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Advertencia:
Este capitulo contiene escenas de sexo explícito, por lo cual a todas aquellas personas que se puedan sentir ofendidas por lo que a continuación se describe en el capítulo, les pido de la manera más cordial que hagan caso a esta advertencia y se abstengan de leer.
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Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer no me pertenece, es de nuestra diosa Jo Rowling... todo lo demás es producto de mi traumada y viciosa mente...
Un enorme saludo a todas aquellas personas que siguen la historia, a todas las que la han agregado a sus favoritos, y a todas aquellas que han tenido la enorme amabilidad de dejar un review, siempre me hace muy feliz saber lo que opinan de los capítulos, y del fanfiction en general.
La verdad no pensaba que esta capitulo fuera tan largo, pero pues fue lo que quedó después de múltiples decisiones que tuve que tomar durante su desarrollo.
Les mando muchos besitos rupertianos, espero disfruten este nuevo capitulo:
Solo es Sexo
3
Crónicas de un Idilio Anunciado
¿Cómo diablos había terminado de nuevo en esta situación? se reprochó colocándose la blusa sobre su cuerpo semidesnudo, mientras las nítidas imágenes de los sucesos recientes se proyectaban una y otra vez en su mente provocándole escalofríos por lo meticulosamente que recordaba cada detalle.
Se terminó de colocar la blusa y paseó la mirada por el suelo en busca de sus zapatos. Los encontró al pie de la cama por lo que tuvo que desplazarse sigilosamente hacia ellos y cuando los tomó se escabulló hacia la puerta intentando hacer el menor ruido posible.
—Soy una persona horrible—pensó antes de abrirla, y sin poder contenerlo miró hacia la cama donde la raíz de todos sus males descansaba completamente ajeno a la situación. Hermione se mordió el labio inferior recordándose una vez más recorriendo aquel cabello rojo fuego mientras se encontraba perdida en aquellos brazos de piel pálida y tersa. De inmediato sintió como el maldito deseo descontrolado que la había metido en esto se encendía en su vientre viajando a través de todo su cuerpo hasta instalarse en su pecho dificultándole respirar. Se obligó a tomar aire y apartó la mirada. Si algo tenía por seguro en este momento, es que a partir de ahora había un asiento en las sillas del infierno con su nombre.
36 horas antes…
Ron miraba hacia la puerta por donde media hora antes Hermione había salido con aquel hombre mientras repasaba la conversación (si es que se le podía llamar así) que había escuchado. Repentinamente la puerta se abrió provocando que el corazón del pelirrojo diera un salto.
—¡Estoy en casa!—anunció Ginny apenas entró al apartamento, por lo que Ron respiró tranquilizándose, sin embargo el camino de posibilidades que su hermana representaba en ese momento lo despertó de sus cavilaciones.
—Entonces comencemos a comer—le dijo algo ansioso—muero de hambre.
—¿Y Hermione?—preguntó Ginny mirándolo extrañada. Ron casi pudo saborear esa pregunta.
—Al parecer su novio vino a verla y tuvo que salir—informó fingiendo naturalidad para no delatar que aquel era un gancho. Ginny frunció el ceño con una sonrisa absurda y se sentó en la mesa.
—Hermione no tiene novio—dijo como si Ron hubiese dicho un disparate y comenzó a sacar los desechables con la comida.
—Bueno, entonces salió con el tal Cormac—se corrigió el pelirrojo intentando sonar lo menos interesado que pudiera por saciar la necesidad de respuestas que tenía.
—Oh—soltó Ginny con un extraño gesto que Ron no supo descifrar.
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Hermione se encontraba abajo intentando deshacerse de Cormac sin ser demasiado ruda con él. Pero a decir verdad no era trabajo fácil dado que el susodicho era una piedra bastante dura de roer.
—¿Entonces ya te sientes de humor?—le preguntó una vez más volviendo al ataque. Hermione rodó los ojos y huyó disimuladamente de su agarre.
—Cormac, creí que habíamos sido claros con respecto a…—Hermione dudo por un momento, no podía decirle que sólo había sido un acostón sin quedar como una especie de zorra promiscua; que en realidad es lo que pasó dijo una molesta voz en su cabeza—…llevar las cosas con más calma—continuó intentando tener el mayor tacto posible.
—Bueno, no recuerdo haber hablado en absoluto anoche—dijo él con una sonrisa sugerente.
—Merlín—pensó Hermione exasperada. A este paso nunca iba a lograr escapar.
—Cormac… yo…—vaciló exprimiéndose el cerebro—…creo que necesito algo de tiempo.
—¿Tiempo?—repitió descolocado.
