Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer no me pertenece, es de nuestra diosa Jo Rowling... todo lo demás es producto de mi traumada y viciosa mente...
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-
Un enorme agradecimiento a todas las personas que dejaron reviews en el capitulo anterior; sus muestras de apoyo al fic me ponen muy contenta, así que espero no defraudarlas.
Este capitulo se me hizo un poco denso, por lo cual lo eh tenido que dividir en dos partes. Prometo que la segunda parte es menos tediosa que esta primera parte, pero era inevitable pasar por todo esto para llegar a lo que veremos más adelante.
Espero que lo disfruten, y me comenten que les ha parecido.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Solo es Sexo
6
Sus malditos defectos (Parte I)
Todo el mundo decía que tener un departamento en el centro de Londres siempre traía múltiples ventajas, pero la principal de ellas era que no había que alejarse mucho del hogar para encontrar algo que hacer. Habían miles de tiendas, restaurantes y áreas recreativas que llenaban cada rincón de las cuadras principales de la ciudad con montones de actividades para entretenerse. Triste en realidad que una mujer tan ocupada como ella casi nunca saliera. Entonces las ventajas de tener un apartamento en el centro de Londres tal vez se reducían a simplemente tener un inmueble que valía una cantidad considerable de euros; aunque había que ser justos reconociendo que hasta hace una semana también era parte de la comunidad en el edificio que disfrutaba la hermosa panorámica matutina del centro de Londres. Suspiró levemente pensando en que parecían haber pasado siglos desde esos días, porque ahora ya ni siquiera se sentía capaz de disfrutar como antes la hermosa panorámica del moderno Londres muggle ¿La razón? metro ochenta, cabello rojo, ojos aterradoramente azules, una sonrisa de esas que te ponían las piernas como gelatina y un cuerpo de infarto. Tensó un poco el brazo que se encontraba entrelazado con el de aquel monstruosamente perfecto espécimen que acababa de describir.
—¿Pasa algo malo?—preguntó Ron y ella le devolvió la mirada intentando aparentar normalidad, aunque en realidad los nervios continuaban haciendo que unas extrañas cosquillas se le instalaran en el estómago provocando una ansiedad que la estaba matando. Sin sentirse capaz de articular palabra negó con la cabeza—lamento que tengamos que caminar, pero el lugar no está muy lejos—comentó él luciendo apenado. Fue entonces cuando supo que debía obligarse a decir algo mínimamente compuesto por sonido y algo más que un par de sílabas.
—No, esta bien—dijo sorprendiéndose de lo poco suya que sonaba aquella voz tímida. Dirigió nuevamente la mirada al frente evitando la vergüenza de mirarlo cuando lo escuchó soltar una suave risa nasal, ya que aunque lo hizo de manera casi imperceptible ella podía sentir un leve temblor en el brazo que sostenía. Centró su atención en su alrededor y entonces por primera vez reparó en el lugar donde se hallaban. A decir verdad no sabía que esperar cuando había ido por ella (aunque muy en el fondo rogaba por un bar o una disco; eso haría más fácil interpretar sus intenciones), pero en este momento se sentía aun más desorientada tomando en cuenta que habían pasado hacia una zona del centro de la ciudad que desconocía.
Dieron vuelta en un callejón a la altura de una tienda de alta costura y entonces él se detuvo tomándole ambas manos, Hermione inmediatamente sintió una poderosa corriente eléctrica recorrerle el cuerpo cuando aquellos ojos azules sonrieron a la par con sus labios.
—Espero que te guste—dijo con aquella sonrisa encantadora, ante lo cual ella asintió como una autómata con el pulso completamente acelerado.
Oh Merlín, ¿Será una buena idea querer hartarse de esto?—pensó cuando reanudaron su camino por el callejón tomados de la mano hasta llegar a la terraza de un pequeño restaurante italiano. Su mano masculina se sentía tan cálida que sin darse cuenta sus dedos la envolvieron mas fuertemente.
El corazón de Ron dio un vuelco cuando notó cómo ella le apretó la mano levemente antes de entrar al lugar. Era una reverenda idiotez, pero internamente celebraba como una endemoniada colegiala enamorada.
A diferencia de los restaurantes comunes que Hermione solía visitar, donde un host se encargaba de asignarles una mesa, Ron fue el encargado de dirigirlos hacia una mesa junto a un gran cuadro de la ciudad de Florencia. Entonces supuso que si continuaba apresando su mano no se vería muy bien, así que se vio obligada a soltarla. El pelirrojo retiró la silla de manera galante para que se sentara.
—Gracias—dijo educadamente.
Después el también tomó asiento y un mesero se dirigió hacia la mesa para entregarles la carta.
Ron miró hacia la lista de comidas sin saber realmente que demonios iba a pedir. Comúnmente pediría un enorme plato de espagueti con salsa italiana y carne molida (Luna le había presentado aquel manjar y desde entonces sólo visitaba este restaurante para comerlo), pero todo el mundo siempre se quejaba de que parecía un vagabundo hambriento cuando comía, así que en este momento buscaba algo que no fuera completamente de su agrado para poder controlar sus maneras. Miró discretamente sobre el menú hacia Hermione quien miraba concentrada la lista de los platillos.
Debes comportarte—se dijo con decisión y continuó su búsqueda. Debía apegarse a la lista de reglas que Luna le había dado para poder conseguir su objetivo.
Después de varios minutos ella había pedido una comida de nombre extraño y él se había conformado con pedir algo llamado Alfredo*.
El tipo me suena a alguien de confianza—pensó con resignación cuando el mesero había pedido su orden.
—¿Para tomar, lo de siempre?—preguntó el mesero al pelirrojo quien sintió como su estómago se encogía. Esta era una cita, no podía simplemente pedir cerveza. Sintió un sudor frío instalarse en su frente mientras se exprimía el cerebro pensando en qué pedir. Miró a la mesa contigua donde una pareja algo mayor tomaba un líquido oscuro en copas.
