CAPITULO 11
Cuando Charlie entró en la cocina, Bill le estaba esperando con cara de pocos amigos.
-¿Por qué no me acompañas un momento mientras Fleur termina con la cena?- le dijo Bill.
Charlie accedió y siguió a su hermano hasta el salón. En cuanto entraron, Bill cerró la puerta.
-¿Se puede saber a que estas jugando?- le preguntó enfadado.
-¿De que estás hablando?-
- ¿De Hermione?-
- ¿Qué pasa con ella?-
- Vamos Charlie ¿Te crees que soy estúpido? Os he visto juntos, te he visto como la mirabas, te he visto como la acariciabas y como la besabas ¿a caso creías que no me iba a dar cuenta?-
- No es lo que crees – le respondió cruzándose de brazos.
- ¿No? ¿No estás intentando seducir a la novia de tu hermano pequeño?-
-No. Ella y Ron ya no son novios, rompieron cuando todo esto empezó. Además Ron ni siquiera sabe que existimos ninguno de los dos – Vaya, eso era lo mismo que ella le había dicho hace unos días.
- ¿Tu te estas oyendo? ¡Por Merlín, Ron sigue siendo tu hermano!-
- Ya lo se, pero…es algo complicado de explicar…-
- Oh, venga, Charlie, tío ¿cómo que complicado?-
- Mira, entre Hermione y yo ha pasado algo… Ella me gusta muchísimo desde hace tiempo y si no hubiera roto con Ron aquel día, te juro que no me hubiese atrevido a ponerla ni un solo dedo encima, pero ella cortó con él, y por lo visto, resulta que yo también la gusto… No es que esté pensando en una relación seria con ella, es solo que, bueno, simplemente ha pasado-
-¿Habéis tenido relaciones sexuales?-
- Si – le dijo tranquilamente.
- ¿Has pensado que va a decir mamá cuando se entere? – le preguntó Bill después de unos segundos de silencio.
- No tiene porque enterarse. En cuanto esto termine yo volveré a Rumania y todo seguirá como al principio, como si nada hubiese pasado –
- ¿Y ella está de acuerdo?-
- No hemos hablado de eso, y no creo que lo hagamos - confesó y miró al suelo. - Hay una parte de mi que se muere de ganas de seguir cerca de ella, pero ya sabes que yo no soy bueno con las relaciones, nunca lo he sido, me asfixio cuando estoy dentro de una. Además mi vida está con los dragones…- Su voz sonaba poco convincente.
-¿Te has enamorado de ella?-
-¡¡Noo!!- le respondió rápidamente frunciendo el entrecejo.
Charlie se quedó pensando durante unos segundos sobre sus sentimientos por ella. Llegó a la conclusión de que no, no era amor, no podía ser amor. Le gustaba, se divertía con ella, confiaba en ella, se sentía muy a gusto con ella y estaba convencido de que podría hablar con ella de cualquier cosa que se le pasase por la cabeza, y bueno sexualmente no podía negar cuanto le atraía, esos jugosos labios, ese delicioso cuello, esos firmes pechos, ese liso estomago, ese suave y húmedo rincón entre sus piernas que le había hecho enloquecer, por no hablar de ese trasero que le volvía loco. Merlín, se moría de ganas de volver a hacerla el amor.
Suspiró.
-Ya veo – le dijo y a continuación le palmeó la espalda – Habla con Hermione y deja las cosas claras antes de que alguno de los dos, o los dos, termine con el corazón roto, hermanito, tal vez ella se esté haciendo ilusiones contigo-
- Pff, lo dudo. Acaba de romper con Ron, no creo que tenga ganas de tener otra relación tan pronto. Lo nuestro es solo atracción física y la presión a la que estamos sometidos, nada más -
- ¿Sabes? Deberías intentarlo – ante la cara de perplejidad de Charlie, Bill añadió – Ya sabes, una relación formal con alguien–
-¿A que viene esto ahora?-
Bill le sonrió – Yo creía que era feliz antes de conocer a Fleur, vivía mi vida como quería, salía con un montón de mujeres, y de pronto llegó ella…- Bill se quedó pensativo unos instantes –…y me di cuenta de lo equivocado que estaba. Ahora no concibo mi vida sin ella y sin mi hija – añadió.
Charlie puso cara de asco– No todos somos iguales. Ya sabes que a mi no me van las rubias – le dijo sonriendo. – Está bien…- le dijo al ver la cara de su hermano – Me alegro mucho de que seas tan feliz, pero yo no estoy hecho para la vida de casado -
En ese momento, Fleur llamó a la puerta y sin esperar entró a la habitación. Su cara era un autentico poema. Algo había debido de pasar.
