Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer no me pertenece, es de nuestra diosa Jo Rowling... todo lo demás es producto de mi traumada y viciosa mente...

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-..-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Este capítulo va especialmente dedicado a: adry mw, a Adarae, a Paqui, a TillyW, a Marce, a Guest, a DannGrint, a Leprechaunn, a Reyna80, a Nato, a abiole13, a sofi everdeen, _CamiCamila, a MagicamenteMuglee, a lollipop990, a LoveDreamer y a paquita. Sus reviews me hicieron sentarme cada día a escribir este capítulo, y a pesar de que la falta de inspiración siempre me intentaba seducir para no escribir, sus reviews eran siempre el aceite que le hacía falta a mi mente para comenzar a funcionar. De igual manera agradezco a todas las lectoras que siempre están muy pendientes de la actualización de la historia, y que a pesar de no dejar reviews siguen fieles el avance. Les juro que fue muy emotivo para mí darme cuenta que el último día de cada mes las gráficas de la historia se disparaban debido a que había mucha gente revisando si ya había actualizado…

Lamento de verdad no haber podido actualizar; como mencioné antes en una publicación que hice en mi profile, sé lo feo que es entrar a revisar el estado de las historias que sigues y encontrarte con que el autor o la autora no han actualizado en meses, pero prometo que mis ocupaciones se multiplicaron de una manera que me atacó por sorpresa, y con deberes que debo anteponer a mi afición (la cual disfruto enormemente y agradezco que ustedes compartan conmigo) tuve que aplazar las actualizaciones. Aun así, mantengo lo que eh dicho en innumerables ocasiones a las lectoras que me han preguntado por medio de PM o en vivo cuando tenemos la oportunidad de encontrarnos: No voy a abandonar la historia; juro que intentaré retomar el ritmo puntual que tenía de actualizar cada mes, y aunque me va a llevar un poco mas de tiempo del que había previsto terminarla, me mantengo firme con la promesa de no abandonarla. Confieso que el bloqueo que ocasiona tener tantas responsabilidades encima, que son demandantes en la misma magnitud de importancia, no me ayuda mucho con la fluidez de la inspiración, pero haré mi mejor esfuerzo; Ustedes lo merecen (¡hay que inspirada ando!).

Bueno, para no alargarme mas me despido y espero que disfruten el capítulo. Prometo que eh pasado noches enteras enfocada en él, y aunque no hay mucha acción de la que nos gustaría, es muy importante para lo que se vecina.

¡Les mando un abrazo de oso y muchos besitos rupertianos!

CIAO.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-..-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Solo es Sexo

9

Galerna de Himeneo

Hacía más de una hora que se encontraba apoyado contra el muro de seguridad de la azotea, que en ese momento le servía de balcón improvisado, mientras observaba hacia el horizonte lleno de luces que provenían de las farolas del alumbrado público. Soltó un suspiro y continuó con su apreciación visual. No es que él fuera uno de esos endemoniados románticos ridículos que se maravillaban por lo majestuoso del paisaje tanto como para quedarse admirándolo por horas; simplemente no encontraba algún lugar mejor para esconderse y por desgracia la azotea sólo ofrecía una visión aburrida de la vida nocturna del barrio en el que se encontraba ubicado su edificio. Tampoco es que se estuviera quejando de este hecho, ya que en realidad no le prestaba atención a lo que veía; sus pensamientos eran demasiado ruidosos como para prestar atención a nada más. Bebió otro trago de la botella de cerveza que tenía en la mano derecha y después acarició con el pulgar una moneda de bronce que sostenía entre los dedos de la mano izquierda.

¿Qué demonios había pasado por su cabeza? Ok, a lo mejor esa no era la pregunta correcta, porque era claro que no estaba pensando en ese momento, pero ¿Qué esperaba que ella respondiera?

Inspiró profundo levantando la mirada hasta situarla nuevamente en las luces de la calle y soltó el aire con pesadez.

—¿Que se acuesta conmigo porque siente algo, aunque sea muy mínimo, por mí?—pensó con algo de amargura y encerró la moneda en su puño. Genial, ahora podía comenzar a comprar toallas sanitarias porque era seguro que a estas malditas alturas en cualquier instante comenzaría a menstruar.

—Lo sabía—dijo la voz cantarina de Luna haciéndolo sobresaltar—te mandaron al diablo, y no te molestes en negarlo—Ron apretó la mandíbula cuando la rubia se apoyo a su lado sobre el muro de seguridad de la azotea.

—¿Cómo me encontraste?—la rubia bufó riendo.

—Hay un par de chicas en las escaleras de emergencia—con un grácil estirón de pies se puso de puntitas para quedar a la altura del pelirrojo— ¿Qué hiciste para que te mandaran al diablo?—Ron soltó el aire con fastidio y nuevamente frotó la moneda que estaba oculta en su palma.

—No me mandó al diablo—replicó y se dio vuelta para apoyar la espalda contra el muro—tuvimos… algunas diferencias—Luna rodó los ojos y le golpeó la mano izquierda haciendo que la moneda saliera volando.

—¡¿Por qué demonios hiciste eso?!—gritó Ron alterado y en seguida comenzó a inspeccionar el suelo.

—Si te preguntaba qué tenías en la mano no me ibas a decir—explicó encogiéndose los hombros.

—Me lleva el diablo—masculló el pelirrojo encorvándose en una pose graciosa para forzar la vista.

—Por cierto ¿Qué era?—preguntó la rubia sentándose sobre el borde del muro.

—Que te importa—le dijo Ron sin interrumpir su búsqueda. De un salto Luna bajó a ayudarlo.

—¿Era uno de sus aretes?—preguntó con humor iniciando su búsqueda.

—Que te importa—repitió Ron perdiendo un poco la paciencia; paseó la mirada una vez más a su alrededor y entonces por fin encontró la moneda.

—¿Qué haces con una de estas?—le preguntó Luna arrebatándosela cuando el pelirrojo se incorporó.

—Que te importa, devuélvemela—reclamó él intentando arrebatársela.

—¿Están utilizando los intercomunicadores del ministerio para sus encuentros sexuales?—dijo Luna con una sonrisa incrédula—si hay algo más bajo que vender sexo, eso es hacerlo a domicilio—con un gesto simpático abrió la mano ofreciéndole la moneda a Ron que masculló un 'cállate' con las orejas rojas de vergüenza antes de quitársela—Piénsalo, es como ordenar comida. Rápido e impersonal—él le dedicó una mirada asesina.

—¿Estas segura que eres mi amiga?—preguntó molesto y comenzó a caminar hacia la puerta que llevaba al interior del edificio.

—En realidad soy la voz de tu conciencia; la que por cierto no quiere decir te lo dije, pero sí, te lo dije—recalcó Luna siguiéndolo escaleras abajo.

—Yo no soy su juguete sexual—espetó él sin detenerse. Cruzaron el pasillo y entraron al elevador.

—Ron, ambos sabíamos que no ibas a llegar a ningún lugar con tu táctica—razonó la rubia insistiendo en el tema cuando las puertas del aparato se cerraron—sé que lo que te digo suena feo, pero ¿De verdad creíste que después de armarle una escena de celos las cosas iban a seguir como si nada?

—Entonces ya lo sabías—sentenció el pelirrojo.

—Ron, le pegaste una trompada a un auror, es obvio que la noticia corrió como pólvora—le dijo Luna como si hablara con un lento—lo de los celos lo acabo de confirmar.

—Genial—ironizó el pelirrojo con sarcasmo; eso era lo último que le faltaba, no sólo había perdido su oportunidad con Hermione, sino que ahora también era el puto bufón de sus compañeros de trabajo.

—Bueno, al menos yo y algunas personas en la oficina te dimos el beneficio de la duda—le dijo para dosificar un poco la tensión—después de todo lo que pasó ese día en el ministerio y con tu apellido rondando los pasillos por la fiesta de la innombrable, creímos que alguien había aprovechando el buen escenario para inventar una escena—explicó—además quería escucharlo de tu boca.

—Tú y Ginny están acabando con mi paciencia—soltó Ron algo hastiado.

—¡Hey! Innombrable no es un simple apodo, sabes que está prohibido mencionarme a mí y a esa loca psicópata en la misma oración—le reprochó la rubia.

—¿Y se supone que yo soy el inmaduro?—ironizó Ron girándose para dedicarle una sonrisa mordaz. El timbre del ascensor les indicó que ya habían llegado a su piso.

—Esto es diferente—aclaró Luna defendiendo su caso, entonces dirigió la mirada hacia un punto por encima del hombro de Ron antes de continuar—es como invocar al diablo.

El pelirrojo frunció el ceño extrañado y se giró para encontrarse cara a cara con su hermana menor.

—¿Qué carajos hace esa aquí?—demandó Ginny señalando con un gesto despectivo hacia Luna.

—Yéndome—intervino la rubia saliendo del elevador a toda prisa. Ron miró brevemente su trayectoria y estiró la mano para detener la puerta del aparato cuando este timbró de nuevo indicando que se iba a cerrar, entonces aprovechó para salir.

—¿Qué haces aquí?—le preguntó a Ginny, y sin previo aviso la pelirroja le dio un puñetazo en el brazo—¡¿Qué demonios?!—se quejó agarrándose la zona del impacto.

—¡¿Por qué diablos le fuiste con el chisme a papá?!—bramó Ginny. Ron rodó los ojos y caminó hacia la puerta de su apartamento.

—Ginny, saliste en todos los malditos periódicos del mundo mágico ¿No crees que era obvio que se enterara?—señaló abriendo la puerta para indicarle que pasara. No quería que todos los vecinos escucharan los gritos de Ginny—Además en la carta que me mandó exigiendo respuestas, me dijo que te había escrito como quince veces y tú brillabas por tu ausencia—agregó siguiéndola hacia la sala.

