Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer no me pertenece, es de nuestra diosa Jo Rowling... todo lo demás es producto de mi traumada y viciosa mente...

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Hola hola, antes que nada me disculpo por la ENORME tardanza que me llevó ésta actualización, pero antes que comiencen a enviar maldiciones y vociferadores quiero decirles que hay una perfecta y muy MUY válida explicación para haberme tardado tanto: Mi disco duro murió. Sip así como lo leen, mi disco duro con todo mi trabajo, incluido el capitulo que debí publicar hace semana y media, murió de un paro fulminante sin oportunidad de dejarme recuperar nada; por lo que me vi en la terrible situación de tener que volver a reescribir TODO el capitulo; no sé si a alguien le haya ocurrido una situación similar antes (espero que no porque es horrible), pero creo que entenderán cuando les digo que cuando tu cerebro se ha vaciado con todo lo que buscas plasmar en un capítulo de veinte páginas, a veces es un poco difícil obligarlo a reproducir el escrito de cero tal y como lo habías hecho la primera vez… y más difícil aun cuando te vienen esos malditos bloqueos nerviosos… ¡EN FIN!, supongo que esto explicará porque eh publicado hasta el día de hoy. Espero no quieran lincharme porque eso sería muy feo, puse mucho esfuerzo y horas de sueño en intentar volver a plasmar toda la idea como originalmente estaba.

Ahora voy a dejarme de tanto testamento y simplemente les dejaré con el nuevo capítulo, que espero les guste; lo hice con mucho cariño y va especialmente dedicado a mi mejor amiga OSMARA que cumplió años y a quien no eh podido ver personalmente para darle el enorme abrazo de cumpleaños que merece…

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Solo es Sexo

7

Crea fama…

La belleza de la vida usualmente radica en lo que cada ser humano considera como momentos dignos de atesorar. Pero para una persona común y corriente como Ronald Weasley, la belleza de la vida se encontraba contenida en los perfectos metro sesenta y cinco ataviados en una deliciosa piel dulcemente besada por el sol, esparciendo esa tonalidad bronceada que se extendía a través de las vertiginosas curvas que lo hacían perder el aliento y sentirse mareado cada glorioso momento que pasaba perdido en ellas. Jadeó sintiendo endurecer más la pulsante erección dentro de su boxer cuando la mano de Hermione la rozó por encima de la tela y tragó con dificultad rogando internamente por algo de cordura, ya que si algo había aprendido en esos días, era que la paciencia siempre era bien recompensada. Lentamente comenzó a besar su mandíbula descendiendo hacia el cuello; ella se separó del beso y se giró dándole la espalda, gesto que él aprovechó para cubrir de besos la piel de sus hombros y la base de su cuello, recibiendo algunos jadeos en respuesta cuando sus manos comenzaron a vagabundear por las caderas hasta deslizarse acariciando con lujuria aquel perfecto trasero únicamente cubierto por la ropa interior que los aburridos trajes del ministerio se empecinaban en ocultar. Sus labios fueron descendiendo hacia la parte central de la espalda y sus manos continuaron su recorrido.

—Oh, Ron—la escuchó gemir cuando una de sus manos se introdujo entre sus piernas y él tuvo que apretar fuertemente los dedos de sus pies para amortiguar el golpe de placer que le comenzaba a hacer temblar las piernas.

Aguanta, aguanta—se dijo hundiendo su nariz en la tersa piel de Hermione mientras cerraba fuertemente los ojos. Después de un momento la sintió removerse y esto lo trajo de regreso. Llevó los labios a la altura de su oído y antes de susurrarle colocó su mano libre firmemente sobre su cadera derecha para evitar que se girara nuevamente.

—Apenas estamos empezando muñeca—advirtió con una sonrisa y entonces sus dedos hicieron a un lado la tela de las bragas para tener contacto directo con su suave centro. Ella nuevamente jadeó de placer.

—Sabes que no me gusta esperar—dijo Hermione en lo que posiblemente buscara ser un reclamo, pero debido a que su respiración era agitada y su voz estaba llena de lujuria, difícilmente podía considerarse como uno. Ron sonrió con petulancia y comenzó a masajear el clítoris con las yemas de sus dedos.

—No seas malcriada—le dijo en un tono juguetón. La castaña arqueó la espalda y un nuevo gemido salió de sus labios a la par que abría más las piernas invitándolo a tener mayor acceso a su intimidad. Movió su otra mano de la cadera hacia los senos para acariciarlos mientras con sus dedos aprovechaba la invitación y lentamente comenzaba a introducir su dedo índice; pero ella se apoyó sobre sus codos obligándolo a detenerse.

—Ya sabes lo que quiero—dijo la castaña girándose hacia a él y en un rápido movimiento posó su mano sobre el pecho desnudo de Ron para obligarlo a tenderse boca arriba, entonces subió a él como una leona en celo. Él la tomó de las caderas y elevó la pelvis un poco para permitirle sentir la enorme erección que tenía dentro del boxer; ella introdujo la mano apresándola. Ron contuvo la respiración con anticipación cuando le sacó el pene, sin embargo la sostuvo firmemente de las caderas guiándola hacia su erección; nuevamente hizo a un lado la tela que se interponía entre ellos y entró en ella con una segura estocada.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Suspiró exhausto mientras luchaba contra el sueño que se empeñaba en hacer que sus endemoniados párpados pesaran casi una tonelada. Se frotó los ojos una vez más y continuó en su labor de velar el sueño de la estremecedoramente bella mujer que dormía a su lado; sólo para minutos después parpadear de nuevo sintiendo como por momentos perdía la noción del lugar donde estaba, así que giró la cabeza para acercarla más hacia la de Hermione y hundió su rostro en el abundante cabello castaño sabiendo que tenía que irse. Era parte del acuerdo que habían hecho tres días atrás y si en realidad quería mantenerse dentro de su vida, debía respetarlo. Salió de la cama y tomó su ropa del suelo para vestirse lentamente, dándose tiempo para asegurarse de que estaba lo suficientemente despierto para que ninguna parte se le fuera a escindir. Antes de prepararse para desaparecer besó a Hermione una vez más en los labios.

