CAPITULO 16


Hermione golpeó con los nudillos suavemente la puerta de la habitación en donde estaba Harry.

Una hora antes, Ginny la había enviado una lechuza diciéndola que su novio había despertado. Por supuesto, ella había acudido lo más deprisa que había podido.

Por fin estaban llegando las buenas noticias.

Después de que el departamento de aurores hubo desarticulado a los Fear y hubo arrestado a Fitzwilliams, a Matthews, a Applewood y a una docena más de personas, tanto a ella como a Charlie les había declarado públicamente inocentes en una rueda de prensa dada por el propio Ministro Shaklebolt y el director del departamento de aurores. En ella, contaron con todo detalle como había sido la operación "San Jorge" y tanto su nombre como el de Charlie habían salido varias veces como, según se había dicho en la rueda de prensa, "ayuda clave para la detención de los dirigentes de la organización"

Habían sido tres días de locura para ambos. Tuvieron que declarar tantas veces que llegó un momento en el que perdieron la cuenta, pero por lo menos había quedado todo claro y se había podido demostrar su inocencia.

Por fin eran libres.

-Adelante-

Allí, al lado de la cama de su amigo estaba Ginny, exultante de alegría.

Ni que decir tiene que ella también se sentía muy feliz por la recuperación de Harry.

-Hola, Hermione- la saludó su amiga.

-Hola- respondió alegremente acercándose a la cama y abrazando a Ginny.

-¿Qué tal te encuentras?- preguntó a Harry después de darle un beso en la mejilla. A continuación se sentó en una de las sillas para las visitas y cruzó las piernas a la altura de los tobillos.

- Estoy un poco aturdido, pero bien, supongo- contestó débilmente.

-Me alegro mucho. Hemos estado muy preocupados por ti-

-¿Qué fue lo que pasó, Hermione?-

-¿Qué es lo que recuerdas?-

- No mucho. Íbamos a vernos con Matthews en una vieja iglesia a las afueras de Londres. Ron no podía venir con nosotros porque había tenido un accidente. Por cierto ¿Qué tal esta?-

Las dos mujeres se miraron sin saber si decirle la verdad o esperar hasta que estuviese completamente repuesto -Ha perdido la memoria - dijo Ginny finalmente.

-Pero eso no puede ser, si cuando yo le visite en el hospital esa mañana antes de encontrarme con vosotros estaba perfectamente bien-

-Creemos que ese mismo día alguien debió de entrar en su habitación sin que nadie se diese cuenta y hacerle un hechizo desmemorizador. Alguien a quien no le interesaba que nadie supiese lo que iba a pasar esa noche-

-¿Quién? ¿Los Fear?- preguntó Harry.

-Matthews principalmente- contestó Hermione esta vez.

- Nunca hubiera imaginado algo así por parte de Matthews. Ron y yo sospechamos de él cuando nos pidió que concertáramos una cita con vosotros, pero que él fuera parte de los Fear… - dijo Harry -¿Qué grado de amnesia tiene?- añadió cambiando de tema.

- Ni siquiera recordaba cual era su nombre- respondió Ginny con tristeza.

Después de unos segundos de incomodo silencio, Harry volvió a preguntar a Hermione que había sucedido.

Ella le explicó todo, excepto su relación con Charlie, y su amigo se quedó perplejo.

- ¿Y cómo supiste quien era el jefe de la banda?- preguntó Harry.

Hermione se recolocó en la silla -Pues cuando me llevaron a la fábrica abandonada, había una pintada en la pared, ponía FEAR, pero la letra F estaba algo separada del resto y en ese momento recordé la primera vez que entré en el despacho de Fitzwilliams. El tenía uno de esos letreros en la mesa con su nombre. Simplemente todo cobró sentido- Ella les miró esperando a que ellos descubriesen lo mismo que ella hace unos días, pero ante su silencio les preguntó -¿No lo cogéis todavía?-

Sus dos amigos negaron con la cabeza y murmuraron que no.

