Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer no me pertenece, es de nuestra diosa Jo Rowling... todo lo demás es producto de mi traumada y viciosa mente...

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Una disculpa rápida por la tardanza, el testamento viene al final :D.

Espero que disfruten el capítulo.

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Solo es Sexo

6

Sus malditos defectos (Parte II)

Cuando abrió los ojos aquella mañana y se encontró durmiendo en una cama que no era la suya, su corazón se había detenido por unos instantes, pero entonces los recuerdos vinieron a su mente tranquilizándola: estaba en el cuarto de Neville. Se desperezó sobre la cama bostezando a sus anchas; la noche anterior había bebido tanto que se sorprendía de que a estas alturas su cabeza no estuviera a punto de explotar.

El sonido de los golpes en la puerta la sacaron de sus cavilaciones. Se levantó a duras penas de la cama, se acomodó un poco la enorme camisa que Neville le había prestado la noche anterior y se dispuso a abrir la puerta.

—Disculpe…

—No tengo nada que disculparte—le cortó una voz varonil al otro lado de la puerta encendiendo las alarmas de alerta en su cuerpo.

—¿Ron?—soltó boquiabierta. El pelirrojo esbozo esa clase de sonrisas que la hacían perder el piso.

—Ayer te fuiste sin despedirte—dijo mirándole descaradamente los labios. La castaña se pasó la lengua de manera nerviosa.

—¿Qué haces aquí?—preguntó sin ser capaz de continuar con el otro tema. Los ojos azules de él la miraron con un brillo casi depredador.

—Ya te lo dije, me debes un beso de buenas noches—respondió encogiéndose los hombros.

—Y-yo—tartamudeo la castaña sintiendo su corazón latir completamente desaforado.

—Si—le susurró él tomándola por la cintura mientras se acercaba cada vez más a su rostro—Tú—fue todo lo que dijo antes de posar sus labios completamente en los de ella. Hermione tuvo que colgarse de su cuello para poder mantenerse en pie mientras el beso subía de intensidad.

Ron la rodeó completamente con sus brazos y la levantó unos centímetros permitiéndole colocar sus piernas alrededor de él. Continuaron besándose hasta que el pelirrojo se encorvó un poco para dejarla sobre la cama. Hasta ese momento Hermione no había reparado en que él la había conducido hasta ahí. Antes de continuar con la sesión de besos Ron se quitó la camisa permitiéndole contemplarlo en todo su esplendor una vez más.

—No sabes cuanto te deseo—le dijo el pelirrojo apresando sus labios en un apasionado beso.

—Oh Ron…—gimió la castaña hundiendo las manos en su cabello.

¿Te hace llegar?—dijo la voz de Hannah sonando lejana. Hermione gimió nuevamente mordiendo el labio inferior del pelirrojo mientras sentía cómo sus manos se colaban por debajo de la enorme camisa abriéndose camino entre sus piernas.

Claro que te hace llegar— respondió de manera automática la voz en su cabeza como si lo que Hannah preguntaba ni siquiera tuviera porque ser preguntado.

—Oh Hermione—lo escuchó gemir mientras ella hundía los labios en su cuello pálido.

En realidad este sí te hace llegar—se burló siniestramente la voz en su cabeza.

—¿Me amas?—preguntó el pelirrojo, pero su voz sonaba sumamente distorsionada. Hermione se separó de él para mirarlo a los ojos.

—¿Viktor?—soltó completamente estupefacta al darse cuenta que el rostro que tenía en frente ya no pertenecía a Ron, sino que ahora era el hosco rostro moreno de Viktor Krum.

Dio un brusco salto despertando. Con la respiración agitada miro a su alrededor, pero se encontró sola en medio de su antiguo cuarto en la casa de sus padres.

Había sido un sueño.

Con el cuerpo ligeramente temblando por el sobresalto bajó de la cama y se dirigió al baño.

¿Qué pasa? Se preguntaba una y otra vez mientras se duchaba, todo esto estaba convirtiendo su cerebro en un caos; pensó en el sueño y fue como activar una mina que años atrás había olvidado en el campo.

No lo entendía, simplemente no lo entendía. Sabía que no era algo significativo porque Ron no era la clase de persona con la que desearía estar relacionada: era demasiado físico, superficial, definitivamente tenía unos modales que dejaban mucho que desear y encima de todo creía que tenía derecho a tratarla como si le perteneciera, lo cual le dejaba muy claro que la equidad de género no era uno de los conceptos más altos en su código moral. Hizo una mueca recordando la escena que le había armado en el restaurante. ¡Es que había que ver! ¿Qué era ella? ¿Un objeto?

—Troglodita—susurró para sí cerrando fuertemente los ojos mientras el agua de la regadera caía sobre su rostro. La perturbaba, todo él. Era aterradora la manera en la que su cuerpo lo reconocía, la manera en la que se acoplaba a él: era como si su lado sexual conspirara contra ella.

Cerró la llave de la ducha mientras las imágenes del sueño se abrían paso en su mente, y la manera tan detallada en la que su mente había recreado todas las sensaciones del avasallador beso de la noche anterior la mareó. Mientras se secaba el cabello se miró fijamente a través de su reflejo en el espejo ¿Desde cuando se había convertido en una mujer que se dejaba llevar por esa clase de instinto?.

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Desde que comenzó a dar clases en Hogwarts recordaba que era de esta manera: siempre le tocaba impartir las últimas horas del lunes y del viernes antes del almuerzo, lo cual en humano se podría traducir como el hecho de tener que arriesgarse a las maldiciones imperdonables de una multitud de adolescentes cuando intentara siquiera sacar el libro del estante; aun tenía muy frescos sus años en la escuela como para que su corazón no se conmoviera, así que le gustaba hacerlo entretenido. Con un movimiento de varita terminó de colocar los puntos en el marcador de la pizarra.

—Ésta es para el desempate—anunció regresando la vista a sus alumnos del curso avanzado de herbología—Deben mencionar un hecho curioso en el cual ustedes consideren que hubiese sido mejor utilizar otro tipo de solución herbolaria en lugar de la utilizada, y es muy importante recalcar que para ganarse el punto deben explicar…—antes de que pudiera terminar un joven de Hufflepuff ya había levantado la mano—a ver Kevin—el joven se puso de pie. Todo el salón se mantuvo en completo silencio: la expectativa era tangible.

