Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer no me pertenece, es de nuestra diosa Jo Rowling... todo lo demás es producto de mi traumada y viciosa mente...
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Advertencia:
Este capitulo contiene escenas de sexo explícito, por lo cual a todas aquellas personas que se puedan sentir ofendidas por lo que a continuación se describe en el capítulo, les pido de la manera más cordial que hagan caso a esta advertencia y se abstengan de leer.
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Dicho esto, doy la mas cordial bienvenida a todas las nuevas lectoras, agradezco enormemente los reviews que las fieles lectoras de esta historia han dejado tan puntuales como siempre (si, eso me hace quedar como una persona horrible por no actualizar a tiempo, pero todo tiene una explicación lo prometo), y a todas aquellas personas que hicieron el honor de agregarla a sus favoritos.
Espero que disfruten mucho el capítulo.
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Este capítulo va especialmente dedicado a mi mejor amiga Osmara; siempre es un honor para mí que sigas mis historias y que además te gusten. Muchas gracias por todo el apoyo que me brindas y sabes que siempre puedes y podrás contar conmigo.
Solo es Sexo
11
Todo depende del cristal con el que se mire
(Parte I)
Después del primer contacto algo en el interior de ambos se había disparado dejando al frenesí de la excitación tomar completa posesión de ambos cuerpos; tan poco conscientes eran de lo que ocurría, que casi se habían arrancado la ropa de los cuerpos mientras se devoraban los labios en una encarnizada lucha sin descanso que tal vez buscaba demostrar quien de los dos había resentido más los días de abstinencia. Sin perder el contacto Ron deslizó sus manos acariciando la suave piel de los muslos expuestos de la castaña provocando que ella suspirara contra sus labios. Con un firme movimiento el pelirrojo llevó una de las piernas de Hermione hacia su cadera haciendo rozar su sexo contra la fina tela de algodón que lo separaba de la intimidad caliente y húmeda de ella. El contacto provocó que ambos gimieran a la par. Reuniendo todo su prácticamente inexistente autocontrol Ron tomó la otra pierna y repitió el mismo proceso; sin embargo en esta ocasión no tentó a su suerte exponiéndose al contacto: ya habría tiempo para ello. Haciendo uso de toda su fuerza trasladó a Hermione hacia la cama que había en la habitación y con mucho cuidado (ya que las piernas le temblaban de la excitación) la depositó sobre el colchón; apoyó los codos a cada lado del cuerpo de la castaña para aguantar su propio peso mientras se colocaba encima de ella y observó maravillado cómo la luz que se colaba del exterior alumbraba una infinidad de delicadas gotas de sudor que perlaban la piel tenuemente bronceada de su rostro. Un extraño sentimiento de inseguridad entonces se abrió paso en su pecho al mirarla ahí, entre sus brazos.
Ella era perfecta.
La mujer que en este momento se encontraba entre sus brazos era la clase de mujer que no mostraba interés en ningún hombre común, la clase de mujer que incluso su familia consideraba inalcanzable para él. La inseguridad mutó irremediablemente en temor cuando en su mente estalló la pregunta que día y noche rondaba su cabeza: ¿De verdad alguien como ella querría estar con alguien como él?
Apartó la mirada bajando la cabeza un poco para ocultar su expresión, pero las manos de Hermione se posaron en sus mejillas obligándolo a mirarla nuevamente. Fue electrizante la intensa mirada con la que aquellos ojos marrones parecían querer atravesar sus pupilas; de alguna manera Ron se sintió completamente transparente ante ella, y lo que pudiera ver en realidad le daba miedo. Sus miradas se mantuvieron fijas en los ojos del otro hasta que, sin previo aviso, ella acortó la distancia entre ellos y depositó un beso en sus labios. El suave contacto fue como una bocanada de aire que activó el calor en las venas de Ron, quien no se había dado cuenta que su respiración se había detenido hasta ese momento. Era como si ella estuviera respondiendo a aquella pregunta que no se atrevía a formular en voz alta. En un impulso frenético le rodeó la cintura apretándola contra su cuerpo posesivamente y profundizó el beso sintiendo los brazos de ella aferrarse a su cuello con firmeza.
Si, ella lo quería.
El pelirrojo trazó un camino de besos desde los labios de la castaña hasta su barbilla y la mordió suavemente disfrutando lo tersa que se sentía; Hermione hundió sus dedos entre los cabellos pelirrojos invitándolo a continuar, así que Ron acarició la mandíbula femenina con sus labios dirigiéndose hacia el cuello, acción que recibió un suspiro de aprobación. El pelirrojo desprendió una mano de la cintura de Hermione para ayudarse a retirar el tirante del brasier que descansaba sobre la piel del hombro mientras continuaba su recorrido. La manera en la que ella se estremecía con el contacto de sus labios sobre su piel hacía que se sintiera poderoso. Sin detenerse llevó el rostro a la altura de la clavícula y beso a beso la recorrió para lentamente descender hacia la abultada piel expuesta de los senos. Hermione soltó un suave suspiro cuando la lengua del pelirrojo se coló por el borde de la copa de tela. Era algo glorioso escucharla disfrutar de sus caricias. Deslizó sus manos hacia las caderas de Hermione y comenzó a bajar por sus piernas deshaciéndose por fin de las bragas de algodón que llevaba; le resultaba tortuoso continuar aguantando el quemante deseo de sentir su calidez.
—Dios—suspiró Hermione cuando hizo rozar su erección contra su intimidad. Estremecido hasta el último poro del cuerpo el pelirrojo la besó mientras dejaba su miembro empaparse en la suave humedad sin penetrarla—por favor—gimió Hermione contra sus labios. Decidiendo que él no era nadie para interponerse entre los deseos de su amada (y de él mismo), la tomó de los muslos ajustando las piernas femeninas a sus costados para poder penetrarla fácilmente, y sin más preámbulos se hundió en ella. Como una deliciosa melodía los gemidos de Hermione le llegaron a los oídos haciendo que su corazón latiera violentamente contra sus costillas mientras lentamente salía de su intimidad, sólo para un momento después hundirse en ella de nuevo embriagado por lo suave que se sentía su interior.
