CAPITULO 15


Charlie no podía apartar su mirada de Hermione.

Ella le acababa de terminar de explicar todo lo que la había sucedido esas dos semanas que habían estado separados, incluido el momento en el que Matthews la llevó a ver como él y Wendy mantenían relaciones sexuales, aunque a decir verdad, no había sido muy explicita, cosa que él había agradecido, ya se sentía suficientemente mal por todo ello.

Durante toda la exposición ella se había mantenido firme y serena. No le montó ninguna escenita de celos, ni le reprochó nada, incluso le dijo que no se sintiera mal por ello, él había sido una victima y esa mujer se había aprovechado de él.

Si, Hermione Granger era una mujer increíble. El sin embargo se sentía sucio y asqueado de si mismo.

Estaban esperando en silencio, apostados en el piso superior de la casa de los gritos, a que Kingsley fuera a buscarles para hablar con ellos. Ambos sabían que tenían que actuar con rapidez porque en cuanto los Fear supiesen que se habían escapado iban a ir a por ellos, e incluso puede que sus familias estuvieran en peligro.

Charlie comenzó a pasear por la habitación y a resoplar como hacía siempre que se sentía muy agobiado o estresado. Había enviado un patronus a su familia pidiéndoles que se protegiesen por que posiblemente los Fear fueran a por ellos, pero aún así no iba a estar tranquilo hasta que todo terminase.

De pronto oyeron como la puerta principal se abría. Ellos dos se miraron nerviosos y con sus varitas listas para cualquier cosa se asomaron.

Una sombra oscura se movía por la parte inferior de la casa -¿Chicos?- Era la profunda voz de Kingsley.

-Arriba- gritó Charlie.

Cuando llegó a su altura, Kingsley les estrechó las manos –Me alegro mucho de veros, me teníais muy preocupado sin saber nada de vosotros todo este tiempo. Estaba a punto de salir a buscaros-

-¿Recibiste mi patronus?- preguntó Hermione.

-¿Cual? ¿El que me hablabas sobre tus sospechas sobre el cabecilla de los Fear?-

- Si –

Kingsley sonrió – ¿Sabes que al principio de la investigación él fue uno de los principales sospechosos?-

-¿De quien estáis hablando?- preguntó Charlie sin entender nada.

Hermione y Kingsley se miraron con complicidad –Aquí, nuestra muchacha – dijo el Ministro señalando a Hermione – nos ha dado una muy buena pista sobre quien dirige a los Fear-

-No solo eso. Tengo su firma en un par de documentos- respondió ella sonriendo y del bolsillo interior de su túnica sacó cerca de una veintena de pergaminos.

En cuanto los desplegó, Charlie los miró fijamente y…-¿Esa no es la firma de Fitzwilliams?-

-Si, lo es. Estos son los documentos auténticos, a ellos les he dejado una copia para que no sospechen nada- Kingsley rió con fuerza.

-¿Fitzwilliams? ¿En serio? - dijo Charlie perplejo. Tanto el ministro como Hermione asistieron con la cabeza - No me lo puedo creer ¿Como es posible que alguien como él...? Pero si parecia un tipo de lo más normal-

-Nunca te dejes llevar por las apariencias, Charlie- contestó Kingsley, y mirando a Hermione la dijo –¿Sabes? deberías hacerte auror como Harry y Ron, seguro que serías una de las mejores-

-¿Cómo están ellos dos?- preguntó Charlie preocupado.

- A Ron le dieron el alta hace varias semanas y está viviendo en la Madriguera, sigue sin recordar nada. Y Harry sigue igual-

Los dos se quedaron callados, claramente afectados porque ninguno se hubiese recuperado.

Kingsley cogió los pergaminos y se los guardó en uno de los bolsillos interiores de su túnica -Ahora solo necesitamos que un experto los autentifique. Tal vez me cueste un par de horas conseguirlo. De momento…- metió la mano en su bolsillo y saco algo fino y ovalado de plata. Era un espejo del que salía una voz de hombre.

