzar a frotarle la espalda.

Comenzaría por los hombros, y mientras que con la mano derecha bajaría con la esponja por sus omoplatos, con la izquierda se los aclararía y se los masajearía y después, seguiría la estela de jabón que había sido dejada instantes antes por la esponja hasta llegar a su trasero, y posiblemente mientras sus manos hacían "el trabajo sucio" la darían unas terribles ganas de mordisquearle el cuello y los hombros, y con una seguridad de un doscientos por cien se dejaría guiar por sus instintos, y él tal vez el gemiría, y ella, al escucharle, y casi sin darse cuenta llevaría su mano izquierda hacía delante hasta encontrarse con la ingle de Charlie, y una vez allí buscaría su objetivo, el cual comenzaría a acariciar y a masajear hasta que…

-¿Estás bien?- la preguntó Charlie y la hizo despertar de su fantasía.

Ella le miró extrañada – Si, claro ¿Por qué no iba a estarlo?-

-Es que has hecho un ruido muy extraño-

-¿Yo?-

-Si, tu. Algo como una especie de gemido o algo así- Ella se sonrojó al instante, acordándose de su fantasía.

- Ah…yo…eh…- estaba algo avergonzada, pero la excitación que le había producido el imaginarse esa situación pudo más. Le miró solo un par de segundos y se lanzó al ataque. Se acercó a él tanto que sus cuerpos se rozaban. Con su mano derecha el acarició el pelo. –Estaba pensando en ti…en nosotros…desnudos en la ducha…- mientras le describía con detalle lo que se había imaginado, su cabeza se acercaba a la de él. Podía sentir su aliento caliente y se acercó todavía más. El tenía la boca entreabierta, escuchando atónito lo que ella le iba explicando. Hermione le iba a besar en ese mismo momento.

Sacó la punta de su lengua y le lamió los labios. El se abalanzó sobre ella y se besaron larga y duramente durante solo Merlin sabe cuanto tiempo. Lo único que ella tenía claro a esas alturas es que estaba tan caliente que era capaz de hacerle el amor allí mismo sin importarla el frio y el barro.

De pronto Charlie se detuvo y frunció el entrecejo.

-¿Qué pa…?- él la interrumpió poniendo un dedo sobre sus labios.

Sus ojos se deslizaron hacia la izquierda y hacia la derecha nerviosamente, después de giró y comenzó a mirar hacia todas las direcciones.

Ella comenzó a sentirse intranquila al notar a Charlie tan nervioso.

De pronto oyeron un crujido. El la sujetó la mano con fuerza y comenzó a andar en dirección contraria de donde provenía el ruido.

Sin esperárselo, un rayo de luz pasó entre los dos y se chocó en el árbol más cercano. Todo ocurrió muy deprisa, tanto que cuando se quisieron dar cuenta el tronco había caído entre los dos, golpeándoles y consiguiendo que se soltaran.

De pronto Hermione se encontró tirada en el suelo y lo siguiente que supo fue que la dolían muchísimo las piernas.

-¡Hermione!- gritó Charlie.

Ella se miró y se dio cuenta de que el árbol había caído sobre ella.

-¡Son ellos!- oyeron gritar a alguien mientras Charlie intentaba levantar el tronco de las piernas de Hermione. A continuación una risa.

Ella miró hacia arriba, detrás de Charlie había un hombre, al que no había visto nunca, apuntándole con su varita, sin pensar Hermione le agarró de la túnica y le tumbó contra el árbol. El hechizo de aquel hombre le pasó rozando una vez más. Ella levantó su varita y le aturdió. Ese fue lo último que recordó antes de desmayarse.


Hermione se despertó desorientada, sin duda estaba en una cama, pero ¿cómo había llegado hasta allí? Ahora que se daba cuenta…esa no era su cama, la cama de la tienda en la que llevaba durmiendo los últimos días y que compartía con Charlie. ¿Dónde demonios estaba?

Abrió los ojos lentamente, todo estaba oscuro excepto por una fina rendija a su lado izquierdo. Alguien debía haberse dejado la puerta ligeramente abierta. Definitivamente esa puerta no era la de su habitación de la tienda de campaña, esa parecía de madera maciza, la tienda no tenía puerta.

Un murmullo de voces la llegaba desde alguna otra parte de la casa. Necesitaba saber donde estaba.

