Scort
Capitulo 11:
Los hijos del italiano
(I fligli dell'italiano)
Hola nenas, perdón por la tardanza, espero que les guste el cap, ¡GRACIAS E INFINITAS GRACIAS POR HABERME ESPERADO! Siempre
lo he dicho nuestras lectoras son de lo mejor… las amamos con locura, bueno nenas este capitulo es algo decisivo se que muchas no les
gustara lo que pasra pero lo lamento la historia esta pensada asi y les aseguro que les gustara con el tiempo… Tiwii es mala
¿lo sabían? xD el siguiente lo subo esta semana ;D
Las amooo con locura…
Con Amor
Tiwii Cullen
Bella POV:
— ¿Cómo?— pregunto mi madre con una mirada de desconcierto, el cuerpo de mi papa se puso rígido al momento que pronuncie aquel nombre que arrastraba todo mi pasado hacia este lugar.
— ¿Qué está pasando aquí?— dijo Charly mientras se ponía en posición de "combate"
Mire sus ojos y los míos instantáneamente se llenaron de lagrimas ¿Qué hacia Edward en Jacksonville?, no tenía ni la menor idea, lo único que me importaba era el porqué él estaba aquí y la vida que se estaba salvando adentro de esa sala. No tenía que decirle ni tampoco podía hacerlo, mis labios simplemente se hermetizaron y no pudieron decir una sola palabra, mi garganta estaba seca y tenía un terrible dolor de cabeza pero a pesar de todo pude admirar la grandeza de sus ojos y el bello rostro que tenia, al mirarlo con detenimiento vi en el los ojos de mis bebes y sentí aun más ganas de llorar.
— ¿tú no eres Jasón?— pregunto mi madre como si fuera la ecuación más fácil.
— No— respondió serio y en un tono seco— mi nombre es Edward, Edward Cullen— el rostro de mi madre se desfiguro al igual que el de mi papa rápidamente ambos se pusieron delante mío en afán protector, despegue mis pies del suelo y los aparte, esta batalla es solo mía.
— Edward— susurre delante de él, sus ojos me miraron atentos, había tanta duda en ellos que parecía querer desbordarse con preguntas, el destino no me había dado tanto tiempo por lo que tendría que resolver en estos segundos que hacer, ¿debía decirle la verdad? Claro que sí, no podía apartarlo de su hijo una vez más, el no se lo merecía.
— Bella ¿Qué está pasando aquí?— pregunto en un perfecto español que a pesar denotaba ese acento tan sensual que tenia, su boca parecía dibujada en su piel, además tenía la sensación de que él quería saber toda la verdad y conociéndolo lo averiguaría.
— Necesitamos…— alcance a decir
— ¡Mamá!— grito una pequeña voz a las espaldas de Edward, su rostro se desencajo y rápidamente se giro, mire de donde provenía y mi hija estaba en el medio del pasillo junto a Vera. Sus pequeños pies se acercaron raudos hacia mí, estire mis brazos y la acogí para darle la seguridad de que todo estaba bien.
— Nessie— susurre cuando ya estaba encaramada en mi cuerpo.
— ¿mama?— pregunto la voz grave de Edward, corrí la cabeza de mi hija quien se escondió en mi cuello y mire sus ojos, el sin poder creerlo miraba a la pequeña criatura que tenía en mis brazos, su expresión era de completo asombro. Ni siquiera podía imaginar lo que pasaba por su cabeza, abrió sus labios y soltó un jadeo que me dejo helada, se estaba dando cuenta, no había que ser muy inteligente para darte cuenta la edad que tenían mis hijos. Su expresión se neutralizo y abrió sus labios para preguntar
— ¿Cuántos años tiene?— preguntó en un tono de alerta, mire sus ojos y rápidamente mi pecho se apretó, había llegado el momento que yo mas temía y lo peor de todo es que no estaba preparada para afrontarlo.
— Edward escúchame…— antes de que pudiera decir algo mas las puertas de la sala se abrieron y un doctor emergió de ellas.
— ¿Quién es la madre del pequeño?— preguntó mirándonos a todos.
— Soy yo, Isabella Swan— le respondí ofreciéndole mi mano, el respondió el gesto y se dirigió a hablar conmigo. Mire de reojo y Edward observaba a Ness, mi espalda fue atravesada por un frio que caló todos mis huesos.