Bueno, eso luce mejor—pensó recordando que esa cosa era lo que Luna tomaba cada vez que iban ahí; lo triste del asunto era que no recordaba cómo se llamaba aquella endemoniada cosa. Agudizó la vista para intentar encontrar algo que le sonara conocido en aquella botella, hasta que dio con la palabra merlot.
Si, si, si, eso le dice a Tony cuando pide—sin detenerse a pensar más en ello miró al mesero.
—¿Un merlot?—dijo algo inseguro. Tanto el mesero como Hermione lo miraron con extrañeza, sin embargo el hombre asintió anotando el pedido.
—¿Alguna cosecha en particular?—preguntó el mesero terminando de escribir.
—Con un maldito demonio, ¿Porqué tiene que hacer tantas preguntas?
Forzó una sonrisa y dijo.
—Sorpréndeme—aquello había salido con más confianza de la que esperaba. El mesero asintió y se retiró.
Entonces de nuevo el silencio se instaló en la mesa.
Ron miró su servilleta pensando en las cosas que le había dicho Luna. La rubia había sido muy clara: esta NO era una cita sexual, así que debía mantenerse lo más alejado de discos, bares y lugares lujosos.
Todos los lugares que te lleven a su cama—le había aclarado.
Bien, al menos ese punto estaba cumplido, ahora debía intentar establecer una conversación decente. Sintió su mirada fija en él y sus malditos nervios de nuevo comenzaron a aflorar. Tal vez ella esperaba algo diferente debido a la manera en la que le había lanzado la invitación. Haciendo tripas corazón la miró a los ojos exprimiéndose el cerebro en busca de algún tema que a ella pudiese interesarle, pero en un acto traicionero sus malditos ojos se posaron en sus labios, absorbidos en la manera en la que ella se los mojaba discretamente con la lengua.
No es una cita sexual, no es una cita sexual, no es una cita sexual—comenzó a repetirse como mantra luchando contra las gráficas imágenes que golpeaban su mente. Cruzó los pies de bajo de la mesa apretando las piernas en un intento de controlar a su maldito miembro.
—¿Vienes mucho a este lugar?—preguntó ella ajena a su lucha interna. Ron tomó aire para recobrar la compostura antes de hablar.
—Si, la comida es grandiosa—respondió a duras penas despegando sus ojos de aquellos deliciosos labios para mirarla a los ojos.
—Y no tomas mucho vino—comentó la castaña con una pequeña sonrisa.
Ron la miró descolocado.
¿Vino? ¿Qué es eso?— pensó sin saber que responder.
La sonrisa de Hermione se hizo más grande ante la cara del pelirrojo.
—Lo imaginaba—dijo con la voz impregnada de la sonrisa. Ron la miró unos segundos embobado mientras sus orejas comenzaban a sentirse calientes.
Genial ahora cree que soy un imbécil —maldijo apretando los dientes y soltó el aire resignado.
—¿Y eso es malo?—preguntó con desgana sin tener aun la menor idea de lo que la castaña hablaba.
—Bueno, no pareces del tipo que toma vino—dijo ella sin ninguna doble intención; sin embargo Ron no se tomó el comentario por buen camino.
—Oh, ¿Me tienes en una categoría en especial?—preguntó con el orgullo herido. Hermione frunció levemente el ceño sin comprender.
—No, era un simple comentario—Ron resopló apartando la mirada—¿Y que se supone que significa eso?—espetó encendida. El pelirrojo la miró con una extraña llama ardiendo en el interior de sus ojos azules. Bueno, no esperaba que su pregunta sonara tan agresiva, pero la había sacado un poco de quicio. Se sostuvieron la mirada sin que ninguno de los dos hiciera por romper el silencio. El pelirrojo parpadeó y apartó la mirada cuando notó que el mesero estaba de regreso con la botella extraña que había pedido.
—Su vino—anunció el hombre descorchándola para servir un poco del contenido en el par de copas que traía en la charola. Ron se sintió como el más estúpido animal sobre la faz de la tierra cuando dio cuenta de que ella se había estado refiriendo a la bebida que él mismo había pedido.
—Espero que lo disfruten—dijo el mesero antes de retirarse. Hermione meneó suavemente su copa y bebió un poco.
Ron se golpeó internamente. Se estaba comportando como un maldito imbécil y si no se controlaba iba a terminar arruinando su única oportunidad ¡Al diablo con su estúpido orgullo!
Con completa determinación la miró y se aclaró un poco la garganta ya que las cuerdas bucales parecían haberse echo un nudo ahí dentro.
—Disculpa—dijo con tono apacible. Ella lo miró ligeramente sorprendida.
—Esta bien—dijo encogiéndose los hombros para restarle importancia. Ron tomó su copa y la levantó invitándola a brindar con él.
—Porque ambos sobrevivamos a la noche—dijo con humor haciendo referencia a sus nervios y a las estupideces que seguramente continuaría cometiendo durante la noche, pero por la expresión desencajada en el rostro de Hermione, ella definitivamente no lo había interpretado de la mejor manera. Se mordió la lengua aguantando una carcajada y carraspeó—lo digo en el mejor sentido—aclaró provocando que ella lo mirara de mala manera.
—No me parece gracioso que te dediques a provocarme—replicó con tono severo. Ron encontró este gesto bastante encantador.
—No es precisamente lo que busco cuando lo hago—dijo con una sonrisa maliciosa que hizo a Hermione sentirse repentinamente acalorada.
—Su cena—anunció el mesero apareciendo nuevamente a la mesa para entregarles sus platos. Ron puso su atención en la extraña pasta plana con líquido blanco y viscoso que le habían entregado.
¿Qué diablos es esta maldita cosa?—pensó mirando su plato con cierta aversión—al menos esto me detendrá de comer con gusto.
Cuando miró hacia el frente casi se atraganta al ver que el plato de Hermione era un espagueti con salsa italiana y carne molida*.
—Creí que pediste otra cosa—dijo con cierta amargura. Ella lo miró extrañada.
—¿Pasa algo malo con mi comida?—preguntó de manera cautelosa.