Con un chasquido sordo Ron apareció en medio de la sala de su apartamento.

—¡¿Que coño…?!—exclamó Luna pegando un salto en el refrigerador abierto.

—¿Con esa boca besas a tu padre?—se burló Ron en medio de un bostezo y la rubia le dedicó una mueca sarcástica.

—¿Ya terminó la hora de servicio?—le picó con sorna cuando él se acercó al refrigerador para sacar la caja de leche. El pelirrojo la miró con cara de pocos amigos.

—Ay Ron…

—Ya te dije que no es cómo crees—le cortó y la rubia negó con la cabeza en señal de resignación: era terco como una mula.

—El que está mal eres tú—Ron cerró el refrigerador de malas maneras y se giró para dejar la caja de leche sobre la mesa—Merlín Ron, crees que dándole sexo vas a conseguir mantenerla a tu lado ¿Pero sabes qué?, eso no funciona así amigo; te convertiste en su juguete sexual.

—No es cierto—replicó él con la cara roja en una mezcla de vergüenza e ira.

—¡Por favor!—exclamó Luna exasperada acercándose a la mesa—¡Hay que estar ciego para no darse cuenta de que sólo se ven cuando ella quiere acostarse contigo!

—Luna sé que siente algo por mí, yo…—se detuvo un momento e inspiró antes de continuar—puedo sentirlo.

—Ron, es obvio que siente algo—enfatizó levantando el dedo índice como si se tratara del asta de una bandera antes de agregar—pero lo siente entre las piernas. No te engañes.

—A veces no se puede hablar contigo—masculló molesto.

—Porque sabes que tengo razón—sentenció la rubia. Ron rodó los ojos—Creí que habías dicho que estabas dispuesto a todo porque se enamorara de ti—agregó sonando un poco decepcionada.

—Eso es lo que estoy haciendo—rebatió él.

—Dudo que vayas a llegar muy lejos—espetó Luna. Ron tensó la mandíbula.

—Estás equivocada—masculló de manera testaruda. Luna nuevamente negó con resignación.

—Lo que tú digas juguetito sexual—dijo dándole por su lado y pasó junto a él para ir a su habitación.

Ron resopló y se dejó caer sobre una de las sillas del comedor enfurruñado.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

A veces cuando la mente se empeña en convertirse en un condenado proyector de recuerdos no aptos para menores de edad, las víctimas de la atroz capacidad que el cerebro posee para tener a las terminaciones nerviosas como aliadas en su cruzada por mantener al incauto blanco despierto, se ven arrastradas hacia un interminable laberinto de insomnio contra el cual (después de varias horas de intentar revelarse) se ven resignados a declararse incapaces de combatir. Era esta precisamente la razón por la que aquella mañana, cuando Harry Potter sintió sobre su rostro el implacable resplandor del sol asaltando el interior del cuarto de hotel en el cual se hospedaba, su cuerpo se sentía como si sólo hubiese pasado medio segundo desde que su estúpida mente y sus estúpidas mariposas en el estómago habían cedido a sus ruegos de poder dormir. Gruñó resistiéndose a abrir los ojos y se puso una almohada sobre la cabeza para aislarse de la molesta luz. Era el colmo, ¡Su mente era una sádica! Mientras él se auto terapiaba para afrontar el hecho de que nunca iba a volver a ver a la hermosa mujer que protagonizaba todas y cada una de sus fantasías, ella se encargaba de restregársela en la cara como un recordatorio enfermizo de lo que nunca volvería a ser suyo.

—Potter—llamó una molesta voz a lo lejos que Harry decidió ignorar—Potter—volvió a insistir la voz sin obtener ningún resultado—muy bien—murmuró el intruso y por fin hubo silencio.

—¡POTTER!—estalló la maldita voz amplificada unas doscientas veces haciendo a Harry saltar fuera de la cama como gato erizado.

—Maldita sea Scamander, ¿No te das cuenta que estoy intentando dormir?—reclamó con el corazón palpitándole en las sienes y los ojos llorosos debido al repentino golpe de luz.

—Si hubieses hecho caso a los miles de intentos anteriores posiblemente no tendría que tomar medidas drásticas—dijo el rubio encogiéndose los hombros de manera despreocupada mientras Harry buscaba a tientas sus lentes.

—Con un demonio—refunfuño el moreno forzando la vista para intentar enfocar sin éxito.

—Si crees que estoy loco por despertarte temprano, entonces tu jefe seguramente necesite un ala en San Mungo—comentó Rolf con humor haciendo levitar los lentes circulares de la mesa de noche hacia las manos de Harry, quien bostezó un gracias y se los colocó.

—¿Shacklebolt envió una lechuza?—preguntó.

—Si, dice que el departamento de relaciones internacionales no pudo llegar a un acuerdo para dejar pasar las muestras de la fórmula—de un chasquido el rubio hizo aparecer una manzana amarilla y le dio un generoso mordisco antes de continuar hablando con la boca llena—quiere que viajemos hoy mismo a Londres con un cargamento.

—¿Qué vamos a hacer con los trasladores?, la embajada rusa seguramente no va a abrir una red alterna para que viajemos con cargamento ilegal.

—Tu jefe ya lo arregló—informó Rolf después de tragar el segundo mordisco que le había dado a su manzana—viajaremos en clase comercial—Harry lo miró con el ceño fruncido.

—¿Lo dices en serio?—le cuestionó con la vaga esperanza de que el rubio se hubiese confundido; sin embargo Rolf asintió antes de decir.

—Tenemos que ir por los boletos a la terminal de trasladores—Harry no pudo evitar la expresión incrédula que se formó en su rostro.