—¿No pasó por tu retrasada cabeza el hecho de que estaba evitando que la maldita situación llegara a sus oídos?

—Buen trabajo—se burló ácidamente Ron.

—¡Ahora se unió a mamá y está exigiendo mi cabeza!—se quejó agitando las manos para agregarle dramatismo—¡Ya no voy a poder escaparme de ir este fin de semana a la madriguera!

—No puedo hacer nada para zafarte—dijo Ron cortando la rabieta. Ginny dejó caer los brazos flojos a sus costados y lo miró como si hubiese dicho la peor de las aberraciones.

—¡Maldita sea, eres mi hermano!—acusó ofendida.

—Sabes que cuando la cosa se pone fea papá es peor que mamá—dijo el pelirrojo a manera de excusa—Además, ¿Cómo demonios esperabas salir de ésta sin que te descubrieran?

—Bueno, entonces esperaré ansiosa a ver la cara que pone mamá cuando se entere de que te sigues viendo con esa golfa—y con este claro ultimátum intimidatorio dio tres zancadas hacia la puerta.

—¡Luna sigue siendo mi amiga!—replicó Ron aterrado ante la horrible posibilidad de que Ginny cumpliera su amenaza—¡Y no es ninguna endemoniada golfa!—aclaró. Una cosa era que Luna fuera promiscua, pero eso no le daba derecho a Ginny de insultarla a sus anchas; él le debía muchas a esa rubia, de no ser por ella la batalla con su madre y su obsesivo hostigamiento por verlo sentar cabeza hubiese tal vez alcanzado un nivel que no se creía capaz de soportar.

—Oh, si, en este caso eres tú al que utilizan de sexo de consolación cuando la dama necesita que calienten su cama—soltó la pelirroja de manera mordaz, deteniéndose por un segundo para agregar venenosamente—Al menos creí que tenías un poco más de dignidad como para seguir siendo el plato de segunda mesa—y con esto salió del apartamento aporreando la puerta tras ella.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Neville podía escuchar desde algún lugar lejano el molesto sonido de picotazos en la ventana, pero definitivamente estaba muy lejos de despertarse. Era viernes, sus horas eran las últimas del día, y a estas alturas aun no había recuperado la suficiente fuerza para tener glorioso sexo matutino, así que definitivamente no se iba a levantar de la maldita cama.

—Creo que debe ser importante—murmuró Hannah con la voz adormilada, pero Neville simplemente la apretó más contra su cuerpo y volvió a intentar dormir.

—Hablo en serio—insistió Hannah con la voz un poco más clara. El castaño gruñó quejándose, pero ella le dio un leve empujón obligándolo a levantarse. Era consciente de que Ginny había amenazado con mantenerlo vigilado después de que le 'ocultara' lo de Hannah, pero no creyó que después del interrogatorio al que sometió a la rubia (en el cual indagó como una psicópata sobre todos los hombres con los que había salido antes de terminar en su cama) tuviera cara para cumplir con esa niñería. Salió de la cama de mala gana y arrastró los pies hacia la ventana para abrirla con desgana dejando pasar al ave. Su corazón dio un brusco vuelco cuando reconoció a la lechuza.

—¿Todo bien?—preguntó Hannah desde la cama.

—Ehm…Si, es una nota del colegio—respondió intentando mantener la voz lo más neutral posible—olvidé entregar unos papeles—echó una veloz mirada a la rubia para comprobar que no lo estaba viendo y le quitó la nota a la lechuza de la pata para guardársela en el elástico de los boxers.

—Vuelve a la cama—dijo Hannah adormilada.

—eeh… en un minuto, necesito ir al baño primero—acto seguido caminó como un relámpago en dirección al baño. Cuando cerró la puerta sacó el papel de su escondite y lo abrió con las manos casi temblorosas para echarle un vistazo, exprimiéndose el cerebro con alguna razón para que esa lechuza estuviera en su ventana.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Observaba el holograma de la ventana absorta en su análisis a una lista de opciones para manejar la horrible situación diplomática en la que el 'pequeño' equivoco de los aurores había puesto al ministerio, cuando después de dos golpes en la puerta que anunciaban la llegada de alguien, ésta se abrió.

—Buenos días—saludó su secretaria entrando a la oficina. Hermione giró su silla hacia la recién llegada con un gesto expectante; la mujer inmediatamente se encogió apenada.

—Su madre sigue sin responder—informó con timidez y la castaña sintió como se le oprimía el pecho, por lo que recostó la espalda contra el respaldo de la silla. Su secretaria dio un paso hacia adelante con la intención de acercarse, pero la entrada de un avión de papel al lugar la interrumpió en el intento. El pequeño avión voló hasta posarse en la superficie del escritorio de Hermione, quien lo tomó extrañada (ya que no recordaba tener algún pendiente) y lo abrió.

—Tiene que ser una broma—pensó mientras leía el primer párrafo de la nota. Era claro que su semana había ido en detrimento después de los hechos de tres días atrás, pero eso era un parque de diversiones en comparación con el hecho de que el jefe del departamento de Aurores decidiera clausurar la chimenea de su casa por no considerarla una conexión muy segura para la comunidad mágica. El sentimiento que anteriormente ocupaba su cuerpo fue reemplazado por una intensa furia que se expandía a cada una de sus extremidades haciéndola temblar. La ley del hielo entre ella y Ginny definitivamente iba a tomar un nuevo nivel. Resopló airada y arrugó la nota en su puño.

—Lamento ser inoportuna, pero de camino acá un auror me informó que la esperan en la sala de asuntos jurídicos—anunció su secretaria incómoda llamando nuevamente su atención. Hermione respiró profundamente para tranquilizarse antes de responder con el tono más neutral que pudo lograr.

—Voy para allá, muchas gracias—se puso de pie para tirar el papel a la basura y tomó un par de carpetas que descansaban sobre el escritorio. Cuando salió de su oficina notó la mirada discreta de su secretaria sobre ella e internamente rodó los ojos. Otra cosa que la había asediado desde media semana atrás. Aunque no podía culpar a su secretaria, ya que después del escándalo que Ron había armado, no era la única en la oficina que la miraba cuando creía que no se daba cuenta.

—Granger—llamó una voz femenina provocando que todos los curiosos apartaran las miradas nerviosos de haber sido descubiertos en su indiscreta tarea. La castaña dirigió la mirada hacia la dueña de la voz y se topó con la imagen de una mujer de cabello morado enfundada en una capa de auror que caminaba hacia ella con una enorme sonrisa.

—Tonks—dijo Hermione a manera de saludo.

—Te acompaño—dijo la aludida indicándole que avanzara—no quiero a esta bola de metiches pendiente de todo lo que digo—agregó tan alto que un par de hombres ocultos tras sus periódicos se atragantaron el té. Hermione simplemente negó con la cabeza de manera reprobatoria y continuó su camino.

—Tú y Ginny no tienen remedio.

—Escuché que va a pasar sus vacaciones obligatorias en servicio comunitario—comentó Tonks sin ofenderse.

—Y sospecho que si hubieses estado en la ciudad también estarías haciéndole compañía—inquirió la castaña con censura.

—Seguramente; oí que fue una fiesta fabulosa—opinó la otra encogiéndose los hombros con indiferencia—¿Estaban celebrando tu unión a la familia?—la pregunta le provocó un rictus a Hermione.

—¿Q-Qué?—replicó fingiendo extrañeza, aunque lo que en realidad quería es que se la tragara la tierra.

—Si, escuché que un sexy pelirrojo le dio un duro golpe en el ego a Mglaggen, y las malas lenguas dicen que era el hermano de Ginny—comentó como quien no quiere la cosa. Hermione apretó con fuerza los papeles entre sus manos. Lo que le faltaba, su antes inexistente vida sexual ahora se había convertido en un idílico triángulo amoroso.

—Que rápido corren los chismes—masculló sin darse cuenta de que apretaba los dientes tan fuerte que casi no se le entendían las palabras.

—¿Entonces es verdad?—indagó Tonks.

—¡No!—exclamó con vehemencia. Tonks levantó las manos en una graciosa pose de defensa.

—Sólo corroboraba—dijo con una risita necia. La castaña se detuvo frente a la puerta de asuntos jurídicos y giró el mango con más fuerza de la necesaria.

—Tengo un asunto importante que atender—se excusó de manera brusca.

—Entonces te veo luego—dijo Tonks como despedida y la castaña entró a la sala.

—Buenas tardes—saludó cerrando la puerta tras de sí, provocando que el hombre sentado frente a la mesa del escritorio pegara un salto que casi lo bota de la silla; sin embargo ella continuó su recorrido hacia la mesa como si no hubiese ocurrido nada—lamento mucho el retraso, soy Hermione Granger y tú debes ser…

—Ha-Harry Potter—completó el moreno poniéndose de pie para estirar la mano con cortesía hacia ella. Hermione la estrechó con formalidad.

—Muy bien Harry—dijo, ahora comenzando a sacar unos papeles de la carpeta que traía en manos—voy a necesitar que me firmes los siguientes documentos para que todo esto termine—él simplemente asintió algo mosqueado y procedió a seguir sus instrucciones. La verdad nadie lo podían culpar, llevaba muchos días preparándose psicológicamente porque creyó que iba a ser Shacklebolt el que le diera los papeles.

—Supongo que sabes que se te van a asignar algunas actividades para cumplir tus horas de sanción estipuladas en el amparo que te proporcionó el ministerio—indagó la castaña sin abandonar la formalidad.

—Ehm… Cho-digo, la abogada Chang me comento algo de eso—informó con cierta timidez. Aquella mujer en verdad lo ponía nervioso.

