Ya era inútil seguirlo ocultando, el carro estaba en el patio, cubierto con una lona, casi abandonado, de vez en cuando Trixie salía a darle un vistazo, pero ya no siquiera se molestaba en decir que iba a salir pronto de viaje.
-Trixie, querida ¿Puedes traerme el periódico? – preguntó su madre en la sala, Trixie lo hizo levitar hasta ella, sus padres estaban cada vez más plenos, parecía verdaderamente un par de monjes, se movían lento mirando todo a su alrededor, como si tuvieran sesenta años, pero se veían tan jóvenes como siempre, ahora que se podían quedar en casa y hacer un par de presentaciones a la semana, disfrutaban de casi un retiro, Trixie estaba feliz por ellos.
Pero si bien se querían, nunca habían estado tan ljanos, parecía que estuviesen en dos mundos diferentes.
-Voy a salir donde Mónica – dijo Trixie.
-No te demores, mañana tenemos una función – dijo su padre.
-Teniendo un par a la semana es imposible que se me olvide – respondió Trixie– voy a llegar temprano – terminó saliendo por la puerta principal.
Tanto los chicos como Mónica se habían convertido en toda su compañía a excepción de sus padres, Trixie solía pasar por la casa de la yegua tres o cuatro veces por semana, algunas veces sola, la mayoría con alguno de los chicos, pocas veces estaban todos juntos, pero en esos momentos Mónica brillaba con luz propia, radiante de alegría, a Trixie le gustaba ver a esa yegua riendo, ver a alguien tan débil poder ser tan feliz le daba ánimos para seguir adelante.
Aunque claro, dentro de todo eso estaban los momentos incómodos que se sucedían entre ellas.
-Hola Tough – saludó Trixie entrando a la casa de Mónica – no sabía que hoy salías temprano.
-Si, yo tampoco, pero había menos trabajo, así que me vine de inmediato – respondió el semental, que estaba leyendo el periódico en un sillón – Mónica te debe estar esperando ansiosa, así que ve de inmediato.
Trixie se quedó unos segundos en silencio, algo sorprendida.
-Yo no… - dijo suspirando - ¿Qué quieres que…? ¿Debería irme? – dijo acercándose a la puerta algo dolida.
-Hey, mi hermana está feliz de haberte conocido – dijo Tough – ni yo puedo leerle la mente, pero mientras sigas siendo amigable, prefiero que esté contigo a sola aburriéndose en cama.
-¿Gracias, supongo? – Dijo Trixie levantando una ceja - ¿Te han dicho que no tienes habilidades sociales Tough?
-Muchas veces – dijo sonriendo.
-Entonces ¿Puedo entrar? – siguió algo confundida todavía.
-Claro, adelante – dijo apuntando a la habitación, Trixie entró algo dubitativa.
-Trixie, hola – le saludó la yegua contenta, estaba sentada leyendo pero se separó del libro en un segundo – eres la primera en llegar.
-Te veo bien – dijo Trixie sonriendo – definitivamente más saludable.
-Gracias – dijo Mónica con una gran sonrisa, arreglándose la melena – me siento bien, estamos a fines de verano, así que se supone que al menos esta época no me esté mueriendo – dijo irónicamente.
-Muy graciosa… Como sea – dijo Trixie – me dijeron que viniera hoy, que iban a hacer algo especial, entonces ¿Qué sucede?
-Algo que hacemos de vez en cuando – dijo Mónica – antes lo hacíamos más, pero este último año me he sentido peor de lo normal.
-Si, Tough me dijo que antes salías a pasear por la ciudad, antes de que te enfermaras…
-Si, pero me recupero lento y decaigo rápido, antes de que llegaras pasé por un muy mal resfrío – dijo Mónica – he tenido los pulmones delicados desde entonces.
-Nadie me ha querido hablar de eso – dijo Trixie frunciendo los labios.
-Es delicado – dijo Mónica jugando con las sábanas entre sus cascos – me da… miedo hablar de eso… simplemente nos descuidamos un poco y… cuando me desperté me dijeron que había estado dos semanas dormida… No es nada contra ti, solo no me gusta hablar de eso.
-No me imagino cómo puede ser – dijo Trixie – ojalá no te vuelva a pasar – dijo acercándose y acariciando su melena, Mónica se agachó para recibir la caricia, riendo.