—El año pasado fue muy sonada la noticia de que el equipo búlgaro de quidditch se había ido de parranda al lago ness, y habían hecho una apuesta para ver quien era capaz de llegar lo suficientemente profundo para hacerle cosquillas al monstruo—se detuvo un momento para tomar aire, ya que hablaba muy aprisa—Entre los métodos que utilizaron, Alexei Levski tuvo la idea de ingerir branquialgas (aun está la pregunta en el aire que apunta hacia ¿Dónde diablos las consiguió?, pero en fin), el punto es que terminó vomitándolas en la orilla del lago—hubo una expresión de asco general—creo que hubiese sido mejor que utilizara algún nabo tibetano, ya que como se tiene conocimiento, él es un gran aficionado al peyote y a los hongos alucinógenos, por lo cual no le hubiese sido tan repelente y posiblemente le hubiese permitido siquiera partir de la línea de salida.

—¿Y de donde diablos iba a obtenerlo genio?—gritó un joven Slytherin al fondo del aula. Kevin se giró hacia la dirección de donde provenía la voz.

—Creo haber apuntado con anterioridad que nadie tiene la maldita mínima idea de cómo demonios Alexei consiguió las branquialgas en primer lugar, y como ya mencioné: es un adicto a los hongos, así que no creo que sea tan descabellado pensar que pudiera tener uno o dos de ellos, sólo estaba muy ebrio para recordarlo—en el lado izquierdo del aula (al que Kevin representaba) se escucharon algunos aplausos y virotes.

—Calma, calma—comenzó a apaciguar Neville—creo que la observación de Kevin es bastante acertada. ¿Alguien quiere rebatir?—hubieron varios cuchicheos por parte del lado derecho antes de que Patrick Bass (un chico de Ravenclaw) se pusiera de pie.

—Creo que todo el lado derecho está de acuerdo en darle la honorable victoria a tan ingeniosa observación por parte de Kevin—todo el lado izquierdo estalló en aullidos de alegría mientras aventaban fuegos artificiales.

—Muy bien chicos—les felicitó Neville cuando el barullo se apaciguó un poco—ésta ha sido una de las competencias mas interesantes, así que la próxima semana el equipo ganador será el que decida la actividad. Estoy abierto a propuestas—los alumnos comenzaron a charlar acerca de ello haciendo que el ambiente se llenara de parloteos.

Para cuando el timbre del cambio de clases resonó por los pasillos, prácticamente todos habían abandonado el aula en estampida.

—Que maneras—dijo una voz femenina llamando su atención.

—¡Hannah!—saludó Neville realmente sorprendido. La rubia lo tomó por el cuello y le plantó un beso.

—¿Amanecimos bien?—él simplemente le dio un rápido beso en los labios.

—Lamento que Hermione apareciera en medio de…bueno…

—¿El sexo?—completó Hannah sin pudor.

—Exacto.

—No, esta bien, ella me agrada—dijo sin darle importancia—¿Y que es eso?—preguntó refiriéndose al marcador en la pizarra.

—Oh, es la puntuación del juego de preguntas que tuvimos hoy.

—¿Sobre herbología?—Neville la miró con el ceño levemente fruncido debido al tono de voz que había utilizado para hacer aquella pregunta.

—Fue divertido—aseguró con cierta suficiencia.

—Seguro que lo fue—replicó la rubia con cierta ironía.

—Hey, me gustaría que pusieras un poco más de fe en mí de ahora en adelante; yo aun recuerdo lo que se siente estar de ese lado del salón—Hannah sonrió rodando los ojos.

—¿Y cómo estuvo?

—Genial, Kevin, un chico de Hufflepuf, les dio la victoria a los de la izquierda con una historia acerca del equipo búlgaro en un día de parranda en el lago ness.

—Oh, si, esa donde Viktor Krum apenas pudo transformar la mitad de su cuerpo en un tiburón. Fue muy ridículo, tuvieron que llevarlo a San Mungo porque su quijada no regresaba a la normalidad.

—Si, suele hacer ese tipo de idioteces—comentó de manera mordaz Neville.

—Vaya, parece que no te cae muy bien. ¿Qué no salía con Hermione?—él simplemente se encogió los hombros.

—Algo así.

—¿Relación tormentosa?—Neville rió ligeramente.

—En realidad no, pero el tipo puede llegar a ser un verdadero golpe en las bolas—Hannah rió con el comentario.

—Tienes una boca bastante sucia—el travieso brillo en los ojos de la rubia tomó a Neville desprevenido—¿A qué hora es tu siguiente clase?—preguntó sonando casual.

—Eh…e-en una hora—respondió el castaño inseguro. Sin previo aviso Hannah lo jaló por la túnica y lo arrastró hacia el escritorio.

—Muy bien—dijo antes de saltar sobre la superficie de madera atrayéndolo juguetonamente.

—Supongo que en realidad no venías a ver cómo me encuentro—comentó Neville mientras Hannah le besaba el cuello.

—Cállate y mejor continúa con lo que empezaste ayer—le ordenó atrapando sus labios nuevamente.

Alguien llamó a la puerta interrumpiendo el momento.

—Tienes que estar bromeando—refunfuño Neville entre dientes. Hannah sonrió poniéndose de pie. Tras un intercambio rápido de gestos para coordinarse, Hannah decidió ocultarse en el escritorio.

—Un momento—dijo el castaño mientras ella se metía debajo del escritorio. Neville miró hacia todos lados buscando algo para cubrir el escondite de la rubia, pero la puerta del salón se abrió obligándolo a saltar sobre la silla y sentarse en su escritorio procurando no patearla.

—Profesor, ¿Está ocupado?—preguntó un joven slytherin de quinto.

—No Mark, adelante—dijo Neville intentando sonar natural—¿Qué se te ofrece?—el joven de largo cabello color chocolate avanzó hacia donde él estaba.

No pensé en esto—se maldijo Neville internamente.

—Tengo una duda sobre la tarea que asignó—el muchacho se quedó en silencio esperando que Neville dijera algo, pero el castaño solo frunció el ceño sintiendo cómo las piernas le temblaban mientras una de las manos de Hannah le recorría el pantalón yendo a parar a una zona peligrosa.

—¿Ah, si?—dijo forzando la voz, tragó sonoramente antes de continuar—¿Cuál será?— de un solo movimiento la rubia le abrió el cierre del pantalón.

Oh por Merlín—pensó hecho un manojo de nervios. El slytherin lo miró extrañado.

—La investigación sobre el Arbusto Autofertilizante—explicó lentamente como si dudara de que su profesor realmente no lo recordara.