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La situación era tan completamente irreal que muy en el fondo aun estaba esperando el momento en el cual despertara; aunque esa vaga y retorcida esperanza comenzaba a perder fuerza mientras el ambiente seguía subiendo de tono sin que él hiciera nada por detenerlo; sentía que en cualquier momento su cuerpo iba a explotar si Ginny continuaba besándolo de aquella manera. En un ágil movimiento la tomó de las caderas y la acorraló entre el borde de la meseta y su cuerpo; la pelirroja hizo lo propio rodeando su cuello para halarlo hacia ella pegando completamente sus cuerpos mientras continuaban con el fogoso intercambio.
El moreno deslizó tímidamente sus manos hacia la espalda baja de la pelirroja acercándose peligrosamente a su verdadero objetivo. El solo pensarlo hizo que más sangre de la necesaria se disparara hacia su entrepierna haciendo que se abultara.
—¿Qué tienes en mente?—preguntó Ginny de manera sugerente y a continuación lo acarició por encima del pantalón. Harry jadeó casi sin aliento—¿Quieres que nos ocupemos de ello?—él se mojó los labios ansioso y retiró la mano de la pelirroja antes de besarla nuevamente.
—No puedo creer que les lleve tanto tiempo—farfulló alguien desde el pasillo y ambos quedaron paralizados cuando la reconocieron como la voz de la señora Weasley. Harry miró aterrado a Ginny que con nervios de acero echó un vistazo a su alrededor.
—Merlín—pensó el moreno sintiendo el pánico apoderarse de su cuerpo.
—A la puerta de allá—indicó Ginny apresuradamente, y sin darle tiempo de reaccionar lo jaló bruscamente arrastrándolo hacia la alacena. Con un rápido movimiento lo empujó al interior y de inmediato entró cerrando la puerta tras ella.
—¿Qué vamos a hacer?—susurró Harry horrorizado, pero no hubo respuesta ya que el sonido de la puerta de la cocina les indicó que alguien había entrado.
—Unos cuantos canapés y Ronald se desaparece como un camaleón—Harry sintió como una fría gota de sudor le recorrió la espina mientras escuchaba a la señora Weasley mascullar enojada moviendo objetos de un lado al otro de la cocina—increíble que también Harry se despareciera—la sola mención de su nombre hizo que su frente se arrugara debido a la tensión.
—¿Le tienes miedo?—preguntó divertida la pelirroja trayéndolo abruptamente a la realidad; esa realidad en la que se encontraba encerrado dentro de la alacena con la hermana menor de Ron, con quien además se había estado besando antes de que su madre los interrumpiera.
¿Podía la situación ponerse peor?
Ginny negó levemente mientras una sonrisa traviesa se extendía por su rostro haciendo que a Harry las palabras simplemente lo abandonaran. Nadie en su sano juicio se atrevería a culparlo: Ginny Weasley tenía la sonrisa más hermosa y arrebatadora que él jamás hubiese visto. Tal y como previamente lo había hecho, la pelirroja rodeó el cuello de Harry con sus brazos y lo besó.
—Merlín esto está mal en tantas maneras—pensaba Harry nervioso sintiendo su corazón latir acelerado por la adrenalina.
—Vamos Potter, lo puedes hacer mejor que eso—le retó Ginny de manera seductora sin separarse del todo y lo jaló del cuello de la camisa para comenzar a devorarle los labios, provocando que en el cuerpo de Harry se desatara una descarga eléctrica que al parecer le fundió del cerebro el último resquicio de conciencia, porque al instante siguiente sus labios se encontraban ávidamente correspondiendo al enloquecedor ritmo que los labios de Ginny dictaban.
Los dedos de la pelirroja se colaron hacia los botones de la camisa de Harry para uno a uno ir desabrochándolos hasta dejar expuesta la piel firme del pecho masculino. En acto de reconocimiento recorrió con sus manos el torso de Harry hasta llegar a los hombros para retirar la camisa de ellos deslizándola por sus brazos hasta dejarla caer al suelo. Él le rodeó la cintura con un brazo acercándola más a su cuerpo y con la otra se ayudó a abrir el cierre que aseguraba el vestido al cuerpo de la pelirroja, dejando la piel blanca de su espalda al descubierto. Sin refrenar el impulso Harry posó sus labios en los hombros femeninos haciéndose camino hacia la clavícula, punto a partir del cual aprovechó para trazar su camino hacia el cuello inmaculado que se extendía frente a él. Al fondo se escuchaba indistintamente la voz de la señora Weasley al parecer dando ordenes (en realidad Harry no podría asegurar que fuera así debido a que su mente en este preciso momento no se encontraba enfocada en este hecho). Repentinamente las manos de Harry parecían haber cobrado vida porque vagabundeaban ávidas entre la tela del vestido acariciando el firme trasero de la pelirroja, dándose gusto de disfrutar el tacto apretando con fuerza. Con cada repasada a esa zona el moreno se iba acercando cada vez más al fruto anhelado; pero Ginny al parecer había decidido que tenía suficiente porque con las manos impacientes le desabrochó los pantalones.
—Hechiza la puerta—le susurró y Harry asintió atontado antes de sacar su varita del pantalón para, con una apresurada floritura, asegurar el lugar e inmediatamente después aventar el artefacto a su suerte para colisionar sus labios contra los de Ginny. Con las manos ansiosas levantó a la pelirroja de los glúteos y la acorraló apoyando su espalda contra la pared sólo para inmediatamente entrar en ella. Ginny jadeó con lujuria mientras sentía como el miembro de Harry comenzaba entraba y salir de su interior. La intensidad del beso fue aumentando mientras ambos luchaban por acallar los gemidos que proferían. Él apretó con más fuerza el trasero de la pelirroja mientras su interior se hacía más caliente y húmedo provocando que su miembro resbalara con más facilidad en cada embestida.
