Card Captor Sakura, no me pertenece sino a sus respectivas dueñas (CLAMP).

Historia original escrita por mí.


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Voces del paraíso

Por Ireth I. Nainieum

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Capitulo V

Mi verdad

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"Lo que duele no es decir adiós, sino los recuerdos".

-Anónimo -

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La entrevista transcurrió con normalidad aparente. Fueron las mismas preguntas comunes, lo usual en el tema. ¿Cuál fue su inspiración?. ¿Artista al que admira?. ¿Qué hace en su tempo libre?...

―Una última pregunta –señalo- se que hace años vivió en Japón, específicamente en la ciudad de Tomoeda –la miro- ¿tiene algún lugar en particular ahí, al que le gustaría volver a ver?. ¿Una vez más antes de salir del país?

Kaho Mizuki, lo miro impávida y ciertamente con sorpresa. Sabía que investigarían un poco sobre ella antes de la entrevista; pero nunca imagino que el reportero indagaría tan a fondo en su pasado. Paseo su mano por su cabellera, meditando la respuesta.

Por otra parte, Eriol la observaba con interés a su prometida, la cual en ese momento mantenía una actitud peculiar a sus ojos. Siempre que se le mencionaba ese lugar, su rostro se tornaba nostálgico y tomaba esa actitud.

Shaoran por otro lado, estaba muy aburrido por la conversación. Prefería mil veces los gritos y el clima del ámbito deportivo, a la sobriedad de esa habitación. Suspiro, todo por no ser capaz de negarse ante las palabras pronunciadas por el redacto en jefe del periódico.

―Hay… -rizo un mechón de su cabello- un templo en la ciudad que visitaba cuando era más joven –le sonrió- recuerdo el árbol de cerezos casi a la entrada y más cuando este entraba en flor –cerro sus ojos memorando- adoraba el estar bajo su sombra y ver caer los pétalos -abrió sus ojos y su mirada se torno nostálgica- era casi como… -se levanto y camino hacia la ventana- perderse ante la misma irrealidad, era algo maravilloso. En ocasiones puedo cerrar mis ojos y transportarme una vez más a ese mágico lugar –miro a la ciudad, algo hermoso

Susurro más para ella, que a los hombres presentes. Shaoran percibió en las palabras un dolor evidente por el pasado. Sin contar que la profundidad de las mismas lo sorprendieron. Esa mujer tenía ocultaba algo, estaba seguro. Pero, ya no era parte de la entrevista que le correspondía.

―Gracias, señorita Mizuki

Apago la grabadora y procedió a guardarla en su maletín. Observo de reojo al hombre de lentes, el cual miraba con intriga a la mujer recargada en la ventana. Estaba muy tenso, eso lo supo al instante. Tal vez hizo una pregunta errónea.

―Me retiro –le informo a Eriol- en la publicación de mañana estará la entrevista -se acomodo el maletín- les enviaré una muestra de cortesía para que lean la conversación –le extendió la mano y las estrecharon- aunque en general ya sabe lo que aparecerá en ella

Eriol le negó con la cabeza.

―No, gracias a ti –suspiro- por tomarte el tiempo en venir –le sonrió- y también agradezco el haberme permitido el desayunar con ustedes

La tensión aumentaba y necesitaba irse cuando antes.

―No..., descuide –miro a la mujer- hasta luego –la llamo pero no hubo respuesta- fue un placer conocerla señorita

Kaho, continuaba mirando con serenidad las calles de Tokio. Eriol lo acompaño a la puerta. Se giro y ahí la observo unos minutos, se retiro unos instantes los anteojos y le dio un masaje a sus ojos; para luego volver a colocarlos. Ella aún recargaba su cuerpo contra el ventanal y se abraza en un vano intento de protegerse de algo invisible. Él exhalo y por primera vez se dio cuenta de lo alejados que estaban el uno del otro.