-Papa cuervo y mama cacatúa acaban de descubrir que los polluelos se han escapado del nido. Han ordenado a los halcones que comiencen el rastreo –

-Ya sabes lo que tienes que hacer, llévatelos lo más lejos posible de donde estamos- le respondió el Ministro.

Cuando se guardó el espejo en el bolsillo Hermione dijo – Ellos van a ir a por nuestras familias-

-No os preocupéis, están siendo vigilados por aurores. Nadie va a hacerles daño-

Charlie suspiró y Hermione le agarró la mano con fuerza. Ojala fuera cierto.

-Con esto- dijo Kingsley poniéndose la mano en el lugar donde se había guardado los documentos que Hermione había conseguido –Solo es cuestión de horas que atrapemos a Fitzwilliams, a Matthews y a su gente-

-Ojala esta vez sea verdad- dijo Hermione.

-Lo es- respondió Kingsley muy serio. –Tengo que marcharme. Vosotros dos quedaos aquí hasta que yo os avise, y no os separéis ¿entendido?-

Los dos asintieron con la cabeza y esperaron sin moverse hasta que Kingsley desapareció. Charlie guió a Hermione hasta el rincón en el cual se habían sentado la primera vez que estuvieron allí.

-Por lo menos hoy no llueve- dijo Charlie intentando aliviar la tensión entre ellos.

- De momento-

Las horas pasaban con lentitud, aunque quien sabe, tal vez fueron solo unos pocos minutos.

Los dos se sentían igual de inquietos, estar allí dentro, escondidos, sin poder hacer nada, sabiendo que sus familias podían estar en peligro les estaba destrozando los nervios.

Hermione se levantó y comenzó a pasear nerviosa. Treinta pasos más tarde, Charlie la imitó. Deambulaban de un lado a otro de la habitación sin hablarse y sin mirarse, preocupados por lo que podría estar sucediendo fuera.

En la enésima vuelta en la que se cruzaron, Charlie rompió el silencio –Ya se que Kingsley nos ha dicho que nos quedemos aquí, pero yo no aguanto más, me voy a la Madriguera-

-Y yo me voy a buscar a mis padres- le dijo Hermione. El asintió con la cabeza.

Al llegar a la puerta, ella le sujetó del brazo izquierdo y le paró –Ten mucho cuidado ¿vale?-

Charlie la miró a los ojos y se le encogió el estomago –Tu también- la susurró. A punto de salir por la puerta, se dio la vuelta, la sujetó la cara con fuerza y la beso en los labios. Normalmente cerraba los ojos, pero en ese momento los dejó abierto, quería mirarla mientras lo hacía. Dos palabras aparecieron de pronto en su cabeza "Adiós, Hermione"

Era su despedida.

El beso duró más de lo que él tenía planeado. Iba a ser solo un roce, pero una vez que sus dos bocas se hubieron juntado, todo cambió, no podía alejarse de ella.

Charlie se dio cuenta que Hermione sabía lo que ese beso estaba significando para los dos, lo notó en sus labios, estaban más calientes de lo normal y supo que estaba a punto de echarse a llorar.

Cuando por fin el beso acabó, Charlie pasó su lengua inconscientemente por sus labios, saboreando por última vez el sabor de la boca de ella. Cuando su corazón le dio la señal, cruzó el umbral y se desapareció.

En la Madriguera parecía estar todo en calma, y excepto por los tres aurores que había en los alrededores el resto parecía estar igual.

Por supuesto, su familia en cuanto le vio le recibió con los brazos abiertos. Allí estaban sus padres, Ron y Ginny. En cuanto la ronda de abrazos cesó lo primero que hizo su hermana fue preguntarle por Hermione.

El les explicó un poco por encima todo lo que les había ocurrido en todo ese tiempo. De vez en cuanto miraba a Ron de reojo, estaba sentado en el salón con ellos, pero en la zona más alejada que podía.

-Bill nos contó que estuvisteis en su casa un par de días- dijo Arthur.