—Más profundo—le exigió la pelirroja mordiendo su labio inferior; siguiendo sus órdenes Harry aumentó la fuerza de las embestidas sintiendo como el interior de Ginny se contraía alrededor de su virilidad. Mierda pensó cuando su miembro se endureció de manera casi dolorosa. Ginny apretó sus piernas inmersa en el glorioso intercambio. La erección del moreno comenzaba a provocarle una sensación de ligero dolor cuando la penetraba, pero fuera de causarle molestia la hacía encenderse más. Harry continuó embistiéndola como si la vida se le fuera en ello mientras con sus labios comenzaba a recorrerle la piel de los hombros. Era algo casi inverosímil la manera en la que cada parte de ella parecía estar confeccionada para enloquecerlo. Las manos femeninas comenzaron a descender por su espalda haciéndolo estremecer, acto que fue correspondido con un ritmo más frenético en las embestidas.
—¡Oh si!—gimió la pelirroja sorprendiéndose incluso a sí misma en el preludio del climax. Harry aporreó el puño cerrado contra la pared gruñendo frustrado mientras se forzaba a resistir un poco más; pero el hecho de que la pelirroja moviera las caderas contra su miembro de forma tan vehemente no ayudaba en mucho. Se mordió los labios hundiendo su rostro a la altura del hombro de Ginny y sin poder contenerlo más una salvaje oleada de placer arremetió contra él.
—Mierda—jadeó vencido con la voz ronca de lujuria mientras terminaba, y fue todo lo que bastó para que el orgasmo también alcanzara a la pelirroja.
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Hermione se encontraba encima de su cuerpo envuelta en un vaivén que lo torturaba hasta límites insospechados. Ron envolvía su cintura con sus grandes manos regulando por momentos los movimientos, pero en general simplemente las tenía ahí para sentir un poco de control; si el asunto se ponía demasiado bien podía terminar antes de tiempo y no quería dejarla insatisfecha. La castaña comenzó a mover las caderas de manera ligeramente circular subiendo y bajando en toda la extensión de la erección; se encontraba tan lubricada que el miembro de Ron resbalaba con una facilidad impresionante en su interior. Él cerró los ojos sintiendo como sus piernas comenzaban a temblar.
—Merlín por qué eres tan endemoniadamente deliciosa—pensó apretando sus manos alrededor de la cintura para ejercer algo de fuerza y obligarla a detenerse un poco en su enloquecedora empresa; sin embargo esta vez Hermione simplemente posicionó sus manos en las suyas para retirarlas negándose a ceder. Este acto no hizo más que provocar que la hoguera en el interior de Ron crepitara quemante ante el desafío. Entendiendo la declaración de guerra levantó el torso para envolverla completamente entre sus brazos subyugando un poco el ritmo mientras la besaba apasionadamente. En un habilidoso movimiento el pelirrojo posicionó su mano en la espalda femenina y se echó hacia delante para obligarla a tenderse de nuevo en la cama.
—¿Quieres matarme?—le susurró cálidamente.
—No te detengas—le ordenó ella hundiendo las yemas de los dedos en su espalda. Escuchar la manera en la que el deseo le corrompía la voz hacía enardecer a Ron. Inspirado por la pasión, se inclinó completamente en ella para profundizar las embestidas mientras besaba la piel de su pecho; la castaña hundió sus dedos entre el cabello pelirrojo de Ron cuando con un movimiento circular de su lengua él trazó el contorno de la areola antes de apresar el pezón completamente entre sus labios succionándolo, provocando que ella gimiera de placer. El pelirrojo soltó un gruñido y comenzó a penetrarla con más lentitud intentando prolongar un poco más su propio orgasmo. Una de las manos de Hermione se posó sobre su hombro apretándolo con fuerza.
—No te detengas—le ordenó nuevamente y Ron obedeció hundiéndose en ella con embestidas cada vez más intensas. Hermione se aferró a la amplia espalda masculina mientras se arqueaba sintiendo que estaba apunto de explotar y Ron jadeó cuando las paredes del interior de la castaña correspondieron estrechándose alrededor de su dureza; por un momento tuvo que cerrar los ojos para poder concentrarse en continuar porque la deliciosa imagen que tenía enfrente estaba apunto de terminar con todo su autocontrol; violentamente las piernas de Hermione se cerraron alrededor de su cintura mientras gemía profusamente dejándose envolver en el orgasmo. Ron abrió los ojos para deleitarse en este hecho permitiendo al fin que el placer lo consumiera. Una tensión abrumadora se inflamó a la altura de su vientre antes de que se liberara terminando entre poderosos espasmos.
—Joder—musitó respirando entrecortadamente y con el cuerpo aún palpitándole acelerado por la adrenalina del orgasmo se tendió boca arriba a un lado de la castaña.
Por un segundo pensó que podría morir en este preciso momento y se consideraría un hombre satisfecho; entonces recapacitó: si empujaba un poco su verdadera fantasía hacia el borde del acantilado en el que se encontraba su no-relación con Hermione, tal vez un par de hijos y una hermosa casa sí llenarían el cuadro perfecto para que pudiera darse por bien servido antes de pasar a la otra vida. Giró la cabeza hacia donde Hermione descansaba y movió un poco la mano para acercarla a la de ella.
—Sigue soñando—pensó mientras delicadamente comenzaba a recorrer con las yemas de los dedos la tersa piel del dorso. Para su enorme sorpresa Hermione se giró hacia a él para acurrucarse sobre su pecho descasando la cabeza a la altura de su corazón. Completamente entumido por la sorpresa tardó un momento en reaccionar y rodearla mecánicamente con sus brazos sin saber en realidad que esperar; ella normalmente no se comportaba de esta manera. Inspiró profundamente para intentar apaciguarse y la castaña se removió ligeramente descansando una mano sobre su abdomen. El contacto le provocó leves cosquillas. Giró su rostro para depositar un beso en el abundante cabello castaño.
—Te prometo no dormirme—susurró cálidamente antes de comenzar a acariciarle delicadamente la piel desnuda de la espalda.
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Con los zapatos en la mano Neville cruzó el pasillo de puntitas tratando de ser lo más cauteloso posible en su intrépido intento por alcanzar el cuarto donde dormía Hannah; su abuela había hecho la jugarreta de trasladar las cosas de la rubia al cuarto al lado de donde ella dormía.
