CAPITULO 13


Charlie y Hermione estaban apostados en la entrada de la reserva de dragones de Gales. Como cada vez que salían de su refugio, se habían desilusionado el uno al otro para que nadie les viese.

Ojala no estuviesen mucho tiempo esperando o se les helarían hasta los pensamientos.

Los trabajadores de la reserva entraban sin percatarse de que ellos estaban allí, y los que tenían turno de noche comenzaban a salir haciendo bastante alboroto. El hombre al que buscaban no estaba entre ellos, tendrían que seguir esperando.

Los minutos pasaban lentamente y seguía sin haber ni rastro de la persona a la que esperaban. De pronto comenzó a llover tímidamente, Charlie resopló y Hermione estuvo muy tentada de darle una buena colleja para que dejase de hacer ruidos, alguien podría descubrirles por su culpa.

Para matar el tiempo, o más bien controlarlo, Hermione comenzó a contar los segundos, y por cada sesenta que pasaban, ella ponía firme uno de sus dedos. Llevaba cuatro dedos en alto y cuarenta y nueve segundos cuando apareció el hombre por el que estaban aguardando. Antes de que le diese tiempo a desaparecerse, Charlie le dijo –Te estábamos esperando-

Appelwood se giró justo a tiempo para ver como los cuerpos se los dos se hacían visibles. -¿Qué hacéis aquí?- preguntó confundido.

-Queremos que nos lleves ante tu jefe- dijo Hermione.

El hombre miró rápidamente en todas las direcciones – ¿Para que?-

-Queremos hablar con él- respondió Charlie.

-Podíais haber pasado sin esperarme. Fitzwilliams está dentro-

-No es de él de quien hablamos, es de tú "otro" jefe-

-No se de quien me hablas-

-Yo creo que si- dijo Charlie apretando la punta de su varita contra la garganta de su ex compañero –Cuatro- el hombre tragó ruidosamente.

-¿Para que queréis hablar con él?-

-Eso es cosa nuestra- dijo Hermione.

-Nadie habla con él, yo ni siquiera le conozco-

-Pero conoces a Mathews ¿no?-

-Si- les respondió claramente desconcertado.

-Pues entonces llevamos con él- dijo Hermione.

El hombre se quedó mirándoles pasando los ojos de uno a otro, intentando averiguar que hacer. Cuando Charlie le apremió, él les respondió que tendría que ir a su casa ya que en la reserva a esas horas había demasiada gente y no se podía arriesgar a que cualquiera le oyera.

Charlie obligó a Applewood a llevarles hasta allí para que él pudiera ponerse en contacto con Matthews, y cuando lo consiguiera tenía que convencerle de quedar en algún lugar seguro para que pudiesen hablar tranquilamente.

...

Ni Charlie ni Hermione se podían creer lo que tenían ante sus ojos. La casa de Applewood por fuera parecía una viejo y desvencijado caserón colonial a punto de derrumbarse, pero por dentro…¡¡Guau!!...era la mansión de un emperador romano, con suelos de mármol, grandes columnas, estatuas y escalinatas todo ello de color blanco, con cortinas de seda de vivos colores que hacían juego con el llamativo estuco de las pareces.

Desde luego se había debido de gastar un dineral en esa casa, y Charlie sabía por experiencia propia que trabajar en una reserva de dragones no le daba para comprar ni la mitad de esa impresionante casa aunque estuviese ahorrando durante toda la vida. Seguramente los trabajar para los Fear le reportaría muy buenas ganancias, ¿pero a que precio?

Appelwood les dejó en un salón mientras él iba al baño para hablar con Matthews. En cuanto salió, Charlie silbó –Vaya pedazo de choza tiene montada-

. . .

Appelwood entró en su cuarto de baño para avisar a Matthews que Charlie y Hermione estaban en su casa y que querían hablar con él. El lugar era enorme, recubierto de mármol blanco desde el suelo hasta el techo.

Se situó delante del único espejo pequeño y redondo que había en la habitación, el resto eran como gigantes tapices incrustados en las paredes.

- Connexio repetendum-

El cristal se volvió borroso y unos pocos segundos después apareció Matthews al otro lado.

-¿Qué quieres?-

Applewood le contó rápidamente y con detalle lo que acababa de pasar.

Las duras facciones del ex director del departamento de aurores le miraban incrédulo a través del espejo.

-¿Y estas seguro que están solos?-

-Si, totalmente-

-Puede ser una trampa-

-Si, puede. Pero nadie puede entrar en mi casa sin haber sido invitado previamente, lo sabes por experiencia propia, además tampoco se pueden desaparecer de aquí, tengo barreras antidesaparecimiento por todo el recinto, así que parece que nuestros chicos están atrapados ¿no?-

Matthews se rió -Siempre he pensado que eras estúpido, pero acabas de conseguir que cambie de opinión-

A Applewood no le gustó el comentario –Si, bueno- le respondió muy cortante –Te doy cinco minutos, si no, los llevo yo solo al cuartel general-

. . .