-Si, así fue. ¿Os contó el porque?-

-Si, dijo que donde os estabais escondiendo no era seguro y como era de noche y hacia muy mal tiempo fuisteis a su casa hasta que encontraseis otro lugar mejor-

Bendito Bill. –Fueron muy amables al acogernos en su casa a Hermione y a mí, dadas las circunstancias-

-Me hubiera gustado verla- dijo Ginny con tristeza.

-Tal vez puedas hacerlo dentro de poco- respondió Charlie mientras inconscientemente miraba a Ron.

-Sigue igual- dijo Molly. –Ron, cariño, ¿Por qué no te sientas más cerca?-

-Aquí estoy bien, gracias- respondió y Molly suspiró.

-Ni siquiera reacciona cuando le llevamos a ver a Harry- dijo Ginny –Tal vez cuando se encuentre con Hermione…-

Un golpe seco en el exterior de la casa les interrumpió. Arthur fue a mirar que había pasado y se dio cuenta de que el ruido había sido un auror que acababa de ser aturdido y se había golpeado con la madera de la casa al caer.

Charlie se asomó para ver que pasaba –Son los Fear, ha venido a por vosotros- dijo.

Cuando Hermione llegó a casa de sus padres se sorprendió al verles en la puerta metiendo varias maletas en un taxi. Los señores Granger se iban a pasar unos días al chalet que unos amigos suyos tenían en la isla de Mallorca.

Hermione quiso acompañarles y de camino al aeropuerto su padre la explicó que los aurores llevaban varios días intentando convencerles para que se marchasen un par de semanas. Al principio no querían ausentarse de su trabajo, tenían pacientes que atender en esas fechas, pero les explicaron que la gente que perseguía a su hija iba a ir a por ellos para hacer daño a Hermione. Eso fue lo que les ayudó a decidirse. Cambiaron las citas de los pacientes para un par de semanas más tarde, y a los más urgentes les desviaron a la clínica de unos amigos suyos, que amablemente aceptaron ayudarles.

Ella les acompañó hasta que cogieron las tarjetas de embarque y pasaron el control de la policía, allí, con lágrimas en los ojos les abrazó y se marchó después de haberles prometido que les llamaría en cuanto pudiese.

Siguiente parada, la Madriguera.

Antes de que nadie pudiera reaccionar, Arthur cayó al suelo desplomado.

Sin ser muy consciente de lo que hacía Charlie salió corriendo de la casa para buscar al culpable mientras Molly y Ginny se apresuraban a atender al herido.

Estaba demasiado oscuro para ver, pero Charlie podía sentir que alguien a su derecha se estaba moviendo. No supo muy bien quien fue, pero otra persona lanzó fuegos artificiales de su varita, iluminando por unos segundos la zona. Los otros dos aurores que quedaban en pie intentaban impedir que los Fear se acercasen a la casa, y desde luego estaban haciendo muy buen trabajo, pero les doblaban en número, así que Charlie decidió echarles una mano.

Casi les tenían reducidos cuando uno de los Fear cayó abatido por un rayo de luz verde que había salido por detrás de él, pero no se volvió a investigar quien había sido. En ese instante alguien alumbró con su varita la zona en la que estaba Charlie.

-¡Hermione cuidado!- gritó Ginny.

Charlie se giró inconscientemente y vio como una melena rizada de color oscuro se movía con velocidad hacia un lado. Lo siguiente que supo fue que alguien gritaba, después todo se volvió negro.

Entre los dos aurores, Hermione, Ginny y Molly Weasley redujeron a los Fear.

Mientras esperaban a que llegasen un par más de aurores para llevarse a los integrantes de la banda a los calabozos, avisaron a San Mungo. Arthur ya había vuelto en sí, pero se encontraba bastante mareado, Charlie sin embargo seguía inconsciente.

Ginny se abrazó a ella y la preguntó por que no estaba con sus padres. Hermione explicó el repentino viaje que iban a hacer a Palma de Mallorca y por supuesto, Molly enseguida la ofreció quedarse con ellos en la Madriguera el tiempo que fuera necesario. Justo en el momento en el que ella iba a aceptar su oferta apareció Ron. Estaba allí de pie, en el umbral de la puerta.