Hermione chascó la lengua -Su nombre es Earnest y su apellido Fitzwilliams, así que cogiendo la primera letra del apellido F, y las tres primeras del nombre EAR, si lo juntas tienes FEAR-

-Eres increíble- la dijo Harry.

-Sí, bueno, no es para tanto, solo fue suerte-

-¿Suerte? Eres un maldito genio, Hermione – contestó Ginny.

-¿Sabes una cosas? Creo que ya es hora que dejes de meterte en problemas- le dijo Harry bromeando y las chicas se rieron, felices por tener a Harry de vuelta con ellas.

Alrededor de una hora más tarde, Hermione preguntó por Charlie, quería saber como se encontraba. Al fin y al cabo habían pasado muchas cosas juntos y era normal que se preocupase por él ¿no es cierto?

- Ya está perfectamente, pero ¿no te has enterado?- la dijo Ginny.

-¿De qué?-

- Por lo visto vuelve a Rumania mañana-

Ella se sorprendió –No sabía nada. Bueno…me alegro que ya esté bien- respondió.

- Según nos ha contado, su jefe le ha pedido que se reincorpore al trabajo inmediatamente-

-¿Pero Mañana? ¿Tan pronto?- preguntó sorprendida.

- Eso parece. Además ya sabes como es Charlie con sus dragones, se muere de ganas de volver a verlos-

-Si, claro- respondió Hermione intentando fingir que la noticia no la había afectado. -Supongo que ahora que todo se ha aclarado y somos inocentes de nuevo…- le asustaba la idea de que se marchase de su lado tan pronto, de no poder volver a verle nunca más.

No debía de tener buena cara porque Ginny la preguntó si se encontraba bien. No sabía como lo hacía pero no se la escapaba ni una.

- Si, si, es que…me hubiese gustado despedirme de él- solo mintió sobre la primera parte, en realidad se sentía como si la estuvieran estrujando el corazón con mucha fuerza.

-Pues ve a la Madriguera. El va a estar allí hasta que se marche-

-Sí, bueno…no sé si podré. Tengo un día bastante complicado- volvió a mentir.

Ginny la miró recelosa y Hermione tuvo que girar la cabeza y mirar a Harry para que su amiga no terminase de descubrir cuando le habían afectado sus palabras, bueno más que las palabras lo que la afectaban eran los hechos.

No mucho después se despidió de sus amigos, prometiéndole a Harry que al día siguiente volvería a visitarle. Les dio un beso y salió de la habitación. Quería escapar lo antes posible de allí y estar sola con sus pensamientos y con su corazón roto. No se podía creer que Charlie ni siquiera fuera a despedirse de ella antes de marcharse, después de todo lo que habían pasado juntos, pero si él no lo hacía ella no se iba a arrastrar ante él, ni a suplicarle, aunque lo deseara con todas sus fuerzas.

Charlie estaba en la que era su habitación cuando se quedaba en la Madriguera, la misma que había compartido con Bill cuando ambos eran pequeños.

Estaba tumbado en la que había sido su cama, leyendo el Profeta para intentar distraerse, pero el hecho de que su nombre saliese al lado de Hermione Granger en varios artículos se lo ponía bastante difícil. Por lo menos esperaba que la distancia le ayudase a olvidarla. Confiaba en ello, siempre había sido así, en un par de semanas solo sería un bonito recuerdo. En realidad lo único bueno de todo lo que le había sucedido desde que se había ido a trabajar a Gales.

Terminó su lectura y siguió en la cama, tumbado con los brazos detrás de la cabeza, mirando al techo y recordando todas las gamberradas que Bill y él habían hecho en esa habitación cuando eran pequeños, bueno, y para ser sinceros de más mayorcitos también.

Cuantos recuerdos…

Un golpe en la puerta le devolvió a la realidad. Era su hermano mayor que había llegado antes de tiempo a la cena de despedida que su madre había organizado.

Llevaban unos minutos hablando sobre todo un poco cuando Bill le dijo – Es una pena que no te quedes para tu cumpleaños-

- A mi también me hubiese gustado, pero mi jefe cree que ya llevo demasiado tiempo de vacaciones y me ha dicho que me reincorpore inmediatamente. No veas como se puso mamá cuando se lo dije-

Bill sonrió –Me hago una idea- Charlie le devolvió la sonrisa.