Cuando Applewood volvió a entrar en el salón, Hermione y Charlie paseaban nerviosamente por la habitación.

-Ya he hablado con él. Va a venir aquí en unos minutos para encontrarse con vosotros-

-Te advierto una cosa, como alguno intente algo contra nosotros os vais a arrepentir- aviso Charlie amenazándole con la varita.

-Tranquilo Weasley, no queremos tener un accidente antes de tiempo ¿verdad?-

Applewood se dio la vuelta y se sentó en uno de los sillones. -¿Os apetece tomar algo mientras esperamos?-

Cuando ninguno respondió Applewood dijo – Está bien, pero luego no os quejéis de mi hospitalidad-

A Hermione la pareció que llevaban horas esperando, aunque solo hacía unos pocos minutos. Justo en el momento en el que iba a preguntar cuanto tiempo más tendrían que seguir esperando, se oyó el sonido de unos pájaros gorjeando alegremente. Su anfitrión se levantó del sofá y fue a recibir a la nueva visita.

Hermione miró a Charlie. Eso fue todo, no necesitaban más para entenderse.

Comenzaba el juego.

Matthews entró, muy serio, escoltado por Applewood. Tenía el pelo más largo que la última vez que se vieron, pensó Hermione.

-¿Así que queréis hablar conmigo?- preguntó sin rodeos, cruzándose de brazos.

- Si- respondió Hermione inmediatamente.

-¿Sobre qué?-

- Queremos que nos lleves ante tu jefe, tenemos algo que hablar con él-

- Imposible. Lo que queráis me lo tenéis que decir a mi-

Hermione volvió a mirar a Charlie, y esta vez fue él el que habló – Queremos que dejéis en paz a nuestras familias-

-Todo en esta vida tiene un precio- dijo el ex auror.

-¿Cuál es?- preguntó Charlie.

-A vosotros dos trabajando para nosotros-

Charlie y Hermione se miraron - ¿Y con eso dejaran tranquilas a nuestra familias?- preguntó Hermione.

-Eso depende de vosotros, si sois buenos chicos nunca nadie les volverá a hacer nada, pero si en cambio, nos enteramos de que…no sé, alguien se va de la lengua o incumple alguna de las normas…-

El silencio se hizo tan denso que se podía cortar con un cuchillo. Hermione volvió a mirar a Charlie y aunque sabía lo que estaba pensando dijo – ¿Os importa si habló con él a solas un momento?-

-Si, nos importa-

Charlie se acercó lo más que pudo a Hermione y comenzaron a hablar en susurros, ninguno de los Fear conseguía oír lo que se decían, pero se les notaba claramente preocupados.

Con media sonrisa en los labios, Matthews les gritó que se dieran prisa en la deliberación. Ya podía saborear la recompensa que "El Jefe" le iba a dar por hacer que esas dos personas se pusiesen de su lado. Iba a poder comprarse esa isla en el Pacifico. Tendría que construir una casa allí, no, una mansión de por lo menos veinte habitaciones.

-Oh, vamos Hermione- gritó Charlie.

Ella le respondió susurrando algo que solo Weasley podía oír.

-No tenemos todo el día, niños- dijo Matthews impaciente.

Ellos le miraron molestos y siguieron a lo suyo. Unos segundos más tarde, Applewood se acercó a "Tres" y le preguntó - ¿Crees que van a decir que si?-

-Eso espero. Si no voy a tener que obligarles, y la verdad es que no me apetece nada ponerme violento a estas horas del día-

Un par de horas después, o tal vez solo un par de minutos, Charlie se giró, le sujetó a Hermione la mano con fuerza y dijo muy serio -Aceptamos-

Los Fear rieron orgullosos. Nadie podía decirles que no.

Hermione se tapó la cara con la mano que tenía libre y agachó la cabeza.

-Habéis hecho lo mejor, y ahora, si os parece bien, os llevaremos a un lugar muy especial- les dijo Matthews y le hizo un gesto a Applewood con la cabeza. En ese momento les desarmaron a ambos.

Eso fue lo último de lo que Hermione fue consciente antes de que todo se volviera negro.

Cuando Hermione se despertó se dio cuenta de que estaba sentada en una silla, con los brazos atados en el respaldo.

Miró a su alrededor, no había nada ni nadie, solo ella. Su primer pensamiento fue hacia Charlie, estaba preocupada por él, por lo que le habría pasado.