—Claro—dijo Neville sin tener la menor idea de lo que el chico hablaba; todo en lo que podía pensar era que Hannah hurgaba entre sus pantalones—la investigación… ¡oh Merlín!— exclamó cuando sintió como las manos de la rubia comenzaban a acariciarle el miembro.

—¿Se encuentra bien profesor?—preguntó el joven alarmado.

—S-si, acabo de recordar que…—se llevó la mano al rostro y tragó en seco mientras las caricias iban aumentando de intensidad—debo escribir al ministerio…oh—soltó de manera involuntaria cuando la rubia le tocó los testículos.

—Creo que mejor regreso luego—dijo el chico levantándose algo asustado.

—Me parece perfecto—concedió Neville con dificultad—yo te busco cuando…—nuevamente trago en seco—termine—el slytherin asintió mirándolo como si fuera un lunático y salió a toda prisa del aula.

—Oh, dios—gimió tan pronto el muchacho cerró la puerta, aporreando una mano contra el escritorio antes de apartar la silla para permitirle a Hannah salir de su escondite.

—¿En dónde estábamos?—preguntó la rubia con una sonrisa juguetona.

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En estos momentos Hermione realmente lamentaba que el simposio de su padre se hubiese demorado un día más de lo previsto, porque eso la obligaba a ayudar a su madre con sus invitados. Parpadeó en un intento desesperado por no quedarse dormida enfrente a todos en la mesa. Había tenido la esperanza de que el exagerado concepto de su madre con respecto a lo que una fiesta intima era, acompañado con la música de fondo y las charlas de todas las mesas alrededor, le ayudarían a permanecer despierta, pero definitivamente era algo que estaba muy lejos de pasar.

—¿Tú que opinas cariño?—preguntó su madre sonriéndole.

—¿Sobre qué?—soltó mosqueada. Su madre la miró arrugando la frente con preocupación.

—¿Te sientes bien?—le interrogó llevando la mano hacia su frente.

—Si, estoy bien, anoche tuve unos asuntos que atender en el trabajo y no dormí bien, eso es todo—mintió para tranquilizarla.

—Eso pasa por que no te alimentas bien—gruño la tía abuela Doris del otro lado de la mesa—estas toda flacucha y pálida. Ve tú a saber que comerás con esa mujer con la que vives.

—¡Tía!—exclamó su madre escandalizada.

Hermione se mordió los labios disimulando una sonrisa mientras la tía abuela Doris continuaba con sus teorías.

La tía abuela Doris.

Su madre era hija única, y debido a que sus padres (los abuelos de Hermione) habían muerto en un accidente automovilístico cuando aun tenía trece años, había quedado al cuidado de sus tíos: el tío abuelo Hugo y la tía abuela Doris.

Hermione agradecía completamente a la deidad que se encargó de que la mente de su madre saliera ilesa de esos años con la tía abuela Doris. Estaba segura que a estas alturas la palabra fanática religiosa seguramente tenía su nombre en la definición, porque realmente era la viva imagen del concepto.

—Ginny es una joven muy centrada—rebatía su madre para disgusto de la tía abuela quien torció el gesto. Hermione aún recordaba con cierto remordimiento el día que la tía abuela conoció a Ginny (y a su cabello pelirrojo).

—Querida, ¿Cómo puede una muchacha decente como tú juntarse con semejante clase de…—le echó una mirada sobre el hombro a la pelirroja quien platicaba con su madre—Esa clase de persona sólo conduce a la gente a la indecencia, a la depravación, a… a… —tomó aire como si lo que estuviera a punto de decir fuera impronunciable—dicen que son unas bestias sexuales.

Hermione había tenido que reunir todo su autocontrol para no estallar en carcajadas frente a ella.

—Basta Doris—intervino el tío abuelo Hugo sacando a la castaña de sus recuerdos.

—Hugo, ¿Acaso no tienes ojos?—replicó la tía abuela de manera dramática mientras la señalaba.

—Mucho más funcionales que los tuyos—respondió el tío abuelo arrancando algunas risas de las personas que estaban en la mesa—Hermione es una buena chica, déjala ser—agregó antes de guiñarle el ojo a la castaña de manera cómplice.

Su madre los amaba, porque en realidad eran personas muy buenas, pero en definitiva había que tener cuidado con las personas que se les dejara al alcance. Era toda una proeza que la tía abuela no hubiese encendido la hoguera cuando se enteró de que era una bruja. Aunque en gran parte sospechaba que la forma de vida que llevaba con el tío abuelo Hugo había influido bastante, puesto que él amaba la magia y Hermione era el gran orgullo del viejo hombre.

Vio al tío abuelo Hugo rodar los ojos impaciente porque la tía abuela no dejaba en paz el tema y sin poder evitarlo sus labios se curvaron en una sonrisa.

Aunque no compartiera todas sus extrañas creencias, porque la mayoría de las veces le era difícil separar la fantasía de la realidad (y porque creía fervientemente en que los duendes de porcelana en su jardín cobraban vida todas las noches para cultivarlo), ella adoraba al tío abuelo por el simple hecho de que en el pasado había sido el único en comprender las cosas extrañas que pasaban a su alrededor. Él había sido el primero en darse cuenta que podía hacer magia. Aún recordaba claramente aquella tarde que paseaban por el parque jugando a atrapar mariposas; ella perseguía una enorme mariposa azul turquesa sin notar que el terreno por donde corría tenía algunos accidentes en la tierra.

—Ten cuidado princesa—le gritaba el tío abuelo Hugo corriendo tras ella, pero Hermione estaba completamente enfocada en su objetivo: atrapar a la hermosa mariposa. Dio un salto para esquivar una piedra que estaba en el camino, con tan mala suerte, que su tobillo se dobló ligeramente haciéndola perder el equilibro y caer al suelo.

—¡No!—gritó la castaña frustrada justo antes de que la hermosa mariposa se hiciera pedazos frente a sus ojos. Aquella horrible visión se había quedado muy grabada en su mente. El tío abuelo la había tomado del brazo para ayudarla a levantarse.

—¿Estas bien cariño?—le preguntó preocupado; él había presenciado todo lo que ocurrió.

—¿Soy un monstruo?—preguntó sumamente seria. El tío abuelo la miró sorprendido.

—No cariño, ¿Por qué dices eso?

—La maté—apuntó como si fuera obvio. El viejo hombre abrió los ojos atónito por la conclusión a la que había llegado.

