Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer no me pertenece, es de nuestra diosa Jo Rowling... todo lo demás es producto de mi traumada y viciosa mente...
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Bueno bueno, es bastante tarde y me ando durmiendo un poco, por lo que seré breve: aquí está el nuevo capítulo, espero lo disfruten y no quieran matarme por haber tardado en actualizar… espero que comprendan que a veces el trabajo no da mucho espacio para escribir, pero bueno, lo importante es que aquí esta. Muchísimas gracias a todos las personas que leen la historia, su apoyo me ayuda a seguir adelante, y también a quienes comentaron en el capítulo anterior, sus reviews me hacen sonreír feliz, y definitivamente me encanta leer lo que lo que opinan de lo que ocurre capítulo a capítulo. Bueno, sin más por agregar:
Disfruten del capitulo.
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Solo es Sexo
4
Hazme sentir que no me equivoco
Esa mañana sentía que el cuerpo le pesaba casi el doble de lo común. Pero entonces esa molesta voz en su cabeza (que últimamente le hablaba con la voz de Ginny diciéndole muy a menudo que se iba a ir al infierno por traicionar su amistad) le recordaba que tal vez se debiera a la culpa que cargaba encima. Como no pudo desayunar en su casa (porque seguramente su paladar decidiera prescindir de los alimentos comunes y decidiera comer otra clase de manjar), había tenido que pasar a la cafetería que estaba a algunas cuadras del apartamento para comprar algo de comer y tomar el desayuno en el coche (debido a su celebración con bombo y platillo de la noche anterior se había levantado tardísimo para ir al trabajo).
Mientras se encontraba esperando a que el semáforo cambiara a verde, miró hacia una pareja que cruzaba frente a su auto; venían tomados de la mano mientras él le susurraba algo al oído que inmediatamente provocaba a su acompañante esbozar una tímida sonrisa. Hermione bufó comenzando a tamborilear con los dedos sobre el volante. ¿Cuándo más tardaría el maldito semáforo? Dio un profundo suspiro para amainar su recientemente descubierta faceta irascible (por lo general ella era de esa clase de personas que encontraba poco práctico hacer corajes por cosas cotidianas que escapaban de su control). Miró hacia su muñeca y se encontró una marca levemente moreteada. Sin poder evitarlo su mente viajó hacia horas antes donde había sido forjada entre los suaves y carnosos labios de su pelirrojo de sudadera azul.
—Ron—se repitió mentalmente con una leve sonrisa naciendo en sus labios.
—Quiero escucharte pedirlo como se debe—le ordenó Ron mirándola fijamente a los ojos. En realidad no podía negarse a nada en ese momento, su cuerpo se encontraba en medio de un infierno que sólo aquel hombre era capaz de apagar. En sus ojos pudo ver la determinación y la pasión con la que él le preguntaba aquello, y por alguna extraña razón su mente solo pudo hilar una frase que sin ser capaz de reprimirla salió de sus labios dando voz a todo ese orgasmo de sensaciones que la estaban consumiendo.
—Hazme el amor Ron—le pidió y entonces se vio atrapada en aquellos ojos de un profundo azul que en ese momento se mostraban transparentes para ella. Él le pertenecía. Esta sensación solo hizo más potente el golpe de placer que la llenó por completo al sentirlo entrar en su intimidad.
El sonido del claxon de varios autos que esperaban a que avanzara la sacaron de sus recuerdos sobresaltándola. Maldijo por lo bajo y metió la velocidad para avanzar. Definitivamente estaba regresando a su preadolescencia de una manera que incluso a su yo de quince años le daría vergüenza. En este momento sentía como el simple recuerdo de la noche anterior la había alterado de pies a cabeza.
—Merlín Hermione, contrólate—se regañó antes de cambiar nuevamente la velocidad. A este paso tendría que borrarse la memoria para poder escapar del tormento que Ron comenzaba a representar.
Pero anoche no te parecía así—le dijo esa odiosa vocecilla nuevamente metiéndose en donde nadie la llamaba.