Se incorporó, levantó la ropa que la tapaba y movió sus piernas para bajarse al suelo. Un fuerte dolor en ellas la hizo gemir. Estuvo a punto de volver a perder el conocimiento, así que se dejó caer sobre la cama.

Unos segundos después la puerta se abrió de par en par. Al trasluz la pareció intuir que era una mujer la que acababa de entrar, pero estaba tan mareada que no estaba segura.

Esa persona la estaba preguntando algo, pero no la entendía. El caso es que el timbre de voz la era familiar, pero no podía situarla. Esa persona encendió la luz y cuando por fin sus ojos pudieron enfocar y el mareo hubo mitigado la reconoció al instante. Era Fleur.

-¿Estas bien, Hegmione?- la preguntó mientras se acercaba a ella y la miraba con preocupación.

-¿Dónde estoy? ¿Dónde está Charlie?- la preguntó confusa.

-Tranquila, estas en mi casa. Chaglie está abajo con Bill, él te trajo hasta aquí- la dijo sentándose al borde de la cama. - ¿Te duele algo? Te hemos oído quejarte desde abajo-

- Las piernas-

-Dejame veg- la mujer la destapó y comprobó el vendaje que tenía en cada una de las piernas. Chaqueó la lengua. - Hegmione, no debes movegte. Tienes las dos piegnas gotas. Bill y yo te las hemos vendado lo mejog que hemos podido, pego hasta mañana que vaya al hospital a visitag a Haggy y consiga alguna poción paga regenegag los huesos no debes movegte ¿entendido?-

-Si, entendido ¿pero que me ha pasado? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?-

-Miga, voy a avisag a los chicos que ya estas despiegta y después hablamos. Chaglie está muy pgeocupado pog ti-

Cuando Fleur abandonó la habitación ella se mordió el labio inferior y respiró profundamente. ¿Charlie estaba preocupado por ella? solo pensar en ello sentía mariposas revolotear por su estomago. Cada día se sentía más enamorada de Charlie…¿enamorada?...¡¡oh, no!! Se echó las manos a la cara y se la frotó con ellas, al parar giró la cabeza y dos segundos después apareció Charlie en el marco de la puerta. Se había duchado y llevaba un pijama limpio, seguro que de su hermano porque le quedaba muy larga y algo estrecho.

Ella se rio.

-Me alegra ver que estas de tan buen humor- la dijo desde el marco de la puerta.

- ¿Qué tal estas?- preguntó preocupada.

- Ahora mucho mejor- la contestó sin atreverse a acercarse a ella.

- ¿Qué ha pasado? –

- El árbol te partió las piernas y perdiste el conocimiento, así que tan pronto como pude liberarte nos aparecí a los dos en la cueva, pero me di cuenta de que tus piernas estaba muy mal, además alguna rama te hizo un corte muy feo en la derecha y sangrabas bastante. No te podía llevar a San Mungo, así que…bueno, aquí estamos – la explicó sentándose en el borde de la cama.

- ¿Aquí? ¿Por qué no nos has aparecido en la madriguera?- ella parecía confundida.

- No te creas que no lo pensé… – la respondió sujetando la mano izquierda de ella -…pero si mi madre te ve llegar en ese estado…Esta fue mi mejor opción. Además, a Bill siempre se le han dado muy bien los hechizos curativos- añadió mientras con su dedo pulgar trazaba círculos sobre el dorso de su mano.

-¿Cómo pudieron encontrarnos?- ella le miraba preocupada, con la cabeza recostada sobre la almohada y ladeada hacía su lado izquierdo.

- Mandaron un lechuza a buscarnos, el pobre animal debía llevar un montón de horas dando vueltas sobre el bosque, porque en cuanto yo aturdí al otro tipo se posó sobre el troco que había sobre tus piernas. Estaba agotada. Por eso sabían que estábamos por esa zona-

Ella suspiró – Si ellos saben que estamos por allí no podemos volver a la cueva, es peligroso-

-¿Porqué? Es una zona muy grande y prácticamente ni nosotros podemos encontrarla, así que dudo que ellos puedan-

- Si, tal vez tengas razón, además…es solo una semana más ¿no?-

- Si…una semana- respondió en voz baja.