—¿Quisiste matarla?—le preguntó con cautela. Ella negó enérgicamente con la cabeza—¿Entonces porqué dices que fuiste tú?—suspiró y miró al suelo avergonzada.

—¿Podrías guardarme un secreto?—el tío abuelo asintió—el otro día, mientras estábamos en el recreo, Macy Thompson me quitó la muñeca con la que jugaba y la aventó al techo del salón. Comencé a llorar porque esa era mi muñeca favorita del cajón de juguetes y Macy sólo la había aventado para molestarme. Entonces, deseé muy fuertemente que mi muñeca pudiera caminar y bajar del techo—se detuvo un momento y miró al tío abuelo con precaución—y entonces pasó, mi muñeca se puso de pie y saltó del techo—el tío abuelo se cubrió los labios con la palma temblorosa.

—Dios de los cielos…—murmuró estupefacto.

—¡No te miento!—aseguró seriamente. El tío abuelo retiró la palma de su rostro y entonces la colocó sobre la mejilla de la pequeña mirándola fijamente.

—No te preocupes princesa, yo te creo—le aseguró de forma solemne.

Desde entonces el tío abuelo se había encargado de investigar todo lo que tuviera que ver con este tipo de casos para poder ayudarla a controlar lo que pasaba. Nadie había creído en ninguna de las teoría que él había barajado, hasta que la carta de Hogwarts había llegado de manos de la profesora McGonagall. Ese día el tío abuelo Hugo corrió por toda la casa celebrando que su princesa podía hacer magia.

Una poderosa punzada en la cabeza la obligó a cerrar los ojos. Entonces se resignó: iba a tener que tomar un analgésico muggle.

—Voy por una pastilla—le dijo a su madre que mediaba las discusiones que se habían armado en la mesa sobre las chucherías que vendían ahora en los supermercados para intentar reemplazar las buenas comidas caseras, siendo la parte en contra ferozmente liderada por la tía abuela Doris.

Caminó por el jardín a paso decidido e ingresó a la casa.

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—Alfil a H3—ordenó Ginny. Inmediatamente la figura que había mencionado cobró vida en el tablero de ajedrez que tenía enfrente y avanzó tres casillas en transversal para posicionarse en la ubicación que ella le indicó.

—Diablos—se quejó Watson dándose cuenta de que lo había dejado en jaque. Su rey se encontraba acorralado entre un caballo y el otro alfil de la pelirroja.

—Ríndete Watson, es obvio que no vas a conseguir que asista a los entrenamientos—el hombre suspiró exhausto. Llevaban toda la maldita tarde en las mismas.

—Debí saber que había truco cuando lo propusiste—se quejó.

—Estas en territorio Weasley—dijo ella simplemente.

Una lechuza gris se estampó contra la ventana retrasando un poco más el movimiento de Watson. Ginny maldijo por lo bajo reconociendo al ave de inmediato.

—Sé donde está cada una de mis piezas—advirtió amenazadoramente cuando se puso de pie para abrir la ventana. La lechuza revoloteó atontada hasta que notó la ventana abierta y entonces entró.

—Toma Errol—dijo ofreciéndole una gragea cuando se posó encima de la mesa de noche—no entiendo cómo mamá aun insiste en utilizarte—le comentó al ave retirando el papel que traía atado a la pata.

—¿Noticias importantes?—preguntó Watson aun analizando el tablero en busca de una última esperanza.

—Es mi madre—informó distraídamente leyendo el primer párrafo—Maldito Ron—murmuró después de leer la línea donde su madre la llamaba hija desnaturalizada. Paseó la mirada por las siguientes líneas donde dramatizaba con algo referente al amor incondicional de madre, y se saltó unos largos párrafos donde adivinaba se encontraba una larga narración sobre las horas de parto que su nacimiento había llevado en la sala de San Mungo debido a que venía sentada (no era nada nuevo que el chantaje emocional de su madre incluyera algo así; agradecía que su parto hubiese sido relativamente normal, y no cómo el de Ron, quien había hecho explotar un par de pociones para ayudar a acelerar el parto en su necedad de negarse a nacer); y por último el requerimiento de su presencia en la madriguera para…

—Oh, no—dijo leyendo la línea nuevamente—Diablos, ¿Tan pronto?—soltó enojada.

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—No puede ser—murmuró Hermione frustrada mientras removía las pastillas del botiquín. ¿Cómo era posible que sus padres, siendo cirujanos dentistas, no tuvieran ningún analgésico en casa?.

Dejó la caja de metal en la alacena y se sentó en una silla de la barra. Este era un castigo divino.

Voy a morir—se lamentó internamente mientras apoyanba la frente contra el frío mármol de la superficie de la barra para ver si así lograba enfriarse un poco la cabeza y calmar el dolor. Cerró los ojos y suspiró. Si tan sólo tuviera un caldero, podría perfectamente tener la poción que necesitaba.

—¿Está todo bien?—la castaña giró el rostro hacia donde provenía la voz. La mujer morena y rechoncha que se encontraba parada frente a ella la miraba fijamente. En todos los años que Hermione llevaba bajo el cuidado de Magda, sabía que esa mirada no significaba nada bueno; solamente que en este momento no podía pensar en algo que ameritara aquel escrutinio.

—¿Eso creo?—respondió insegura. La mujer le dedicó una mirada suspicaz.

—Hoy no llegaste por la chimenea—comentó casi al aire. Hermione se tensó. Oh Magda era como un perverso detective.

—Es que está en mantenimiento—mintió forzándose a sonar convincente. Magda asintió permitiéndole relajarse un poco.

—Y supongo que el coche estaba en el mantenimiento también—Hermione se quedó petrificada. Su coche era sólo para mantener la fachada, pero era común que cuando había fiestas familiares (como esta) tuviera el cuidado de traerlo. Se mordió ligeramente el labio.

—Ehm…

El repentino sonido del timbre le vino como agua a un deshidratado.

—Yo atiendo— anunció poniéndose de pie en un salto para salir huyendo de la cocina.

Tengo que inventar algo convincente—pensó preocupada, ya que seguramente esta información ya estaba en manos de su madre e iba a buscar llegar hasta el fondo de aquello—Genial, como si me hiciera falta tener una preocupación más—se lamentó amargamente antes de abrir la puerta.

—Buenas tardes…no otra vez—soltó tan pronto como la imagen de Ron Weasley se reveló del otro lado.

—Buenas tardes—saludó el pelirrojo con una enorme sonrisa.