—Si, tiempo—recalcó Hermione utilizando aquella reacción en él como su tabla de salvación—para ver como me siento con respecto a esto.
Cormac se alejó unos pasos de ella luciendo aturdido. De manera extraña metió la mano en la bolsa de su pantalón y sacó un celular. Hermione lo miró extrañada ¿Para qué quería su celular en ese momento?. El castaño marcó unos dígitos y se llevó el aparato al oído. Entonces Hermione entendió que era lo que ocurría.
—Ya lo sabe—pensó nerviosa viendo como el rostro de Cormac se teñía de un rojo no muy sano cuando notó que ningún sonido provenía del celular de la castaña.
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—¿Tu amiga es un poco liberal verdad?—preguntó Ron cuando terminaron de comer.
—¿A que te refieres?—replicó Ginny sin entender a que iba la pregunta de su hermano.
—Bueno, tu dijiste que ese hombre no era su novio, y sin embargo a mi me dio otra impresión—Ginny frunció el ceño.
—No sé que ideas te estés haciendo sobre ella, pero de una vez te digo que ella no es esa clase de personas—le advirtió.
—Solo no me parece una buena influencia para ti—mintió Ron.
—Ron no seas farsante, todos alguna vez en la vida hemos transitado el barrio de la soltería—dijo Ginny encogiéndose los hombros—ella no busca una relación formal en este momento, y a mi no me parece mal que explore sus horizontes—a Ron esta información lo tomo desprevenido. Definitivamente Hermione no tenía la apariencia ser esa clase de persona.
—¿Desde cuando las niñas buenas se han convertido en esta clase de perversas jugadoras?—pensó bastante sorprendido. Entonces un pequeño detalle lo golpeó de lleno—Tu no andarás transitando ese barrio ¿Verdad?—le cuestionó a su hermanita.
—Para nada—respondió Ginny hipócritamente—por ahora lo único que me interesa es estar enfocada en mi juego—aclaró ante la mirada suspicaz del pelirrojo.
El sonido de las llaves al abrir la puerta los alertó de que Hermione estaba de regreso.
—¿Cenas con nosotros?—preguntó Ginny llamando su atención tan pronto como abrió la puerta. La castaña la miró y entonces recordó que Ron aun seguía en el apartamento.
—Genial—resopló para sus adentros, sin embargo por fuera únicamente se encogió los hombros y caminó hacia la mesa para tomar asiento lejos de la silla del pelirrojo que la miraba fijamente.
—No sabíamos si regresabas pronto, por eso comenzamos sin ti—dijo Ron por sacar conversación, obligándola a dirigirle la mirada.
—Esta bien, no me molesta—le aseguró Hermione esforzándose por mantener el tipo ya que la manera en la que esos ojos azules la miraban comenzaba a perturbarla.
—Supongo que no ha ido bien el asunto ¿No?—preguntó Ginny ajena a la situación, por lo que Hermione la maldijo internamente.
—No quiero hablar de eso—dijo evadiendo el tema. Lo último que le faltaba era que Ron se enterara de esa nueva faceta suya. Sin embargo, Ron únicamente pudo notar como sus mejillas se coloreaban ante la mención del asunto.
—No tienes la conciencia tranquila ¿Eh?—pensó mirándola disimuladamente y un extraño malestar le invadió el pecho.
—¿Cómo te fue con el asunto de tus boletos?—preguntó Hermione cambiando de tema.
—Me los cambiaron para mañana—dijo Ginny después de darle un trago a su cerveza.
—¿Entonces no se supone que no deberías estar bebiendo?—le regañó escandalizada.
—¿Quien eres la policía de las cervezas?—preguntó Ron de manera sardónica sorprendiéndola.
—No, pero tu hermana tiene que presentar ciertas pruebas ¿Sabes?—rebatió sin importarle de quien se trataba. Ella no era de la clase de personas que dejaba pasar esta clase de tonterías, ¡Ginny podría ser suspendida!.
Ron la miró con suspicacia, ¡Esta mujer era una descarada!. Tomar una cerveza que muy probablemente no marcara ningún indicador en las pruebas de doping era un crimen, pero tener sexo casual estaba bien.
—Si, supongo que es uno de los pecados más grandes que existen—dijo sin poder contener cierta ironía. Hermione sintió sus mejillas encenderse ¿Quién se creía para burlarse de ella?
—Bueno, bueno, tampoco es para tanto—intervino Ginny ante la extraña tensión—la verdad es que no va a afectar en nada Hermione, no es como si lleváramos toda la noche tomando; una cerveza realmente no va a hacer la diferencia—dijo de manera conciliadora, pues conocía tanto a Ron como a Hermione y por alguna extraña razón presentía que ninguno iba a dar su brazo a torcer.