—Bueno, recientemente se le solicitó al tribunal un encargado para los…

—Necesitamos hablar—dijo una voz femenina irrumpiendo abruptamente en la oficina. Cada centímetro del cuerpo de Harry se tensó en estrés. Merlín verdaderamente debía odiarlo.

—Señorita Weasley—chilló una voz azorada a espaldas de la pelirroja. Y tras esta confirmación de que no estaba dentro de alguna de sus locas fantasías, Harry se apretó contra el respaldo de su silla rogando por ser capaz de fusionarse con ella hasta desaparecer.

—Estoy ocupada—señaló Hermione de forma rígida.

—Es un asunto importante y estoy segura de que a…—la pelirroja miró a Harry de manera plana, tal y como si fuera un completo desconocido, lo que provocó que al moreno se le amarraran las entrañas en un asfixiante nudo.

—Harry—completó él tímidamente después de un momento, agradeciendo que la voz le saliera.

—Harry—repitió Ginny descaradamente, regresando su atención a Hermione—no le va a importar.

La castaña frunció los labios tensamente antes de decir.

—Discúlpame un momento Harry—e inmediatamente rodeó el escritorio hacia la puerta. Una vez que el sonido del seguro le indicó que estaba completamente solo, el moreno desinfló el pecho ligeramente mientras una extraña sensación de desazón lo invadía.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Ron levantó las dos grandes cajas de bombas fétidas hasta la segunda repisa del anaquel y con una extraordinaria muestra de fuerza bruta las empujó hasta que estuvieron alineadas. La verdad era bastante asombroso que después de tantos años unos vejestorios como aquellos aun siguieran entre los productos preferidos de los chicos de Hogwarts.

—Oh, si Ronnie—dijo de la nada la alegre voz de Luna, seguida de un par de palmadas en la espalda—¿Cómo decía aquella canción muggle? Ah si, 'What doesn't kill you makes you stronger, Stand a little taller*…'

—No estoy de humor—le cortó Ron secándose el sudor con el antebrazo.

—Hey, vengo en son de paz—aclaró la rubia levantando las manos por encima de la cabeza—ya sé que últimamente me eh portado como una vil bruja, pero eso no quiere decir que disfrute de tu situación—Ron la miró con cierto recelo—Aun opino que fuiste demasiado…inocente por aventar todo eso que sientes por Hermione de una manera tan estúpida, pero estoy segura que mereces una tregua después de la visita de la psicópata esa a la que llamas hermana—la rubia levantó los brazos en dirección a él haciendo un puchero que provocó que Ron esbozara una sonrisa en clara resignación.

—No has sido tan vil—corrigió con un tono más relajado—Y Ginny no es ninguna psicópata—agregó provocando que Luna rodara los ojos de una forma graciosa antes de abalanzarse sobre él para darle un abrazo de oso.

—Por cierto, ¿dónde estabas ayer?—preguntó Ron tan pronto como se separaron.

—En un bar, supuse que ibas a tardarte y tenía que desempolvarme un poco—la última parte de la oración fue acompañada por ambos dedos índices de la rubia apuntando hacia su zona pélvica. Ron arrugó la nariz incómodo—¿Tienes hambre?—preguntó de la nada—sino quieres no tenemos que hablar del tema 'H'—aclaró cuando vio al pelirrojo dudar.

—Mi maldito relevo aun no ha llegado—explicó Ron acomodando un par de cajas para que les sirvieran de sillas—se supone que sólo iba a hacer una rápida visita a Angelina para recordarle lo de mañana.

—Ok, entonces creo que comeremos aquí—concluyó Luna antes de sentarse sobre la silla improvisada—¿Hamburguesas?—preguntó sacando su varita.

—No tienes siquiera que preguntar—respondió el pelirrojo a manera de confirmación sentándose también sobre la otra caja.

—Harry y tú son demasiado predecibles—con una fluida floritura hizo aparecer dos platos con hamburguesas y papas cada uno.

—Por cierto, hablando de Harry—dijo Ron engullendo una papa—no me has contado qué fue lo que pasó en Rusia—Luna se encogió los hombros mientras imitaba al pelirrojo.

—Creí que él ya te había dicho.

—No, no lo eh visto por la casa, creo que las cosas se pusieron igual de feas en el ministerio y ahora no le dan vida.

—Pobre Harry, un maldito error le puede costar la carrera—opinó Luna llenando de salsa catsup sus papas.

—Diablos, espero que no—dijo Ron preocupado—hablé ayer con Bill y me dijo que cuando lo vio lo notó algo nervioso; no me sonó a algo muy bueno, pero de ahí a que lo vayan a echar…

—A lo mejor estoy exagerando—admitió Luna—pero las cosas se pusieron bastante delicadas con los rusos, al parecer quieren revocar los pasaportes de servidores públicos del ministerio inglés. Los de Relaciones Internacionales se deben estar volviendo locos—Ron hizo una mueca vaga ante la mención de dicho departamento y tomó con ambas manos su hamburguesa para darle una enorme mordida—también creo que deberíamos cambiar de tema—dijo entendiendo la indirecta.

—Ginny quiere que la ayude a zafarse de lo del fin de semana—comentó Ron hablando con la boca llena.

—Bueno, tu madre es alguien a quien definitivamente hay que temerle—juzgó Luna sonando solemne mientras se disponía a dar un gran mordisco a su hamburguesa. Ron terminó con su bocado antes de continuar.

—No, ella todavía no sabe nada, pero no sé cómo va a hacer para salir de esta. Creo que ya perdió un poco el control.

—¿Tu crees?—soltó Luna con ironía.

—Ginny tal vez no sea la persona mas amable y cariñosa del planeta, pero siempre había sido muy responsable con su vida y sobre todo con el Quidditch—defendió el pelirrojo de manera protectora.

—Tanto alcohol le debe estar secando el cerebro—opinó Luna mordazmente. Ron rodó los ojos recordando por qué no hablaba con Luna de nada que tuviera que ver con su hermanita.

—Creo que mejor cambiamos de tema.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Neville miraba absorto a Hannah mientras ella le contaba una anécdota que le había ocurrido el día anterior en el bar.

—…todos creímos que bromeaba, pero cuando abrazó el par de sillas y se atrincheró con ellas detrás de la barra nos dimos cuenta de que la cosa iba enserio—contaba entre risas—ahora que lo pienso mejor, sí fue un poco estúpido de nuestra parte dejar tu artemisia absinthium en el baño…—Neville sonrió dejándose inocular por el buen humor de la rubia. Era imposible no dejarse envolver por Hannah; su sonrisa era bastante contagiosa e intoxicante, y la manera en la que sus hermosos ojos azules parecían brillar con cierta picardía cada vez que platicaba de sus pericias era esa clase de cosas que deberían estar simplemente prohibidas. No era natural que una mujer irradiara tanta belleza, y definitivamente no era algo responsable dejarla andar por el mundo con tanta libertad, porque era capaz de convertir a cualquier hombre en un pobre monigote dispuesto a cumplir cualquiera de sus deseos: a Neville no le quedaba duda de que eso era en lo que se había convertido. Suspiró de manera inconsciente mientras su sonrisa disminuía. La rubia apoyó los codos sobre la mesa y se estiró para darle un beso en los labios.

—Deja de preocuparte—le dijo arrugando la nariz con un gesto algo infantil—no eres divertido cuando te comportas como un adulto responsable—sin poder evitarlo Neville sintió como su rostro se tensaba ligeramente, y por la mirada que le dedicó Hannah supo que su intento por ocultarlo debía estar fallando desastrosamente.

—Discúlpame—le dijo antes de besarle la frente—son los papeleos de la escuela, ya sabes…

—Si, si—dijo Hannah con fastidio—la semana de hablar con los de segundo acerca de sus optativas—Neville hizo una mueca fingiendo un gesto de resignación.

—Es una decisión importante en sus vidas y muchos de los chicos se sienten muy presionados.

—¿Presionados? ¡Son de segundo!—replicó Hannah como si fuera la cosa más absurda del mundo.

—Parece que ya olvidaste que esto va a marcar sus futuras asignaturas en los Timos y en los Éxtasis—le reprendió un poco más inmerso en el tema.

—Recuerdo que Hermione pudo dejar algunas materias cuando entró a cuarto—rebatió la rubia.

—Eso es porque Hermione se había entercado en tomar todas las optativas en tercero.

—Pero eso es imposible.

—No si tienes un giratiempo—sacó Neville a la ofensiva—pero como esos están prohibidos en Hogwarts desde que a Hermione le dio aquel ataque de locura en la clase de la profesora Trewlaney; lo que quiere decir que mi punto es correcto.

—Mentiras, yo pude cambiar de optativas cuando terminé tercero—contraatacó la rubia.

—Porque ibas de oyente a runas y técnicamente tomaste todo el curso sin estar matriculada—objetó Neville recibiendo a cambio una mueca por parte de la rubia.

—Definitivamente no eres nada divertido cuando hablas de trabajo—sentenció y entonces se puso de pie llevándose el plato consigo. El castaño bufó por lo bajo y también se puso de pie.

—Tengo el tiempo justo para llegar a mi clase—anunció tomando su túnica del respaldo de la silla donde estaba sentado—por cierto, creo que hoy voy a llegar un poco más tarde.

—Ok, supongo que te veré entonces hasta que cierre—dijo Hannah asomándose por la barra.

—Supongo que sí—respondió el castaño y se acercó para darle un beso de despedida.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Cuando entró al edificio en el cual se encontraba su apartamento, Harry caminó casi por inercia hacia las escaleras que llevaban a su piso; dos días atrás había llegado a la conclusión de que era más práctico huir corriendo por las escaleras si llegaba y escuchaba que Ron ya había llegado, que intentar huir de una caja de metal llena de muggles que no le permitirían desaparecerse. Aunque después de lo que había pasado horas antes, a lo mejor ya no iba a ser necesario seguir teniendo pesadillas con los posibles escenarios de su muerte a manos de su mejor amigo. Como si los pies le pesaran una tonelada Harry comenzó a subir los escalones mientras el sombrío pensamiento que lo acompañaba desde que salió del ministerio seguía rondando por su cabeza: Ella no lo había reconocido; ¡Vamos! ¡Ni siquiera lo recordaba!