No puede ser, me quedé dormida en la barra de la cocina—pensó sintiéndose patética. De manera inconsciente lo miró de pies a cabeza impresionándose a sí misma de lo bien que recordaba cada detalle en él.

—¿Y ahora qué?—preguntó con resignación. La sonrisa de Ron desapareció.

—Bueno, esperaba poder darte esto—dijo enseñándole la caja de regalo. Hermione lo miró con aprehensión.

—¿Cómo llegaste aquí?—él se encogió los hombros.

—Ginny me pidió que te entregara esto por el cumpleaños de tu mamá y me dio la dirección.

Esta trama es más creíble—se dijo a sí misma comenzando a sentirse nerviosa: sabía que era lo que venía a continuación si lo dejaba entrar.

—No puedo aceptarlo—determinó. Ron la miró extrañado.

—¿Ah, no?—el pelirrojo tamborileó sus pulgares sobre la caja.

—No, seguramente contiene algo sumamente indecente y en este momento no tengo tiempo para eso—Ron sonrió sorprendido por la respuesta.

—Bueno, creo que en ese caso las cosas indecentes tendrán que esperar, pero el regalo te lo tengo que dar—dijo divertido.

Merlín Ron, porque tienes que hacerme estas cosas incluso en mi subconsciente—se lamentó mordiéndose discretamente el labio inferior. Miró nuevamente hacia la caja.

—Entonces quiero una pista—demandó.

—¿Una pista?—repitió Ron sin comprender.

—Si, de lo que contiene la caja.

Oh si, no va a ser tan fácil esta vez—se felicitó internamente.

—En realidad no lo sé—reconoció el pelirrojo encogiéndose nuevamente los hombros. Ella le dedicó una mirada suspicaz.

—Hermione, cariño ¿Quién es?

Oh no, mi madre—pensó alarmada reconociendo la voz.

—Ron, creo que será mejor que te desaparezcas—el pelirrojo frunció el ceño luciendo confundido por la petición.

—No creo que sea una buena idea, este lugar esta lleno de muggles, y tu madre ya me vio—al decir esto liberó una de sus manos e hizo un gesto a manera de saludo. La cabeza de la castaña, que llevaba un rato punzándole, comenzó a palpitar agresivamente obligándola a masajearse ligeramente las sienes.

—Si, pero te juro que este no es el mejor momento para verte, la resaca me está matando…—tan pronto como las palabras salieron de sus labios sintió cómo algo se iluminó dentro de su cerebro—un minuto… yo…puedo sentir la resaca...

—¿Estuviste bebiendo anoche?—preguntó Ron sorprendido. Entonces la realidad la golpeó de lleno.

—Oh no, no estoy soñando…—soltó aterrada. El pelirrojo sonrió extasiado.

—¿Pensaste que era un sueño?

—Buenas tardes—saludó la madre de Hermione colocándose junto a la castaña.

—Ronald Weasley—se presentó el pelirrojo estirando la mano.

—¿Eres hermano de Ginny?—preguntó la señora Granger sonando gratamente sorprendida.

—Así es—confirmó Ron, entonces levantó el paquete—y envía esto para usted.

—Que generoso de su parte—dijo sonriente mientras tomaba el paquete—¿Por qué no pasas y te unes a la fiesta?—Hermione dio un pequeño salto al escuchar la invitación.

—No mamá, supongo que debe estar ocupado.

—No te preocupes, siempre tengo tiempo para una tan ocasión especial como esta—le corrigió Ron con una sonrisa encantadora mientras ella intentaba matarlo con la mirada.

—Excelente—celebró la señora Granger ajena a la tensión—en ese caso será mejor que entres, yo iré a revisar cómo va Magda con los bocadillos que le pedí.

Cuando la madre de Hermione se alejó unos pasos, Ron le dedicó una mirada traviesa.

—Creo que nuevamente comeremos juntos—murmuró antes de pasar junto a ella para entrar. Por la mente de Hermione pasaron mil y una maldiciones.

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Neville suspiró mirando al techo de su habitación. Sonrió recordando las pasadas horas y suspiró nuevamente.

—¿Otra gragea?—preguntó Hannah ofreciéndole de la caja que tenía en la mano. El castaño levantó un poco la cabeza para mirarla, ya que se encontraban tendidos en la cama completamente desnudos.

—La última vez me diste una de cerilla, mi confianza en ti ha disminuido notablemente—la sonrisa bobalicona en su rostro le restaba credibilidad. La rubia rió de manera traviesa.

—No me puedes culpar de tu mala suerte—sacó una gragea de color morado y se la llevó a la boca apresándola entre sus dientes—¿Quieres probar nuevamente?—Neville se incorporó para alcanzar sus labios y con un beso le quitó la gragea, pero el gusto no le duró mucho ya que de inmediato arrugó la cara en un gesto de asco.

—Comida para perros—se quejó pareciendo a punto de vomitar, provocando que Hannah nuevamente estallara en carcajadas. Neville tomó su varita e hizo aparecer hojas de menta.

—Luces ridículo—se burló la rubia mientras lo miraba masticar para quitarse el mal sabor.

—De saber que iba a ser blanco de tus maltratos hubiese preferido ayudar a Mark con sus dudas—dijo fingiéndose indignado. Hannah se incorporó y lo abrazó por la espalda.

—Ambos sabemos que esa es una mentira—determinó besándole el hombro. Neville sintió como todo el cuerpo se le estremecía completamente sensible a sus labios. Se giró para quedar de frente a ella y la besó.

—Si tuviera la fuerza suficiente te lo haría nuevamente—le susurró él besándole el puente de la nariz.

—Aun nos quedan muchas horas—dijo ella juguetonamente besándole la barbilla.

—Buen punto—Hannah alcanzó sus labios y de nuevo le plantó un beso. Se recostaron sobre la cama abrazados y una vez más se quedaron en silencio observando el techo de la habitación.

—¿Estás pensando en Hermione?—preguntó la rubia sorprendiéndolo.

—¿Por qué estaría pensando en Hermione?—respondió considerándolo absurdo. Hannah simplemente se encogió los hombros.

—Ayer mientras limpiaba la barra alcancé a escuchar que te hablaba sobre Krum, y realmente sonaba mal—Neville se mantuvo en silencio mirando hacia el techo. Hannah se removió un poco y se acomodó más sobre su pecho—Si no quieres no tienes porque contarme—Neville exhaló con cansancio.