—No—aseguró el pelirrojo cayendo en cuenta de lo mal que había sonado. La castaña le dedico una última mirada dudativa y tomó su tenedor. Ron miró su propio plato con resentimiento y clavó el tenedor en la extraña masa que contenía. Esta era una cita y tenía que aguantarse.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Fama mundial, bienestar económico, un envidiado historial de conquistas, una imagen por la que millones de mujeres matarían… vaya, una persona común y corriente pensaría que a estas alturas del partido ya debería haberse habituado a que este tipo de atributos traen como consecuencia tortuosas sesiones como esta; pero la realidad es que no era así, y aun en contra de su voluntad, se veía obligada a sentarse (como en este preciso momento) a fingir que amaba al mundo y que los malditos periodistas (muchos de los cuales se habían ganado su maldito salario de todo el año publicando basura escandalosa sobre sus desenfrenadas noches de juerga y sus problemas con la justicia—esto último era un cantar que constantemente hacía eco en los sermones de Hermione) eran sus mejores amigos.
—¿Algún bocadillo ruso que te haya resultado particularmente atractivo?—preguntó un maldito enano barbón con toda la intención de ventilar su caza de la noche anterior. La pelirroja forzó una sonrisa que a duras penas se podría considerar tan amable como debería.
—No eh tenido la oportunidad de visitar muchos lugares típicos de la zona, los entrenamientos nos mantienen bastante aisladas—todos los periodistas de la sala rieron ante su descaro. Ella sabía perfectamente que habían fotos de la celebración del día anterior en el profeta y en todos los malditos tabloides del mundo mágico, pero como siempre, ella había logrado escabullirse con el galán en turno sin dejar ningún rastro incriminatorio.
—Siguiente pregunta—dijo Watson, el representante de Ginny. Tres periodistas levantaron el brazo, pero Watson le cedió la palabra solo a uno.
—¿Crees que la sustituta de Sarah Mcdonald pueda acoplarse satisfactoriamente a la sólida alineación que habían mantenido en esta temporada?
—Ehm...—balbuceó Ginny descolocada—No veo razón para sustituir a Sarah, su desempeño ha sido impecable en el torneo.
—Pero es de suponerse que su embarazo no le permitirá continuar con los estrictos entrenamientos por mucho tiempo—agregó el periodista haciendo que el alma se le cayera a los pies.
—¿Qué?—preguntó en shock.
—No más preguntas—anunció Watson tomándola del brazo para obligarla a ponerse de pie mientras un mar de flashes comenzaba a dispararse casi cegándola. Su representante la arrastró hacia el backstage.
—Será mejor que te tranquilices—le dijo Watson poniendo sus manos sobre sus hombros. Ginny lo miró a los ojos con la expresión en blanco. ¿Calmarse? ¿A qué se estaba refiriendo?. Miró de manera distraída hacia una de las manos que estaba sobre su hombro. No tenía sentido. Miró hacia los flashes que se colaban aún por el pasillo en el que habían desaparecido, y entonces las palabras de aquel periodista comenzaron a caer en sentido dentro de su cabeza.
—Merlín—susurró sintiendo como le faltaba un poco el aire—es verdad…—miró acusadoramente a Watson—¿Es verdad?—preguntó en un tono que exigía respuesta.
—Sarah pensaba comunicárselos personalmente—dijo él con cierto temor.
—¿PERO CÓMO DEMONIOS? ¡AYER ESTABA BEBIENDO EN EL BAR CON NOSOTRAS!—despotricó airada y se arrebató del agarre de Watson—¿CUÁNDO JODIDOS PENSABA DECIRNOS? ¿IBA A ESPERAR A QUE EL ENGENDRO NACIERA? ¿A QUE FUERA DEMASIADO EVIDENTE COMO PARA PASAR POR ALGUNOS MALDITOS KILOS DE MÁS?
—Apenas se enteró hoy—explicó Watson y Ginny giró el rostro bruscamente hacia él. Por unos minutos no supo cómo reaccionar ¿El hecho de que se hubiese enterado ese mismo día hacía alguna maldita diferencia?. Dirigió la mirada al suelo y soltó un resoplido. En lo que a ella concernía Sarah podía irse mucho al infierno.
—No voy a volver a los entrenamientos hasta que ella se vaya—dio media vuelta y salió a zancadas del cuarto. No pensaba escuchar excusas pendejas sobre la clara traición.
Maldita seas Sarah—pensó ardiendo en furia mientras cruzaba los pasillos del hotel donde se llevaba a cabo la conferencia de prensa. Esto era lo que se había temido desde un principio cuando el idiota de John había empezado a rondar a Sarah como una maldita peste. Resopló nuevamente mientras se hacía paso a malas maneras entre la gente que estaba en el lobby.
¿Por qué jodidos les hacía esto? ¿Cómo se había atrevido?
—¿Ginny?—le llamó la voz de Chasidy intentando alcanzarla, pero ella no se detuvo—Oye, Watson me dijo… yo… creo que es mejor escuchar a Sarah…—esto le cayó como un puñetazo directamente a la cara. Se detuvo y encaró a Chasidy.
—Me importa una mierda lo que diga—masculló furiosa—teníamos un pacto y ella lo rompió. Ustedes pueden hacer lo que quieran, besarle el culo o lo que mejor les plazca, pero para mí ella ya no vale nada—sin darle oportunidad a Chasidy de decir nada más se dio la media vuelta y caminó hacia la calle. Una vez en la acera llena de muggles miró hacia ambos lados no sabiendo que era realmente lo que quería hacer.
Definitivamente no regresar al hotel—pensó molesta. Miró su reloj y se dio cuenta que era una hora decente para ir a algún bar; si Maison iba a intentar asesinarla por no presentarse al entrenamiento, mejor que la encontrara cruda.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Cuando el mesero les retiró los platos Hermione se sorprendió de ver que Ron a penas había tocado el suyo (teniendo en cuenta que las veces que lo había visto comer había consumido casi el doble).
—¿No te gustó el Fetuccini?—preguntó con curiosidad.
Ron la miró sin comprender a que se refería.
—¿El qué?
—Tu pasta—aclaró entendiendo que en realidad el pelirrojo no tenía ni la menor idea de lo que había pedido, y entonces se preguntó si en realidad aquel era un lugar que frecuentaba o sólo se lo había sacado de la manga.
