Subió las escaleras del dúplex con los tacones en la mano y sintiendo como el frío del suelo relajaba los músculos de sus pies fatigados.

El día había sido más largo de lo esperado, se había pasado toda la mañana en la universidad yendo de examen a examen, pasando por una conferencia sobre arte y arquitectura y luego, a la salida, había tenido que salir corriendo para poder pasar por casa, cambiarse de ropa e ir a buscar a una de sus compañeras.

El día anterior sus padres habían llamado a la joven de cabello ondulado y aquamarino para avisarle de un nuevo evento, se trataba de una reunión que organizaba una familia de nuevos ricos que buscaban dinero para la investigación de una extraña enfermedad, y los Kaioh necesitaban a un representante; obviamente, Michiru había sido la elegida para asistir.

Sabiendo que los Volk iban a tener que asistir, Michiru, había decidido pasarse a por Zhira, la única heredera de un pequeño imperio y que también se había visto envuelta en diversos tipos de eventos a lo largo de su vida, una chica formal y un tanto borde que tenía el don de llamar la atención aun sin querer.

Ambas chicas se entremezclaron con la gente del lugar buscando no llamar demasiado la atención.

-Mesa…mesa doce- La joven de cabello blanco y heterocromía estaba prácticamente arrastrando a la aquamarino en dirección a una mesa redonda vacía.

-Oye, Zhira, no me estires tanto de la mano, que me haces daño- Intentaba usar un tono suave para no llamar más la atención de lo que su amiga hacía.

-Michiru, eres una quejica. ¡Camina y calla!-

Ambas llegaron a la mesa y escogieron dos sillas juntas con la intención de no separarse ni un solo instante.

La pareja pese a estar en su mundo había despertado la curiosidad de muchos hombres y mujeres que asistían a la cena benéfica, ambas eran tan distintas que era imposible el no mirarlas. Por una parte estaba la aquamarino, estatura media, piel blanca, hermosa melena, rasgos suaves y vestida con un hermoso y negro vestido que se pegaba a su cuerpo, por la otra, una joven alta de cabello corto y blanco, piel manchada con pequitas, con un ojo azul y el otro verde y de fisionomía atlética vestida con una camisa de mujer semitransparente y un pantalón de traje acampanado.

-¿Sabes?-Zhira se acercó a Michiru para poder susurrarle.-Me han dicho que han invitado a un joven prodigio de la cocina.

-¿Enserio? Pues sí que tiene que ser importante el evento…-

La joven albina asintió con la cabeza mientras dibujaba una sonrisa.-Y que lo digas, al parecer se trata de algo que afecto mucho a la mujer de Mr. Van Heimet-

-Mmmm…-Se llevó una mano al mentón y trató de recordar todo lo que sus padres le habían dicho.-Van Heimet… ¡Oh! ¡Es el hombre que compró el hospital que estaba en banca rota!-

-Shh… Michiru, no chilles- Hizo un par de gestos con la mano para llamar la atención de su amiga.-Sí, al parecer su mujer trabajaba como enfermera en Havenly a pesar de que no necesitaban el dinero… ya sabes, una de esas personas trabajadoras que se niegan a abandonar su verdadera vocación.

-Entiendo...¿Pero qué es lo que pudo afectarle tanto? Quiero decir, se supone que este tipo de eventos se hacen por cosas que te afectan de forma cercana-

La albina se encogió de hombros.-No lo sé, vete a saber. La clase trabajadora es muy rara.

La silla que Michiru tenía a la derecha se movió y provocó un ruido un tanto desagradable, por no decir que más le había molestado el hecho de que alguien les cortara la conversación.

Una joven rubia y de cabello largo y lacio –recogido en dos pequeños moños- les dedico una sonrisa pura y tierna antes de sentarse y girarse para llamar a sus compañeras.

-¡Rei! ¡Minako!- Alzó ambas manos para llamar la atención de la rubia y la morena-¡Esta es nuestra mesa!-

La morena retiro la silla y se sentó al lado de Zhira, parecía estar un tanto de mal humor por la forma en que la rubia con moños llamaba la atención de todos y, lentamente, se empezó a poner roja.-¡Cállate Usagi!-Agachó la cabeza, intentando pasar desapercibida mientras Minako se acercaba a las dos chicas.