- Debegíais encendeg la gadio, chicos -
Ser Ministro de Magia no era un trabajo sencillo, y mucho menos en días como estos.
Kingsley acababa de llegar a su casa. Miró el reloj, eran las 03:49 de la madrugada y se sentía realmente cansado. Se quitó los zapatos, la túnica y se puso el pijama, dispuesto a meterse en la cama para, al menos, intentar dormir un par de horas antes del arduo día de trabajo que le esperaba por la mañana.
La prensa se le iba a echar encima por lo que acababa de pasar. Alguien había entrado en las mazmorras del Ministerio en donde tenían detenido a uno de los Fear y le habían asesinado. Había sido un trabajo rápido, un Adava Kedavra. Seguramente la persona encargada de hacer el trabajo no querría arriesgarse a que pudiera ser descubierto, así que la maldición asesina había sido el arma perfecta. Algo rápido, limpio y eficaz.
Y precisamente ahora, cuando ese hombre estaba comenzando a cantar… ¡¡Maldición!! No había dicho mucho, solo les había explicado que Matthews o "Tres" como era conocido dentro de la banda, les había reclutado a él y al otros dos aurores para formar parte de los Fear, y cuando parecía que no iba a soltar ni una sola palabra más se derrumbó y les explicó la estructura organizativa de la banda.
Al cabecilla, más conocido como "Uno" o simplemente "El jefe" solo le conocían en persona "Dos" y "Tres". En este punto comenzaba a formarse una enrevesada pirámide jerárquica "Cuatro" "Cinco" y "Seis" tenían que dar sus informes alguno de los dos anteriores.
Cada uno de ellos era el responsable directo de un departamento diferente de la banda. Cada uno de ellos tenía una cantidad indefinida de integrantes, dependiendo de lo que necesitasen. Por lo que había oído, el más numeroso de todos era el de distribución, pero nadie sabía de cuantas personas contaba, solo su director.
"Siete" que era como llamaban al auror que estaba detenido, les explicó que, por lo que él sabía "Cuatro" era el infiltrado de la reserva de dragones de Gales y el encargado de todo lo relacionado con las ellas, la recopilación de informes sobre los animales, sobre los horarios de los trabajadores e incluso era la persona que ponía al vigilante, o los vigilantes, bajo la maldición imperio para que los Fear pudiesen entrar y salir son problemas, y después le hacía un hechizo desmemorizador para hacerle olvidar todo lo referente al ataque.
Los otros dos ni siquiera sabían quienes eran o a que se dedicaban.
Tenía conocimiento de un departamento de fabricación de droga, otro de distribución, otro de reclutamiento de nuevos integrantes de la banda, y un departamento encargado de la seguridad y el espionaje, osea, los matones.
No conocía los nombres de ninguno de ellos, solo de Matthews y de sus compañeros Lewis y Tucker, el resto solo eran números sin cara y sin nombre. Una medida de seguridad muy efectiva. Nadie podía acusar a nadie ya que no se conocían entre sí.
Inmediatamente habían cursado la orden de detención sobre Matthews, Lewis y Tucker. Además iban a interrogar uno por uno a todas las personas de la reserva de Gales. Iban a dar con el topo si o si, y en cuanto le tuvieran le harían hablar incluso con veritaserum si era necesario y después iban a desarticular a los Fear, de ese modo Hermione Granger y Charlie Weasley podrían recuperar sus vidas, pero para eso necesitaba pruebas, las que "Cuatro" les iba a dar, y junto con el testimonio del detenido iban a darle un buen golpe a los Fear.
A las 18:33 alguien había dado la alarma del hallazgo del cadáver y aproximadamente una hora después la prensa se había enterado. ¿Cómo había sido posible?
La noticia había salido por la radio en las noticias de la noche. No habían dado muchos detalles, no los conocían todavía, pero los contertulios que opinaban sobre los sucesos del día habían puesto en grito en el cielo por la falta de seguridad dentro del mismísimo Ministerio, acusando al propio Kingsley de inepto e irresponsable. Le recriminaban que él, habiendo sido director del Departamento de Aurores, hubiese permitido que algo tan grave como lo que acababa de pasar hubiese sucedido delante de sus narices. También le recriminaron que estuviese más preocupado por salvaguardar el honor de una bella señorita, con la que posiblemente tuviese alguna relación de tipo sexual/sentimental, que de velar por los intereses de los magos y brujas. Un par de ellos pidieron su dimisión y cuando comenzaron a discutir entre todos al mismo tiempo, apagó la radio.