¿Dónde estaba? Miró a su alrededor. Era una especie de fábrica abandonada, y destartalada, llena de suciedad y humedad. De las desconchadas paredes colgaban ganchos y gruesas cadenas oxidadas, que quién sabe para que habrían servido en su momento.

Intentó desatarse, forcejeando con las cuerdas que la ataban las manos, pero no podía, así que intentó ponerse de pie. Vaya, sus piernas tampoco funcionaban. ¡Genial!

¿Qué era ese ruido? Había algo fuera de la fábrica, tal vez alguien, sí, era alguien ahora podía oír que eran voces de hombre. En ese momento se fijó en algo, a su izquierda había un enorme grafiti donde se leía FEAR, más bien F y después EAR ya que las letras estaban separadas por uno de los ganchos que colgaba de la pared.

De pronto oyó un estruendo detrás de ella, como si algo metálico y pesado se estuviera moviendo a gran velocidad.

-Vaya, nuestra chica está despierta- dijo una voz de hombre.

-¿Dónde esta Charlie?-

-No te preocupes por él, está en muy buenas manos ¿verdad Veintinueve?-

Otro hombre se rió –Ya me hubiese gustado a mí tener una iniciación como la suya-

-¿Qué le están haciendo?- preguntó Hermione.

-Preocúpate por ti misma encanto, seguro que tu noviecito ahora mismo ni siquiera se acuerda de ti-

-Joder, que suerte tienen algunos- contestó el otro hombre. –Yo mataría por pasar aunque fuera media hora con ella. Seguro que hace unas mamadas de muerte-

-¡¿Qué?!- gritó Hermione sin entender nada.

Charlie acababa de despertarse por culpa de un fuerte dolor de cabeza.

Estaba acostado en una enorme cama con dosel y sabanas blancas. Frunció el ceño confundido, no reconocía el lugar. Un momento, tenía vagos recuerdos de algo. Esa habitación era suya, si suya y de…las imágenes de una despampanante rubia irrumpieron en su cabeza. Ella era su novia, si eso era, y habían hecho el amor en esa cama infinidad de veces. Flashes de ellos dos desnudos, haciendo todo tipo de cosas se colaron en sus pensamientos, pero había algo extraño… No sabía que era, pero sentía algo extraño dentro de él.

-Buenos días, mi amor ¿Qué tal encuentras?-

La mujer rubia de sus recuerdos apareció por la puerta, vestida con una larga túnica de color rosa pastel y se sentó a un lado de la cama, sonriéndole.

-Tienes mala cara ¿Te duele algo?- le preguntó preocupada.

-La cabeza- la respondió con recelo.

-Es normal, el golpe fue muy fuerte. Es un milagro que no te pasara nada- le respondió preocupada. –Me asusté tanto que…-ella se frotó los ojos y se levantó –Voy a por la poción-

-Espera- Cuando ella se giró él la preguntó -¿Qué me ha pasado?-

La mujer rubia se sentó de nuevo en la cama, enseñando uno de sus cremosos muslos y le sujetó la mano derecha acariciándosela suavemente. A Charlie le dieron ganas de dar un tirón y soltarse, pero ella se veía tan preocupada que decidió quedarse así.

-¿No recuerdas nada?- El negó con la cabeza y ella suspiró –Nos dijeron los sanadores que podía pasar, que podías tener algo de amnesia…- Esa palabra le revolvió algo dentro de él y sintió un pinchazo tan fuerte en la cabeza que durante un segundo perdió la vista. -…Estabas en la reserva, con el colacuerno nuevo y por lo visto se puso muy agresivo y te golpeó con la cola tan fuerte que te caíste al suelo y te diste un golpe muy fuerte en la una sien. Un centímetro más a la derecha y…- la mujer carraspeó y apartó la mirada unos instantes -¿En serio no recuerdas nada?-

Charlie volvió a negar con la cabeza. No recordaba nada de eso, de hecho ni siquiera recordaba que hubiese llegado a la reserva algún nuevo animal últimamente. Oír como ella le relataba todas esas cosas era como si le estuviesen contando la vida de otra persona.

-No te preocupes, mi amor, ya veras como en unos días todo vuelve a la normalidad- Ella se acercó a él y le besó en los labios. Fue solamente un leve contacto, pero se sintió incomodo.

En cuanto ella salió, él se levantó de la cama y deambuló por la habitación. En un lateral de la pared había colgada una foto de ellos dos muy sonrientes y abrazados. Desde la foto ella le sacaba la lengua y después le guiñaba un ojo, él, estaba sonriendo y saludando con la mano.