-Ojalá no, pero por mientras ¿Podrías mover el equipo al comedor? – dijo Mónica.
-Okey – dijo Trixie – no sé que estoy haciendo – dijo caminando burdamente hacia el comedor arrastrando el equipo, lo que le valió unas risas de Mónica, sentado estaba, le era muy fácil hacerla reír.
-Supongo que voy a empezar a mover los muebles – dijo Tough levantándose, Trixie levantó una ceja, intrigada.
-¡Hola Trixie! ¿Preparada para ver algo de… singular belleza? – dijo Hiden teatralmente al entrar, Wicked entró y le dirigió una agria mirada, Wicked y ella se llevaban solo por Mónica, pero cada vez se caían peor, cada uno quería que Mónica botara al otro, y ambos sabían que eso jamás iba a suceder, de lo poco que hablaba, Forged le caía bien, pero era demasiado callado y cercano a Wicked como para generar un vínculo.
-Supongo que sí – dijo Trixie encogiéndose de hombros – por algo estoy aquí.
-Estás aquí porque no tienes nada mejor que hacer – dijo Wicked.
-Y tú porque no tienes NADA que hacer – le respondió Trixie, ambos se miraron molestos unos segundos.
-Cambien la cara, es la primera vez que Mónica puede hacer esto desde hace mucho tiempo – dijo Forged, ambos se dieron vuelta con sus respectivas sonrisas al tiempo que Mónica salía de su habitación.
Estaba vestida, tenía un fino pero completo abrigo, desde botas a bufanda, de tela, tampoco era la idea morirse de calor.
Tough puso el equipo a funcionar sin que Trixie se diera cuenta, y de los parlantes empezó a sonar un bello tango. (Por una cabeza)
-Pido la primera pieza – dijo Tough, avanzando hasta encontrarse con su hermana.
-Solo no me botes como la última vez – dijo Mónica sonriendo.
-Nunca me vas a dejar olvidar eso ¿cierto?
-Es divertido que te moleste tanto cuando no me pasó nada – dijo Mónica levantando sus cascos delanteros y apoyándolos en los hombros de Tough.
Mónica puso sus patas encima de las de Tough, se sujetaron por la cintura, y comenzaron a girar al ritmo de la música.
Antes siquiera de poder encontrarlo cursi, Trixie se dio cuenta de la gran sonrisa de Mónica, y algo que casi nunca lograba ver en ella.
Calma, calma y relajo, la falta de angustia, de presión, y eso fue suficiente, simplemente verlos así la hizo feliz a ella.
-A ella le gusta hacer eso, pero es difícil llevar por completo a una yegua, en el orfanato, el único que lo hacía siempre que podía era Tough – le dijo Hiden al lado suyo – aquí solo Forged puede seguirle el paso, Wicked y yo solo un minuto, no somos ponis de tierra después de todo.
-Se la ve contenta – dijo Trixie sonriendo.
Mónica reía a cada tropieza o atraso que tenía con su hermano, la música llenaba el espacio y le daba a la casa un ambiente acogedor, hasta Wicked parecía un poni agradable en ese momento.
-Mi turno – dijo Forged avanzando hacia el centro, Tough se separó y se sentó a su vez, Forged era el único que podía mantener el paso un tiempo sosteniendo casi todo el peso de Mónica, esta vez el baile no era tan cercano, pero se notaba el cariño que Mónica le tenía al unicornio, Forged sonreía y parecía nervioso de dejarla caer o errar el paso.
Wicked era más malicioso, giraba y obligaba a Mónica a esforzase más, y en varias ocasiones parecía que estaba a punto de dejarla caer, Hiden por su parte parecía más grácil que la propia yegua, bailaba casi pavoneándose con Mónica, que reía divertida con cada uno de sus gestos.
-¿Tu no bailas Trixie? – preguntó Tough, que ahora estaba al lado de ella sin que se diera cuenta.
-No, yo jamás he aprendido a hacerlo – dijo Trixie.
-Bueno, yo podría enseñarte – dijo el semental encogiéndose de hombros – y de todas formas a Mónica no le va a gustar que te quedes aquí sentada sin participar.
-Entonces acepto, no quiero arruinarle la diversión a tu adorable hermana – dijo Trixie, pero de todas formas se levanto con una sonrisa, de inmediato Tough la tomó y puso sus cascos encima de los de él.
-Creo que puedo hacerlo sola – dijo arqueando las cejas.