-¿Cómo va Ron?-

Charlie, que estaba sentado en el borde de la cama al lado de su hermano, se puso de pie y se dirigió a la ventana. –Sigue igual- contestó muy serio mirando a través de ellas por los cristales.

-Sabes que no es culpa tuya, Charlie, no te atormentes por ello- le respondió su hermano unos segundos más tarde.

- Cada vez que le miro no puedo evitar pensarlo, si no hubiese aceptado venir a Gales, tal vez ahora él estaría feliz, en su trabajo, con su novia…- Remordimientos, celos y pena, eso era lo que estaba sintiendo en ese momento.

Bill se acercó a él, acortando los cinco pasos de distancia que los separaban. – ¿Ya te has despedido de ella?- No hacía falta que dijera el nombre de la persona a la que se refería, ambos los sabían de sobra.

–No- Charlie ni siquiera se volvió para mirar a su hermano.

-Pues deberías hacerlo antes de que llegue toda la familia. Bueno también puedes esperar hasta que nos marchemos todos, pero ¿no crees que papa y mama sospecharán algo?-

-Ella no va a venir. Mamá me ha dicho que ha contestado la lechuza diciendo que tenía otros planes y que lamentaba no poder venir pero que me dijese que me deseaba buen viaje-

Bill no necesitaba ver la cara de su hermano para darse cuenta de que estaba dolido por la decisión que había tomado Hermione -¿Y por qué no te acercas tú a su casa un momento? Yo te puedo cubrir durante unos minutos-

Charlie se dio la vuelta para encarar a su hermano. Estaba enojado. –Deja de meterte en mis asuntos ¿quieres?–

-Está bien. Tú verás lo que haces- respondió levantando las manos y enseñando las palmas. –Pero después de todo por lo que habéis pasado juntos me parece que es lo menos que podríais hacer los dos-

Charlie solo resopló y Bill se ofreció voluntario para ayudarle a hacer la maleta.

No volvieron a hablar del tema.

Lo que en principio iba a ser una pequeña cena de despedida se convirtió en todo un banquete a la que acudió toda la familia, Ron, George con su novia Angelina, Bill con Fleur y su pequeña Victorie, Ginny, y Percy. Los únicos que no pudieron estar presentes fueron Harry, Hermione y Kingsley. El primero por seguir en el hospital, la segunda no habían querido asistir y el tercero estaba de viaje fuera del país.

En el fondo era mejor así, despedirse otra vez de ella le iba a costar mucho, y cuanto antes volviese todo a la normalidad, mucho mejor, eso incluía sus turbadores sentimientos.

Una parte de él deseaba volver a Rumania, volver a su casa, con sus amigos, con sus "drijos", pero sabía que iba a echar mucho de menos a su familia.

La cena acabó y tanto Percy como George y su novia, Bill y Fleur se despidieron de él. Alejarse de nuevo de su hermano mayor le iba a costar mucho, siempre le pasaba lo mismo. Sonaba cursi, pero Bill era su mejor amigo, la persona que mejor le conocía en el mundo. Entre ellos dos siempre hubo una relación muy especial y sabía que siempre la habría. Ni siquiera la distancia podría acabar con ella. Los lazos de sangre que los unían eran más fuertes que cualquier cosa.

Su traslador salía al día siguiente muy temprano así que en cuanto todos los invitados se marcharon, él subió a su habitación a intentar dormir un poco.

Fue imposible, se sentía inquieto pero se negaba a investigar los motivos. Sospechaba que la ausencia en la cena de cierta mujer de pelo rizado tenía mucho que ver.

"Duérmete de una maldita vez" se increpó a si mismo. Se dio media vuelta en la cama, tumbándose sobre su lado derecho y poco a poco el sopor del sueño fue invadiendo su cuerpo.

Clic… Clic… Clic… Clic…

¿Qué era ese ruido?... Clic… Clic…

Menos mal, había cesado.

