Rick's POV
Lanzó un grito de rabia y dolor. Se la habían arrebatado en frente de sus narices.
-Cálmate Rick, la encontraremos pronto ya lo verás, no pueden haber ido muy lejos- intentó calmarlo Jenna, pero el que estuviera sollozando no ayudaba mucho. Le dirigió una mirada llena de dolor a su esposa y negó con la cabeza.
-Como pude estar tan ciego, teníamos al enemigo aquí dentro y no logré verlo- tiró de sus cabellos completamente enfadado consigo mismo.
-Fue mi culpa, debería haberte hablado del nuevo empleado, yo lo contraté… es mi culpa- sollozó Jenna.
-No lo es amor, tranquila… yo no te había hablado de las sospechas sobre el hombre sueco…- se lamentó Rick.
-¿Qué haremos ahora?- intervino Mason.
-Tengo a todo un escuadró rastreando la zona, Jenna tiene razón no pueden haber ido muy lejos aún-
-¡Deberíamos estar buscándola con un demonio! ¿Qué mierda estamos haciendo aquí?- gritó Damon exasperado y se levantó del sofá.
-No podemos ir a correr por ahí así sin más, necesitamos pensar fríamente para que no…- Rick fue interrumpido por el sonido de su móvil. Era un número desconocido, mirándolos a todos puso el alta voz y contestó.
-Diga- dijo con voz cortante.
-Tiempo sin oírte Saltzman, ¿me extrañaste?- Ahora no había distorsión de voz, ni nada que le impidiera reconocerlo.
-Maxfield- siseó con odio.
El hombre soltó una risa burlona- Veo que me recuerdas muy bien, eso es bueno…- Hizo una pausa.- Estoy ansioso por ver a tu pequeña niña- Rick apretó el móvil con fuerza- Espero que te hayas despedido bien de ella, porque no volverás a verla.- y colgó.
-¡Maldito hijo de perra!- gritó y arrojó el móvil contra la pared rompiéndolo en miles de pedazos.
Jenna lo abrazó por detrás para que se calmara.
-Mason, Damon, tomen una motocicleta cada uno, vamos al cuartel- Dijo con voz autoritaria.
Y sin rechistar los dos obedecieron.
Una hora después se encontraba parado en un estrado, con Damon a su derecha y Mason a su izquierda. A sus pies, se formaban una tras otra perfectas filas de hombres erguidos y atentos ante sus superiores.
-Estamos en alerta, han atacado directamente mi casa esta noche y han secuestrado a mi hija- Dijo con voz fría- Quien además pertenece al programa de protección de ACO, por lo cual es prioridad número uno rescatarla.- Una ola de asentimientos de cabeza pasó por la multitud reunida.
-A partir de este momento quiero que rastrillen toda la zona de los al rededores de mi propiedad y el pueblo, Monitoreen las carreteras de salida y vigilen cada uno de los accesos a las grandes ciudades- Continuó- Se instalarán equipos de vigilancia en puertos y aeropuertos de todo el país, todas las salidas al extranjero serán registradas antes de partir. Pase lo que pase, no podemos permitir que la saquen del país.- Suspiró- Del escuadrón 15 al 20 estarán al mando del Mayor Lockwood, Del 20 al 25 a cargo del Capitán Salvatore, el resto se quedarán conmigo.- Finalizó- ¿Entendido?-
-¡Señor, sí señor!- se hizo eco en el salón.
Dando por finalizada la reunión se dirigió con los hombres que lo acompañaban a su oficina.
-Mason, tú estarás a cargo de las fronteras.- miró a Damon- Tú te encargaras de rastrillar todo el país si es necesario- observó el ordenador que había sobre su escritorio- Lo coordinaremos todo desde aquí para facilitar la tarea, desplegaremos las redes de los distintos escuadrones, así podremos abarcar más terreno.- Continuó.- tenemos un hombre al mando en cada condado del país que se remitirá a ustedes.- miró el mapa que tenía a sus espaldas.- No dejaremos nada al azar, sea como sea, la encontraremos.
Comenzaron a pasar las horas y la búsqueda no daba frutos, parecía habérsela tragado la tierra. Rick sabía que ese maldito de Maxfield tenía muchos recursos, pero era imposible que tuviera tantos, algo extraño estaba pasando aquí. ¿De dónde sacaba los medios para atacarlo así? ¿Cómo demonios podía ocultarse tan bien? ¿Acaso alguien estaba ayudándolo?