Suspiró con pesadez y hundió la mano en la bolsa de su pantalón para comenzar a buscar la llave; le gustaba estar preparado cuando llegaba a la puerta teniendo ya la llave en la mano, lista para abrir la cerradura.

Diablos—pensó una vez que sacó la llave de su bolsillo. Claro, tenía que ser hoy el único día que no tuviese la bolsa llena de monedas y papeles que le impidieran encontrar sus malditas llaves, justo cuando contaba con que la tarea le consumiera un par de minutos más para matar sus pensamientos. Tal y como si se tratara de un martirio, el pensar en evitar pensar en Ginny trajo de nuevo a su mente su encuentro.

—…estoy segura de que a…—la manera en que lo había mirado aun hacía que sus entrañas se encogieran. Aceleró el paso comenzando a saltar de dos en dos los escalones hasta llegar a su piso, y con el corazón latiéndole como un tambor por el esfuerzo, metió la llave en el cerrojo de la puerta y la giró como si fuera la culpable de lo que le ocurría.

Desde que se enteró de que Ginny era la hermanita de Ron, se la había pasado tan preocupado de lo que su amigo le iba a hacer cuando se enterara que él había estado con ella en situaciones que definitivamente no aprobaría, que se había olvidado de pensar en qué iba a ocurrir cuando volviera a verla; aunque estaba seguro que jamás hubiese cruzado por su mente algo como lo que ocurrió.

Aventó las llaves en la mesa de centro y sin detenerse caminó a su cuarto.

No sabía que pensar. Debía estar aliviado, eso era seguro, o al menos es lo que cualquier hombre pensaría. Toda la paranoia que lo había estado atormentando en las pasadas 72 horas de repente ya no tenían razón de ser. Cerró la puerta tras de sí y se aventó sobre la cama boca arriba; tomó una profunda bocanada de aire para acompasar su respiración y jaló una almohada para colocarla debajo de su cabeza. Esto debía ser algo bueno ¿No? No iba poder vivir evitando a Ron eternamente y el asunto comenzaba a sobrepasar su nivel de tolerancia al estrés. Si, definitivamente esto debía ser algo bueno, una situación como la que planteaban algunas de sus más memorables muertes imaginarias finalmente terminaría por aniquilar sus nervios, y él era una persona sencilla que amaba la tranquilidad. Se cruzó los brazos sobre la frente y suspiró profundamente decidiendo que sí, efectivamente aquello era lo mejor. Amaba demasiado vivir su vida con relativa armonía como para meterse en una situación como la que una relación con la hermana menor de su mejor amigo impondría en su vida.

No hay por qué lloriquear—murmuró para sí cerrando los ojos.

—¿Harry, ya llegaste?—preguntó la voz de Ron al otro lado de la puerta haciendo que su estómago se retorciera provocándole una sensación de nauseas.

—Ehm… si—respondió sentándose en el borde de la cama, justo un segundo antes de que la puerta de su cuarto se abriera.

—Excelente, porque sólo tienes veinte minutos para alistar tu perezoso trasero—agregó Ron empujándola que quedara abierta de par en par antes de desaparecer del marco.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

A veces a Hermione le sorprendía las vueltas que daba la vida. Un día se encontraba en la oficina furiosa porque su casa estaba desconectada de la red flu debido un veto (del cual no tenía ni la menor idea hasta ese momento) y al minuto siguiente preparaba sus maletas para dar un paseo en lo que seguramente sería una de esas situaciones a las que la tía-abuela Doris describiría como justicia divina.

—¿Lista?—preguntó Ginny entrando al cuarto con una sonrisa angelical. Hermione soltó un largo suspiro mientras metía las últimas prendas en la maleta sobre su cama.

—Recuérdame ¿Por qué te estoy ayudando?—Ginny se cruzó los brazos ensanchando su sonrisa con un gesto triunfal.

—Ok, hace dos años…

—Ya, ya, esa parte si me quedó clara—le cortó Hermione—Te estas cobrando eso de lo que habíamos acordado no volver a hablar…

—…a menos que necesitara un enorme favor—completó la pelirroja—y ese día ya llegó—Hermione se masajeó las sienes con los dedos. La vida era tan injusta. Si alguna vez había desacreditado esa teoría que predicaba la tía-abuela acerca de que todo en esta vida tenía un precio que tarde o temprano terminábamos pagando, ahora definitivamente comprendía lo vicioso de ese predicamento.

Tan pronto como había cruzado la puerta de asuntos jurídicos, Ginny le había dicho que necesitaba que le hiciera un enorme favor; como era obvio, dadas las circunstancias que rodeaban el ambiente entre ellas desde la parranda de la pelirroja (sin mencionar las pocas ganas que tenía de ver a Ron), Hermione se había negado; pero cuando se dispuso a retirarse diciéndole que tenía asuntos verdaderamente importantes que atender, Ginny había sacado las armas grandes. ¿El resultado? Después de hacer al hombre que la esperaba en la oficina firmar sus papeles del amparo, se dirigió a la oficina de Kingsley Shacklebolt y le informó a su secretaria que se iba a tener que retirar porque no se sentía muy bien.

Una vez más la castaña se maldijo mentalmente por haber olvidado que Bill, el hermano mayor de Ginny, se iba a casar esa semana. La madre de la pelirroja le había enviado a ésta un vociferador recordándole que no había respondido su carta anterior, y exigiendo su presencia en la cena de preparación; situación que a Ginny le provocaba un tremendo dolor de ovarios* (una cita textual de las ilustres palabras de la pelirroja). Como era de esperarse no quería ir sola, y se había aprovechado del lado honorable de Hermione para chantajearla y obligarla a acompañarla.

En buena hora su maldita moral decidía hacer acto de presencia.

—Ginny, no está bien que siempre intentes evadir tus responsabilidades—refunfuño una vez más y la pelirroja rodó los ojos con fastidio.

—Hermione dame un respiro, bastante esfuerzo estoy haciendo para aceptar que esa por fin ganó la partida, y te juro que tu sermón sólo va a añadirle más leña al fuego.

—¡En el nombre de Merlín Ginny, es la boda de tu hermano no alguna especie de ritual donde va a ser utilizado como tributo!—exclamó Hermione exasperada. La pelirroja resopló como un toro adoptando esa aura asesina que la envolvía cada vez que el tema de la boda de su hermano mayor salía a flote.

—Esa fulana se está aprovechando una vez más de sus encantos de zorra para engatusar a Bill a hacer todo este circo—replicó cruzándose los brazos mientras fulminaba con la mirada la superficie de la cama de Hermione.

—Es parte veela, no zorra—le corrigió Hermione—además fue Bill quien le propuso matrimonio y no al revés.

—Tengo muchas teorías para eso—rebatió Ginny de manera testaruda—aunque la que barajaba una poción de amor queda descartada porque es rubia y dudo que siquiera sepa lo que es un caldero—Hermione rodó los ojos.

—Fleur es una bruja brillante Ginny, tus teorías son solo tu odio injustificado hablando; el que por cierto, creí que ya habías superado cuando te consiguió aquellas entradas al backstage del concierto de las brujas de Macbeth el año pasado—le recordó. La pelirroja solo se encogió los hombros.

—Si bueno, se anotó algunos puntos, pero eso no quiere decir que haya olvidado que la muy zorra todavía se tiraba a su anterior novio cuando ella y Bill comenzaron a salir—Hermione rodó los ojos nuevamente, negando con resignación.

—Nada más alejado a lo que haces.

—Hacemos—le corrigió la pelirroja haciendo que un pesado yunque de culpabilidad cayera sobre el fondo de su estómago—y no, yo no ando rompiendo corazones por ahí: todos vienen por voluntad propia—recalcó—en cambio ella es una astuta alimaña que sedujo a mi hermano. Ahora, ¿Nos vamos?—Hermione soltó un suspiro de resignación y bajó la maleta de la cama para extender el asa de la parte superior.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

—¡Profesor Longbottom!—repitió Hans, un hombre canoso que impartía música, luciendo un poco molesto por la falta de atención del castaño. Era como la veinteava vez en lo que iba de los tres cuartos de hora que llevaban charlando sobre el coro, que el hombre había tenido que interrumpirse para despertar a su interlocutor de su abstracción.

—Disculpa Hans, ¿Me decías?—el hombre resopló y de nuevo señaló el primer punto del pergamino que tenía extendido en la mesa.

—Que si nos colocan debajo de los árboles encantados del festival de verano, definitivamente Peeves se las va a ingeniar para arruinar nuestra presentación, por lo que los miembros del coro y yo concluimos que la mejor ubicación sería al frente del banquete—Neville se frotó los ojos con cansancio.

—Hans, el coro no puede estar al frente porque simplemente van a ser música de ambientación y dudo mucho que a la profesora Mcgonagall le vaya a encantar la idea de que opaques su discurso con tu música en primer plano—Hans sacó aire con por la nariz como un perro que acabara de olfatear algo pestilente.

—Pero si se tratara de ese centauro loco y su grupo de rufianes, seguramente la directora estaría encantada—replicó ofendido. Neville se llevó pulgar y el índice a la altura del puente de la nariz; este hombre lo estaba haciendo perder la paciencia, y definitivamente no debía tentar a su suerte, porque el castaño necesitaba donde desahogar algo de su estrés.