La verdad es que en este momento no estaba segura de nada. Es verdad, la noche anterior había sido fantástica, pero definitivamente había estado completamente mal. Ron era prácticamente un desconocido y el remordimiento de nuevamente haber tenido sexo casual con un extraño comenzaba a martillarle la conciencia. Definitivamente era algo que debía dejar de hacer; ahora debido a su lapsus alcohólico no podría mirar a ese hombre a la cara sin morir de la vergüenza, y que decir de lo que esto le iba a hacer a su amistad con Ginny si salía a la luz.
Se mordió el labio nuevamente recordándolo dormido a su lado después de la exhaustiva sesión de sexo en la que se habían visto envueltos minutos antes, y con pesar tuvo entonces que reconocer que mirarlo a la cara no iba a ser su mayor problema, si no lo imposible que iba a ser huir de él cuando lo que en realidad le provocaba eran ganas de brincarle en cima como niña a su juego del parque de atracciones favorito, y repetir una y otra vez la experiencia. Un malestar le invadió al darse cuenta de que era muy probable que a partir de ahora él no la viera sino como una caliente que se tiraba al primero que le encendiera las hormonas lo suficiente para revolcarse con él como una cualquiera.
Con este desalentador pensamiento aparcó para continuar su camino a pie.
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La victoria de aquel partido había sido arrolladora, y definitivamente eso merecía una gran celebración; razón por la cual Ginny y el resto de las Harpies habían decidido escabullirse a recibir los honores de la victoria como se debía: en un antro bebiéndose la victoria hasta morir.
—Creo que la pesca va a ser buena esta noche—comentó Amanda Thompson mientras daba una rápida revisión a los prospectos más cercanos.
Caminaron hacia la barra, y tan pronto como terminaron de ordenar un tipo se acercó a Ginny.
—Tú eres Ginny Weasley, cazadora de las Harpies—le dijo el hombre afirmando la información con un tono que a la pelirroja se le antojo demasiado provocativo.
—Y tú eres un tipo en el montón que quiere acostarse conmigo—le dijo antes de hacer una mueca de lástima—pero hoy no estoy de humor para castaños, así que ahórrate el esfuerzo.
El hombre la miró con el rostro desencajado y después de esperar unos minutos se retiró humillado debido a que todo el equipo acababa de comenzar a reírse de él.
—Eres implacable Weasley—le felicitó Rebeca Stuart y entonces levantó una copa clamando un brindis—por la libertad—vociferó consiguiendo un aullido por parte de las otras, bueno, todas excepto Sarah Mcdonald que simplemente sonreía sin levantar la copa.
—Vamos Sarah, no seas aguafiestas—se quejó Amanda—bien dicen que ojos que no ven, corazón que no siente.
Sarah volvió a sonreír de manera cortés.
—Pero yo lo sabría, y la verdad no le veo necesidad cuando en John tengo todo lo que busco—explicó antes de dar un sorbo a su bebida.
—El amor causa estragos en la personalidad—opinó Rebeca con una mueca de asco que hizo a todas echar una carcajada.
—No lo creo así—opinó Chasidy Wright la tercera cazadora titular del equipo.
—Chasidy, tu ves bondad hasta en la maldita secadora que estuvo a punto de electrocutar tehace seis meses—se burló Amanda.
—Bueno, todos tienen derecho a cometer errores, y mi secadora no es la excepción—excusó encogiéndose los hombros. Si Ginny no la conociera bien, diría que aquello era una broma. Pero por desgracia sí la conocía, y debido a los años que llevaba de conocerla, sabía que la chica no bromeaba, y que de verdad consideraba que el endemoniado objeto había actuado presa de una confusión.
—Tal vez creyó que era un ladrón —les había explicado cuando llegó al día siguiente de su patético accidente al entrenamiento con las puntas del cabello levemente chamuscadas— es muy sensible y dudo mucho que de alguna otra manera hubiera actuado de esa manera—Aquella vez todo el equipo había estallado en lágrimas de risa debido a que no podían parar de reír con la absurda explicación. Sólo a Chasidy se le podía ocurrir hechizar a su secadora para que tuviera vida propia porque se sentía sola después de romper con su novio en turno.
—Bueno, estamos perdiendo el punto de esta celebración—interrumpió Gianna Snow, la guardiana y capitana del equipo—creo que lo justo es que la autora de la mitad de los tantos, y pateadora máxima de traseros rusos sea la primera en realizar un brindis—Gianna le pidió al joven de la barra que llenara nuevamente la copa de Ginny y se la pasó con una exagerada reverencia. La pelirroja sonrió mirando como las otras jugadoras comenzaban a hacer exageradas inclinaciones ceremoniosas mientras esperaban que diera su brindis.