El amanecer encontró a los tres hombres aún en el cuartel trabajando arduamente sin detenerse a descansar. Informes y registros de todo el país llegaban incesantemente, pero ninguno traía buenas noticias.
Estaban sentados tomando un café en la oficina ahora, hablando de cómo estaba progresando todo. Damon caminaba de un lado a otro como león enjaulado, Mason tenía cara de derrota y él simplemente estaba desolado. Cada hora que pasaba era una tortura y un golpe certero a la esperanza que tenían de encontrarla.
Para cuando dieron las 12 del mediodía, un hombre de estatura baja y piel morena, de unos 50 años, entró a la oficina escoltado por un agitado Cabo Fell.
-Señor, este hombre tiene algo que decir- Dijo tratando de recuperar el aliento. Parecía haber corrido una maratón
-Escucho- Dijo atento y todos los presentes clavaron su mirada en él.
-Mi nombre es Carl Thompson, trabajo en la cosecha de un campo a unos 300 kilómetros de su propiedad.- dijo el hombre algo nervioso- Me interrogaron esta mañana por si había visto algo sospechoso.- Tomó aire- Ayer como por las diez de la noche un coche negro se detuvo en medio del bosque que cerca el norte del lugar donde cosecho, bajaron varias personas de él, en la oscuridad no distinguí mucho.- se disculpó entrelazando sus manos.- Como por las 3 de la madrugada un ruido extrañó me despertó, me asomé a la ventana y vi una avioneta de las que usan para fumigar los campos partir de la pequeña pista que hay al este.- finalizó.
-¿Para quién trabaja señor Thompson?- Preguntó Rick temeroso.
-Para los Whitmore señor- Dijo.
Whitmore. Rick tragó saliva. Era una familia que durante un tiempo fue investigada por narcotráfico, el padre fue apresado por tráfico de drogas sin embargo sus hijos alegaron que no tenían conocimiento de las actividades que realizaba y después de un largo juicio los declararon inocentes. Se dedicaban al negocio de la cosecha ahora, aún así ACO protegía de ellos a varios testigos que habían sido amenazados antiguamente por Withmore padre.
Además él sabía que el menor de los Withmore, Aaron, era ahijado nada más y nada menos que de Wes Maxfield.
-Gracias por la ayuda caballero, puede retirarse.- susurró con la mirada perdida.
El hombre hizo un torpe asentimiento de cabeza y se largó de allí apresurado, seguido de cerca por el Cabo Fell.
Rick se dejó caer derrotado en su silla y Mason y Damon lo miraron preocupados.
-Se la han llevado- Dijo y con un brote repentino de ira, Agitó su mano violentamente sobre su escritorio tirando todo a su paso.
Elena's POV
No supo por cuánto tiempo viajó, había perdido la conciencia dentro del auto y cuando despertó sus ojos estaban descubiertos y se encontraba en lo q parecía ser una avioneta. Ya era bien entrado el día por como brillaba el sol, aunque no tenía ni idea de donde se encontraba.
Junto a ella iban dos hombres, igualmente de negro como los que la atacaron anoche. Después de unos minutos de estar observando todo, el piloto informo que iban a aterrizar. Observó desde la altura la vista bajo ella. Parecía una gran mansión dentro de un complicado y laberíntico sistema de jardines. La gran casa se notaba un poco más grande que la suya, pero el terreno era definitivamente mucho menor y era la única construcción que se divisaba.
Una vez en tierra la tomaron un hombre de cada brazo y de forma no muy cortés prácticamente la arrastraron hasta la casa. Ella iba muda, no protestaba, ni gritaba, ni trataba de escaparse. Aquello le parecía irreal, no podía creer que se la hubieran llevado a quién sabe dónde para quién sabe qué. El miedo la mantenía serena, no quería provocar ninguna mala reacción, era mejor estarse quieta y analizar las cosas. Tal vez consiguiera idear un plan de escape si lo pensaba bien. Se rió de sí misma mentalmente, aquellos hombres la habían secuestrado frente a las narices de los hombres de ACO, ¿quién pensaba que era ella para poder burlarlos? Suspiró resignada ¿Qué querían con ella? ¿Tenía que ver con su familia? Tragó un nudo que se formó en su garganta y lucho por contener las lagrimas, no quería que la vieran débil.