-Tú misma dijiste que no sabías, yo solo te estoy enseñando – dijo Tough tomándola y empezando a hacerla girar por el lugar.
No muchos ponis bailaban así, de hecho es más visto entre los grifos o los minotauros, pero Trixie pensó en que era la única forma en que Mónica les podía dejar todo el esfuerzo a los demás, Trixie se dejó arrastrar por el movimiento de Tough.
Sentía algo parecido al vértigo, no le agradaba demasiado dejarse llevar por alguien más, como si sus movimientos no le pertenecieran, mientras intentaba relajarse se puso a observar a Mónica, que se dejaba llevar mientras su risa bajaba y parecía estar disfrutando una relajación profunda, casi como cuando ella meditaba… cosa que desde hace mucho tiempo no hacía.
-Gracias Tough, pero no creo que esto sea lo mío – dijo Trixie en un momento, alejándose del semental.
-Como quieras – dijo Tough – pero siempre hay que probar ¿Cierto?
-Claro, aunque creo que eso sería lo último de baile para mí – dijo Trixie sentándose de nuevo.
Desde ese momento Trixie se dedicó a mirar mientras los demás casi realizaban una fiesta alrededor de la pegaso, podría haberse visto extraño, pero cualquiera que hubiera estado en la habitación se hubiera dado cuenta que entre ellos, incluso Wicked, no había más que un espíritu protector, un ansia de hacer feliz a la yegua, de hacerla sentirse a gusto.
Esos tres ladronzuelos pobres y el trabajador incansable habían encontrado en la felicidad de Mónica una forma de darle a sus vidas algún sentido.
Trixie se sintió profundamente legre de ver a esa yegua débil y enfermiza lo suficientemente fuerte como para bailar.
Mónica cayó cansada al lado de Trixie tiempo después, con lo poco que había hecho, estaba completamente sudada y había perdido el aliento, su hermano le entregó de inmediato una chaqueta para que se abrigara.
-Jaja, hace mucho tiempo que no hacía eso – le comentó Mónica mientras recuperaba la respiración – hace más de dos años de hecho.
-La verdad no pensé que me iba a encontrar esto – dijo Trixie sonriendo – todavía me cuesta absorber la idea de verte bailando.
-Me conociste en un mal momento – dijo Mónica – voy a levantarme de vez en cuando este verano, así voy a poder salir a pasear un día de estos.
-Avísame para invitarte a mi casa – dijo Trixie – a mis padres les gustaría verte.
-Te… ¿Te lo dijeron o tú crees? – preguntó Mónica nerviosa, algo sorprendida.
-Me dijeron, al fin y al cabo, eres mi primera amistad desde mi relación con Sunset, cuando nombró a su antigua novia, la pegaso se mordió los labios, dudaba, pero de todas formas preguntó.
-¿Cómo era ella? Lo siento si no quieres hablar de eso, pero me da curiosidad – dijo Mónica.
-Ella… - dijo Trixie suspirando y dudando unos segundos – era una yegua impetuosa, impertinente casi, aunque fue cambiando hacia el final, era muy inteligente y una muy buena hechicera – dijo Trixie – era apasionada y amorosa, honesta aunque algo bruta, pero lo que más me gustaba de ella era que nunca me discriminó, en ninguna medida, luego se le hizo difícil la relación pero nunca me miró hacia abajo…
Trixie siguió hablando de Sunset a medida que Mónica le preguntaba sobre ella, el rostro de Mónica se fue tornando cada vez más calmo, pero al mismo tiempo resignado.
-¿Qué pasa Mónica, estás bien? – preguntó Trixie.
-Si, perfectamente – dijo ella buscando decir algo creíble – es solo que nunca voy a poder ser una pareja así para nadie, mi hermano es el único que puede soportar… bueno, esto- dijo apuntándose a si misma, frunciendo los labios como excusándose.
-No digas eso – dijo Trixie, en ese momento los sementales se estaban peleando las galletas que quedaban en la mesa – cada uno tiene algo que ofrecer, si alguien te quiere te va a querer como eres, o al menos, debiera ser así…
-Pero Sunset no lo hizo – susurró Mónica, luego abrió los ojos asustada - ¡Lo siento! No quería decir algo así.
-No, está bien… y Sunset si me quería como era, solo que eso no fue suficiente… - dijo Trixie – y deberías ducharte, me da nervio verte sudada.