Estaba cambiado, más delgado que la última vez que le vio y con la mirada triste y confundida.

Ella se quedó allí enfrente de él, mirándole, sintiéndose culpable por todo lo que él había sufrido. Sin embargo, Ron apenas la miró un par de segundos y en seguida se dirigió a Molly para preguntarla por Arthur.

-No te preocupes, verás como dentro de poco te recuerda- la dijo Ginny abrazándola por los hombros. Hermione seguía inmóvil sin saber muy bien que hacer. –Teníamos la esperanza que al verte a ti te recordara o que algo en él se despertara y…-

Unos segundos después Hermione la preguntó por Harry – Sigue igual-

Los aurores aparecieron casi al mismo tiempo que los sanadores de San Mungo. Al primero que atendieron fue a Charlie y sin darles apenas explicaciones se lo llevaron al hospital para hacerle unas pruebas, al igual que a Arthur.

Inmediatamente todos, incluido Ron se aparecieron allí.

Hermione caminaba nerviosa, preocupada por Charlie, por sus padres, por los Fear, por Kingsley, cuando Ron se acercó a ella.

-Molly me ha dicho que tú eras mi novia antes de que perdiera la memoria-

-Si, lo era. Estuvimos juntos un par de años, pero unos días antes rompimos-

-¿Porqué?-

-Pues…se acabó. Nosotros…yo…ya no sentía lo mismo por ti-

-¿Te enamoraste de otro?-

Hermione giró la cabeza hacia el lugar en donde sabía que estaban atendiendo a Charlie. –Si, pero es un amor imposible. El y yo…nunca podremos estar juntos-

-¿Es un hombre casado? Perdona que me meta en donde no me llaman-

-No. No te preocupes. Lo que pasa es que él prefiere vivir su vida lejos de mi, supongo que es porque no siento lo mismo que siento yo por él-

-Creo que si recordara algo sobre nosotros ahora mismo me estarías rompiendo el corazón, pero…-

Hermione la calló poniendo una mano en su mejilla –No quiero hacerte daño, Ron, nunca he pretendido eso, y te lo he hecho, y lo siento muchísimo. Siempre has sido tan bueno conmigo que…bueno…te deseo que seas muy feliz y si algún día recuerdas algo sobre nosotros quiero que sepas que hubo un tiempo en el que estuve muy enamorada de ti, que te quise con locura, pero que sencillamente acabó-

- No te preocupes-

-Ojala pudiéramos volver a ser amigos-

-Claro ¿por qué no? Me gustaría tener algún amigo-

Justo cuando Hermione estaba apunto de abrazarle salió Arthur con un sanador. El señor Weasley estaba bien, solo tenía una leve contusión, nada grave. Y en cuanto a Charlie, bueno, ya había recuperado la consciencia, tampoco tenía nada grave, el hechizo le había roto un par de costillas, pero tenía que permanecer una noche en observación.

Hermione se llevó la mano derecha al pecho y respiró hondo.

-¿Podemos entrar a verle?- Preguntó Molly.

-En unos minutos-

Mientras esperaban aparecieron George y Bill. Ambos abrazaron efusivamente a Hermione y después al resto de su familia, incluido Ron, que parecía un poco incomodo ante las muestras de afecto de los dos hombres.

Como es costumbre en la familia Weasley, entraron todos en tropel a la habitación donde tenían a Charlie en observación. Después de saludarse, George comenzó a hacerle bromas sobre el bonito camisón que llevaba su hermano. Como no, Molly le regañó cuando intentó que su camisón se volviera rosa con dibujos de flores y por supuesto comenzaron todos a reír y a hablar al mismo tiempo hasta que Arthur les obligó a callarse.

-Pero Hermione, querida, no te quedes ahí atrás. Acércate a ver a Charlie- la dijo Molly.