-¡Hola chicas!- Les tendió la mano de forma extrovertida mientras sonreía ampliamente.-Supongo que ustedes también vienen por la comida ¿No?-

Zhira y Michiru se miraron durante un breve instante, intercambiando miradas en silencio, preguntándose si en algún momento habían conocido u oído hablar sobre las tres chicas que se iban a sentar con ellas. Finalmente Zhira fue la primera en reaccionar y aceptar la mano de la rubia que estrechó.-La verdad… nosotras venimos en representación de los Volk y los Kaioh-

La rubia de pelo lacio y con un vestido anaranjado se quedó mirando a ambas chicas sin saber muy bien quienes eran estas.

-Mi padre es el dueño de Industrias Techno V…- La albina fue rápida y aclaró sus orígenes antes de que Minako abriera la boca y dijera alguna estupidez.-Ella es Michiru Kaioh, su padre trabaja en la bolsa y su madre es artista-

Minako sonrió, sabía quién era la madre de Michiru –no podía decir lo mismo de los padres de Zhira- pero durante un instante se le había olvidado por completo.-Yo soy Minako, la rubia del vestido blanco es Usagi y la morena que parece enfadada es Rei-

-¡Minako!- Exclamaron ambas amigas a la vez provocando risas entre las presentes.

No pasó demasiado tiempo cuando las cinco se vieron interrumpidas por un estruendoso y chirriante sonido que provenía de un micro. Allí arriba, sobre la tarima, un hombre de baja estatura y regordete intentaba llamar la atención de sus invitados con un suave carraspeo.-Bienvenidos a la cena de los Van Heimet- Estaba nervioso y se notaba en su voz que no tenía experiencia alguna con estas cosas.-Primero de todo quisiera agradecerles el hecho de haber aceptado la invitación y de haber venido […] Hay algunas enfermedades minoritarias que jamás han sido investigadas porque afectan a menos de un uno por ciento de la población mundial […] Finalmente les expondremos el caso de una mujer- El hombre dejo el micro a un lado y encendió un ordenador que tenía al lado y que estaba conectado a un proyector.

Michiru y las cuatro chicas hacía rato que había estado obviando lo que el hombre les decía pues tanto Minako como Rei parecían estar más interesadas en los jóvenes apuestos que acompañaban a sus padres al evento.

-Mira Rei, el chico de allá, el moreno de ojos negros- Dijo señalando a un chico de unos diecinueve años. –Es muy guapo y seguro que tiene muchísimo dinero…-

-No, no, mejor el castaño que tienes a tu espalda de ojos grises-

-Chicas, por favor, no habléis de estas cosas delante de Zhira y Michiru… ¿Qué van a pensar de nosotras?-La rubia con moños agachó la cabeza y negó con ella el comportamiento de sus compañeras.

-Tranquilas, por nosotras no os preocupéis- Zhira tenía la facilidad de hacer sentir cómoda a la gente con su suave sonrisa pese a su extraño aspecto.-¿Verdad Michiru?-

La aquamarino asintió con la cabeza mientras la morena y la rubia de cabello lacio continuaban discutiendo sobre qué hombre era más hermoso.

-Eh, chicas- Zhira se echó hacia adelante y se puso la mano cerca de la boca haciendo un gesto como si quisiera que solamente ellas pudieran escuchar.-¿Sabéis una cosa? A Michiru estas cosas no le molestan porque lleva enamorada desde la infancia.

De repente la chica con heterocromía soltó un suave quejido de dolor a la vez que cerraba los ojos con fuerza, la aquamarino le había pellizcado por debajo de la mesa para que se callara.

-¿¡Qué!?- Exclamaron las tres a la vez mientras se abalanzaban sobre Michiru.

-¿Es en serio? ¿Quiero decir, lo volviste a ver?- Esta vez fue Usagi quien hablo con un deje de romanticismo en la voz.

-No es cierto, lo que dice esta tonta no es cierto- Se había comenzado a sonrojar.

-Sí que lo es. Se enamoró de un chico rubio que conoció- La albina volvió a dar un bote en la silla cuando de nuevo Kaioh le pellizco.