—No es como si fuera un secreto—le dijo apoyando su barbilla contra el cabello rubio de Hannah.

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—¿Entonces tú y Hermione ya se conocían?—preguntó la señora Granger por encima del ruido de la música de fondo.

—No—respondió Hermione rotundamente al mismo tiempo que Ron (quien estaba sentado frente a ella) respondía que si. La madre de la castaña se colocó la mano debajo del mentón y los miró con interés.

—Entonces…

—Bueno, ella vive con mi hermana—explicó Ron— y nos hemos visto algunas veces—agregó lanzándole una mirada significativa a Hermione, que apartó la suya incómoda.

Demonios, ¿Siempre se las tiene que arreglar para hacer comentarios de ese tipo?—pensó desesperada.

—Tú y tu obsesión por relacionarte con esta gente—refunfuño la tía abuela Doris que estaba sentada a su lado, provocando que su prima Lois riera por lo bajo.

—¿Y es verdad?—le preguntó la muchacha lo suficientemente alto cómo para que sólo ella la escuchara. Hermione la miró sin comprender—lo que la tía abuela dice de los pelirrojos—aclaró. Hermione inmediatamente se sintió abochornada.

—Es el hermano de mi amiga—remarcó.

—Éste tiene toda la pinta de cubrir todas las casillas—continuó Lois como si ella no hubiese dicho nada, mientras se lo comía con la mirada. Algo en el interior de Hermione se removió ante este hecho. Miró el perfil del pelirrojo que continuaba platicando con su madre y se sintió repentinamente furiosa.

—Voy por más refresco—anunció agarrando su vaso. Se puso de pie y caminó hacia la barra de bebidas.

Ron vio a Hermione marcharse, pero consideró más prudente esperar un poco antes de correr tras ella frente a toda su familia.

Alguien le dio un par de fuertes palmadas en el hombro sacándolo de sus cavilaciones.

—¿Y a que te dedicas Ronald?—preguntó el tío abuelo Hugo sentándose a su lado.

—Trabajo en una tienda de bromas—el tío abuelo asintió con una expresión férrea.

—¿Y haces buen dinero?—preguntó, la manera en la que el viejo hombre lo miraba le recordaba a un halcón acechando a su presa. Este pensamiento hizo que una ligera gota de sudor frío cayera sobre su frente.

—Eso creo—el tío abuelo río entre dientes y bebió un poco del contenido de su vaso.

—Vaya futuro—masculló.

—Con los jóvenes siempre es lo mismo—comentó una mujer alta y delgada de aspecto severo—creen que todo en la vida es andar corriendo detrás de animales—Ron la miró confundido.

—No te preocupes cariño, eso no tiene nada que ver contigo—le dijo la señora Granger por lo bajo—Gerta aun no perdona a su hijo por convertirse en payaso de rodeo—Ron la miró con cara de circunstancia, ya que no tenía ni la menor idea de lo que un payaso de rodeo era. El tío abuelo Hugo, que estaba sentado junto a él, lo miraba aún de manera escrutiñadora.

—¿Te gustan los duendes de jardín?—preguntó seriamente. Ron dudo por un instante si responder a aquello, pero el viejo lo miraba atentamente, así que supuso que sí tenia que hacerlo.

—En realidad no, mi madre nos hace ahuyentarlos cuando comienzan a invadir el jardín.

—¡Que infamia!—vociferó el hombre ofendido. Ron decidió que era momento de largarse de ahí

—¿Me permite su baño?—preguntó de manera educada a la señora Granger.

—Claro cariño, está pasando las escaleras—le indicó vagamente antes de continuar su plática con uno de sus invitados. El pelirrojo asintió y se puso de pie.

—Será mejor que te acompañe, porque la casa es un laberinto—dijo una chica morena tomándolo del brazo.

—Eh…—balbuceó Ron aturdido. Sin saber que más decir echó una mirada hacia la barra en busca de Hermione, pero no la vio por ningún lado.

—No pongas esa cara, no muerdo—dijo sonriéndole de manera coqueta, en un tono que a Ron le indicaba todo lo contrario—Soy Lois.

—Ron—dijo él ligeramente abochornado.

—Vamos Ron, voy a ser tu guía al baño.

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—Entonces terminaron por mutuo acuerdo—concluyó Hannah analizando lo que Neville le acababa de contar.

—Si, bueno, esa es la versión oficial—dijo Neville—en realidad terminaron por que Krum no podía vivir con la idea de que Hermione nunca iba a enamorarse de él.

—Bueno, pero esa no es su culpa, una no puede obligarse a sentir algo que no existe—Neville bufó.

—Hermione quiso mucho a Viktor, pero no estaba enamorada de él. Durante un tiempo estuvo determinada a aceptar que tal vez con el tiempo ocurriera, pero él no lo soportaba y comenzó a presionarla para que le dijera que lo amaba.

—Vaya idiota—opinó Hannah. Neville se encogió los hombros.

—Hermione no podía mentirle—dijo pensando en aquella época—el problema fue después de la ruptura, cuando ella intentó salir con otros chicos. Al principio todo era genial, pero después de unos meses ellos buscaban cosas más serias y ella no era capaz de dar ese paso por miedo a que ocurriera nuevamente lo de Krum.

—Eso si que es una joda—meditó la rubia—pero bueno, a lo mejor era porque aún no le llegaba el adecuado.

—No creí que fueras de las que cree en que existe el 'adecuado'—dijo Neville divertido.

—Pero es que existe—reafirmó ella sonriendo de una manera tan encantadora que el castaño la miró maravillado por un momento antes de continuar.

—En fin, no es que no fueran 'adecuados'—recalcó con humor y Hannah le dedicó una mueca sarcástica—sino que algo hacía falta en ella.

—¿Quieres decir que ella es el problema?—preguntó con cierta aprehensión la rubia.

—No, no, lo que digo es que estos tipos le gustaban, pero no le despertaban lo suficiente para que ella decidiera arriesgarse.

—Vaya, el tipo que la desilusiono cavó muy profundo—Neville la miró con el ceño levemente fruncido.

—No hay nada de eso, Viktor fue su primer novio.

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Miraba fijamente hacia el florero en el centro de la barra, completamente concentrada en enfocar su furia irracional en lo que fuera. Resopló una vez más mientras hundía la mitad del limón que estaba lamiendo en la sal. Había decidido no volver a probar alcohol, por lo que se conformaba con el ácido sabor del cítrico.