—Viejo murciélago astuto—masculló el castaño atravesando la primera hilera de puertas. En momentos como este maldecía el que la estúpida casa fuera tan grande. ¡Su abuela vivía sola! Bien podría ya haberse mudado a algún apartamento o algo así. Respiró profundamente mientras se preparaba para aproximarse a la zona de peligro. Una vez salvando este terreno podría cómodamente llegar a su destino.
Avanzó cinco pasos y un leve crujido lo detuvo cuando estaba a punto de levantar nuevamente su pie izquierdo para dar otro paso. Con el corazón latiéndole en la garganta miró atentamente hacia la puerta de su abuela, pero nada ocurrió; la puerta continuaba cerrada y sin dar muestras de haber sido la fuente del crujido. Inseguro, miró a su alrededor, pero tampoco vio señal alguna de que tuviera compañía, así que decidió arriesgarse a dar el siguiente paso. Entonces el crujido vino más fuerte, lo que le permitió notar que en realidad se trataba del croar de un sapo.
—¡Trevor!—susurró aterrado y se giró para encontrarse con su mascota saltando hacia a él. El sapo volvió a croar alegre mientras se aproximaba—¡Trevor! ¡Shh! ¡No deberías estar aquí!—continuó alterado, pero Trevor hizo caso omiso y contrario a lo que le pedía comenzó a dar saltos más largos. Neville se inclinó para recibirlo entre sus manos, pero el salto de su mascota fue más largo y fue a parar a centímetros de donde él estaba. De la nada una barrera invisible expulsó al sapo enviándolo un metro de regreso.
—Santa madre—musitó el castaño poniéndose de pie con intención de ver como estaba Trevor, pero un sonido al otro lado de la puerta del cuarto de su abuela lo hizo saltar hacia la puerta más cercana.
—¡Neville Longbottom!—exclamó Augusta abriendo la puerta; sin embargo se encontró el pasillo completamente vacío. Con suspicacia paseó la vista por el perímetro cayendo en cuenta del sapo que estaba tendido boca arriba en el suelo.
—¿Trevor?—dijo la señora Longbottom caminando hacia el animal—¿Cómo se te ocurre estar merodeando por la casa a estas horas?—le reprendió mientras lo recogía del suelo. El sapo croó aturdido en respuesta—esta bien, vamos al cuarto y te aplico una pomada para el golpe—apaciguó llevándose al animal consigo. Después de un minuto de que la puerta se cerrara Neville emergió de su escondite.
—Puso una barrera—murmuró para sí incrédulo. Con ojo analítico miró hacia el lugar de donde Trevor había salido repelido—Abuela, eres una loca sádica—dirigió la mirada a la puerta de su abuela y agregó con un gesto solemne—Trevor, prometo que tu sacrificio no va a ser en vano—dio la media vuelta y se dirigió hacia el primer piso. Tiempos desesperados requerían medidas drásticas.
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Harry abrió los ojos confundido ¿En qué momento había amanecido?. Se incorporó mirando a su alrededor extrañado. No recordaba cómo había llegado a su cuarto. Revisó bajo las sábanas y vio que traía el pantalón de pijama que normalmente usaba, pero no traía camisa. El sonido de la regadera llamó su atención indicándole que había alguien en el baño y de manera distraída dirigió la mirada hacia el par de zapatos de vestir negros que estaban tirados a mitad del cuarto. Inmediatamente sus tripas se hicieron un nudo.
¿Cómo se había olvidado de Ron?
Como impulsado por un resorte se sentó sobre la cama con la mente funcionando a toda máquina mientras intentaba pensar en alguna posibilidad de que casualmente un importante caso requiriera de su inmediata presencia en el ministerio. Exprimió su cerebro recordando algún caso en particular que pudiera servirle de salida de emergencia.
—¡Mathews! Si, si, tenía que ir a firmar su visita reglamentaria al ministerio por explotar baños públicos en la vía muggle.
De un salto se puso de pie comenzando a bajarse los pantalones para cambiarse. Esto era genial, sólo tenía que contactar a McCallahan y decirle que obligara a Mathews a adelantar su visita unos días. ¿Qué más le daba? a fin de cuentas martes era igual de bueno que un…
Miró a su alrededor repentinamente mosqueado.
Diablos.
Era domingo.
Se rascó el cuero cabelludo con desesperación.
Se le había olvidado que era la maldita boda del hermano de Ron; no había forma de escapar sin que el asunto sonara sospechoso.
Se restregó las manos en la cara. Podía comenzar a despedirse de la extremidad que lo identificaba como parte del sexo masculino, porque cuando Ron se enterara seguramente iba a ser lo primero de lo que se iba a deshacer y seguramente se iba a encargar de hacerlo de manera lenta y dolorosa.
Inconscientemente apretó las piernas. Definitivamente debía encontrar una ruta de escape.
Su mente comenzó nuevamente a trazar locas situaciones de escape, pero cuando se encontró orquestando una huída en el lomo del hipogrifo del vecino después de sortear las maldiciones asesinas de los varones del clan Weasley, la realidad lo golpeó como un puñetazo directamente a la nariz: no iba a poder evitarlo para toda la vida. No si quería seguir viendo a Ginny. Ellos eran su familia, y estaba muy seguro de que en algún momento iba a tener que decirle a su mejor amigo que su hermana era la mujer de sus sueños.
El sonido de la regadera cesó y los nervios de Harry se crisparon.
—Pero a lo mejor es muy temprano para eso—razonó mentalmente antes de ponerse de pie para emprender la huída.
—Listo—dijo una voz femenina llamando su atención y de manera automática giró la cabeza hacia la fuente.
Casi muere de un infarto.
Justo frente a él se encontraba la perfecta figura de Ginny Weasley únicamente cubierta por una toalla de baño que tenía atada a la altura del pecho y que a duras penas le llegaba a abarcar la mitad del muslo. La boca del moreno se abrió ligeramente, pero se quedó estático observando sin pronunciar palabra.