El, desde su cama la miró, estaba apoyada en la pared, con los brazos cruzados sobre el pecho y la cabeza baja. Se acercó lentamente y le saludó tímidamente. En cuanto los ojos de Charlie se encontraron con los suyos todo su cuerpo comenzó a temblar y rápidamente desvió la mirada.

-¿Cómo te encuentras?- le preguntó intentando no mostrarse muy ansiosa.

-Bien, solo me duele si respiró muy hondo o si me río- dijo volviendo su mirada a George.

- ¿Quieres decir que si te hago cosquillas en las plantas de los pies…?-

-Quieres hacer el favor de dejar a tu hermano tranquilo para que se recupere?- le regañó Molly y tanto Hermione como Charlie sonrieron.

- Seguro que mañana te encuentras mucho mejor, pero no nos des más sustos ¿vale?- dijo Hermione.

-Mira quien habla de sustos – respondió Charlie mirando a Bill, haciéndole un gesto con la cabeza señalando a Hermione.

Bill se rió.

-¿De qué estáis hablando?- preguntó Arthur.

-Nada, papá. Cosas nuestras ¿Verdad Granger?- Hermione sonrió por cortesía, pero que usara su apellido la dolió.

Estaban todos tan tranquilos hablando cuando aparecieron varios aurores preguntando por Hermione.

Entre todos intentaron impedir que se la llevaran, pero ella terminó ofreciéndose voluntaria ante las amenazas de los aurores de que la familia entera terminara en Azkaban por intentar oponerse a la justicia.

Antes de irse, Hermione miró una vez más a Charlie. Tal vez si hubiesen estado solos le hubiese dicho lo que sentía por él, pero con toda su familia presente no tuvo valor.

-Tranquila, te sacaremos de allí- gritó Arthur mientras ella salía por la puerta.

Tuvo que esperar en una sala del ministerio casi una hora a que alguien fuera a contarla que es lo que estaba pasando.

A través de la puerta oía a la gente pasar velozmente, a veces hablaban entre ellos, pero ella no podía reconocer las palabras. Por fin la puerta se abrió. De las tres personas que entraron en la habitación, ella solo reconoció a uno, era el hombre de los Fear que había estado con ella esa misma mañana, el hombre al que había aturdido y había encerrado en el baño.

Uno de ellos, el más mayor de todos se presentó, era el auror a cargo de su caso, al otro auror no lo conocía de nada. Según la explicaron, el hombre que ella conocía había estado infiltrado en la banda durante varios meses. El mismísimo Matthews le había reclutado a él también al poco de salir de la academia y trabajaba a espaldas de Lewis y Tucker. Lo que Matthews no se hubiese podido imaginar, es que él se había dedicado a recabar información sobre la banda. Nunca se pudo creer la suerte que tuvo, recién salido de la academia y con semejante oportunidad. Seguro que si conseguía hacer bien su trabajo iba a conseguir escalar puestos en el departamento con más rapidez de lo que nunca se hubiese podido ni imaginar. Y eso fue lo que hizo. En cuanto tuvo suficiente información sobre los Fear se la dio al mismo Ministro en persona, consiguiendo así que pudieran destituir a Matthews del cargo como director del departamento de aurores y cursar una orden de arresto en su contra.

Según le explicó a Hermione el hombre responsable de su caso, el cual se apellidaba Forney, el Ministro había hablado con él y le había explicado todo lo que había pasado, pero ahora necesitaba su versión.

Por supuesto, ella le contó con pelos y señales, excepto por su relación con Charlie, como habían sucedido las cosas. El infiltrado confirmo la versión de los hechos que él conocía y prosiguieron con el interrogatorio.

Hermione estaba agotada, no solo porque llevaba toda la noche sin dormir, siendo interrogada, si no por todo por lo que había tenido que pasar durante la mañana. Solo quería que la dejaran descansar un rato, pero ellos seguían insistiendo en preguntarla una y otra vez las mismas cosas.

Por fin, a eso de las nueve de la mañana, Kingsley junto con dos personas más interrumpieron en la sala, se le veía igual de cansados que ella, pero su sonrisa le delataba – Señores, la banda de los Fear acaba de ser desarticulada-

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