—Fierenze no va a presentar ningún número—explicó intentando no sonar hastiado.

—Bien, bien, pero que se sepa que ese sucio centauro siempre anda merodeando la sala de música como si fuese dueño de la escuela. Creí que en esta institución se tenía más respeto por el sagrado santuario de cada asignatura; no es que la música lo sea, no, todo lo contrario, la música es una vocación a la cual sólo unos cuantos privilegiados…

Diablos—pensó Neville perdiendo el hilo de las palabras de Hans nuevamente mientras su cabeza comenzaba a girar en torno a la amenaza que vaticinaba caer como avalancha sobre él. No es como si no supiera que algo así tarde o temprano podría ocurrir, pero definitivamente no esperaba que fuera tan pronto. No estaba listo.

—¡Longbottom!—chilló Hans agudamente luciendo ofuscado.

—¿Me decías?—preguntó perdido el castaño, lo que provocó que el hombre de cabello cano rompiera rabioso el pergamino que estaba sobre la mesa y saliera hecho una furia de la oficina.

—Grandioso—suspiró Neville con resignación ya que iba a tener que convocarlo nuevamente para llegar a un acuerdo sobre el maldito festival de verano.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

El camino a la terminal de trasladores fue inusualmente callado (Hermione sospechaba que era porque Ginny no quería tentar a su suerte haciendo un berrinche que le diera a Hermione la oportunidad de arrepentirse y romper con su palabra; a fin de cuentas era su culpa que no pudieran utilizar la chimenea para ir a la madriguera). Abordaron a la plataforma unos minutos antes de lo que señalaba sus boletos y se prepararon para que el objeto se accionara cuando el hombre de la terminal les indicó que ya era hora. Con un nada placentero tirón los pasajeros del traslador se vieron envueltos en medio de un remolino y desaparecieron de la plataforma viendo pasar en medio de una espiral alargada una serie de manchones de colores que a ráfagas los rodeaban tomando formas incoherentes en las paredes del remolino hasta que por fin minutos después se detuvo y el cielo azul a su alrededor predominó, volviendo el panorama del campo en el cual habían aparecido una brillante combinación de colores.

—Nunca me voy a acostumbrar a los malditos trasladores—rumiaba Ginny caminando hacia su maleta que había aterrizado a un par de metros de donde habían aterrizado.

—¿Dónde estamos exactamente?—preguntó Hermione mirando a su alrededor mientras los otros pasajeros se dispersaban. La terminal a la que habían arribado en realidad tenía la apariencia de una rústica granja en medio de la nada.

—A las afueras de Exeter—informó Ginny—pero mi hermano va a venir por nosotras.

—¿Cuál?—pregunto Hermione girando la cabeza bruscamente hacia su amiga. Ginny la miró extrañada.

—George—respondió con desconfianza y levantó su maleta de la agarradera horizontal—¿Por qué?

Hermione se aclaró la garganta recobrando la compostura.

—Bueno, es que si era Bill probablemente intentarías hacer que se fugara—mintió y desvió la mirada hacia su maleta para sacar el asa.

—Creo que mamá pensó lo mismo—dedujo la pelirroja con cierto humor.

—Llevo siglos esperándote—dijo una voz masculina a sus espaldas sacando la conversación de su curso. Ginny esbozó una enorme sonrisa al reconocer a su hermano y soltó su bulto para darle un fuerte abrazo.

—Le dije al tarado de Ron que llegaba hasta las seis—dijo Ginny una vez que se separaron. La sola mención del nombre hizo que los nervios de Hermione se crisparan un poco.

—Hey, no seas dura con él, sí me dijo pero tuve que ir por unas cosas al centro de Exeter y me adelanté—explicó arrebatándole la maleta de las manos para cargar con ella—Veo que la delegada de asuntos internacionales también nos honra con su presencia—bromeó dirigiéndole una pomposa reverencia a Hermione antes de extender la mano para saludarla.

—También es un placer volver a verte George—dijo la castaña de manera formal y la sonrisa del pelirrojo disminuyó automáticamente.

—Eso fue aterrador—sentenció con un cómico gesto de seriedad antes de plegar el asa de la maleta de Hermione para también cargar con ella por medio de la agarradera.

—Será mejor que midas tus palabras, porque si no te comportas Hermione puede hechizar tu lamentable trasero y hacerlo parecer un accidente—se burló Ginny comenzando a avanzar hacia el estacionamiento. George la miró con interés—tiene inmunidad diplomática—aclaró de manera casual.

—Ginny—dijo Hermione con tono de advertencia mientras la seguía.

—No, siempre es bueno saber ese tipo de cosas—intervino George sonando un poco apabullado mientras las seguía de cerca con las maletas en las manos. Tan pronto como subieron al auto y se pusieron en marcha, George sacó a flote el tema de la expulsión de Ginny, cosa que a la pelirroja no le vino en gracia.

—Cuando mamá se entere se va a poner como loca—dijo George.

—Si es que se entera—corrigió la pelirroja.

—Ginny, papá lo supo apenas ocurrió; tu entrenador dio un comunicado de prensa—recalcó con énfasis su hermano—si no le ha dicho a mamá es porque quiere que su única hija siga viva, pero no vas a poder ocultárselo eternamente.

—Ese es problema mío, así que mientras más alejadas tengan todos ustedes las narices de él mucho mejor—dijo Ginny dando por cerrado el tema. George torció levemente el gesto pero no agregó nada más. Alrededor de una hora más tarde arribaron a una hermosa casa de campo a las afueras de Devonshire.

—Bill debe haber gastado una fortuna cumpliendo el capricho de la zorra esa—masculló Ginny mientras George se estacionaba.

—No, de hecho fue un amigo de Ron el que ofreció el lugar—informó George—no sé que te traes contra Fleur, pero te advierto que Bill ha vigilado a mamá como un halcón y definitivamente va a tener la misma precaución contigo—Ginny bufó con fastidio.

—Como si le fuera a tocar alguno de los preciosos cabellos plateados a esa zorra estirada—sin embargo la manera en la que aporreó la portezuela al cerrar dejó en claro que definitivamente tenía todo lo contrario en mente—¿Dónde está mamá?—preguntó cuando George salió del auto.

—En alguno de los cuartos, los padres de Fleur llegaron hace poco y están instalándose—respondió George dirigiéndose hacia la cajuela. Ginny hundió el codo a su costado haciendo un gesto de triunfo.

—Entonces será mejor que nos apresuremos para no tener que encontrárnosla a solas.

—Tus papás saben que estoy aquí ¿Verdad?—preguntó Hermione de manera suspicaz.

—Si, les avise hace siglos—aseguró Ginny de manera tan exagerada que hizo a Hermione dudar si en realidad era así.

—Bueno, si su hermano no se sorprendió de verme, supongo que al menos todos ellos si saben—concluyó mentalmente.

—¡CUIDADO!—gritó alguien a lo lejos un segundo antes de que Ginny hiciera gala de sus excelentes reflejos de cazadora y atrapara una quaffle que iba directamente a ella. Entonces la figura de Ron Weasley vistiendo nada más que una bermuda larga apareció de entre los arbustos desmontando una escoba. Hermione no pudo evitar echar un vistazo descarado.

—Estas molesta con él—se recordó bajando la vista hacia la cajuela donde se encontraba su maleta.

—Perdón, se me fue la mano—se excusó el pelirrojo llegando hacia donde ellos estaban.

—¡Idiota! ¡Casi me quiebras las costillas!—le reclamó Ginny aventándole la pelota de madera con fuerza.

—Aunque esa fue una buena atrapada—opinó George sacando la segunda maleta.

—¿Porqué tantas maletas? ¿Te vas a quedar a vivir?—se burló Ron con humor cuando vio las dos maletas que estaban junto a George.

—Ay qué chistoso, tenemos un cómico en la familia—contraatacó Ginny ácidamente.

—Cuiden los modales, ¿Qué va a pensar Hermione de nosotros?—intervino George cerrando la puerta de la cajuela. Entonces los ojos de Ron inmediatamente se dirigieron a la figura que estaba junto a su hermano.

—Maldita seas Ginny—pensó la castaña mientras esbozaba una sonrisa cortés haciendo su mejor esfuerzo para hacer como si nada pasara, aunque por dentro estuviera deseando que la tierra se la tragara. Ron lucía como si estuviera apunto de desmayarse.

—¿Encontraste la quaffle?—preguntó un joven de cabellos negro azabache saliendo de entre los arbustos con la escoba en mano, pero detuvo el paso tan pronto como se topó con la imagen de las otras tres personas que estaban con su amigo.

—¡Hey, Harry!—dijo George a manera de saludo haciendo que el moreno pegara un brinco. Ron por fin apartó la mirada de Hermione y se giró hacia donde estaba su amigo.

—Ehm…si, si la encontré—balbuceó aturdido. Harry simplemente asintió y continuó avanzando a paso cauteloso hacia ellos; era muy probable que si se quedaba petrificado iba a ser algo sospechoso—mi hermanita la atrapó antes de que golpeara nada—aclaró señalando con un gesto de la cabeza hacia la pelirroja que estaba junto a él. El corazón de Harry bombeaba acelerado mientras la distancia se acortaba cada vez más.

Merlín ¿Podría esto ponerse peor? se preguntaba Harry con los enfermizos latidos casi cerrándole la garganta. Sin previo aviso ella extendió la mano.

—Ginny Weasley—dijo presentándose a Harry, que la miró como si le hubiese hablado en otro idioma. El moreno miró brevemente hacia la mano que ella le ofrecía y parpadeó aturdido. No sabía si sentirse tan miserablemente irrelevante como para que ella ni siquiera recordara que se habían visto en el ministerio, o tranquilo de este mismo hecho.

—Ha-Harry Potter—tartamudeó respondiendo al gesto mientras le estrechaba la mano a Ginny, quien asintió indiferente.