La chimenea comenzó a chispear rompiendo la disputa, y después de unos instantes, el rostro del entrenador de las Harpies apareció de entre las llamas verdes.
—Weasley, ¿Dónde estás?—preguntó de manera hosca el hombre de bigote negro azabache con el ceño profundamente fruncido. Ginny suspiró con resignación y se levantó de la mesa.
—Maison ¿Te parece si hablamos en el despacho?—pidió la pelirroja y la cabeza del entrenador desapareció de la chimenea—creo que voy a tener que dejarlos por un momento—anunció con fastidio antes de pasar de largo hacia el corredor.
—No hay problema—respondió de manera automática Hermione, sin embargo Ron levantó las cejas de manera irónica mientras regresaba la mirada hacia los desechables de comida que descansaban en el centro de mesa con una sonrisa cínica. Fuera de lo que se esperaba por tratarse de un completo desconocido, Hermione se sintió de alguna manera retada por esa actitud.
—¿Acaso dije algo que te pareciera particularmente gracioso?—preguntó con sorna.
—Para nada, una mujer tan seria como tú jamás podría decir esa clase de cosas—Respondió Ron con cierta pulla—¿No es así intachable funcionaria del ministerio?—aquello fue como una bofetada con guante blanco.
—Efectivamente—respondió con el mismo tono—aunque a lo mejor una persona con tus características no podría decir lo mismo—contraatacó.
—¿Y qué se supone que quiere decir eso?—replicó él mirándola con una intensidad que provocó que se le fuera el aliento dejándola repentinamente sin palabras. Se aclaró la garganta apartando la mirada y se sentó derecha sobre su silla.
—Nada en particular—dijo intentando sonar neutral.
—No me pareció así—insistió picado por la manera en que había dicho aquello. Hermione se mojó los labios nerviosa buscando algún escape, sin embargo esa simple acción había conseguido que la tensión que existía en el cuerpo de Ron se transformara en una poderosa llamarada que mezclada con la adrenalina que el enojo (que era el sentimiento que anteriormente ocupaba su cuerpo) había disparado comenzara a arderle en las venas.
—Me dio la impresión de que buscabas ofenderme cuando hiciste referencia a mi trabajo—reconoció tensa por la extraña mirada en los ojos del pelirrojo. Después ambos se mantuvieron en silencio. Hermione sabía que tenía que salir de ahí, pero por alguna extraña razón se mantuvo paralizada en su lugar.
—Maison es un estúpido—se quejó Ginny después de unos incómodos minutos de profundo silencio cerrándo de un portazo el despacho.
—Me voy a dormir—anunció Hermione levantándose de su silla como impulsada por un resorte, y sin decir nada más se apresuró a salir de ahí.
Ginny se sentó en la mesa sin darle mayor importancia al hecho de que Hermione se fuera a dormir (era lo habitual que se acostara temprano), y continuó quejándose de su entrenador, sin embargo Ron no prestaba atención a nada de lo que decía, ya que su mente estaba en otro lugar. Uno al final del corredor.
Con un suspiro de resignación volvió a pensar en lo contradictoria que era Hermione. Ella era la que andaba por la vida rompiendo corazones, ¿Y se atrevía a juzgarlo por su estilo de vida?.
—Tal vez en realidad no sea mujer para mi—pensó desmoralizado. Una cosa era que los polos opuestos se atrajeran, pero otra muy distinta que dos universos completamente paralelos intentaran coincidir cuando no existía ni el más mínimo interés de una de las partes en que aquello ocurriera. Aventó la tapa de su cerveza hacia el otro lado de la mesa y entonces se puso de pie para comenzar a recoger los platos más por hacer algo.
—Mañana viajo temprano—le dijo Ginny logrando que por primera vez en los minutos que llevaba hablando le prestara atención—supongo que no voy a poder avisarle a mamá que me voy ¿Lo harías por mi?
—Claro—le aseguró Ron llevando los vasos al fregadero con cierto fastidio. Definitivamente ver a su madre nunca representaba un alivio. Miró por la ventana pensando en la reprimenda que le daría por continuar con su vida de vagancia en lugar de pensar ya en sentar cabeza. Bufó mirando de manera distraída a los coches que transitaban la calle; entonces notó algo que lo hizo quedar helado. Parpadeó un par de veces temiendo estar equivocado, pero no era así: justo desde esa ventana se veía claramente la calle por donde él pasaba corriendo todos los días. Sin poder evitarlo el recuerdo del desayuno vino a su mente:
—Tu ventana da una buenas vista de la calle—dijo Ron observando distraídamente hacia la afluencia de gente.
—Esa es una de las cosas que más le gustan a Hermione del apartamento—agregó Ginny.
