Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer no me pertenece, es de nuestra diosa Jo Rowling... todo lo demás es producto de mi traumada y viciosa mente...
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Hola hola, ¡Eh vuelto!
Vengo corriendo a dejar capítulo, en respuesta a sus puntuales reviews…
Les mando un enorme saludo y espero que este capitulo les guste.
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Es solo Sexo
2
La sudadera azul
Esa mañana abrió los ojos sintiéndose en un mundo diferente. Mas luminoso, armonioso… feliz…
Mientras se estiraba sobre la cama reflexionaba sobre lo increíble que eran las cosas que una sesión de sexo casual le podía hacer a tu estado de ánimo.
Terminó de desperezarse y se puso de pie sin cuidado de revisar su imagen. No pensaba preocuparse por eso; esa mañana era una persona diferente. La Hermione estricta y obsesiva se había quedado olvidada en la cama de Cormac Mclaggen la noche anterior. Caminó descalza por la habitación y salió hacia la cocina. Por el aroma seguramente Ginny ya debería estar preparando algo.
—Muy buenos días—saludó con una enorme sonrisa a penas pisó el corredor.
—¿Cómo te fue con tu cita?—preguntó Ginny desde la cocina.
—Solo puedo decirte que esta mañana me duelen algunos músculos que no sabía que existían—confesó la castaña apareciendo en la cocina, pero a diferencia de lo que esperaba, se llevó una sorpresa de infarto al encontrarse con aquella sudadera azul descansando en la silla de la cocina. La reconocería donde sea, había fantaseado infinidad de veces con ella.
—Maldición, todavía estoy soñando—pensó antes de pellizcarse para obligarse a despertar. Pero nada ocurrió: la maldita sudadera seguía ahí.
—Oh, Hermione—dijo Ginny asomándose brevemente hacia donde ella estaba—te presento a mi hermano.
Aquellas palabras sonaron distantes cuando el hombre pelirrojo que estaba sentado en la silla donde descansaba la sudadera azul se giró para mirarla de frente.
Santa mierda pensó cuando aquellos ojos de un azul infinito se encontraron con los suyos haciendo que su corazón saltara de la impresión. Por un segundo ambos se sostuvieron la mirada con algo de sorpresa, sin embargo él fue el primero en reaccionar cuando su mirada se paseó por el cuerpo de la castaña esbozando una sonrisa divertida. Entonces Hermione cayó en cuenta que sólo llevaba una blusita de tirantes y unos boxers.
—¡No!—soltó involuntariamente antes de salir corriendo hacia su cuarto.
—¿Qué mosca le picó?—preguntó Ginny mirando nuevamente hacia donde Hermione había estado minutos antes.
—Creo que mi visita la tomó por sorpresa—opinó el pelirrojo sin mirar hacia su hermana, ya que aun tenía la sonrisa dibujada en su rostro. Aquella era una sorpresa que definitivamente él no se esperaba.
—Bueno, no creí que le importara—continuó Ginny ajena a la situación—no estaba tampoco en mis planes que desayunáramos aquí. Todo es culpa del restaurante de Pete.
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Hermione se encontraba con la espalda apoyada contra la puerta de su cuarto con el cuerpo tembloroso y la respiración acelerada. Maldita sea la hora en que había decidido olvidarse de su estricta regla de vestirse para el trabajo antes de desayunar. Se deslizó por la puerta dejándose caer hacia el suelo. ¿Qué clase de broma de mal gusto era esa?
—Hermano de Ginny…—susurró recordando el encuentro—¿Es en serio Merlín?—reprochó con frustración. Ahora se sentía verdaderamente sucia ¡Había estado fantaseando con el hermano de Ginny!
Miró hacia su cama en silencio y bufó con cierta frustración.
¡Es que por el amor de Dios!, ¡No era posible que el mundo fuera tan pequeño!
—No pienso regresar a la cocina—se dijo respirando profundamente para bajarse un poco el calor que sentía viajando a través de su cuerpo.
—¿Hermione, todo esta bien?—preguntó la voz de Ginny del otro lado de la puerta obligándola a ponerse de pie para abrir.
—¿Tu qué crees?—le dijo con tono mordaz tan pronto como la pelirroja entró.
—No creí que salieras en semejante facha—confesó la pelirroja sinceramente—como siempre duermes prácticamente vestida para el trabajo—agregó encogiéndose los hombros, por lo que la castaña le miró de manera recriminante—De cualquier manera a Ron no le importa, así que vamos a desayunar.