—Scamander, cuando alguien arregla algo, se supone que consigue una solución que de otra manera no se hubiese podido conseguir—dijo lentamente como si Rolf fuera un extranjero a quien le cuesta comprender el idioma en el que él le hablaba—¡Shacklebolt en realidad no movió un dedo!—agregó con un tonillo histérico.

—Supongo que tienes razón—aceptó el rubio con humor y le dio otra mordida a la fruta que tenía en la mano.

—¿Y cómo se supone que pasemos con cargamento ilegal?¿Sabe el enfermo de mi jefe que nos podrían meter a la cárcel por eso?—Harry empezó a caminar de un lado al otro de la habitación—¿Cómo se le ocurre que vamos a viajar en clase comercial?

—A mi me parece interesante—opinó Rolf ahora bebiendo un extraño brebaje con el que había sustituido a la manzana. Harry bufó con exasperación. Era verdad que Shacklebolt confiaba en que él pudiera hacerlo, esa era seguramente la razón por la que se atrevía a pedir semejante disparate; pero era un suicidio intentar realizar un acto de contrabando en un país que sufría de este mal tan seguido, que si a estas alturas los guardias de las terminales internacionales no eran dementores, es porque estaba prohibido.

Harry se detuvo llevándose la mano a la frente.

—¡Que desayuno!—suspiró Rolf sonando satisfecho mientras se estiraba.

—¿Nunca te dijeron que se te pueden reventar las tripas si haces eso?—comentó Harry.

—No soy muggle amigo—respondió el rubio encogiendo los hombros—¿Pero, por qué exactamente?

—Olvídalo—dijo el moreno negando levemente con la cabeza y agregó—También tengo que desayunar—después de decir esto, mágicamente apareció una manzana amarilla en la palma de su mano.

—¡Bon appétit!

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Caminaba por los pasillos de los vestidores con desgana, a decir verdad había comenzado a disfrutar pasar la tarde perdiendo el tiempo; sin embargo Maison le había enviado una carta de advertencia para que se presentara a las instalaciones o la iban a sancionar. Se aproximó a su casillero y dejó caer su bulto sobre la banca de madera que dividía las dos hileras de casilleros.

—¿Weasley?—preguntó una voz femenina a su espalda llamando su atención.

—Snow—dijo a manera de saludo cuando giró y se encontró con la figura de Gianna Snow, la capitana del equipo; acto seguido regresó su atención a su bolsa para sacar su uniforme.

—Creímos que no ibas a regresar—comentó la chica acomodándose la abundante mata de cabello negro en una coleta.

—Maison me envió una lechuza amenazándome con suspenderme si seguía faltando—dijo Ginny encogiéndose los hombros y a este gesto le siguió un largo silencio incómodo. La pelirroja se giró para abrir su casillero.

—Sarah ya habló con nosotras—dijo Gianna atreviéndose a romper el silencio, pero Ginny no dio señal de haberle prestado atención, por lo que la morena continuó—Las chicas y yo creemos…

—No me importa—le cortó la pelirroja de manera tajante sin apartar su atención del interior de su casillero.

—Weasley, será mejor que dejes el drama; no creo que sea muy agradable soportar los entrenamientos mientras intentas masacrar a Mcdonald—Ginny se detuvo en seco y ahora se giró completamente hacia Gianna.

—¿Aun está aquí?—preguntó lentamente sintiendo como en la boca de su estómago comenzaban a arder con fuerza sus jugos gástricos debido a la repentina indigestión que le había ocasionado la nueva información. Snow rodó los ojos y negó a manera de reprobación.

—Weasley, te estaba esperando—dijo Maison entrando al área de casilleros—¿El inútil de tu representante ya habló contigo?—la pelirroja frunció el ceño extrañada por la pregunta—ah, ya veo—soltó el hombre rascándose el bigote.

—¿Por qué Mcdonald sigue aquí?—preguntó Ginny de malas maneras.

—Porque los dueños del club quieren que envíes una disculpa pública a Sarah—respondió Maison y agregó—creen que los comentarios groseros que has hecho hacia ella están afectando a la imagen del club, y…

—¡Y un carajo!—bramó la pelirroja cortando el monologo de Maison. El hombre torció el gesto.

—Tengo ordenes explícitas de suspenderte si no lo haces; creí que había sido claro.

—Nunca mencionaste el pequeño detalle de la disculpa pública—replicó altanera.

—Ginny…

—No Snow, no te metas en lo que no te importa—dijo callando a Gianna. Entonces regresó su atención hacia Maison—Fui muy clara cuando le dije a Watson cuáles eran las únicas condiciones bajo las que iba a regresar.

—Entonces no me dejas opción—dijo Maison.

—Hazle como quieras—escupió la pelirroja de manera grosera y cerró su casillero de un portazo.

—Será mejor que pienses bien lo que estas a punto de hacer Weasley—advirtió el hombre comenzando a perder la paciencia—te voy a dar un día para que hagas lo que creas que debes hacer. Después de eso, dependiendo de lo que decidas, podrás o no regresar al campo.

—Espera sentado—espetó tomando su bulto para salir de los casilleros hecha una furia.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

—Cállate—refunfuñó internamente Ron intentando una vez más callar la molesta voz de Luna que de nuevo le rondaba, y continuó con la labor en la que se había obligado a ocupar su mente.

Llevaba toda la tarde de la misma manera. Había intentado de todo para despejarse de las estúpidas ideas que se empeñaban en irrumpir en su cabeza haciendo que su determinación de ignorar lo que Luna había dicho la noche anterior flaqueara por momentos. Se rascó la nuca exasperado antes de resoplar nuevamente. Luna le había dejado muy en claro su postura hacia la decisión que él había tomado, pero él no iba a dar marcha atrás. Sabía que no tenía otra opción.