Cuando estuvieron frente a la casa Elena tuvo que reconocer que era hermosa, de ladrillos negros, y techo de teja blanca, tenía dos plantas y numerosas ventanas. Parecía salida de alguna historia de época, antigua, señorial e imponente, digna de la nobleza. Las enormes puertas delanteras, de madera blanca, se abrieron para darles paso, la dejaron en un recibidor, con una pequeña mesilla de hierro negro en medio como único adorno. A cada lado de ella había dos arcos, a la izquierda veía un pasillo y a la derecha una gran sala decorada con muebles muy antiguos y con un aire tan del siglo XVIII que realmente pensó en la posibilidad de que allí viviera un conde o algo parecido.
Frente a ella se cernían unas enormes escaleras del lado izquierdo, en mármol blanco, que llegaban a un rellano que discurría hacía la derecha formando una especie de balcón a lo largo de toda la pared, La puerta se cerró tras ella y notó que la habían dejado sola. Observó a todos lados y de pronto un carraspeo llamo su atención. En lo alto de la escalera, con una sonrisa amable en su rostro, había un hombre de aproximadamente la edad de Rick, rubio, de complexión delgada, vestido casualmente con jeans y una camisa azul pulcramente arreglada.
-Bienvenida a mi humilde hogar Señorita… Gilbert- Dijo como saboreando la palabra, haciendo que un escalofrío la recorriera.- Me alegra al fin poder conocerla- El hombre comenzó a bajar las escaleras.-
-¿Quién es usted?- Preguntó levantando la cabeza, no se dejaría intimidar.
-Valiente… me gusta- Dijo moviendo afirmativamente su cabeza y sonriendo- Toda una Gilbert…- Susurró y al llegar a ella le tendió la mano cordialmente- Mi nombre es Wes Maxfield- ella miró su mano- Pero lo más importante, es que soy quien te contará la verdad- finalizó con un giño de ojo. Elena dudó un poco y al fin estrechó su mano.
El hombre amplió su sonrisa.- Espero que no hayan sido demasiado rudos con usted, les ordené expresamente que la trajeran sana y salva- Dijo con mirada de disculpa.
-Sí usted manda secuestrar a alguien, no podrá esperar que se lleve a cabo de un modo muy cortés- Retrucó Elena, a lo que su captor rió.
-¡Eres adorable!- comentó- Lamento mucho esto Elena- Dijo y su cara de arrepentimiento casi la convence.- Pero tu querido señor Saltzman no me hubiera concedido una entrevista contigo, y necesito realmente que escuches lo que tengo para decir- su mirada se intensificó.
-¿Fue usted quién dejó ese sobre en mi cama?- Interrogó.
-Deja el usted, me haces sentir viejo, puedes llamarme Wes- comentó amablemente.
Elena reformulo su pregunta- ¿Fuiste tú?-
-No personalmente, pero sí fue orden mía.- Se acercó a la mesilla e hizo sonar una campanilla.- No me malinterpretes, no quería que te enfades con Saltzman, yo solo quiero que conozcas la verdad- Dijo él nuevamente sonriendo.
-¿Por qué?- desconfió ella.
-Todo a su tiempo dulzura, prometo que te lo contaré todo.- Una muchacha con uniforme de sirvienta entró al recibidor en aquel momento, de piel morena y cabello oscuro venía mirando al suelo.- Pero primero necesito que te pongas cómoda, se que acabas de pasar por una situación nada agradable, y realmente me siento culpable por eso- Otra vez esa mirada de pena en su rostro.- Ella es Bonnie, una de mis empleadas, se encargará de atenderte y darte todo lo que necesites para que te encuentres a gusto- Sonrió y se giró a la chica- Bonnie muéstrale su habitación, ocúpate de ella y cuando esté lista tráela a la biblioteca.
La muchacha asintió y se giró a Elena.
-Sígame por favor señorita- Le pidió amablemente. Ella la miró contrariada.
-Ve con ella Elena, báñate, cámbiate de ropa, relájate y come algo si quieres, te estaré esperando cuando estés lista.- Finalizó el hombre y se alejó de allí.
Elena suspiró y se dispuso a seguir a aquella chica escaleras arriba.