¿Así que el pelirrojo de la sudadera azul se llama Ron?—pensó antes de caer en cuenta de un pequeño detalle.
Miró a la pelirroja sin comprender muy bien su actitud. ¿Ginny no se había dado cuenta de que el tipo al que espiaba; con el mismo que se había estado dando gusto mientras fantaseaba en la bañera, era su hermano?. A juzgar por la apariencia tranquila de la pelirroja, la respuesta mas obvia era que no. Si Ginny realmente supiera, lo más probable era que a esas alturas ella no siguiera con vida. Un sombrío recuerdo de lo horrible que había sido para la pobre novia de Bill entrar a la familia, hizo que un leve escalofrió le recorriera el cuerpo. No quería ni imaginarse cómo reaccionaría si supiera que su hermano había estado en el número uno de su lista para sexo casual.
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Ron Weasley se encontraba de pie frente al mueble del televisor mirando una fotografía donde su hermanita y su compañera de apartamento aparecían brindando con margaritas.
—Así que aquí vives— pensó con satisfacción, pero el sonido de la puerta al abrirse le alertó que venían de regreso. Miró hacia el corredor y tuvo que reprimir una sonrisa al ver a Hermione salir completamente enfundada en su túnica del ministerio.
—Lamento la bochornosa presentación—se disculpó Ginny sin realmente darle importancia alguna, por lo que Ron supuso que lo hacía porque la castaña estaba incómoda por su previo contacto. Sin poder reprimirlo se adelantó unos pasos hacia ella como un autómata, y le extendió la mano con la palma abierta.
—Ron Weasley—dijo con la sonrisa más encantadora que pudo encontrar, pero contrario al efecto que esperaba, Hermione le miró con cierto recelo.
—Hermione Granger—dijo después de un momento también estrechándole la mano.
—Bueno, ahora que ya se conocen, y todo queda en familia; Creo que podemos desayunar en paz—opinó Ginny yendo a la cocina. Tan pronto como la pelirroja desapareció Hermione soltó la mano de Ron como si quemara.
Mientras desayunaban los hot cakes que Ginny había cocinado, la pelirroja había puesto al día a Hermione sobre el por qué no conocía a su hermano a pesar de que la castaña había pasado las vacaciones de los últimos cuatro años en la madriguera.
—…y decidió recorrer el mundo—dijo la pelirroja concluyendo el relato sobre cómo había abandonado los estudios en Hogwarts por ir en busca de aventuras a los países bálticos.
—¿Eres un trotamundos?—preguntó Hermione disimulando bastante bien lo escandalizada que estaba.
—Me gusta más pensar en mí como un hombre que odia aburrirse tragando libros y que no teme a conocer explorar sus horizontes—respondió con soltura.
Merlín, lo que dijo está mal en tantas maneras… pero su rostro es tan asombrosamente varonil—pensó la castaña con cierto remordimiento.
—Voy por otra ronda de hot cakes, ¿Alguien quiere más?—anunció Ginny poniéndose de pie con plato en mano. Hermione rechazó la oferta, ya que estaba repleta, pero Ron accedió a la invitación.
—¿A dónde se te va toda la comida?—soltó Hermione al aire.
—Bueno, realmente nunca me estoy quieto, así que todo cuanto como lo desgasto durante el día—respondió haciéndole saber que realmente había dicho aquello.
Carraspeó abochornada y bebió un poco de su jugo de naranja.
—¿Te puedo tutear?—le preguntó Ron ajeno a su estado.
—Por supuesto—contestó ella apropiadamente, aunque por dentro se estuviera haciendo de tripas corazón.
—¿En que departamento trabajas?—le preguntó aparentemente obviando el hecho de que llevaba su uniforme del ministerio.
—En el Departamento de Relaciones Internacionales
—Impresionante—dijo Ron con un gesto de reverencia—imagino que es exactamente el puesto que soñaste—agregó con una leve sonrisa.
—¿A que te refieres?—preguntó extrañada.
—Bueno, no creo que te hayas pasado siete años de tu vida devorando libros por menos que esto.
—¿Qué…?—balbuceó Hermione incómoda.
—Todos saben que eres bastante empollona—se burló Ginny apareciendo nuevamente con los hot cakes.
—¡Maldita seas Ginny!—grito internamente.