—¿Te comió la lengua el ratón?—preguntó la pelirroja con una sonrisa traviesa que hizo que un sinnúmero de mariposas revolotearan en el estómago de Harry.
—E-eh—balbuceó nervioso.
—¿Ginny?—preguntó la inconfundible voz de Ron haciendo que al moreno se le cayera el alma hasta los pies—¿Harry?
—Esto no es lo que parece—soltó Harry de manera instintiva (bien Potter muy valiente), pero era demasiado tarde: su amigo parecía apunto de sacar fuego por la boca y tragárselo de un bocado.
—¡Te voy a arrancar la bolas!—rugió Ron frenético y con un bate en la mano se lanzó contra Harry.
—¡Te lo puedo explicar!—gritó el moreno pegando un brinco sobre su cama despertando sobresaltado. En un acto instintivo miró de un lado al otro de la habitación ligeramente en penumbras con las alarmas de peligro aun alteradas.
—¿Estas bien?—preguntó Ron, entonces Harry notó que estaba parado en la puerta mirándolo extrañado. Eso no ayudó a mejorar mucho la situación.
—Fue una pesadilla—balbuceó sintiendo sus descontrolados latidos golpear con fuerza su pecho. Se incorporó para buscar sus anteojos en la mesita de noche—¿De donde vienes?
Ron torció el gesto rascándose la parte posterior de la cabeza.
—Me quedé dormido por ahí—dijo evitando el tema y caminó hacia su cama. Esperaba que Harry estuviera dormido a estas horas así que no había preparado ninguna excusa.
—Genial Ronald, eres un endemoniado idiota ¿Cómo se te ocurre dejar esta clase de cosas al aire? ¿Te imaginas si hubiesen sido mamá o Ginny las que te pescan?—un escalofrío le recorrió la espalda ante este pensamiento. Aunque el sacrificio valía la pena si eso significaba estar nuevamente con Hermione. Sin poder evitarlo una enorme sonrisa se extendió por su rostro mientras se quitaba la camisa.
Harry por su parte simplemente asintió ante la anémica explicación; sabía que Ron estaba mintiendo, pero definitivamente no era un suicida y sabía que insistir sería firmar su propia sentencia de muerte porque entonces tal vez él también le iba a preguntar donde había estado y definitivamente no iba a responder a eso. Tomó una profunda bocanada de aire para acompasar su respiración e inconscientemente dirigió la mirada hacia la puerta del baño. Inmediatamente las imágenes aun frescas del sueño le vinieron a la mente y no pudo evitar que sus manos le hormiguearan cuando el recuerdo de lo suave y tersa que la piel de Ginny se sentía al tacto comenzó a corromperlo. Era una bendición que su amigo no pudiera leerle la mente porque su cerebro comenzaba a evocar imágenes de la alacena que le valdrían una castración lenta y dolorosa.
—No puedes evitar a Ron para toda la vida—dijo una voz en su cabeza saltando de la nada, pero fue cortada cuando una camisa impactó de lleno en su cara.
—¿Estás ebrio?—preguntó Ron con una sonrisa divertida.
—N-no—tartamudeó y le tiró la camisa de regreso—hay que dormir porque seguramente tu madre va a querer que nos levantemos temprano—dicho esto se tumbó en la cama dándole la espalda.
Ron no tuvo más que darle la razón a su amigo sintiéndose repentinamente dividido. Por supuesto que quería que por fin amaneciera, ¡Moría por ver a Hermione de nuevo!, pero esa felicidad se le empañó cuando aquella escena comenzó a retratarse en su mente con su madre y su hermana torturando el ambiente. Bufó quitándose los pantalones. Era desesperante la manera en la que Ginny y su mamá parecían fungir de carceleras. Se tiró a la cama boca arriba y cruzó los brazos detrás de la nuca. Debía estar descansado si quería estar al cien por ciento mañana; de otra manera no le veía futuro a cualquier plan que tuviera para estar remotamente cerca de la mujer de su vida.
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—Muy bien, sólo un poco más—se dijo Neville infundiéndose ánimos mientras reunía la fuerza necesaria para estirar el brazo hacia la ventana que estaba a medio metro a su costado derecho. Era estúpido que no pudiese utilizar la maldita magia por… estúpido. ¿A quien demonios se le ocurría salir de la cama sin la varita pegada a los malditos boxers? Soltó la mano derecha de la estructura de madera que estaba utilizando como escalera improvisada y resopló moviendo los dedos para relajar los músculos, entonces se estiró antes de poder realmente pensar en lo que estaba haciendo: suficiente había escalado como para acojonarse. Aferró los dedos al alfeizar de la ventana e inmediatamente liberó el otro brazo para repetir el proceso; pero como todo en la vida de Neville, siempre debía ocurrir algo que amenazara con derrumbar sus planes: sus pies resbalaron de la estructura de madera donde su abuela cultivaba a sus preciosas enredaderas. Tal y como si se tratara del desahogo cómico dentro de una película de romances adolescentes Neville quedó colgado de la ventana mientras pataleaba como un idiota para intentar alcanzar lo que sea que le pudiera ayudar a impulsarse hacia arriba.
—Me lleva—soltó aterrado cuando sintió sus dedos comenzar a resbalar.
—¡¿Quién carajos eres?!—chilló Hannah asomándose por la ventana con varita en mano—¡NEVILLE!
—¡Agárrame!, ¡agárrame!—pidió histéricamente el castaño. Hannah asintió aturdida y lo tomó de los antebrazos jalándolo con todas sus fuerzas para ayudarlo a subir. La rubia dio el último Tirón tan fuerte que ambos cayeron de espaldas al suelo de la habitación. Neville se levantó rápidamente después de escuchar como todo el aire de la rubia había sido abruptamente expulsado en un extraño chillido cuando cayó sobre ella.
—Lo lamento tanto—comenzó a disculparse mientras la tomaba de los brazos para ayudarla a ponerse de pie. Tosiendo como si en cualquier momento fuera a vomitar Hannah caminó directo hacia una silla que estaba en la mesita de noche y se sentó intentando recuperar el aliento.
—Pudiste haberte matado—se las arregló para decir la rubia con la voz un poco estrangulada. Neville se hincó frente a ella colocando las manos sobre sus piernas.