Aquello no era para nada lo que esperaba de un secuestro, la chica la condujo por un largo pasillo y se detuvo en la última puerta, al abrirla Elena se quedó sorprendía. Una enorme habitación impecablemente arreglada se lucía frente a ella. El mobiliario era escaso pero agradable, Las paredes eran blancas y todos los muebles de una madera tan oscura que casi parecía negra. A su izquierda había un peinador, lleno de perfumes, peines y cremas. Del lado derecho una enorme cama con dosel se alzaba imponente, con sabanas y cubrecamas de un inmaculado blanco brillante, parecían ser de seda. A un costado una puerta blanca que Elena supuso que era el baño. Y frente a ella un enorme balcón que abarcaba toda la extensión de la pared, con una gran puerta de vidrio doble, que en ese momento estaba abierta dejando flamear las cortinas también blancas, delante de ella había un diván de unos tres cuerpos tapizado en el mismo color.
La decoración enteramente blanca contrastaba increíblemente bien con los muebles oscuros, realmente no se esperaba aquello.
-Espero que esté a gusto aquí- Comentó la chica que recordó que se llamaba Bonnie- Encontrará ropa en el vestidor- dijo señalando unas puertas dobles cerca del peinador.- Allí está el baño, si le parece bien le traeré algo para que coma, seguramente lo necesita- Ella iba a negar pero la chica continuó- Volveré enseguida pero si se le ofrece algo pulse el botón que se encuentra en el comunicador junto al cabezal de la cama.- Diciendo esto hizo una pequeña reverencia y se retiró.
Elena suspiró, aquello era demasiado raro. Pero el miedo había remitido un poco siendo reemplazado por una enorme curiosidad. ¿Qué tendría para decirle aquél hombre? Muy a su pesar se moría por tomar una ducha. Entró al vestidor y se sorprendió una vez más al verlo rebosante de ropa de toda clase y además de su talla. Tomo unos jeans y la primera blusa que encontró y se dirigió al baño.
Una hora después, luego de un relajante baño y aún sin comer nada, se dirigía hacia la biblioteca guiada por Bonnie.
Entró y una sala con paredes enteramente forradas de estantes y libros le dio la bienvenida, varios sillones individuales se acomodaban formando un cuadrado alrededor de una mesilla baja. Allí en uno de ellos se encontraba Wes, que con una mano le indicó que se sentara frente a él.
Una vez que Bonnie los dejó solos él habló.
-¿Estas lista para esto Elena?- Preguntó, parecía genuinamente interesado en su opinión.
-Totalmente- Dijo intentando aparentar una seguridad que no sentía.
Wes asintió y acomodándose en el sofá que ocupaba comenzó a hablar.
-Tu padre, Grayson Gilbert era un reconocido abogado ¿Sabías eso?- Interrogó y Elena asintió lentamente.- Era muy bueno, pero cometió la estupidez de meter a la cárcel a alguien que no debía- Su gesto se volvió serio.- Mi padre, Robert Maxfield, era un hombre con poder, tenía varios tratos con algunos integrantes de la mafia de distintos países, pero nada que lo inculpara, hasta que tu padre consiguió pruebas y lo incriminó.- Wes se levantó a servirse un vaso de whisky- Cuando lo metió a la cárcel, en el allanamiento que se realizó en su residencia de aquel entonces, Grayson encontró unos papeles muy importantes, unos papeles que podrían decidir el destino de muchos- Hizo una pausa, Elena estaba nerviosa y ansiosa por saber más- Se los llevó con él y los escondió- Sus ojos se volvieron tristes.- Mi padre fue condenado a cadena perpetua por actividades relacionas al crimen organizado.- Sus ojos se perdieron en algún punto.- Enfermó en la cárcel y murió tiempo después, pero antes de eso ordenó a sus hombres que recuperaran esos papeles para que me los entregaran y yo pudiera ejecutar el plan.- volvió su vista a ella y su mirada se volvió suave- Les costó encontrar a Gilbert, porque su identidad estaba siendo protegida por ACO, pero al fin lo hicieron y cuando llegaron a su casa atacaron sin piedad.- Elena sintió un nudo en la garganta su vista comenzó a nublarse- Tu padre no quiso entregar los documentos a pesar de las amenazas y entonces los hombres cumplieron sus ordenes… El que se resiste a la mafia, debe morir- suspiró pesadamente, Elena estaba completamente en shock- Acribillaron a todos los habitantes de la casa, o eso pensaron...- Suspiró y negó con la cabeza- Si tan solo hubiera accedido, no habría pasado aquello- comentó con mirada afectada, pero Elena ya no lo escuchaba, de pronto un terrible dolor de cabeza la asaltó y todo se volvió negro.- ¿Elena?- Escuchó una voz preocupada, pero no había nada que hacer, se había desmayado.