La conoció hace diez años en Francia. Cuando ella estaba en el Louis Lumière (1) y él fue a una conferencia sobre el sistema penal. Un encuentro causal, una coincidencia. Él pasaba sin darse cuenta por la sesión del equipo de ella, y la miro a través de su cámara; en ese momento se quedo enamorado de su hermosa cabellera. Le parecía irreal, esa mujer de mirada triste…

―Triste –pensó-

Siempre había mostrado esa melancolía en su mirada. Por más que sonriera, él sabía que fingía. Incluso Eriol jamás había conseguido el verla completamente feliz. Sus ojos le mostraban la verdad, que sus labios sabían callar tan bien.

―Kaho

La abrazo por la espalda y beso con ternura su cuello. Hizo que ella se recargase contra su cuerpo.

―¿Eres feliz? –musito en voz baja-

Ella suspiro y en un acto reflejo se giro y lo miro a los ojos. Esbozo una sonrisa, e iba a besarlo cuando Eriol la detuvo y la tomo por el mentón, para obligarla a mirarlo fijamente. Kaho, por primera vez observo en el rostro de su prometido una seriedad inusitada en él.

―Nunca has sido feliz conmigo. ¿Cierto?

Kaho abrió sus ojos con sorpresa ante su afirmación.

―¡¿Eriol?! –intento alejarse- ¡¿A qué viene eso?!

Más sin embargo él la sujeto con firmeza. Y la abrazo con desesperación, impidiéndole el soltarse de su amarre. Quien con vanos intentos, ella término por rendirse.

―Tu rostro, tus labios pueden mentir –exclamo en su oído- pero, no tus ojos –suspiro- ellos nunca han mostrado la verdadera felicidad..., que una mujer enamorada y a punto de casarse deberían mostrar

Se miraron fijamente y se formo un silencio incomodo en gran habitación. Hasta que finalmente ella desvió la mirada y contemplo el suelo, incapaz de darle una respuesta franca. Mientras esto sucedía le temblaba visiblemente su labio inferior. Las palabras de Eriol eran ciertas, no podía timarle ahora, ella no era feliz.

―Eriol…, yo… -sujeto la ropa de él con fuerza- yo… -lo miro y recargo su frente en su pecho- ¿ha sido un erro todo este tiempo? –se le formo un nudo en la garganta- ¿no es verdad? –lo miro- desde un inicio esto ha sido una mentira para ambos

Eriol le sonrió.

―Desde el principio, tu y yo buscábamos una manera de no estar solos –acaricio su mejilla- este viaje nos ha resultado una verdadera sorpresa –la soltó- es mejor así –beso con ternura su mejilla-

Dio un paso hacia atrás y la miro fijamente.

―De esta forma tu obtienes tu libertad una vez más –se giro- es el momento de enfrentar aquello a lo que tanto le temes –exclamo con firmeza- fue hermoso el haberte conocido Kaho Mizuki

Eriol Hiragizawa camino hacia mesa donde minutos antes había sido la entrevista. Tomo la prenda olvidada, para luego caminar hacia la puerta de la habitación y con lentitud salió de ella. Kaho se quedo sola, se sentó en el frío suelo y lloro. No de dolor, ni angustia sino por sentirse en paz consigo misma en mucho tiempo. Por su parte él se recargo contra la puerta y le sonrió con tristeza al reportero, quien lo miraba escéptico ante lo que por error había escuchado.

―Olvide..., mi..., chamarra

Le expreso apenado, no queriendo parecer un entrometido. Eriol se la entrego.

―¿Esto también formara parte del reportaje?

Indago.

―¡Claro que no! –balbuceo su respuesta- ¡sería poco ético de mi parte Hiragizawa! –se alarmo- yo solo hice una entrevista, para la sección cultural del periódico –movía sus manos- no para las notas del corazón –se coloco la prenda- lo lamento... –exclamo luego de algunos instantes- tengo la sensación de que fui yo quien ocasiono esto…

Le miro preocupado, el citado camino y sujeto el hombro del reportero.