—Yo soy lo de menos, ¿estás bien?—le interrogó preocupado. La rubia inspiró profundo y asintió—pensaba sorprenderte, pero creo que lo arruiné.
—No, sí estoy mortalmente sorprendida—corrigió la rubia con humor provocando que Neville se encogiera —pero fue lindo.
El castaño sonrió negando levemente y le dio un beso.
—¿Te eh dicho lo maravillosa que eres?—Hannah sonrió radiante sin separarse del contacto.
—Tres veces el día de hoy.
—Bueno, no me tengo la culpa de que seas tan genial, hermosa, espontánea, excelente persona, y que además de todo eso estés enamorada de mí—la rubia hizo un puchero intentando ocultar su sonrisa halagada y estiró los brazos exigiendo un abrazo. Neville se puso de pie y la levantó en brazos para colocarla sobre la cama.
—¿Ni siquiera me vas a invitar una copa antes?—bromeó la chica recostando la cabeza sobre la almohada.
—Me encantaría, pero el pasillo es un campo minado—dijo Neville sonriendo y le dio un beso en la frente—Buenas noches—después de decir esto se incorporó y se giró hacia la puerta.
—¡¿Qué?!—soltó Hannah descolocada. Neville giró sobre sus talones regresando a su posición original.
—¿Qué pasa?—preguntó desubicado.
—¿A dónde vas?—le cuestionó Hannah.
—Te voy a dejar descansar—respondió él como si fuera obvio.
—¡Y una mierda!—dijo la rubia señalando aquello como absurdo. El castaño frunció el ceño brevemente con una expresión cómica ya que no terminaba de comprender lo que estaba ocurriendo.
—El ambiente ya se fue, y creo que sería un poco incómodo que ambos durmiéramos en la misma cama diminuta—Hannah resopló.
—Puedo hacerte entrar en ambiente—chasqueó los dedos con un movimiento brusco—así de rápido.
—¿Aún tienes ganas?—preguntó el castaño con una sonrisa de sorpresa.
—Neville, yo siempre tengo ganas—sentenció Hannah con una mueca graciosa que la hacía ver como una mafiosa. Con una sonrisa bobalicona Neville se sentó a su lado y se sacó la camisa.
—Va a ser algo incómodo, la cama…
—Te puedo coger por todo el amplio suelo—el castaño levantó las cejas impresionado.
—Pero vas a tener que ser bastante silenciosa—le advirtió de forma coqueta que provocó que ella se mordiera el labio inferior con una sonrisa traviesa.
—No te prometo nada—replicó antes de atrapar sus labios en un beso.
—Es en serio—murmuró el castaño entre sus labios.
—Aun así no te prometo nada—dijo Hannah con una enorme sonrisa—me encanta hacerte gemir.
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Con la luz del sol colándose por la ventana Ginny se vio obligada a despertar. Se estiró sobre la cama y sin poder evitarlo sonrió.
La noche anterior había sido algo…especial.
Se restregó los ojos para eliminar la molestia que le provocaba el repentino contacto con la luz solar y en su mente comenzó a rememorar algunas escenas de la noche anterior. Claramente Harry era más virgen que cualquiera de esas estatuas que las personas que seguían las religiones muggles adoraban en las iglesias (léase claramente el nombre de la tía abuela Doris entre líneas cuando se habla de adoradores. En serio, esa mujer realmente le daba miedo; parecía dispuesta a crucificarla como a ese pobre muggle llamado Jesús a la menor provocación). De cualquier forma, el hombre era un completo dulce.
—Eso estuvo…—le dijo la pelirroja antes de plantarle un beso en los labios. Harry correspondió tomándola de la cintura para profundizar—Creo que mejor me ayudas a cerrarme el zipper porque nuestra suerte no va a ser eterna—murmuró la pelirroja separándose de sus labios.
—Creo que tienes razón—accedió él con una risa nerviosa y le permitió girarse para darle la espalda. Harry le subió el cierre lentamente para deleitarse una última vez con el suave contacto.
—Cualquiera diría que quieres inmortalizar el momento—bromeó Ginny acomodándose la parte delantera. Harry parpadeó apenado.
—¿Quieres que salga primero?—preguntó desviando el tema cuando el cierre llego al tope.
—¿En realidad eres auror?—le preguntó la pelirroja con sorna. Harry la miró sin comprender—creo que va a ser menos sospechoso que me vean salir de aquí, así que te veo afuera—y dicho esto salió de la alacena. La espera no fue necesaria ya que el lugar estaba vacío.
—Supongo que tenemos que regresar a la fiesta—dijo Harry cuando ambos estuvieron en la cocina.
—Tal vez, pero tengo ganas de algo dulce ¿Alguna sugerencia?—el moreno pareció pensarlo por un momento.
—Creo que aun queda del cereal de chocolate de Sirius.
—Perfecto—dijo Ginny a manera de aprobación; Harry se adelantó hacia la alacena y sacó la caja de cereal.
—¿Leche?—le preguntó con un tono tímido que la hizo sonreír. Cualquiera dudaría que solo minutos antes estaba teniendo sexo desenfrenado con ese hombre.
—No, sólo el cereal—respondió con la voz transparentando la sonrisa. Harry asintió torpemente y le alcanzó la caja sentándose junto a ella. Sin importarle los modales la pelirroja la abrió y tomó un poco del contenido con la mano para después engullirlo.
—Ese tal Sirius tiene muy buen gusto—opinó masticando el cereal—¿Es algo genético?—Harry se encogió los hombros.
—No conozco a ninguno de sus familiares directos.
—¿No es familiar tuyo?—curioseo verdaderamente intrigada.
—Mi padrino.
Ginny descubrió que era hijo único y que sus padres habían fallecido en un desafortunado accidente por lo que desde hace muchos años vivía con su padrino Sirius Black (quien por cierto era dueño de aquella enorme casa); sin saber cómo el tema se había desviado hacia ahí, Harry también le había platicado que conoció a Ron del brevísimo tiempo que su hermano pasó en la academia de aurores y que desde entonces han sido compañeros de apartamento. Inmersa en la plática Ginny le contó que ella y Hermione se habían convertido en compañeras de apartamento cuando salieron de Hogwarts, pero no entró en detalles escabrosos de cómo se habían vuelto amigas.