Clic… Clic… Clic…

Se levantó, muerto de curiosidad por saber que era ese sonido y de donde procedía.

Clic… Clic…

Era como si alguien estuviese tirando pequeñas piedras contra el cristal.

Se asomó a la ventana. Allí, en el jardín, debajo de su ventana estaba Hermione. A pesar de que no había mucha luz, el hubiese reconocido esa indómita melena incluso en la oscuridad más absoluta. Con la mano le hizo un gesto de que esperase un momento, se puso una bata, unas zapatillas y bajó lo más silenciosamente posible. No quería que nadie se enterase de lo que estaba pasando. ¿Cómo iban a explicar porque Hermione estaba de madrugada debajo de su ventana?

-¿Qué haces aquí a estas horas?- la preguntó en voz baja en cuanto llegó a su altura. La casi luna llena, medio oculta por densas nubes no iluminaba demasiado, pero tampoco necesitaba más luz para darse cuenta de la manera en la que la mujer que tenía enfrente le estaba mirando.

Ella se encogió de hombros y se frotó los brazos –Quería despedirme de ti- le susurró ella.

La castañeteaban tanto los dientes que Charlie creía que podría despertar a toda su familia. –No debiste haber venido, Hermione-

Ella miró hacia el suelo -Ya se que no quieres verme, pero…solo quería despedirme y darte las gracias por…por haber sido tan…por haber…-

-No es verdad- le interrumpió él.

Ella le miró sin entender. – No es verdad que no quiera verte- aclaró Charlie. –Simplemente me parece lo mejor para ambos. Ya hemos hecho esto demasiadas veces-

-Sí, claro- Hermione no podía ocultar su decepción. No es que mientras tiraba piedras a su ventana se hubiera imaginado que al verla, Charlie la estrecharía en sus brazos, se la llevaría a su cama y la haría el amor gloriosamente durante toda la noche.

De acuerdo, eso era lo que se había imaginado por unos instantes, pero al pasar los minutos debajo de su ventana lanzado pequeñas piedras que había recogido del jardín de los Weasley y que el no hubiera dado señales de vida, había perdido la esperanza. De hecho cuando Charlie se había asomado a la ventana ella había arrojado las piedras al suelo y estaba a punto de marcharse a su casa, pero había salido a hablar con ella, y ahora, ahí de pie en mitad de la gélida noche, la idea de haber ido a decirle adiós le parecía una de las peores que había tenido en mucho tiempo.

- Bueno, pues…que tengas buen viaje- le dijo alargando el brazo para darle la mano.

-Gracias- la respondió sujetándola la mano con fuerza y sacudiéndola. –Si algún día te apetece ir por Rumania, avísame ¿vale?-

-Claro-

Ambos se quedaron de pie, mirándose a los ojos y moviendo la mano de arriba abajo cada vez con menos energía, sin ser ni siquiera conscientes de que pequeños copos blancos comenzaban a caer sobre ellos.

Hermione fue la primera que rompió el contacto desviando los ojos hacia el suelo – Adiós – le dijo. Se acercó a él y le dio un beso en los labios, tan corto y tan rápido que Charlie apenas lo percibió, pero no necesitó más, si esa iba a ser su despedida definitiva se iba a llevar un buen recuerdo de ella, haría que ambos lo tuviesen. Merlín sabía que lo había deseado hacerlo con todas sus fuerzas desde que la había visto por la ventana.

Solo una última vez con ella.

Antes de que Hermione pusiese alejarse, la sujetó por la muñeca y se la llevó caminando en dirección a la caseta que sus padres usaban como escobero.

Ella se dejó guiar sin preguntar y sin oponer ninguna resistencia. Charlie se dio cuenta que Hermione deseaba esa despedida tanto como él.

Ese pequeño cuarto, lleno de arañas en verano, sería perfecto para lo que tenía pensado hacer, desde allí nadie les oiría gemir a ninguno de los dos.

Apenas hubo cerrado la puerta cuando Hermione se abalanzó sobre él y le besó con ardor. Le deseaba desesperadamente. Le necesitaba desesperadamente.