—Vello de axila de trol—dijo y la vuela pluma que descansaba sobre el pergamino extendido en el escritorio comenzó a escribir de manera apresurada.

—¿Qué te pasa Ron?, esa es de novatos—reclamó George y la vuela pluma de inmediato tachoneó la línea que acababa de escribir. Ambos volvieron a sumergirse en el silencio que hacía horas acompañaba a su ardua labor de creación.

De repente la chimenea comenzó a crepitar y en cuestión de segundos una llamarada verde se alzó en el interior dando paso a la figura de Angelina Johnson; George y Ron ni siquiera se inmutaron. La recién llegada dio un paso fuera de la chimenea y se sacudió los restos de polvo de la ropa.

—Escama del trasero de una sirena—dijo George y la vuela pluma nuevamente comenzó a escribir en el pergamino de manera precipitada.

—Yo también te extrañé—dijo Angelina con ironía y se acercó a George para darle un beso en los labios—hola cuñadito—saludó un segundo después dirigiéndose a Ron, que simplemente le hizo un gesto con la cabeza en respuesta acompañado de un casual 'hey'—¿Y en qué estamos trabajando?

—Bombas fétidas—respondió Ron llevando las manos detrás de la nuca mientras se resbalaba en su asiento.

—Ni se te ocurra subir tus patas a mi escritorio—amenazó George cortando la trayectoria de los pies de Ron.

—Cada día te pareces más a Percy—refunfuñó el pelirrojo de mala gana girándose hacia la silla de junto para subir sus pies. George le dedicó una mueca sarcástica.

—¿Van a tomarse un descanso para el almuerzo?—preguntó Angelina sentándose en el escritorio. George consultó su reloj de pulsera.

—Todavía no es tu hora de comida—dijo extrañado.

—Bueno, adelanté unos pendientes y aproveché para escaparme una hora antes—dijo sin darle importancia. Ron en cambio pareció congelarse sobre su asiento.

—Aun no entiendo cómo es que el ministerio te sigue pagando por calentar el asiento—bromeó George ganándose un golpe juguetón en el hombro que respondió con un beso pícaro en la mejilla de su novia.

—¿Todos los departamentos salen a almorzar a la misma hora?—preguntó Ron cortando con el coqueteo.

—No, sólo la planta alta, los aurores tienen otro horario de comida—comentó ella.

Ron frunció levemente el ceño pareciendo en medio de un conflicto consigo mismo.

¿Vas a darle la razón a Luna?—se reclamó de manera testaruda en medio del mundo de dudas que en ese momento se agolpaban en su cerebro—Sabes que no la tiene—pensó con determinación, pero no pudo evitar sentir esa punzada molesta que lo estaba volviendo loco.

—¿Todo bien hermanito?—preguntó George con una sonrisa necia intentando hacerle cosquillas a Angelina; entonces Ron se puso de pie.

—No, olvidé que tengo una cita—dijo tomando su varita de la mesa—te veo al rato. Adiós cuñada—agregó antes de salir de manera apresurada de la oficina.

—No me digas que de nuevo se está acostando con Lavender—dijo Angelina cuando la puerta de madera se cerró a espaldas del pelirrojo.

—No, esto es diferente—opinó George pensativo.

—Eso espero, porque no creo que Luna sobreviva a otro encuentro con las féminas Weasley—comentó con una sonrisa.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Lanzó la quaffle hacia el cielo con toda su fuerza y se impulsó de inmediato en su dirección para atajarla. Con una maniobra espectacular frenó en el aire y aseguró la quaffle posicionándola contra su costado. Cuando descendió de nuevo a la azotea del hotel, vio a Watson de pie esperándola.

—¿Es en serio Ginny?¿Escobas en un hotel muggle?—preguntó el hombre como recibimiento. Ginny rodó los ojos.

—Si, mi día va excelente—dijo con sarcasmo tocando el concreto del techo para desmontar su escoba.

—¿Sabes todos los problemas que le puedes ocasionar a los otros equipos de quidditch que se hospedan en este hotel?

—No te pongas paranoico Watson, tengo varios hechizos en el área; si no te hubiese dejado una nota nunca me hubieras encontrado—dijo con fastidio mientras se llevaba la escoba al hombro. Su representante exhaló luciendo impaciente.

—Maison ya me dijo que te dio veinticuatro horas para dar esa maldita conferencia de prensa.

—La cual no voy a dar—dictaminó—por cierto ¿Dónde estuviste ayer?—preguntó desviándose completamente del tema.

—Fue mi cumpleaños—respondió Watson extrañado.

—Qué curioso, en el mes de las madres—comentó inclinándose a agarrar su botella de agua.

—Yo no le veo lo curioso—dijo Watson descolocado.

—Oh sí, lo es—soltó con sarcasmo y bebió un poco de agua antes de agregar—porque tú no tienes madre—Watson la miró luciendo desencajado.

—¿Y se puede saber ahora que te pasa?

—¿Por qué carajos no me dijiste antes que Maison no había sacado a Sarah?—le reclamó de manera agresiva—y ahora resulta que tengo que disculparme ante la prensa.

—Ginny, yo considero…

—No se me da la gana Watson ¿Sabes por qué? Porque no lo necesito—dijo de manera engreída.

—Creo que te estás equivocando—opinó Watson de manera sobria.

—Sarah es la equivocación—replicó señalándolo de manera desafiante—¿Crees que en serio los dueños del club se van a arriesgar a perder a su estrella con esa bomba de tiempo en el estómago de Sarah?

—Ginny…

—No hay que ser muy listos para darse cuenta de cuál es la opción más obvia.

—¡Merlín Ginevra, no puedes ser tan cabeza dura!—se exasperó el castaño—¿Te das cuenta que siempre es así contigo?, ¡Nunca piensas en las consecuencias de tus actos!

—Dime algo que no sepa—dijo con una sonrisa cínica. Watson se llevó una mano a la altura de la boca restregándosela con cierta impotencia antes de añadir.

