Una vez más la rubia de ojos verdosos se miró al espejo y se recolocó la corbata.
Bajo sus ojos descansaban un par de marcas color morado y unas líneas bien marcadas que reflejaban el tipo de vida tan estresante que llevaba últimamente. Se había pasado los últimos tres años estudiando y trabajando con la intención de continuar adelante, tratando de vivir una vida normal y muy distinta a la que había llevado con su padre, una vida que iba a sacarlo a los dos de los líos en los que se habían metido por robar a los Kaioh años atrás.
Trató de peinarse pero su cabello dorado y rebelde le impedía ni siquiera que el peine se moviera un par de centímetros entre sus enredos. Soltó un enorme suspiro y lo dejo a un lado de la mesita de noche, apoyó ambas palmas de la mano sobre el mueble y agachó la cabeza mientras recordaba como había sucedido todo aquello.
Después del robo en la mansión por parte de su padre, todos los beneficios que habían sacado los habían tenido que guardar durante un buen tiempo en el mismo sitio de siempre –un zulo situado en las afueras de la ciudad, cubierto de cemento y con solo una única y peligrosa forma de entrar- era la única forma que tenían para evitar que la policía se diera cuenta de la cantidad de movimientos en negro que iban haciendo a través de pequeños gastos prácticamente indetectables pero, la fuerte enfermedad de la madre de Haruka hizo que en un momento dado, Morton decidiera hablar con un viejo conocido que en su día le había ofrecido ayuda y una especie de sociedad.
El tiempo fue pasando y el tratamiento de la madre empezó a ser un gasto mayor, Morton necesitaba el dinero y el conocido por fin le presentó la solución –temporal- a sus problemas.
La mafia iba a encargarse de blanquear el dinero si a cambio podía quedarse con un 40% del beneficio en limpio. El trato era bueno pues no había amenaza alguna de que la policía les siguiera la pista y, al ser un trato con personas de su mismo mundillo, no tenía porque temer a que se la jugaran. Los Tenoh aceptaron y poco después, como caído del cielo, les toco el tercer premio de la lotería nacional.
Haruka se movió por la habitación en busca del chaleco negro que le había regalado su padre cuando tenía dieciséis años, el último regalo que había podido hacerle días antes de que lo llevaran a la cárcel. Se lo colocó y salió del pequeño espacio que era su cambiador para ir a dar paso a una habitación de un solo ambiente. Sobre la encimera había una pequeña caja, adornada con un lazo azulado y que debía coger antes de irse durante toda la tarde.
Comprobó que la casa estuviera decente-o al menos sin ropa sucia de por medio y con la cama hecha- bebió algo de agua, cogió la caja con el lazo, comprobó que tuviera las llaves y el móvil y se fue a visitar a su padre.
Mientras caminaba en dirección a la prisión, Haruka fue pensando en sus quehaceres pues era el único día libre que tenía y tampoco quería dejar a su madre tirada en un día tan especial. El único problema que tenía era no poder disfrutar de su cumpleaños con la familia junta pero, teniendo en cuenta la situación familiar, era algo imposible.
Dos horas más tarde, la rubia se encontraba nerviosa por la cantidad de preguntas rutinarias que le estaban haciendo y por la inspección tan rigurosa que hacían al trozo de pastel que llevaba en la pequeña caja para su padre. Encontraba muy bien el hecho de que hubiera tanta seguridad por si algún preso se escapaba pero nunca se había sentido cómoda teniendo que pasar todo ese control. Finalmente llevaron a la chica por un pasillo que muy bien conocía y le hicieron pasar a una sala donde un hombre de edad avanzada esperaba con un mono anaranjado.
-¡Papá!- Haruka corrió hacia su padre para abrazarlo con todo el cariño del mundo no sin antes dejar la caja sobre la mesa.
-¡Haruka… Hija mía, feliz cumpleaños- La voz de Morton era la de un hombre cansado de luchar y dispuesto a abandonar todo si la vida continuaba tratándole mal.
-Te he traído algo papá, espero que te guste- Le dio la caja para que comiera el único trozo de pastel que había dentro.
Padre e hija se sentaron, cada uno en un extremo de la mesa y bajo la atenta mirada del guardia de seguridad que les miraba como si les diera asco.
-Hija, siento mucho no poder estar contigo y con tu madre en un día como este…-
-No te preocupes papá, estoy trabajando mucho para poder pagarte la fianza que impuso el juez-
-Haruka, sabes de sobra que el día que puedas pagarla ya habré salido yo por buena conducta- El hombre se echó a reír mientras desenvolvía el pequeño pastel de limón.
-No digas eso, últimamente lo he estado haciendo muy bien en el trabajo y me han dicho que quizás me asciendan-
-Haruka, no te engañes, sabes de sobras que los Kaioh no dejaran que eso suceda-
Haruka negó con la cabeza mientras rememoraba el día del juicio de su padre.
Después de haber logrado el dinero, la mafia vendió uno de los objetos que Morton les había dado en el mercado negro. Un cuadro de un pintor de la época bastante famoso pero que para la desgracia de los Tenoh, era la madre de Michiru Kaioh y nunca antes se había visto en exposición. El cuadro llego a los Volk quienes habían logrado levantar su imperio lenta y paulatinamente quienes, a su vez, era unos buenos amigos de los Kaioh y que en cuanto supieron de quien era la obra de arte, accedieron a ayudarles con todo. La investigación se abrió y, como era de esperar, la mafia vendió a Morton. La suerte de los Tenoh comenzaba a cambiar pero, gracias al buen trabajo que hacía siempre Volk Shadow no tenían prueba alguna, solo meras especulaciones que no lograron meter al hombre en prisión.
El simple hecho de que no se hiciera justicia para los Kaioh era algo que les sacaba de quicio, no sabían cómo meter al ladrón en prisión y casi cada día rogaban para que cometiera algún error y así pudieran castigarle de alguna otra forma.
No pasó ni un mes del incidente que la mafia decidió dejar de hacer tratos con Morton, el hombre, necesitando aún dinero, trato de continuar con su "socio", el cual, solo buscaba su propio beneficio y en un momento dado lo dejo tirado y Tenoh se vio involucrado, él solo, en blanqueo de capital. Pese a no ser una cantidad elevada, los Kaioh se aseguraron de castigar al hombre y de no dejar que pudieran pagar la fianza sus familiares y así hacer justicia.
-Papá, no tendrás que pasar mucho más aquí, de verdad, he conseguido distintas becas y ayudas, tengo más de siete mil euros y estoy segura de que en nada podre hacer el primer pago de la fianza… solo quedarían tres-
-Hija, no te preocupes por mí… sabes que te quiero y con que me vengas a ver de vez en cuando ya me basta, solo cuida de tu madre-
-¡Pero papá!-
-Nada de peros, sabes que me busqué yo solo esto- Dejó el papel sucio que el envolvía el pastel dentro de la caja.
-¡Cometiste un erro y qué! No era como para que te metieran veinte años en la cárcel y menos con una fianza tan elevada-
El guardia de seguridad se acercó a Morton y le hizo un gesto con la cabeza, los cinco minutos que tenían se habían agotado y ya era hora de separarse.
-Papá… te quiero-
-Y yo a ti Haruka-
Al salir de la penitenciaría la joven rubia juro sacar a su padre de aquel lugar costase lo que costase.