—¿Será posible?—pensó con una energía renovada recorriéndole el cuerpo, y sin pensarlo dos veces se giró hacia su hermanita disimulando una sonrisa.
—¿Podrías prestarme tu llave de repuesto para ducharme unos días aquí?—le preguntó demasiado elocuente y Ginny frunció el ceño mirándolo de manera suspicaz—Es que la cañería de mi edificio tiene problemas y nos van a cortar el agua. Te prometo que sólo van a ser unos días—aseguró.
—Ron, eres un mago—le dijo Ginny ante lo absurdo de la petición.
—Pero mi casera no—respondió con obviedad—si lo intento reparar con magia alguien podría notarlo—Ginny sopesó su excusa por un momento.
—Buen punto—concedió aun un poco renuente—pero si va a ser así, trata de que tus visitas sean alrededor de las nueve, cuando Hermione se haya ido al trabajo.
—Tenlo por seguro—dijo con el tono más neutral que pudo obligarse a adoptar—tu compañera de apartamento ni siquiera va a notar mi presencia—El corazón de Ron latía como un tambor dentro de su pecho ante la expectación. Ahora sólo le quedaba comprobar sus sospechas.
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Como cada mañana, Hermione se despertó y después de desperezarse entró al baño para lavarse la cara. Mientras estaba en su ritual matutino, se miró al espejo pensando en lo enredada que su vida se estaba convirtiendo.
—Toda esta locura es innecesaria—se dijo tomando una toalla para secarse el rostro.
Salió del baño aun sintiéndose un poco adormilada, debido a que la noche anterior no había podido pegar el ojo pensando en que la tentación estaba más cerca que nunca. Bufó ante lo absurdo que eso sonaba ahora que estaba fuera del peligro y entró a su cuarto cerrando la puerta sin cuidado.
—Buenos días—dijo la voz de Ron provocándole un susto de infarto. Con el cuerpo un poco tembloroso se giró hacia la puerta para verlo de frente.
—¿Q-que haces aquí?—le preguntó sumamente nerviosa, ya que estaban dentro de su cuarto.
—Creo que ambos sabemos lo que hago aquí—dijo él sin pizca de vergüenza mientras avanzaba hacia ella.
—N-no creo q-que-
—¿Qué?, ¿Creíste que no iba a notarlo?—le dijo con una sonrisa presuntuosa que hizo a Hermione temblar de pies a cabeza.
—Y-yo…
—Tranquila—le dijo tomándole la mejilla con una mano y con la otra su cintura obligándola a acortar la distancia—no te voy a hacer nada que tu no quieras—susurró a centímetros de su rostro mientras el corazón de Hermione latía desaforado. La castaña clavó la mirada en aquellos carnosos labios que le hablaban a centímetros de los suyos permitiéndole sentir el aliento sobre su piel—Ambos sabíamos que esto tenía que pasar—le dijo antes de hundir sus labios en los de Hermione y comenzar a devorarlos en un apasionado beso.
Una sensación de vértigo hizo a Hermione sobresaltarse y entonces sintió el duro suelo impactar contra su costado obligándola a despertarse. Se puso inmediatamente de pie y miró a su alrededor un poco atontada.
—Estaba soñando—murmuró llegando a la conclusión de que la maravillosa escena que estaba viviendo unos segundos antes había sido producto de su subconsciente—Maldición…—soltó por lo bajo sintiendo su piel aun caliente debido a lo vívido de las sensaciones, el tacto de Ron sobre su piel, sus labios…
Hermione tragó saliva y dio un profundo suspiro.
Estoy volviendo a la pubertad—pensó derrotada mientras salía del cuarto con dirección al baño. Debía hacerse cargo de un húmedo asunto.
Cuando salió del baño después de su ducha fría, se dispuso a desayunar despotricando contra la farsa que realmente era la autosugestión. ¡Su maldita mente estaba fallando en controlar a sus alocadas hormonas!. Recordó la manera en que la mirada del pelirrojo le había puesto los pelos de punta la noche anterior, y se encontró sumida en su desgracias cuando un pensamiento le asaltó la mente: por mucho que buscara evitar el asunto, Ron no iba a dejar de ser hermano de Ginny, y por lo tanto siempre tendría el derecho a visitarla cuando quisiera, y eso implicaría que a lo mejor se apareciera por el apartamento de vez en cuando, sin que ella—Hermione Granger— pudiera hacer absolutamente nada para impedirlo.