Los dos se quedaron en silencio, mirándose. Charlie se acomodó en la cama y la acarició el pelo. Hermione cerró los ojos y volvió a suspirar.

Un fuerte pinchazo la recorrió la pierna derecha desde la rodilla hacía la ingle. ¿O era al revés? Lo único que sabía es que la rodilla la latía con fuerza.

-¿Te duelen mucho?-

-Un poco, pero ya va pasando-

El dobló su tronco y se agachó para darle un beso en la frente - ¿Cuánto tiempo tendré que estar sin moverme?-

- Todo depende de cuando consigamos la poción – respondió una voz de hombre desde el umbral de la puerta. Era Bill y Hermione se sonrojó al instante. Seguro que había visto a Charlie besarla y tal vez se diera cuenta de que entre ellos había pasado algo.

- Si todo va bien y la tenemos mañana, dentro de tres días ya te podrás mover de esa cama -

- ¿Tres días? – espetó Hermione apoyando los codos sobre el colchón e incorporándose. - ¿Cómo vamos a estar tanto tiempo aquí? ¿Y si se enteran donde estamos y vienen a por nosotros? No quiero poneros en peligro – dijo. Estiró una mano hacia Charlie y le dijo – Vamos, ayúdame a levantarme. Volvamos a la tienda –

El se puso de pie y la sujetó por los hombros, obligándola a tumbarse de nuevo – Ya hemos pensado en eso y la casa está protegida, así que ahora relájate y descansa para que esas piernas tuyas se recuperen pronto ¿De acuerdo?-

- ¡¡No!! -

Charlie miró a su hermano –Nos dejas a solas, por favor -

- Claro – le respondió y salió. Hermione se dio cuenta perfectamente de la expresión en el rostro de Bill. Era una mezcla entre preocupación y asombro.

- No podemos quedar…-

- Escúchame, Hermione. Yo pensaba lo mismo al principio, pero Bill y Fleur me han convencido. Han vuelto a hacer el encantamiento Fidelio a la casa y nadie nos va a encontrar aquí -

- Es muy arriesgado para ellos. Por Merlín, tienen una niña de un año ¿y si…?-

- Solo quieren ayudarnos -

- No quiero que ellos también terminen heridos o…-

- Solo tres días ¿de acuerdo? Te prometo que en tres días pase lo que pase nos marcharemos de aquí -

- Vale – le dijo tan bajo que casi ni ella se oyó a si misma.

Charlie sonrió, miró hacia la puerta y antes de que Hermione pudiese decir algo, la besó en los labios.

-Voy a echarte de menos esta noche en la cama –

- Yo a ti también -

- No te imaginas cuanto me apetecía terminar con lo que habíamos empezado en el bosque- la dijo siendo consciente de que su tono de voz delataba cuanto la deseaba, y eso era mucho más de lo que nunca sería capaz de confesar.

Eso le inquietaba porque a él nunca le habían ido las relaciones largas ni las ataduras de ningún tipo, le gustaba vivir la vida a su aire, sin darle explicaciones a nadie. Además su vida estaba en Rumania, con sus dragones, y la de ella allí, en Inglaterra, pero debía reconocer que esa mujer le gustaba demasiado.

Observó como los ojos la brillaban con pasión y se mordía el labio inferior al mismo tiempo que suspiraba. –Tal vez, cuando me pueda levantar de la cama, podamos darnos esa ducha…juntos – le contestó acariciándole el antebrazo. Al instante supo de que ducha se trataba, la de su fantasía que le había estado explicando en el bosque antes de que les atacasen.

El comenzó a respirar agitadamente mientras la devoraba con los ojos. – Si no me voy de aquí ahora mismo, no soy responsable de lo que pueda pasar- la dijo poniéndose de pie

- Por mi no hay ningún problema, excepto tal vez estas piernas, pero si tu te pones encima de mi sin apoyarte en ellas, podríamos…-

Charlie resopló - Mejor me voy y te dejo descansar – dijo y se encaminó hacia la puerta.

- Cobarde – le dijo sonriendo y le oyó reír mientras bajaba al piso de abajo.

Cuando Charlie llegó al final de la escalera vio a su hermano Bill acercarse a él. Su semblante era serio. Algo había debido de pasar. – Necesito hablar contigo – le dijo Bill cruzándose de brazos – A solas -

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