—Un placer—acto seguido la pelirroja retiró la mano. Harry sintió como si de repente tuviera atado al pecho un enorme y pesado peto de karate impidiéndole respirar con normalidad.

—Hombre, quita esa cara—se burló George—no quiero que te desmayes cuando te presente a la mismísima Delegada de Asuntos Internacionales—Ron apretó la mandíbula incómodo y Hermione rehuyó a todo contacto visual con él centrándose en Harry.

—Ya nos conocíamos—dijo la castaña cortésmente mientras le estrechaba la mano.

—Vaya, ¿Fue de las que te encarcelaron?—se burló George.

—Ella se encargó del papeleo de mi amparo—explicó Harry avergonzado.

—Pues será mejor que mantengas a raya tu vena criminal porque esta chica tiene inmunidad diplomática—le advirtió George provocando que Ginny le diera un golpe en el brazo.

—Olvidaste mencionar la parte en la que te va a hechizar el trasero si sigues fastidiándola—le recordó arrebatándole su maleta. Hermione sintió como sus mejillas se ruborizaban.

—No voy a hacer eso—murmuró a manera de disculpa tomando también su maleta.

—¿Qué cuarto me tocó?—preguntó Ginny al aire.

—El tercero de la derecha, en el segundo piso—informó Ron obligándose a hablar.

—Bueno, entonces si mamá pregunta por mí, Hermione y yo vamos a estar acomodando nuestras cosas—acto seguido comenzó a avanzar hacia la casa seguida muy de cerca por Hermione.

—No se lo digas a Angelina, pero yo dejaría que la delegada me hechizara todo lo que quisiera—comentó George con picardía una vez que las chicas estuvieron prudentemente lejos y la cara de Ron se convirtió en todo un poema. Tuvo que apretar su escoba con fuerza para no patearle el trasero a su propio hermano.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

—Sólo quiere hacerla de emoción—pensó Neville enfurruñado mientras arrastraba los pies hacia las tres escobas.

Siempre era de esta manera, las cosas debían ser cuando se le pegara la gana. Pateó una piedra sintiéndose aun más molesto. Él no era su juguete.

Con este pensamiento revolucionario abrió la puerta del local, recibiendo como bienvenida un par de estruendosas risas. La sensación de desconfianza se infló como un globo en su pecho y sin detenerse mucho a pensar en ello caminó hacia la parte posterior de la barra, lugar de donde provenía la matriz del ruido. Tan pronto como cruzo la barra, la sangre se convirtió en ácido dentro de sus venas mientras observaba la imagen que tenía enfrente.

Apoyados a unos pasos del fregadero que estaba en la parte lateral de la barra, Hannah le revolvía con fuerza el cabello a un joven rubio que la tenía apresada por la cintura mientras ambos reían histéricamente en un extraño forcejeo.

—Vamos perdedor—decía Hannah entre risas comenzando a restregarle su puño cerrado en la cabellera rubia.

—¡Eso es trampa!—se quejó el joven zarandeándola para que perdiera coordinación.

Las luces del cuarto oscilaron recibiendo una descarga eléctrica que lo dejó a oscuras.

—¿Neville?—dijo Hannah cuando se separó de su captor, forzando la vista para reconocer al hombre que estaba parado en el área de la barra. El castaño se dio media vuelta sin decir palabra y como un huracán salió de ahí con dirección a las escaleras. Hannah salió tras él.

—Oye Neville, espérate, ¿Te pasó algo malo?—aquella pregunta provocó que el incendio en su interior se avivara.

—No lo sé Hannah—espetó sin detenerse y subió las escaleras de dos en dos.

La rubia frunció el ceño profundamente y también subió por la escaleras siguiéndolo. Neville cerró de un portazo, y un segundo después Hannah entró a la habitación completamente desconcertada.

—¿Me estoy perdiendo de algo?—preguntó. Él la miró como si lo hubiese insultado.

—¿Tú? No, al parecer el que sobra aquí soy yo—escupió furioso. Hannah contorsionó el rostro en un gesto de completa sorpresa. Entonces, tras unos segundos, poco a poco comenzó a mutar a un gesto de comprensión que hizo que su rostro se relajara.

—Esto es una estupidez, no pasó nada—Neville endureció el rostro.

—Entonces tengo alucinaciones—dijo mordazmente. Hannah resopló disgustada.

—Es una verdadera tontería; lo que viste, sucedió porque reté a Kyle a una competencia de lavado de tarros—explicó con paciencia.

—Oh ¿En serio?—soltó Neville con sarcasmo. El rostro de Hannah se encendió adoptando un rubor rosáceo.

—No es como si nos hubieses encontrado teniendo sexo—espetó haciendo que las entrañas del castaño ardieran como si se tratara de carbón dentro de una caldera.

—Eso me tranquiliza mucho, ya sé que esperar la siguiente vez—dijo con amargura. Hannah levantó las manos con impaciencia.

—Al menos tu acusación tendría más sentido—farfulló de forma sardónica—estas haciendo una tormenta en un vaso de agua.

—No quiero hablar contigo ahora—dijo Neville esquivándola para pasar hacia la puerta.

—Genial—soltó Hannah con sarcasmo y la puerta se cerró indicándole que Neville se había marchado.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Harry se encontraba sentado en la enorme mesa del comedor con otras diez personas, pero estaba tan sumido en la tarea de observar directamente a su plato de crema de champiñones que era como si los murmullos a su alrededor fueran casi producto de su imaginación.

Deberías estar aliviado—se dijo una vez más mientras comenzaba a revolver con su cuchara el contenido del plato. Suspiró de manera casi imperceptible y se llevó una cucharada a la boca. Si, debería, pero definitivamente la manera en la que ella nuevamente le había preguntado su nombre cuando todos se reunieron en la mesa y su madre los presentó por segunda ocasión, hizo que un sentimiento de miseria se apoderara de él. Sin poder evitarlo sus ojos se elevaron lo suficiente para ver a la pelirroja riendo despreocupadamente de algo que su hermano George le decía.

—Basta, esto SI es lo mejor—se reprendió a sí mismo clavando nuevamente la mirada en su plato.

—Es un placegr por fin conocegrlos a todos—decía la mamá de Fleur—son una familia muy numegrosa y cálida, y les aggradezco que hayan acogido a mi Fleugr con tanto cagriño—Ginny rodó los ojos musitando algo que a Hermione le sonó a 'zorra arrivista', por lo que le dio una patada por debajo de la mesa que le valió una mirada de reproche por parte de la pelirroja, sin embargo ésta no dijo una palabra para no tentar a su suerte; Hermione aun seguía bastante enojada porque además de haberla chantajeado para que la acompañara, le mintió acerca de haberle dicho a su familia que ella vendría—y de igual manegra a nosotgros, aunque la familia aun no está completa pogr que mi pequeña Gabgrielle llega hasta mañana.

—Fleur es como una hija más para nosotros, y su familia ahora forma también parte de la nuestra—dijo el señor Weasley afablemente, pero la cara de la señora Weasley no concordaba con estas palabras.

—Por cierto Hermione, cariño, es una muy grata sorpresa que hayas decidido acompañarnos—dijo la señora Weasley rompiendo con el momento. El estómago de Ron se encogió automáticamente, pero se obligó a continuar con su crema de champiñones. Decir que el hecho de que Ginny la hubiese traído le había caído peor que una maldita patada a los testículos, sería una redundancia, pero el hecho de descubrir lo mucho que su madre la adoraba, había hecho pasar la primera impresión de verla ahí a segundo plano. ¡Su madre la trataba mejor que a cualquiera de sus hijos!.

Definitivamente Ginny había jugado muy bien sus cartas.

—Tener la oportunidad de visitarlos siempre es un placer—respondió la castaña en un tono políticamente correcto y Ron tuvo que hacer un enorme esfuerzo para que su determinación de no mirarla se mantuviera firme.

—Y creo que también es un buen respiro, escuché que están teniendo problemas con esa ley de las prestaciones que están promoviendo—comentó Percy Weasley tomando interés en la plática.

—¿La que habla del gretigro de los elfos?—preguntó el papá de Fleur también interesado.

—Si—concedió Hermione.

—No sabía que estabas involucrada en eso—dijo Ginny sorprendida.

—Bueno, mi departamento sólo se encarga de las legislaciones internacionales que están interviniendo.

—Fascinante—opinó la mamá de Fleur—debes segr una muchacha muy despiegrta pagra estagr en un puesto tan impogrtante a tu edad.

—Fue el mejor promedio de su generación—recalcó Ginny ponzoñosamente—además habla como veinte idiomas; serían unos idiotas si no la tuvieran en ese puesto—este comentario sólo hizo que el estomago de Ron se cerrara por completo.

—¿Veinte?—repitió la señora Weasley sonando tan impresionada que olvidó reprender a Ginny por su lenguaje.

—En realidad sólo hablo seis—corrigió la castaña sonando apenada—y dos de ellos son lenguas mágicas.

—¿Dos? –dijo Bill pareciendo incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. Ron tuvo que reunir todo su autocontrol para no aventar los cubiertos sobre la mesa y largarse de ahí ¿De qué demonios se trataba eso? ¿Ahora resultaba que todos en su endemoniada familia estaban enamorados de ella?—¿Qué lenguas hablas?

—Ehm… Gàidhlig y Gobbledegook.

—Interesante—dijo el señor Weasley fascinado—supongo entonces que por eso eres intermediaria en los acuerdos con los gobblings y los elfos.

—Una de ellas, si.

—No seas modesta Hegrmione, todos en el ministegrio saben que egres la pgrincipal colabogradogra—aseveró Fleur—mi jefa siemprge se ha pgreguntado como es que no estás en el ágrea de leyes.