Charlie se quedó mirando la foto, observándola con cuidado ¿En serio ella era su novia? ¿Cómo era posible? A él nunca le habían gustado las rubias, aunque tenía que reconocer que ella era muy guapa de cara y parecía tener un cuerpo increíble. Además estaban esos recuerdos de sus encuentros sexuales, que con él paso de los segundos se volvían endiabladamente nítidos. Aún así seguía sin estar seguro de ella.

Se acercó a la ventana, para ver el paisaje, pero ella entró y le regaño por estar levantado. En cuanto se hubo vuelto a acostar, Charlie se bebió la poción de un trago. Ojala le ayudase con el dolor.

Ella colocó el vial en la mesilla de noche y se tumbó a su lado, abrazándose a él.

En cuanto sintió el contacto, Charlie dio un respingo -¿Te he hecho daño?- le preguntó.

No sabía como decírselo, pero para él, ella era como una desconocida. –No, es solo que…no…no recuerdo mucho sobre ti- Ella se soltó y le miró. Parecía angustiada.

-¿De verdad no me recuerdas? ¿Ni siquiera sabes como me llamo?-

- Wendy- respondió él sin saber de donde había salido ese nombre. Ella sonrió aliviada.

- Algo es algo ¿Puedes recordar como nos conocimos?-

-No-

-¿Y nuestra primera cita?-

-No-

-¿Y…nuestro primer beso?- El negó con la cabeza.

- ¿Y cuando me pediste que viviera contigo?- le preguntó despúes de unos segundos.

-No-

Ella agachó la cabeza y su largo pelo del color del trigo la tapó la cara. –Wendy, yo…-

-No, no te preocupes- le dijo mirándole a los ojos, -Lo único que importa es que estás aquí conmigo, que estás vivo. Los recuerdos ya volverán, y si no lo hacen, crearemos nuevos-

- Algo sí que recuerdo- Tal vez no fuera la mejor de las ideas, pero tenía que hacer algo para aliviar la pena de los ojos de la mujer que tenía delante.

-¿El que?-

-Pues…tú y yo, en…la cama, haciendo el amor- seguro que ahora mismo estaba tan rojo como su pelo.

Ella rió –Que buena memoria tienes para lo que te interesa ¿verdad, pillín?-

-La verdad es que no se porqué recuerdo eso, bueno…me lo imagino, pero es extraño porque…-

-No pasa nada, me alegra mucho que lo recuerdes, porque para mí también han sido momentos muy especiales, todos y cada uno de ellos- le interrumpió, y sin darle tiempo a más, ella le dio un tierno beso en la mejilla y se levantó de la cama –Voy a preparar el desayuno ¿te apetece algo especial?-

-Zumo de calabaza y tostadas con mermelada de albaricoque, ¿necesitas ayuda?-

-No, tú descansa- Charlie asintió y cerró los ojos, pero los volvió a abrir cuando ella dijo su nombre.

-Gracias-

-¿Por qué?-

-Por no haber muerto ayer-

El no sabía que responder, pero la ternura en su voz le incitaba a decirla algo – De nada-

Hermione estaba rodeada por una docena de hombres, todos ellos lanzándola hechizos de todo tipo para comprobar de que era capaz. Esa era una de las pruebas que tenía que pasar en la iniciación para convertirse en uno de ellos. Tenía que probar su valía como bruja.

Aunque estaba cansada, no iba a rendirse tan pronto, no ahora cuando su plan estaba saliendo sobre ruedas, excepto por la parte de lo que la habían dicho sobre Charlie. Imaginársele con otra, la ponía literalmente enferma.

Y ese despiste la costó caro, uno de los hechizos la golpeó de pleno en el pecho y cayó al suelo. Nada grave, solo un petrificus, pero los hombres de su alrededor se rieron de ella. Uno de ellos agitó su varita y la elevó del suelo, mientras otro cogía una de las cadenas de la pared donde estaba el grafiti y tiraba de ellas. Nada pasó, o tal vez sí. Hermione vio como se movían las letras, la F se iba separando del resto y cuanto más se alejaba más grande se volvía el agujero de la pared.

¡Oh, Dios! ¿Sería posible que…? ¿Cómo no se había dado cuenta antes de quien era el líder de los Fear? Pero ¿y si se estaba dejando llevar por su imaginación? Tendría que estar cien por cien segura antes de acusar a nadie, y además necesitaba encontrar a Charlie, ella le había metido en ese lío y ella le iba a sacar.

Solo esperaba que Kingsley hubiera recibido su patronus antes de infiltrarse en la banda y estuviese preparado para atacar a los Fear en cuanto ella o Charlie le diese la señal.

-Vamos a ver hasta donde eres capaz de aguantar- la dijo uno de los hombres mientras la llevaban por un oscuro pasillo hacia quien sabe donde.

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