―Tan solo, nos ayudo a darnos cuenta de la verdad que nos negábamos a reconocer –sonrió con tristeza- mmm… -lo miro- te importaría acompañarme a comer algo –suspiro- no me siento de humor como para ir solo

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―Ese Touya –carraspeo- primero me dice que pasa temprano por mí, y luego me deja plantada

Sakura Kinomoto caminaba entre la galería expuesta en la capital. Su hermoso vestido rosa contrasta con la sobriedad del recinto. Paso a paso recorre el corredor, mientras admira plácidamente los trabajos expuestos; deleitándose con la muestra fotográfica presentada.

―Kaho Mizuki –medito- ese nombre me suena –continuo caminando- ¿dónde lo he escuchado antes? –se detuvo en seco- ¡no puede ser! –se alarmo- ¿podrían tener ambas el mismo nombre? –se dijo a sí misma- una rara coincidencia –trataba de afirmarse.- ¡Oh, Dios!

Miraba la fotografía que ocupaba toda la pared del rincón. Era una hermosa ave del paraíso queriendo volar, la cual extendía majestuosamente sus alas al cielo, mientras los rayos del sol acariciaban delicadamente sus alas, poco después de la lluvia. Una escena maravillosa.

―Debí haberme dado cuenta antes –susurro- que se trabaja de la misma mujer –dio un paso hacia adelante- hermano…

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Un hombre sube lentamente la larga escalinata de un viejo templo en la ciudad donde su madre vivió una vez. Un sitio que quiso conocer luego de la muerte de ese ser amado. Al terminar de subir, la observo ahí; luego de diez años. Al sentir que alguien la miraba, abrió sus ojos y se encontró con los de él por primera vez. Se miraron fijamente.

―Ha pasado tiempo Touya...

El aludido emprendió la marcha sin responderle y se paro frente a ella. Kaho Mizuki, estaba sentada en el suelo mirando el cercano atardecer en la pequeña ciudad, donde había pasado gran parte de su juventud.

―Kaho...

Musito. Quería reclamarle, reprocharle su dolor, su angustia, algo que decirle luego de su huida. Sin embargo ninguna palabra salía de sus labios. Todo lo que la noche anterior había pensado en recriminar se había esfumado de su mente. Al verla ahí sentada, justo como el día en que se conocieron. Se agacho y la tomo con ternura de su mentón.

―¿Por qué Kaho?

Era lo único que realmente él necesita saber. Lo que había estado esperando tantos años en comprender.

―¿Hice algo mál?

La soltó y recargo su cabeza en su hombro. Por otra parte, ella acarició su cabellera con delicadeza.

―Tenía miedo –exclamo- cuando me dijiste que me amabas me emocione como no tienes idea –susurro- pero… -medito- a la vez estaba aterrada, porque no sabía como corresponder a tus sentimientos –lo abrazo- creí, que tan solo era un cuestión pasajera entre ambos –se le formo un nudo en la garganta- éramos tan jóvenes- que pensé que no sabíamos que era en verdad el amor…

Lo abrazaba con desesperación, y él ahora la sujeto con firmeza no queriendo separarse de sus brazos.

―¿Y ahora?...

Indago el hombre. Ella comenzó a llorar, Touya por su parte acariciaba su larga cabellera, mientras la dejaba desahogarse por completo.

―Se lo que es el amor

Se aferro con fuerza su cuerpo.

―¿Me odias?

Exclamo luego de un tiempo. Finalmente la noche había llegado a la ciudad y el lugar era iluminado por la blanca luna.

―Tal y como me lo prometiste –la miro a los ojos- sabía que algún día regresarías aquí

―Touya…

Lo beso y por primera vez en mucho tiempo ella supo ahora lo que era ser feliz. Finalmente comprendía que lo sentía por él, antes y ahora era amor. Ahora tan solo deseaba que Eriol encontrase a la persona indicada para él, porque desde el momento que él dejo la habitación, ella había salido de su vida para siempre.


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Bibliografía:

(1) Escuela de fotografía en Francia


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Nos vemos

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