— Buenas tardes Señora, el pequeño se encuentra bien, los golpes y hematomas que presenta no son muy graves el único gran golpe de cuidado es el que se dio la espalda.
— ¿Qué le sucede?— pregunto mi madre paralizada.
— Aun no sabemos la magnitud de la lesión, tiene un enorme hematoma en su lado derecho que le abarca hacia la espalda, como el cuerpo es pequeño el daño en la columna vertebral podría haber sido catastrófico— mi centro se comenzó a mover, mis pies ya no resistían mi peso y el de Nessie, mi hijo podía quedar ¿invalido? No, Dios no podría castigarnos así. Baje a mi pequeña y ella se quedo a mi lado, no fui consciente de nada hasta que el hombre volvió a hablar.
— Sra. Tranquila, creemos que el niño está bien, por ahora debemos esperar, cuando despierte un traumatólogo y un kinesiólogo lo irán a visitar. Lo pasaremos a una habitación de pediatría.
— Bueno
— Vaya a la admisión a firmar las autorizaciones para hacer los cambios y ahí le darán el numero de la habitación
— Está bien— el doctor se volvió a meter en la sala y nos dejo inmersos en un frio silencio, el aire parecía ser cortado con una cuchilla, sentía a Edward tenso y a toda mi familia petrificada, incluyendo a Vera quien había sido un silencio testigo de este reencuentro.
— Bella— me llamo mi madre suavemente— iremos a hacer los papeles— lo dijo en un tono tan bajo que creo que solo yo pude escucharlo pero cuando me gire Edward estaba más cerca de nosotras de lo que me esperaba.
— Vayan, los esperaremos aquí.
Mis padres me dieron una pequeña sonrisa, mi madre a regañadientes se fue con papa, ella tendía a sobreprotegerme de todo el mundo, siempre había sido así. Su loca obsesión comenzó cuando volví embarazada al colegio, obviamente fui víctima de burlas y de malos tratos pero ella siempre estuvo allí como mi más grande apoyo. Me gire sobre mis pies para mirar el panorama, Nessie estaba agarrada de mi cintura, Edward estaba a solo un paso de nosotras con sus ojos puestos en la niña, su mirada era neutral. Vera tenía una expresión de asombro confinada con horror, la mire y en mis ojos creo que vio lo que pasaba por lo que se llevo las manos a la boca y soltó un jadeo, sus ojos recorrieron a Edward y a mi hija, era imposible no darse cuenta del parecidos, ambos eran dos gotas de agua.
— Mami— susurro la voz de mi pequeña, baje mis ojos hacia donde estaba— ¿Cómo está Antho? ¿se va a poner bien?— pregunto casi bordeando las lagrimas.
— Si Nessie, Antho se pondrá bien, por ahora debemos esperar pronto lo podremos ver— mi hija asintió y se pego aun mas a mi cuerpo, estaba extremadamente nerviosa Edward no hacía más que observar a la niña sin decir nada, Nessie hasta el momento había omitido sus penetrantes ojos pero solo pasaron unos segundos más y ella se giro para mirarlo.
— ¿Quién eres tú?— pregunto de inmediato, su angelical tono de voz podía derretir hasta el más duro corazón.
— Mi nombre es Edward— le dijo el agachándose para quedar a su altura— y tu ¿Cómo te llamas?
— Mi nombre es Reneesme— le respondió con una pequeña sonrisa, sentí mi suelo moverse y mi cuerpo desfallecer, mire los ojos de Edward y vi la llama de odio que se comenzaba a encender en ellos
— Es un hermoso nombre— le susurro con una dulce sonrisa— mi mama se llama como tú.
— ¿Reneesme?— pregunto con un poco de alegría
— No pero tiene la mitad de tu nombre, se llama Esme— la intensidad de la mirada de Edward me sobrecogió ahora en sus ojos veía un brillo muy especial.
— Oh— le respondió sonriéndole, ambos se miraron por algunos segundos hasta que mi pequeña rompió el contacto— mami, quiero ir al baño— dijo mientras jalaba mi chaleco,
— Yo la llevo— susurro Vera acercándose lentamente. Sus ojos me dieron una caricia de ánimo y se llevo rápidamente a mi hija de la mano.