Estaba sentada en su habitación jugando con sus muñecas, acababan de cenar y ya casi era su hora de dormir, su madre entró con una cálida sonrisa y un alegre Jeremy en sus brazos, que agitaba sus piecitos inquieto para poder bajar. Miranda lo puso en el suelo y el gateó hasta su hermana y la miró con una sonrisa traviesa. Ella lo miró divertida y le tendió una de sus muñecas que él comenzó a agitar en el aire.
-Cariño eh hecho pastel- le dijo con una sonrisa. Elena alzó su carita con una sonrisa.
- ¿De cuál mami?- preguntó ilusionada.
-Tu favorito cielo, chocolate- Dijo con un giño. Elena se levantó y comenzó a dar saltitos emocionada. Jeremy se unió a ella agitando sus bracitos y su madre rió.
-Vamos mis niños les dejaré probar un trozo- Comentó tomando a Jeremy en brazos y tendiéndole una mano a la niña.
Bajaron las escaleras de la pequeña casa y encontraron a Grayson sentado en el sofá viendo fútbol americano. Elena corrió a su padre y saltó sobre sus piernas.
-¡Mamá ah echo pastel!- Gritó emocionada. Grayson tomó el mando y apagó la tv concentrándose en su hija.
-¿Y a que debemos el honor?- comentó risueño revolviéndole los cabellos.
-Pues celebramos los 6 meses de Jeremy- Dijo su esposa dirigiéndose a la cocina.
Elena tomó a su padre de una mano y lo arrastró con ella.
Estaban allí cuando un sonido de vidrios rotos sonó en la planta de arriba. Grayson y Miranda se miraron asustados y los vio asentir con la cabeza. Al instante su padre la tomó en brazos y la llevó a la sala apresuradamente.
-¿Qué pasa papi?- preguntó un poco asustada. Su padre abrió el armario y la metió dentro.
-Jugaremos a las escondidas cielo- comentó y la niña se emocionó. -No quiero que salgas hasta que alguien te encuentre, de lo contrario perderás y no habrá pastel- ella asintió contenta y guardó silencio, entonces su padre la abrazó- Oigas lo que oigas, no salgas de aquí…te quiero Elena- le susurró, y acto seguido la encerró allí.
Elena esperó pacientemente pero de pronto notó que algo no iba bien. Se oían ruidos en toda la casa como si estuvieran golpeando o corriendo muebles y al instante unos gritos llenaron sus oídos. Se asustó y una lágrima bajó por su mejilla. Quería correr a ver qué pasaba pero su papi le había dicho que no saliera. Se asomó por las rendijas de la puerta y vio la sala vacía. Segundos después su madre con Jeremy fuertemente apretado contra su pecho entró por la puerta, estaba llorando y detrás de ella su padre con mirada de terror. Venían seguidos por tres hombres completamente de negro. Son monstruos pensó Elena y sollozó mas fuerte pero se cubrió la boca.
-Entréganos los papeles- Dijo uno de esos monstruos con voz gruesa y la niña tembló. ¿Querían ellos dañar a sus papis?
-No puedo hacerlo…- Dijo Grayson desesperado.
-¡Mentira!- Gritó otro monstruo y los apuntó con un arma. Elena palideció.
- Por favor, esto es asunto mío, dejen ir a mi familia…- suplicó.
-Haremos lo que se nos dé la gana- comentó el tercer monstruo.- ¿Vas a darnos los papeles?
-No puedo hacerlo no están aquí…- Dijo Grayson, parecía como si llorara.
-¡Mentira!- Gritó uno de los monstruos. Elena se cubrió los oídos.- Tú te lo buscaste, el que no coopera, debe morir.-
Elena abrió sus ojos grandes y escuchó. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete. Y vio a su padre caer pesadamente al suelo, ahogó un sollozó y el grito de su madre le heló los huesos.
Ya no controló las lágrimas, era pequeña pero no tonta. Su papi estaba muerto.