—Si te suspenden vas a perderte la temporada de selección para los mundiales.

—Eso no va a pasar—replicó Ginny bufando como si fuera la cosa más absurda del planeta.

Watson suspiró con resignación.

—¿Y qué es lo que vas a hacer?

—Nada—determinó la pelirroja encogiéndose los hombros y continuó su camino hacia la puerta de la azotea que llevaba al hotel.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Hermione paseó nuevamente la vista por los papeles que tenía en frente sintiendo que la cabeza comenzaba a pulsarle del estrés. ¿Por qué los magos rusos se esforzaban tanto en ser desagradables? Suspiró deseando más que nada en el mundo una doceava taza de café expreso. Su secretaria concluyó con el informe detallado de la respuesta del ministro ruso y acomodó los papeles en el interior de la carpeta que llevaba en manos.

— ¿Qué hago con el reporte de alfombras voladoras?—le preguntó.

—Envíalo al departamento de regulación de artefactos mágicos—indicó la castaña distraída. La mujer frente a ella abrió los ojos de manera exagerada, y pareció dudar unos segundos antes de procesar que lo que había escuchado era correcto. Cuando habló lo hizo lentamente, como si le costara comprender lo que iba a decir.

—Eso me mandó a hacerlo ayer—Hermione se maldijo internamente, pero sin perder la compostura continuó.

—¿Y qué fue lo que respondieron?

—Ehm… que…—la mujer titubeó observándola detenidamente—que van a hacer todo lo posible por localizar la matriz de Bangladesh—Hermione bufó y miró el reloj en su escritorio consultando la fecha. Apenas era miércoles y el mercado del medio oriente ya estaba dando líos. Esto era un fastidio; desde que el mercado ilegal de alfombras voladoras había recobrado su auge ella no tenía tregua; el ministerio ya había mandado a ocho inspectores y a todos los habían logrado sobornar. A estas alturas iba a tener que ir y cerrarles el negocio ella misma.

—Entonces pide todos los documentos que tengan sobre el caso, porque voy a tener que comunicarme con el consulado y necesito estar plenamente informada—su secretaria asintió, y dirigiéndole una última mirada salió de la oficina.

Tan pronto como la puerta se cerró se llevó las manos a las sienes. La noche anterior no había dormido bien.

Ni la noche anterior, ni la anterior a esa, ni la anterior a la anterior a esa—dijo la voz en su cabeza con un tono travieso.

Llevaba días de esa manera: su agenda era un desastre, su secretaria creía que se estaba volviendo loca, y para colmo de males hoy por la mañana había llegado tarde a la junta que tenía con Kingsley para hablar sobre las manifestaciones que se habían dado para exigir la revocación de la ley para las prestaciones al retiro de los elfos domésticos.

—Merlín, no voy a salir viva de la semana—pensó mientras se relajaba el cuello acompañando el movimiento con una profunda exhalación—el hombre debería venir con una nota de advertencia como cualquier droga legal.

Como si eso fuera a detenerte—dijo con sorna la voz en su cabeza y una sonrisa involuntaria se extendió por sus labios, pero la borró de inmediato ya que hubo un par de golpes en la puerta pidiendo permiso para entrar.

—Estas trabajando—se reprimió mentalmente tomando los papeles que tenía sobre la mesa antes de ponerse de pie indicándole a la persona de la puerta que pasara.

—Buenas tardes—saludó un joven castaño entrando a la oficina con un vaso desechable—traigo su café.

—Gracias Roger, puedes ponerlo sobre la mesa—le dijo sin prestarle atención mientras continuaba archivando. Roger frunció el ceño.

—¿Eso es todo? ¿Gracias Roger?—la cabeza de Hermione giró de manera tan brusca que por poco le provoca tortícolis.

—¿Qué…?—comenzó, pero se interrumpió, ya que el rostro del hombre comenzaba a transfigurarse dando paso a los ojos azules y la nariz respingona de Ron Weasley—Oh Merlín—soltó tomando su varita para asegurar la puerta e insonorizar el lugar.

—¿Sorprendida?—preguntó él con una sonrisa radiante una vez que su cabello recobró su usual tono pelirrojo.

—¿Qué haces aquí?—interrogó Hermione sonando un poco exaltada.

—Estaba de visita y se me ocurrió venir a decir hola—comentó sin borrar su sonrisa mientras echaba un vistazo a la oficina de la castaña.

—¡¿Decir hola?!—pensó nerviosa y el hecho de que Ron estuviera observando con tanto interés los muebles de la ridícula sala que estaba en su oficina no ayudaba en mucho.

—Tu oficina es bastante grande—dijo sorprendido. Hermione inspiró profundo intentando mantener a raya sus latidos acelerados.

—Si, viene con el cargo—respondió con el tono más neutral que pudo. El pelirrojo asintió y continuó en su inspección del espacio extra que se extendía a un costado del área donde llevaba a cabo las cuestiones burocráticas—¿No deberías también estar en el trabajo?

—Muy lujoso—opinó el pelirrojo ignorando su pregunta mientras regresaba la mirada hacia ella, lo que provocó que una leve corriente eléctrica la recorriera de pies a cabeza.

—Es el equivalente a la gente que viene a esta oficina—dijo Hermione sin abandonar su tono casi impersonal, pero sintiendo como su corazón golpeaba violentamente en su pecho—No respondiste a mi pregunta—Ron frunció levemente el ceño.

—Es la hora de la comida—dijo encogiéndose los hombros y la vio desviar la mirada hacia el reloj en su escritorio.

Merlín tiene razón—pensó Hermione comenzando a desesperarse, pero entonces la leve sospecha de que aquello era adrede subió sus barreras. No podía arriesgarse a que eso se saliera de control—… al menos no en la oficina.