—Esta bien, esta bien—dijo calmando las desternillantes muestras de respeto (Amanda ahora besaba su mano libre como su fuera un tesoro preciado)—Creo que mi brindis será por nosotras y porque sigamos pateando muchos más traseros a nivel mundial—todas hicieron una bulla en aceptación, pero la pelirroja las silenció con un gesto de la mano para que le permitieran continuar—Y porque la mejor alineación que las Harpies han tenido desde que Gwenog Jones llevó a las Holyhead Harpies a la victoria del campeonato continúe unida por muchas temporadas más. No importando los inconvenientes que se interpongan en nuestro camino—agregó enviando una mirada significativa a Sarah quien se dio por aludida y únicamente asintió en respuesta—Salud—concluyó levantando su copa para que todas chocaran sus copas contra ella al grito de salud.
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Ron entró a su casa e inmediatamente se dejó caer sobre el sofá individual y tras unos instantes frunció el ceño extrañado por el silencio sepulcral que había en el lugar. Harry debería estar en casa. Se puso de pie y buscó por el lugar hasta que halló una nota sostenida por un imán en la puerta del refrigerador.
—Debo viajar a reunirme con Scamander por un extraño brote de abejas de aguijón rojo. Te veo dentro de dos días—Ron arrugó la nota y la tiró a la basura. Justo cuando más lo necesitaba para ayudarlo a poner su cabeza en orden, se desaparecía. Dio un bufido y se encaminó a su cuarto.
Apenas a travesó la puerta se quitó la camisa y la aventó sobre la cama, pero un ardor a la altura de los omoplatos lo hizo ir hacia el espejo, sólo para comprobar, con una enorme sonrisa, que eran las marcas que las uñas de Hermione habían dejado sobre su carne. Se miró el cuello y encontró un par de marcas también.
—Bueno, si es el precio que hay que pagar para llegar al cielo—dijo extasiado por los recuerdos de la noche anterior. Un denso y caliente sentimiento comenzó a nacer en su pecho mientras recordaba lo suave que se sentía la piel de Hermione en sus labios, y lo cálido y estrecho que era su interior. Repentinamente sintió que le faltaba el aire y la sangre de sus venas comenzaba a bombear con más fuerza. Casi podía saborear cada uno de sus gemidos mientras entraba y salía de ella. Había sido glorioso.
Tomó aire por la boca sintiéndose incapaz de continuar en pie debido a que sus piernas comenzaban a temblarle por la excitación mientras unas fuertes nauseas se instalaban en su estómago a causa de las mariposas que revoloteaban en él.
—Hermione—suspiró sentándose en la cama—¿Qué voy a hacer contigo?—se preguntó restregándose las manos sobre la cara y se dejó caer de espaldas sobre el colchón.
Necesitaba volver a verla. Clavó la mirada en el techo sonriéndole al ventilador. El hecho de saber que ella le correspondía lo hacía sentir como un imbécil enamorado; aunque ella no supiera realmente quien era, y todo lo que ella significaba para él, de alguna extraña manera podía sentirlo. Aquella noche ella le había pedido que le hiciera el amor. Su sonrisa se hizo más grande.
—Ella no busca una relación formal en este momento—dijo la voz de Ginny disparándose en su cabeza trayendo la imagen de aquel hombre que la había ido a buscar—y a mi no me parece mal que explore sus horizontes—continuó la voz de Ginny haciendo que sus tripas se retorcieran. El solo pensar que ese tipo había podido probarla en toda su plenitud tal y como él lo había hecho hizo que la furia le calentara el cuerpo.
Las dudas comenzaron a hacer mella en su anterior seguridad de que ella le correspondía. Tal vez aquella era una pose que tomaba con todos sus amantes en turno y por eso se había marchado esa mañana antes de que él despertara. Se sentó de golpe sobre la cama con la furia agitándose en su interior y apresó las sábanas entre sus manos fuertemente cerradas. Tenía que saber si se estaba equivocado.