—Oh—fue lo único que pudo decir Ron sintiéndose completamente un idiota. Sin poder evitarlo sus orejas se calentaron adoptando una furiosa tonalidad roja. Tomó su copa y le dio un largo trago.
Hermione paseó la mirada por las otra mesas evitando el momento incómodo. La noche en definitiva había ido en declive conforme pasaban los minutos, y los momentos en los que los silencios incómodos se hacían presentes se multiplicaban. Tenía que darle crédito a Neville por su boca de profeta. En la mesa contigua una pareja mayor platicaba animadamente, al parecer presa del efecto del exceso de vino (tenían tres botellas en la mesa), entonces un detalle en particular llamó su atención. Agudizó la mirada para poder leer con más precisión la etiqueta de una de las botellas y notó que efectivamente se trataba de un merlot. Sin poder evitarlo una sonrisa se extendió por su rostro y cerró los ojos conteniendo las ganas de reír.
—¿Puedo ofrecerles algo más?—preguntó el mesero llamando la atención de ambos.
—Eh…—balbuceó Ron sin saber que decir.
—Un par de scottish ale*—ordenó Hermione provocando que Ron la mirara aturdido.
—¿Alguna marca en particular?—preguntó el hombre.
—Creo que Belhaven estará bien—dijo tentativamente mirando al pelirrojo, quien con el rostro completamente colorado asintió.
—En seguida se las traigo—dijo el mesero con una sonrisa divertida antes de retirarse.
—¿Qué fue lo que me delató?—preguntó avergonzado. Hermione lo miró con cierta ternura.
—¿Ves a la pareja de ahí?—dijo con una sonrisa señalando ligeramente con la cabeza a la mesa donde estaban sus vecinos. Sin necesidad de mirar, Ron supo que su movida no había sido la más inteligente.
—Soy un idiota—confesó terriblemente mortificado, con lo cual la sonrisa de la castaña se hizo más grande. Por alguna razón encontraba toda la situación bastante adorable.
—No, supongo que yo también estoy un poco nerviosa—reconoció encogiéndose los hombros tímidamente. Era difícil de describir el por qué había dicho aquello, pero el hecho de que Ron pareciera tan desesperado por impresionarla le provocaba unas ganas locas de comérselo a besos.
¿Qué demonios? ¿Comértelo a besos?—se reprendió internamente mirando hacia la mesa mientras borraba la sonrisa para recobrar la compostura, pero cuando lo miró nuevamente a los ojos pudo ver una chispa en aquellos ojos azules que no supo como descifrar.
—Gracias—dijo Ron en un tono cálido que hizo que el estómago se le llenara de mariposas.
Oh dios—pensó sintiendo las rodillas temblarle ligeramente.
—¿Hermione Granger?
Ambos miraron extrañados hacia el hombre que estaba parado a una distancia bastante corta de la mesa; entonces Hermione esbozó una enorme sonrisa de emoción.
—¿Charlie West?
—El mismo—confirmó el hombre acercándose ahora hacia la mesa para abrazarla ante la atenta mirada de Ron, quien no perdía detalle de la escena sintiendo como sus tripas se retorcían.
—¿Quién se iba a imaginar que tú vinieras a un lugar como éste?—preguntó Charlie realmente sorprendido, pero el comentario le cayó a Ron como patada en los testículos.
—Estoy aquí con…—Hermione miró brevemente hacia el pelirrojo dudando por un momento antes de agregar—un amigo.
—Oh, ya veo—dijo Charlie borrando entonces la sonrisa entusiasmada.
Imbécil—pensó Ron apretando los puños debajo de la mesa. Claramente el muy idiota se había acercado a ella con alguna otra intención que el simplemente saludar. Este pensamiento hizo que la furia comenzara a recorrerle cada poro del cuerpo.
—Entonces supongo que estoy interrumpiendo—comentó el hombre luciendo apenado.
¡Con un demonio que si!—rugió Ron internamente, pero la sangre se le congeló cuando Hermione dijo:
—No, para nada—Charlie sonrió de manera educada sintiendo la rabiosa mirada del pelirrojo sobre su cabeza.
—Bueno, de cualquier manera tengo un asunto que atender—se disculpó claramente intimidado—pero fue un gusto verte de nuevo—agregó sinceramente.
—Para mi también fue un gusto—dijo ella sin notar la situación y le dio un beso de despedida en la mejilla. Ron resopló como un toro.
—Un placer—dijo Charlie dirigiéndose a Ron de manera superficial antes de alejarse.
Hermione mantuvo una pequeña sonrisa que hizo que la sangre del pelirrojo ardiera como lava en sus venas. ¿Por qué demonios le había dicho que no interrumpía? ¿Quería invitarlo a sentarse con ellos? ¿O tal vez simplemente quería que él se fuera y los dejara, a ella y a su estúpido amigo, solos?. Bufó enfermo por ese ultimo pensamiento.
—¿Amigo tuyo?—preguntó con tono seco, llamando nuevamente la atención de Hermione.
—Si, no creí encontrarlo aquí—respondió entusiasmada perdiéndose el detalle en el tono de voz del pelirrojo.
—Supongo que está muy por debajo de los lugares que tú y tus amigos suelen frecuentar—comentó de malas recordando el comentario que el tipo ese había hecho. Hermione frunció el ceño extrañada.
—Bueno, es verdad que no suelo visitar este tipo de restaurantes, pero este me parece excelente—agregó con una pequeña sonrisa tirando de la comisura de sus labios, hecho que pasó desapercibido para Ron, quien bufó de manera apática.
—Me lo imagino—dijo con ironía.
—¿Está todo bien?—preguntó Hermione tentativamente sin entender su actitud.
—No lo sé, ¿Que dices tú?—espetó—¿Te parece lo suficientemente entretenida la noche? ¿O mejor prefieres ir con tu amigo?—Hermione lo miró ofendida.
—¿Qué te pasa?
—Nada—respondió el pelirrojo en un tono seco que la hizo salirse nuevamente de sus casillas.