Ya había oído suficiente.
Como la orden de detención sobre los aurores seguía en pie y la del interrogatorio sobre los trabajadores de la reserva también, se reunió con su equipo y con los varios altos cargos del ministerio y del Wizengamot. La reunión fue agotadora. Intentaron convencerle de que tenían que centrar sus esfuerzos en arrestar a Charlie y Hermione, pero el no cedió y al final consiguió convencer al nuevo director del departamento de aurores que la prioridad que tenían eran encontrar a Matthews y Lewis y hacerlos hablar.
Si pudiera hacer hablar a Matthews y que les dijese quien era "Uno"…
Además de esto tenía que añadir a sus preocupaciones la amenaza de huelga de los sanadores que si no conseguían llegar a un acuerdo iba a ser en una semana, y el persistente problema del control y regulación de criaturas mágicas, especialmente la de los hombres lobo. Kingsley había querido mejorar sus condiciones en la sociedad, pero la gente seguía siendo muy recelosa en este tema y cada vez que intentaba hacer algo terminaba con un buen dolor de cabeza.
Ser Ministro de Magia no era un trabajo nada sencillo.
Hermione estaba recostada en la cama, tamborileando con los dedos sobre la colcha. Fleur la había dado una poción relajante antes de irse al hospital con la pequeña Victorie, pero no la había hecho mucho efecto. Estaba demasiado preocupada.
Un escalofrío la había recorrido todo el cuerpo al enterarse del asesinato del auror que trabajaba para los Fear, dentro del ministerio. Si ellos habían podido entrar allí ¿Cómo no lo iban a hacer en casa de Bill y Fleur? Solo pensar en que les pudiesen hacer algo malo por su culpa la provocaba ganas de vomitar. Además había pasado toda la noche sin dormir dándole vueltas a la cabeza y añorando el calor del cuerpo de Charlie, incluso sus ronquidos, y se había movido bastante, provocando que las vendas se la aflojasen. Ese había sido otro de los motivos por los que no había podido dormir, con el primer movimiento las piernas comenzaron a darla pinchazos cada vez más fuertes y no habían cesado hasta que Fleur la había dado la poción.
Y por si todo eso no fuera poco tenía que ir con urgencia al cuarto de baño.
¿Es que nunca iba a acabar esta pesadilla?
Lo único que sabía es que tenían que salir de esa casa.
Charlie se asomó a la puerta. Se le veía muy preocupado. –Ey- la saludó levantando las cejas. Tenía los brazos cruzados por delante de su pecho. -¿Qué tal sigues?-
Ella se encogió de hombros. El se acercó a ella y se sentó al borde de la cama. -¿Te siguen doliendo las piernas?-
-Charlie, tenemos que salir de aquí – le respondió angustiada.
El suspiró – Ya lo se, pero contigo así no podemos arriesgarnos -
- Genial – le respondió de muy mal humor, golpeando la cama con el puño.
- ¿Me quieres decir que es lo que vamos a hacer entonces?-
- ¡¡Yo que se!!- le gritó. Se sentía tan frustrada, tan inútil, que de la misma rabia comenzó a llorar. Según sus lágrimas caían se las iba apartando furiosamente de la cara.
Una docena de lágrimas después, Charlie se acomodó en la cama de tal modo que podía abrazarla y ella podía descansar la cabeza sobre su pecho – Está bien, cariño, desahógate –
Hermione no tardó mucho en tranquilizarse entre sus brazos, y cuando dejó de llorar recordó la otra necesidad que tenía – Charlie – le llamó tímidamente.
-¿Qué?-
- Tenemos un problema –
-¿Otro?-
- Ajá- él la miró preocupado.
- ¿Qué pasa?-
- Necesito ir al baño- le respondió avergonzada. Estaba bien que hubiesen mantenido relaciones sexuales, pero que la viese hacer pis… ¡Que vergüenza! Por lo menos le había hecho reír.
-Ojala todos los problemas fueran como ese-
Les costó encontrar la manera en la que Hermione pudiese desocupar su vejiga, pero al final, usando el orinal de Victorie lo consiguió sin bajarse de la cama.
Sin duda, ese había sido el momento más humillante de su vida.
Un par de horas después, cuando Fleur regresó del hospital se encontró con una estampa que nunca se hubiera podido imaginar. Su cuñado y Hermione acostados en la misma cama, él abrazado a ella, y ella con sus brazos alrededor de la cabeza de Charlie, acariciándole el pelo con ternura. Justo igual que ella le hacía a su marido.