-Sí, si sigo así voy a poner a mi hermano nervioso – dijo Mónica mirando al semental que se comía todo mientras los unicornios intentaban arrancarle las galletas de los cascos con magia – ¿Tú te vas de inmediato?
-No, ya saben en casa que no voy a llegar a la hora de cenar, así que me puedo quedar un rato más – dijo Trixie – tu solo apresúrate, nadie quiere que te enfermes.
-Okey – dijo Mónica caminando rápidamente hacia el baño – tu quédate ahí, vuelvo en diez minutos.
Trixie se quedó relajándose en el sillón, los chichos seguían por su lado peleando por la comida, Trixie se quedó mirando el techo, pensando en que se estaba sintiendo demasiado cómoda cerca de su amiga, hasta que poco después escuchó a Mónica salir del baño.
-Tal vez no haya sido tan buena idea bañarme a esta hora – dijo la yegua, temblando ligeramente, Trixie sonrió y con magia le quitó la toalla que la estaba cubriendo - ¿Qué haces Trixie? Tengo frío – dijo con un puchero.
-Solo espera un segundo – dijo Trixie, mientras su cuerno brillaba, un aura azul con retazos anaranjados envolvió a Mónica, era el mismo hechizo que años más tarde secaba su cuerpo en unos cuantos segundos, solo que esta vez no era tan potente, Mónica sintió su melena levitar mientras veía como de todo su cuerpo salía un cálido vapor, hasta que su pelo estuvo casi incómodamente seco, mientras se secaba, el calor la hacía sentir a gusto y cerró los ojos diputando el cobijo que Trixie le entragaba, cuando se terminó estaba algo grogui.
-Joder, si no es práctico tener un cuerno – dijo Tough poniéndole una chaqueta a su hermana – los unicornios lo tienen fácil, siempre lo he dicho.
-Tal vez – dijo Trixie – como sea, yo iba a hacer eso, ahora me voy – dijo levantándose del sillón – adiós, cuídense – dijo agitando un casco mientras se dirigía a la puerta, Mónica de inmediato se apresuró hacia Trixie, y le puso un casco en el hombro.
-¿Vas a volver a venir cierto? – preguntó Mónica a la yegua.
-Siempre me haces la misma pregunta, y siempre te respondo lo mismo – dijo Trixie sonriendo – por supuesto que voy a seguir viniendo.
-Sí, cierto, lo siento – dijo Mónica sonriendo – adiós, cuídate Trixie.
-Cuídate también Mónica – dijo recibiendo un simple adiós de los demás, para luego salir al atardecer, sabía que Mónica había estado mirando la puerta hasta perderla de vista.
Más tarde estaba comiendo en su casa mientras sus padres se relajaban en el sillón, pensando.
-Mamá, los errantes tienen sus propios bailes ¿Cierto? – preguntó Trixie.
-Sí, unos cuantos, aunque nosotros nunca bailamos demasiado – dijo Frelia – tampoco es que nos desagrade.
-¿Puedes enseñarme? – preguntó Trixie, su madre se dio vuelta intrigada.
-¿Tu bailando? Pero si jamás te ha interesado.
-Sí, pero no hace daño al menos saber cómo hacerlo ¿Cierto? - dijo Trixie encogiéndose de hombros, su madre hizo lo mismo y se giró para seguir descansando en el sillón.
-Está bien, te voy a enseñar – dijo Frelia – pero desde mañana, ahora mismo estoy muy cansada.
-Okey – dijo Trixie ignorando el hecho de que casi no había hecho nada ese mismo día, se concentró de nuevo en su comida y salió para mirar largamente el carro.
¿Estaba empezando a ser una postergación eterna? Ese pensamiento, y eso era lo peor, le estaba dando cada vez menos miedo, luego de suspirar fue a dormir.
Semanas más tarde iba a la casa de Mónica, esta vez para acompañarla a dar un corto paseo.
-Mónica, apresúrate, no quiero salir contigo demasiado tarde – decía Trixie en la habitación mientras la pegaso buscaba con que salir en el armario.
-Paciencia, tampoco es que me vaya a morir – dijo descartando algunas prendas.
-No bromees con eso – dijo Trixie frunciendo el ceño - ¿No puedes salir con lo que has salido siempre?