—Genial, entonces simplemente tengo que soportar tus arranques de barbarie—dijo sin pensar, citando a Neville de manera involuntaria.
—Lamento no ser tan refinado como todos tus otros amantes—replicó Ron con agrio sarcasmo. Hermione se puso de pie airada.
—Eres un idiota—espetó antes de darse la media vuelta para salir de ahí echando chispas.
Maldita sea—pensó furioso consigo mismo mientras saltaba de su silla para ir tras ella.
—¡Señor Weasley!—gritó el mesero corriendo para alcanzarlo antes de que lograra dejar el lugar. Ron se detuvo, hurgó en su bolsillo y le dio algunos billetes.
—Si sobra tómalo como propina, si hace falta, te prometo compensarlo cuando regrese—después de decir esto salió del lugar. Corrió por la acera hasta llegar a la esquina y entonces la vio caminando a paso apresurado a unos metros de ahí, por lo que emprendió de nuevo la carrera hasta estar considerablemente cerca.
—¡Hermione!—gritó, sin embargo ella no se detuvo.
Había olvidado su maldito carácter—pensó resoplando. La persiguió por varias esquinas hasta que ella por fin se giró enfadada.
—¡Deja de seguirme!
—No—replicó de manera testaruda. La castaña bufó antes de darle la espalda nuevamente. Impulsado por la adrenalina, Ron dio una zancada para tomarla del brazo—no—repitió con un tono cálido, siendo lo único que pudo articular. Ella se mantuvo estática.
Después de un momento le soltó el brazo consciente de que la agarraba con más fuerza de la necesaria. Inspiró nervioso. No quería que ella se fuera.
Diablos, no es momento de comportarse como un endemoniado hombre de las cavernas—se recordó presa de la desesperación. No podía dejarla ir, no sin dar pelea. Tensó un poco la mandíbula y dio un paso más para plantarse frente a ella.
—Lo siento—murmuró sintiéndose miserable por la manera en la que ella apartó la mirada. Le tomó la mano de manera delicada—yo… perdí el control…—Hermione lo miró de manera severa.
—No tengo porque soportar tus desplantes, tú y yo no…—la castaña no lo había visto venir, pero ahora sólo podía sentir los labios de Ron besándola ferozmente mientras la apretaba contra sí de una manera tan posesiva que parecía que buscaba fusionarse con ella. Un segundo le tomó procesar lo que estaba sucediendo, un segundo antes de comenzar a responder con la misma intensidad. Tomó con fuerza la solapa del saco que el pelirrojo traía y lo jaló hacia ella provocando que él gimiera contra sus labios y la levantara unos centímetros del suelo.
—Perdóname—susurró el pelirrojo sin desprenderse del todo de sus labios. Hermione se paralizó al instante.
Lentamente se separó de él para mirarlo fijamente a los ojos.
Oh Merlín—pensó asustada. Ron le tomó el rostro.
—Hermione—dijo con tono serio.
—¡No!, no quiero escucharte—le cortó ella alejándose un paso, entonces le dio la espalda. Necesitaba desaparecerse de ahí.
Y así lo hizo.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
—Esto es una porquería—refunfuñó Ginny aventando su cerveza al río. Definitivamente beber sola no era lo suyo. Miró la hora en su reloj y comenzó a reír de lo patético en todo este asunto: eran apenas las once de la noche y ella sentía muchas ganas de irse a la cama a dormir. ¡A dormir por las barbas de Merlín! ¿Qué era lo siguiente?¿El celibato?
Se asomó sobre el puente para intentar observar el río. Era bastante estúpido dado que era de noche y el agua estaba completamente oscura al igual que la noche. Suspiró profundamente y se encorvó más sobre el borde del puente; quizá alcanzara a vislumbrar la botella de cerveza que acababa de tirar. Bueno, posiblemente los metros que separaban el puente del agua lo hicieran mas complicado de lo que suponía. ¡Al diablo! tenía todo el tiempo del mundo.
—¡ESPERA, NO LO HAGAS!—gritó una voz sobresaltándola, instantes antes de que un par de manos la jalaran lejos de la orilla.
—¡¿Qué demonios?!—bramó arrebatándose.
—¿Ginny?—la pelirroja miró al hombre que estaba parada frente a ella. Era Harry, el chico de hermosos ojos verdes que había conocido en el bar la noche anterior. La tomó del rostro obligándola a mirarlo a los ojos—¿Todo está bien?—le preguntó.
La pelirroja frunció profundamente el ceño.
—¿Bien?—repitió mientras Harry parecía examinarle el rostro ávidamente. Lo vio hacer una mueca que le pareció graciosa.
—Este no es un método para resolver lo que sea que te haya ocurrido—dijo sonando preocupado. Ginny lo miró fijamente y luego miró hacia sí. Entonces todo hizo clic, y no pudo evitar estallar en carcajadas asustando al moreno.
—Creo que estas entrando a una crisis—indicó Harry sosteniendo su rostro más firmemente sin llegar a poner demasiada fuerza, sólo lo suficiente para mantenerla con el rostro a la altura del suyo.
—Yo…—balbuceó Ginny con dificultad, ya que la risa le ganaba—no soy una suicida—completó estallando nuevamente en carcajadas.
—¿Ah, no?—replicó él seriamente, cuestionándola. La pelirroja tuvo que tomar un profundo respiro y serenarse un poco antes de continuar.
—No.
—¿Y qué es lo que se supone que haces en medio del Puente del Palacio con medio cuerpo de fuera?—le interrogó. Ginny soltó una risa nasal.
—No soy una suicida, sólo estoy bebiendo algunas cervezas de mantequilla—se giró hacia donde estaba anteriormente y tomó un empaque de cartón donde tenía cuatro cervezas más, para confirmar su coartada. Él la miró receloso pasando la mirada de ella al empaque.
—La policía muggle prohíbe beber en la vía pública—dijo con cierto recelo—podrías terminar en una cárcel muggle.
—No te preocupes galán, todo está fríamente calculado—bromeó Ginny—¿Me acompañas?—preguntó ofreciéndole una botella. Él dudó por un momento pero al final la agarro. Ambos las abrieron y bebieron a la par. Ginny nuevamente se apoyó sobre el borde del puente.