El silencio se esparció entre nosotros como un manto, los ojos de Edward no se despegaban de mi rostros, vamos Bella, repetía en mi mente ¿Qué podría ser lo peor que pasara? ¿Qué me odiara? Lamentablemente es un riesgo que tengo que correr.
― Edward…—
― ¿Cuántos años tiene Bella?— pregunto de inmediato sin dejarme hablar.
― Antes de…
― Creo que no hay mucho que decir, cualquier persona podría darse cuenta de lo que sucede aquí.
― Déjame…
― No Bella, dime ¿Cuántos años tiene?
― Nessie… tiene casi ocho años— lentamente deje de respirar, Edward apretó sus puños y bajo su vista hasta cerrar sus ojos, los segundos pasaron y no decía nada, el silencio se me hacia increíblemente molesto y eterno.
― Y el niño que está adentro ¿Cuántos años tiene?— volvió a preguntar, ya no podía retroceder.
― Nessie y Antho son mellizos— el cuerpo de Edward se tenso al pronunciar de mis palabras, sus ojos subieron a los míos y vi el cambio que había en su mirada, esto no iba a terminar bien.
― ¿Porque lo hiciste? ¿Por qué nunca me lo dijiste?
― Tengo mis razones pero creo que este no es el mejor lugar para tener esta conversación— Edward me miro y asintió lentamente, sin decirnos nada giramos sobre nuestros talones y nos dirigimos por el largo pasillo de la urgencia, en el camino nos encontramos con mis padres Edward paso por su lado sin mirarlos y salió por las puertas de la urgencia.
― ¿Qué sucede Bella?— me pregunto mi mama rápidamente— ¿no me digas que él es?
― Si mama, el es el padre de los niños, es Edward Cullen
― ¡maldita sea!— gimió mama agarrando el brazo de mi padre, el la sujeto por la cintura intentando darle tranquilidad.
― ¿Qué harás ahora?— Charly me miro esperando que dijera algo
― Decirle la verdad por supuesto, es lo primero. Ya después pensare en lo demás.
― Bella no lo hagas— rogo René Swan
― Lo siento mama, ya lo hice.
Camine por su lado dejándolos casi sin respuesta, Salí hacia el exterior y Edward me estaba esperando a un lado de las puertas, cuando me vio hizo un gesto para que lo siguiera, mis piernas apenas podían mantenerse en pie y caminar coordinadamente, tenía una extraña sensación de no poder con esto pero debía hacerlo por mis hijos. Llegamos a la parte de atrás de la urgencia en donde no pasaba ni un alma, nos detuvimos delante de una enorme fuente de agua. La cara de Edward no denotaba ninguna expresión, su rostro era serio y apagado ¿Qué estaría pensando?
― Ahora dime— comenzó después de un silencio— quiero saber que sucede.
― Creo que no tengo una explicación preparada pero te diré lo que hay en mi corazón, es la verdad Edward.
― No me interesan tus alegatos, quiero saber ¿esos niños son mis hijos? Aunque si me lo niegas ahora no te lo creería, la pequeña que acabo de ver tiene mucho de mí por lo que te sería imposible negarla— respire pesadamente, ¿A dónde iría a parar todo esto?, él quería saber la verdad y yo no era capaz de decírsela, demonios.
― Si Edward, es verdad. Anthony y Reneesme son hijos tuyos— un silencio sepulcral se expandió en todo el lugar, la mirada de Edward ardió en su rostro y soltando unas cuantas maldiciones en Italiano volvió a hablar.
― ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué no me buscaste?— sus pasos acortaron rápidamente la distancia que nos separaba, tomo mis brazos y apretó cada uno de sus dedos sobre mi piel, la presión hizo que una enorme mueca saliera de mis labios— ¡Dímelo!— me exigió aun con más presión.
― No podía hacerlo— murmure adolorida— cuando lo intente tu anunciaste tu compromiso con Ángela por lo que no quise entrometerme— mi voz se escuchaba entrecortada, en sus ojos había odio, rabia, impotencia pero no había ningún rastro de los buenos sentimientos que antes había visto en el.