—Siempre puedo contar con tener algún asunto pendiente en la oficina—se reconfortó tomando su tazón de cereal vacío para ponerlo en el fregadero, y entonces, mientras lavaba los trastes volvió a ocurrir: Inevitablemente levantó la vista y sin ser realmente consciente de que lo estaba esperando, su mirada se posó ávida en la figura pelirroja con aquella sudadera azul que la enloquecía. El calor del sueño se intensifico mientras de manera descarada estudiaba cada parte del cuerpo de aquel hombre.
—Ginny va a matarte—se recordó sintiendo su pulso acelerado.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Tal y como si supiera que lo observaba, el pelirrojo miró directamente a su posición y esbozó aquella arrebatadora sonrisa mientras reducía un poco la velocidad. La respiración de Hermione se detuvo por un momento mientras todo su cuerpo se convertía en una caliente masa de nervios.
Sin detenerse, él regresó la mirada al frente y entonces reanudó su marcha.
—Por las barbas de Merlín—murmuró la castaña llevándose una mano a la altura del pecho. Iba a terminar volviéndose loca.
Por su parte Ron se detuvo tan pronto dio vuelta en la esquina contraria a la calle de Hermione, y con una enorme sonrisa triunfal se felicito al constatar que sus sospechas habían sido completamente acertadas. El día anterior cuando había visto aquel ventanal la duda le había surgido con una necesidad casi enferma de saber si ella lo había visto antes por ahí. Se había gastado toda la noche anterior pensando en cada detalle de la conversación del desayuno, y los comentarios algo fuera de lugar que ella había dicho le habían dado la pista, pero en este momento todo quedaba confirmado.
Era el destino.
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—¡Weasley!—gritó Maison ordenándole a Ginny descender hasta el pasto. La pelirroja bufó exasperada y obedeció.
—¡Maldita sea, Weasley! ¡Si continuas cometiendo ese tipo de faltas, es seguro que en el partido real van a sacar tu maldito trasero directo a las bancas!—Ginny parpadeó sin entender y miró hacia el campo de juego donde una de sus compañeras, Sarah Mcdonald, se acomodaba los protectores después de haber colapsado contra una de las barreras de contención. Frunció el ceño extrañada, no recordaba haber embestido tan fuertemente—¡Será mejor que hagas a tu cerebro regresar al juego, porque si continúas jugando en automático vas a mandar a todo el equipo de regreso a Londres en camilla!—la pelirroja únicamente asintió. Realmente no estaba ausente por nada en particular, sólo se había distraído por un momento pensando en que Sarah había comenzado a salir con un chico que ahora iba a pedir su mano en matrimonio y eso (a su parecer) podría costarles el campeonato. El matrimonio era una de esas pestes que cada determinado tiempo diezmaba la alineación de las Harpies. Sin embargo su intención nunca había sido mandarla a la barrera de contención. Montó su escoba y con un fuerte impulso se elevó nuevamente hasta su posición.
—¿Sin resentimientos?—le preguntó a Sarah quien ya había regresado a su posición en el ala derecha de la cancha contraria, ya que ella formaba parte del que hoy fungía como el equipo contrario.
—Para nada, fue un accidente—respondió ella con una enorme sonrisa que hizo a Ginny sentirse molesta. Sarah no se daba cuenta de los muchos problemas en que esa maldita sonrisa bobalicona había metido al equipo.
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—Señorita Granger—llamó Kinsgley haciéndola salir de sus caóticos pensamientos. Entonces notó que todos en la mesa la observaban como si fuera un bicho raro. Se tensó sobre su asiento y carraspeó incómoda.
A buena hora su maldita mente decidía comenzar a tener el control sobre su cuerpo. Sin perder más el tiempo comenzó a explicar las nuevas adaptaciones que se habían manejado en la junta pasada para las prestaciones al retiro de los sueldos a los elfos que llevaban más de sesenta años laborando con una familia o institución.
El debate encarnizado no se hizo esperar.
Hermione realmente no entendía porqué la mayoría de la comunidad mágica continuaba tan renuente a este tipo de cambios lógicos en las mejoras a la condición de vida de las criaturas mágicas. Tal vez no fueran humanos, pero merecían condiciones de vida dignas.
Un mago barrigón objetó con tanta vehemencia que al aporrear su mano sobre la mesa hizo que todos los vasos dieran un salto por el impacto. Esa clase de personas eran quienes menos derecho a replicar tenían, en opinión de Hermione, pues seguramente era un maldito narcisista que tenía a alguna familia de elfos al servicio de su costosa mansión y no quería pagar el precio justo por el servicio. Mezquino ignorante despotricó Hermione internamente mientras escuchaba la sarta de tonterías que aquel hombre continuaba farfullando en inconfundibles patadas de ahogado para evitar que estas modificaciones se llevaran a cabo. Disimuladamente la castaña dirigió una mirada a Kingsley quien parecía opinar lo mismo que ella, ya que miraba a aquel hombre con una expresión rígida.