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—Hermione—le llamó una voz varonil llamando su atención. Cuando miró hacia el dueño de la voz una gran sonrisa se dibujó en su rostro.
—¡Neville!—le dijo a manera de saludo poniéndose de pie para saludarlo. Rodeó su escritorio y le dio un fuerte abrazo—¿Qué te trae a la ciudad?
—Debo llevar a cabo algunos trámites para un par de jóvenes que planean introducir al país nabos tibetanos—explicó separándose de ella—así que como el departamento de regulación no está lejos de tu oficina decidí pasar y saludarte.
—E hiciste muy bien—sonrió dándole una ligera palmada en el hombro y entonces se giró para tomar su bolso—¿Qué te parece si te invito a almorzar?
—Bueno, sería grandioso porque me muero de hambre—reconoció él tocándose el estómago.
—Entonces no se diga más, nos vamos al Molino Viejo.
Salieron de la oficina y se dirigieron hacia el Londres muggle mientras platicaban de trivialidades. Antes de cruzar por el área de chimeneas se toparon con Cormac Mclaggen, que le dirigió una mirada de resentimiento a Hermione.
—No quiero ser entrometido—dijo Neville mientras caminaban hacia el restaurant—pero aquel tipo parecía querer asesinarme ¿Me eh perdido de algo importante?—Hermione se mordió el labio un poco nerviosa. Neville era su mejor amigo, pero no sabía cómo iba a tomarse esta nueva faceta suya.
—Creo que mi vida se ha complicado un poco—admitió. Neville levantó las cejas y le cedió el paso para que entrara al lugar; tan pronto estuvieron en el interior del establecimiento el host les asigno una mesa y la carta.
—Vuelvo en cuando estén listos para ordenar—les dijo se retiró.
—¿Me vas a contar o quieres que comience a sacártelo palabra por palabra?—dijo Neville sin siquiera tomarse la molestia de revisar la carta, lo cual Hermione tomó como aquella era una clara advertencia; la castaña simplemente suspiró con resignación y le hizo un breve resumen de los sucesos que habían tenido lugar en la última semana.
—Ginny es una mala influencia para ti—fue lo primero que él dijo cuando terminó con su relato.
—Y eso no es lo peor del asunto—confesó mortificada.
—¿Hay más?
—El pelirrojo de la sudadera azul…—miró a su servilleta como si ahí fuera a encontrar alguna forma de hacer aquello menos terrible de lo que era. Inspiró con resignación y continuó—…pues… es algo así como… uhm… el hermano de Ginny.
El silencio se hizo eterno mientras Neville le hacia escrutinio a su rostro comprobando que era Hermione Granger quien estaba frente a él y no alguien bajo los efectos de una poción multijugos, o peor aun, Hermione bajo la maldición imperius. Tras unos segundos más lo vio parpadear asimilando con asombro la nueva información.
—¿Cómo lograste escapar de la maldición asesina?—aquello solo lo hizo peor. No es que no lo supiera, pero escucharlo de los labios de Neville era mil veces peor.
—No lo sabe—confesó encontrando nuevamente su voz.
—Vaya, eso lo explica perfectamente—dijo Neville con cierto alivio—¿Cuándo te mudas?—la pregunta le cayó como bomba.
—Yo...no lo había considerado—admitió, e inmediatamente la pregunta le vino a la cabeza ¿Sería Ginny capaz de sacarla del apartamento?
—Bueno, aunque no te sacara a patadas del apartamento, no creo que fuera muy agradable vivir con el enemigo en casa—dijo él como si leyera sus pensamientos. Y con todo el dolor del alma Hermione tuvo que darle la razón: el panorama de aquello era realmente horrible.
—No tiene porque enterarse—dijo entonces encontrando una luz al final del túnel—Es algo que no va a pasar a mas de una noche… un desliz.
Neville suspiró con resignación.
—Yo que tú me aseguraría de eso antes de dar las cosas por sentado—le advirtió. Una cosa era que Hermione no se diera cuenta de lo afectada que lucía cuando hablaba de aquel tipo, pero no podía permitir que fuera por la vida dando palos de ciego, era su deber de amigo al menos debía gastar saliva en el intento.