—Día extraño ¿no?—suspiró y bebió otro poco de su botella. Harry se colocó junto a ella luciendo más relajado.
—Si, nunca me hubiese imaginado encontrarte aquí—dijo con un poco de humor. La pelirroja asintió concordando.
—¿Leíste mi nota?—le preguntó sin poder evitarlo. Era una estupidez (muy probablemente atribuible a la cantidad de alcohol que en este momento le corría por el torrente sanguíneo), pero quería escuchar su reacción.
Harry parpadeó un poco incómodo antes de responder.
—Si, la encontré junto a mi almohada—sonrió mirando hacia el frente—creí que nunca te iba a volver a ver—le confesó sin mirarla.
—Creí lo mismo—dijo Ginny con total sinceridad, y le tomó la mano—debe ser el destino—agregó con una sonrisa juguetona mientras acortaba la distancia—sabe que tengo asuntos pendiente contigo.
—Eso supongo—murmuró Harry sintiéndose repentinamente acalorado.
—Eres demasiado inocente para ser verdad—susurró Ginny a centímetros de su rostro, él simplemente cerró los ojos esperando el contacto. La pelirroja sonrió antes de besarlo. Él la rodeó con sus brazos atrayéndola más hacia su cuerpo, y ella puso sus brazos alrededor de su cuello.
Estuvieron así por un largo rato.
—Eres asombrosa—susurró Harry apoyando su frente sobre la de Ginny; ambos se mantenían con los ojos cerrados.
—Ya lo sabía—bromeó la pelirroja y de nuevo le plantó un breve beso. Harry sonrió ante este gesto y procedió a imitarla uniendo nuevamente sus labios, pero el contacto subió de tono tan pronto como él rozó su lengua contra la de la pelirroja.
—Te creí más inocente—murmuró Ginny sobre sus labios una vez que estuvieron libres.
—¿Y eso es bueno?—preguntó él como si hablara en medio de una ensoñación.
—Muy, muy bueno—lo besó nuevamente—despiertas mi imaginación—murmuró. Harry abrió los ojos para mirarla fijamente, obligándola a mirarlo también.
—El lugar donde me hospedo está cruzando el puente—Ginny levantó las cejas—E-eh… si quieres…
—Si quiero—le cortó con una enorme sonrisa haciendo a Harry sonrojarse. La pelirroja lo tomó de la mano y caminaron hacia el auto en el que el moreno había llegado.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Había días en los que la suerte solía sonreír a aquellos cuya vida amorosa era un frío y oscuro páramo al fin del mundo. Esos días en los que las estrellas se alineaban y creaban ese momento perfecto para que los desamparados tuvieran un poco de luz al final del túnel. Para Neville hoy era ese día.
—Eres un niño muy travieso—rió coquetamente su acompañante mientras echaba la cabeza atrás para permitirle tener acceso completo a su cuello. La verdad bien dicha, era que él no era un hombre que hubiese estado con un gran número de mujeres, pero definitivamente sabía lo que hacía en la cama: había leído mucho sobre el tema. Paseó la lengua por la piel expuesta hasta llegar a la altura de los senos de la hermosa mujer que en este momento gemía aferrada fuertemente a su espalda. El castaño se tomó su tiempo para besar cada centímetro de la piel de aquel par de deliciosos melones hasta por fin llegar a los duros pezones.
—Oh Merlín—la escuchó gemir agudamente cuando apresó uno entre sus labios, y con la lengua comenzó a propinarle suaves roces. Era complicado llevar a cabo este tipo de maniobras, ya que el bulto entre sus piernas le exigía terminar con aquello de una buena vez, sin embargo le gustaba que su pareja siempre disfrutara con él: hacía el final muchísimo más explosivo.
—Oh, Neville más… Oh Neville… Oh…
—¡Neville!—gritó una voz apareciendo de la nada en medio de la habitación congelando los ánimos del momento. Ambos dirigieron la mirada hacia la recién llegada, quien estaba de espaldas.
—¿Hermione?—soltó Neville completamente descolocado llamando la atención de la castaña hacia ellos.
—O-oh, Merlín, lo lamento tanto—se disculpó avergonzada cerrando los ojos.
—Por un momento creí que era tu novia—rió la mujer que estaba con Neville.
—¿Te pasa muy a menudo?—preguntó divertido el castaño volviendo a besarla.
—Creo que yo mejor voy a bajar al bar—anunció Hermione incómoda. Acto seguido salió de la habitación.
En mala hora había decidido ir a refugiarse a las tres escobas, pero era eso o tener que volver a ver a su apartamento y seguramente volver a ver a Ron. Soltó el aire abochornada y se sentó en una de las mesas. El lugar estaba vacío.
—¿Qué te sirvo guapa?—preguntó la voz de un hombre desde la barra. Lo dudó por un momento, pero decidió que ya había tenido suficiente de sus hormonas y sus remordimientos.
—Un vaso de hidromiel.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Era un idiota, no había discusión alguna para aquello. Cerró de un portazo.
—¿Ron?—dijo la voz cantarina de Luna desde el sofá recordándole que se estaba quedando en el apartamento.
—Si, soy yo—respondió con desgana. Luna se incorporó para mirarlo con sus enormes ojos azules llenos de curiosidad.
—¿Qué paso?—Ron bufó y aventó el saco de su traje a una de las sillas del comedor.
—Es muy probable que a estas alturas ella me odie—se dirigió hacia el sofá donde la rubia estaba y se dejó caer—No entiendo realmente en que momento pasó, pero todo se estaba yendo a la mierda.
—Haber explícate porque no estoy entendiendo nada—la rubia se frotó los ojos y soltó un gran bostezo—¿Cómo que te debe estar odiando?—el pelirrojo se encogió los hombros.
—Lo arruiné, me encargué yo mismo que cavar mi maldita tumba.
—¿Qué fue lo que hiciste?—preguntó intrigada. Ron se cubrió el rostro molesto consigo mismo.
—Ella estaba a punto de mandarme al diablo y yo la besé—resopló abatido—¡Soy un verdadero pendejo!