-Una, se está lavando, segundo, si no salo nunca, prefiero verme bonita – dijo Mónica escogiendo las prendas y pidiéndoselas algo lento.
-Déjame ayudarte – dijo Trixie acercándose y usando sus cascos para pasar el vestido casual por el cuerpo de Mónica, la yegua se puso rígida por un segundo.
-No… no necesito tanta ayuda Trixie – dijo Mónica sonrojada intentando cubrir su rostro con su melena.
-Eres más linda cuando no estás tan terca, deja de moverte y déjame ayudarte – dijo Trixie, Mónica se inmediato dejó de moverse y se irguió, Trixie hizo pasar el vestido, le ayudó con unas botas t le puso un sombrero – ahí, ya estás lista.
Tenía una vista encantadora al frente, Mónica vestía el sencillo vestido amarillo crema y el sombrero del mismo color, y le quedaban perfectamente, incluso siendo algo extraños considerando el color de su pelaje, las botas eran de tono beige, cómodas y gruesas, pero de diseño delicado, las formas de todo acentuaban la curvatura de la yegua, y acentuaban su rostro bastante bello por cierto, Monica intentaba arreglar cada detalle nerviosamente.
-¿Cómo me queda? – dijo sin mirar a Trixie.
-Te vez bellísima – dijo Trixie con honestidad, Mónica tragó luego de perder el aliento miró a Trixie, que ya se había dado vuelta, con cierto anhelo – vamos andando, quiero que estemos aquí de vuelta antes de que se oculte el sol.
Trixie tenía que caminar muy lento para no forzar el paso de la pegaso, Mónica no solo caminaba lento, si no que le gustaba pasear viendo cada detalle a su alrededor, como resultado, caminaba casi sin darse cuenta, como si el viento la empujara, al rato Trixie empezó a caminar hacia delante y hacia atrás rodeándola solo para no desesperarse.
-Entonces ¿Dónde quieres ir? – preguntó Trixie.
-¿Vamos al parque? – Preguntó Mónica – en este momento tiene que verse hermoso…
-Adelante, yo te sigo – dijo Trixie con una sonrisa.
Su relación era así, tal vez demasiado simple y amistosa, pero a Trixie le gustaba, era cómodo y fácil, no tenía que pensarlo demasiado, simplemente le gustaba ver a Mónica feliz, a la pegaso, por su parte, aunque no se notara, la estaba desesperando.
-¿Estás bien Mónica? – le preguntó Trixie cuando la vio con el ceño fruncido y mirando al asuelo.
-Ah, si perfecto – dijo con una sonrisa desganada – solo estaba pensando.
-Dime si te cansas demasiado, puedo ayudarte – dijo Trixie poniéndole un casco en el hombro.
-No, gracias, estoy bien – dijo Mónica nerviosa, imaginando caminar apoyándose en Trixie.
-Como quieras, pero si estoy aquí es para cuidarte, recuérdalo.
Caminaban conversando entrecortadamente, mucho tiempo simplemente estaban en silencio mirando el camino, Mónica miraba el rostro de Trixie a cada segundo para saber si la estaba aburriendo, pero ella simplemente sonreía, parecía estar contenta con salir con ella, Mónica intentaba calmarse, ese era un mal día para estar tan nerviosa.
Llegaron al gigantesco parque central de Manehatan y una cansada Mónica se sentó en la banca al lado de Trixie.
-Oh, que molesto es tener que recuperar el aliento a cada rato – dijo Mónica.
-Para eso sales ¿Cierto? O sea, si sigues así de sana y sales a pasear de vez en cuando vas a empezar a tener más energía, al menos eso me dijo tu hermano.
-Sí, eso mismo, para mí esto es como hacer ejercicio, nunac voy a poder correr una maratón, pero si me cuido en todo momento y hago un esfuerzo voy a poder llevar una vida más o menos normal – dijo suspirando.
-Deja de pensar en eso – dijo Trixie – no te hace bien.
-¿Pensar en qué?
-Desde que te vi bailar te la pasas suspirando y mirando al suelo – dijo Trixie – estás pensando en que nadie va a querer estar contigo ¿Cierto? Además de que le molestas a tu hermano… - Mónica se sobresaltó un poco, no se había dado cuenta de era tan obvio, además ni siquiera se había dado cuenta hasta ese momento.
-Yo… si, me declaro culpable, he estado deprimida por eso – dijo Mónica – en especial desde que me hablaras de Sunset.