—Esta bien, de cualquier manera creo que el azul te queda bastante bien—alabó Ron mirando apreciativamente su túnica.
—A ti también—dijo Hermione de manera automática sonando solemne. Ron frunció el ceño extrañado, pero Ginny fue más rápida.
—¿Cómo lo sabes?—le preguntó haciendo que el alma se le cayera a los pies.
—Bueno, s-su sudadera es de ese color—respondió Hermione intentando reparar su error.
—Buen punto—dijo Ginny cayendo en cuenta de ese detalle—¿No son las azules que te regalé la temporada pasada?
—Si, aun tengo una docena de ellas sin estrenar—confesó Ron antes de engullir su bocado.
—Te debe gustar mucho el azul—agregó Hermione con una sonrisita misteriosa, pero la borró inmediatamente tan pronto como Ron y Ginny la miraron—p-para que le regalaras una docena…—agregó.
—Realmente eran para mi—reconoció Ginny aun masticando—una marca deportiva quería que las utilizara en los partidos, pero para su desgracia las Harpies no me permiten utilizar otra cosa que no sean los uniformes oficiales.
—Así que me las regaló todas—agregó Ron—me sirven para hacer ejercicio.
Con razón le quedan tan ajustadas—dedujo Hermione mentalmente mientras las recordaba en acción.
—Tu ventana da una buenas vista de la calle—dijo repentinamente Ron, y Hermione quiso que se la tragara la tierra.
—Esa es una de las cosas que más le gustan a Hermione del apartamento—agregó Ginny aumentando su padecimiento. Empezaba a considerar realmente entregarle los chocolates con filtros amorosos que un par de obsesivos fans de las Harpies dejaban en su correo.
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Ron entró a su apartamento sintiendo que a pesar de que el interior pareciera una zona de guerra, estaba realmente caminando en el paraíso.
A veces las cosas más increíbles pasan cuando menos te lo esperas—reflexionó antes de tumbarse en el mueble con una sonrisa idiota.
—Sabes que hoy era tu día de limpieza ¿No?—dijo la voz de Harry apareciendo de uno de los cuartos.
—Lo lamento compañero, pero hoy ha sido un día tan endemoniadamente genial que se me borró por completo—le dijo aun con la sonrisa idiota en el rostro.
—¿Quién eres y que diablos hiciste con Ron?—le preguntó Harry asustado. Por lo general, el pelirrojo daba una excusa estúpida sobre algún hecho inverosímil, y luego negociaban tres días de juerga que corrían por su cuenta a cambio de que Harry hiciera la limpieza.
—Al fin la encontré—le dijo Ron haciendo su sonrisa más amplia.
—¿Debería saber de que hablas?—indagó Harry. Ante esta pregunta el pelirrojo se sentó sobre el mueble como impulsado por un resorte.
—¡Con un maldito demonio que si!—exclamó sorprendido—¡Es la chica del coche que me arrolló!
—Oh—suspiró Harry con cansancio. Ahora la recordaba, últimamente Ron no hablaba de otra cosa. Tal vez por eso lo había bloqueado—¿Entonces si vivía en esa calle?—preguntó con cierto interés.
Cuatro semanas atrás, Ron había sido arrollado mientras cruzaba la calle de camino a ver a su hermanita para desayunar con ella. Entonces, como un epifanía, había visto a aquella hermosa mujer descender del auto para brindarle primeros auxilios. Con su suave voz le había preguntado si se encontraba bien mientras le tocaba el rostro buscando alguna respuesta de su parte; al no ver resultados, se dispuso a aplicar la respiración boca a boca. Tan pronto sus delicados labios se posaron en los del pelirrojo, él supo (Según palabras de Ron, aunque Harry tenía la sospecha de que se debía a que estaba un poco inconsciente por el golpe, o tal vez a que acababa de beber una nueva poción modificadora de apariencia que él y George apenas estaban desarrollando, y que horas después le traería horribles efectos secundarios) que aquella era una señal divina. Debía encontrarla. Desde entonces cada mañana Ron viajaba cientos de kilómetro hacia la calle donde había ocurrido el accidente para poder 'casualmente' toparse con la chica (el hombre de la farmacia le había comentado al día siguiente, cuando regresó por información, que si buscaba levantar una denuncia podía descubrir en que edificio de esa calle vivía —Es común verla por aquí mas o menos a la misma hora— le había dicho el hombre).