Dos brujas más dieron sus puntos de vista sobre las modificaciones, pero al contrario del brujo barrigón, ellas habían expuesto un análisis FODA y habían llegado a la conclusión de que a pesar de se un inconveniente para los bolsillos de las personas que requerían de los servicios de estas criaturas, era lo más justo para continuar con una coexistencia fundamentada en los valores de igualdad de oportunidades que todos los seres vivos deberían tener.
—¡Pero si sólo son bestias!—bramó el hombre nuevamente descontrolado.
—Señor McGuffin, si continúa con esta actitud me temo que tendré que pedirle que se retire—advirtió Kingsley y el hombre se enfurruño en su asiento con la cara roja como un tomate debido a la furia.
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Ron miró hacia el reloj de la cocina y se preguntó cuanto más tardaría Hermione en llegar. No había podido contra sus impulsos de volver a verla, por lo que en este momento se hallaba sentado en la sala del apartamento que la castaña compartía con su hermanita hecho un manojo de nervios.
Respiró profundo y se puso de pie. Tenía que empezar a controlarse si no quería ahuyentarla tan pronto como ella cruzara la puerta.
Se paseó por el lugar en un intento de domar sus endemoniados nervios y detuvo su andar justo frente a la ventana.
—Su ventana favorita—pensó con una enorme sonrisa naciendo en sus labios. Entonces su corazón comenzó a latir emocionado y decidió seguir su camino hacia el estéreo que estaba en el mueble decorativo de madera en la pared principal de la sala en un intento de sofocar su ataque de euforia. De manera distraída comenzó a revisar los cd's que estaban a un costado del aparato.
Música de chicas—dictaminó resoplando divertido.
Revisó todos los compactos hasta que llegó a uno en particular que le pareció chocante debido a que a diferencia de los otros no tenía la foto de un hombre en la portada, si no que estaba únicamente una nota en la cuja transparente que rezaba: para relajarse. Frunció el ceño separándolo del montón para escucharlo. Tan pronto el aparato reconoció el disco y comenzó a reproducirlo, unos extraños gemidos comenzaron a sonar haciéndolo sobresaltarse. Miró nuevamente la cuja y revisó el reverso. En una lista de canciones hecha a mano indicaba aquella canción como Cream.
—¿Qué diablos es esto?—pensó escuchando las primeras líneas le canción. Definitivamente podía imaginarse a que tipo de relajación iba dedicado este disco y la duda de no saber si era de su hermana o de Hermione lo hizo entrar en una encrucijada.
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—¡Eres una guerrera!—le gritó eufórica la jefa del departamento de regulación de leyes mágicas mientras la castaña bajaba dificultosamente del auto debido a que sus piernas no seguían las órdenes de su cerebro. Al estar en la banqueta levantó el brazo en una señal de triunfo y todas la mujeres del auto aullaron emocionadas. Definitivamente esta era una imagen que no se veía todos los días, pero la ocasión lo había ameritado. A final de cuentas no todos los días se le gana la partida a una sarta de imbéciles conservadores que creen que porque sus padres y sus abuelos fueron fundadores del ministerio van a hacer lo que quieran.
—¡Te mereces divertirte muñeca!—gritó salvajemente una de las señoras que iba en el asiento trasero—¡Disfruta por nosotras, tú que aun tienes edad!—agregó provocando que todas comenzaran a carcajearse. Hermione sonrió tontamente negando con la cabeza y entonces se despidió moviendo la mano torpemente. El auto arrancó y lo último que la castaña pudo escuchar antes de que el auto diera vuelta en a esquina fueron las notas de Faith de George Michael.
Casi dando tumbos subió la escalera y con la visión doble luchó por meter la llave en la cerradura.
—Deberían hacerlas más grandes—musitó aun forcejeando por introducirla en la ranura. Cuando por fin lo logró entrar al apartamento notó que había dejado la luz de la cocina encendida.
Ginny va a matarme—pensó por centésima vez en el día y caminó hacia el sofá. Entonces se encontró con la última imagen en el planeta que hubiese esperado encontrarse. Totalmente ajeno a su presencia, Ron dormía profundamente en el sofá largo de la sala.
Hermione se hincó a la altura del rostro del pelirrojo y le colocó una mano sobre la mejilla visible.
—Me voy a ir al infierno—le susurró la castaña acariciándole la mandíbula suavemente con el pulgar.
—Llévame contigo—le dijo él haciéndola sobresaltar cuado abrió los ojos para mirarla fijamente.