—Y…—dijo la castaña vacilando—¿Cuánto tiempo te va a llevar?—Ron levantó una ceja sin comprender—decir hola, estoy ocupada—aclaró.

Algo en el interior de Ron se removió formando un pesado sentimiento en el fondo de su estómago. Asintió sin decir palabra y comenzó a desabrocharse la camisa.

—¡¿Qué haces?!—exclamó Hermione escandalizada.

—Lo que tienes en mente—respondió Ron de manera cínica sacándose la camisa con todo y la túnica que llevaba encima—¿Va a ser en tu escritorio o en tu sala?

—¡¿Qué?! ¡Yo no tengo nada en…—un par de golpes en la puerta hicieron que las palabras se le congelaran en los labios; miró a Ron con los ojos muy abiertos.

—¿Vamos a tener invitados?—preguntó el pelirrojo con una sonrisa desagradable. Hermione rodeó su escritorio apresuradamente y caminó hacia donde él estaba, tomando su ropa del suelo en el trayecto.

—Escóndete por favor—pidió en tono de súplica. Ron la miró por unos instantes renuente a hacer una vez más lo que ella quisiera, pero sus ojos marrones lo miraban con tanta angustia que al final tomó su ropa y caminó de mala gana hacia la cortina que adornaba el enorme cuadro iluminado de la sala. Hermione exhaló intentando componer la pose seria que solía adoptar para el trabajo y caminó hacia la puerta abriéndola apresuradamente.

—¡Mamá!—soltó sorprendida cuando se encontró de frente con la imagen de su madre a punto de tocar nuevamente. La señora Granger bajó levemente el puño y entonces le dio un abrazo.

—Espero que no sea un mal momento, quise venir a la hora de la comida para no perjudicarte con el trabajo—le dijo cuando se separaron.

—No, claro que no—le aseguró sin apartarse de la puerta. La señora Granger la miró un poco confundida.

—¿Puedo pasar?—Hermione parpadeo descolocada por su pregunta, entonces notó que continuaba bloqueándole el paso.

—Si—respondió por fin apartándose y aprovechó para echar un disimulado vistazo a la cortina donde estaba Ron. Su madre tomó asiento frente a su escritorio y Hermione se sentó en la silla junto a ella.

—¿Pasa algo?—preguntó extrañada por la repentina visita; su madre por lo regular siempre agendaba sus encuentros.

—Lamento haberme esperado tanto para decírtelo—dijo su madre vacilando—pero me voy de viaje.

—¿Qué?¿Cuando?—soltó Hermione sorprendida. Su madre tomó aire antes de responder.

—En unas horas, sólo pasaba a despedirme—Hermione la tomó de la mano sin saber que decir, y en el momento en que los ojos de su madre se encontraron nuevamente con los suyos vio como gruesas lágrimas luchaban por salir.

—¿Todo está bien?—su madre rehuyó a su mirada interrogante y se limitó a negar ligeramente con la cabeza.

—Tu padre me pidió el divorcio.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

¿Existe el paraíso? En realidad esa era una pregunta que para muchos habitantes del planeta tierra no tenía una respuesta exacta; pero cuando la fresa cubierta de chocolate tocó los labios de Hannah, Neville tuvo una exacta aproximación de cómo se sentiría estar en aquel utópico lugar. La rubia se lamió el labio superior limpiando los restos del chocolate.

—Ok, ganas esta ronda—accedió Neville y se tomó todo el tarro de cerveza que tenía enfrente.

—Tu turno—exigió Hannah orgullosa de su triunfo. El castaño tomó aire dispuesto a poner el marcador a la par y entonces la miró directamente a los ojos, siendo cuidadoso en hacerlo de tal manera que captara completamente su atención.

—Cierra los ojos—le indicó con un tono tan seguro y varonil que hizo a Hannah inhalar involuntariamente conteniendo el aliento. Neville nunca se había considerado a sí mismo como un donjuán, pero sabía lo que hacía cuando se trataba de mujeres ya que el tema lo ameritaba. Sus ojos descendieron hacia los labios de la rubia, que los entreabrió—hazlo—pidió. Hannah obedeció esta vez.

Neville se fue acercando hacia su rostro y sonrió cuando la vio mojarse los labios de manera ansiosa.

—No te voy a besar—le susurró y posicionó sus manos delicadamente a la altura de su quijada. Hannah suspiró flojamente.

—Tienes un rostro hermoso—dijo el castaño en un tono cálido y profundo, acariciando con sus dedos índices cada lado del rostro para enfatizar su punto—es casi imposible apartar los ojos de él, haces que me cueste concentrarme en cualquier cosa que no sea adorarlo—Hannah se mojó los labios nuevamente, sólo que esta vez intentando ocultar una sonrisa que seguramente era de burla—Me siento perdido cuando no estás cerca Hannah, es como si no viviera realmente hasta que vuelvo a mirarte—las palabras se sintieron tan verdaderas que sus dedos temblaron ligeramente cuando comenzó a deslizar sus yemas suavemente hacia los pómulos de la chica, que había vuelto a entre abrir los labios en una invitación implícita—es como si ese par de ojos azules que posees fueran la única fuente de vida que conozco, y cada vez que me miran me llenan de su vitalidad—su nariz rozó la de la rubia sintiendo su respiración lentamente tornarse densa—me desarmas Hannah, me descontrolas, me vuelves loco—Neville detuvo su mirada en el leve rubor que ahora adornaba las mejillas de la rubia—me encantas—susurró estremecido por la manera en la que ella comenzaba a morderse el labio inferior. La rubia inhaló profundamente y abrió los ojos clavándolos en los de él. Sin apartarse ni decir nada agarró la botella de cerveza que estaba sobre la mesa y bebió un trago. Neville esbozó una gran sonrisa y le plantó un beso en los labios.

—¡Esto es una mierda!—exclamó un hombre con un extraño mohicano entrando al lugar y matando el momento.