Llevaba rato escondida en la cocina, y aun continuaba sin ánimos de estar ni a veinte metros de la resbalosa de su prima y el bárbaro troglodita de Ron. Los había visto salir de la casa platicando amenamente, y se imaginaba claramente hacia donde iba aquello.

Éste tiene toda la pinta de cubrir todas las casillas—saltó la voz de su prima haciendo que el estómago se le encogiera. Soltó el aire intentando calmar la desazón que comenzaba a esparcirse por su boca y en cambio la contrarrestó llevándose el limón a los labios. La pregunta que se venía haciendole mella todo el día de nuevo flotaba insistente en su cabeza.

Era claro que ese bárbaro troglodita activaba su producción de estrógeno al máximo y tenía unas maneras de seducirla a hacer todo aquello que ella sabía que estaba mal, que la hacían sentirse enferma. Mordió el limón para obligarse a que la boca no se le hiciera agua con las visiones que acompañaban aquella remembranza.

En verdad se estaba preocupando, no era algo común en ella esa clase de deseo sexual; es decir, no es que no lo tuviera, Merlín sabía que era humana y que estaba llena de esos inconvenientes detalles que la habían llevado a meterse en este lío; es sólo que usualmente era capaz de controlarlo.

No por nada llevábamos tanto tiempo inactivas—le recordó la voz en su cabeza a manera de reproche.

¿Y se supone que me debe hacer sentir mejor que mi zona genital tenga vida propia?—replicó lamentándose nuevamente mientras hundía una vez más el limón en la sal.

Una suave risa a su espalda la hizo sobresaltarse.

—¿Entonces es verdad lo que dicen de los pelirrojos?—preguntó aquella voz varonil que últimamente la perseguía hasta en sueños. Dejó el limón sobre la barra y se giró para encararlo. Para ser completamente honesta, cuando media hora atrás se había refugiado en la cocina, había planeado ignorarlo completamente y había decidido esperar a que esa insana sensación de querer desollarlo vivo se amainara para poder tratarlo con el látigo de su indiferencia; pero lo más que había conseguido era simplemente un plato de sal y varios limones cortados en gajos.

¿Cree que me afecta?—pensó de manera testaruda decidida a poder manejarlo con toda la indiferencia que le fuera posible.

—Veo que mi prima y tú tuvieron mucho tiempo para platicar—el tono de amargura que había en su voz la sorprendió. Ron levantó las cejas al parecer notándolo también.

—¿Celosa?—Hermione resopló de manera despectiva.

—Te mueres de las ganas—Ron esbozó una enorme sonrisa y caminó hacia ella acortando la distancia mientras Hermione lo miraba desafiante sin moverse un ápice de su sitio.

—La verdad es que si—reconoció con un tono profundo muy parecido al que había utilizado la noche anterior cuando le pidió disculpas, provocando que el cuerpo de Hermione se estremeciera de pies a cabeza.

No es momento para esto—se maldijo enervada mientras sus manos empezaban a sudar.

¿Nos ha abandonado la determinación?—preguntó de manera sardónica la voz en su cabeza.

¿Tú de que lado estas?—pensó desesperándose mientras esos ojos monstruosamente azules la miraban de una manera tan directa que sus piernas comenzaban a temblarle—No permitas que tus hormonas te controlen Hermione, eres una mujer adulta capaz de lidiar con esto.

—¿Qué es lo que haces aquí?—preguntó finalmente en un intento vago de autocontrol. Ron inspiró atrapando el aroma a frambuesa que el cabello de la castaña despedía.

—Ya te dije, Ginny me pidió que viniera a entregarte el regalo de tu madre—Hermione lo miró con suspicacia.

—¿Ella te lo pidió o tú te ofreciste?—la sonrisa de Ron se hizo más grande.

—Un poco de ambas—ella levantó una ceja escéptica—bueno, más de la segunda que de la primera.

Fuera de lo que hubiera previsto, ambos sonrieron de manera nerviosa ante esta declaración. Ron levantó la mano y la colocó sobre la mejilla de la castaña haciendo que el temblor de intensificara. Era casi un crimen la manera en la que aquello la descolocaba.

—Creí que no ibas a querer volver a verme—confesó utilizando un tono cálido que hizo que un cosquilleo se instalara en el estómago de Hermione.

—¿Y quien te dijo que quiero?—rebatió casi en un murmullo que estaba muy lejos de denotar toda la determinación con la que planeaba que aquello saliera, lo cual sólo hizo a Ron ensanchar su sonrisa.

Merlín, no eres una chiquilla Hermione—se recordaba con todas las alarmas activadas en su sistema, sin embargo sólo podía mirarlo alabando cada detalle de su varonil rostro, que conforme más se iba aproximando le permitía divisar las pequeñas pecas esparcidas por su nariz y sus mejillas que a simple vista eran imperceptibles.

—Estoy a punto de comprobarlo—susurró tan cerca que podía sentir su respiración sobre su piel, por lo cual la castaña se mojó los labios con tanta anticipación que inmediatamente quiso abofetearse. Un fuego incesante ardía en su pecho convirtiendo su respiración prácticamente en un vapor caliente.

Oh Merlín, es el hermano de Ginny, Hermione, ¿Qué pasa contigo?—se reprendió desesperada mientras su corazón latía desaforado en su pecho haciendo que una poderosa corriente de adrenalina le llenara el torrente sanguíneo. Aquello se sentía prohibido, pero a la vez era tan enfermizamente excitante…

Entonces lo comprendió.

Abrió los ojos de manera desmesurada como si mirara a Ron bajo una nueva luz.

Había estado la respuesta delante de sus narices todo el tiempo y había sido completamente ciega para verla. Era verdad que Ron era guapísimo, y que tenía un cuerpo para morir; pero no era ni el primero ni el último con esas características.

—Eres el hermano de Ginny—murmuró con una sonrisa. Claro, ahí residía su atractivo. Era prohibido.

Ron frunció el ceño completamente descolocado.

—Creí que ya había quedado claro—inquirió con cierta cautela. Hermione negó levemente con la cabeza y se apartó de él poniéndose de pie.

—No lo entiendes, esto es imposible—el rostro de Ron se puso completamente serio.

—¿Imposible?—su tono reflejaba que aquello le había dolido, pero Hermione estaba tan ensimismada en sus deducciones que no lo notó.

—Si Ron, yo definitivamente no quiero poner en riesgo mi amistad con Ginny, y sé que esto tiene tantas probabilidades de funcionar cómo mi padre las tiene de ser ministro de magia—Ron frunció el ceño por un segundo antes de comprender.