—No sabes cuanto quisiera—le confesó ella tocando ahora los labios del pelirrojo con su pulgar. Ron abrió levemente los labios y lo besó suavemente provocando que la castaña cerrara los ojos extasiada ante esa sensación.
—¿Qué te detiene?—le preguntó con un tono cálido que a Hermione se le antojó demasiado cercano, por lo cual abrió los ojos nuevamente con una difusa alarma de advertencia sonando a la distancia en su aturdida conciencia mientras observaba aquellos profundos ojos azules a centímetros de su rostro.
—Eres un completo desconocido—reconoció comenzando a respirar con dificultad.
—Eso es porque tienes muy mala memoria—le dijo él rozando su nariz contra la suya.
—No hagas eso—le suplicó en un susurro casi mudo debido a que sus cuerdas vocales ya no le respondían coherentemente. El pelirrojo se puso de pie, tomándola de las manos en una implícita invitación a hacer lo mismo. Era difícil negarse a aquellos brillantes ojos azules. Él nuevamente acortó la distancia entre ellos hasta quedar a centímetros de su rostro.
—No te preocupes, aquí no va a pasar nada que tú no quieras—le aseguró en un cálido susurró que hizo su aliento descansar sobre los labios de ella, dándole una sensación de deja vú que le estremeció la piel.
—Ese es el problema—le replicó sonando atormentada. Y entonces lo sintió rozar levemente sus labios.
—No soy la clase de hombres a la que estas acostumbrada—reconoció el pelirrojo—pero te prometo que no tengo ninguna mala intención—Hermione se mordió el labio conteniéndose a duras penas de devorarle los labios—me encantaría tenerte en mi vida para siempre—le susurró rozándole nuevamente los labios y sin previo aviso los apresó en un apasionado beso. Llevado por la adrenalina Ron la levantó del suelo y ella aprovechó para entrelazar las piernas alrededor su cintura.
Sin perder el equilibrio el pelirrojo la recostó sobre el mueble y siguió besándola apasionadamente mientras se colocaba con dificultad entre sus piernas (debido al inconveniente corte de su falda) para poder recorrerla a sus anchas.
Hermione introdujo sus manos por debajo de la camisa de él ansiosa de sentirlo; había fantaseado tantas veces con ello que ahora sentía la imperante necesidad de hacerlo. Ron gimió contra sus labios al sentir sus manos frías recorriéndolo y una inminente erección se hizo presente provocando que se le abultaran los pantalones comenzando a estorbarle. De manera descontrolada comenzó a besar la tersa piel del cuello de la castaña ansioso por saborear cada centímetro de su piel.
En medio de un gemido de placer Hermione sintió como los labios de Ron se hacían camino entre su blusa hasta llegar al borde de la copa de su brasier.
—A mi cuarto—ordenó hundiendo sus manos entre sus cabellos rojo fuego. Ron obedeció sin chistar y la levantó en vilo para llevarla en brazos hasta su cama. Durante el camino la castaña continuó llenándolo de besos haciéndole un poco complicado continuar sin ceder a su necesidad de acorralarla contra una pared y hacerla suya ahí mismo, sin embargo el tenía claro que no quería únicamente tener sexo con ella. Llevaba tanto tiempo esperándolo, que no pensaba conformarse con nada menos que poseerla por completo.
Giró la perilla con dificultad y con una patada abrió completamente la puerta para darse paso. Con toda la delicadeza que pudo recostó a Hermione sobre la cama y esta vez lo primero que hizo fue deshacerse de esa maldita falda para nuevamente abrirse camino entre sus piernas. Para él era una deliciosa agonía tomarse el tiempo para disfrutar cada una de sus caricias y sus besos. Se separó unos centímetros de ella y con las yemas de sus dedos le acarició el mentón recorriéndola hasta llegar al escote que formaban los botones sueltos de su blusa de uniforme. Con las manos temblándole de emoción desabotonó lentamente la blusa notando la respiración entre cortada de ella mientras la piel de su abdomen se iba revelando.
—No sabes lo mucho que eh soñado con esto—le confesó acariciándole suavemente la piel del vientre. Al mirarla a los ojos pudo ver el deseo reflejado en los ojos marrones de Hermione, haciendo que el suyo propio comenzara a consumirlo. Entonces nuevamente una poderosa erección se hizo presente reclamando la intimidad de la castaña.
Con una lentitud tortuosa, Ron continuó el recorrido de sus dedos hasta llegar a la zona íntima de Hermione, que para su satisfacción se encontraba completamente húmeda al tacto por debajo de la tela de algodón que lo separaba de un contacto directo. Sin más preámbulos se deshizo de la prenda que se interponía entre aquella gloriosa humedad y él. Hermione se incorporó un poco para continuar besándolo, y aprovechó para por fin retirarle la camisa. Ron entonces le retiró también la blusa por completo.