—Hoy es día de limpieza, está cerrado—dijo Hannah señalando el cartel en la puerta del bar.

—Bueno, será mejor que te lo replantees rubia, porque hoy es un día de luto para el mundo mágico—tanto Hannah como Neville se miraron extrañados.

—¿De luto?—preguntó Neville. El hombre asintió pareciendo apesadumbrado y entonces extendió el periódico que tenía en las manos sobre su pecho, en el cual se mostraba una enorme fotografía de Ginny Weasley atrapando la quaffle en el partido de días atrás contra un equipo ruso.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

—Potter, Harry Potter—la mujer dentro de la cabina hizo un movimiento con su varita hacia el pergamino que tenía enfrente.

—Su traslador está retrasado—informó la bruja acomodándose los lentes antes de mirar directamente hacia Harry.

—Genial—musitó para sí colocándose de nuevo el bulto que llevaba sobre el hombro—muchas gracias—le dijo a la mujer antes de girarse hacia donde se suponía que estaba Rolf hace unos segundos. Paseó la mirada por el área de sillas de espera en busca de la cabeza rubia de Rolf Scamander.

—Lo que me faltaba—pensó con desgana y comenzó a avanzar hacia las sillas sin dejar de mirar a su alrededor.

—No puedo creerlo, ¡Esto es peor que alguna clase de brote de fiebre de dragón!—exclamó un chico cerca del asiento que Harry acababa de ocupar.

—Calma camarada, debe ser una equivocación—dijo otro chico que parecía ser amigo del primero, ya que le daba palmadas de apoyo moral.

—¡Que día tan malditamente injusto!—exclamó nuevamente el joven sentado junto a Harry sonando devastado. El moreno frunció el ceño y abrió su bulto para revisar que la fórmula estuviera bien.

—Ahí estas—dijo la voz de Rolf llamando su atención—tuve que ir al baño, y cuando regresé ya no estabas en la ventanilla.

—Pudiste haberme avisado—dijo Harry con reproche.

—¿Y qué fue lo que dijo la bruja de la taquilla?

—Nuestro traslador se retrasó—respondió Harry sonando hastiado—vamos a tener que esperar—Rolf asintió y ocupó el lugar libre junto a Harry.

—¿Gomita?—ofreció acercándole un paquete que tenía en la mano llena de gusanos dulces. Harry declinó a la invitación.

—Creí que fuiste al baño—comentó más por hacer algo que por en realidad estar interesado.

—Si, pero había un mago vendiendo dulces en la puerta—explicó el rubio encogiéndose los hombros antes de llevarse una gomita a la boca. De manera distraída el moreno miró hacia el holograma de diez metros frente a la sala de esperas, en el cual se mostraban un programa cómico muggle.

—En el hotel vi el capitulo anterior—comentó Rolf sonando emocionado con la programación, pero un segundo después en el holograma apareció un enorme cartel rojo que anunciaba un reporte especial, por lo cual interrumpieron el programa de Rolf.

En el centro del holograma apareció la figura de un hombre algo rechoncho con bigote de cepillo, quien llevaba una gorra cubriéndole la cabeza y una chamarra deportiva verde oscuro. Harry nunca había visto a ese hombre en la vida, pero al parecer los dos chicos que estaban sentados junto a él sí, porque se enderezaron en sus asientos con la mirada clavada en la imagen.

—Muy buenas tardes—dijo el hombre y debajo de él apareció una cintilla que lo señalaba como Gregor Maison—agradezco su asistencia a esta conferencia tan apresurada, por lo mismo trataré de ser breve y responderé preguntas al final del comunicado oficial—el hombre se tocó el bigote con la mano y acomodó el pergamino que estaba en su mano izquierda—el motivo de este llamado es para anunciar públicamente que la jugadora número seis de las harpies, la cazadora Ginevra Weasley, ya no formará parte de la alineación principal hasta nuevo aviso—los flashes comenzaron a inundar la imagen del holograma y cientos de voces que seguramente pertenecieran a los reporteros presentes llenaron el ambiente. A un lado de la imagen del hombre apareció una figura superpuesta de una mujer pelirroja posando en una actitud altiva con su escoba a un lado. El corazón de Harry se detuvo por un momento. Los chicos junto a él aventaron sus bultos al suelo echando maldiciones, sin embargo en su estado de shock su cerebro sólo pudo procesar lo que a continuación Rolf dijo:

—Weasley… ¿Qué no es el apellido de ese pelirrojo que es amigo tuyo?

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Ron se encontraba tenso, escuchando en completo silencio la conversación que Hermione estaba teniendo con su madre. No sabía que pensar, era obvio que aquello no encajaba con lo perfecta y seria que parecía su familia.

—¿Desde cuándo?—escuchó preguntar a Hermione con una voz extrañamente tranquila.

—Hija yo sé que sientes la necesidad de saber, pero hay cosas que…

—¿Desde cuándo?—insistió Hermione interrumpiendo a su madre.

—Un par de días antes de mi cumpleaños—hubo un silencio prolongado en el cual el pelirrojo tuvo que agudizar el oído para asegurarse de que continuaban en el lugar.

—¿Por qué no me dijiste nada?—Ron sintió una extraña sensación en la boca del estómago cuando escuchó cómo la voz de Hermione se quebró levemente al hacer la pregunta.

—Creí que sólo se trataba de un poco de tiempo—respondió su madre con la voz contenida—que tal vez necesitaba un poco de espacio para pensar las cosas—la señora Granger sorbió la nariz y añadió—pero después de mi cumpleaños me llamó para disculparse, porque no iba a poder regresar—la voz de la mujer se había convertido casi en un susurro que contenía un inmenso dolor.

Hubo golpes en la puerta pidiendo permiso para entrar.

—Será mejor que me vaya—se disculpó la madre de Hermione y entonces el ruido de una silla al correrse le indicó a Ron que se había puesto de pie. Inmediatamente la otra silla también se corrió.