Este recuerdo la hizo instintivamente revisar la otra cama en el cuarto, pero la encontró vacía.
—¿Qué tan tarde es?—pensó preocupada. Seguramente ya todo el mundo debía estar desayunando. Se levantó de la cama para terminar de desperezarse y se puso algo decente para ser vista en público. Cuando salió al pasillo no le extrañó escuchar a su madre peleando con Ron para que se despertara. Se escabulló sigilosamente y bajó hacia el patio trasero donde seguramente se encontraba el buffet. Estaba hambrienta.
Ignorando olímpicamente a la gente que se topaba en su camino arribó a la barra de comida y tomó un plato grande para servirse con gusto.
—¿Qué quiero de comer?—murmuró para sí mirando los guisados. Tomó un tenedor y picó del primero—Tú quedas descartado—sentenció masticando. Sin terminar de tragar picó el siguiente guiso y se metió una generosa porción a la boca.
—¿Se puede saber porqué estas comenzando a desayunar sin Hermione?—regañó la voz de su madre sobresaltándola—¿Por qué no bajó contigo?—la pregunta casi hace que se le atragante el pedazo de carne.
Eso no tenía sentido, si Hermione no estaba en su cama cuando despertó, y ahora resultaba que tampoco había bajado a desayunar; ¿Entonces donde estaba?
Lentamente terminó de triturar lo que tenía en la boca y tragó.
—Voy a despertarla—dijo con la mente trabajando en un plan de búsqueda.
—¿Aun está dormida?—interrogó la señora Weasley extrañada. Ginny miró a su madre mosqueada.
—ehm…el… el trabajo, ha estado trabajando hasta tarde y después el viaje hasta aquí—balbuceó—supongo que el agotamiento la venció. Por eso bajé primero, para comprobar que ya hubiesen servido el desayuno antes de despertarla.
—Pobre—murmuró Molly con tono preocupado.
—Sip—dijo la pelirroja dejando su plato—vuelvo en un segundo—y sin más salió como rayo de regreso hacia la casa.
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Su mente era un completo caos.
Se había despertado sola en un cuarto que no era el que le habían asignado, y tal vez esta situación pudiera prestarse a alguna mala interpretación.
Sino fuera porque estaba completamente vestida.
Hermione terminó de lavarse el rostro y se secó con la toalla. La noche anterior había tenido un vívido sueño que involucraba a Ronald Weasley, y podría jurar que más que un sueño aquello que revoloteaba su mente era un recuerdo; lo extraño ahí era que si sus sospechas eran reales ¿Por qué no recordaba haberse vestido? Cuando abrió los ojos unos diez minutos atrás, su vestido se encontraba aún sobre su cuerpo. Se retiró la toalla del rostro y le frunció el ceño a su reflejo en el espejo.
Su mente comenzaba a hacerle crueles jugarretas.
Un par de golpes en la puerta la hicieron abandonar sus cavilaciones.
—Ya voy—anunció unos pasos antes de llegar a la puerta.
Lo que ocurrió a continuación fue tan rápido e inesperado que sólo alcanzó a levantar las manos instintivamente como una barrera protectora mientras sentía como su espalda colapsaba contra la pared a un lado de la puerta y un par de labios que la besaban ávidamente. No le tomó más de una milésima de segundo reconocer al perpetrador. Lo extraño era que, fuera de la sorpresa inicial, sus labios correspondieron con total naturalidad; pero fue sólo un instante antes de recordar quién era aquel hombre y lograr convencer a su lado irracional de que debía empujarlo para que se apartara. Aunque como era obvio no logró mucho porque él era una enorme masa de músculos.
—¿Qué haces?—le preguntó logrando sonar medianamente alterada. Ron simplemente sonrió y mantuvo sus manos a cada lado de ella encerrándola entre su cuerpo y la pared.
—Quería saber cómo amaneciste—respondió ensanchando su sonrisa. Hermione lo miró con suspicacia.
—Tú—estalló clavando su dedo índice sobre el pecho del pelirrojo—¿Cómo te atreviste a dejarme aquí?—él parpadeó extrañado y retiró la mano de Hermione envolviéndola en la suya. La castaña se arrebató de manera digna.
—Bueno, normalmente no te gusta que me quede—le dijo Ron en un tono que provocó que sus mejillas se calentaran.
¿Qué demonios te pasa?—se reclamó mentalmente exigiéndole a su traicionero cuerpo que mantuviera la compostura. ¿Una semana sin sexo era todo lo que le bastaba a sus hormonas para regresar al anterior estado de colegiala en edad puberta?
—Pudiste haberme despertado—le reclamó sintiendo su molestia renovada.
—Lo intenté—replicó Ron defendiéndose—pero parecía como si estuvieras bajo el efecto de una poción para dormir—Hermione bufó.
—Pues no me tomé ninguna poción para dormir—espetó ácidamente. Ron frunció el ceño.
—Mira, no quería dejarte aquí, pero no creí que te encantara que mi mamá nos encontrara en esa situación—la sola idea hizo a Hermione sonrojarse. Ron pareció notarlo porque agregó con una sonrisa traviesa—podría provocarle un trauma ver cómo te eh corrompido.
—Muy gracioso—dijo mordazmente. Ron rió jovial y Hermione pudo percibir en sus ojos un brillo especial que la hizo bajar momentáneamente las barreras—¿Alguien te vio entrar?
—No—aseguró con la sonrisa aún tirando de la comisura de sus labios.
—Entonces voy a salir primero—dijo la castaña cortando de tajo el momento, pero cuando hizo un amago de retirarse Ron volvió a colocar su brazo para bloquearle la huída.
—Necesito hablar contigo—le dijo firmemente.
—¿Sobre qué?—preguntó Hermione sintiéndose repentinamente nerviosa. Ron tomó aire y desvió la mirada involuntariamente hacia sus labios.