-¿Por qué fui un estorbo para ella? – preguntó Trixie con una sonrisa irónica.
-¡No, claro que no! – Saltó Mónica de inmediato – nunca quise decir eso, no, lo digo porque… bueno, yo nunca hubiera podido hacer algo así por otro poni, encerrada en mi pieza…
Trixie se la quedó mirando solo un instante, antes de seguir.
-Mira, yo pasé por algo parecido siendo una errante y estando con la hija de un diplomático. Y te puedo decir que tienes que quitarte todas esas ideas de la cabeza – Mónica la miró algo incrédula – tu, y solo tú, exactamente como eres, tienes algo único que ofrecer a los demás, yo no sería Trixie si no fuera errante, y tu no serías Mónica si no hubieras tenido que superar todo esto, y por ahí hay alguien que necesita una Mónica para tener su vida completa – Trixie hizo un corto silencio para que Mónica absorbiera sus palabras - ¿Entiendes? – Le preguntó tomando su casco de una forma reconfortante – eres un gran poni, y una gran yegua, una en un millón, deja de preocuparte tanto.
Mónica la miró unos segundos mientras las palabras, ansiadas, con un significado real, iban adentrándose en ella y relajándola, se limpió una única lágrima que caís por su rostro.
-Gracias… se que debería estar feliz con cómo me cuida mi hermano y mis amigos, pero de cualquier forma siempre pienso que al final voy a quedarme sola, porque nadie tiene porque hacerse cargo de un…
-Si dices algo como estorbo me voy a enojar contigo – interrumpió Trixie seria, Mónica la miró sorprendida – no eres, en lo más mínimo, un estorbo para nadie, es más, no eres más que una alegría para los chicos, los cuatro – dijo Trixie – y para mi eres una muy buena amiga, y la primera desde que terminé con Sunset, así que no pienses más en eso, no te sirve de nada – dijo abrazándola por los hombros.
-Okey- dijo sin mucha convicción la yegua, pero asintiendo con fuerza, para convencerse, sonriendo cada vez más alegre – bien, si, voy a creerlo, porque quiero creerlo, tener a Trixie tan cerca la hacía sentir su estómago bailar tap.
-Bien – dijo Trixie, luego se hizo un silencio de nuevo.
-Este parque es hermoso en esta época – dijo Mónica al rato.
-Mucho, más que el de Canterlot de hecho… - se quedaron horas conversando al Sol.
Estaban de vuelta en casa de Mónica antes de que el Sol se ocultara.
-¿A qué hora se supone que va a llegar tu hermano? – preguntó Trixie.
-Hoy tiene turno doble – dijo Mónica – para tener libre el viernes y salir conmigo.
-O sea que todavía falta bastante.
-Si quieres puedes irte – dijo Mónica sentándose al lado de Trixie en el sillón.
-No, está bien, de todas formas no tengo nada que hacer en mi casa, mis padres no tienen espectáculo hasta la próxima semana, además, lo que hacen suele ser bastante simple.
-Entonces ¿Qué quieres hacer?
-Podrías poner a Satie – dijo tentativamente Trixie.
-¿De nuevo? – Dijo Mónica frunciendo los labios, le molestaba ser tan aburrida, aunque no se había dado cuenta de eso con los chicos – yo solo escucho música, leo y bailo, no sé que más ofrecerte.
-Mónica, no necesitas entretenerme en todo momento – dijo Trixie – si quieres puedo leer contigo, aunque a ti te gustaría bailar, supongo.
-Sí, pero mi hermano no está, así que es imposible.
-Sabes… he estado aprendiendo a bailar con mi madre – dijo Trixie – no puedo bailar así contigo, pero creo que podría haberle agarrado el ritmo como para bailar un tango.
-Sería útil si pudieras sostenerme – dijo Mónica rechazándolo amablemente con el casco – pero Hiden apenas y puede hacerlo medio minuto…
-Por favor – dijo Trixie acercándose al equipo y poniendo su tango favorito en el tocadiscos – yo he sido entrenada por la mismísima academia de Canterlot, algo puedo hacer para compensarlo.
Se acercó a Mónica mientras sonaba la música e hizo el amago de tomarla, en ese momento su cuerno brilló envolviendo los cascos y la cadera de la pegaso, se levantó y junto con la fuerza natural de Trixie, pudo sostenerse en pie, Mónica lucía algo desconcertada, pero sin pensarlo puso sus cascos encima de los de Trixie.