-No es cierto y lo sabes- Se hizo la ofendida mientras intentaba hacer caso omiso de las preguntas de las tres chicas. -Bueno, solo lo vi una vez, pero no me enamoré, era alto, de cabello rubio y alborotado, facciones marcadas pero a la vez como si las hubieran trazado con delicadeza …-

-¡Vaya!- Exclamo Usagi –Cómo el chico que sale en la foto- Señalo la pantalla por la cual estaban pasando unas diapositivas.

En la diapositiva se podía ver a una mujer que parecía estar terminal y a un joven muy similar al niño que Michiru había descrito solo que con ojeras y aspecto cansado.

El corazón de Michiru dio un vuelco al recordar la cantidad de preguntas que le hubiera gustado hacerle el día que le conoció y, sobretodo, el por qué de lo que había hecho.

De repente, la joven de cabellos aquamarino mando a callar a todas y atendió a la explicación por si lograba captar algo importante pero, para su desgracia, por la confidencialidad del paciente no pudo sacar nada en limpio, solo el sitio en el que la mujer estaba hospitalizada.

La charla informativa continuó durante un rato y poco a poco volvió a perder el interés de todo aquello.

-Ts, Michi- La chica de heterocromía se acercó a su compañera para susurrarle.-¿Estar bien? Pareces estar un tanto rara-

Michiru negó con la cabeza y dibujo una sonrisa mientras volvía a coger energías renovadas.-No es nada, es que estas cosas me interesan…

-¡Anda! ¡Como a Ami!- Usagi que había estado escuchando lo que decían entre ambas se metió en la conversación descaradamente. –Ami estudia para ser médico, su madre es una de las mejores y seguro que ella no se queda atrás-

Tanto Volk como Kaioh se quedaron mirando durante un instante mientras se comenzaban a preguntar sobre los orígenes de las chicas.-Esto…-Esta vez fue Michiru quien habló.-¿Cómo os apellidais?

-Yo soy Tsukino, ella es Hino, y Minako se apellida Aino-

-¿Idiota, no te has dado cuenta de que no preguntan por eso?- Rei miro a Usagi con mala cara.-Bueno, es normal en alguien con unas cualificaciones tan malas-

-Rei, no digas eso… Sabes de sobras que yo me esfuerzo-

-Vamos, chicas, no os peleeis…-

-¡Pero si no soy yo, es Usagi!- Soltó un suspiro ante la mirada de Minako –Bueno, a lo que íbamos, somos invitadas de la chef Motoko Kino, es amiga de la infancia y una verdadera estrella.

-¡Wow!- Michiru y Zhira se quedaron asombradas al saber el nombre de la chef –Y nosotras que pensábamos no venir… que desperdicio hubiera sido.

Todas se echaron a reír ante el comentario de la Volk y poco después los temas comenzaron a salir fluidamente.

Michiru abrió la puerta de su cuarto y dejo los tacones a un lado en medio de la oscuridad, se conocía de sobras aquel sitio y no necesitaba encender la luz de su dúplex para saber lo que había en cada rincón del lugar. Dejando la puerta abierta, se dirigió hasta su cama y se echó boca abajo en ella, estaba cansada a más no poder y lo peor es que no tenía ni una pizca de sueño, un suave quejido brotó de entre sus labios y, de repente, la puerta de la habitación se cerró con un golpe fuerte. Asustada, la Kaioh se arrastró por la cama en dirección a la lamparita que tenía en la mesa auxiliar y trato de encenderla. Pulsó varias veces el botón pero esta no se encendía y, rápidamente el pánico comenzó a invadirla.

-Si sigues así te caerás de la cama-

Aquella voz hizo que Michiru acabara por caerse al suelo y que se golpeara la cabeza contra la otra mesa auxiliar que tenía.

-Te lo dije…-

-¿Qu-quien eres? ¡Voy a llamar a la policía!- Tenía muchísimo miedo pues no podía ver a la persona que tenía en frente.

-¿No me recuerdas?-

Lentamente Michiru se fue poniendo en pie, palpando hasta encontrar la pared.-¿Por qué debería de saber quién eres? – Mientras intentaba ganar algo de tiempo fue buscando su bolso que había dejado sobre la cama.