Miranda se desesperó y comenzó a gritar y sollozar desesperada. Dejándose caer a un lado del cuerpo de Grayson. Jeremy ante los estruendosos ruidos había comenzado a llorar.
-¡Calla mujer alertaras a todo el condado!- Gritó uno de los monstruos- Es una pena que a tu marido no le hayas importado lo suficiente como para salvar tu vida.- Lanzó una carcajada malvada y apretó el gatillo. Uno, dos, tres, cuatro. A la espalda, y su madre quedó tendida sobre el cuerpo de su padre sin vida.
Jeremy lloró aun más y cayó de los brazos de su madre, salió gateando asustado hacía ella. Elena puso la mano en la puerta, dispuesta a abrirla y defender a su hermanito, pero no llegó a hacerlo.
Ante el llanto incesante de Jeremy uno de los monstruos se acercó- ¡Eres un incordio! Lamentablemente para ti, ya no tienes quién te proteja.
Uno, directo a la cabeza y el bebé quedó inerte en el suelo. Un charco de sangre se extendió y pasando la rendija mojó los zapatos de Elena. La niña tenía los ojos abiertos de miedo, la cara desencajada y el corazón se le había subido a la garganta. Se desesperó, se quebró y un dolor inmenso le atravesó el pecho. Lanzó un grito tan estruendoso que resonó por toda la casa.
Los monstruos se dirigieron a ella pero estaba en Shock y no pudo hacer nada para huir. Y fue allí cuando se escucharon más disparos y los tres monstruos negros cayeron al piso. La niña se dejó caer al suelo. Inmóvil, con la mirada perdida.
-¡Registren la casa! Busquen sobrevivientes y si encuentran enemigos abran fuego- se escuchó.
Su cuerpo comenzó a convulsionar por el llanto, pero aun mantenía la mirada perdida y estaba en el piso, repleta de la sangre de Jeremy.
De pronto la puerta del armario se abrió. Y un chico se agachó frente a ella.
-Eh pequeña tranquila, todo estará bien ahora- No reaccionó.- Calma niña, ven conmigo- Le abrió los brazos.- Anda no voy a hacerte daño, mi nombre es Damon, yo te protegeré, estarás a salvo conmigo- Algo en aquella voz la hizo reaccionar y con un sollozó se arrojó a sus brazos y escondió la cara en su cuello.- Eso es, todo estará bien- Susurró aquella dulce voz acariciando su espalda.
El aroma que desprendía aquel ser le transmitió seguridad y pronto dejo de llorar, se aferró a él con todas sus fuerzas y de pronto todo se volvió negro.
Elena abrió los ojos y se sentó asustada. Estaba sudada y agitada. Había recordado, por fin aquel sueño se había completado en su mente y ahora recordaba con claridad lo que había pasado. Aunque deseó no haberlo hecho. El recuerdo de toda su familia asesinada cruelmente frente a sus ojos no es algo que quisiera tener en la mente.
Intentó calmarse. Miró a su alrededor y vio que estaba en la habitación de antes. Recostada en la gran cama de sabanas blancas. Suspirando se levantó y se dirigió al baño. No supo cuanto tiempo se quedó sumergida en el agua de aquella bañera de mármol, pero cuando recobró la conciencia el agua estaba helada. Salió y se vistió con lo primero que encontró, un suave vestido de algodón de color ocre pegado al cuerpo.
Salió de la habitación, necesitaba aire y aún así no sabía si podría salir de allí. Cuando abrió la puerta se encontró con Bonnie que traía una bandeja de comida.
-Que bueno es ver que se encuentra bien Señorita- Le dice la chica con una sonrisa- Será mejor que coma algo.
- Puedes llamarme Elena, y gracias pero no tengo hambre Bonnie- Le contestó.
-Pero Seño….- Se interrumpió ante la mirada de molestia de Elena.- Elena… hace más de un día que no come, debería probar algo.- Dijo preocupada.
-Estoy bien, solo no tengo hambre ahora mismo, prometo que comeré más tarde- intentó darle una sonrisa pero no lo consiguió.- ¿Puedo salir al jardín?- Preguntó rogando al cielo que le dijera que sí.-
-Claro, el señor Maxfield le ah dado vía libre en la casa e indicó expresamente que la ayudáramos a sentirse mejor.- Comentó con una sonrisa. Elena ya no sabía si sorprenderse o que hacer frente a la actitud de aquel hombre.