― ¡esa no es una excusa!— arremetió con fuerza en su voz, mi cuerpo que ya estaba agarrado dio un respingo, sus dedos me soltaron con tanta brusquedad que mi centro se tambaleo por completo— creo que es lo más estúpido que te he escuchado decir desde que nos volvimos a encontrar
― ¿estúpido?— pregunte con desconcierto, mis manos sobaron la piel que él había aprisionado, sin duda me quedarían marcas por la fuerza que había ocupado en su agarre.
― Esto es demasiado— susurró con desprecio— ¡porque demonios no me dijiste Isabella!, me has tenido separado de mis hijos por casi ocho años— gruño con sus labios apretados
― Tienes que entender…
― ¿Qué cosa?— me interrumpió al momento que mis palabras salieron de mis labios— me mentiste y me has ocultado la verdad durante todo este tiempo, ¿Por qué no me lo dijiste cuando nos volvimos a ver?— la pregunta caló hondo en mi corazón , tenía miedo en ese entonces y ahora el sentimiento no era diferente, al contrario se había acrecentado con el pasar de los minutos— ¿no vas a decirme nada?— pregunto con sus ojos llenos de rabia, soltó un suspiro y apretó sus puños— esta conversación quedara aquí
― Edward
― No Bella y espero que por tu bien facilites las cosas entre mis figlios y yo.
― No me amenaces
― En este momento estoy en posición de hacer lo que se me venga en gana, desde ahora en adelante cada resolución que tomes con respecto a los niños deberás consultarla conmigo
― No puedes hacerme esto— gemí con un poco de desesperación. Me acerque a él y puse ambas manos a la altura de sus codos. El me miro con el mismo desprecio que antes y sus ojos se tornaron mas fríos que cualquier cosa en este mundo, su mirada helo cada una de las células de mi piel, el me odiaba y creo que yo no podía vivir con eso.
― Puedo— susurro— y juro que te arrepentirás de haberme escondido la verdad. Ya estas advertida y no intentes nada porque te juro que te arrepentirás.
Sus brazos se soltaron de mi agarre con brusquedad, se alejo de mi sin ni siquiera darme alguna esperanza, sus pasos se perdieron entre la gente de la entrada y me dejaron inmersa en un horrible silencio. Mis piernas temblaban aun más fuertes y el hielo que recorría mis huesos ya me hacía daño ¿Qué pretendía Edward? ¿Era capaz de cumplir su amenaza? Esto había sido peor de lo que imaginaba.
― Bella— me llamo una voz conocida, eleve mis ojos y Vera caminaba a toda prisa hacia mí, Edward se había ido en la dirección contraria a la que mi amiga venia recorriendo— ¡Bella!
― ¿Qué sucede?— pregunte en un hilo de voz
― Anthony despertó— mis ojos se aguaron rápidamente y mis manos temblaron mas fuerte
― ¿enserio?— pregunte con ilusión
― Si Bella— contesto Vera con evidente alegría— despertó y está preguntando por ti.
Antes de que ella dijera algo más me compuse y corrí hacia la sala de trauma, cuando por fin pude llegar a mi hijo lo estaban cambiando de camilla.
― ¡Anthony!— exclame fuerte cuando entre en la habitación, los ojos de mi hijo de inmediato me miraron.
― ¡mami!— extendió sus manos para mi, corrí hacia donde estaban y las bese frenéticamente, el miedo que sentí al verlo lleno de sangre es algo que no se lo daría a nadie.
― ¿Cómo estas pequeño?— mi voz salía apretada de mis labios, el corazón me latía a mil por hora intentando controlar los sentimientos que se arremolinaban en mi pecho
― Estoy bien, me duele la cabeza pero no tengo nada mami, ¿Cuándo nos iremos a casa?— la pregunta me hizo temer, ni siquiera sabia si Edward nos dejaría salir de este hospital.
― Pronto— susurre besando su frente.
― Bien señora Swan— me llamo el doctor— el pequeño está a punto de ser pasado hacia una nueva habitación— de la nada apareció Edward a las espaldas del doctor, mi pecho se remeció frenético y mi cuerpo de inmediato comenzó a sudar, el palpitar de mis brazos aun no disminuía— ¿los tutores del niño están cerca?— pregunto de repente.