-¿Buscas esto?- La persona que había en el cuarto lanzó el pequeño bolso contra la aquamarino y acertó de pleno en su estomago.-¿O buscabas esto?- En medio de la oscuridad apareció una suave luz que apenas iluminaba una mano enguantada.

En ese instante, el miedo que había sentido Michiru se transformo en un pánico descontrolado al saber que no tenía escapatoria y que posiblemente iba a morir.

-Relajate, no te haré nada…-

Michiru se echó a llorar mientras sentía como el mundo se le venía encima y ella no podía hacer nada por evitar su inminente desaparición.

-¡Eh! No llores, no te voy a hacer nada- La voz que se dejo escuchar denotaba preocupación.-Solo he venido porque quiero hablar contigo… bueno, en realidad quería otra cosa pero ahora me das lastima-

Michiru a ciegas le lanzó el bolso y le dio en la cabeza a la otra persona, si algo odiaba era la palabra "lastima" y por muy mala que fuera la situación se negaba a aceptar que un extraño le dijera eso.-Vete a la mierda, no sé quién eres pero no conseguirás nada-

La figura que se movía en medio de la oscuridad se agachó a coger lo que le habían tirado.-Veras, en principio quería vengarme pero cuando entré y vi la foto que tienes en el escritorio me di cuenta de que no era una buena idea así que decidí intentar amenazarte pero... ya has visto, he podido-

Lentamente Michiru dejo de llorar y recogió sus cosas.-¿Entonces qué quieres?- Ahora que lentamente se iba relajando empezaba a reconocer esa voz, no sabía dónde o cuando la había escuchado pero sabía que le era conocida.

-Que tu padre deje de elevar la fianza del mío-

En ese instante una chispa se encendió dentro de ella y le reconoció, era el niño que había visto cuando era pequeña, el mismo que le había atacado pero que a su vez no le había hecho nada.-No puedo hacerlo-

-¡¿Por qué!?-

-Tú padre nos robó-

-No es cierto, no pudieron probar nada-

-Sabes que no lo es… Nos quitó todo lo que teníamos de valor y nos quedamos sin dinero-

-Eso no hubiera pasado si tuvierais todo asegurado pero claro, la gente como vosotros compráis muchas cosas en negro…¿Verdad?-

Una oleada de rabia invadió a Michiru al escuchar aquello, era cierto que ellos tenían cosas que no figuraban en ninguna parte y, ese había sido el error de los Volk en su día pero no el mismo de los Kaioh, en su caso fue que la seguradora no podía permitirse pagar todo –entre otras cosas.

-¡Mira quien fue a hablar, el hijo de un vulgar ladrón, junto a él deberías de estar!-

Algo chocó contra la pared, eran los nudillos de la rubia que advertían a Michiru de que no se la jugase.-Llevo trabajando muchos años para sacar a mi padre de la prisión, incluso propuse devolver todos los objetos robados a cambio de que no subieran cada trimestre la fianza, intenté por todos los medio convencer al abogado a tu padre ¡Incluso pensé que no serías como ellos!- otro ruido igual al anterior hizo que su mano se resintiera y que Michiru se encogiera de miedo. Parecía que la rubia empezaba a perder los estribos.

-Entonces aceptas que tu padre nos robó- Michiru habló con miedo por si esta vez recibía ella.

-Sí… pero no lo hizo por gusto propio…- La voz de la rubia se torno pesada y llena de cansancio.-supongo que fue estúpido venir aquí.

Hubo un breve silencio entre ambas en el cual la rubia decidió irse de aquel lugar. Cuando estaba a punto de coger el picaporte Michiru habló.

-Espera… Hablaré con mi padre, pero prométeme que me explicaras todo-

Sin decir nada, Haruka abrió la puerta y en medio de la oscuridad empezó a bajar las escaleras, mientras tanto , Michiru empezaba a dudar de que todo esto fuera cierto. En el piso de abajo la puerta se abrió y se cerró y la luz volvió.

Había sido un día muy largo, nada faltaba en casa y la ducha que decidió tomar le había dejado tan relajada que al despertar no sabía si todo había sido un sueño o realmente había ocurrido.