-¿Puedes guiarme?- le suplicó con la mirada. Bonnie asintió y aún con la bandeja en las manos la guió por el pasillo.
Bajaron las escaleras y tomaron el pasillo que estaba a la izquierda. El corredor acababa y giraba a la derecha, siguieron el camino y llegaron a un pequeño distribuidor con varias puertas. Bonnie tomó la que estaba frente a ellas y salió a un precioso jardín, con varios bancos blancos dispersos por allí, rodeado enteramente por una ligustrina que no dejaba ver más allá y coronado en el centro por una fuente de cemento blanco. Bonnie murmuró una disculpa diciendo que llevaría la bandeja a la cocina y la dejó sola.
Elena se acercó a admirar la fuente. El gran círculo inferior, estaba lleno de agua con algo de musgo por su antigüedad y en ella nadaban unos bonitos peces de colores brillantes. Sobre el circulo superior reposaba en una pose muy sensual, lo que Elena supuso sería alguna diosa griega o algo por el estilo, rodeada de lo que parecían ser olas y con un cántaro en sus manos del cual caía el agua. La figura tenía una corona de laureles y llevaba una túnica envuelta a su alrededor, su cara parecía de pena.
Estaba muy concentrada admirando la escultura cuando de pronto sintió unos gruñidos a sus espaldas y se tensó. Se giró lentamente y vio como un Rotweiller que le llegaba al menos a la cintura, estaba parado con pose amenazante y le enseñaba los dientes. Un sudor frío bajó por su espalda y Elena se congeló sin saber qué hacer.
-Tranquilo Sansón, ella es nuestra invitada- Escuchó una voz que parecía tierna y agradable.
Acto seguido un chico joven apareció en el jardín y se paró a un lado del perro acariciando sus orejas. El perro se calmó al instante y lamió su mano. Un nudo se formó en el corazón de Elena. Polo… sus ojos se llenaron de lágrimas e hizo lo posible por apartarlas.
-Lo lamento, no le gustan los extraños, es un gran guardián…- El chico guardó silencio al ver la cara de Elena.- ¿Estás bien?- Preguntó dando un paso hacia ella con semblante preocupado.
-S…Si… es solo que eh recordado a un gran amigo al que echo de menos- Le confesó. Algo en él le inspiraba confianza sin saber porqué. Tal vez eran esos cálidos ojos verdes, o su cabello claro desordenado que le daban un aire despreocupado. O la tierna sonrisa que le dirigió para tranquilizarla.
El perro se acercó a ella y no pudo evitar dar un paso atrás.
-Tranquila, deja que te huela y te conozca.- Le dijo el chico amablemente.- Una vez que lo haga y te acepte como una más de la casa ya no volverá a molestarte.- continuó.
Entonces se quedó quieta. El perro la olisqueó dando varias vueltas a su alrededor y luego se sentó frente a ella mirándola fijamente, abrió su boca jadeando suavemente y le lanzó un quejido.
-Quiere que lo toques.- Susurró el muchacho.
Elena con algo de miedo y tragando saliva, extendió la mano y la acercó. No había llegado a él cuando el perro se levantó de golpe y la lamió contento. Elena se asustó y el chico rió ante su expresión.
-Tranquila…- Luego levantó sus cejas con un gesto de sorpresa- Eso es record, le has caído bien al instante.- Dijo risueño.
-Disculpa si me asusta es que… está enorme.- Dijo algo más relajada.
El chico rió.- Tú debes ser Elena- Su semblante se volvió más suave y amistoso si era posible. Se acercó más a ella y le tendió una mano. Elena la estrechó sin duda y el chico la llevó a sus labios. La castaña se sonrojó un poco y el la soltó suavemente.- Soy el hermano de Wes- Se presentó.- Mi nombre es Stefan, Stefan Maxfield- Y le dedicó una sonrisa que no pudo evitar corresponder.
Disculpen la demora! tuve que salir a perseguir a mi inspiración! jajajaja.. Bueno, bueno... Era hora de que Stefan apareciera ¿no creen?... ¿Cual será su papel aquí?.. lo descubrirán muy pronto ;).. espero que les guste como va todo.. Estaré ansiosa de ver que les pareció!... Gracias por el apoyo y por leer! Nos vemos en el próximo... Blue :)