Solo apartó su boca de él cuando Charlie encontró un hueco entre su ropa e introdujo sus gélidas manos por él. Hermione siseó –Están heladas- le dijo, pero en cuanto entraron en contacto con sus pechos y pellizcó sus duros pezones, ella echó la cabeza hacia atrás y se dejó ir de nuevo.

Las manos de Charlie bajaron hasta la cinturilla de su pantalón, y haciendo un rápido trabajo deslizó los pantalones y las bragas de Hermione hasta sus rodillas. Ella hizo el resto, sacándo una pierna fuera de su ropa, dejándola libre para moverla a su antojo.

Charlie se moría de ganas de volver a sentir en su boca el tacto de los senos de ella, así que como pudo la subió hasta la garganta las tres capas de ropa que llevaba puestas y sacando los pechos por fuera del sujetador se amamantó de ella.

Hermione emitía tenues gemidos de placer mientras él la devoraba, y aprovechó cuando Charlie dejó sus enrojecidos pechos y pasó a apoderarse de sus labios, para rodearle con la pierna libre sus caderas y presionarle contra ella. ¡Oh, si! Esa dura erección era lo que más necesitaba en ese momento, que la llenase por completo y la hiciese olvidarse de todo, solo él dentro de ella era lo que la importaba.

Le bajó los pantalones del pijama lo suficiente para liberar su gruesa erección de entre la molesta tela y en cuanto lo consiguió él se adentró en ella profundamente.

Los dos gimieron al unísono y cuando Hermione se hubo ajustado a él, Charlie comenzó a moverse rítmicamente dentro y fuera de ella. Una y otra vez.

¿A quien le importaba que las escobas y resto de utensilios que había allí guardados se les cayesen encima cuando estaban en el paraíso?

Antes de lo que la hubiese gustado, Hermione sintió las oleadas de su orgasmo golpeándola y se aferró a Charlie como si la fuera la vida en ello. No mucho después él se salió de ella, derramándose por sus muslos.

Ambos se quedaron en silencio, saciados por la experiencia que acababan de compartir, Charlie apoyado en ella, y Hermione en…no tenía muy claro en que, algo de madera. Ambos respiraban agitadamente.

Cuando recuperaron el aliento, Charlie la limpió con un golpe de su varita y se colocaron la ropa en su lugar.

Al salir, a ambos se les doblaban las piernas, pero ninguno fue capaz de hacer algún tipo de broma de la situación, simplemente se miraron un par de segundos y tuvo que ser Hermione de nuevo la que rompiera el incomodo silencio.

-Muchas gracias por todo, Charlie- dijo con la voz quebrada.

-Gracias a ti. Ha sido un autentico placer- la dijo sonriendo, pero no era esa sonrisa suya brillante y alegre, esta era cortés y triste.

-Para mí también-

Sin más, ella se dio la vuelta, dio un par de pasos y se desapareció.

Charlie se quedó helado, y no solo por el frio que hacía, era la marcha de Hermione lo que le hacía sentirse así. Se dio media vuelta y entró en la casa, pero en vez de subir a su cuarto para intentar dormir algo se quedó en la cocina, preparándose un poco de té para intentar entrar en calor.

Miró el reloj de la cocina, todas las manillas apuntaban a "en casa" pero no era eso lo que quería saber. Solo le quedaban dos horas y cuarenta y dos minutos para volver a Rumania.

Poco a poco todos los integrantes de la familia que vivían todavía en la Madriguera se fueron levantando, incluido Ron, el cual se despidió de él con un abrazo. Por lo menos se iba más tranquilo sabiendo que su hermano iba adaptándose a ellos.

El viaje en traslador fue bastante tranquilo. Cuando por fin llegó a su casa lo primero que hizo fue dejar la maleta en su habitación. ¡Uff! hacía un frío de los mil demonios, así que rápidamente encendió la chimenea. Allí encima había un calendario el equipo nacional de Quiddich de Inglaterra.

Era justo el día antes de su cumpleaños. Casi dos meses después de haberse marchado a Gales volvía a su casa.

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