El pelirrojo bufó como respuesta a la pregunta de Harry.
—Vivir en esa calle…—dijo con una sonrisa absurda—No mi amigo…¡Es nada más ni nada menos que la compañera de apartamento de mi hermanita!—exclamó sonando extasiado.
—Vaya, me esperaba algo más como una orden de aprehensión, o tal vez una orden de restricción—reconoció Harry asombrado.
—No puedo esperar a volver a verla—confesó Ron radiante.
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—Que día—suspiró Hermione dejándose caer sobre el mueble de la sala.
Definitivamente hoy no había sido su día. Apenas llegó a la oficina supo que la mañana no deparaba un panorama muy bueno, pero entrar a su oficina y ver aquel enorme ramo de rosas definitivamente había rebasado todas sus malas expectativas. Su secretaria se había pasado las siguientes tres horas hostigándola con miradas indiscretas y llenas de curiosidad, sin embargo toda la tarde tuvo pendientes que uso de pretexto para escabullirse. De ella y del autor de aquella atrocidad: Cormac Mclaggen.
Como aquel día estaba vaticinado como uno en el que no podría trabajar sin la incomodidad de ser abordada por el susodicho, la última hora de trabajo decidió ocupar su mente en temas un poco más urgentes: Ron Weasley. Había aprovechado el tiempo haciéndose una terapia de autosugestión sobre el hecho de que la mente siempre triunfaba sobre la materia. Tanta era su fe en este teoría, que para el momento en que caminaba hacia su piso, logró (como toda una campeona) no utilizar la aparición para acelerar su llegada al baño, si no que se aguanto como toda una muggle a abrir el apartamento y llegar al lugar correspondiente para hacer pipi.
Se quitó los zapatos para desperezarse y entonces sonó el timbre del teléfono.
—Herms—dijo la voz de Ginny del otro lado del auricular— voy a llegar retrasada porque los malditos de la terminal de trasladores dicen que tengo que presentar toda la documentación de mi traslador para poder reclamar el asunto de mi boleto.
—Supongo que no cenaremos juntas—intuyó Hermione por el tono de voz de la pelirroja.
—Mi maldito representante es una piltrafa—refunfuñó Ginny.
Repentinamente el timbre de la puerta comenzó a sonar.
—Voy a abrir—le anunció a la pelirroja caminando hacia la entrada para abrir.
—Oh, se me había olvidado decirte que tenemos planes para cenar—comentó Ginny al instante en que Hermione abría la puerta.
¡Merlín! ¿Acaso esto era alguna especie de castigo por pensar que podía vivir en la promiscuidad y salir ilesa? se preguntó mirando cómo su nueva tortura le devolvía la mirada desde el otro lado de la puerta.
—¿Está Ginny?—le preguntó Ron. Tan pronto como las palabras salieron de sus labios, unas traicioneras cosquillas comenzaron a causar estragos en el estómago de Hermione.
—Está al teléfono—informó la castaña mientras internamente se ordenaba mantener la compostura.
—¿Me permites?—le preguntó claramente pidiéndole el aparato, el cual le dio de manera automática. El pelirrojo tomó las bolsas de comida con una mano y con la otra se puso el teléfono al oído.
—Supuse que se te olvidó de la cena—dijo con resignación—¿Qué como lo sé?, deberías ver la cara de tu compañera—apuntó antes de poner un pie dentro del apartamento.
—Genial—pensó Hermione sarcásticamente comenzando a sentirse un poco patética.
Ron habló por unos instantes más con Ginny, en los que parecieron quedar de acuerdo; con lo cual él colgó el aparato.
—Disculpa que hayas tenido que ver eso—dijo dirigiéndose a ella—pero ya conoces a Ginny—se excusó con una leve sonrisa.
—Claro—respondió Hermione cortándole el hilo. No podía comenzar una charla con él, sería algo demasiado íntimo para sus planes de cortar ese mal por lo sano.
Ron se sintió un poco estúpido al notar en el tono de Hermione algo cercano a la irritación, así que lo más sensato era pedir permiso para ir al baño y huir. Ya pensaría en como remediar eso.
—¿Me permites tu baño?—le preguntó apegándose a su plan.
—Adelante—le indicó la castaña deseando poder deshacerse de la tentación. ¿Es que ni pidiendo permiso para hacer algo tan ordinario como ir al baño, dejaba de parecerle apetecible?