—Bueno, anoche…
La puerta se abrió repentinamente. Tanto Ron como Hermione giraron el rostro para encontrarse con un alto y fornido hombre pelirrojo que les devolvía la mirada luciendo atónito.
—L-lo lamento—balbuceó desde la abertura de la puerta.
—¿Charlie?—dijo la voz de Ginny desde el pasillo. Ron abrió los ojos desmesuradamente y con una velocidad impresionante colocó una mano en el pecho de Charlie; antes de empujarlo le dijo:
—Distrae a Ginny—y con la misma le cerró la puerta en las narices.
Completamente alterado por la situación retrocedió un paso de su posición mirando a su alrededor mientras comenzaba a barajar una manera de escapar.
—Tose—le ordenó Hermione agarrándolo desprevenido.
—¿Qué…
—¡Hazlo!—mandó la castaña autoritariamente. Ron asintió sin comprender e hizo lo que ella pidió. Con un chasquido sordo la joven desapareció de la habitación.
—Te juro que me pareció escuchar a alguien—dijo la voz de Ginny a través de la puerta y el pelirrojo vio el pomo girar.
—No, ni siquiera eh podido entrar a desempacar—dijo Charlie intentando detenerla, pero la pelirroja abrió de todos modos.
—¿Tú qué haces aquí?—preguntó sorprendida de ver a Ron.
—Oh, gracias por traer las toallas que te pedí—dijo Charlie demasiado entusiasmado. Tanto Ron como Ginny lo miraron extrañados.
—De… nada—dijo Ron inseguro cuando comprendió lo que su hermano trataba de hacer. Ginny giró el rostro hacia a él con desconfianza; Ron podría jurar que con ese simple movimiento había escaneado el cuarto entero. Con el corazón latiéndole en la garganta aguardó a que la inspección terminara.
—¿Cómo estuvo tu viaje?—preguntó al parecer decidiendo que el asunto de Ron no le interesaba en realidad y regresó su atención a Charlie.
—Largo—respondió su hermano entrando por fin al cuarto para dejar su maleta en el suelo.
—Te veo luego—dijo Ron aprovechando el cambio de tema. Estaba a un paso de salir del cuarto cuando Ginny le dijo.
—Oye ¿No has visto a Hermione? La estoy buscando—Charlie y Ron intercambiaron una mirada rápida.
—No—respondió con toda la naturalidad que pudo—pero le puedo preguntar a George y a Harry si no la han visto—agregó retomando su recorrido hacia la salida.
Tan pronto como estuvo a una distancia prudente del cuarto puso los pies en polvorosa.
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Hermione se apareció justo a un lado de su cama en el cuarto que ella y Ginny compartían. Sus manos temblaban por la adrenalina que la recorría, sin embargo no se dio tiempo de tranquilizarse; inmediatamente se quitó el vestido para cambiarse por algo que cubriera el hecho de que no había llegado a dormir la noche anterior. Mientras revolvía la ropa dentro de su maleta maldecía a su terrible suerte: primero Harry los había visto, y cómo si no fuera suficiente ahora uno de los hermanos de Ginny también sabía. Sacó un pantalón de mezclilla con una furiosa sacudida y después se lo enfundó.
¿Cómo demonios iba a salir de esto?
—No es como si anoche te preocupara mucho—dijo la molesta voz en su cabeza cuando se ponía la primera blusa decente que encontró en su maleta.
—Conciencia, si no vas a ayudar es mejor que te calles—exigió furiosa. La puerta se abrió para dejar entrar a la señora Weasley.
—¿Qué en esta familia nadie tiene privacidad?—gritó su mente alterada, pero se obligó a guardar la compostura cuando la mujer la miró con sorpresa y dijo:
—¡Hermione! espero que hayas descansado lo suficiente, Ginny me contó lo que pasó, supongo que debes estar exhausta de tantas vueltas—la castaña la miró en blanco sin saber a qué se refería, pero decidió seguirle la corriente tal y como lo hacía con los funcionarios extranjeros en las interminables galas internacionales.
—Claro, a veces es un poco exhaustivo, pero nada que un poco de sueño extra no repare—dijo simpáticamente. La señora Weasley reaccionó tal y como esperaba exhibiendo un gesto de comprensión casi maternal que la hizo sentirse mal por lo que había estado pensando cuando entró a la habitación.
—Entonces será mejor que vengas a desayunar porque ya va llegando la hora de que se alisten para la ceremonia—le apremió. La castaña asintió educadamente y salió tras la mujer para bajar a desayunar, aunque a decir verdad lo que menos tenía en ese momento era apetito.
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Yyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy…
¡ESTOY DE REGRESO!
Ok, sé que a abiole13 le había dicho que en mis planes estaba subir el capítulo el 10 de este mes a más tardar; pero el trabajo es el que paga las cuentas y justamente este mes un proyecto vino como caído del cielo, así que me tuve que retrasar con el avance del capítulo. Es por esto que eh decidido dividirlo en dos partes, no creo justo hacerles esperar más así que creí mejor subir un avance y darme tiempo de desarrollar lo que falta del capítulo con calma. Si debo ser honesta no estoy muy muy enamorada de cómo quedó redactada esta primera parte del capítulo, pero creo que si lo sigo revisando me voy a sentir aún más insegura de cómo queda y le voy a seguir corrigiendo y va a convertirse en un círculo vicioso…
…en fin…
Eh decidido que por mi sanidad mental es mejor ustedes sean las juezas.
Espero que lo hayan disfrutado y que esta primera oleada Ron/Hermione haya cubierto aunque sea un poco de ese abandono romántico que ha sufrido el shipping protagónico de este fic (bueno, bueno, romántico lo que se dice romántico tal vez no, pero se entiende la intención ¿No? :D).
Les mando un caluroso abrazo y un enorme saludo. Espero seguirles leyendo por aquí; no me canso de repetirlo, siempre es un placer saber de ustedes y leer que les parece la historia. Los reviews mantienen a mis musas despiertas.
P.D. No quiero prometer una fecha precisa para el próximo capítulo, pero lo más probable es que llegue a mediados de febrero.
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