Si Bill se llegase a enterar…
Hermione nunca se había imaginado que la fuera a doler tanto la reconstrucción de sus huesos, pero caramba si lo hacía. La poción estaba funcionando y Fleur la había dicho que posiblemente al día siguiente ya pudiese levantarse de la cama, pero con precaución. Eso la había animado un poco y había comenzado a planear cual sería el siguiente movimiento. Estaba claro que no podían quedarse de brazos cruzados, los Fear les estaban cercando y estaba convencida de que si algo o alguien se interponían en su camino, acabarían con ellos sin ningún tipo de remordimiento.
Algo comenzó a tomar forma dentro de su cerebro, una peligrosa idea, pero que tal vez pudiera funcionar, pero primero tenía que estar segura, terminar de darla forma y atar los posibles cabos sueltos. Eso y volver a caminar eran su principal prioridad en ese momento.
Charlie estaba mirando por la ventana de la cocina que daba al jardín trasero de la casa de su hermano, viendo como su cuñada y su sobrina disfrutaban del tibio sol de invierno.
Era unas de esas maravillosas mañanas que amanecían con el cielo totalmente despejado y sin gota de aire. La niña estaba sentada en el suelo sobre una gruesa alfombra que su madre había puesto para que no cogiera frio, jugando con varios de sus juguetes, entre ellos un dragón de trapo que él la había regalado al comenzar a trabajar en Gales. En realidad más que jugar les daba golpes contra el suelo y los agitaba en el aire. Cada vez que alguno de los juguetes recibía un golpe sonaba un suave tintineo y brotaban inofensivas chispas de vivos colores, cosa que a la niña la fascinaba. Se lo estaba pasando en grande. Menos mal que los juguetes venían con un hechizo irrompible incorporado, si no los pobres no hubiesen sobrevivido ni a los cinco primeros minutos.
Cerró los ojos sintiéndose algo mareado. No podía evitar sentirse así cada vez que pensaba que estaba poniendo en peligro a su hermano y a su familia, pero Hermione estaba herida. Solo esperaba que su metabolismo fuera rápido y se curase con rapidez.
A decir verdad no solo estaba preocupado por ella en ese aspecto, en los dos días que llevaban allí la había notado más seria y meditabunda de lo normal., y él sabía perfectamente porque estaba así, ella estaba igual de preocupada que el por la vida de su familia. ¿Y pensar que el una vez la había acusado de que la importaban un rábano? Maldito imbécil.
De pronto oyó unos pasos bajando las escaleras y se acercó corriendo.
-¿Se puede saber que pretendes?- preguntó a Hermione enfadado, la cual bajaba por la escaleras muy despacio, probando la fortaleza de sus piernas. Se iba agarrando a cualquier cosa que estuviese cerca por si acaso se caía, pero por el momento la prueba no estaba saliendo nada mal, unas pequeñas molestias en las piernas, pero nada más.
- Necesito moverme, llevo dos días en esa cama, me duele el culo. Bueno, en realidad no me duele porque se me ha dormido, pero…-
-¿Qué es lo que quieres? ¿Hacerte daño antes de estar repuesta del todo para tener que pasar una semana entera en esta casa?- la preguntó muy enfadado. Nunca se hubiera imaginado que pudiese llegar a ser tan irresponsable.
- No. Lo que pretendo es comprobar el estado de mis piernas para saber si soy capaz de marcharme de aquí esta misma tarde – le increpó y ante su asombro, se dio media vuelta y subió los cinco escalones que había bajado.
Inmediatamente, Charlie fue detrás de ella.
- Tú no te vas a mover de aquí hasta que…- la dijo agarrándola del brazo izquierdo.
- Me voy a ir de aquí ahora mismo y me da igual si te gusta o no – le gritó dando un fuerte tirón de su brazo para soltarse.
En vez de responderla, Charlie apretó las mandíbulas. Hermione se dio cuenta de que estaba haciendo grandes esfuerzos para contenerse y no contestarla alguna grosería. – Mira, solo quiero salir que aquí lo antes posible para que ellos no sigan corriendo peligro, eso es todo. Me siento lo suficientemente fuerte para aparecerme en la cueva, allí puedo terminar de recuperarme- le dijo con dulzura.
El negó con la cabeza y miró al suelo –No te imaginas lo harto que estoy de esta mierda -
Ella no supo que contestarle, pero su respuesta la dolió enormemente, así que se limitó a recoger su gorro, su bufanda y su túnica. Acababa de terminar de decidirse sobre su plan.
-¿Estas segura que estas lo suficientemente fuerte como para aparecerte?-
-Si-
-De acuerdo, déjame que avise a Fleur y nos vamos-
...
...
...