—Con el personal que tiene imagino que le hace falta—comentó Ginny mordazmente, recibiendo una mirada de advertencia por parte de su hermano mayor.

—Wow, después del desempeño que haz tenido supongo que no tardarán mucho en proponértelo—opinó el señor Weasley jovial. Ron tuvo que tomar un poco de su jugo de calabaza para intentar que el nudo que lo estaba estrangulando se relajara un poco o estaba seguro que le iba dar algo ahí mismo. Entonces su madre dio la estocada final.

—Es en momentos como este cuando me pregunto cómo Ronald no se consigue a una muchacha como tú—Ron comenzó a atragantarse tosiendo violentamente. Hermione evitó mirarlo por todos los medios rogando por ser capaz de hacerse invisible para que nadie notara el leve rubor que seguramente debía cubrir a su traidor rostro en ese momento.

—Molly—le reprendió el señor Weasley por lo bajo, pero la repentina lluvia de carcajadas que estalló a continuación acabó con la imperceptible tensión del momento.

—Seguro mamá, cuando los cerdos vuelen—soltó Ginny entre risas, siendo secundada por sus otros tres hermanos. Ron bajó el rostro completamente rojo de la vergüenza y se encogió en su silla.

Sin poder evitarlo, un extraño sentimiento de remordimiento invadió a Hermione. Estaba enojada con él por la horrible situación en la que la había dejado en el trabajo, pero eso no le quitaba menos mérito al hecho de que ella le estaba arruinando su reunión familiar; él le había dado apoyo cuando se enteró de lo de sus padres y merecía como mínimo pasar el fin de semana con su familia en paz. Tras este pensamiento se sintió atada de pies y manos, porque era claro que Ginny no iba a dejar que se marchara. Al menos no sin una explicación. Lo único que podía hacer era intentar hallar una oportunidad para explicarle a Ron.

Ron se marchó antes del postre sin decir palabra, acrecentando el sentimiento de culpa en Hermione; sin embargo nadie notó nada extraño en esto, ya que un segundo después el señor Weasley se disculpó por tener que retirarse a dormir tan pronto, explicando que se sentía cansado y quería estar como nuevo para los preparativos de la cena de ensayo; punto en el cual la señora Weasley estuvo de acuerdo y los instó a dormirse temprano.

—Nos trata como si tuviéramos cinco años—refunfuñó Ginny una vez que entraron a su cuarto.

—Mañana va a ser un día muy complicado, la mayoría de tus familiares llega—razonó Hermione sacando una toalla de su maleta junto con algunos productos de aseo personal.

—Al diablo, yo no voy a mover un dedo por esa—replicó la pelirroja de manera testaruda.

—Pero es tu hermano el que se casa—señaló Hermione. Ginny bufó de malas.

—Si, lo que sea; de todos modos estoy segura de que mi mamá me va a obligar a ayudar—Hermione rodó los ojos, Ginny era imposible.

—Me voy a dar un baño ¿Necesitas entrar antes?.

—Noup, es toodo tuyo; tárdate lo que necesites—remató con doble sentido, en un tono burlón que a Hermione no le cayó en gracia.

Tan pronto como la castaña cerró la puerta del baño, Ginny saltó de la cama hacia su equipaje y sacó un paquete de cigarros de un compartimiento secreto; tomó uno para regresar la caja a su sitio y después metió el cigarro a la bolsa de su pantalón. Hermione no aprobaba ninguno de sus vicios, pero lo que más odiaba era definitivamente que fumara. Caminó sigilosamente hacia la puerta y la abrió con mucho cuidado; una vez afuera se cuidó de que no hubiese moros en la costa para correr hacia las escaleras. Si fumar la relajaba, hacer cosas indebidas definitivamente era una terapia para todos sus males. Saltó los dos últimos escalones y echó otra mirada a su alrededor, esta vez en busca de la salida menos obvia. Caminó hacia una puerta discretamente ubicada en el pasillo detrás de la escalera con la adrenalina a tope.

—Que mejor manera de terminar el día—suspiró satisfecha de haberse salido con la suya una vez que se sentó en el último escalón de lo que parecía ser el patio. Sacó el cigarro que se había escondido en la bolsa y una caja de fósforos (la cual en este momento no recordaba de qué bar se había robado), sacó un cerillo y con un rápido movimiento hizo fricción contra la superficie rugosa, provocando que este se encendiera. Se colocó el cigarro en la boca rogando porque le hubiese tocado el lucky strike y acercó el fuego para quemar el extremo del tabaco.

Era curioso que ella, una bruja, disfrutara tanto de una tontería muggle; la primera vez que había experimentado con los cigarros había sido tres años atrás en una de sus primeras juergas. Un tipo muggle le había ofrecido uno, y para no parecer una tonta decidió probarlo. Como era obvio, el ataque de tos que le provocó delató que nunca había probado antes un cigarrillo, pero el muggle lo tomó de buena manera y la animó a intentarlo de nuevo, contándole una historia acerca de que tal vez en una de las cajas se pudiera encontrar el verdadero Lucky Strike*, que era un cigarrillo hecho de marihuana. A la pelirroja le había parecido la historia mas estúpida que jamás había escuchado, pero una vez que le tomó gusto a los cigarrillos, ya no pudo dejarlos. Ni aun después de terminar con aquel muggle.

La puerta se abrió repentinamente golpeándole la espalda.

—Mierda—masculló aventando el cigarro. Si algo había aprendido a través de todas las problemáticas experiencias a las que se había visto expuesta, era que sin evidencia no había crimen.

—L-lo lamento—tartamudeó el recién llegado y cuando Ginny levantó la mirada se encontró con Harry observándola como si hubiese visto un fantasma.

Este hombre en verdad es uno entre un millón—pensó, y sin poder evitarlo una sonrisa se abrió paso en su rostro. Ella se había portado como una perra y aunque la mayoría de los hombres estarían furiosos con ella, él simplemente se ponía nervioso al verla.

—Está bien Harry, yo ya me iba—el moreno parpadeó un par de veces sin poder creer que en verdad ella lo había llamado por su nombre. La pelirroja subió los escalones que los separaban haciendo que el pulso se le acelerara. Petrificado, clavó sus ojos atónitos en los de Ginny que le sonrió de manera coqueta antes de añadir—necesito que te hagas a un lado para pasar—el corazón de Harry dio un vuelco, y lo único que alcanzó a hacer fue asentir como un autómata y dar un paso atrás para abrir espacio.

—Buenas noches Harry—dijo cuando pasó junto a él y siguió su camino sin mirar atrás.

Harry se apoyó contra el marco de la puerta mientras con el cuerpo temblándole de pies a cabeza la observaba marcharse.

¿Qué era lo que acababa de ocurrir?

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Cuando Hermione terminaba de vestirse, una lechuza del ministerio llegó a su ventana. Rápidamente abrió para que el ave entrara; no la tenía muy tranquila haber tenido que retirarse antes del trabajo, y definitivamente estar atrapada todo el fin de semana con todo el mar de problemas en la oficina tampoco. La culpa que sintió cuando terminó de leer el pergamino, sólo se hizo peor cuando reconoció la firma del ministro de magia Kingsley Shacklebolt. El hombre se había tomado la molestia de enviar una lechuza para preguntar por su estado de salud y darle libre todo el tiempo necesario para su recuperación. Ginny definitivamente la orillaba a sacar lo peor de ella misma.

Miró a su alrededor en busca de una pluma, pero se dio cuenta de que no tenía ni siquiera un pergamino para responder.

—Espérame un minuto, tengo que conseguir algo de papel—le dijo a la lechuza que miró expectante hacia sus manos, con un además casi gatuno; entonces recordó que no le había dado ninguna golosina. Encima de la cama vio el bulto de Ginny y se aventuró a buscar en las bolsas pequeñas de la parte delantera. Lo primero con lo que se topó fueron tres paquetes de chicle de menta extra-fuerte, dejó las cajas a un lado y en el fondo de la bolsa había un paquete de gomitas de naranja y limón.

—Es todo lo que encontré—se disculpó mientras abría el paquete para dárselas a la lechuza. Después regresó las cosas de Ginny a su lugar y salió del cuarto con la intención de buscar pluma y papel.

Merodear por una casa desconocida sin permiso del anfitrión era algo que ella normalmente no hacía, pero suponía que nadie se enojaría si solamente tomaba lo que necesitaba sin andar husmeando por ahí. O al menos este era el plan original, hasta que llegó a la planta baja y se adentró en una sala de estar del doble del tamaño de la casa de sus padres. Definitivamente este lugar no encajaba para nada con el joven muchacho con el que se había entrevistado horas antes, y por primera vez sintió ganas de revisar cada detalle de aquel lugar. Ese salón en particular estaba lleno de grandes cuadros con iluminación especial, en los cuáles se encontraban retratados personajes de épocas variadas, pero que, según la placa de oro que ostentaba cada uno al pie del cuadro, pertenecían a la misma familia: Los Black. Este hecho le pareció curioso a Hermione, ya que recordaba que Harry se apellidaba Potter ¿Quiénes eran entonces los Black?. Con la curiosidad chispeando, la castaña decidió que sería demasiado descortés husmear en el pasado de Harry sin su permiso, así que siguió con su búsqueda haciendo una nota mental para recordarse preguntarle. Cruzó la sala hacia un pasillo y nuevamente se encontró en un dilema. Debía elegir entre tres puertas.

—Esto es grandioso—susurró, pero el sonido de unos pasos al otro lado del pasillo la alertaron de que no estaba sola. Siendo una persona acostumbrada a caminar en el lado de la rectitud, el nerviosismo de ser descubierta la dejó paralizada en su sitio esperando ver a la fuente del sonido. Entonces a lo lejos vio a la silueta de Ron Weasley cruzar caminando por el corredor que estaba al final del pasillo. Algo en su interior se encendió.