—…por que tu padre es un muggle—masculló con una sonrisa forzada, pero Hermione asintió muy animada de que comprendiera mientras se giraba hacia la barra para servirse un poco de agua; aquella revelación la había alterado.

—Mira Ron, no quiero que algo como esto—dijo utilizando el vaso de cristal para señalarse—bueno, interfiera.

—¿Y que se supone que es esto?—le susurró el pelirrojo al oído haciéndola estremecer.

No había notado que estaba tan cerca. Repentinamente el temblor en las piernas regresó.

—Esto…es…—balbuceó incapaz de pensar con mucha coherencia. Él aprovechó este desliz para posar sus manos alrededor de su cintura.

—Creí que una persona con tu nivel intelectual era demasiado brillante para quedarse sin palabras—le picó con un tono profundo y varonil mientras sus manos lentamente se deslizaban hacia sus caderas.

—Merlín Ron…—suspiró sintiendo repentinamente cómo se le escapaba todo el aliento. Él continuó el recorrido de sus manos posándolas ahora a la altura de su vientre.

—Me deseas tan desesperadamente como yo te deseo—insistió y entonces sus manos subieron hasta su abdomen apretándola contra su cuerpo—¿No lo sientes?—la retó comenzándo a besarle la parte trasera de la oreja.

¿Te hace llegar?—dijo la voz de Hannah disparándose en su cabeza mientras sentía como un mareo le iba nublando la razón.

—No puedo…—soltó débilmente, y lo sintió sonreír sobre su cuello mientras su lengua caliente le recorría la piel estremeciéndola. Las fuertes manos del pelirrojo comenzaron a hacerse camino entre la falda de su vestido.

—Te puedo probar lo contrario—le susurró de una manera tan deliciosa que a Hermione se le escapó un gemido. Se giró hacia a él mirándolo asustada. Bueno, estaba claro que haber descubierto que le gustaba porque era prohibido no disminuía en lo más mínimo el lívido que le despertaba. Mantuvo la mirada en él aun respirando pasadamente.

Ron se mojó los labios haciendo que la boca de Hermione se entreabriera a modo reflejo, deseosa de ser ella quien recorriera aquellos carnosos labios con su propia lengua.

Hártate de él—saltó la voz de Neville entre el desastre que era su cabeza en ese momento— sólo te estas acostando con él, no le vas a proponer matrimonio…

No, no puedes hacer esto—gritó su perdida lógica desde el fondo de su subconsciente.

¿Ah, no?—se burló la molesta vocecilla golpeándola con gráficas imágenes de la noche que habían pasado juntos.

No me refiero a eso—chilló frustrada mientras sentía cómo su zona reproductiva comenzaba a arder.

No es como si nunca antes hubiese ocurrido algo así, no es un crimen si ambos están de acuerdo—por extraño que pareciera, este razonamiento le pareció la cosa mas lógica del mundo. Y de hecho no encontró manera de debatir contra la fuerte base en la cual se cimentaba la perversa idea: si era de común acuerdo entonces no había a quien herir.

Lo miró con una feroz determinación.

—No quiero nada serio contigo—le advirtió. Los ojos de Ron eran un insondable océano en ese momento. La miró en silencio contemplándola.

—Si no quieres que nadie se entere, entonces que así sea—determinó después de unos segundos y con seguridad acortó la distancia que los separaba hasta quedar prácticamente a milímetros de su rostro. Sus ojos azules se clavaron en los marrones de ella como si quisiera traspasarlos con la mirada—pero no intentes hacerme creer que entre nosotros no pasa nada.

Sin poder contenerse Hermione colisionó sus labios contra los del pelirrojo, y él le correspondió con la misma intensidad con la que ella lo había embestido. Lo sintió meter las manos por debajo de la falda de su vestido hasta posarlas firmemente sobre sus glúteos para levantarla. Lo siguiente que sintió fue su trasero chocar contra el frío mármol mientras se mordía los labios reprimiéndose un fuerte gemido provocado por la manera impetuosa en la que le besaba el cuello. Hundió las manos de manera salvaje en sus cabellos rojo fuego y tiró de él para obligarlo a mirarla. Ambos respiraban agitadamente. Él se pasó la lengua por los labios lamiéndose un poco del sudor que le caía por el rostro.

—A mi apartamento—ordenó Hermione. Ron sonrió de manera presuntuosa y le tendió una mano de manera caballerosa para ayudarla a bajar de la barra.

Entonces ambos desaparecieron.

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HOLA HOLA!, antes que nada me quiero disculpar por la enorme tardanza, pero la verdad es que me hacía falta afinar muchos detalles de esta segunda parte; debía tener mucho cuidado… ¡Hay cosas de suma importacia!. Les juro que le he dado miles de vueltas, lo eh re-escrito seis veces desde que publiqué la primera parte, porque no me convencía del todo, y al final ha quedado así… no lo eh amado con todo mi corazón, pero quedó completo… es todo lo que puedo decir al respecto.

Muchísimas gracias a:

Sayu Matsuda: Muchísimas gracias por el halago, te juro que estoy muy sonrojada :D, espero que este capítulo también te haya gustado.

Paqui: aaaaaahhh paquii! Lamento muchísimo no poder darme tiempo para hacer tan honorable mención, estoy muy pendiente de los reviews lo juro, pero no me eh podido dar tiempo de responder como solía hacerlo, aun así adoro leerte por aquí, me pones una enorme sonrisa en el rostro lo juro :P )

fatty73: Me alegra que te vaya gustando la historia hasta ahora, la verdad yo estoy disfrutando mucho escribirla… no entendí a que te refieres con Ginny (osea si es al principio o a su reacción con sarah), pero debo confesar que no hemos visto nada con lo que se avecina con esta pelirroja.

Y a todas las personas que a pesar de que no dejan un review, están pendientes de cada actualización, y siguen la historia sin importar los siglos que me tarde en actualizar… no puedo prometer una fecha exacta para actualización, pero les juro que estoy trabajando duro en este fic, esa es mi manera de agradecerles el apoyo.

Y para terminar este testamento, les mando un enorme saludo, muchísimos besitos rupertianos, y espero leerles pronto (si fuera posible en caritativos reviews que su bondadoso corazón pueda postear para esta humilde escritora de fics :D— ok debía hacer el intento).

Nos vemos el siguiente mes.

CIAO.