—Mamá, no tienes que…

—Si Hermione, necesito alejarme un tiempo de la casa—repuso su madre con la voz más compuesta y seria, Ron pudo imaginarla adoptando esa formalidad que Hermione solía utilizar para evadir temas incómodos.

—Pero…

—Señorita Granger—llamó una voz a través de la puerta interrumpiéndola.

—Ya no te robo más el tiempo—dijo su madre de manera apresurada—además, se me hace tarde para llegar al aeropuerto—la señora Granger dio un profundo suspiro y el pelirrojo adivinaba que había abrazado a su hija, pues cuando habló lo hizo casi en un murmullo—voy a estar bien.

Los golpes nuevamente insistieron y entonces escuchó la puerta abrirse.

—Oh lo lamento tanto—escuchó que decía la mujer que estaba del otro lado.

—No hay cuidado—dijo la madre de Hermione quien al parecer era la que había abierto la puerta—hasta luego—a la despedida le siguieron el sonido de los tacones al alejarse a paso firme.

—Venía a entregarle la información que me pidió, pero…—la mujer se detuvo incómoda—¿Necesita algo?—preguntó con voz vacilante.

—Cancela todas mis citas de la tarde—ordenó Hermione con voz inexpresiva. Sin una respuesta (al menos que Ron hubiese podido escuchar) la puerta se cerró nuevamente. Por unos instantes el pelirrojo se mantuvo a la expectativa de escuchar algún movimiento o algún indicio que le indicara que era seguro salir, pero al no haber tal se arriesgó a abandonar escondite cautelosamente. La imagen que vio hizo que su corazón se encogiera.

Caminó como un bólido hacia Hermione, quien se encontraba encogida en la silla frente a su escritorio, ocultando su rostro penosamente entre sus manos. Ron se arrodilló frente a ella y la tomó de los hombros. Hermione separó las manos un poco y muy despacio levantó el rostro, permitiéndole a Ron ver lo rojos y llenos de lágrimas que se encontraban sus ojos.

—Vámonos—le dijo suavemente.

—¿A dónde?—preguntó ella con la voz quebrada. Ron le tomó las mejillas y apoyó su frente contra la de ella antes de susurrarle en un gesto íntimo.

—A donde sea.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

En ese momento bien podría haber vomitado sus intestinos y estaba seguro de que no iba a poder liberar ni la mitad del horror que azotaba su cuerpo. Miraba fijamente un punto en el suelo buscando enfocarse en algo para no caer desmayado.

—Weasley…—repitió para sí sin poder desatorar su cerebro de aquel apellido.

—Oye, ¿Está tu amigo bien?—preguntó el joven junto a Harry que veinte minutos antes había aventado su bulto al suelo—parece que la noticia de la suspensión de Weasley le pego mucho más fuerte que a nosotros.

—Weasley…—murmuró Harry nuevamente.

—Es verdad, no sabía que era tan fanático de las Harpies. ¿Estás bien Potter?—preguntó Rolf a su lado—parece que hubieses visto un boggart—bromeó mordiendo la mitad de una de las culebras de goma. Harry tragó sonoramente.

Ron iba a matarlo.

—Pasajeros con destino a Londres, favor de abordar el traslador 23 de la puerta este—anunció una voz femenina resonando por toda la sala.

—Bueno, ese es el nuestro—dijo Rolf levantándose para recoger sus cosas. Harry entró en un repentino ataque de pánico.

No podía ver a Ron. Aun no.

—Scamander no me puedo ir—dijo de manera apresurada levantándose de su lugar de un salto.

—¿Qué?—soltó Rolf con el rostro desencajado.

—¡Que no me puedo ir!—gritó Harry perdiendo el control y levantó bruscamente su bolsa olvidando que la había abierto para revisar la fórmula, y con la noticia había olvidado cerrarla; así que en este momento las ampolletas caían al suelo haciéndose añicos y esparciendo el líquido por todo el suelo.

—¡Mierda Harry!—exclamó Rolf mirando la escena aterrado.

—¡Tienen contrabando!—gritó un hombre corriendo hacia ellos con la varita en alto. Al segundo siguiente estaban rodeados por cuatro hombres uniformados con túnicas negras.

—¡Tiren las varitas al suelo y levanten las manos donde pueda verlas!

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

El sonido de la música a todo volumen proveniente del apartamento que Ginny y Hermione compartían, le indicó a Neville que su búsqueda había terminado.

—No se oye tan mal—comentó Hannah mientras subían las escaleras.

—Eso es porque no conoces a Ginny 'la furia pelirroja' Weasley—aclaró Neville salvando los últimos escalones antes de alcanzar el primer piso. Avanzaron hacia la puerta y antes de que pudieran tocar la puerta se abrió.

—¡Esta fiesta es asombrosa Bro!—gritó un tipo alto de cabello verde saltando fuera del apartamento.

—Ok tenías razón, no conozco a 'la furia pelirroja'—murmuró Hannah echando un vistazo al mar de gente que se encontraba en el interior del lugar; pero Neville sólo prestaba atención al enorme cartel adornado con fuegos artificiales que rezaba en llamativas letras de colores "La fiesta del Adiós".

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Muchas gracias a Marce, a Nath , a inmaru, a Paqui y a SandriitaBlack por sus reviews; les juro que estuve a punto de tirar la toalla hasta el siguiente mes, pero sus palabras de apoyo siempre sacan lo mejor de mí, así que se merecen lo mejor de lo mejor y espero que este capítulo haya estado a la altura. En realidad me siento muy insegura y nerviosa del capítulo, así que…

¿Caritativos reviews? El espíritu de mi disco duro los agradecerá mucho…

P.D. Ahora es un poco tarde y estoy cayéndome dormida sobre el teclado, por lo que mañana prometo darme tiempo para responder a sus maravillosos reviews…

CIAO.