-Al menos una pieza puede ser, además, admito que envidió a los chicos por poder hacer esto – dijo Trixie empujando de Mónica y empezando a girar.
-Jajá – dijo Mónica brillante de alegría - ¡No pensé que pudiera hacer esto contigo! ¿No se te hace raro?
-Soy una errante, no conozco la etiqueta de los ponis de Equestria – dijo Trixie encogiéndose de hombros, ambas rieron divertidas mientras seguían girando al ritmo de la música (Por una cabeza, de nuevo XD)
Trixie intentaba concentrarse en los pasos, pero Mónica la miraba de frente, Trixie miraba sus cascos sin notar que la mirada de Mónica se volvía cada vez más decidida y seria, la pegaso había estado todo este tiempo entre dudas, al principio se había rendido sin siquiera intentarlo, pero mientras más se acercaba Trixie a ella más insegura de su decisión se sentía, a decir verdad, lo que la decidió fueron las mismas palabras de coraje de Trixie, y lo acogedor que se sentía su tacto, para cuando llegaron al final de la pieza, el rostro de ambas estaba cansado y sudoroso.
-Okey, eso fue todo – dijo Trixie intentando recuperar el aliento, pero Mónica no respondió – estoy agotada, no sé como tu hermano puede hacerlo ver tan fácil… ¿Mónica? – preguntó mirando al frente cuando se dio cuenta de que la yegua no la soltaba.
Trixie solo tuvo un segundo para darse cuenta de lo que pasaba cuando vio el rostro enrojecido y decidido de Mónica, la miraba demasiado intensamente para que pudiera sentirse tranquila "¡Oh, no!" pensó un segundo antes de que la pegaso se adelantara y le diera un beso.
Trixie se paralizo con los ojos abiertos, en terror, Mónica tenía los ojos cerrados, y empujaba suavemente a Trixie en su impulso, pero ella no respondió, estuvo paralizada unos segundos antes de reaccionar, saltó hacia atrás como si Mónica la quemara.
-¡Aah! – Mónica dio un gritito de sorpresa antes de caer de cara al suelo.
-¡Ah, joder lo siento! – dijo Trixie acercándose para ayudarla, pero a medio camino se detuvo, no se atrevió a tocar a Mónica en ese momento.
-¡Me dejaste caer! – Dijo Mónica levantándose con dificultad – eso me dolió… - dijo sobándose el morro.
-¡Bueno, tu llegaste y me besaste de golpe, que querías que hiciera! – preguntó Trixie.
-Honestamente, que te quedaras quieta – dijo Mónica.
-Dime que es una broma – dijo Trixie agarrándose la cabeza, el momento se había roto en un segundo, Trixie parecía incluso más alterada que Mónica, estaba casi histérica.
-No es una broma – dijo Mónica – yo quería besarte.
-Mira, dejémoslo hasta aquí ¿Okey? Todo esto fue un malentendido – dijo Trixie poniendo un casco delante suyo – yo… yo solo me voy de aquí y nos olvidamos que esto pasó.
-No – dijo Mónica, se mordió el labio, parecía tan débil como siempre pero la miraba con el ceño fruncido y se acercó entrecerrando los ojos – no, no me voy a olvidar de esto, ¡Tú me…
-No digas eso – pidió Trixie con un quejido.
-¡Me gustas! – Dijo Mónica, lego su cabeza cayó como si hubiera perdido la fuerza – al menos tenía que decírtelo… ¡Pero estoy segura de que sabías, no puede ser que no te hayas dado cuenta!
-Supongo que preferí no darme cuenta – dijo Trixie – mira, lo siento Mónica, pero no puede ser, no voy a estar contigo, lo siento.
-O sea que todo lo que dijiste afuera era mentira – dijo Mónica - ¿Tan segura estás que ni siquiera puedo tener una oportunidad de algo?
-Mira – dijo Trixie con la garganta seca, se tomó la frente con el casco confundida, no tenía idea de cómo reaccionar - ¡Ah, dioses! ¿Por qué tenías que hacer esto Mónica? ¡Todo era más simple hace diez minutos!