― Si… si— respondí con tartamudeos— son mis padres, deben estar por ahí
― Debe llamarlos ya que necesitan firmar las autorizaciones para efectuar los cambios— asentí lentamente bajo el constante escrutinio de Edward. Saque mi celular del bolsillo y llame a mis padres para que aparecieran, en menos de dos minutos ellos estaban en la habitación junto al doctor, les comento lo que sucedía y se fueron hacia la admisión para firmar los papeles.
El momento que se creo que la habitación era completamente tenso, los intentos y curiosos ojos de mis hijos devoraron a Edward al igual que el con ellos, su mirada se poso fijamente en el pequeño que estaba sentado en la enorme camilla. Mire de reojo a Antho y el también lo observaba, tenía que hacer algo antes de que ellos comenzaran a hacer preguntas que yo no podría responderles.
― Chicos…— intente decir pero Edward fue más rápido.
― Hola— saludo alegremente y sin una pisca de todos los sentimientos oscuros que sentí momentos antes
― Hola— saludaron los mellizos al mismo tiempo— ¿Quién eres tú? ¿eres doctor?— pregunto Antho
― No, es un señor que estaba afuera, se llama Edward.
― ¿Edward? ¿eres amigo de mi mama?— pregunto de repente, mi frente comenzó a perlarse por el sudor, la habitación se hacía cada vez más pequeña y no podía evitar sentir la presión en el pecho ¿Qué le diría Edward? ¿sería capaz de lanzar la verdad sin contemplaciones?
― No, no soy amigo de tu mama…
― Edward…— intente advertirlo antes de que cometiera una locura, sus ojos se dirigieron a los míos y la potencia de su mirada me hizo respingar, estaba furioso.
― Yo no soy amigo de tu mama— continuo sereno, se acerco al otro extremo de la camilla y se sentó en ella para quedar a la altura de mi hijo, Reneesme quien estaba totalmente interesada en la conversación rápidamente se subió a la cama y se sentó junto a Anthony— he venido desde muy lejos solo para conocerlos.
― ¿Por qué?— pregunto Nessie con voz dulce.
― Porque ustedes son muy importantes para mí y alguien me dijo que tenía que venir en este preciso momento.
― ¿tú nos conoces de antes?
― No pero me habría encantado— el doble sentido de la oración me hizo temblar.
― Tu cabello…— susurro Anthony mirando fijamente a su cabeza— es… es… es del mismo color que el nuestro
― Y mira sus ojos— susurro Nessie con tono de asombro— son... son del mismo color.
― Mami— susurro mi hijo mirándome fijamente, yo no sabía qué hacer lo único que esperaba era que la tierra se abriera y me tragara. Quería morir, quería vivir, quería gritar, quería correr hacia una dirección desconocida, había esperado este momento toda mi vida y no sabía qué hacer estaba a puertas de revelar la verdad más difícil de toda mi vida y sentía pánico de hacerlo.
― Niños…— comencé— hay algo…
― He venido para verlos porque yo soy su papá— soltó Edward de una buena vez, mis ojos se abrieron a más no poder, me afirme en la orilla de la camilla para que nadie notara lo mareada que estaba
― ¿papá?— susurraron los dos al mismo tiempo, sus ojos se giraron completamente en mi dirección, debía decir algo, tenía que hacerlo pero mi boca parecía hermetizada, Edward tenía en sus ojos la amenaza, estaba esperando a que yo lo negara porque estaba segura que era capaz de llevarnos de inmediato a juicio.
― Niños… este hombre que esta… aquí, es su padre, su nombre es Edward Cullen.
El silencio se esparció como la niebla en el invierno, las luces parecían más fuertes y el espacio se había reducido tanto que sentía las paredes apretarme contra las otras, cerré mis ojos e intente calmarme, los niños estaban petrificados en la camilla, Edward tenía una sonrisa en sus labios que acompañaba el brillo tan inusual de sus ojos ¿Qué estaba esperando? ¡Porque les había dicho sin más! El no tenia consideración por mis hijos, el lo único que quería era destruirme frente a ellos, sabía que esperaba una venganza podía verlo, podía sentirlo. Todo el amor, la pasión, la dulzura que alguna vez había tenido de él se había esfumado, de ahora en adelante lo único que obtendría de él serian el odio y la indiferencia, lo peor de todo es que no sabía si podía vivir con ello, yo lo amaba y tenía que vivir con las consecuencias de mis actos.
Lo peor solo estaba comenzando…