Hermione posó una mano sobre el pecho masculino.
—Sí eres un adonis—reconoció respirando pesadamente.
—Lo tomaré como un cumplido—dijo Ron con una sonrisa antes de nuevamente comenzar a devorarle los labios en un apasionado beso. Hermione llevó sus manos hacia la ancha espalda de Ron y comenzó a recorrerla hasta llegar a su trasero, el cual apretó con fuerza provocando que la dura erección le rozara la zona íntima, aunque el tener los pantalones de por medio no era la experiencia más maravillosa, por lo cual de inmediato le abrió los pantalones indicándole que los quería fuera. Ron obedeció una vez más, solo que esta vez se levantó de la cama por completo para poder quitarse los pantalones de mezclilla sin ningún problema.
Tan pronto como el pelirrojo descubrió su vientre, Hermione pudo deleitarse con aquella enorme y pulsante erección que momentos antes había sentido de manera indirecta.
Movida por la curiosidad llevó una mano hacia ella provocando que el corazón de Ron comenzara a latir de manera irregular. Con un gemido de placer el pelirrojo cerró los ojos mientras ella movía la mano en un torturador vaivén que provocó que su erección se pusiera aun más dura de lo que ya estaba.
—Será mejor que te detengas—le pidió Ron con la voz ronca de deseo—no queremos que la fiesta se acabe aún—aclaró con una sonrisa presuntuosa, entonces le retiró la mano de su miembro y nuevamente se cernió sobre ella—Definitivamente es otra la manera en la que quiero que esto termine—le confesó uniendo sus labios en un profundo beso. El pelirrojo hizo rozar su dura erección sobre la intimidad de Hermione, haciendo que el cuerpo de ella reaccionara inmediatamente reclamando tenerlo de una buena vez. Sin embargo Ron tenía otros planes. Se tomó la erección y con suavidad comenzó a frotarla sobre el clítoris de ella provocando que gimiera de placer.
—Por favor—pidió ella mientras clavaba las uñas en su espalda.
—¿Qué es lo que quieres?—preguntó con malicia mientras continuaba con su trabajo. Realmente valía la pena la tortura que le estaba provocando a ambos si el resultado era la gloria de escucharla suplicando por él.
—Entra—le urgió ahora oprimiéndole el trasero.
—Quiero escucharte pedirlo como se debe—le ordenó mirándola fijamente a los ojos marrones.
—Hazme el amor Ron—le pidió provocando que cada poro del cuerpo de él se estremeciera. Entonces, sin poder contenerlo más entró en su húmeda intimidad.
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Cuando Ron se despertó aquella mañana, se encontró recostado sólo en la cama del cuarto de Hermione. Con un amargo sabor en la boca se sentó sobre la cama y vio que la castaña había limpiado a conciencia la escena de los hechos.
—¿Cree que así se me va a borrar lo que paso?—pensó sintiéndose ofendido.
Estaba claro que ella pensaba continuar con sus juegos. Pero él no pensaba permitírselo. A partir de ahora ella sería suya y de nadie más.
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Ya sé que eso de terminar los capítulos de manera malvada es una mala costumbre mía, pero juro que tiene una muy buena razón de ser (no sólo es por hacer maldad :D).
Esperaré con ancias sus reviews, ya que esta es la primera escena de sexo explícito que escribo en la vida. Estoy verdaderamente nerviosa.
Espero saber de ustedes…
CIAO
Ahora responderé reviews para quellas lectoras que no tienen cuenta:
Inmaru: Que alegra que te haya matado de risa el primer capítulo, y que en general la historia este siendo de tu agrado; créeme Hermione también se ha quedado picadísima con lo que ha ocurrido hasta ahora jejejejejejje. Un enorme saludo y espero que esta capitulo también haya sido de tu agrado... espero leer de ti, me alegra el día saber que les parece la historia.
PAQUI: jejejejjejeje por algunas extraña razón creo que para cuando llegues a leer la respuesta al review anterior los calores se te habrán subido a la cabeza jajajajajajajajajjajajajajaj jajajaja. Esta es una de las razones por las que no se le apareció repentinamente cuando escuchó lo de Cormac... bien dicen que el que persevera alcanza :D...
Te sorprendería saber que el choque no fue precisamente por el beso... pero eso sería Spoilear por que yo lo sé y ustedes no jajajajajajjajajajajajajja...
En fin, imagino que esa inocente sudadera azul que tu papá te regalo ya no la volverás a ver con los mismos ojos jajajajjaja (es broma jejejje).
Te mando muchos saludos y espero que este capitulo te haya gustado. :D
CIAO.