-Bueno, lo siento, pero ya no podía quedarme callada – dijo la pegaso – desde el principio pensé que era mejor quedarme callada… porque no pensaba que pudiese ser una buena pareja… pero luego vas y me dices todo eso, y vienes a mi casa casi a diario, y me abrazas y ahora te pusiste a bailar conmigo ¿¡Que se supone que tenía que pensar? me confundes, yo ahora mismo pensé que tenía alguna chance, estás jugando conmigo Trixie! – dijo Mónica agarrándose el pecho y mirándola con los ojos rojos.
Trixie retrocedió mirando a la yegua, era cierto, si hubiese sido honesta se habría alejado, ella le había dado cuerda al asunto, y había preferido no darse cuenta de eso, Mónica la miraba fijamente, esperando una respuesta.
-Lo siento, en serio lo siento Mónica, no quería hacer eso – dijo Trixie bajando la cabeza – yo me voy… me voy y no voy a volver por aquí.
-¡No! – Dijo Mónica - ¡No, de todas formas eres mi amiga, la única que tengo, no quiero no volver a verte! – dijo Mónica entrando en pánico.
-No hay otra forma, si te gusto me tengo que ir, es lo único.
-¡Pero ni siquiera te has detenido un segundo a pensarlo!- dijo Mónica – dime, honestamente, que no te gusto en lo más mínimo – Trixie abrió la boca para hablar, pero no pude hacerlo, Mónica le parecía tierna, adorable incluso, un poni a la que le gustaría proteger, pero definitivamente no se había enamorado de ella.
Incluso así, habían parejas que empezaban a salir antes de enamorarse, Trixie, no obstante, no podía pensar en eso como una buena idea, en su mente solo era un camino directo al fracaso, lo único que quería era algo simple, donde no tuviese que complicarse demasiado, como se había complicado con Sunset.
-¿Lo ves? No puedes hacerlo – dijo Mónica – yo… yo puedo intentar hacerte feliz, no digo que vaya a ser así, solo quiero una mínima oportunidad, solo quiero que lo intentes conmigo, y si no se puede, no importa, podemos ser amigas – dijo bajando un poco la cabeza, pero mirando de frente.
Trixie la vio acercarse lentamente mientras, sin entender porque, empezaba a respirar agitadamente y sus cascos empezaban a temblar con miedo, casi como si tuviera un depredador al frente.
-Tu dijiste que tenía algo único dentro mío – dijo Mónica – tal vez no sea la historia romántica perfecta, pero quiero ver si podemos hacerlo funcionar – dijo acercándose de nuevo hasta estar frente a frente, Trixie ya podía sentir el aliento de Mónica, y vio cuando cerró los ojos de nuevo, tomando su silencio como un sí.
-Lo siento – dijo Trixie, se alejó de ella con el pelo erizado – realmente lo siento – dijo secamente, luego se encascó el sombrero y salió en indigno escape, corriendo tan rápido como podía.
-¡Trixie, espera! – gritó Mónica intentando alcanzarla, pero se tropezó y apenas evitó caerse, cuando miró al frente de nuevo estaba completamente sola, bajó la mirada al suelo deprimida.
-Mentirosa…
Esa noche Mystic despertó por un sonido fuerte y constante, eran las diez de la noche, y levantó la cabeza con el ritmo, que al parecer veía del patio.
Caminó lentamente hasta la puerta, restregándose un ojo, e sonido se hacía más fuerte y venía acompañado de un fuerte resoplido, cuando abrió la puerta vio a Trixie martillando el carro desde hace largo tiempo abandonado, con demasiada fuerza, y con el rostro contorsionado.
-¿Trixie, que haces martillando tan tarde? Y en esa cosa más encima ¿Cuándo la vas a abandonar de nuevo.
-No lo voy a hacer – dijo Trixie dándose vuelta a mirar a su padre, bajo la mascarada dura de su hija, Mystic alcanzó a ver el miedo confuso que cualquier poni joven tiene de vez en cuando, pero que no esperaba encontrar en su hija.
-¿Que pasa hija, que te hizo reaccionar así? – preguntó directo como siempre, con un tono preocupado.
-Nada papá, solo… he estado demasiado tiempo aquí – respondió Trixie, su padre se quedó mirándola unos minutos, mientras golpeaba el carro una y otra vez, descargando su frustración contra la madera.
Trixie estuvo semanas sin ver a Mónica.
Bloqueo, batallé con este capítulo, afortunadamente el resto lo tengo perfectamente planeado en mi cabeza.