—Bueno, eso suele suceder cuando se trata de ti—confirmó la rubia dándole un par de palmaditas de apoyo moral—¿Pero funcionó?—Ron se quitó las manos de la cara para dedicarle una mirada incrédula.
—Te acabo de decir que seguramente debe estar odiándome.
—Pero no estas seguro—apuntó Luna. Ron bufó y se volvió a cubrir el rostro—Vamos Ron, no te comportes como una nena, dime que fue lo que pasó.
—Lo que te dije, la besé—repitió el pelirrojo descubriéndose la cara.
—¿Y ella que hizo?
—Se desapareció—reconoció sintiéndose nuevamente un idiota.
—¿Sólo así?—insistió la rubia.
—¿Hay alguna otra endemoniada forma de desaparecer?—soltó con sarcasmo.
—No seas idiota, necesito que me digas qué te dijo, ¿Cómo reaccionó cuando la besaste?—Ron se llevó las manos a la frente.
—Estaba furiosa—se volvió a cubrir el rostro. Aun se sentía como un verdadero imbécil al recordarlo.
—¡Ron! ¿Qué? ¿Ahora resulta que eres una maldita niña llorona?—dijo Luna molesta mientras le quitaba las manos de la cara.
—¡Luna fue horrible! ¡Ella debe estarme odiando!
—Deja el drama y mejor piensa en el lado positivo de la situación.
Ron giró el rostro para mirarla directamente.
—¿Y en que endemoniado sentido esto es algo bueno?
—¿Te respondió el beso?—preguntó ignorándolo.
Ron lo pensó por un momento. Él la había agarrado por sorpresa, y entonces ella había…
Un momento. Ella también lo había besado.
Miró a Luna sin dar crédito.
—¿Ves?, por eso estaba molesta—razonó la rubia con fría lógica. Ron se puso de pie de un salto.
—Tengo que ir a verla—Luna rodó los ojos. Ron no tenía remedio.
—Dudo mucho que te quiera ver—opinó poniéndose de pie para irse a la cama.
—No le veo ningún problema a eso—dijo emocionado y le dio un beso en la mejilla.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Si la escena se miraba desde el punto de vista de un observador tercero sin absolutamente ningún interés dentro del asunto, resultaba bastante divertida, ya que Hermione Granger daba vueltas como un león furioso delante de la mesa donde Neville la observaba, seguida de cerca por una parvada de canarios amarillos que cantaban emocionados arremolinándose alrededor de su cabeza.
—¡Muda!, ¡Me quedé muda!—soltó un resoplido deteniéndose. Hubo unos segundos de silencio antes de que Neville estallara en carcajadas.
—¡Te estoy hablando en serio!—demandó la castaña.
—No me puedes culpar, tienes esas cosas en la cabeza—señaló aun riendo. Con un movimiento de varita Hermione las hizo desaparecer.
—Me ayudan a tranquilizarme—explicó un poco mosqueada y entonces se sentó en una de las sillas—¿Ahora si puedes poner atención a mi problema?
El castaño la observó en silencio. Hermione había conjurado canarios para tranquilizarse. Canarios.
—¿Qué tan ebria estas?—dijo al fin.
—No estoy ebria—replicó ella cruzándose los brazos delante del pecho.
Era la segunda vez en menos de 36 horas que la veía de aquella manera, y sabía que no se equivocaba al sacar la conclusión de que la muy cabeza dura continuaba evadiéndose a sí misma. Suspiró resignado a que definitivamente las cosas no saldrían por las buenas y analizó lo que acababa de contarle. El pobre hermano de Ginny estaba perdiendo la partida antes de comenzar y toda la culpa la tenía el pendejo de Krum.
—A mi no me parece la gran cosa—opinó encogiéndose los hombros ante la cara de incredulidad de Hermione—lo puedes simplemente anexar como defectos a considerar— la chica con la que había encontrado a Neville se acercó a la mesa con tres botellas de cerveza de mantequilla.
—Van por mi cuenta—anunció.
—Gracias Hannah, eres la mejor—alabó Neville plantándole un beso en la mejilla.
—¿Hannah?—repitió Hermione mirando el rostro de la mujer, ya que hasta ese momento lo había estado evitado debido a la situación en la que los había encontrado.
—Hannah Abbot—confirmó la rubia divertida por la cara de la castaña.
—No sabía que salían—dijo a manera de disculpa; Hannah era una chica de Hufflepuff con la que Hermione solía compartir clases en Hogwarts.
—No salimos—aclaró Hannah—hoy es la primera vez que paso lo que viste—a Hermione se le atragantó la cerveza con ese dato.
—Como si tú no tuvieras historial—se burló Neville. Hermione lo miró de mala manera.
—¿En serio?, en Hogwarts decían eras bastante mojigata—dijo Hannah genuinamente sorprendida.
—Yo…—balbuceó la castaña.
—Pues que equivocados estaban, porque en realidad es una de esas mujeres fatales que disfrutan el sexo casual con desconocidos—aclaró Neville en tono despreocupado para justo después comenzar a carcajearse.
—No es gracioso—reprochó Hermione algo colorada.
—Aunque si fuera así no tendrías nada de que avergonzarte—agregó Hannah—estamos en edad de experimentar—Neville rió mas fuerte.
—Hannah, creo que estas habando con la persona equivocada.
—Pero si tú dijiste que le gustaba tener las cosas casuales—apuntó la rubia confundida.
—¿Quieren dejar de hablar de mi como si no estuviera?—se quejó la castaña.
—Mira Hermione, deja de mortificarte porque el hombre te alborota las hormonas, y como es normal en esas circunstancias, te hace sentir cosas en la zona prohibida. Preocúpate cuando eso no suceda, porque entonces va a ser el momento de abandonar el barco del sexo casual.
—Es verdad—concordó Hannah—no es divertido jugar con alguien que no es apto.
Hermione los miró mas confundida que nunca.
—¿Apto?
—¿Te hace llegar?—preguntó Hannah sin tapujos.
—¿Eh?—la cara de Hermione era un poema.