Es tu oportunidad—se dijo a sí misma, pero no se movió de su sitio. El no tener algo planeado la ponía nerviosa ¿Qué iba a decirle? ¿Lamento que tu hermana me chantajeara para venir? ¿No quiero hacerte sentir incómodo con mi presencia, pero no me puedo ir?

No tiene sentido— reflexionó saliéndose por la tangente.

Excelente, le arruinas la fiesta familiar y resulta que no vas a rebajarte a pedirle disculpas—dijo mordaz la inoportuna vocecilla en su cabeza. La culpa entonces se abrió paso mientras Hermione recordaba lo que había ocurrido en la cena. Ok, su molesta conciencia tenía razón, tal vez sí debería hacer algo.

Redirigiendo el camino, la castaña cruzó el pasillo andando a paso rápido para alcanzar a Ron; no es que fuera algo difícil, ya que él caminaba casi arrastrando los pies. Cuando dio vuelta en la esquina, él se detuvo notando su presencia y se giró. Hasta ese momento Hermione no había notado que estaba completamente empapado.

—¿Cómo le hace para estar así de bien?—soltó aquella vocecilla inoportuna de manera sugestiva. Hermione inspiró profundo sorprendiéndose de que algo así fuera lo primero que saltara a su cabeza.

—¿Se te ofrece algo?—preguntó el pelirrojo obligándola a apartar la mirada de su cuerpo para mirarlo a la cara.

—Vamos Hermione, ¡enfócate!—se reprimió mentalmente. El sólo escuchar su voz había provocado que sus manos comenzaran a sudar.

—¿Qué te paso?—preguntó siendo esta la primera cosa coherente que se le ocurrió.

—Un accidente—respondió él en tono plano.

—Es algo tarde para andar con la ropa mojada—advirtió Hermione ansiosa y Ron soltó una breve risa nasal esbozando una mueca de desagrado. Si no estuviera en esta situación por culpa suya, tal vez encontraría el gesto considerado y amable. Pero dadas las circunstancias, lo único que provocó fue que una enorme ola de frustración se levantara en su interior.

—¿Quién eres? ¿Mi madre?—espetó de mala gana. Hermione, que no se esperaba una reacción así, lo miró de manera dura.

—No, sólo era una observación.

—Recibida, si no tienes más que decir…—se dio la media vuelta dispuesto a continuar su camino.

—¿En verdad se está yendo?—pensó Hermione ofendida, pero entonces la escena de horas atrás saltó como invocada, provocando que una punzada de remordimiento la atacara de nuevo obligándola a barajar la posibilidad de que tal vez, de una forma muy remota, se lo merecía.

—Ron—lo llamó de nuevo.

El pelirrojo, incapaz de simplemente ignorarla, se detuvo.

—¿Qué?—preguntó exasperado, aun dándole la espalda. Hermione tomó aire contando hasta diez. Él se había portado muy bien con ella cuando se enteró de lo de sus padres, era lo mínimo que podía hacer a cambio.

—Lamento haberme aparecido así, Ginny no me dijo que nadie sabía que venía—explicó de manera apaciguadora. Ron apretó la mandíbula con amargura.

—No me debes ninguna explicación—dijo sonando despechado.

—Yo creo que sí—rebatió Hermione en un tono algo tímido—francamente hubiese preferido simplemente que desapareciéramos de la vida del otro. Para evitar estos inconvenientes—Ron se giró hacia ella con el rostro desencajado.

—¿Eso es lo que soy para ti? ¿Un inconveniente?—repitió casi escupiendo cada palabra.

—No fue eso lo que dije—aclaró Hermione ligeramente intimidada por la manera en la que aquellos penetrantes océanos azules la miraban.

—Eso fue lo que escuché—sentenció él dando un paso hacia ella—Dime Hermione, ¿Qué es lo que te está ocasionando inconvenientes? ¿Qué no dejara que tu otro amante y tú resolvieran sus problemas?—la castaña abrió la boca ofendida.

—¡Cormac no es mi amante!—replicó airada. No podía creer que se atreviera a sacar ese tema justo ahora y de una manera tan cínica.

—¡Ay por favor! No hay que ser muy listos para darse cuenta que también te estabas acostando con ese perdedor—dijo con tono mordaz.

—¿Qué esperas Ron? ¿Qué me arrodille y suplique tu perdón?—atizó Hermione con la furia bulléndole en cada poro de la piel—¡Hiciste que me convirtiera en el maldito hazmerreír de toda la oficina!

—Pues ya no tienes porque preocuparte, ya no te acuestas conmigo—Hermione abrió la boca para replicar, pero de la nada uno de los floreros del corredor se cayó cortando con el momento. Ambos miraron hacia la fuente.

—Yo iba a…—balbuceó Harry entumido señalando vagamente con el pulgar hacia su costado, sin embargo no se movió de su sitio.

Ron resopló furioso y pasó como un huracán al lado de Hermione sin decir palabra, se adelantó hacia donde estaba el moreno tomándolo del brazo y lo arrastró en dirección contraria a donde ella estaba.

Oh muchas gracias Merlín—reprochó mentalmente la castaña.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Neville se encontraba en su cuarto, recargado sobre su escritorio mientras movía nerviosamente el pie contra el suelo.

¿Cómo podía estarle pasando esto a él? ¿Por qué tenía que hacerle esto?

Soltó el aire exasperado y de nuevo consultó su reloj. No tenía ni la menor idea de porqué se retrasaba, pero definitivamente no podía significar nada bueno; si por ella fuera se hubiese presentado minutos antes del tiempo que acordaron sólo para torturarlo.

Como siempre.

Suspiró y se relajó el cuello. Era como si disfrutara tenerlo en esta situación. Lo triste del asunto era que no podía hacer nada para evitarlo; ella siempre ganaba. Siempre.

La chimenea de la habitación comenzó a crepitar provocando que las llamas que se avivaban en su interior adoptaran una tonalidad verdosa. Neville se enderezó y caminó hacia ella colocándose justamente en frente al tiempo que un rostro envejecido aparecía entre la llamarada.

—¿Neville?—preguntó la mujer luciendo un poco desorientada.

—Si abuela, aquí estoy—respondió el castaño. Entonces la mujer lo miró.

—Lamento haber tenido que cancelarte en la tarde, pero mi suscripción del profeta expiró y tuve que hacer algunas llamadas—él asintió—bueno, pero son otras cosas las que me traen por aquí ¿Es verdad lo que escuché sobre cierta dama en tu vida?—el rostro de Neville se tensó ligeramente.

—Abuela, no sé con quien hayas estado hablando, pero lo que te hayan dicho…

—Los periódicos lo confirmaron; aunque tuve que hacer muchas llamadas para poder conseguir el ejemplar que Bertha citó.

—¿Ejemplar?—preguntó desubicado.

—¿Crees que tu abuela no está enterada de las tonterías en las que te metes?—Neville sintió como si de pronto el aire le hiciera falta.

—No sé…

—Ginevra siempre se va a lo grande con sus fiestas ¿eh?—no supo que decir a su favor. Su abuela nuevamente lo tenía contra la pared.

—¿Para qué quieres conocerla?—soltó a la desesperada.

—Son mis genes los que estás perpetrando si esa mujer no es la adecuada Neville—el castaño se pasó las manos por el rostro intentando reunir aplomo.

—Abuela, deja que me haga cargo; te prometo que esto no es necesario—la señora Longbottom torció el gesto—esto no es la gran cosa… yo…

—Pues espero que tengas razón—le interrumpió sorprendiendo a Neville—porque es de muy mala educación escuchar conversaciones ajenas—Neville giró la cabeza hacia el lugar a donde apuntaba la mirada de su abuela y el corazón se le detuvo por un instante cuando vio a Hannah retroceder un paso de su posición en la puerta semi-abierta desde donde observaba, para entonces desaparecer de su vista.

Demonios—fue lo único que pudo pensar Neville antes ser capaz de reaccionar y emprender el camino tras ella.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-..-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Fin.

Del capítulo jejejejeje. Espero que les haya gustado, y no quieran matarme por lo largo y sin acción Ron/Hermione que es, vuelvo a repetir que es importante para la trama. Aunque intentaré no sugestionarme, y mejor esperaré leer en sus reviews que les ha parecido.

Les mando un enorme saludo. Nos leemos el próximo mes.

CIAO.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-..-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-

*Sé que el título es muy rebuscado, pero es un juego de palabras para referirse a la boda de Bill y Fleur. Galerna es un tipo de fenómeno meteorológico que provoca lluvias con fuertes y violentas ráfagas de viento frío que suele azotar el mar cantábrico, que está ubicado entre costas francesas y españolas. Himeneo es el dios griego de las ceremonias del matrimonio.

*La estrofa 'What doesn't kill you makes you stronger, Stand a little taller …' la tomé prestada del coro de la canción Stronger de Kelly Clarkson. Y se traduce: 'Lo que no te mata te hace más fuerte, mantén la cabeza en alto…'

*La línea del dolor de ovarios la tomé prestada de un review que una lectora de la traducción de 'El regalo de cumpleaños' escribió hace un tiempo; morí de la risa cuando la leí, y me pareció una frase que Ginny utilizaría en una situación como esta, así que la anoté para poder utilizarla :D.

*Lucky Strike es una marca de cigarrillos muy famosa en los Estados Unidos, sé que es algo chocante que una inglesa consuma esta marca, pero una vez platicando con una americana que fumaba esta marca de cigarrillos, me contó el famoso mito del Lucky Strike (que la traducción sería mas o menos como ' golpe de suerte') y me pareció tan gracioso y ridículo, que la imaginé como una buena historia de bar para ligar.