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La pista era un hervidero de gente donde algunos bailaban y otros simplemente saltaban de un lado al otro contagiados del ambiente. Las Harpies eran obviamente el centro de atención, ya que eran parte de la realeza del quidditch y todo el mundo buscaba codearse con ellas.
—Me parece una lástima que ya no hagan música como la de antes—dijo Amanda mientras con una media vuelta le daba la espalda a su acompañante y comenzaba a menearse contra su cuerpo. Ginny negó levemente: Amanda no tenía remedio; lo más probable era que en cuestión de minutos ese pobre hombre estuviera en una cama semi inconsciente.
Un repentino golpe por la espalda la hizo perder el equilibrio y resbalar hacia el suelo quedando en una pose ridícula.
—Lo lamento—dijo el causante de su accidente mientras lo sentía tomarla del brazo para ayudarla a ponerse de pie.
—Ten más cuidado—le aconsejó un poco de malas y entonces lo miró. El arrepentimiento por lo que acababa de decir la hizo sentirse una estúpida. El chico se acomodó un poco los lentes circulares que resguardaban sus ojos de un intenso verde, y con un gesto apenado le dijo:
—Te compraré una bebida para compensarte—Ginny sonrió aceptando la oferta y ambos salieron de la pista.
—Dos cervezas de mantequilla—pidió él tan pronto como llegaron a la barra, pero un segundo después se giró hacia ella mirándola como si se disculpara—¿Quieres otra cosa?—Ginny le sonrió encantada por la timidez con la que lo había dicho.
—Esta bien—lo vio relajar el rostro dibujando una sonrisa que le permitió ver su perfecta dentadura. Aquel hombre era bastante atractivo, aunque su cabello de aspecto indomable no entraba en la categoría de lo que solía llevarse a la cama, su perfecta actitud de caballero lo compensaba con creces. Inconscientemente lo miró de pies a cabeza repasando cada parte de su cuerpo. A decir verdad no estaba nada mal.
—Hay mucha gente, escuché que es porque hay unas famosas jugadoras en el lugar—le dijo incómodo por como ella lo miraba. Después de un momento la pelirroja cayó en cuenta de lo que había dicho.
—¿No sabes quienes están en el lugar?—le cuestionó sorprendida.
—Eh… pues no estoy particularmente informado sobre la liga de quidditch—confesó de nuevo con ese tono de timidez. Ginny frunció el ceño ligeramente y su sonrisa se hizo más grande: aquel definitivamente era un premio adicional.
—Pues yo tampoco eh… ¿Cómo me dijiste que te llamabas?—le preguntó cayendo en cuenta que había olvidado ese detalle.
—No te lo eh dicho—respondió él extrañado—pero me llamo Harry.
—Ginny—le dijo ella extendiéndole la mano.
Cuando Harry le tomó la mano, una fuerte luz plateada entró al lugar alertándolos. Los murmullos de la gente mientras se habrían paso para dejar a aquella extraña cosa pasar llenaron el lugar. Entonces la luz tomó forma de un venado y se paró frente a Sarah Mcdonald.
—No podía dejar pasar un segundo más sin felicitarte amor. Sabía que ganarían, son las mejores—hubo algunos grititos de emoción provenientes del público femenino—Te mando todo mi amor, y estaré esperándote ansioso. Siempre tuyo, John—después de esto último, la luz se desvaneció y el lugar rompió en aplausos.
—Supongo que ella es parte del equipo—dijo Harry con cierto humor.
—Yo también lo creo—dijo Ginny sonando más malhumorada de lo que pretendía. Aquello había sido demasiado para su propia salud. Harry la miró algo fuera de lugar por su actitud; la pelirroja recompuso el gesto y lo tomó del rostro sorprendiéndolo con la guardia baja.
—Tu boca y yo tenemos que tratar un asunto en privado—él la miró boquiabierto sin poder decir nada más antes de que ella le plantara un beso de lleno en los labios.
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Neville estaba sentado cómodamente en el sofá de la sala cuando la puerta del apartamento de Hermione y Ginny se abrió abruptamente. Miró extrañado al hombre pelirrojo que acababa de aparecer entrando al lugar. El hombre miró a su alrededor y tan pronto sus ojos azules se toparon con la presencia del castaño sentado en el mueble, los vio arder como una especie de maldición imperdonable.