—Que si te hace venirte—explicó la rubia haciendo que a Neville se le atragantara la cerveza de la risa.
—Sólo lo hemos hecho una vez—reconoció la castaña apabullada.
—Eso no responde a mi pregunta—insistió Hannah. Hermione dio trago a su cerveza. Entonces respondió con determinación.
—Si—su cara se encendió como la luz roja de un semáforo.
—Ahí lo tienes, ¿Qué es lo que está mal?—Hermione soltó un suspiro.
—Lo conozco desde hace cuatro días ¿Cómo sé que no me voy a arrepentir?
—Hermione, sólo te estas acostando con él, no le vas a proponer matrimonio—opinó Neville.
—Así es, además lo importante es tener buena química en la cama, y si la primera vez te hizo llegar, yo no le veo nada de malo a disfrutar de ello—la rubia se encogió los hombros—no tienes que conocer mucho mas de él—Hermione sonrió incrédula.
—Son los peores consejeros del mundo.
—Mira Herms, nadie te esta poniendo un maldito imperius para que hagas algo que no quieres. Tienes la libertad de decidir—aclaró Neville.
La castaña soltó un suspiro y miró su cerveza mientras recordaba lo que había ocurrido. ¿Valía la pena arriesgar su amistad con Ginny y su sanidad mental por continuar con algo así?
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
En medio del silencio del cuarto se escuchó un breve crack que dio paso a la figura pelirroja de Ginny Weasley.
Miró a su alrededor cerciorándose de que no había nadie en el lugar y entonces dejó caer sus zapatos. Se sentía como un maldito muerto en vida; estaba exhausta. Respiró profundamente antes de soltar un largo bostezo. Definitivamente salir huyendo no era su estilo, pero era la segunda vez que cometía el error de terminar durmiendo en una cama que no era la suya. Caminó por el cuarto dirigiéndose por instinto hacia su cama, en realidad necesitaba dormir mucho. Se aventó boca abajo sobre el colchón dispuesta a entrar en coma hasta el día siguiente; pero el maldito pitido de un endemoniado objeto en el cuarto le impidió continuar con su plan. Levantó la cara para hacer una rápida búsqueda del artefacto; una vez que lo encontrara podría proceder a aniquilarlo y entonces sí podría entrar en coma. El problema era que se trataba de una bola de cristal de tamaño de un puño llena de humo rojo.
—Maldición—refunfuño cuando se dio cuenta de que se trataba de su recordadora. Estiró la mano para tomarla de la mesita de noche, entonces la cosa se apago. Miró el calendario y nuevamente maldijo; había olvidado que era el cumpleaños de la mamá de Hermione y le prometió a su amiga que este año la acompañaría para que no tuviera que lidiar con su familia ella sola. Suspiró resignada y caminó hacia la chimenea que había en la otra habitación (los hoteles comúnmente accedían a que este tipo de modificaciones se hicieran mientras se hospedaba el equipo sin hacer muchas preguntas). Se hincó sobre la alfombra y tomó un puñado de polvos flu antes de meter la cabeza en la chimenea y pronunciar la dirección de su apartamento. Sintió un poco de nauseas antes de vislumbrar la sala. Con lo que no contaba era con encontrarse a su hermano sentado dormitando en el sofá.
—¿Ron?—el pelirrojo dio un bote sobre el mueble y se puso de pie de un salto.
—¿Ginny?—balbuceó.
—¿Qué haces aquí?—le preguntó la pelirroja de manera suspicaz. Ron parpadeó atontado pensando en algo que decir.
—Bueno, es que…—miró a su alrededor sin saber que decir—es algo tarde y…
—Ah, es verdad, yo te di las llaves—dijo Ginny salvándolo de decir alguna estupidez. Asintió aliviado—Diablos, entonces supongo que no está Hermione—tras decir esto suspiró con cansancio—voy a tener que intentar localizarla para decirle que tiene que venir por el regalo…
—¿El regalo?—repitió Ron, siendo aquel detalle todo lo que había captado.
—Oh, si, es cumpleaños de su mamá y yo compré el regalo, pero olvidé dárselo antes de irme—algo en el pecho de Ron estalló como un montón de fuegos artificiales en el año chino.
—Creo que podría entregárselo si quieres—sugirió reprimiendo la enorme sonrisa que amenazaba con extenderse en su rostro.
—¿En serio?—le cuestionó Ginny con desconfianza.
—Ehm… si, ¿Porque no? Tú me estas echando una mano con lo de la ducha, así que yo puedo hacer esto por ti—dijo encogiéndose los hombros como si no tuviera importancia.
—Genial, entonces ve a mi cuarto y toma el paquete que está debajo de mi cama—indicó—Supongo que ella ya debe estar en casa de sus papas, pero la dirección está en la agenda de los teléfonos…
—¡WEASLEY!—gritó una voz al fondo interrumpiendo las indicaciones.
—¿Hay alguien contigo?—preguntó Ron receloso, ya que la voz pertenecía a un hombre.
—No, es mi entrenador—explicó con fastidio—Me tengo que ir—acto seguido su rostro desapareció entre las llamas antes de que se apagaran.
Ron se quedó observando fijamente la chimenea mientras en su rostro se abría paso una gran sonrisa.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
*Fetuccini Alfredo (Alfredo es el nombre de la salsa que se le pone a la pasta plana)
*Hermione lo pidió como una bolognesa.
*Scottish ale es la manera en la que se le llama a las cervezas escocesas tradicionalmente hechas de cereal de Malta.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Hola hola, de nuevo me disculpo por haber tenido que cortar en capítulo en dos partes, pero si lo dejaba como estaba iba a quedar del largo de una Biblia, y no quería que cayeran dormidas o en una especie de sopor mientras leían. Además aun me faltan afinar detalles de la segunda parte, por lo cual preferí dividirlos para poder cumplir con mi promesa de actualizar :D…
Espero sus reviews con ansias y regresaré en dos semanas con la segunda parte.
De nuevo agradezco muchísimo sus reviews en apoyo a la historia.
Les mando un enorme saludo, y espero seguirles leyendo por aquí!.
CIAO.