Ron dejó las bolsas sobre la mesa y Hermione pudo ver como los bíceps de sus brazos inmediatamente dejaban ver lo bien formados que estaban.
La mente siempre triunfa sobre la materia— se recordó cuando se descubrió mirando aquellos bien formados bíceps con más ansiedad de la que debía. Cuando el pelirrojo pasó a su lado para dirigirse al baño, Hermione pudo sentir perfectamente el aroma de su colonia.
—Voy a terminar volviéndome loca—se dijo mortificada, entonces el timbre de la puerta sonó nuevamente sobresaltándola. Debía ser Ginny.
—¿Olvidaste tus llaves?—preguntó abriendo la puerta, pero sintió sus entrañas retorcerse cuando vio la figura de Cormac Mclaggen al otro lado de la puerta.
—Hola preciosa, supuse que extrañarías tu hermoso juego de lencería—le dijo mostrándole las bragas que había preferido dejar en su casa para no tener que volver a topárselo—la verdad es que se ven mucho mejor en ti que en mi colección privada—continuó antes de plantarle un beso. Hasta ese momento Hermione nunca, en toda su vida, se había sentido tan asqueada de una persona.
—Hoy te extrañé en el trabajo—le dijo Cormac con una sonrisa juguetona cuando se separó de ella, aun manteniendo su cintura apresada; Hermione sintió unas ganas locas de hechizarse a si misma por caliente. Eso le pasaba por seguir los consejos de Ginny.
—Bueno, tuve un día muy ocupado—se excusó incómoda mientras se arrebataba del abrazo. Ese hombre parecía un maldito pulpo.
—¿Te gustaría relajarte un poco?—le preguntó de manera sugestiva.
—Merlín, anoche verdaderamente estaba muy ebria y necesitada—pensó con aversión cuando Mclaggen le plantó un beso nuevamente. Entonces recordó lo que la había llevado a esa situación en primer lugar y cayó en cuenta de que no estaba sola.
—¿Cormac podemos ir abajo?—le preguntó temiendo que Ron apareciera en cualquier momento—necesito hablar contigo en privado—la sonrisa en el rostro del castaño le indicó a Hermione que aquello no había sonado nada bien.
—Lo que tu digas preciosa.
Maldiciéndose internamente Hermione pasó a un lado de Cormac para salir y cerrar la puerta.
Cuando estuvo seguro de que el apartamento estaba completamente solo, Ron se asomó por el corredor.
—Así que resultaste un ratoncito de biblioteca bastante perverso.
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Bueno, esto es todo por el momento, prometo responder a todos los reviews tan pronto tenga tiempo, estoy muy pendiente de mis historias, y prometo dar respuesta a cada uno de ellos.
Un enorme saludo y muchos besitos rupertianos.
CIAO.
reedito para responder los reviews de aquellas lectoras que no tienen cuentas:
Nat Potter W: yo sé que es algo imposible resistirse a un ardiente pelirrojo como Ron (que es mi ardiente pelirrojo, claro...), y en cuanto a Harry y Ginny, por supuesto que si se trata de un Hermione-Ron, es casi una obligación moral que Harry-Ginny se manifieste... sólo que aun no se han conocido...
Muchísimas gracias por tu review, y espero te haya gustado el segundo capitulo. Y claro, seguirte leyendo por aqui.
CIAO.
PAQUI:
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHH HHHHHHHH! ES PAQUI!
ejem... después de ese arrebato de emoción...
Holaaa!, debí saber que como una fan de hueso colorado de esta pareja ibas a darte una vuelta por el fic... pero no deja de llenarme de gusto volverte a leer por aqui!...
Definitivamente la trama de este fic va a ser mucho más ligera de loq ue Quince fue, pero la verdad mucha gente ya me había dicho que querían leerme con algún Lemmon, por lo cual aqui estoy, aventandome al ruedo... y por supuesto que sólo podía hacerlo con esta pareja.
Por lo del final, ni agradezcas, no pienso jamás describir una escena de Sexo entre Hermione y cualquier otro pelmazo... ella es únicamente de mi cabellos de fuego, y por principios únicamente escribo sobre ellos dos juntos.
Me alegró mucho el día leer tu review, espero que la historia te guste, y seguirte leyendo por aqui.
Te mando muchos besitos rupertianos.
Saludos. CIAO!