—¿Dónde esta Hermione?—preguntó agresivamente. Neville señaló el pasillo con timidez antes de decir:
—Bañándose.
Ron resopló como un toro y caminó echo una furia hacia donde Neville le había indicado. El castaño parpadeó confundido ¿Había visto bien?¿Acaso ese hombre iba hacia el baño?. Escuchó un breve grito de sorpresa y la puerta se cerró nuevamente. Entonces lo comprendió: ese era el hermano de Ginny.
—¡¿Qué crees que estas haciendo?!—le preguntó Hermione alterada mientras se cubría con las manos lo poco que podía.
—Por favor, yo recorrí ese cuerpo palmo a palmo. No hay nada que no haya visto ya—le dijo sin pizca de vergüenza. Hermione se pegó a la pared de la ducha buscando poner distancia entre ellos, pero Ron dio dos grandes zancadas acorralándola contra la pared. Ella lo miró cohibida mientras sentía su corazón golpear con fuerza contra sus costillas.
—¿Quién es ese tipo?—le preguntó imprimiendo especial furia en la última palabra. Hermione sintió como las piernas le empezaron a temblar.
—No es de tu incumbencia—replicó intentando mantener el tipo. No quería demostrarle lo mucho que él ocasionaba en ella.
—¿Ayer estabas conmigo y hoy estas con él?—le preguntó mirándola de tal manera que sintió las piernas fallarle y su respiración comenzó a acelerarse—¿A él también le vas a pedir que te haga el amor?—aquellas palabras hicieron que algo en el interior de Hermione se encogiera.
—Neville es mi mejor amigo—le susurró—vino a visitarnos de Escocia.
Ron soltó todo el aire que tenía en los pulmones sintiendo como la tensión en su cuerpo se reducía un poco. Se acercó a su rostro hasta estar a centímetros de distancia de sus labios, pudiendo claramente sentir como su respiración se aceleraba.
—¿Porque te fuiste esta mañana?—le preguntó con un tono cálido que derritió a Hermione por dentro.
—Guarda un poco la compostura—se reprendió internamente mientras cerraba los ojos sintiendo el placer comenzando a consumirla por dentro. Tenía que detenerlo, se había prometido acabar con esto.
—Lo que pasó fue algo precipitado e irresponsable—le susurró, y lo sintió sonreír ya que estaba demasiado cerca de sus labios.
—A mi me pareció cualquier cosa menos precipitado—le dijo con un tono descarado y le rozó los labios.
—Ron—le susurró reuniendo los resquicios de voluntad que le quedaba—esto esta mal, sé que vamos a arrepentirnos—él sonrió de nueva cuenta y unió sus labios a los de ella. El fuego golpeó a Hermione dejándola fuera de combate; lo único que en ese momento podía hacer era responder al mandato de aquellos labios que clamaban los suyos y le exigían responder con toda la intensidad que la consumía por dentro. Ron se pegó más a su cuerpo apretándola contra la pared, por lo cual Hermione pudo claramente sentir la enorme erección a través de sus pantalones, pero todo lo contrario a lo que se había prometido hacer para alejarse de él, se encontró a sí misma gimiendo contra aquellos deliciosos labios.
Sin previo aviso él se separó lo suficiente para mirarla directamente a los ojos.
—Eh hecho muchas cosas de las que no estoy particularmente orgulloso, pero esta te aseguro que no es una de ellas—la seguridad con la que dijo aquello la dejó mirándolo aturdida. Entonces se escucharon golpes que la hicieron regresar a la realidad.
—Hermione, ¿Todo está bien?—preguntó la voz de Neville a través de la puerta, entonces aprovechó para escabullirse de entre los brazos de Ron y tomar una toalla con la cual se envolvió. Antes de responder o salir por la puerta, se giró hacia él y al encontrarse de nuevo con esos ojos de un brillante azul mirándola con aquella llama ardiendo en su interior se mordió el labio cohibida e inmediatamente se dio media vuelta para salir del lugar.
Tan pronto la puerta se hubo cerrando el pelirrojo se pasó la lengua por los labios saboreando el reciente contacto con los suaves labios de Hermione.
No importaba cuanto tiempo le llevara: Ella estaba destinada a ser suya.
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Un enorme saludo a todas.
Nos leemos hasta la próxima.
